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  • Elegir el nombre del bebé

    Ésta es una tarea complicada en algunas parejas; entiendo que si tú eres de nombres clásicos (Pablos, Juanes, Marías o Lucías) y tu pareja quiere ser original con el asunto (Yustin, Yaruma o Leydi, por decir algunos de los nombres menos comunes que se pusieron en 2013), la cosa se complica y hay que llegar a un acuerdo, o sencillamente sortearlo. Yo no llegaría a este extremo del sorteo si el nombre que propone tu pareja te horroriza, que es para toda la vida.

    Nosotros no tuvimos problema. Somos los dos tradicionales en ese sentido y decidimos que el nombre del primer hijo lo elegiría yo y, el del segundo, maridín. Confieso que nunca creí que llamaría a mi hijo Alfonso, me gusta más para adulto que para un niño. Pero le pusimos ése nombre porque mi hermano Alfonso es su padrino y como además me gusta la historia y el tercer Rey de Asturias fue Alfonso I, pues hala; además, no se oye a menudo y me parece que tiene mucha personalidad.

    Y lo que me ocurre con Rafael es parecido, que me suena más a adulto, y no os voy a engañar, me recuerda al cantante 😉 , lo cual no me emociona, pero Rafa a secas ya me gusta más y me recuerda a Nadal, mucho mejor, ¡dónde va a parar! En cualquier caso, no decidimos quién elegiría el del tercero, básicamente porque entre tres hijos, creíamos que vendría alguna fémina y ahí no había dudas: sería Carmen. Pero va a ser que no y ahí estamos, dilucidando qué nombre poner al bebé que viene en camino.

    Bueno, no estamos decidiendo exactamente, es más bien un «tira y afloja», yo tengo una apuesta y maridín otra. Y confieso que la mía nunca me la hubiera imaginado: Gabriel. Pero me gusta y además, siendo un nombre de toda la vida, no se oye con demasiada frecuencia. Y para más inri, resulta que el Arcángel San Gabriel es patrono de los comunicadores (es decir, de mi profesión) y de las embarazadas (vamos, de mi estado). Tampoco es que esto me influya mucho a la hora de decidir el nombre pero me ha gustado descubrirlo.

    La apuesta de maridín es Jaime, que es un nombre que me encanta. Es más, hace un  tiempo lo hubiera visto más factible que Gabriel, pero como hay unos cuantos a nuestro alrededor… por cambiar. Que conste que tengo un punto a mi favor para que mi apuesta sea la elegida: Alfonso ya lo llama así. Cuando le dije que estaba embarazada, le comenté que, si era niño, podíamos llamarlo Gabriel, y si era niña (eso no entraba en sus planes 😉 ) se llamaría como mamá. Desde entonces, y aunque no hice campaña pro-Gabriel (aunque maridín diga que sí), Alfonso habla del «bebé Gabriel».

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    Que sepáis que, si al final se llama así, me arrepentiré de no haber llamado Miguel a Alfonso, así tendría el pack completo de «arcángeles» 😉 Resulta que mi hermano mayor se llama Miguel y nació un 23 de septiembre. Tres años después, también un 23 de septiembre, nacieron mis hermanos mellizos y ¡¡a mi madre no se le ocurrió llamarles Rafael y Gabriel!! Que digo yo que cumpliendo años los tres el mismo día, podía haberles hecho coincidir también con el santoral. Vamos, yo lo hubiera hecho seguro. Y en vuestra pareja, ¿quién decidió el nombre?, ¿por algún motivo especial?

  • De boda: embarazada, con niños y después de trabajar

    No digo yo que ésas sean las mejores condiciones para ir a una boda pero cuando no queda más remedio, lo haces y tan contenta. Ahora puedo corroborar que se sobrevive y que, incluso, puedes formar parte del grupo que cierra la boda a las seis de la madrugada. Pero vamos por partes.

    Lo de ir de boda estando embarazada puede ser una faena para algunas futuras mamás, por ejemplo, si se sienten muy cansadas o sufren cuando no pueden beber alcohol. Yo es que con lo de las bebidas soy muy sosa, he salido a mis padres, y no me gusta ni el vino, ni la cerveza, ni la sidra… vamos, que no me sacáis del Martini, y algún combinado más. Aún así, en una boda me permito tomar algo porque sé que una copa no me va a llevar a otra.

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    Alfonso, directo al aperitivo 😉

    Yo sufriría tremendamente si no pudiera comer jamón, pero en los tres embarazos he tenido tres matronas estupendas que me dejan comer de todo así que en las bodas soy feliz cuando pasan bandejas de jamón una y otra vez. Y como no me siento cansada por la gestación, para mí ir de boda en estado no es un problema. Aguanto hasta que nos echan 😉

    ¿Ir con niños de boda? A priori, no es la mejor opción, esto es indudable. Pero sinceramente, como era la boda de mi prima y no iban a poder cuidar de ellos mis padres ni familiares (porque venían también al evento) y era un fin de semana (por las fiestas del Carmen) muy malo para que alguna amiga o conocida se quedara con ellos, decidí llevarlos. La verdad es que la experiencia es un grado así que aprendí la lección de la boda de mi hermano. Nada de dejarles dormir la siesta hasta última hora y sudar la gota gorda para vestirles, adelantamos comidas y les despertamos con tiempo para no llegar corriendo a la iglesia.

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    Otra razón de peso para llevarles a la boda fue que iban todos mis primos y los peques se lo pasan genial con ellos.

    Aún así, teníamos la logística muy bien organizada para los niños. Después del aperitivo, sobre las nueve de la noche, dejamos a Rafa en casa de mis tíos con la niñera que tienen habitualmente que, como es extranjera, poco le importan las fiestas locales y se quedó a dormir con el peque. Y lo de Alfonso, blanco y en botella. Tengo un padre muy poco trasnochador así que el gordo se quedó a la cena y después, se fueron abuelo y nieto tan contentos. Como veis, todo muy bien pensado para amanecer el domingo sin los niños en casa 😉 Aunque no os creáis que dormimos mucho, el domingo por la mañana nos fuimos de fiesta de «prao», vamos, de romería con los peques.

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    Con mi madre y los peques. He de decir que se portaron bastante bien en la ceremonia.

    Pero señores, lo peor que te puede pasar antes de una boda es tener que trabajar. Vamos, sin duda alguna. Sobre todo si tienes que levantarte a las seis de la mañana y grabar seis programas seguidos sin descanso, de pie y subida a unos tacones. Cuando me lo dijeron hace unos días, creí morir. Ah, eso sí, lo bueno es que salí maquillada y peinada del trabajo, es la ventaja de la tv.  Al final, un poco de planificación y a la hora de comer estaba en casa, me eché un ratito en la cama y aquello me dio la vida (tenía las espalda y los pies reventaditos) y me hizo aguantar hasta las seis de la mañana «dándolo todo» en la pista de baile. Así que pasé 24 horas en pie. Y os digo una cosa, a pesar de todo, lo pasé pipa. Confieso que no es la primera boda a la que voy después de trabajar, pero por entonces estaba soltera y se lleva mejor ¡qué malo es el paso del tiempo! 😉

    Por cierto, sé que no es un blog de bodas pero veo que esto de los bodorrios os gusta tanto como a mí (2000 visitas ayer con el post del look y más de 2500 el día que puse fotos de la boda de mi hermano el año pasado) así que os dejo un par de fotos más del tema modelitos. ¡A ver si voy a tener que cambiar la temática del blog!

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    La embarazada y la mamá reciente. Su vestido es de Try, Gijón.
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    Otro vestido que me gustó mucho fue el de la hermana del novio, de Hoss Intropia.

    Me hubiera encantado poner más fotos pero ya sabéis que no todo el mundo quiere salir en blogs y redes sociales, una pena porque la novia iba espectacular. Y que sepáis que ya estoy preparando post de ropa de niños para ir a una boda, por si os sirve de ayuda aunque ya digo una y otra vez que no soy experta en enlaces ni protocolo ni nada, es sencillamente gusto personal.

  • Look de boda embarazada

    El sábado nos tocó ir de bodorrio, ¡mira que me gusta a mí lo de los casamientos! Son de esas pocas veces que, a estas alturas de la vida, sales con la idea de «darlo todo» y si hay que acostarse a las mil, pues se hace sin remordimientos. En cualquier caso, ya os adelanto que, entre la noche del viernes y la del sábado, apenas dormí 10 horas, y no sólo por la boda. Prometo post con los detalles, pero aún no me he recuperado y tengo que dedicarle un tiempo así que hoy os dejo el modelito que elegí para el evento.

    Había comprado hace más de dos meses un vestido pensando en la tripilla, es decir, algo holgado. Menos mal que me dio por probármelo unos días antes de la boda porque ¡menudo desastre! No es que no me entrase, es sencillamente que, por poca barriga que tenga, el vestido me hacía parecer una «mesa camilla». Y como no me fiaba de mi criterio, lo llevé a casa de mi madre para que diese su veredicto: no eran imaginaciones mías, me sentaba mal. Como mi madre es muy apañada, se fue una tarde de rebajas y trajo un par de cosas para que me probase. El vestido que a mí me parecía que no me iba a quedar bien porque se ajustaba en la zona de la barriga, resulta que me quedaba como un guante, ¡hay veces que nunca se sabe!

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    Vestido de King’s Road, Gijón. En rebajas, 55 euros.
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    Aquí se ve mejor el color del vestido. En el momento de las fotos, se puso a diluviar, de ahí que no tuviera mucho margen para sacar fotos en condiciones.
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    Peinado y maquillaje de Juani Cillero. Ya os contaré en el siguiente post porqué no podía ir a la peluquería.
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    Corona de flores de Eva Vidal. Creo que hubiese quedado mejor con el pelo suelto pero las previsiones daban lluvia y aquí la humedad es tremenda, así que tiré de comodidad.

    Y por hoy acabo, el post con todos los detalles de la boda lo dejo para otro día. Obviamente me centraré en los peques y en el embarazo en estos eventos, porque éste es un blog de maternidad, no soy especialista en enlaces aunque me gusten las bodas más que a un tonto un lápiz 😉

  • Cuando recibes visitas en casa

    Llevo toda la vida oyendo a mis padres aquello de que, cuando venía gente de visita a casa, nos poníamos como motos; la palabra que usa mi progenitor concretamente es excitación. Mis primas dicen recordar que entraban con cierto temor a nuestro hogar; yo creo que exageraban un poco con eso del pánico pero lo que sí puedo corroborar es que mis padres se acercan bastante a la realidad con sus afirmaciones porque empiezo a vivirlo en mis carnes y de verdad que estos críos me dejan alucinada.

    Este fin de semana se quedó una amiga nuestra en casa y fue entrar por la puerta y las dos fierecillas debieron pensar que había fiesta. Sí, sólo una persona ajena a su mundo rutinario es suficiente para que abran la veda y se agiten más de lo habitual en ellos, que no es poco. No sé qué demonios pasa en sus cerebros en este instante que les hace interpretar que ya no hay que comer lo de siempre, que hay que irse a dormir a las mil, que pueden hablar sin descanso… Alfonso en concreto, que ya es charlatán de por sí, se convierte es un ser cuya lengua no descansa y hace todo tipo de preguntas. Y por supuesto, saca todo su arsenal de juguetes, a ver si hay suerte y juegan con él a todo.

    Y todo esto recién llegados del hospital con la brecha calentita de Rafa en nuestros pensamientos. Pero da igual, para ellos es como si lo anterior no existiese. Y Alfonso se emociona tanto que, de repente, llegan los de Telepizza a casa y cree que debe informar a la invitada de tal acontecimiento aunque para ello haya que entrar en el baño donde la pobre se está duchando.

    Y a ver quién saca al niño de allí sin entrar ningún adulto que acabe por perturbar totalmente a la mujer, tal cual lo cuento. Y me asomo en el baño intentando persuadir a la criatura de que lo de la ducha es algo un poco íntimo pero, sentado en la tapa del wáter, me contesta que quiere ver cómo se ducha. Esto me pasa por dejarles entrar en el baño cuando yo me acicalo.

    Pero vamos, no os penséis que les pasa sólo con gente que ven poco. Mi tía tiembla cuando ve aparecer a Alfonsito porque sabe que no va a dejar descansar a nadie, sobre todo a sus hijos, es decir, a mis primos. Es verlos y ¡al ataque! Que si quieres jugar a esto, que si porqué haces lo otro, que porqué no vamos a este sitio, acompáñame aquí, allá… un «sinvivir» fruto de la agitación del momento. En fin, enseguida nos toca ir a Galicia a casa de unos amigos, que ellos vengan aquí, ir a ver a los abuelos de Zaragoza… ¿Notáis cómo se revolucionan cuándo llega gente a vuestra casa?

  • Torturas innecesarias: ir de rebajas con niños

    Lo haces una vez y juras que será la última. Sin embargo, acabas asumiendo que, o vas de tiendas con los niños, o no vas en la vida así que te armas de valor y ¡al toro! Es posible que algunas, o muchas, tengáis suerte y podáis «encasquetar» niños para tales menesteres, pero yo lo tengo un poco difícil. Madre trabajadora, suegros a 600 kilómetros y padre del que ya abuso cuando me toca trabajar así que, si tengo que ir a depilarme, o al dentista, o a la matrona, me planto con ellos. Y lo que tenga que pasar, que pase.

    Yo sé que ayer unas cuantas se apiadaron de mí en cuanto bajé las escaleras de Zara y los niños se pusieron a subirlas. A muchas otras les parecían graciosísimos, porque oye, los críos lo estaban pasando como los indios y venga a reírse, venga subir, venga bajar, venga saludar al personal… Pero os aseguro que yo sólo sudaba y lo que es peor, cogí no sé cuántas cosas sin mirar ni la talla.

    Ahí, recibiendo a la gente y diciendo «hola» a todo quisqui.

    Al llegar al probador, coges ubicación, es decir, te sitúas al final del pasillo, así molestan sólo a unos pocos. Cuando te das cuenta, tienes a uno abriendo el probador de enfrente y ¡salvaste! es una conocida. Pues menos mal, así ya no tienes que montarle el numerito al niño para parecer una madre super responsable y preocupada porque tus hijos se porten bien cuando la realidad es que, mientras tu puedas probarte los trapitos, te da igual la que estén liando.

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    Ahí los tenéis, partiéndose de la risa cuando la pobre chica abrió la cortinilla. Además, en el probador tiras de tu último cartucho para retenerles y sacas el tupperware con la manzana troceada, pero claro, les dura dos asaltos. 

    La dependienta del probador te mira con cara de odio y te apetece mandarla a la porra y decirle: chica, esto es lo más divertido que te va a pasar en toda la mañana así que sonríe. En Oysho (con pisar dos tiendas te puedes dar por satisfecha) la chica re reía con ellos y me decía que le recordaban a los suyos, uffff, qué alivio saber que a algunas esta situación les resulta hasta entrañable cuando a ti te está pareciendo algo semejante a una tortura. En fin, os diría que no volveré a hacerlo pero mentiría. Eso sí, ya os digo que para repetir tiene que pasar un tiempo. Si queréis un consejo, aprovechad las que tenéis niños que todavía no caminen 😉 Por cierto, ¡¡felicidades a las Cármenes!!

  • Primera herida «de guerra»

    Sabía que, antes o después, era algo que iba a suceder; lo que ocurre es que, cuanto más tarde suceda y más mayores sean las criaturas, mucho mejor. Lo sé, lo he vivido varias veces, tener tres hermanos asilvestrados me ha servido para que casi ninguna situación me sea ajena, pero no es algo a lo que te acostumbres y además no es lo mismo vivirlo como hermana que como madre. Vamos, hay un abismo.

    Uno de los sitios donde más tiempo pasan los peques estas últimas semanas es en casa de mis padres. Los dejo allí cuando tengo que grabar algún programa o hacer reportajes y la verdad es que con mi padre se quedan felices. Lo mismo están en el jardín que en el garaje, donde el abuelo tiene para ellos circuitos de trenes, de coches, bicicletas, motos y manualidades varias… es como un cuarto de juguetes a lo grande. Y allí es donde el viernes Rafa tuvo su primer accidente gordo. Yo hablaba por el móvil con maridín y de repente oí gritar a mi padre; cuando me di la vuelta el niño estaba en el suelo y sangraba por la ceja, se había dado de bruces contra una columna. Le cogí, limpié la sangre y lo vi claro: a Urgencias.

    Os parecerá increíble pero, si supe que era una brecha y que necesitaba puntos, fue porque recordé una que le limpié a mi hermano cuando tenía unos 14 años. Así que cogí al peque, subimos también a Alfonso al coche porque no había nadie más en casa y mi padre condujo hasta el hospital. Rafa lloró sólo en el momento del golpe, de camino a Urgencias no se quejaba y esperando allí no sólo no protestaba sino que iba saludando a la gente como si nada, un campeón.

    La tranquilidad se acabó cuando llegó el momento de ponerle los puntos. Me dijeron que era mejor que yo saliese, así que cerraron la puerta donde estaba el niño y empecé a oírle gritar. Me vine abajo y lloré, no puede evitarlo. Fueron minutos eternos, hubiera pagado por estar yo en su lugar. Cuando abrieron la puerta, le abracé como nunca, el pobre aún sudaba. De ahí nos pasaron al pediatra para hacerle una revisión, ya sabéis lo peligrosos que pueden ser los golpes. El pobre ya no quería despegarse de mí, me costó horrores que le pesaran y le auscultaran, ya no se fiaba de nadie.

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    Después de los puntos, esperando al pediatra.

    Salimos de allí, vi a Alfonso encaramarse a un árbol y pensé: acostúmbrate, guapina. Y al llegar a casa, Rafa ya estaba cogiendo la moto. En fin, mucho me queda por delante. Así que el fin de semana no fuimos a la playa por aquello de que, aunque los puntos los lleva medio tapados para no hurgarse la herida, no queríamos que se acabase llenando de arena. Y como os podéis imaginar, si ya el crío tiene un carácter de narices, el fin de semana estuvo agotador. Y todo esto, con visita en casa de una amiga nuestra, pero lo de las visitas lo dejo para otro post porque no hay cosa que más les guste y… les sobreexcite 😉

  • Ecuador del embarazo

    Pues así, sin darme ni cuenta, he llegado a la semana 20 de embarazo. No os creáis que exagero con eso de «sin enterarme», el otro día sin ir más lejos me subí a los coches de choque con uno de mis primos y cuando nos dieron el primer golpe, me dí cuenta de que yo no podía subirme. Ningún embarazo es como el primero, y ¡mira que yo estuve como una rosa entonces! Pero en aquella ocasión me levantaba por la mañana pensando en el asunto, me miraba al espejo doscientas veces para ver si la barriga crecía, ya mencioné que no leí libros sobre maternidad y embarazo pero sí que es cierto que buscaba en internet los cambios que se producían semanalmente en el feto…

    Con el segundo la cosa cambia, y con el tercero es que ya hasta empiezo a sentir pena y el pobre aún no ha nacido, ¡menudo abandono! En cualquier caso, por suerte, mis embarazos están siendo parecidos en cuanto a síntomas: nada de vómitos ni náuseas pero sí sueño y granos en el primer trimestre; con una energía, de momento, durante el resto de la gestación y sin ningún problema. Vamos, haciendo vida normal.

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    Dicen que cada embarazo que pasa, la barriguita sale antes. Desde luego, no es mi caso, creo que llevo el mismo ritmo que en los otros dos, vamos, sin mucha tripa.

    En cuanto a kilos, llevo un aumento de 3 y medio, así que creo que engordaré lo mismo que en el segundo, unos 9 ó 10. No quiero mencionar cómo me puse de gordi en el primero, ya llevaría el doble a estas alturas y así hasta ¡18 kilazos! No es que sea excesivo para muchas mujeres, pero yo no me hincho ni retengo líquidos, ni tengo un tripón, y teniendo en cuenta que Rafa pesó más que Alfonso al nacer, aquello fue una demostración de que el peso del bebé no depende de los kilos que cojas en el embarazo.

    Ayer nos hicimos la segunda ecografía y todo está perfecto, requeteconfirmado que es niño (yo no lo dudé ni un minuto porque con los tres han acertado ya en la primera eco) y está perfecto; ya mencioné que en mi familia hay dos casos de labio leporino, lo cual no es algo muy grave pero es obvio que, cuanto mejor esté el niño, más contentos estamos. Y en esto puedo resumir mi primera mitad de este tercer embarazo, estoy como una rosa, el niño está sano y yo no sólo sigo mi ritmo sino que, entre los dos niños más el nuevo trabajo, aún llevo más acelerón del habitual.

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  • La influencia de los hermanos

    Siempre he sabido que una de las cosas que te marca como persona, sobre todo en la infancia, es el tener o no tener hermanos. Tu niñez, tu adolescencia y, posiblemente, tu vida no hubiera sido la misma dependiendo de esa circunstancia. No es lo mismo tener hermanos que no tenerlos, tener uno o tener cinco, tener sólo hermanas o sólo hermanos; no es igual ser el mayor, el pequeño o el mediano, tener un gemelo o mellizo, llevarte diez años con tu hermano o llevarte sólo uno.

    miguel y carmen con papá en el Cares
    Mi hermano Miguel y yo nos llevamos 13 meses. Eso hizo que pudiésemos hacer cosas en común desde muy pequeños.

    El que yo, aparte de muñecas, jugase con el Scalextric o al balón o fuese un poco bruta, tiene mucho que ver con tener sólo hermanos varones. El que yo siempre haya sido un poco «mandona» y bastante responsable tiene que ver con ser la mayor de los cuatro. Si eres el hermano pequeño y tus hermanos mayores te sacan un montón de años, es posible que te tengan entre algodones. Si tienes varios hermanos, lo más normal es que tu madre gritase habitualmente. Vamos, desde que Alfonso está de vacaciones y están lo dos juntos en casa, tengo las cuerdas vocales más afinadas que nunca. Y cuando entre el tercero en juego, no quiero ni imaginármelo.

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    No es lo mismo tener alguien en quien fijarte que alguien que se fije en ti.

    Desde que soy madre me he dado cuenta de la increíble influencia que ejerce un hermano sobre otro en muchos de sus comportamientos. Rafa es protestón porque sabe que la táctica le funciona para conseguir cosas; porque, por ahora, es el pequeño y tiene claro que al mayor le toca ceder. Alfonso se ha percatado de lo gracioso que nos resulta Rafa con su forma de «hablar» y hay días en que también él llama al abuelo «abebe», la zapatilla es «patilla» y la galleta es «lleta». Así que, a veces, se comporta como un bebé, algo que no haría sino tuviese un hermano pequeño.

    Nos es lo mismo comer el helado sólo que te lo dé tu hermano. No es lo mismo tener que compartir que comértelo entero 😉

    Si sólo existiese Alfonso, yo tendría mucho más tiempo para él y podríamos hacer un montón de juegos de manualidades que con Rafa es materialmente imposible, todo lo coge. Si fuera hijo único, haríamos cosas y planes que, como existe Rafa, no podemos hacer. Y sin embargo, hay muchas otras cosas que puede hacer precisamente porque existe Rafa. Y si en vez de llevarse 2 años se llevasen 10, el mayor podría cuidar del pequeño y no discutirían por absolutamente todo. Porque ahora se pasan el día queriendo la misma cosa; que uno tiene balón, el otro quiere balón, pero no puede ser otro, tiene que ser el mismo. Y claro, esa lucha constante de poder marca de por vida 😉

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    No es lo mismo recibir los abrazos cariñosos de mamá que los abrazos de un hermano al borde de la asfixia.

    Soy plenamente consciente de que, cuando estén los tres, voy a gritar con más frecuencia, voy a quitarle importancia a determinadas cosas, voy a vivir unos años con un estrés permanente, no voy a poder estar pendiente de cada cosa que les pase a cada uno… y todo eso, forjará su carácter para bien y para mal. Lo único que quiero que tengan claro es que, aunque me altere, aunque no pueda estar tan pendiente de ellos, les voy a querer con locura, independientemente de que tuviese un hijo o cinco. ¿De qué manera os han marcado vuestros hermanos?, ¿notáis la influencia que ejerce un hijo sobre otro?

     

  • Playas de Asturias: Rodiles

    El sábado teníamos ante nosotros uno de esos días en los que las previsiones meteorológicas te traen por la calle de la amargura. Depende de la web que mirase, se iba a poner a llover por la mañana, o por la tarde, o por la noche, así que no sabíamos si ir a la playa con el riesgo de tener que salir corriendo, o no ir y buscar plan alternativo. Pero yo me fié de Windguru, una web en la que te pone hasta la hora en la que se pondrá a llover, eso sí, sólo puedes buscar la previsión de sitios de costa, ya que está dirigida a gente que hace deportes marítimos.

    Dicho esto, lo que sí que estaba claro es que haría mucho calor así que, si se nublaba, no estaríamos mal. ¡Menudo día tuvimos! Calor, sol y, al final, con la tontería, siete horas de arena y, sobre todo, de agua. Fuimos a la playa de Rodiles, uno de esos lugares maravillosos en los que pasé muchas jornadas de verano en mi infancia, y uno de esos sitios que no te puedes perder si deseas venir a la playa en Asturias.

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    Foto de La Nueva España, para que veáis la playa al completo. Impresionante, ¿verdad?

    La recomiendo por tres razones: amplitud (en torno a un  kilómetro de largo), entorno impresionante y un montón de servicios. Por ejemplo: zona de picnic, restaurante, aparcamiento, vestuarios, puesto de Cruz Roja con «anfybuggy» (sillas que facilitan el acceso y el baño a personas con movilidad reducida), kiosco, aparcamiento… y casi todo sin que se vea desde la playa gracias a un frondoso pinar de eucaliptos que se extiende a lo largo de todo el arenal y que está acondicionado para comidas campestres. Añado, eso sí, que hay zona azul y verde de aparcamiento (tres euros el día completo) desde el año pasado. Por cierto, para comer compramos bocadillos en el restaurante y estaban buenísimos, de verdad que los recomiendo.

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    Con pasarela de madera para acceder a la playa, se agradece cuando llevas sillita

    ¿Y qué más os puedo decir? Que aunque se nubló a las 4 de la tarde, aún estuvimos allí hasta las 7, que para mí la playa es ese único sitio donde no me importa que hagan casi todo, que se mojen, se manchen, se caigan, jueguen al balón, se les caiga la comida… vamos, no se me ocurre otro sitio donde pasar tantas horas sin que se aburran. Y para que os hagáis una idea de lo que les gusta, la frase de Alfonso al subirnos al coche fue: «Mamá, yo quiero vivir en la playa». Pues eso, continuaremos con nuestro recorrido por distintas playas mientras el sol nos lo permita. Y por supuesto, admito sugerencias. ¿Qué tal el fin de semana?

  • Primeros síntomas del embarazo y otras cosas que no te cuentan

    Cuando ves el «positivo» en el test de embarazo sientes una sensación bestial, sobre todo la primera vez ya que es algo completamente nuevo y desconocido. Bueno, lo de completamente nuevo no es del todo cierto. Por poco que sepas de embarazos y gestantes, como era mi caso, te suenan palabras como náuseas, mareos y antojos. Pero resulta que tienes suerte y te libras de esas molestias en tus embarazos, en mi caso además las tres veces, aunque lo de los antojos es lo de menos mientras no pretendas comer cerezas en invierno. O quizás tengas mala fortuna y hagas pleno, es decir, que tengas todos los síntomas típicos de una gestación.

    Sin embargo, te encuentras con sorpresas con las que no contabas o, al menos, a mí nadie me había contado. Confieso que, por suerte, a mi alrededor no había tenido embarazadas recientemente. Y digo con suerte porque me libré de escuchar batallitas que lo único que hacen es alarmar al personal. Volviendo a las sorpresas, un día te levantas y te encuentras con la cara como un mapa, llenita de granos que no desaparecen hasta que pasa el primer trimestre. Con eso de que no cuento lo de los embarazos hasta casi llegado el segundo trimestre, imaginaos las trolas que he contado sobre falsas alergias para justificar una cara cual paella valenciana. Un horror.

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    Otra de esas cosas que yo no sabía, igual ahora vosotras me decís que es algo que sabe todo el mundo y yo quedo como una ignorante, es que te caes de sueño, literalmente. Recuerdo que en el primer embarazo iba a clases de inglés a la Escuela de Idiomas y pasaba auténtica vergüenza porque no era capaz de dejar de bostezar. En cuanto paras de hacer cualquier actividad normal, te quedas frita, donde sea y a cualquier hora. Eso sí, en posteriores embarazos olvídate de echar una cabezadita a cualquier hora, es más, en este tercer embarazo ya ni he notado lo del sueño, es materialmente imposible dormir por el día en mi casa.

    Otra de esas cosas que me sorprendió fue sentir fatiga. Sí, fatiga, no cansancio. Soy de las que en los embarazos sigo mi ritmo habitual hasta el día que doy a luz, siento sueño al principio pero no agotamiento como tal. Sin embargo, es quedarme embarazada y ¡Dios mío! cuando termino de subir unas escaleras o una cuesta, me pongo a suspirar como si hubiese corrido una maratón. Y esto ya es algo que me sucede durante todo el embarazo, supongo que si hiciese deporte con regularidad, este asunto se notaría menos.

    Una cosa más que descubrí en el primer trimestre del embarazo es que, depende del día y de la hora, tienes más o menos barriga, es decir, te hinchas y deshinchas con suma facilidad. De repente un día crees que ya te está creciendo la panza y, al día siguiente, no tienes nada ahí delante. Es un poco desconcertante. Y si te tocan en verano las primeras semanas de embarazo, más de uno pensará que ese invierno has echado tripilla cervecera, un disgusto 😉

    En fin, también podría mencionar eso de que no te apetece comer cosas que antes te encantaban o, madre mía, que tus ubres aumentan de tamaño y te ves espléndida. ¿Alguna de estas cosas os sorprendió en el primer trimestre de embarazo o estabais ya muy informadas?, ¿y alguna otra cosa que os haya pasado digna de comentar?

  • Playas de Asturias: Estaño, España y San Lorenzo

    La semana pasada, en el post en el que os contaba cómo nos organizamos para ir a la playa con los peques, prometí ir escribiendo acerca de las playas a las que vayamos yendo este verano por si os sirve de ayuda para decidir ir, o lo contrario. No esperéis unos posts muy profesionales, me centraré en lo que es cómodo o no con niños, en si les gustó o no… vamos, lo que interesa a los padres.

    Empiezo por playa España, está a 15 kilómetros de Gijón, vamos, se puede decir que cerquita; sin embargo, yo no iba desde pequeña y ya ni me acordaba. Calculo que mide unos 200 metros y tiene un río (casi riachuelo a esas alturas) que llega hasta el mar. Es de arena fina pero también hay zonas con piedras, como la del río. En Asturias, no suele haber chiringuitos en la arena, de hecho hay playas en las que no hay cerca un sitio donde tomar algo. En esta playa, fuera del arenal, tenéis un par de bares con menús, platos combinados, bocadillos… En cuanto al aparcamiento, poca cosa, allí cada uno se busca la vida como puede.

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    Hay una cosa que tenéis que tener en cuenta en el norte: las mareas. Cuando está baja, las playas doblan su espacio, así que de la arena seca al mar hay una caminata 😉

    Seguimos con otra playa que está aún más cerca de Gijón, de hecho, está en el concejo de Gijón pero no en la ciudad. Es la playa de Estaño, es muy espectacular, mide unos 300 metros aunque hay una zona que no se utiliza ya que cuando sube la marea queda cubierta por el mar y, cuando baja, como es lógico, queda la arena húmeda. Es importante que sepáis que no es arena fina sino que está compuesta por piedrecitas pequeñas. ¿Qué significa esto? Que no se pueden hacer cosas tales como un castillo de arena, jugar a las palas o al fútbol… y que si tienes un bebé, puede que se meta alguna piedra por algún sitio inadecuado como hizo Rafa el verano pasado, que acabó con una piedra en la nariz aunque con decirle un par de veces que no se comía ni nada por el estilo, el verano pasado nos bastó y no hubo más incidentes.

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    Aquí podéis ver que es espectacular pero, desde el aparcamiento, hay que bajar una cuesta andando, y luego subirla,jaja… Cuando baja la marea, la zona que veis con rocas, es un aliciente para niños mayores, van a pescar, a bucear, hay piscinas naturales…
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    Aquí unos «tiquismiquis»: a Rafa no le gustó nada que la playa fuera de piedrecitas así que, este año, iremos más a playas de arena fina.

    Y por último, me voy a la playa de San Lorenzo. Vale, ya sé que todas las asturianas la conocéis pero escribo el blog para gente de muchos sitios y si nos hacen una visita, mejor que estén informados. Es la playa que está en el centro de Gijón, lo que supone que llegas andando desde casi cualquier lado y sales de la playa y tienes pizzerías, sidrerías, heladerías, hamburgueserías…de todo.

    Mide casi dos kilómetros y es de arena fina, aunque en los últimos años se ha estropeado bastante, no sólo por los temporales marítimos tan gordos sino por la construcción de un dique en el puerto que hizo desaparecer mucha arena, aunque algunos expertos intenten convencernos de lo contrario. ¿Qué ventajas tiene para los niños? Cuando baja la marea se forman pequeños charcos y ese agua está a mejor temperatura que la del mar así que puedes tener a los peques en remojo tres horas. Y hay muchísimo espacio para jugar a palas, fútbol… Eso sí, cuando sube la marea, en pleno verano (Gijón duplica su población) estamos como sardinas en lata.

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    No los hay más empadrados que estos dos… y qué descanso para mí!
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    Y ahí está todo el espacio que hay cuando baja la marea.

    Y creo que no se me pasa nada a tener en cuenta con los peques en estas playas, si a alguien más se le ocurre, que deje un comentario. Y por supuesto, acepto recomendaciones de playas. Ya por este post está bien de arena, seguiremos mientras el tiempo nos lo permita, como ya dije ayer, en los últimos días sólo llovió la tarde de la fiesta de fin de curso.

  • A la tercera, ¿va la vencida?

    Me he dado cuenta que esto de los refranes da para explicar algunas cosas y,a la vez, para las contrarias; así somos los españoles, tenemos frases para todo. Porque si yo esperase una niña en este tercer embarazo, os diría eso de «A la tercera va la vencida» pero resulta que si estoy esperando un niño, se me ocurre eso de «No hay dos sin tres».

    Ya he mencionado alguna vez que el seguimiento de mis embarazos lo han hecho únicamente por la Seguridad Social. Con tres ecografías, tres análisis de sangre, unas cinco o seis visitas a la matrona, otras tantas al tocólogo, prueba de glucosa, monitores… creo que es más que suficiente si todo va bien. Esto significa que la primera ecografía que me hice durante los embarazos fue en la semana 12. Lo reconozco, he ido siempre nerviosa porque en esa semana se detectan ciertas malformaciones y, entre otras cosas, porque tengo hermanos mellizos (varones) y eso le pone emoción al asunto.

    En cualquier caso, en esa semana no suelen decirte el sexo de tu bebé pero yo soy muy preguntona e insistente y, aunque sin mojarse, siempre me han acabado diciendo algo. En la primera eco de Alfonso me dijeron eso de «tiene pinta de niño» pero esperé a la semana 20 para hacerme a la idea y, efectivamente, acertaron. En el segundo embarazo, más de lo mismo en la semana 12, «parece niño» así que lo dí por hecho y lo interioricé desde ese día, se confirmó 8 semanas después.

    En esta ocasión íbamos con más presión, último cartucho para la nena porque, en principio, nos plantamos con tres criaturas. Tuvimos mucha suerte porque nos atendió un ginecólogo conocido y la que coordinaba ese día era la madre de la chica con la que compartí habitación cuando dí a luz a Rafa, así que pregunté de todo. Como en mi familia hay dos casos de una malformación, sin importancia porque se opera a los meses de nacer, se lo comenté al gine y se tomó como un reto poder averiguar si mi bebé tendría ese problema y parece que no. Total, que estuvo media hora analizando a la criatura y, cuando ya pregunté por el sexo, la frase fue muy asturiana: «esto apesta a güaje». Pues eso, otro niñooooo.

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    Reconozco que, en el primer momento, me quedé un pelín mustia porque, cuando tienes dos varones, te apetece una niña, y más teniendo en cuenta que ya me crié entre «machos». Pero enseguida reaccioné y pensé: ehhh, con los dos muñecos que tengo en casa, imagínate cuando llegue le tercero. ¿Y la de veces que voy a ir de madrina de boda? 😉 , ¿y lo bien cuidada que voy a estar en casa con tres chicarrones?, ¿lo que me voy ahorrar en ropa? Y lo más importante, ¡está sano! Así que, salvo sorpresón, en mi casa no habrá lacitos y ahora no me importa nada. Seguro que conocéis a muchas familias en las que todos los hijos son del mismo sexo.

     

  • Se acabó el curso

    Aunque el tiempo pasa siempre a la misma velocidad, nuestra percepción cambia bastante dependiendo de lo vivido. Desde que soy madre, me aterra pensar en lo rápido que todo sucede a mi alrededor, sobre todo lo que tiene que ver con los peques. Ayer recogí a Alfonso en el cole por última vez este curso y pensé: su primer año ha volado y yo casi ni me he dado cuenta. Así que voy con un pequeño resumen de los cambios que he visto en estos diez meses en el peque, que ya cada vez es menos peque:

    A lágrima viva empezó el cole, y le duró el disgusto una temporada

    1. Sabe escribir todas las letras del abecedario, por lo que si le deletreas una palabra, la anotará. Sin embargo, si le dices la palabra al completo, no lo hará, salvo escribir su nombre, mamá, papá y, es curioso, el nombre de algunos de sus compañeros de clase.

    2. En la guardería no tenía inglés así que este año ha tenido su primer contacto con el idioma anglosajón. Ya sé que no es nada del otro mundo, pero me hace gracia escucharle cuando dice “orange” con una pronunciación que ya quisiera yo. Y aparte de los colores y números, ha aprendido cosas tan típicas como big, small, happy, sad, sunny, cloudy… Vamos, lo normal, digo yo.

    Aún recuerdo que aprendíamos inglés en el cole con ayuda de Big Muzzy

    3. Se relaciona menos con las féminas, o eso dice porque hasta ahora sólo ha ido a cumples de compañeras 😉 : Hasta este año, nunca le había escuchado cosas como “no quiero que Pepita se siente a mi lado” y tan ancho se queda. Yo no sé en qué consiste pero es cierto que las niñas tienen mejores  amigas y los niños mejores amigos, si es que Dios nos cría…

    4. Ha pasado de ser un niño exageradamente bueno, dócil diría yo, a ser un mandón e incluso con un punto rebelde: ahora que tengo a Rafa, puedo decir que Alfonso fue un santo, muy obediente, tranquilo, sin rabietas. Ya os conté que el inicio del cole le costó mucho, estuvo en crisis ¡un mes! Y ahí tuvo una temporada de berrinches importantes, se le acabó pasando pero ya no volvió a ser el beato del pasado. Ahora da órdenes, reacciona en cuanto le empujan, y de vez en cuando hasta contesta en plan resabiado. “Pues me chivo”, «sois malos» y “hala, pues no te invito a mi cumple” (lleva meses con la frasecita y aún le queda hasta octubre para cumplir años, jaja) son algunas de las expresiones estrella.

    5. Ha ampliado su vocabulario aunque es cierto que empezó el colegio hablando bastante bien, es decir, se le entendía todo. Y en esa ampliación de vocabulario entran también términos como culo, pedo y chorradas varias. No le tolero los insultos y, aún así, el otro día entrábamos en el portal y le dijo “caraculo” a la vecina más insulsa y tonta de la urbanización. No digo que justo esa señora no se lo merezca pero obviamente yo le tuve que reñir y no ha vuelto a decirlo desde entonces.

    6. Ha hecho nuevos amigos y serán para toda la vida: Eso es, sin duda, lo mejor de todo. Haber conocido a amigos que compartirán con él desde salidas nocturnas (me entran escalofríos al pensarlo) hasta el día de su boda (si la hay).

    Y así, sin callar, cargado de cosas, salió ayer del cole.

    Y ahora nos quedan las actuaciones de fin de curso, ya estoy nerviosa por ver cómo se desenvuelve con público 😉 ¿Notáis muchos cambios cada curso?, ¿es el primer año de cole en el que más se notan?, ¿será la adolescencia cuando realmente advierta la verdadera transformación? Temblando estoy 😉

  • Ir a la playa con niños, ¿misión imposible?

    Aclaración: vivo en el norte, en verano no solemos tener más de 25 grados en la costa y aquí se va a la playa cuando sale el sol, no cuando nos apetece. Vamos por la mañana, no solemos llevar sombrillas, si no se nubla comemos allí y no nos movemos hasta que las mareas o la temperatura nos echan de la arena. Resumiendo, todas esta pautas y consejos que menciono a continuación varían si estás en el sur, o más bien, si estás en cualquier sitio de la la Cordillera Cantábrica pa’bajo.

    Dicho esto, hago una confesión: cada año y con cada niño que sumes, es más duro ir a la playa. La primera vez que llevamos a Alfonso tenía 8 meses e íbamos con todo tipo de artilugios: sombrilla, hamaquita, sillita, gorro, pañales… Al final del verano, ni gorro ni sombrilla ni hamacas, sólo silla para dormir la siesta y crema solar. Aprendimos que el pañal, cuando gatean, se llena de arena y les deja el culo como un tomate así que, si hay escape, se recoge y está. Con el pañal llegan, duermen y se van, el resto del tiempo, al libre albedrío.

    SAM_1097Su primer día de playa fue en Vigo y ahí estaba, con gorro y debajo de una sombrilla, que usamos dos veces más. Obsérvese su color de manos, ya se intuía un pequeño negrito.

    Si me preguntáis qué hice con Rafa su primer verano y qué hago ahora con los dos, la respuesta es sencillamente untarles de crema solar hasta las orejas, siempre protección máxima y aplicándosela varias veces. Pero ya no me «peleo» con ellos para ponerles un gorro, entre otras cosas porque nunca «toman el sol», es decir, están en la arena o en el agua jugando por lo que la parte que menos morena se les pone es precisamente la cara. La espalda, y las piernas cuando aún no gatean, son las zonas en las que más incido con la crema. Y eso que lo de ponérsela ya ha empezado a convertirse en una guera.

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    El primer verano de Rafa en la playa, al principio no gateaba y cuando eso ocurre ¡¡aprovecha!! Aún puedes tomar el sol teniéndolo a tu lado. Como veis, siempre están mirando hacia abajo.

    Tanto Alfonso como Rafa nacieron en octubre, lo que significa que ni me planteé que no fueran a la playa porque creo que, en el momento en que son capaces de estar sentados sin caerse, pueden disfrutar mucho de la arena y del mar, les suele encantar. Las dudas sobre si ir o no, entran cuando son bebés más pequeños. Y la respuesta creo que es «depende». He visto bebés de uno o dos meses en la playa, sobre todo en los casos en que tienen hermanos mayores; eso sí, siempre metidos en el capazo y con sombrilla, jamás dándoles el sol, es obvio. Entiendo que si es el primer hijo, prefieras ir de paseo hasta que tenga medio año. Pero lo dicho, no creo que haya una edad en concreto para empezar a ir.

    Lo que es innegable es que a los más pequeños les gusta la playa, es un sitio perfecto para explorar, la orilla es genial para el gateo.

    ¿Qué llevamos a la playa? Pues reconozco que vamos cargaditos, llevamos en una bolsa sus toallas y bañadores de repuesto, en otra las comidas y bebidas, en otra los pañales y las toallitas, y por último, mi capazo «playero» con nuestras toallas y un neceser repleto de cremas. Ah, ¡y la sillita! Así que no es fácil la movilización. Esa es otra de las razones por las que, cuando vamos, es para estar muuuuucho tiempo. Cierto es que, cuando estamos en Tarragona o en el sur, nos ahorramos la bolsa de la comida, allí pocos se plantean comer en la playa, y como además sabes que el sol no se irá de repente 😉

    Sobre cuándo bañarles en el mar, diría que eso sin ningún  problema siempre y cuando no les dé mucho el sol. Aquí no nos andamos con miramientos con la temperatura del agua, este fin de semana no creo que el Cantábrico estuviese ni a 20 grados (yo ni me planteo bañarme) y los peques se pasaron el día sentados en la orilla, como si nada. Además, eso tiene que ser buenísimo para evitar refriados, bronquitis y demás historias.

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    ¿Cara de frío? No, se les hace una piscinita natural y aunque no lo parezca, el agua va calentando un poco.

    Y creo que poco más me queda por contar, dejo para otro post la comida que me resulta más cómoda para llevar ya que aún no «tiro» de bocadillos, es cuestión de tiempo 😉 De cualquier manera, cada playa a la que vayamos os iré contando lo que más nos gusta y las pegas para ir en familia. ¿Cómo os organizáis para ir a la playa con los niños?, ¿a qué edad les llevasteis por primera vez?

  • Maratón de planes

    Hemos tenido un fin de semana de esos en los que se acumulan los planes y no dan las horas para todo, tanto es así que apenas he dormido 6 horas cada noche aunque cada uno de los días por muy distintos motivos. Así que estoy agotada y espero recuperar fuerzas hoy lunes. Me gustaría escribir con calma un post sobre uno de los planes que hicimos este fin de semana: ir a la playa. Como alguna vez, cuando he mencionado lo de la playa, me habéis preguntado varias cosas, prometo que esta semana me pongo con este tema, pero hoy no me da la vida para hacerlo de forma completa y resumo un poco en fotos la maratón que tuve este fin de semana.

    El sábado ya estaba en pie antes de las 7 de la mañana para ir a trabajar. Aquí estoy con el doctor que me acompaña en el programa. Si algún día abordamos cosas relacionadas con embarazo y niños, lo trasladaré al blog.
    El sábado ya estaba en pie antes de las 7 de la mañana para ir a trabajar. Aquí estoy con el doctor que me acompaña en el programa. Si algún día abordamos cosas relacionadas con embarazo y niños, lo trasladaré al blog.

    Tras seis horas de grabación subida a unos tacones (creo que ya lo he mencionado alguna vez, cada vez los odio más), tuvimos comida familiar ya que mis padres se van unos días de vacaciones (me quedo temporalmente sin el mejor canguro del mundo: mi padre). Eso sí, lo bueno de comer en casa de los abuelos es que los peques están entretenidos y yo puedo hacer un rato de «tumbing» en el jardín, a mí estos ratos me dan la vida, ya sabéis que entre semana tengo que lidiar sola con las fierecillas.

    Alfonso y Rafa están como locos con su primo Jorge. Y a mí se me cae la baba, aunque os haré una confesión: no soy consciente aún de que en 5 meses habrá un bebé en casa.

    Aprovechando que los abuelos estarán fuera unos días y que van a tener «mono» de nietos, este fin de semana hicieron un «intensivo» y los peques se quedaron en su casa a dormir; nosotros estábamos invitados esa noche a una barbacoa en casa de unos amigos así que aprovechamos para hacer plan de «adultos». Por cierto, después de la cena fuimos a una fiesta de «prao» (con calma explicaré para las no asturianas el concepto de estas fiestas que proliferan por toda Asturias) y definitivamente nos hacemos mayores, subíamos un poco la edad media 😉

    Y el domingo fuimos a la playa; en serio, cada año es menos relajado este plan. Y ni te cuento si has dormido sólo seis horas, aunque esta vez fue por trasnochar.

    Y  como aquí puedes ir a la playa con un día espectacular y salir de ella casi lloviendo, por la tarde se nos puso la nube encima y hubo que abandonar el plan para ir de paseo y a tomar unos gusanitos, no sin antes llenar la casa de arena; y es que da igual que «sacudas» a los peques al salir de la playa. ¿Qué tal el fin de semana?, ¿se os acumulan los planes con el buen tiempo? Definitivamente, mi culpa tener unos hijos asilvestrados, no se puede decir que lleve embarazos muy tranquilos 😉

    Y aquí está mi barriguita, es el embarazo en el que antes me ha salido, ya debo tener el cuerpo amoldado,jaja... Y como no tengo espejo en el ascensor, que está muy de moda, hago la foto en el super espejo del portal de casa ;-)
    Y aquí está mi barriguita, es el embarazo en el que más pronto me ha salido, ya debo tener el cuerpo amoldado,jaja… Y como no tengo espejo en el ascensor, que está muy de moda, hago la foto en el espejo del portal de casa 😉
  • Donde caben dos, ¡caben tres!

    Sabéis que soy muy amiga yo del refranero español, y es que el saber popular es muy sabio, aunque poco científico. Éste que titula el post es muy famoso y creo que todos lo hemos utilizado, sobre todo cuando queremos juntarnos con amigos y familiares; total, qué más da unos cuantos más si ya la cosa está animada. Ahora, si trasladamos el refrán al número de hijos por pareja, la cosa cambia bastante, lógicamente. En España hay 2,98 millones de parejas con un hijo y 2,80 millones de parejas con dos. Por su parte, el número de parejas que viven con tres o más hijos es inferior a 590.000, lo que representa el 3,2% del total de hogares. Resumiendo, hay casi 7 millones de parejas con uno o dos hijos y sólo medio millón con tres o más, vamos, estos últimos son minoría.

    Vale, lo sé, me enrollo como las persianas. Me dejo de números y voy al grano: en noviembre, si todo va bien, seremos ¡¡¡¡¡familia numerosa!!!! Como os podéis imaginar, estamos muy felices, yo siempre quise tres hijos y aquí estamos, esperando el tercero con 31 años. Se llevará dos años con Rafa y cuatro con Alfonso, así que voy a tener mucha ocupación pero, ya sabéis, sarna con gusto no pica. Me ha resultado muy difícil no escribir nada estos meses sobre el embarazo pero siempre hemos preferido esperar un tiempo prudencial para contarlo; si el blog fuese anónimo, hubiera podido ir escribiendo cositas del primer trimestre pero como a mi alrededor todos saben que escribo esta bitácora, he tenido que estar calladita y ya me he plantado en la semana 16 sin enterarme.

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    Primera ecografía (semana 12) aunque ya estaba de 14.

    Desde ahora, incluiré más contenidos relacionados con el embarazo; siendo el tercero ya soy casi una experta pero no os fiéis de mí que yo esto lo llevo muy bien y soy la tranquilidad personificada 😉 Y como os comenté en el post anterior, tengo que agradecer que me hayan cogido en la productora Zebrastur para el trabajo del programa en Telemadrid. Cuando hice el cásting hace dos semanas, no era público mi embarazo. En cuanto me eligieron y me ofrecieron el puesto, lo conté y, aún así, decidieron contar conmigo. Es cierto que es un trabajo, por ahora, temporal y que no había mucho tiempo para cambios, pero quizás podrían haberse echado atrás, presentadoras hay muchas. El tema trabajo y embarazo también dará para otro post.

    Pues hala, ya lo he dicho, ya puedo sacar el tema en el blog, qué descanso 😉 Y como esta semana ya ha sido de muchas noticias, me reservo el sexo del bebé para otro día. Como sé que me leen algunas amigas, que a nadie se le ocurra desvelarlo en un comentario, ¿eh? 😉

  • Conciliando: ¡vuelvo a la tele!

    No puedo hablar de conciliación en el sentido más estricto de la palabra sencillamente porque, cuando nació Alfonso, tenía un trabajo que era una maravilla. Por entonces presentaba un concurso en la Televisión autonómica asturiana (TPA) que se grababa, es decir, no era en directo. Eso suponía que en un día me pegaba la paliza de grabar ¡¡¡10 programa seguidos!!! entre los que había que cambiar de vestuario una decena de veces y retocar maquillaje otras tantas, pero después tenía libres otros diez días así que, el día que trabajaba, cuidaba del niño la mamá de una amiga (adora a los bebés y le hacía muchísima ilusión quedarse con el peque) y el resto de días me encargaba yo del gordi.

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    Grababa en Madrid así que Alfonso vino conmigo a mi primera grabación después de dar a luz. Cogí la baja 6 semanas por la suerte de trabajar cada 10 días.

    Cuando me quedé embarazada de Rafa, dejó de emitirse el programa tras 4 años en antena; intenté buscar trabajo los primeros meses pero después me di cuenta de que estando embarazada, difícilmente alguien iba a contratarme. Así que ese tiempo y el primer año de vida de Rafa, no trabajé. Eso no significa que estuviera parada, la misma semana que dí a luz empecé un master presencial dos tardes a la semana y mi padre se quedaba con los peques. Y antes de cumplir Rafa su primer año, empezó mi colaboración un día a la semana en otro programa de la TPA, gracias precisamente a este blog, al que también dedico mucho tiempo.

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    Embarazada de cinco meses en el plató del concurso.

    Así que se puede decir que trabajo, tal y como lo entendemos habitualmente, es decir, de currar todos los días en un horario fijo, no he tenido estos últimos años. Vamos, lo contrario a los años anteriores, en los que trabajaba y estudiaba a la vez, en los que me mudé de Madrid a Gijón hasta seis veces de una semana para otra, en los que trabajaba a turnos, fines de semana (ayyy, la vida del periodista)… pero claro, no tenía hijos y yo hacía lo que hiciese falta por estar en medios de comunicación.

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    Pasé una etapa increíble en la redacción de Deportes de TPA, y más siendo el año del ascenso del Sporting a Primera División, pero con niños es un trabajo complicado.

    ¿Y a qué viene todo esto? Pues desde el viernes pasado estoy trabajando otra vez, y además en lo que me gusta: ¡¡¡he empezado a presentar un programa que se emitirá en Telemadrid a partir del lunes 16!!!! Son unas 20 horas semanales y, en la medida de lo posible, me juntarán horas para que tenga que trabajar dos o tres días, o hacerlo ya de noche (hoy mismo empezaremos a grabar a las 10 de la noche por temas de logística del plató) así que, como es algo temporal, «tiraré» de abuelo cuando sea de día, de maridín cuando sean fines de semana o noches, y el resto del tiempo, vamos, la mayoría, seguiré yo al pie del cañón con los peques. Y en el próximo post volveré a mencionar el tema trabajo por otra razón de peso. ¿Cómo conciliáis vosotras?

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