Categoría: niños

  • Playas de Asturias: Rodiles

    El sábado teníamos ante nosotros uno de esos días en los que las previsiones meteorológicas te traen por la calle de la amargura. Depende de la web que mirase, se iba a poner a llover por la mañana, o por la tarde, o por la noche, así que no sabíamos si ir a la playa con el riesgo de tener que salir corriendo, o no ir y buscar plan alternativo. Pero yo me fié de Windguru, una web en la que te pone hasta la hora en la que se pondrá a llover, eso sí, sólo puedes buscar la previsión de sitios de costa, ya que está dirigida a gente que hace deportes marítimos.

    Dicho esto, lo que sí que estaba claro es que haría mucho calor así que, si se nublaba, no estaríamos mal. ¡Menudo día tuvimos! Calor, sol y, al final, con la tontería, siete horas de arena y, sobre todo, de agua. Fuimos a la playa de Rodiles, uno de esos lugares maravillosos en los que pasé muchas jornadas de verano en mi infancia, y uno de esos sitios que no te puedes perder si deseas venir a la playa en Asturias.

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    Foto de La Nueva España, para que veáis la playa al completo. Impresionante, ¿verdad?

    La recomiendo por tres razones: amplitud (en torno a un  kilómetro de largo), entorno impresionante y un montón de servicios. Por ejemplo: zona de picnic, restaurante, aparcamiento, vestuarios, puesto de Cruz Roja con «anfybuggy» (sillas que facilitan el acceso y el baño a personas con movilidad reducida), kiosco, aparcamiento… y casi todo sin que se vea desde la playa gracias a un frondoso pinar de eucaliptos que se extiende a lo largo de todo el arenal y que está acondicionado para comidas campestres. Añado, eso sí, que hay zona azul y verde de aparcamiento (tres euros el día completo) desde el año pasado. Por cierto, para comer compramos bocadillos en el restaurante y estaban buenísimos, de verdad que los recomiendo.

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    Con pasarela de madera para acceder a la playa, se agradece cuando llevas sillita

    ¿Y qué más os puedo decir? Que aunque se nubló a las 4 de la tarde, aún estuvimos allí hasta las 7, que para mí la playa es ese único sitio donde no me importa que hagan casi todo, que se mojen, se manchen, se caigan, jueguen al balón, se les caiga la comida… vamos, no se me ocurre otro sitio donde pasar tantas horas sin que se aburran. Y para que os hagáis una idea de lo que les gusta, la frase de Alfonso al subirnos al coche fue: «Mamá, yo quiero vivir en la playa». Pues eso, continuaremos con nuestro recorrido por distintas playas mientras el sol nos lo permita. Y por supuesto, admito sugerencias. ¿Qué tal el fin de semana?

  • Playas de Asturias: Estaño, España y San Lorenzo

    La semana pasada, en el post en el que os contaba cómo nos organizamos para ir a la playa con los peques, prometí ir escribiendo acerca de las playas a las que vayamos yendo este verano por si os sirve de ayuda para decidir ir, o lo contrario. No esperéis unos posts muy profesionales, me centraré en lo que es cómodo o no con niños, en si les gustó o no… vamos, lo que interesa a los padres.

    Empiezo por playa España, está a 15 kilómetros de Gijón, vamos, se puede decir que cerquita; sin embargo, yo no iba desde pequeña y ya ni me acordaba. Calculo que mide unos 200 metros y tiene un río (casi riachuelo a esas alturas) que llega hasta el mar. Es de arena fina pero también hay zonas con piedras, como la del río. En Asturias, no suele haber chiringuitos en la arena, de hecho hay playas en las que no hay cerca un sitio donde tomar algo. En esta playa, fuera del arenal, tenéis un par de bares con menús, platos combinados, bocadillos… En cuanto al aparcamiento, poca cosa, allí cada uno se busca la vida como puede.

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    Hay una cosa que tenéis que tener en cuenta en el norte: las mareas. Cuando está baja, las playas doblan su espacio, así que de la arena seca al mar hay una caminata 😉

    Seguimos con otra playa que está aún más cerca de Gijón, de hecho, está en el concejo de Gijón pero no en la ciudad. Es la playa de Estaño, es muy espectacular, mide unos 300 metros aunque hay una zona que no se utiliza ya que cuando sube la marea queda cubierta por el mar y, cuando baja, como es lógico, queda la arena húmeda. Es importante que sepáis que no es arena fina sino que está compuesta por piedrecitas pequeñas. ¿Qué significa esto? Que no se pueden hacer cosas tales como un castillo de arena, jugar a las palas o al fútbol… y que si tienes un bebé, puede que se meta alguna piedra por algún sitio inadecuado como hizo Rafa el verano pasado, que acabó con una piedra en la nariz aunque con decirle un par de veces que no se comía ni nada por el estilo, el verano pasado nos bastó y no hubo más incidentes.

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    Aquí podéis ver que es espectacular pero, desde el aparcamiento, hay que bajar una cuesta andando, y luego subirla,jaja… Cuando baja la marea, la zona que veis con rocas, es un aliciente para niños mayores, van a pescar, a bucear, hay piscinas naturales…
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    Aquí unos «tiquismiquis»: a Rafa no le gustó nada que la playa fuera de piedrecitas así que, este año, iremos más a playas de arena fina.

    Y por último, me voy a la playa de San Lorenzo. Vale, ya sé que todas las asturianas la conocéis pero escribo el blog para gente de muchos sitios y si nos hacen una visita, mejor que estén informados. Es la playa que está en el centro de Gijón, lo que supone que llegas andando desde casi cualquier lado y sales de la playa y tienes pizzerías, sidrerías, heladerías, hamburgueserías…de todo.

    Mide casi dos kilómetros y es de arena fina, aunque en los últimos años se ha estropeado bastante, no sólo por los temporales marítimos tan gordos sino por la construcción de un dique en el puerto que hizo desaparecer mucha arena, aunque algunos expertos intenten convencernos de lo contrario. ¿Qué ventajas tiene para los niños? Cuando baja la marea se forman pequeños charcos y ese agua está a mejor temperatura que la del mar así que puedes tener a los peques en remojo tres horas. Y hay muchísimo espacio para jugar a palas, fútbol… Eso sí, cuando sube la marea, en pleno verano (Gijón duplica su población) estamos como sardinas en lata.

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    No los hay más empadrados que estos dos… y qué descanso para mí!
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    Y ahí está todo el espacio que hay cuando baja la marea.

    Y creo que no se me pasa nada a tener en cuenta con los peques en estas playas, si a alguien más se le ocurre, que deje un comentario. Y por supuesto, acepto recomendaciones de playas. Ya por este post está bien de arena, seguiremos mientras el tiempo nos lo permita, como ya dije ayer, en los últimos días sólo llovió la tarde de la fiesta de fin de curso.

  • A la tercera, ¿va la vencida?

    Me he dado cuenta que esto de los refranes da para explicar algunas cosas y,a la vez, para las contrarias; así somos los españoles, tenemos frases para todo. Porque si yo esperase una niña en este tercer embarazo, os diría eso de «A la tercera va la vencida» pero resulta que si estoy esperando un niño, se me ocurre eso de «No hay dos sin tres».

    Ya he mencionado alguna vez que el seguimiento de mis embarazos lo han hecho únicamente por la Seguridad Social. Con tres ecografías, tres análisis de sangre, unas cinco o seis visitas a la matrona, otras tantas al tocólogo, prueba de glucosa, monitores… creo que es más que suficiente si todo va bien. Esto significa que la primera ecografía que me hice durante los embarazos fue en la semana 12. Lo reconozco, he ido siempre nerviosa porque en esa semana se detectan ciertas malformaciones y, entre otras cosas, porque tengo hermanos mellizos (varones) y eso le pone emoción al asunto.

    En cualquier caso, en esa semana no suelen decirte el sexo de tu bebé pero yo soy muy preguntona e insistente y, aunque sin mojarse, siempre me han acabado diciendo algo. En la primera eco de Alfonso me dijeron eso de «tiene pinta de niño» pero esperé a la semana 20 para hacerme a la idea y, efectivamente, acertaron. En el segundo embarazo, más de lo mismo en la semana 12, «parece niño» así que lo dí por hecho y lo interioricé desde ese día, se confirmó 8 semanas después.

    En esta ocasión íbamos con más presión, último cartucho para la nena porque, en principio, nos plantamos con tres criaturas. Tuvimos mucha suerte porque nos atendió un ginecólogo conocido y la que coordinaba ese día era la madre de la chica con la que compartí habitación cuando dí a luz a Rafa, así que pregunté de todo. Como en mi familia hay dos casos de una malformación, sin importancia porque se opera a los meses de nacer, se lo comenté al gine y se tomó como un reto poder averiguar si mi bebé tendría ese problema y parece que no. Total, que estuvo media hora analizando a la criatura y, cuando ya pregunté por el sexo, la frase fue muy asturiana: «esto apesta a güaje». Pues eso, otro niñooooo.

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    Reconozco que, en el primer momento, me quedé un pelín mustia porque, cuando tienes dos varones, te apetece una niña, y más teniendo en cuenta que ya me crié entre «machos». Pero enseguida reaccioné y pensé: ehhh, con los dos muñecos que tengo en casa, imagínate cuando llegue le tercero. ¿Y la de veces que voy a ir de madrina de boda? 😉 , ¿y lo bien cuidada que voy a estar en casa con tres chicarrones?, ¿lo que me voy ahorrar en ropa? Y lo más importante, ¡está sano! Así que, salvo sorpresón, en mi casa no habrá lacitos y ahora no me importa nada. Seguro que conocéis a muchas familias en las que todos los hijos son del mismo sexo.

     

  • Se acabó el curso

    Aunque el tiempo pasa siempre a la misma velocidad, nuestra percepción cambia bastante dependiendo de lo vivido. Desde que soy madre, me aterra pensar en lo rápido que todo sucede a mi alrededor, sobre todo lo que tiene que ver con los peques. Ayer recogí a Alfonso en el cole por última vez este curso y pensé: su primer año ha volado y yo casi ni me he dado cuenta. Así que voy con un pequeño resumen de los cambios que he visto en estos diez meses en el peque, que ya cada vez es menos peque:

    A lágrima viva empezó el cole, y le duró el disgusto una temporada

    1. Sabe escribir todas las letras del abecedario, por lo que si le deletreas una palabra, la anotará. Sin embargo, si le dices la palabra al completo, no lo hará, salvo escribir su nombre, mamá, papá y, es curioso, el nombre de algunos de sus compañeros de clase.

    2. En la guardería no tenía inglés así que este año ha tenido su primer contacto con el idioma anglosajón. Ya sé que no es nada del otro mundo, pero me hace gracia escucharle cuando dice “orange” con una pronunciación que ya quisiera yo. Y aparte de los colores y números, ha aprendido cosas tan típicas como big, small, happy, sad, sunny, cloudy… Vamos, lo normal, digo yo.

    Aún recuerdo que aprendíamos inglés en el cole con ayuda de Big Muzzy

    3. Se relaciona menos con las féminas, o eso dice porque hasta ahora sólo ha ido a cumples de compañeras 😉 : Hasta este año, nunca le había escuchado cosas como “no quiero que Pepita se siente a mi lado” y tan ancho se queda. Yo no sé en qué consiste pero es cierto que las niñas tienen mejores  amigas y los niños mejores amigos, si es que Dios nos cría…

    4. Ha pasado de ser un niño exageradamente bueno, dócil diría yo, a ser un mandón e incluso con un punto rebelde: ahora que tengo a Rafa, puedo decir que Alfonso fue un santo, muy obediente, tranquilo, sin rabietas. Ya os conté que el inicio del cole le costó mucho, estuvo en crisis ¡un mes! Y ahí tuvo una temporada de berrinches importantes, se le acabó pasando pero ya no volvió a ser el beato del pasado. Ahora da órdenes, reacciona en cuanto le empujan, y de vez en cuando hasta contesta en plan resabiado. “Pues me chivo”, «sois malos» y “hala, pues no te invito a mi cumple” (lleva meses con la frasecita y aún le queda hasta octubre para cumplir años, jaja) son algunas de las expresiones estrella.

    5. Ha ampliado su vocabulario aunque es cierto que empezó el colegio hablando bastante bien, es decir, se le entendía todo. Y en esa ampliación de vocabulario entran también términos como culo, pedo y chorradas varias. No le tolero los insultos y, aún así, el otro día entrábamos en el portal y le dijo “caraculo” a la vecina más insulsa y tonta de la urbanización. No digo que justo esa señora no se lo merezca pero obviamente yo le tuve que reñir y no ha vuelto a decirlo desde entonces.

    6. Ha hecho nuevos amigos y serán para toda la vida: Eso es, sin duda, lo mejor de todo. Haber conocido a amigos que compartirán con él desde salidas nocturnas (me entran escalofríos al pensarlo) hasta el día de su boda (si la hay).

    Y así, sin callar, cargado de cosas, salió ayer del cole.

    Y ahora nos quedan las actuaciones de fin de curso, ya estoy nerviosa por ver cómo se desenvuelve con público 😉 ¿Notáis muchos cambios cada curso?, ¿es el primer año de cole en el que más se notan?, ¿será la adolescencia cuando realmente advierta la verdadera transformación? Temblando estoy 😉

  • Ir a la playa con niños, ¿misión imposible?

    Aclaración: vivo en el norte, en verano no solemos tener más de 25 grados en la costa y aquí se va a la playa cuando sale el sol, no cuando nos apetece. Vamos por la mañana, no solemos llevar sombrillas, si no se nubla comemos allí y no nos movemos hasta que las mareas o la temperatura nos echan de la arena. Resumiendo, todas esta pautas y consejos que menciono a continuación varían si estás en el sur, o más bien, si estás en cualquier sitio de la la Cordillera Cantábrica pa’bajo.

    Dicho esto, hago una confesión: cada año y con cada niño que sumes, es más duro ir a la playa. La primera vez que llevamos a Alfonso tenía 8 meses e íbamos con todo tipo de artilugios: sombrilla, hamaquita, sillita, gorro, pañales… Al final del verano, ni gorro ni sombrilla ni hamacas, sólo silla para dormir la siesta y crema solar. Aprendimos que el pañal, cuando gatean, se llena de arena y les deja el culo como un tomate así que, si hay escape, se recoge y está. Con el pañal llegan, duermen y se van, el resto del tiempo, al libre albedrío.

    SAM_1097Su primer día de playa fue en Vigo y ahí estaba, con gorro y debajo de una sombrilla, que usamos dos veces más. Obsérvese su color de manos, ya se intuía un pequeño negrito.

    Si me preguntáis qué hice con Rafa su primer verano y qué hago ahora con los dos, la respuesta es sencillamente untarles de crema solar hasta las orejas, siempre protección máxima y aplicándosela varias veces. Pero ya no me «peleo» con ellos para ponerles un gorro, entre otras cosas porque nunca «toman el sol», es decir, están en la arena o en el agua jugando por lo que la parte que menos morena se les pone es precisamente la cara. La espalda, y las piernas cuando aún no gatean, son las zonas en las que más incido con la crema. Y eso que lo de ponérsela ya ha empezado a convertirse en una guera.

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    El primer verano de Rafa en la playa, al principio no gateaba y cuando eso ocurre ¡¡aprovecha!! Aún puedes tomar el sol teniéndolo a tu lado. Como veis, siempre están mirando hacia abajo.

    Tanto Alfonso como Rafa nacieron en octubre, lo que significa que ni me planteé que no fueran a la playa porque creo que, en el momento en que son capaces de estar sentados sin caerse, pueden disfrutar mucho de la arena y del mar, les suele encantar. Las dudas sobre si ir o no, entran cuando son bebés más pequeños. Y la respuesta creo que es «depende». He visto bebés de uno o dos meses en la playa, sobre todo en los casos en que tienen hermanos mayores; eso sí, siempre metidos en el capazo y con sombrilla, jamás dándoles el sol, es obvio. Entiendo que si es el primer hijo, prefieras ir de paseo hasta que tenga medio año. Pero lo dicho, no creo que haya una edad en concreto para empezar a ir.

    Lo que es innegable es que a los más pequeños les gusta la playa, es un sitio perfecto para explorar, la orilla es genial para el gateo.

    ¿Qué llevamos a la playa? Pues reconozco que vamos cargaditos, llevamos en una bolsa sus toallas y bañadores de repuesto, en otra las comidas y bebidas, en otra los pañales y las toallitas, y por último, mi capazo «playero» con nuestras toallas y un neceser repleto de cremas. Ah, ¡y la sillita! Así que no es fácil la movilización. Esa es otra de las razones por las que, cuando vamos, es para estar muuuuucho tiempo. Cierto es que, cuando estamos en Tarragona o en el sur, nos ahorramos la bolsa de la comida, allí pocos se plantean comer en la playa, y como además sabes que el sol no se irá de repente 😉

    Sobre cuándo bañarles en el mar, diría que eso sin ningún  problema siempre y cuando no les dé mucho el sol. Aquí no nos andamos con miramientos con la temperatura del agua, este fin de semana no creo que el Cantábrico estuviese ni a 20 grados (yo ni me planteo bañarme) y los peques se pasaron el día sentados en la orilla, como si nada. Además, eso tiene que ser buenísimo para evitar refriados, bronquitis y demás historias.

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    ¿Cara de frío? No, se les hace una piscinita natural y aunque no lo parezca, el agua va calentando un poco.

    Y creo que poco más me queda por contar, dejo para otro post la comida que me resulta más cómoda para llevar ya que aún no «tiro» de bocadillos, es cuestión de tiempo 😉 De cualquier manera, cada playa a la que vayamos os iré contando lo que más nos gusta y las pegas para ir en familia. ¿Cómo os organizáis para ir a la playa con los niños?, ¿a qué edad les llevasteis por primera vez?

  • Maratón de planes

    Hemos tenido un fin de semana de esos en los que se acumulan los planes y no dan las horas para todo, tanto es así que apenas he dormido 6 horas cada noche aunque cada uno de los días por muy distintos motivos. Así que estoy agotada y espero recuperar fuerzas hoy lunes. Me gustaría escribir con calma un post sobre uno de los planes que hicimos este fin de semana: ir a la playa. Como alguna vez, cuando he mencionado lo de la playa, me habéis preguntado varias cosas, prometo que esta semana me pongo con este tema, pero hoy no me da la vida para hacerlo de forma completa y resumo un poco en fotos la maratón que tuve este fin de semana.

    El sábado ya estaba en pie antes de las 7 de la mañana para ir a trabajar. Aquí estoy con el doctor que me acompaña en el programa. Si algún día abordamos cosas relacionadas con embarazo y niños, lo trasladaré al blog.
    El sábado ya estaba en pie antes de las 7 de la mañana para ir a trabajar. Aquí estoy con el doctor que me acompaña en el programa. Si algún día abordamos cosas relacionadas con embarazo y niños, lo trasladaré al blog.

    Tras seis horas de grabación subida a unos tacones (creo que ya lo he mencionado alguna vez, cada vez los odio más), tuvimos comida familiar ya que mis padres se van unos días de vacaciones (me quedo temporalmente sin el mejor canguro del mundo: mi padre). Eso sí, lo bueno de comer en casa de los abuelos es que los peques están entretenidos y yo puedo hacer un rato de «tumbing» en el jardín, a mí estos ratos me dan la vida, ya sabéis que entre semana tengo que lidiar sola con las fierecillas.

    Alfonso y Rafa están como locos con su primo Jorge. Y a mí se me cae la baba, aunque os haré una confesión: no soy consciente aún de que en 5 meses habrá un bebé en casa.

    Aprovechando que los abuelos estarán fuera unos días y que van a tener «mono» de nietos, este fin de semana hicieron un «intensivo» y los peques se quedaron en su casa a dormir; nosotros estábamos invitados esa noche a una barbacoa en casa de unos amigos así que aprovechamos para hacer plan de «adultos». Por cierto, después de la cena fuimos a una fiesta de «prao» (con calma explicaré para las no asturianas el concepto de estas fiestas que proliferan por toda Asturias) y definitivamente nos hacemos mayores, subíamos un poco la edad media 😉

    Y el domingo fuimos a la playa; en serio, cada año es menos relajado este plan. Y ni te cuento si has dormido sólo seis horas, aunque esta vez fue por trasnochar.

    Y  como aquí puedes ir a la playa con un día espectacular y salir de ella casi lloviendo, por la tarde se nos puso la nube encima y hubo que abandonar el plan para ir de paseo y a tomar unos gusanitos, no sin antes llenar la casa de arena; y es que da igual que «sacudas» a los peques al salir de la playa. ¿Qué tal el fin de semana?, ¿se os acumulan los planes con el buen tiempo? Definitivamente, mi culpa tener unos hijos asilvestrados, no se puede decir que lleve embarazos muy tranquilos 😉

    Y aquí está mi barriguita, es el embarazo en el que antes me ha salido, ya debo tener el cuerpo amoldado,jaja... Y como no tengo espejo en el ascensor, que está muy de moda, hago la foto en el super espejo del portal de casa ;-)
    Y aquí está mi barriguita, es el embarazo en el que más pronto me ha salido, ya debo tener el cuerpo amoldado,jaja… Y como no tengo espejo en el ascensor, que está muy de moda, hago la foto en el espejo del portal de casa 😉
  • Primer ¿baño? de la temporada

    Me las prometía muy felices cuando Alfonso y Rafa, en sus primeros veranos de vida, eran de los que gateaban media playa para llegar a la orilla del mar y allí podían pasarse horas sin importarles que les revolcase una ola o que el Cantábrico estuviera a menos de 20 grados. Si algo estoy aprendiendo es que los niños tiene etapas para todo y ahora recuerdo que, de pequeña, no me gustaba demasiado la playa, me escondía del sol y pasaba horas seguidas en la piscina. Y ahora soy como un caracol, rayo que veo, saco los brazos al sol; no me baño en el norte más de una decena de veces en todo el verano y adoro la playa.

    Total, que éste era el primer fin de semana que teníamos piscina accesible (y sol, claro) ya que fuimos de casa rural con amigos a Valladolid y mis dos churumbeles fueron los que menos se bañaron. Alfonso estaba muy emocionado con la idea de la piscina y en cuanto vio a los hijos de nuestros amigos ir al agua, allá que fue él. Pero señores, ha salido friolero, como su madre, y tardó unos segundos en salir y darse cuenta de que fuera estaba mucho mejor. Y no volvió a entrar en el agua en todo el fin de semana. Ahí terminó su romance con la piscina, por ahora.

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    Rafa, sin embargo, es de los que ve el agua y no puede contener la emoción, va lanzado. Pero sólo donde controla el asunto, es decir, lo que le gusta es lo de chiscar (salpicar) y mojarse de arriba abajo pero en posición «sofá», vamos, que si se te ocurre cogerle e intentar meterlo entero en la piscina, la hemos liado gorda. Ya no sólo es que llore, es que te agarra de tal manera que te deja hasta marcas en el cuerpo. Ya nos dijo la pediatra a los quince días de vida que tenía una fuerza desproporcionada y no se equivocó.

    Así que todo el miedo que no tuvieron al agua siendo bebés parece que lo tienen ahora. Bien es cierto que Alfonso empieza los veranos muy temeroso pero, poco a poco, se va soltando. Y ahora es cuando me toca mirar cursos de natación para este verano porque en invierno fue imposible en las piscinas municipales de Gijón, siempre están las plazas completas. Tenemos piscina en la urbanización, por lo que no somos socios de ningún club deportivo, ¿alguna sugerencia, madres de Gijón?

    Y ya de paso os cuento que la casa rural donde estuvimos resultó genial; como a veces me preguntáis por los sitios a los que vamos, se llama Finca Puentes Mediana y está en Hornillos de Eresma (Valladolid). No fue fácil encontrar casa para diez adultos y seis niños, y nos reuníamos con gente de Madrid, Valencia y Galicia, así que el punto de encuentro tenía que ser entre Burgos y Valladolid. Creo que acertamos, y más teniendo en cuenta que ya es casi verano. No tuvimos que movernos de allí en todo el fin de semana, y reconozco que así el tiempo cunde más porque no estás pendiente de meterte en un restaurante con tantos niños, no tienes que coger el coche. Vamos, es un plan más tranquilo 😉

    Jardines para jugar, y más teniendo en cuenta que la gran mayoría de peques son varones y ya sabéis que la pelota es un clásico. Que tuviera piscina fue un acierto a estas alturas, y fundamental que estuviera vallada con tanto peque. Gracias a la piscina, no tuvimos que pensar en otro plan.  Aquí un gordo que «robó» la sillita a una amiga, ¡qué afición tienen los críos! La casa tenía restaurante al lado y ofrecían la posibilidad de llevarte comida. Así que el sábado, en el que éramos un montón porque se unían la plan cuatro personas más, pedimos lechazo. Estaba de muerte y mientras comíamos, los niños jugaban o dormían la siesta. Vamos, mejor que en un restaurante. La casa era muy antigua (había una orla de 1875!!!!!!!) pero los espacios enormes. En una cocina así podíamos dar de comer a los peques y a la vez, otros podían cocinar lo de los adultos. Aquí también podéis ver que se trata de una casa antigua, pero a mí poco me importó con esa amplitud.
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    Los dos miedosos en zona segura.

    Ahora parece que, por fin, el verano comienza y no hay marcha atrás así que será cuestión de tiempo que vayan cogiendo confianza. Estoy segura de que en unas semanas no querrán salir del agua. Eso sí, lo que tengo más claro aún es que no voy a poder tomar el sol ni un segundo, hay que estar con mil ojos y no perderles de vista. ¿Cómo es la relación de vuestros peques con el agua?, ¿también han tenido etapas de amor y odio?, ¿algún consejo?

  • Clasificación de niños… comiendo

    No os creáis que voy a hacer aquí una super clasificación de los niños en función de cómo y cuánto comen. Es más, se trata de un catálogo muy clásico, mi propia madre haría una división parecida en este sentido así que vamos allá:

    1. Niños que comen mal: no requiere mucha explicación. Admiro muchísimo, de una manera que no os podéis imaginar, a los padres que tenéis paciencia en este sentido; imagino que la habéis ido desarrollando poco a poco y que, si te toca, no queda otra. Aquí en este grupo incluyo a mi sobrina y reconozco que ver cómo hace una bola con cada trozo que se mete en la boca es sencillamente desesperante. Por suerte, no lo he vivido en casa porque lo considero una… faena así que ánimo.

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    2.  Niños que comen regular: también llamados niños «selectivos», es decir, aquellos que comen unas cosas pero descartan otras. Creo que  no habría mucho problema si a esos peques les gustasen las frutas, verduras, legumbres, pescados y carnes y odiasen los chocolates, las galletas, los macarrones con tomate o las salchichas. Pero no sé porqué me da que suele ser al revés así que otra… faena. Eso sí, siempre es mejor esto que lo anterior porque, aunque puede que no les gusten las lentejas, a lo mejor adoran las manzanas.

    3. Niños que comen bien: Los padres tenemos una gran suerte si nuestros hijos comen prácticamente de todo. Les puedes dar fruta, legumbres, pescado, croquetas, purés… lo que sea, ellos no dejan de comer nunca. Eso sí, como todos, tienen sus preferencias. Es el caso de mi hijo Alfonso este último año (antes estaba en el grupo que os explicaré después). Come de todo pero si le dices que hay pasta le das un alegría, y si les dices que hay pescado, te va a decir que no lo quiere. Pero se sienta en la mesa y lo come sin problemas.

    4. Niños zampabollos: Son esos niños que comerían a todas horas, da igual el qué, lo mismo les da ocho que ochenta. Es el caso de mi hijo Rafa, le das una manzana y se la come a mordiscos desde los 15 meses, con pepitas incluidas, no hace distinciones. ¿Que le das por primera vez un albaricoque? que tal cual se lo zampa como si llevase toda la vida comiendo frutas veraniegas.

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    Sí, tenía 15 meses y ya estábamos así con la fruta, no chupándola ni deshaciéndola sino mordiéndola.

    Tengo que confesar que, cuando llegamos de paseo a mediodía, se pone tan nervioso sabiendo que le toca comer que no le meto en casa, vamos, que le dejo frente al ascensor el minuto que me lleva calentar el puré. Si te pones a cocinar cualquier cosa y oye el microondas desde la otra punta de casa, corre a la cocina a pedir algo (tengo vídeos que os sorprenderían). En el parque, se arrima a cualquiera que lleve comida, o directamente intenta robar a los pobres niños. Da igual que yo le haya dado su papilla con dos piezas de fruta y unas galletas, es como si no hubiera vida más allá de la comida. Y lo último ha sido darle un jarabe a su hermano con jeringuilla (con la que todos sabemos que nadie come) y venir como un loco a pedir también medicamento.

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    Secuencia del verano pasado. Así seguimos hoy.
    «¿No sabéis que no se pueden dejar restos de comida?», estaría pensando él. Si algún día ve este blog me matará por poner una foto en la que se come las migas del suelo.

    Menos mal que Alfonso era parecido y ahora es un niño al que puedo llevar a cualquier sitio con gente civilizada 😉 Eso sí, os digo una cosa, prefiero que se lancen a la comida que «pelearme» con ellos para que coman. Y vuestros peques, ¿de qué grupo son?, ¿algún consejo para las mamis con peques que comen mal?

  • Barbacoas… con niños

    Uno de esos planes que indica que el verano está cerca es hacer barbacoas. Vamos, que el período estival debe estar a la vuelta de la esquina porque el fin de semana tuvimos ya dos parrilladas. Lo que no acaba de estabilizarse es el clima 😉 No hace mucho os contaba cómo los planes resultan muy distintos ahora cuando algunos de ellos son los mismos que hacíamos en el pasado.

    Sin niños, el plan de la barbacoa era algo tranquilo, podías dejar una cerveza en cualquier esquina, en el prao, al borde de una piscina; comprabas las carnes más grandes de la carnicería y empezabas a encender las brasas a las dos del mediodía, lo que significaba empezar a comer a las cuatro de la tarde… Así que si os animáis a organizar una barbacoa y vuestra familia ha crecido últimamente, aquí van algunas recomendaciones:

    1. Ya sé que no todo el mundo tiene barbacoa en casa, es más, la mayoría vivimos en pisos así que, con suerte, tenemos campana extractora 😉 Pero oye, que si tenéis la potra de que haya varios amigos o familiares con barbacoas en sus casas, elegid la de obra, es decir, tipo chimenea. Más que nada por la estabilidad, por evitar que un niño le dé un balonazo, un golpe, lo que sea… y acaben las brasas o la carne en el suelo, o el niño en las brasas.

    Un balón igual sí pero aquí es difícil que un niño acabe quemándose gracias a la piedra (en otros casos, ladrillo).

    2. Incluid hamburguesas o perritos calientes en el menú. Las costillas, los chorizos, la panceta y demás están muy bien para los mayores pero si queréis que ellos coman, nada como una buena hamburguesa. Sé que no es comida para darles habitualmente pero de eso se trata cuando haces este tipo de planes, de que sean días especiales, y si nosotros nos permitimos comer más cosas o menos sanas, a ellos tampoco les va a pasar nada. Es obvio que hablo de niños y no de bebés, ¿verdad? Aunque siempre está la opción de poner verduras que, a la brasa, están de muerte.

    3. Si tenéis acceso a una barbacoa cuando queráis, no descartéis este plan para los cumpleaños de los niños. Mi tía lleva tres años haciéndolo en las fiestas de sus tres hijos y los críos alucinan. Cambiar sándwiches por hamburguesas o perritos calientes les parece lo más. Eso sí, tienes que ser rápido porque se lanzan todos a la vez. Maridín, junto a mi tío, son los encargados de este menester en los cumples de mis primos. Ya os comenté en alguna ocasión que mi madre y mis tías comparten jardín, por lo que todos vamos a los eventos de todos 😉

    Y si habéis podido hacer una barbacoa es que tenéis un día para estar al aire libre y un pequeño espacio o jardín para disfrutar con amigos o familiares sin que los niños molesten a otras personas, como puede ocurrir en restaurantes o en la misma playa, así que pocos planes mejor que éste para el verano, ¿no os parece?, ¿algún consejo más que se os ocurra? Por supuesto, mucho cuidado si hay piscina cerca.

  • Planes con niños en Asturias: Cudillero

    Que sepáis que maridín, aunque es maño de nacimiento, ya puede ser declarado 100% asturiano. Si eres capaz de predecir el clima en Asturias, ya te puedes considerar de la tierrina. Para mí, que nací aquí, es fácil saber que cuando en el norte de Galicia hace sol, horas después lucirá Lorenzo aquí. Y si allí llega un temporal, aquí lo tendremos enseguida.

    Amaneció el sábado en Gijón bajo una tromba de agua que me hizo pensar que nuestra única alternativa era ir a un centro comercial, y ya sabéis lo poco que nos gusta. Suerte que a maridín se le iluminó la cabeza y pensó que, si el día iría mejorando poco a poco, lo mejor era «tirar» para el occidente de Asturias, vamos, en dirección Galicia. Vale, puedo ahorrarme todas estas explicaciones, pero sé que muchas de las que me leéis no sois de aquí.

    El sábado elegimos Cudillero, una villa pesquera preciosa que, en los últimos años, se ha convertido en un lugar muy turístico. Imagino que todas las asturianas conocéis este pueblo, de hecho nosotros ya hemos estado varias veces, aunque nunca con los dos peques. Y para las que no sois de aquí, os recomiendo que no olvidéis parar en este pueblo. Por cierto, tenía razón maridín y lucía el sol, hasta pudimos comer al aire libre. Y es que por Asturias la temperatura todavía no nos deja ir a la playa 🙁

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    Una de las cosas más bonitas de Cudillero es la ladera del monte llena de casas de colores

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    No os creáis que fue lo único que hicimos el fin de semana porque llevamos una temporada que no paramos, pero ya me lo reservo para otro post esta semana. ¿Qué tal vosotras? ¡Espero que hayáis disfrutado! Por cierto, ¿conocéis Cudillero?

  • Tener hijos porque toca

    Aunque no lo creáis, esto de llevar una vida «marujil» me está haciendo aprender más sobre el ser humano que cualquiera de los trabajos que he tenido. De hecho, no hace mucho os hablaba aquí de la sorpresa que supuso para mí que, a estas alturas, se llame «coneja» a mujer por tener varios hijos. Pues resulta que, aunque os parezca imposible, hay parejas que tienen hijos porque hay que tenerlos, porque toca, porque eso es lo que se espera de las personas cuando llegan a una edad. Si no, no se entiende una conversación como ésta que tuve con una madre de dos niños. Es real:

    Yo: Ya me han contado que Manuela (nombre ficticio) está embarazada de mellizos.

    Madre: Si, por ahora.

    Yo: ¡Vaya!, ¿Qué tiene: riesgo de aborto o algún problema?

    Madre: Tiene miedo a perder alguno. Pero bueno, mejor si lo perdiera.

    Yo: Pero ¿y eso?

    Madre: Mira cómo estoy yo de atada.

    Si, lo que leéis es veraz. Lo mejor es que la madre ni siquiera trabaja, vamos, un agobio de morir. Me revientan este tipo de comentarios. Me molestan esas madres cenizas que están todo el día quejándose de lo dura y terrible que es su vida desde que tienen hijos. ¡Coño, claro que es duro pero es que yo no me quedo con eso!, ¿no sabían lo que era tener hijos, más o menos? Y es que, aunque os parezca increíble, días atrás, una señora me dijo en la frutería (vida «marujil» total) que, si lo hubiera sabido, mejor hubiera tenido sólo uno.

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    Sinceramente, tener hijos porque es lo que se espera de ti es, primero, no tener personalidad alguna, vivimos ya en una sociedad lo suficientemente moderna como para que la gente acepte con normalidad el que no quieras tener hijos. Es cierto, si te casas o vives en pareja, la gente pregunta que para cuándo los hijos pero nadie te pone una pistola en la sien para tal menester. Así que, si no quieres tenerlos porque te atan, no los tengas. Y segundo, tener hijos porque toca es ser egoísta. Sí, porque si no estás dispuesta a quererlos con todo lo bueno y lo malo, eres una persona egoísta. Querer que tu vida sea igual antes y después de ser padre es una quimera, cualquiera sabe que hay cosas que cambian.

    Intento creer que se trata de casos puntuales aunque es cierto que veo padres que parece que no tienen prisa por llegar a casa, que salen del trabajo y, en vez de ir a casa para estar más tiempo con sus hijos, van a tomar algo por ahí, al gimnasio… todos los días. Y llegan cuando ya les han bañado y han dado de cenar a los niños. Entiendo que llegues tarde por trabajo pero ¿por ocio y sistemáticamente? No es mi concepto de la maternidad/paternidad.

    Claro que hay que buscar un rato para hacer algo de deporte y ver a tus amigos de vez en cuando, hacer una escapada en pareja, dejarles una tarde con sus abuelos para ir a la pelu, a darte un masaje, lo que quieras… de hecho, no hay cosa peor que encerrarse y cambiar radicalmente tu vida por tener hijos, ni lo uno ni lo otro. Pero, ¿son tus hijos lo más importante? Pues si apenas les has visto por la mañana antes de ir al cole o guardería, ¿no deberías morirte de ganas por llegar a casa y pasar un tiempo con ellos? Eh, que yo no soy una madre perfecta, yo también me canso, doy gritos, soy de las que, cuando llega el verano, digo: ¡Dios mío, casi tres meses con el niño en casa las 24 horas del día! Pero ya lo he dicho en alguna ocasión, no son una carga y no me atan, me ato yo a ellos. Decidme que esto que he contado hoy lo veis con poca  frecuencia y me quedaré más tranquila.

  • Cumpleaños infantiles

    Ya os he contado que este año, al ser el primero de Alfonso en el cole, iniciamos la temporada de cumpleaños. Temporada que imagino durará unos cuantos años, por lo menos hasta que cumpla 12 o 13 primaveras y me diga que invita a sus «colegas» a unas pizzas o hamburguesas en cualquier sitio menos en casa 😉 Bromas aparte, este sábado Alfonso tuvo el cumple de otra de sus compañeras de clase (por ahora sólo ha ido a eventos de féminas) y oye, el listón cada vez más alto.

    Además de invitar a los peques desde mediodía (es decir, cumple con comida y merienda), tenían de todo. Así que doy también las gracias desde aquí a Gema. El castillo y la cama elástica los habían prestado otros papis; que conste que se venden desde 200 euros y si se compra entre varios padres, puede ser rentable.

    Vamos, lo que ya tengo claro es que en octubre, cuando celebremos el de Alfonso, lo haremos en casa de mis padres. Nada como un jardín para que «desfoguen». Bueno, en realidad ya lo hemos celebrado allí siempre así que espero que a mis progenitores no les importe una pequeña invasión de enanos. Pero creo que por mi salud mental, lo mejor es hacerlo al aire libre y en octubre solemos tener muy buen tiempo por el norte.

    En cualquier caso, desde que estoy metida en esto de la blogesfera, esto de los cumpleaños de niños me tiene anonadada. Aunque tampoco hace falta indagar mucho, desde que vi la celebración del primer cumpleaños del hijo mayor de Borja Thyssen y Blanca ya casi todo me parece poca cosa 😉 Entre el buffet con ostras y marisco incluido para los adultos, y la presencia de 40 niños, en fin… Que es cierto que el primer cumple siempre se nos va de las manos teniendo en cuenta que no se enteran de na’ pero tampoco es como para convertirlo en algo parecido a una boda gitana.

    Que yo veo bien eso de currarse un poquito la decoración, llamar a un pintacaras o a alguna persona que les entretenga con un taller, encargar una tarta personalizada… pero de ahí a contratar un equipo completo de 10 animadores o un catering cuando luego ellos se tiran a los gusanitos, pues como que parece excesivo. Espero que nadie con un servicio de catering se me lance a la yugular porque son un invento estupendo, pero no necesario para niños de tres años.

    Igual soy yo muy clásica, muy de lo de toda la vida pero nosotros éramos de celebrar los cumples en algún merendero y se encargaban unas tortillas y unas croquetinas, se llevaba una tarta y unas gominolas y todos tan contentos dando brincos. ¿Cómo recordáis vuestros cumpleaños de pequeñas?, ¿cómo celebráis los de vuestros peques?

    Y mientras escribo esto, mi primer sobrino asoma su cabecita al mundo, tengo a mi hermano y a mi cuñada de parto, ¡qué nervios! Ya os contaré porque tengo debilidad por los recién nacidos. Y por cierto, como ya puse un vídeo dedicado a las madres el viernes, no he hecho hoy mención al Día de la Madre. Espero que lo hayáis disfrutado.

  • Ser madre es un plus

    Hoy es el Día del Trabajador y el domingo celebraremos el Día de la Madre así que no se me ocurre un momento mejor para compartir con vosotras un vídeo que, por un lado, puso ante mis ojos una realidad que veo a mi alrededor y que de alguna manera he sentido, y que por otra, ha conseguido emocionarme por todo cuánto somos capaces de hacer las madres a diario sin darnos cuenta.

    Lo verdaderamente triste es que ésto que veis en el vídeo ocurre, es más, puede que algunas de las que estáis leyendo este texto hayáis pasado por ésta u otra situación similar. No voy a hacer en este post una reivindicación del tipo «pónmelo más fácil que soy madre» porque ni quiero ni debo esperar que me regalen nada en la vida, sencillamente quiero que me valoren igual profesionalmente con independencia de que en casa cuide de dos criaturas. Vamos, sólo quiero que no me lo pongan más difícil por tener hijos.

    Si nuestras capacidades y conocimientos eran buenos para alguna empresa antes de ser madres, deberían parecerles igual de positivos después de serlo. Vamos, creo que soy capaz de hacer exactamente lo mismo que hacía antes de tener hijos. Es más, aún he adquirido más competencias ya que he hecho un Máster que empecé la misma semana que dí a luz , unas prácticas, escribo un blog desde hace más de un año y colaboro en un programa de tv, no hace falta decir que sólo por esto último tengo una remuneración. Si esto no es capacidad de superación y sacrificio… Todo para seguir aprendiendo y mejorando mi condición como periodista y por no pasar por la situación que describe el vídeo de «¿qué hiciste esos años?»

    Dicho esto, no estaría de más que toda la sociedad valorase lo que hacemos y que el Estado, los organismos y las empresas fueran más comprensivos, no puedo mentir y negar que los niños se ponen malos de vez en cuando, que los hijos dan trabajo, que los padres y madres queremos pasar tiempo con ellos, que nos necesitan, que no podemos trabajar jornadas maratonianas… Porque señores, algún día, esos niños serán mayores, serán ellos los que trabajen y saquen adelante las empresas y para eso hay que dedicarles tiempo. ¿Es tan difícil de entender o tanto pedir?, ¿qué os ha parecido el vídeo?, ¿habéis vivido o vivís una situación similar?

  • Bipolaridad infantil

    Tengo una teoría y es que los niños y bebés tienen un punto bipolar, pasan del llanto a la risa y viceversa en cuestión de segundos. Ya os he contado más de una vez que Alfonso es un niño muy expresivo, todo lo vive apasionadamente, lo bueno y lo malo así que su bipolaridad es aún más palpable. Cuando en su vida se produce algún acontecimiento que para él es injusto, sufre intensamente. Ayer, cuando le recogí en el cole como todos los días, le pregunté si había comido sus galletas de dinosaurios en el recreo. Primer disgusto, maridín no había puesto su nombre al paquete de galletas por la mañana y claro, esas cosas son imperdonables.

    Normalmente, el crío lleva manzana pero se me había olvidado reponer el día anterior así que ayer, después de contarme lo de las galletas de dinosaurios, le dije que ya había comprado fruta y que mañana llevaría su manzana. Segundo disgusto, se paró en seco con cara compungida y me dijo que a veces se la tiran al suelo. ¿Quién te la tira?, le pregunté. Su respuesta fue «los mayores». Me agaché para abrazarle y seguí preguntando.

    Nuestro paseo del cole al parque da para mucha conversación.

    Los mayores son los de 4 años, vamos, sólo un curso por encima de él. Le tiran la manzana y claro, cuando la coge está un poco sucia. En ese momento me enervo y me sale la vena mamá guerrera, como la loca de la película «La mano que mece la cuna» cuando va al cole de la niña 😉 Ayyy pero la maternidad me ha hecho de un razonable… Y aunque a mí me apetezca decirle al niño «coño Alfonso, espabila y mándales a la porra», le digo que avise a la profesora y que no se preocupe. ¡Anda que no se muerde una la lengua cuando tiene hijos!

    En fin, pues no me habrán toreado a mí de pequeña, y lo que habré toreado yo a otros. Yo recuerdo que no pegué ojo una noche por quitarle a una profe un tajalápiz (sacapuntas), no os digo más. Cosas de niños, no le doy más importancia porque además en el cole se ve que el niño está feliz. Eso sí, le pregunto cada día para estar al tanto de lo que le gusta y de lo que le hace pasar mal rato, porque señores, el niño es muy sufrido. Tanto, que ayer se hizo un rasguño en el parque y del disgusto (y cansancio) se quedó dormido en mis rodillas. Y vuestros peques, ¿tienen sus «problemillas» en el cole?, ¿os lo cuentan como si el mundo fuera a acabarse?

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    Pues eso, que del parque el señorito volvió en la silla de su hermano y el pequeñajo andando. Y como veis, con el pañuelo en la mano porque estaba desangrándose 😉

  • Viajar con niños: playas de Jávea y Calpe (Alicante)

    Cuando se acaban las vacaciones, vuelvo a casa con dos cosas de más: kilos y estrés. Lo primero me ha pasado toda la vida y en una semana el asunto está solucionado; lo segundo me pasa sólo desde que soy madre. Aún recuerdo cuando volvía a casa tras unos días de descanso con una sensación de sosiego y paz que ya no he vuelto a experimentar en los últimos tres años. Ya se sabe que los niños, en cuanto les sacas de sus rutinas y entorno, se desmadran. En cualquier caso, disfrutamos siempre de nuestro tiempo en familia. Y si acompaña el buen tiempo, mucho mejor.

    La verdad es que este año, por primera vez, la Semana Santa la pasamos en un destino de sol y playa, en Jávea (Alicante). A maridín se le antojó lo de hacer barbacoas y claro, había que tirar más bien para el Sur, en este caso sureste, y eso supuso hacernos 1000 kilómetros de carretera. Eso sí, con parada nocturna en Zaragoza y así hacer el viaje más llevadero. He de decir que los gordis se portaron bastante bien en el trayecto y el DVD ayudó bastante.

     

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    Merendando a nuestra llegada a la casa que alquilamos en Jávea. Cuando nos juntamos con la familia de maridín, lo de ir a hotel sale más caro y con niños es más incómodo.

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    Playa de El Arenal. El primer día hizo mucho viento y por la mañana pasamos un poco de frío; en cuanto paró el aire, niños al agua. Si nosotros llevábamos media casa a cuestas, mi cuñada llevaba la casa completa e incluyó trajes de neopreno. La verdad es que el agua estaba en torno a los 17-18 grados. Vamos, yo ni harta de vino.

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    Lo bueno de esta época es que las playas no están abarrotadas y los niños pueden jugar a la pelota sin molestar a nadie.

    El segundo día fuimos a la playa de Calpe, donde lo más llamativo es el Peñón de Ifach. Al igual que en Jávea, más de la mitad de la población es extranjera, ¡anda que no son listos estos foráneos que vienen a España!

    calpe alicante niños planes vacaciones  

    Una de las tardes se nubló y fuimos a una zona donde había atracciones. En general, Jávea me parece que es un buen destino para niños y familias.

    Y una vez más, las vacaciones se nos han pasado volando pero reconozco que se agradece un poco el volver a la rutina (madre mía, quién me ha visto y quién me ve). Lo que ya no agradezco tanto es lo de volver a poner abrigo 😉 ¿Qué tal vuestras vacaciones?, ¿de playa, montaña, caseras, religiosas? que conste que este año eché de menos ir a ver alguna procesión, creo que es la primera vez que no voy a ninguna. Otro año será, prometo no volver a hacer tantos kilómetros para cuatro días.

  • Preparando maletas

    La última vez que hicimos las maletas fue en Navidad para irnos a Zaragoza. A mitad de camino me di cuenta de que había olvidado los biberones de los niños. Y señoras, este no es un olvido cualquiera. Explícale a tu suegra que vaya a la farmacia a por bibes con tetinas anatómicas de látex de la talla 2 y orificio grande L. A la mujer la dejé totalmente KO, tanto que la pobre trajo varios tipos de tetinas, que lo importante es que los niños se alimenten como Dios manda.

    Por eso, cada vez que me enfrento al momento «hacer maletas» me entran sudores. Vamos por partes; primero, cachivaches. Hay que saber si el lugar de destino tiene cuna. Hay que decidir si llevar la sillita plegable o la «buena», que ocupa tres veces más. Después, por si acaso, la trona plegable porque si en algún restaurante no tienen, alguno tiene que comer con Rafa encima y no es plan, entre otras cosas, porque es un zampabollos y, si te descuidas, te deja sin comida.

    Después llega el momento de decidir qué ropa llevar. Ahora en Semana Santa esto es un problema, ¿meto abrigo y bañador? Nos vamos a Alicante y digo yo que, a lo mejor, por el día estamos a 25 grados y nos apetece ir a la playa. Pero si salimos a cenar igual nos plantamos en 13 grados. Vamos, que es una de esas épocas en las que mezclas en el equipaje calcetines con playeros tipo victoria y hala, a tirar pa’alante. Y claro, si vas a la costa hay que añadir al equipaje toallas de playa. Creo que el cubo y rastrillo nos los vamos a ahorrar y que compren uno los suegros. Y por supuesto, en la maleta de la ropa, van pañales.

    Creo que Alfonso moriría por una maleta como ésta,jaja…

    Otro asunto, tema alimentación. Lo primero (esta vez ya no me vuelve a pasar) los biberones. Después la leche en polvo y los cereales, agua mineral y meriendas para el primer día porque no sabes en qué momento irás al supermercado cuando llegues. Fundamental también es llevar el Dalsy o Apiretal para cualquier dolor inoportuno. Y galletas en abundancia para el viaje en coche, sobre todo si vas a recorrer dos tercios de la península.

    Y por último, importantísimo: los peluches de turno para que los enanos se duerman, para Rafa es fundamental, nos lo llevamos a casa de mis padres los domingos, con eso lo digo todo. Después hay que meter en la cartera las tarjetas sanitarias porque este sistema de salud que tenemos por comunidades autónomas es de risa y no vaya a ser que no atiendan a tu hijo si pasa algo. Y para el coche, el reproductor de DVD. Y creo que no se me pasa nada. Bueno, y luego maridín tiene que encajarlo todo en el maletero como si de fichas de Tetris se tratara. ¿Cómo lleváis lo de viajar con los peques?, ¿vais cargados como si os fuerais dos meses?

    Que paséis buena Semana Santa; servidora vuelve la próxima semana con más historias que contar y seguramente, menos relajada 😉 porque las vacaciones con niños son para todo menos para descansar. Y gracias por tantas visitas al blog, la semana pasada recibimos nada más y nada menos que 10.000, ¡abrumada es poco! Hasta la vuelta.

  • El cuidado de los hijos, ¿en quién recae?

    Cuando uno lee «El cuidado de los hijos recae en la madre en el 82% de los casos y la abuela ya es la segunda opción« se queda, cuando menos, perplejo. Es lo malo de los titulares, que son tendenciosos. Por eso me alucina que la gente comparta enlaces en Facebook sin haberse tomado la molestia de leer los contenidos. Pero esa ya es otra historia.

    Si me quedase sólo con el titular con el que inicio el post de hoy, pensaría que los hombres, como antaño, no se hacen cargo de la crianza de los hijos. Y sinceramente, no tengo yo esa sensación sino que veo a mi alrededor padres encantados con sus niños y que se implican en la educación y en el cuidado de los peques. Pero claro, hay que seguir leyendo.

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    Lo primero, y para que sepáis de lo que hablo, es que los datos están extraídos del CIS (Centro de Investigaciones Científicas), por lo tanto nunca puedes saber si las respuestas que da la gente son realmente ciertas, aunque creo que tampoco tendría sentido mentir en esto. Y lo segundo es que, si al titular le añadís las palabras «mayoritariamente» y «menores de tres años», entonces las cifras van cobrando sentido. Vamos a ver, si tuvierais que decir quién se ocupa o ha ocupado mayoritariamente de vuestros niños de menos de tres años, ¿cuántas dirías que vuestra pareja? Imagino que pocas.

    La realidad es que los padres de hoy en día participan de una forma muy activa en el cuidado de los niños y, cuando la madre también trabaja, comparten las tareas casi de forma equitativa, pero ese «casi» supone que cuando hay que trabajar menos, somos nosotras las que pedimos reducción de jornada o jornadas continuas para salir antes y poder estar con los niños.

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    La realidad es que, en el parque, lo que veo frecuentemente son madres, aunque también algún padre. Y como ya nos conocemos, sé de sobra cuántas de ellas han renunciado a crecer profesionalmente para pasar más tiempo con sus hijos. Y no quiero decir que los padres no harían determinadas renuncias laborales por sus hijos pero, como lo hacemos las madres y se da por hecho que somos nosotras las que debemos hacerlo, pues a ellos la paternidad no les supone problema alguno en sus trabajos.

    Mi experiencia es que la mayor parte del cuidado de mis hijos la llevo yo, fundamentalmente porque trabajo poco. Que conste que soy feliz pasando tanto tiempo con mis hijos, para nada me siento una profesional frustrada porque lo que más quería en este mundo era tener mi familia y la tengo. Es más, si fuese rica, trabajaría lo justo y en algo que me gustase mucho (como la tv, que es donde disfruto), me dedicaría a aprender cosas que me interesan, a mis hobbys y, como ahora, a  estar con mis hijos. Así de claro.

    Y ahora me gustaría saber cuántas de vosotras habéis pedido excedencias, reducción de jornada… Cuántas sabéis que tener hijos os ha frenado profesionalmente y a cuántas de vosotras, por contra, la maternidad no ha supuesto ningún cambio en vuestro trabajo… Y por supuesto, si hay casos en los que han sido vuestras parejas las que se han hecho cargo de los niños para que vosotras crecierais profesionalmente. Mucho me temo que el CIS no anda muy desencaminado con este asunto.

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