Elegir el nombre del bebé

Ésta es una tarea complicada en algunas parejas; entiendo que si tú eres de nombres clásicos (Pablos, Juanes, Marías o Lucías) y tu pareja quiere ser original con el asunto (Yustin, Yaruma o Leydi, por decir algunos de los nombres menos comunes que se pusieron en 2013), la cosa se complica y hay que llegar a un acuerdo, o sencillamente sortearlo. Yo no llegaría a este extremo del sorteo si el nombre que propone tu pareja te horroriza, que es para toda la vida.

Nosotros no tuvimos problema. Somos los dos tradicionales en ese sentido y decidimos que el nombre del primer hijo lo elegiría yo y, el del segundo, maridín. Confieso que nunca creí que llamaría a mi hijo Alfonso, me gusta más para adulto que para un niño. Pero le pusimos ése nombre porque mi hermano Alfonso es su padrino y como además me gusta la historia y el tercer Rey de Asturias fue Alfonso I, pues hala; además, no se oye a menudo y me parece que tiene mucha personalidad.

Y lo que me ocurre con Rafael es parecido, que me suena más a adulto, y no os voy a engañar, me recuerda al cantante 😉 , lo cual no me emociona, pero Rafa a secas ya me gusta más y me recuerda a Nadal, mucho mejor, ¡dónde va a parar! En cualquier caso, no decidimos quién elegiría el del tercero, básicamente porque entre tres hijos, creíamos que vendría alguna fémina y ahí no había dudas: sería Carmen. Pero va a ser que no y ahí estamos, dilucidando qué nombre poner al bebé que viene en camino.

Bueno, no estamos decidiendo exactamente, es más bien un «tira y afloja», yo tengo una apuesta y maridín otra. Y confieso que la mía nunca me la hubiera imaginado: Gabriel. Pero me gusta y además, siendo un nombre de toda la vida, no se oye con demasiada frecuencia. Y para más inri, resulta que el Arcángel San Gabriel es patrono de los comunicadores (es decir, de mi profesión) y de las embarazadas (vamos, de mi estado). Tampoco es que esto me influya mucho a la hora de decidir el nombre pero me ha gustado descubrirlo.

La apuesta de maridín es Jaime, que es un nombre que me encanta. Es más, hace un  tiempo lo hubiera visto más factible que Gabriel, pero como hay unos cuantos a nuestro alrededor… por cambiar. Que conste que tengo un punto a mi favor para que mi apuesta sea la elegida: Alfonso ya lo llama así. Cuando le dije que estaba embarazada, le comenté que, si era niño, podíamos llamarlo Gabriel, y si era niña (eso no entraba en sus planes 😉 ) se llamaría como mamá. Desde entonces, y aunque no hice campaña pro-Gabriel (aunque maridín diga que sí), Alfonso habla del «bebé Gabriel».

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Que sepáis que, si al final se llama así, me arrepentiré de no haber llamado Miguel a Alfonso, así tendría el pack completo de «arcángeles» 😉 Resulta que mi hermano mayor se llama Miguel y nació un 23 de septiembre. Tres años después, también un 23 de septiembre, nacieron mis hermanos mellizos y ¡¡a mi madre no se le ocurrió llamarles Rafael y Gabriel!! Que digo yo que cumpliendo años los tres el mismo día, podía haberles hecho coincidir también con el santoral. Vamos, yo lo hubiera hecho seguro. Y en vuestra pareja, ¿quién decidió el nombre?, ¿por algún motivo especial?

Reacciones ante un recién nacido

Es curioso cómo los recién nacidos generan sentimientos muy distintos en unas u otras personas. Hay a quienes estos pequeños les parecen aburridos y lo cierto es que no hacen gran cosa ni interactúan con nosotros. Sin embargo, a otras personas nos parecen unos seres tremendamente especiales y a la vez alucinantes.  El caso es que ayer Alfonso y Rafa conocieron por fin a su nuevo primo. No sé si ocurre en todos los hospitales públicos pero, aquí en Gijón, los niños pequeños no pueden entrar en la planta de maternidad así que tuvimos que esperar a que le dieran el alta.

Me ha sorprendido muchísimo la reacción de los dos peques. La verdad es que estaba deseando que llegase ese momento sobre todo para ver el comportamiento de Alfonso. Y es que, cuando nació Rafa, acaba de cumplir dos años y no fue muy consciente de su llegada, la primera vez que le vio apenas se inmutó, curioseó y poco más, hasta que poco a poco fue dándose cuenta de su papel de hermano mayor y ya no podía vivir sin él. Ayer me alegró mucho ver la ilusión con la que tocaba al bebé, cómo sonreía al verlo en brazos de maridín, cómo decía su nombre una y otra vez, vamos, ha sido totalmente consciente de lo que es un recién nacido.

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Con lo que no contaba fue con la reacción de Rafa. Ya os adelanto que nos reímos muchísimo. Yo creía que iba a mirar para él y poco más, en plan «menudo coñazo de criatura, con lo divertido que soy yo». Madre mía, nada más lejos de la realidad, fue sacar del carro al peque y empezó a gritar «bebeeeeeeeeeeeeee». Maridín tenía al nene en brazos y Rafa venga a gritar e intentar meter la pezuña, así que decidí coger yo al crío pensando que se le pasaría pero ¡¡¡qué va!!! Vino detrás de mí y venga a gritar hasta que se lo puse en las narices, le dije que le diera un beso y el gordo tan feliz. Se iba medio minuto y volvía gritando «bebeeeeeeeeeeee» y vuelta a darle otro beso al pobre Jorge. En fin, no paramos de reírnos aunque temíamos por la integridad física del recién nacido.

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¿Y qué puedo decir de mí? Nada que ya no sepa a estas alturas, que tengo un instinto maternal bestial, que muero por esas pequeñas criaturas, que aunque hayas pasado por eso, las cosas se olvidan. Se olvida cómo coger a un recién nacido cuando ya llevas meses colocándote a tu pequeña bestia en la cintura, apoyado sobre la cadera, como si de un saco de patatas de tratara. Se olvidan esos gestos que sólo ellos tienen porque luego ya tienen otro tipo de expresiones. Y se olvida porque es un periodo muy breve. ¿Os gustan los recién nacidos?, ¿os parecen aburridos? Cuando estáis con uno, ¿os vienen a la mente recuerdos de vuestros hijos?

Recordad que seguimos con el sorteo de un conjunto de baño de Neños a alegir en el post anterior.

Cuidado con el nombre de tu hijo

La semana pasada, una amiga mía colgó en Facebook una foto de la página del periódico en la que aparecen los nombres de los bebés que cada día inscriben en el registro civil. Ya os podéis imaginar que, si hizo algo así, es porque había un nombre un tanto peculiar o, por lo menos, poco común: Alcapone. Sí, tal cual lo leéis; lo cierto es que los apellidos no eran españoles así que decidimos ser buenas. La verdad es que, una de las cosas que a algunos padres trae de cabeza durante el embarazo, es elegir el nombre de sus retoños. En ese sentido, yo no he tenido muchos problemas, yo elegí el nombre de Alfonso y mi marido el de Rafa, y creo que, como nos gustan a los dos los nombres clásicos, no iba a llegar la sangre al río.

Hombre, sé que a él no le hubiera importado ponerle a uno de sus hijos su nombre, José María, pero yo por los compuestos no paso, que no tengo nada contra ellos pero los veo de un formal… Quise poner la excusa de que no me gusta lo de repetir el nombre de los padres pero es que no cuela dado mi empeño en ponerle el nombre de Carmen a una hija, que a estas alturas dudo mucho que vaya a  tener. En fin, lo de los nombres da para mucho. Para eso, los gitanos son lo más. Aún recuerdo que una tal Iloveny pasó por la consulta de una amiga. Cuando le preguntaron de dónde venía el nombre, les dijo que de una camiseta. Aquí tenéis la clave.

Y si los gitanos son la leche para eso, mi padre no se queda corto. Yo le quiero con locura pero su nombre, Aquilino, no se puede decir que esté en el grupo de mis preferidos. Añado que el hermano de mi padre se llama Longinos, también se llamaba así mi abuelo. Ya de paso os cuento que Longinos fue el centurión que le clavó la lanza a Jesucristo en la cruz. Y tras esta aportación histórica os explico a qué viene hablar de los nombres de Aquilino y Longinos.

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Si alguna zamorana me está leyendo, me podrá decir que Longinos no es un nombre raro. Y es que en Zamora tienen un paso dedicado al centurión.

Resulta que, cuando nació mi hermano Miguel, fue mi padre el que acudió al registro a inscribir a la criatura, como es normal, vamos. El caso es que a mi padre le seguía apeteciendo aquello de poner nombres familiares y allí que plantificó Longinos detrás de Miguel. Así que tengo un hermano llamado Miguel Longinos, como de tele novela, oiga.

Pero no contento con eso, volvió a hacerle la misma jugada a mi madre cuando nacieron los mellizos y a Alfonso le cayó el nombre de Aquilino como segundo. Es decir, también tenemos un Alfonso Aquilino en la familia. Y Juan se libró porque ya no había más nombres que poner. Y ahora ya pongo sobre aviso a mi cuñada, que en mayo tendrá a un Jorge siempre que mi hermano Miguel (Longinos) no haya heredado la costumbre de mi padre y decida a última hora añadir algún nombre más. Bueno, y ahora confesad, ¿qué nombres peculiares se oyen en vuestras familias? Y como esto da para mucho, habrá más posts sobre el asunto…

Mentiras piadosas al doctor

Parece mentira que lleve casi un año escribiendo este blog y aún no haya hecho mención a ninguna de nuestras visitas al pediatra. Ya sé yo que sabéis de sobra lo que pasa en una revisión, porque sólo el primer año de vida de los peques hay que ir unas siete veces, y eso siempre que la criatura no se ponga enferma de nada. Y la verdad que en las primeras visitas de madre primeriza, les contamos al dedillo cada detalle e, incluso, exageramos un poco.

Pero oye, cuando el crío va creciendo te enfrentas a estas visitas casi como a un examen, pero no para examinarte a ti sino a tu retoño, y vamos, lo que sea porque el crío apruebe; si hay que hacer uso de la oratoria para convencer al pediatra o enfermera de que tu hijo hace lo que tiene que hacer para su edad, pues se hace uso de la palabrería.

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Ayer fui a la revisión de los 15 meses con Rafa y lo primero que me preguntó la enfermera, según entramos por la puerta, es si Rafa ya caminaba. Pues menos mal que sí, porque de lo contrario, ¡vaya presión! Otra cuestión que me generó cierta confusión fue la pregunta ¿te imita? Ufff, pues las cosas que hace está claro que las copia, pero no sé si quiere imitarme o las hace porque no tiene otra cosa mejor que hacer. Ella quiso ser más concreta: Si te ve limpiando con la escoba, ¿te imita? A lo que no me quedó más remedio que contestar que el crío directamente quiere quitarme la escoba, la fregona o el aspirador, lo que sea. Pero no precisamente para limpiar.

Otra pregunta a partir del año es: ¿Entiende las órdenes que le das? Pues mire, depende; si le digo “vamos a comer” va raudo y veloz dirección cocina pero cuando le digo que no toque algo, no suele hacer caso. Así que creo que las entiende pero luego hace lo que le da la gana, y con 15 meses le regaño lo justo y necesario.

Después llega el tema alimentación y aquí tengo mis dudas sobre si contar todo con pelos y señales, porque oye, de vez en cuando el niño le pega un mordisco a mis donuts. Ayer, que se ve que tenía yo el día sincero, salí tranquila sabiendo que no pasa nada porque el gordo coma canelones algún día, que ya come verduras, carne y legumbres a diario, no pasa nada por cambiarle el menú de vez en cuando. Por cierto, yo hasta ahora no me había enterado pero tampoco es bueno poner zanahoria en todos los purés del niño. Y desde luego, yo no lo hacía para que los críos se pongan morenos, que eso lo llevan en los genes y en el apellido.

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Este dibujo de mi tío Juan para la revista Child, del que os hablé en otro post, me viene que ni al pelo.

Resumiendo, que el niño no dice adiós con la mano porque no le da la gana, pero tonto no parece. Y en cuanto al físico, tenemos otro torete con un peso en el percentil 75% y de altura en el 90%. Y supongo que, mientras siga más o menos así, la pediatra no me reñirá. Aunque me ha insistido en lo de darle la vitamina D a diario y tuve que confesarle que, a veces, se me olvida.

Que conste que no me quejo, eh. Ellos hacen su trabajo y tienen que preguntar, que para eso son los profesionales. Y las mentirijillas o exageraciones de las madres siempre son piadosas. Que dramáticas ya somos cuando los niños no están bien. Y vosotras, ¿os ahorráis algún detalle o tenéis una relación 100% sincera con el pediatra?

Por cierto, me han escrito unos chicos que han desarrollado una aplicación con el objetivo de ayudar a los niños a ser autónomos, pensando también en peques con dificultades de aprendizaje, como trastornos del espectro autista o trastornos de déficit de atención con/sin hiperactividad. De momento, la aplicación está disponible para iPhone y iPad, y han lanzado una campaña de micro mecenas para financiar la versión Android. Si alguna estáis interesada, podéis pinchar aquí.

Señales para detectar a las madres

Además del rastro de babas que vamos dejando a nuestro alrededor, a las mamás de niños pequeños se nos puede distinguir a través de otros signos, que son bien fáciles de detectar. Aquí os enumero las cinco señales indudables de que una mujer tiene, por lo menos, un niño menor de tres años:

1. El bolso: aparte de todos los armatostes que llevamos en él, que no son pocos, el bolso de una mamá siempre lleva un paquete de toallitas húmedas. El día que se te olvidan, la has liado. Bueno, en realidad la lía el niño, y tú las pasas canutas para encontrar algo que pueda hacer la función de la toallita húmeda.

2. El calzado: pocas veves una madre lleva tacones. Llega un momento en el que es incompatible ir muy arreglada (que no mona) y tener niños menores de 3 años. Hace ya mucho tiempo que eliminé los tacones de mi vida, salvo en ocasiones muy contadas (una vez cada mes o dos meses). Así que el día que me los pongo, cualquiera puede intuir que no sé ni caminar con ellos.

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Como mucho, me animo con las cuñas de esparto en verano.

3. La ropa: o más bien las manchas que hay en ella. Raro es el día que no acabo con una mancha de leche, yogur, papilla o puré en mi vestimenta. Es más, hay días que ya salgo con la mancha de casa porque el niño ha regurgitado un poco de leche y evidentemente ha caído sobre alguna de mis prendas. Si no hay tiempo para cambiarse, la mancha se viene conmigo.

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4. La cara: sí, pongo cara de asesina en serie cuando voy paseando por la calle y pasa una de esas ruidosas motos que despiertan al niño. Lo mismo me pasa en la playa cuando hay una señora que habla por el móvil pensando que al otro lado está alguien sordo. ¿Y qué decir de los que llevan música a la playa? este miércoles tuve la mala suerte de que se me pusiera al lado un grupo de chavales que escuchaba reaggeton. Casi entro en trance.

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Para que os hagáis una idea, una mirada parecida a la niña del exorcista.

5. El coche: es evidente que tienes uno o más niños pequeños cuando tu automóvil se ha convertido en un paraíso para diminutos seres vivos (tipo hormigas) que, por suerte, no es fácil que accedan a tu vehículo. Pero sí, sería el lugar perfecto para crear una nueva comunidad de criaturas gracias a las migas de pan y trozos de galletas que van dejando los hijos.

No os preocupéis, volverá el día en que tengáis tiempo para arreglaros, llegará la época en la que tengáis el coche limpio nuevamente y en el que el ruido de la calle no os moleste. Mientras tanto, a tomárselo con humor. ¡Que paséis buen fin de semana!

Cosas de la maternidad

La llegada de un hijo lo cambia todo para bien y para mal, aunque todas coincidimos en que son más las cosas positivas que las negativas. Pero como de las cosas estupendas ya habla todo el mundo, me voy a centrar en el otro lado de la maternidad. Sí, es la experiencia más increíble que existe, pero también la más extenuante.

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Alfonso y Rafa jugando mientras empujamos la silla y la plataforma, es agotador. Ellos está claro que se divierten.

El varón que en más ocasiones me ha visto en «paños menores» es mi hijo Alfonso, más veces incluso que mi marido. Cuando no caminaba, lo sentaba en una hamaca al lado de la ducha para tenerlo controlado. Cuando empezó a andar, era él el que entraba en el baño a ver qué se «cocía» por allí. Y ya de paso, a revolverme un poco todos los botes y mejunjes que tengo. Y ahora también tengo que controlar a Rafa. Vamos, que la ducha es de todo, menos relajante.

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Alfonso, «inspeccionando» mis pertenencias.

Ya no salgo de casa si llueve, excepto si es imprescindible. La razón es tan sencilla como que no soy capaz de empujar el carrito y sujetar un paraguas a la vez. En las ocasiones en las que lo intenté, acabé de agua hasta arriba o con dolor de espalda ante la complicación de la postura.

Ahora tengo que comer algunas cosas a escondidas. A mi hijo Alfonso le gusta zampar más que a mí tomar el sol. Lo mismo le da el dulce que el salado, gominolas que pescado, yogur que lentejas…come de todo. Así está, 16 kilos de niño; que conste que el pobre no está nada gordo, es grande en todos los sentidos. El caso es que si nos ve comer, obviamente, él también quiere. Así que, a algunas horas y dependiendo de los alimentos, hay que encerrarse en la cocina.

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Alfonso, en una de las muchas fotos que tengo en las que aparece comiendo. En esta ocasión, de visita cultural.

Hemos llegado a dormir la siesta en el coche. Nosotros tenemos suerte en cuanto a las horas que duermen nuestros polluelos; Alfonso descansa 12 horas seguidas desde los cuatro meses y Rafa casi las mismas horas desde los tres meses, aunque madruga un poco más. Sin embargo, por el día tienen el sueño más ligero así que, en alguna ocasión, al quedarse Alfonso dormido en el coche, hemos llegado a nuestro destino y nos hemos quedado un buen rato dentro del automóvil. Nuestros vecinos han tenido que alucinar ante semejante imagen.

Y así, un montón de cosas que hacen nuestra existencia más compleja. Pero ya lo dice el refranero español: sarna con gusto no pica.