Ir a la playa con niños, ¿misión imposible?

Aclaración: vivo en el norte, en verano no solemos tener más de 25 grados en la costa y aquí se va a la playa cuando sale el sol, no cuando nos apetece. Vamos por la mañana, no solemos llevar sombrillas, si no se nubla comemos allí y no nos movemos hasta que las mareas o la temperatura nos echan de la arena. Resumiendo, todas esta pautas y consejos que menciono a continuación varían si estás en el sur, o más bien, si estás en cualquier sitio de la la Cordillera Cantábrica pa’bajo.

Dicho esto, hago una confesión: cada año y con cada niño que sumes, es más duro ir a la playa. La primera vez que llevamos a Alfonso tenía 8 meses e íbamos con todo tipo de artilugios: sombrilla, hamaquita, sillita, gorro, pañales… Al final del verano, ni gorro ni sombrilla ni hamacas, sólo silla para dormir la siesta y crema solar. Aprendimos que el pañal, cuando gatean, se llena de arena y les deja el culo como un tomate así que, si hay escape, se recoge y está. Con el pañal llegan, duermen y se van, el resto del tiempo, al libre albedrío.

SAM_1097Su primer día de playa fue en Vigo y ahí estaba, con gorro y debajo de una sombrilla, que usamos dos veces más. Obsérvese su color de manos, ya se intuía un pequeño negrito.

Si me preguntáis qué hice con Rafa su primer verano y qué hago ahora con los dos, la respuesta es sencillamente untarles de crema solar hasta las orejas, siempre protección máxima y aplicándosela varias veces. Pero ya no me «peleo» con ellos para ponerles un gorro, entre otras cosas porque nunca «toman el sol», es decir, están en la arena o en el agua jugando por lo que la parte que menos morena se les pone es precisamente la cara. La espalda, y las piernas cuando aún no gatean, son las zonas en las que más incido con la crema. Y eso que lo de ponérsela ya ha empezado a convertirse en una guera.

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El primer verano de Rafa en la playa, al principio no gateaba y cuando eso ocurre ¡¡aprovecha!! Aún puedes tomar el sol teniéndolo a tu lado. Como veis, siempre están mirando hacia abajo.

Tanto Alfonso como Rafa nacieron en octubre, lo que significa que ni me planteé que no fueran a la playa porque creo que, en el momento en que son capaces de estar sentados sin caerse, pueden disfrutar mucho de la arena y del mar, les suele encantar. Las dudas sobre si ir o no, entran cuando son bebés más pequeños. Y la respuesta creo que es «depende». He visto bebés de uno o dos meses en la playa, sobre todo en los casos en que tienen hermanos mayores; eso sí, siempre metidos en el capazo y con sombrilla, jamás dándoles el sol, es obvio. Entiendo que si es el primer hijo, prefieras ir de paseo hasta que tenga medio año. Pero lo dicho, no creo que haya una edad en concreto para empezar a ir.

Lo que es innegable es que a los más pequeños les gusta la playa, es un sitio perfecto para explorar, la orilla es genial para el gateo.

¿Qué llevamos a la playa? Pues reconozco que vamos cargaditos, llevamos en una bolsa sus toallas y bañadores de repuesto, en otra las comidas y bebidas, en otra los pañales y las toallitas, y por último, mi capazo «playero» con nuestras toallas y un neceser repleto de cremas. Ah, ¡y la sillita! Así que no es fácil la movilización. Esa es otra de las razones por las que, cuando vamos, es para estar muuuuucho tiempo. Cierto es que, cuando estamos en Tarragona o en el sur, nos ahorramos la bolsa de la comida, allí pocos se plantean comer en la playa, y como además sabes que el sol no se irá de repente 😉

Sobre cuándo bañarles en el mar, diría que eso sin ningún  problema siempre y cuando no les dé mucho el sol. Aquí no nos andamos con miramientos con la temperatura del agua, este fin de semana no creo que el Cantábrico estuviese ni a 20 grados (yo ni me planteo bañarme) y los peques se pasaron el día sentados en la orilla, como si nada. Además, eso tiene que ser buenísimo para evitar refriados, bronquitis y demás historias.

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¿Cara de frío? No, se les hace una piscinita natural y aunque no lo parezca, el agua va calentando un poco.

Y creo que poco más me queda por contar, dejo para otro post la comida que me resulta más cómoda para llevar ya que aún no «tiro» de bocadillos, es cuestión de tiempo 😉 De cualquier manera, cada playa a la que vayamos os iré contando lo que más nos gusta y las pegas para ir en familia. ¿Cómo os organizáis para ir a la playa con los niños?, ¿a qué edad les llevasteis por primera vez?

Barbacoas… con niños

Uno de esos planes que indica que el verano está cerca es hacer barbacoas. Vamos, que el período estival debe estar a la vuelta de la esquina porque el fin de semana tuvimos ya dos parrilladas. Lo que no acaba de estabilizarse es el clima 😉 No hace mucho os contaba cómo los planes resultan muy distintos ahora cuando algunos de ellos son los mismos que hacíamos en el pasado.

Sin niños, el plan de la barbacoa era algo tranquilo, podías dejar una cerveza en cualquier esquina, en el prao, al borde de una piscina; comprabas las carnes más grandes de la carnicería y empezabas a encender las brasas a las dos del mediodía, lo que significaba empezar a comer a las cuatro de la tarde… Así que si os animáis a organizar una barbacoa y vuestra familia ha crecido últimamente, aquí van algunas recomendaciones:

1. Ya sé que no todo el mundo tiene barbacoa en casa, es más, la mayoría vivimos en pisos así que, con suerte, tenemos campana extractora 😉 Pero oye, que si tenéis la potra de que haya varios amigos o familiares con barbacoas en sus casas, elegid la de obra, es decir, tipo chimenea. Más que nada por la estabilidad, por evitar que un niño le dé un balonazo, un golpe, lo que sea… y acaben las brasas o la carne en el suelo, o el niño en las brasas.

Un balón igual sí pero aquí es difícil que un niño acabe quemándose gracias a la piedra (en otros casos, ladrillo).

2. Incluid hamburguesas o perritos calientes en el menú. Las costillas, los chorizos, la panceta y demás están muy bien para los mayores pero si queréis que ellos coman, nada como una buena hamburguesa. Sé que no es comida para darles habitualmente pero de eso se trata cuando haces este tipo de planes, de que sean días especiales, y si nosotros nos permitimos comer más cosas o menos sanas, a ellos tampoco les va a pasar nada. Es obvio que hablo de niños y no de bebés, ¿verdad? Aunque siempre está la opción de poner verduras que, a la brasa, están de muerte.

3. Si tenéis acceso a una barbacoa cuando queráis, no descartéis este plan para los cumpleaños de los niños. Mi tía lleva tres años haciéndolo en las fiestas de sus tres hijos y los críos alucinan. Cambiar sándwiches por hamburguesas o perritos calientes les parece lo más. Eso sí, tienes que ser rápido porque se lanzan todos a la vez. Maridín, junto a mi tío, son los encargados de este menester en los cumples de mis primos. Ya os comenté en alguna ocasión que mi madre y mis tías comparten jardín, por lo que todos vamos a los eventos de todos 😉

Y si habéis podido hacer una barbacoa es que tenéis un día para estar al aire libre y un pequeño espacio o jardín para disfrutar con amigos o familiares sin que los niños molesten a otras personas, como puede ocurrir en restaurantes o en la misma playa, así que pocos planes mejor que éste para el verano, ¿no os parece?, ¿algún consejo más que se os ocurra? Por supuesto, mucho cuidado si hay piscina cerca.

Exprimiendo el verano

Formo parte de ese amplio grupo de seres humanos que se entristece cuando acaba el verano. Por eso, me resisto y no doy por concluida la temporada de playa o piscina hasta octubre; recuerdo que hace dos años estaba en la playa el día de la Virgen del Pilar.

Es evidente que me gusta la playa y el sol, creo que ha quedado sobradamente demostrado en este blog. Pero además, desde que soy madre, intento estar al aire libre el mayor tiempo posible. El invierno pasado era la primera en llegar al parque y la última en irme, de ahí que llegara a casa con los pies congelados en más de una ocasión. Sólo de pensarlo, me entran escalofríos.

Así que, por suerte, hemos disfrutado de un fin de semana de lo más veraniego para despedir la estación (que no la piscina y la playa) y hemos estado en casa lo justo, es decir, para cenar y dormir. Además, los niños se lo pasan de miedo en la playa, sobre todo en los charcos, cuando está la marea baja.

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Mañana de domingo en la playa de Estaño.

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Amor de hermanos.

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Domingo en casa de mis padres. Cuna de viaje a modo de corralito, a Alfonso le encanta meterse cuando está su hermano.

Así que he decidido que voy a aprovechar cada rayo de sol de lo que resta de mes y, si se tercia, del próximo. Además, como Alfonso aún no tiene cole por la tardes, esta semana apuraremos la piscina al máximo.Todavía nos quedan unos días de temperaturas totalmente veraniegas así que ¡a disfrutarlos!

Que no se acabe el verano

Éste ha sido uno de esos fines de semana en el que no paramos un segundo, tuvimos planes desde el viernes hasta el domingo. Estoy agotada pero me encanta estar todo el día fuera de casa, ¡no sé qué va a ser de mí dentro de un mes!

La tarde del viernes la pasamos en lo que en Gijón llamamos el “hípico”, un Concurso Internacional de Saltos al que acuden más de 10.000 espectadores al día. Fuimos con mi hermano y mis primos pequeños, con los que Alfonso se lo pasa genial, y mi único objetivo, ya que no soy muy aficionada al tema de las apuestas, era que Alfonso se subiera a un poni. Cuando llevábamos un rato haciendo cola me di cuenta que el niño no miraba para los animales, así que le pregunté nuevamente si quería subirse a uno. “Son muy grandes”, me dijo. Vamos, que le daban miedo. Así que el próximo año lo intento otra vez.

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 Alfonso hace dos años se subió. Además del concurso y las apuestas, hay actividades infantiles.

Foto del público en el complejo deportivo Las Mestas. (foto de la web http://www.csiogijon.com/)

El sábado disfrutamos por primera vez de la playa de Vega. Mi tía nos había hablado de ella y, aprovechando la visita de unos amigos gallegos, pasamos allí el día. ¡Menudo descubrimiento! creo que ha sido uno de los días que más han disfrutado en una playa. Enorme, poca gente, perfecta para que Alfonso jugase al fútbol y Rafa gatease. Todo sin molestar a nadie. Impresionante.

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Y además, estas vistas y una temperatura maravillosa.

Estábamos tan a gusto que nos dieron casi las ocho de la tarde. Y como teníamos cena con los gallegos, por aquello de que conociesen bien la gastronomía asturiana ;-), hubo que bañar a los niños, preparar bibes, ropa para el domingo, llevar a los peques a casa de mis padres… en tiempo récord. Soy ya una experta en esto de controlar los minutos.

El domingo, como siempre, comida en casa de mis padres y para rematar, una especie de fiesta-merienda-cena que montó mi tía para que toda la familia y amigos conociésemos a su nueva nieta. Viven en Castellón y se dejan ver poco por aquí, así que nos juntamos más de treinta personas y unos cuantos niños. Vamos, planazo para Alfonso que además conoció al que será uno de sus compañeros de clase en cuestión de diez días.

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Mi madre y Rafa.

En fin, ya me gustaría que todos los fines de semana fueran así. Sólo le pido al verano que, por lo menos, dure lo estipulado. Y si quiere quedarse un poquito más, yo encantada.

Planes en pareja: viajar sin niños

El lunes pasado os contaba que las vacaciones con los niños son de todo menos relajantes. Me había reservado para hoy los pocos días que incluyeron la palabra descanso, aunque llamar vacaciones a un fin de semana no se ajusta demasiado a la realidad. Digamos que, dentro del período vacacional, hicimos una escapada de pareja. Era un plan que no hacíamos desde que nació Alfonso, hace casi tres años. La verdad es que, de vez en cuando, viene bien una sobredosis de romanticismo 😉

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Para mí fue más difícil separarme de los niños por una sencilla razón: me encargo de ellos a diario, así que no estoy acostumbrada a delegar en nadie. Os podéis imaginar que el momento en el que vi a Rafa en brazos de mi suegra a través del cristal trasero del coche fue un poco “dramático”. Que nadie se asuste porque no me puse a llorar, simplemente pensaba ¿estarán bien sin mí?

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En Cadaqués (Gerona). Como mis suegros veranean en Tarragona, la escapada no fue muy lejos.

¡Y vaya que si estuvieron bien! Los bebés, aunque nos pese, no nos echan demasiado en falta si están bien atendidos, y los niños más mayores tampoco nos extrañan si están acompañados de alguien que sea capaz de entretenerles, como hizo mi cuñado. ¡Manda narices, con la de energía y tiempo que les dedico! Aunque no puedo enfadarme por ello, recuerdo que, cuando era pequeña y mis padres viajaban, me encantaba pasar unos días en casa de mis abuelos y “distanciarme” de las tres fieras de mis hermanos. Era muy relajante.

En cuanto a mí, para mi sorpresa, fui capaz de desconectar más de lo que imaginaba y sobre todo, descansé. A la playa sólo llevábamos toallas y cremas, nada más, ¡no recordaba esa sensación tan cómoda! Y por fin pude tomar el sol ¡tumbada! Pudimos comer y cenar en sitios donde hubiéramos tenido problemas para colocar la sillita de Rafa y donde el café hubiera sido un momento completamente estresante con Alfonso al estar situados cerca del mar.

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En Cala de Agua Brava (Gerona). Y ya de paso, no os recomiendo el restaurante Marivent, vistas maravillosas pero el pescado fue una tomadura de pelo. Esa fue la única pega de nuestras mini-vacaciones sin niños.

Eso sí, a la vuelta estaba deseando darles un achuchón. Hubiera sido capaz de estar uno o dos días más sin ellos, pero creo que de ahí no paso. Por ahora, en cuanto sean más independientes, serán ellos los que estarán encantados de que les dejemos “respirar” unos días. Tiempo al tiempo.

Decorar la comida, ¡una tortuga en mi plato!

Como os conté hace un par de semanas, tengo la intención de variar un poco los contenidos del blog, aunque siempre pensando en los peques, así que vuelvo a incluir una receta. En realidad, más que una receta, es una forma de decorar una comida muy veraniega para que a los peques les «entre» por los ojos y les apetezca comerse todo el plato.

La ensaladilla rusa es una de mis comidas favoritas en verano, además es fácil de hacer. Como curiosidad, os cuento que fue inventada en 1860 por Lucien Olivier, chef de uno de los restaurantes más conocidos de Moscú, el Hermitage, que hizo de este plato su seña de identidad. Y después de esta aportación «histórica», vamos al meollo.

Ingredientes:

• Ensaladilla rusa
• 5 rebanadas de pan de molde
• 1 lata de atún
• 2 cucharadas de mayonesa
• 1 aceituna
• 1 tira de pimiento asado rojo
• 2 medias noches o pan de leche
• Lechuga iceberg

Preparación:

Lo primero que haremos será la ensaladilla. Cada uno, le añadirá los ingredientes que quiera. Yo suelo hacerla con patatas, atún, huevo cocido, guisantes, zanahorias y maíz. Cuando esté preparada, le damos forma de media luna en el plato o en la fuente de presentación.

receta niños

Después, cogemos las rebanadas de pan y les quitamos la corteza; las aplastamos con un rodillo de cocina y les echamos una cucharada del relleno que escojamos (en este caso, lo podemos hacer de atún y mayonesa, aunque también se puede hacer con la propia ensaladilla).

platos niños

receta niños

Enrollamos y envolvemos en papel film y los metemos en la nevera para que compacten. Las dejamos en la nevera un par de horas para que al cortarlas, no se deshagan.

comida niños

Cuando las sacamos, cortamos en rodajas de 1 cm de grosor y comenzamos a ‘tapar’ el relleno.

recetas peques

ensaladilla rusa niños

Cuando hayamos cubierto toda la ensaladilla, cogemos las medias noches. Una de ellas la partimos a la mitad, y volveremos a partir por la mitad esos dos trozos ( que serán las patitas) Con la otra media noche, la partimos a la mitad y será la cara de nuestra tortuga.

tortuga ensaladilla

Partimos una aceituna en dos y serán los ojos de la tortuga; le hacemos un pequeño corte a la media noche como si fuera la boca y le colocamos una tira de pimiento.

niños comidas verano

Para terminar, y si os apetece, picamos lechuga muy fina y decoramos el resto del plato con ella. Y este es el resultado, ¡imposible que los peques se resistan! Como siempre, gracias a Jénnifer Liébana, del blog http://quecukireposteriaydemas.blogspot.com.es que me «chiva» estos trucos.

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Cuándo llevar a los bebés a la piscina

Este fin de semana llevamos a Rafa por primera vez a la piscina, obviamente cubierta. Una cosa es que haga buen tiempo y otra es meter a los críos en el agua al aire libre en abril. A Alfonso también le llevamos por primera vez a la piscina cuando tenía cinco meses. En su momento, lo hicimos por aquello de hacer cosas nuevas con el peque, no pretendíamos que aprendiese a nadar a esas alturas de su vida.

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Alfonso, por primera vez en la piscina, año 2011.

Su reacción fue muy buena; no quiero decir con esto que se lo pasase bomba, pero no lloró ni cuando decidimos sumergirle la cabeza en el agua. Simplemente puso cara de susto, parecía preguntarse qué narices hacía allí. Repetimos otras dos veces aquella primavera, enseguida llegó el verano y descubrimos que Alfonso sentía pasión por el agua. Le poníamos en la orilla y cada vez que llegaba una ola y le cubría se partía de la risa. Y en cuanto empezó a gatear, se iba solo hacia el mar. Llamaba la atención de los paseantes.

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Alfonso en la playa, uno de los sitios que más disfrutó en su primer verano.

No sabemos si tuvo algo que ver el hecho de llevarle pronto a la piscina con su pasión por meterse en el agua, pero el caso es que con Rafa hemos repetido. Su reacción este fin de semana fue la misma que la de Alfonso en su momento, cara de alucinado y ni un llanto al meterle la cabeza en el agua. Me imagino que ese contacto temprano con el medio acuático les ayuda a perder el miedo.

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Alfonso y Rafa, este sábado.

Es más, con Alfonso viví el susto más grande de mi vida el pasado verano, cuando se cayó vestido y sin manguitos en la piscina de unos amigos. Me lancé a por él, vestida y embarazada de casi siete meses, y cuando le saqué lloraba; enseguida me di cuenta que había llorado por el susto, no por el agua, y es que, a los pocos minutos, quería meterse otra vez. Mi objetivo para el verano que viene es que Alfonso aprenda a nadar sin manguitos. Y confío en que Rafa reaccione en el mar tan bien como lo hizo Alfonso la primera vez.