Cuando eres madre, comienzas a entender ciertas cosas de tu infancia. De alguna manera, mirar a tus hijos es verte de nuevo a ti hace muchos años, con otras perspectivas y otra forma de entender la vida. El otro día, me llegó una foto por whatsapp de Alfonso y sus compañeros de clase; estaban en el autobús e iban de excursión a una granja. Miré la imagen una y otra vez, vi sus caras y ahí estaba reflejada esa misma ilusión que yo sentía de niña con planes así. Sólo el hecho de subirme al autocar con mis amigas ya me parecía lo más. El pasar el día con ellas sin pisar el cole, el librarme del uniforme e ir vestida con unos vaqueros, el comer de bocadillo… con tan poco, era capaz de hacerme la persona más feliz del mundo.
Y eso es lo que vi en la cara de mi hijo y en sus nervios ya el día anterior. Hice lo mismo que en su día hacía mi madre: ir a comprar patatitas con él, porque de eso no tenemos habitualmente en casa ni tampoco había en la de mis padres cuando éramos niños. Era algo que sólo se comía en ocasiones especiales y así sucede ahora con mis hijos. Cosas tan simples como ésas se convertían en algo único. Reconozco sentir cierta nostalgia; a día de hoy no necesito cosas fuera de lo común para disfrutar pero esa capacidad de goce se pierde de alguna manera cuando somos adultos. Ya no existe esa espontaneidad que veo en Rafa cuando, de repente, está dibujando y, sin ton ni son, decide coger su disfraz de Spiderman y enfundarse en él.
Es increíble pero algo tan sencillo como un colchón sin sábanas les da un juego… Cuando yo veo una cama sin cubierta, lo único que pienso es vaya faena. Cuando ellos se la encuentran sin colcha ni nada, no piensan en nada más que en subirse a ella y dar saltos como si no hubiera un mañana. Esas respuestas que tienen, esas ideas locas, esas capacidad de improvisación, de emocionarse con todo… eso es algo que perdemos. Ojo, que luego tienen lo suyo, ehhhh… Pero hoy, me quedo con esta parte recalcando que, de vez en cuando, es bueno fijarnos en ellos para no olvidar que un día fuimos así.
Hace ya unos meses, dediqué un par de posts a los gastos que supone un hijo para una economía familiar. Las cifras variaban muchísimo dependiendo de muchos factores; desde la alimentación (lactancia materna/mixta/artificial) o el llevarles a guardería cuando son bebés, hasta el tipo de colegio cuando son más mayores. Lo cierto es que, ya antes de nacer, los hijos suponen una inversión de dinero. Yo nunca lo consideré un gasto directo por tener niños pero, pensándolo bien, y por poner un ejemplo, la elección de un piso de cuatro habitaciones cuando estaba embarazada de mi primer hijo, fue así porque la idea era tener familia numerosa. Si hubiésemos decidido no tener hijos, nos podríamos haber quedado viviendo de alquiler en el apartamento donde estábamos, con una sola habitación.
Por eso digo que los gastos, muchas veces, ya llegan antes de que nazcan los peques. No hay que volverse locas con este asunto, ni comprar por comprar, sólo cosas que sepáis que vais a usar con total seguridad, como un cambiador, un carrito, la sillita del coche… Y ojo, que eso, por ejemplo, ya es un dineral. Existe la opción de que os lo preste alguien que conozcáis, de comprar de segunda mano o de acudir a microcréditos, que es una opción que mucha gente baraja hoy en día. También hay que intentar, en la medida de lo posible, que os regalen cosas útiles y, si puede ser, que entre varios familiares y amigos junten el dinero para haceros un regalo de mayor coste económico. El caso es que toda ayuda es poca.
En función de si quieres tener o no familia, la elección de una cama da para mucho (literas, camas nido, con cajones debajo…)
Y señores, que ya no es sólo la casa. Muchas de vosotras igual tuvisteis que adecuarla a la llegada de vuestros hijos con alguna reforma, que ya es un dinerillo importante. También el coche es otro de esos dilemas que surge cuando vas a ser madre. Si tienes un coche muy pequeño, o sin puertas traseras, o biplaza, o qué sé yo, el cambio se hace casi imprescindible. Y ya ni os cuento cuando das el salto a familia numerosa, en la mayoría de los coches del mercado no puedes llevar tres sillitas reglamentarias en la parte trasera. Yo me voy apañando con el mío pero no puede venir ningún adulto más. Así que, como veis, estos son algunos ejemplos de que los hijos ya suponen una serie de cambios y gastos antes, incluso, de nacer. Pero lo importante es priorizar y tomar las decisiones pensando a largo plazo. Para nosotros ha sido básico.
Vamos camino de ser expertos en visitas a Urgencias por brechas; nada más y nada menos que tres en cinco años de maternidad. Las que me seguís por Instagram ya sabéis que el último que ha tenido que pasar por el trance de los puntos de sutura ha sido Alfonso, sucedió el jueves pasado. En esta ocasión, no estaba yo delante, ya que fue en el cole mientras jugaba al fútbol, y fue su padre quien pasó por el amargo brete de oírle gritar mientras le cosían; ya os conté en otros posts que en ese momento me vengo a abajo. Pero señores, jugando al fútbol, esto es de lo «mejorcito» que te puede pasar. Cuando me telefonearon del colegio, la llamada se cortó a los pocos segundos, justo antes de que me dijeran lo que había pasado pero oí a alguien de fondo diciendo algo de un niño que se había caído jugando al fútbol.
Y ahí me salió la vena dramática. Verás cómo se ha roto algo, pensé. Si es que no se puede ponerle tanto fervor a esto del fútbol. Por suerte, no se trataba de una fractura de hueso; y cruzo los dedos para que así sea por mucho tiempo. Mis hijos van camino de parecerse bastante a mis tres hermanos varones, con lo que intuyo que iremos a Urgencias con frecuencia a poner puntos pero igual hasta nos libramos de las escayolas. Hace poco vi en vivo y en directo cómo se rompía el brazo una niña en el parque y es bastante aparatoso. Sé, por un traumatólogo que conozco, que la recuperación es pesada, más que nada porque los niños no paran quietos y tener a un niño inmovilizado es una tarea complicada.
De todas formas, hay que tomárselo con tranquilidad. Me ha sorprendido leer que nada más y nada menos que el 42% de los niños sufre alguna fractura de hueso a lo largo de su etapa de crecimiento frente al 27% de las niñas. A ver, no me ha sorprendido que pase más en varones que en féminas, sino que sea tan alto el porcentaje. Aún así, la suerte es que los huesos de los peques, lejos de ser frágiles, son más elásticos y, por tanto, los tratamientos suelen ser más simples y asequibles porque los huesos regeneran mejor al estar en crecimiento. ¿Os rompisteis algún hueso de pequeñas?, ¿y vuestros peques?
No me imaginaba yo poniéndole humor a un momento así de mi vida, pero oye, dos horas corriendo dan para mucho. Cierto es que parte de la carrera la pasas pensando qué demonios hago aquí. Obvio, correr. Leches, estás ahí porque sabes que puedes y llevas tiempo preparándote para estar ahí. Pero claro, luego la gente te dice: disfrútala. Y oye, mi concepto de goce pasa más bien por estar tumbada bajo una palmera en una playa paradisíaca 😉 Pero en parte tienen razón, el camino es duro pero ya os lo digo: correr la media maratón ha sido una experiencia brutal, con lo bueno y lo malo. Vayamos por partes:
Momento salida: subidón total, nervios por doquier. Ahí, entre el barullo, piensas que hay otros tantos como tú, que no estás loca. Y te emocionas y todo. El animador de turno da la salida y eaaa, sálvese quien pueda, que estamos 2500 personas haciéndonos hueco. Menos mal que una es muy objetiva y ya directamente se puso a la cola. Que una no es tonta y sabía de sobra que iba a llegar entre los 100-200 últimos.
Momento fans: Cuando llega la primera cuesta, ésa que evitas a toda costa en tu ciudad hasta cuando vas andando, aparece entre la gente una de tus mejores amigas acompañada de su hermana y animándote a grito pelao. Y dos kilómetros después vuelven a aparecer, y van a tu lado gritando y corriendo como estos que se ven en la carreras de ciclistas, que sólo les falta empujar al corredor. Pues de ese estilo, dos máquinas, las mejores. Y luego ves a tu sobrino con tu cuñada, a tu vecina, a una ex compañera de trabajo, a tu madre, a otros conocidos y sinceramente, te emocionas. Y desde aquí, gracias a todas las que gritasteis mi nombre para animarme sin conocerme en persona, ¡fue increíble!
Momento Enrique Iglesias: Ya has hecho 10 kilómetros y, para tu sorpresa, en mejor tiempo del que los has hecho siempre. Pero enseguida, empiezas a flaquear porque mentalmente sabes que aún te queda la mitad más un kilómetro y eso hunde un poco. Ya te has cruzado, por el sentido contrario, con los que van primeros y piensas que son de otra galaxia. Aguantas un poco más pero llega otra cuesta y dices: saca ya la música que esto hay que levantarlo como sea y por aquí ya no hay ambiente. Y entonces te pones los cascos con la nueva canción de Enrique Iglesias (llamarme hortera si queréis) y la cosa se ve de otra manera. Os lo digo, resucita a un muerto 😉
Momento luz al final del túnel: Cuando ya has escuchado al hijo de la Preysler tres veces seguidas, más a Bon Jovi y alguna otra canción motivadora, te das cuenta de que ya llevas 15 kilómetros y empiezas a intuir esa luz que dicen que existe al final del túnel. Pues eso, como que parece que te sientes aliviada.
Momento maldito gps del móvil: No sé en qué momento decidí llevarme el móvil con la aplicación que uso habitualmente para correr (mala idea) pero se ve que el gps alguna vez no calcula bien y, cuando crees que solo te queda un kilómetro y medio, te das cuenta que tararí, que te quedan dos y medio. Y os digo una cosa, esto de correr es mental, un kilómetro arriba o abajo es mucho cuando piensas que estás llegando a meta. Os prometo que se me hizo muy duro.
Momento entrada a pista: Los últimos metros del recorrido fueron en pista y ahí, la gente te grita, te aplaude, te lleva en volandas. Y enseguida ves a la loca de tu amiga y su hermana, a tus padres, tus hijos, tu marido, tu hermano que ya acabó la carrera hace casi una hora (soy lenta, qué le vamos a hacer) y uffff, no hay palabras.
Esta es la cara que se te queda cuando ves a tu familia y estás a pocos metros de la meta. Foto de Carreras Asturias
Momento llegada a meta con tu hijo: Emoción máxima; correr los últimos 100 metros de la mano de tu hijo mayor, verle super contento, hablar con él y cruzar la meta (vídeo aquí), no sabría tampoco definir muy bien cómo es ese momento. Se mezcla el agotamiento físico con el descanso mental, la ilusión de conseguir algo que llevabas tiempo preparando, la alegría de estar con los tuyos… Muchas cosas.
Y hasta aquí mi aventura en mi primera media maratón. No sé si habrá segunda, ni lo he pensado ni tengo prisa, lo importante es seguir haciendo deporte. Lo que sí tengo claro es que éste es mi tope en cuanto a distancia así que no, no voy a correr una maratón, eso ya lo dejo para gente más preparada. Gracias a todos los que me habéis animado. Y gracias Albert Cabezas por sus planes de entrenamiento estas semanas antes de la carrera. Ha sido un placer vivir esto, por lo menos, una vez en la vida.
Hace unas semanas, una foto en las redes sociales de dos amigas embarazadas suscitó muchos comentarios, muchos juicios, muchas críticas y muchas opiniones sobre si era o no normal estar gestando un bebé y tener un aspecto tan atlético y tan poco parecido al de una embarazada «real» como el que tenía una de las chicas. No voy a detenerme en el tema del deporte en el embarazo, eso lo dejo para otro post. Probablemente, si yo no hubiera pasado ya por varios embarazos, pensaría algo parecido sobre el tamaño de las barrigas. Pero, ¿quién delimita o decide lo que es normal o no? Muchas veces, confundimos habitual con normal, y no es lo mismo. La gente tiende a considerar lo normal como bueno y, sin embargo, todo lo que se salga de eso, es malo. Y os diré una cosa, ni creo que sea habitual en una gestante de 21 semanas, como la de la izquierda, estar así, ni tampoco creo que sea usual estar de 25 semanas, como la de la derecha, y parecer que estás a punto de dar a luz, y aún así, he visto casos. Lo cierto es que casi todo el mundo centró sus comentarios en la deportista, ¿y sabéis por qué? Porque se espera que las embarazadas engorden, enteritas. Y lo sé por propia experiencia.
Mis barrigas en los tres embarazos fueron igual de pequeñas pero, es curioso, en el primero nadie hizo alusión al tamaño de mi panza, nunca. ¿Sabéis por qué? Porque yo, al completo, engordé; de cara, de culo, de brazos… comí más de lo que necesitaba y me moví poco. Y como estaba rellenita, nadie se percató de que mi barriga era pequeña. Creí que coger peso en las gestaciones era normal, hasta que parí y me di cuenta que, de los 18 kilos que había engordado, me sobraban 12. A priori, puede no parecer una cifra excesiva pero ni había retenido líquidos ni tenía una barriga grande. Y el tiempo me dio la razón. En mi segundo embarazo engordé la mitad y, curiosamente, el bebé pesó más, casi 4 kilos. Y yo me había pasado el embarazo escuchando que vaya barriguita tan pequeña tenía. A mí personalmente no me preocupaba en absoluto y sé que los comentarios eran con buena intención, al igual que mucha gente me decía que se me veía genial. Y lo estaba. Pero sé que es algo que puede preocupar cuando el comentario sobre la barriguita va unido a «qué pequeñito va a ser tu bebé». Y no tiene nada que ver; a los hechos me remito.
De 36 semanas en el segundo embarazo. No tengo muchas fotos de perfil de la gestación del mediano, supongo que tiene que ver el que no tuviera blog 😉
Lo del tercer embarazo ya fue de órdago. De hecho, si me llega a pasar la primera vez, me hubiera preocupado. Pero sin embargo, me reí, y mucho. Semana 37 y revisión en el tocólogo en el hospital. Como sabéis, si vais por la Seguridad Social, te toca cada vez un ginecólogo distinto. Y allí que me tumbo, de piernas abiertas y tripa al aire. Me mira, pone cara de extrañeza, mira mi historial, vuelve a mirarme y me dice: «¿en serio tuviste un niño de casi 4 kilos? Éste va a ser más pequeño». Y yo le contesté: «no se preocupe, la barriga la tenía igual con el de los 4 kilos». Pero más fuerte aún es cuando ingresé con el famoso falso trabajo de parto que ya os conté. Pasada la noche, ya sin contracciones y tras falsa alarma, vino el ginecólogo de rigor a dar altas por las habitaciones. Me dijo que me levantara el camisón para ver los puntos. Con la barriga al aire, puntualicé que no había parido aún. Me preguntó un tanto desconcertado que de cuántas semanas estaba. Le comenté que había salido de cuentas. Se empeñó en llevarme a hacer una ecografía. En serio, ¿es o no para asustarse? Yo os juro que como ya sabía lo que había, me partía y estaba muy tranquila. Pero si llega a ser el primero, igual me sobresalto un poco.
Semana 40, tercer embarazo
Con todo esto, quiero decir que cada cuerpo es un mundo y que, mientras el bebé esté bien, todo puede ser considerado normal, hay muchas mujeres con barrigas pequeñas y hay muchas con barrigas gigantes. Que una mujer rellenita engorde tres kilos en el embarazo no es extraño tampoco. Insisto, nada es raro si el bebé crece sano y la madre está bien. Además, os digo una cosa, todo en esta vida tiene ventajas y desventajas y os aseguro que una barriga pequeña en el embarazo, facilita mucho las cosas. Que una decida cuidarse durante la gestación creo que es bueno, pero con relajación, que tampoco pasa nada por sucumbir a los antojos de vez en cuando.
No sé cuántas de vosotras habéis leído algo en redes sociales sobre Alejo, un bebé de tan solo 9 meses con una malformación cardíaca cuyo nombre me voy a ahorrar pero que se resume en que el corazón tiene dos ventrículos, uno fuerte y uno débil, y en el caso de Alejo están intercambiados y hacen la tarea el uno del otro, provocando que el débil tenga un trabajo más duro del que es su cometido. Fue sometido a una operación a los 5 días de vida pero necesita otra definitiva que tendrá que realizarse en el Children’s Hospital de Boston, cuyo equipo es referente mundial en cirugía cardíaca infantil. Es una doble cirugía donde se cambia la posición de las venas y las arterias para que el corazón tenga una función normal. Además, antes de esa intervención, van a someterle a un cateterismo para verificar la evolución de su corazón.
Como os imagináis, el coste de la operación y el cateterismo previo es de 210.000 dólares, a lo que hay que añadir los gastos de desplazamiento, la estancia, la medicación o días de ingreso por encima de los previstos en el presupuesto. Como cualquier persona, los padres de Alejo quieren que su hijo crezca y tenga las mismas oportunidades que cualquier otro niño, por eso harán todo lo posible por su hijo niño. De modo que la familia de Alejo y sus amigos y un montón de gente maravillosa se ha puesto en marcha para conseguirlo. Su madre, Mireia, me escribió la pasada semana, ya que tenemos una conocida en común, pidiendo ayuda para difundir su historia y las formas de ayudarles.
Tienen abierta una pestaña de donaciones en la página web de su hijo, elcorazondealejo.es pero ellos quieren dar un paso más. La idea ha sido crear un regalo solidario, quieren que Alejo forme parte de fiestas, bodas, o cumpleaños… ¿Cómo? El procedimiento es sencillo; por ejemplo, en una boda, las parejas comprarían una aportación para la operación de Alejo (imaginaos, 3€/persona) y los invitados recibirían una tarjeta personalizada en la que los novios les comunican el magnífico regalo que han hecho en su nombre. Es algo que ya hacen algunas personas en los eventos en lugar de entregar un detalle material.
En la web de Alejo podréis encontrar toda la información y las iniciativas que se están llevando a cabo para que sus padres pueda recaudar dinero y operar al pequeño. Además, allí podéis poneros en contacto con ellos si se os ocurre cualquier idea para ayudarles, ¡estarán encantados! Y por supuesto, agradecen la difusión de su historia para que tenga un final feliz.
Empecé a ser consciente del cuidado del suelo pélvico tras mi tercer embarazo, cuando las matronas del centro de Salud nos dieron unas clases de gimnasia abdominal hipopresiva. Yo nunca he tenido problemas y mi suelo pélvico no se resintió tras tres gestaciones y partos vaginales pero, en la parte teórica de las clases, algunas madres contaron los problemas que tenían, asociados sobre todo a la incontinencia urinaria y prolapsos. Durante años, nos han hecho creer que esto es normal y que no pasa nada. Pero no es verdad; que suceda a menudo no significa que haya que dejarlo estar sin hacer nada, porque las cosas tienen remedio.
El caso es que ahora, mi preocupación con relación a este tema viene por mi afición al running. A poco que hayáis leído, ya sabréis que los deportes de impacto pueden también pasar factura al suelo pélvico. Y me niego a que, lo que no dañaron tres embarazos y tres partos, lo estropee el correr. Así que me he propuesto hacer los posible para evitar futuros problemas. Hoy os voy a hablar de un tampón del que oí hablar por primera vez a una de las matronas del centro de Salud al mencionarle hace un año que estaba empezando a correr. No ha sido fácil dar con él; lo encontré en la web de Salud Pélvica y se llama Vagi.Stabil, se fabrica en Alemania y ha sido desarrollado por Marcel Caufriez, el creador de la técnica de la Gimnasia Abdominal Hipopresiva.
Hay estudios que demuestran que, con independencia de que hayas sido madre o no, aumenta la incidencia en un 25-50% la posibilidad de tener incontinencia el hecho de realizar deportes de impacto, como running, step, baloncesto, volley, tenis, fútbol, boxeo… La función del tampón es amortiguar la presión que ejerce el útero y la vejiga sobre el suelo pélvico. Su uso no tiene mayor complicación ya que se usa como un tampón normal. Además se limpia con agua fácilmente. Para mí, ha sido un descubrimiento pero tiene dos pegas; una, que su uso se debe hacer en torno a 45 minutos y ahora yo paso más de una hora corriendo, pero bueno, como no es mucha diferencia, sigo con él. Y segunda, que algunos días, dependiendo del flujo, y al ser de silicona, se puede ir desplazando hacia abajo. ¿Conocíais este tampón?, ¿qué os parece?
Iba por la calle, empujando el carrito de mi hijo pequeño, mirando hacia atrás a mis críos mayores, que caminaban despacio porque iban merendando su fruta. Era la hora de salida del cole, había mucho tráfico y más niños andando con sus padres por la calle. Y entonces, una señora que venía de frente a mí, me riñó por no ir mirando hacia adelante y casi chocar entre nosotras. Podría entender su cabreo si fuese contemplando el paisaje, mi móvil o si fuera corriendo. Pero no, iba a paso de tortuga controlando que mis hijos mayores no saliesen a la carretera. No creo que sea para enfadarse. Y si vienes de frente y ves el percal, te paras o cambias tu trayectoria, no es tan terrible. Yo lo hago si veo a una persona con movilidad reducida, a alguien que va cargado… no sé, por pura educación. Pero de repente, esos detalles te hacen ver la falta de empatía que hay por el mundo. Nadie se pone en el lugar del otro y entonces, todo parece molestar y la gente vive continuamente enfadada. Hemos llegado al punto en el que todo y todos estorbamos.
Y los niños, no sé por qué, especialmente. Las excusas siempre son las mismas: hacen ruido, lloran, hablan alto, a veces corren, son espontáneos y no saben comportarse. Y eso, es muy discutible. Lees la noticia de que una niña fue mordida por un perro al ir corriendo hacia él y los comentarios en torno al tema se refieren a la niña como culpable. Y no lo entiendo, es solo una cría de 3 años a la que tienes que vigilar pero no la puedes llevar amarrada sin moverse. Y te enfrascas en una absurda discusión con gente que sigue creyendo eso de «pues que no hubiera ido corriendo hacia el perro». Después, lees también que prohíben la entrada a niños en algunos restaurantes y obviamente, la idea te cabrea. Y aún te irrita más que la gente lo defienda. ¿Nos parecería igual de bien que prohibiesen la entrada a mujeres en general? pues seguro que era normal hace medio siglo y ahora nos parecería, cuando menos, un retraso. ¿Creeríamos normal prohibir la entrada a asiáticos?, ¿a grupos de más de 4 personas? Creo que no. Pero a los niños sí, lo aceptamos, todo amparándose en el derecho que tenemos los adultos a estar tranquilos en algunos sitios.
Y yo me pregunto, el que quiere estar tranquilo y que nada le turbe, ¿por qué no se queda en su casa? Que yo sepa, los niños suponen un porcentaje importante de la población mundial y, por si alguien no lo sabe, la Convención de los Derechos del Niño aprobada por Naciones Unidas en 1989 (y ratificada por España en 1990), reconoce en su artículo 31 el derecho del niño al descanso, al esparcimiento, al juego, las actividades recreativas, la vida cultural y las artes. Por tanto, este tipo de prohibiciones podrían considerarse ilegales al ser discriminatorias. Luego la gente se echa las manos a la cabeza con los colegios que separan niños y niñas, pero les parece super normal separar adultos de niños.
Imagen extraída de El Mundo
¿Van a prohibir los hoteles a la gente que arrasa en los buffets con carteles de «Prohibidas las personas que comen mucho»?, ¿van a impedir el paso en los hoteles a aquellos que se quedan con las hamacas de las piscinas que luego apenas usan? Venga ya, no es una cuestión de edad. Es una cuestión de educación, y lo mismo que hay niños maleducados, hay adultos maleducados. Así que, pongan normas en sus locales y si quieren silencio, o que la gente vaya vestida de tal o cual manera, exíjanlo a mayores y niños, pero no discriminen.
Hasta donde yo sé, un restaurante es un sitio para comer, donde la gente charla y donde, por cierto, me he encontrado infinidad de veces grupos de gente mayor haciendo mucho ruido. ¿Y qué?, ¿me tengo que amargar?, ¿tengo derecho a quejarme? Si no quiero jaleo, me quedo en casa, o me voy a un spa, a una iglesia o al monte. Además, ya somos mayorcitos y de sobra sabemos en qué garitos, locales, bares, restaurantes, hoteles… hay ambiente juvenil, de pareja, de gays, o de lo que sea. Y en la entrada no te pone»Preferimos que no entren heterosexuales».
En realidad, y para aquellos que estén pensando lanzarse a mi yugular bajo el argumento de que ya hay muchos sitios donde pueden estar los niños y que menudo problemón no poder entrar en unos pocos, diré que no, no es éso lo que me molesta. Es la idea de que los niños sobran, de que fastidian, la que me entristece. ¿De verdad no podemos soportarlo? Y no, no soy la típica madre que cree que sus hijos pueden hacer lo que quieran ni que los niños tienen más derechos que los adultos, no tienen ni más ni menos. Mis hijos también tienen límites y obligaciones. Pero como niños tienen una naturaleza distinta a la de los adultos, no son mejores ni peores. Y por supuesto, he salido de algunos sitios si he visto que mis hijos se han puesto tercos o de mal café. Y no pasa nada, empatía es lo que hace falta y en vez de mirar mal, se agradecería un ¿quieres ayuda?.
Hay una gran frase de Buda que resume muy bien lo que creo que está pasando a la gente: «Todo lo que te molesta de otros seres, es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo». Luego no nos quejemos de las nuevas generaciones si construimos nuestros mundo de espaldas a los niños. ¿Qué opináis sobre esto?
Siempre que llega esta época os hablo de The First, mi tienda de ropa de referencia para los peques. Por cierto, que las que ya la conocéis, os habréis dado cuenta que ha cambiado de nombre, ya que antes era The First Outlet. Pero en nada más ha cambiado, la ropa sigue siendo igual de bonita y además cada año se superan. Más de la mitad de las prendas que usan mis hijos son de allí, soy muy fan de todo lo que tienen, pero no sólo de la ropa de bebés y niños, sino también de todo lo que tienen de decoración y de moda de mujer y hombre.
Además, cada año se superan con su colección de primavera-verano y para mí, no falla, cojo siempre alpargatas de esparto de cuña que no me quito en todo el verano porque son super cómodas. Y cada dos o tres veranos, también renuevo mi toalla de playa, de ésas que por un lado son de tela de rizo super suave, y por el otro lado son como pareos con estampados preciosos. De hecho, os enseño mis últimas compras. Lo sé, las alpargatas son lo más 😉
¿Se nota que me gusta el rosa? 😉 Alpargatas, toalla y neceser de estrella
En la foto anterior también podéis ver los bañadores que elegí para los peques; me gusta mucho el color rosa y los estampados para los chicos. En la siguiente imagen podéis ver bien el modelo que escogí, también el de niña. La verdad es que tienen muchísimo donde elegir en moda baño y todo precioso, siempre me cuesta decantarme por uno u otro modelo.
Es una de ésas tiendas en las que entro e hiperventilo 😉 porque me gustaría llevármelo todo. Allí compro también todos los años algún conjunto un poco más elegante o de vestir para los días especiales de verano, bautizos, bodas o cualquier evento. Y eso que no tengo ninguna hija porque lo de los vestidos es para volverse loca.
¿Cómo es esta espalda?¿Y ésta? No me puede gustar más.
Además, acaban de lanzar la sección para adolescentes: The First Teen Collection.
Como veis, tienen de todo: moda y calzado para bebés, niños, mujer, hombre… y decoración. Todo en la misma tienda. Yo voy al local de Gijón, porque soy de las que me recreo viéndolo todo en directo pero tienen web para echar un vistazo y comprar. ¿Os gusta?
Lo último que me imaginaba cuando entramos a comer a un centro comercial en Pozuelo de Alarcón era que iba a estar en un espacio al aire libre y con unas vistas preciosas de la ciudad de Madrid. Llamadme rara pero piso bastante poco los grandes almacenes precisamente porque me gusta estar al aire libre, aunque eso ya es otra historia. El caso es que, en nuestra estancia en Madrid en Semana Santa, elegimos alquilar una casa, porque íbamos con mis suegros, cuñados, niños.. y lo hicimos en Pozuelo. Así que un familiar nos recomendó ese restaurante, con zona interior en una planta del centro comercial, y con terraza y comedor en la azotea del edificio. Y no nos defraudó; de hecho, teníamos que coger el coche de vuelta a Asturias después de comer allí pero hubiera sido un gustazo tomarse algo en la terraza.
Las vistas de Madrid son alucinantes.La terrazaEl restaurante de la azotea. Tienen comedor interior en la planta de abajo.Tienen tronas para los peques.
Le hice fotos a la carta. Como veis, no es barato pero he de decir que todo lo que probamos estaba buenísimoLas raciones son abundantes.
No éramos la única familia numerosa y de verdad que con los niños se puede ir y estar a gusto porque, si quieren levantarse, sólo tienes que ir a la terraza y así no molestas a nadie pero, si viviera cerca, sería un sitio para una de esas noches que sales en pareja para cenar y tomar una copa. El trato es bueno, el sitio es espectacular, la comida riquísima y, como ya dije, las vistas son fantásticas. Si algún día tenéis oportunidad, ¡merece la pena!
Lo sé, si ya de por sí la elección de sillita de bebé es complicada al existir tantas posibilidades, lo que faltaba ahora es que alguien os diga que no descartéis una silla ¿de running? Pues sí, habéis leído bien; aún si no corréis, os invito a que vayáis a una tienda y empujéis de una de estas sillas, y veréis la abismal diferencia entre empujar de unas u otras. No os miento ni exagero lo más mínimo, para mí ha sido un descubrimiento comprobar que no pesan nada, que ese diseño tan particular con ruedas grandes y el ser unos centímetros más larga que las habituales sillas de paseo se debe a que el peso está mejor repartido.
Cuando fui a la tienda a recoger nuestra Thule Urban Glide, la dependienta me lo dijo: ya hay padres llevándose esta silla como única y primera opción. De hecho, la nuestra tiene la opción de poner capazo para los bebés más pequeños. Y desde luego, si sois de viajar, hacer excursiones o pasear mucho, ya os digo que os interesa mirar esta opción. Pero bueno, no me voy a enrollar más; si estáis interesadas, podéis ver el siguiente vídeo, ¡espero que os aclare las dudas!
Ya sabéis que he sido de las últimas en subirme al carro de las compras online. Pero como pasa siempre, todo es empezar y, cuando ves que las adquisiciones son seguras, que llegan rápido y bien a casa, te vas animando. Empiezas con algo de ropa, después con algunos productos de alimentación y acabas comprando en una farmacia online. No sé si recordáis que el pasado verano escribí un post sobre cremas solares y os pedía vuestra opinión y experiencia al respecto, porque el hecho de que mi hijo pequeño fuese especialmente blanquito me hizo buscar mucha información, así como características y compuestos de muchas marcas.
Y claro, en el supermercado puedo estar analizando el azúcar o grasas de los alimentos, pero en una farmacia no es lo mismo. No es plan de ponerme a coger cosas y pasarme media hora mirando lo uno y lo otro. Lo último que he estado indagando han sido suplementos de colágeno para huesos y articulaciones, por aquello del runnig. Por cierto, si alguna tiene alguna sugerencia al respecto, la agradezco porque todavía no me he decidido y no sé qué tal van. Lo que sí he descubierto a raíz de buscar en la red es una web, dosfarma.com, que tiene las cosas super bien de precio y tiene zona Outlet, con algunos productos muy rebajados.
Reconozco que enseguida me engancho a esto y me pongo a mirar de todo, que si anticelulíticos, que si cremas para la cara, que si infusiones… os juro que se me va el tiempo cotilleando. Además, prefiero ver bien y leer acerca de un producto antes de comprarlo y ésta es la manera, porque ya os digo que lo de volver loco a un farmacéutico para algo que no es un medicamento, es lo que no quiero hacer. Así que miro en Dosfarma y listo, que además eliges tú la empresa de transporte que quieres que te lo envíe a casa. Y qué os voy a contar sobre las cosas de bebés, me fascina ver biberones, chupetes y allí tienen una de esas marcas con un diseño bonito a rabiar. Seguro que muchas, ya sólo con ver las imágenes, habéis averiguado que es Suavinex, son productos que no pasan desapercibidos y además dan muy buen resultado. ¿Compráis por internet cremas, suplementos, biberones, champús…?
No soy yo muy dada a la queja, pero las cosas hay que decirlas, las buenas y las no tan buenas. No teníamos en mente ir al Parque de Atracciones de Madrid, más que nada porque creíamos que ir al zoo podía ser mejor plan dadas las edades de nuestros niños… hasta que vimos que estarían en el Parque los personajes de la Patrulla Canina (lo que no sabíamos es que al día siguiente, en el centro de Madrid, nos los íbamos a encontrar gratis 😉 ) Así que, blanco y en botella, porque imaginábamos que se morirían de la emoción. Eso sí, no os esperéis gran cosa, ni espectáculo ni baile; están Chase y Marshall para hacerse fotos con los niños pero… obviamente hay cola. Como en todo.
Lo que es está claro es que les hizo ilusión.
Lo sé, nada nuevo bajo el sol pero, ¿realmente hay que hacer esperas de más de una hora? Y para mi sorpresa, y cabreo, todo hay que decirlo, parte de la culpa la tiene una modalidad de entrada que se llama Speedy Pass, que igual ya todas sabéis que existe pero yo no tenía ni idea, en la que pagas más dinero pero no esperas colas. Total, que allí te encuentras, esperando y viendo cómo más de la mitad de los sitios de las atracciones son para aquellos que han pagado más (lógico) mientras las colas en las que tú estás no parecen disminuir nunca. Y señores, esto es un sitio pensado para niños y gente joven en el que cada adulto paga más de 30 euros y cada niño de más de un metro, casi 25 euros. Es decir, una familia de cuatro se planta en más de 100 euros. Por supuesto, si vas una vez en la vida igual te compensa pagar ese plus y evitarte las colas pero.. ¿y si todo el mundo hace lo mismo?
Mirad las caras de los niños tras casi una hora de cola.
Dicho esto, y reconociendo que me parece un planazo, creo que a partir de los 5 años es cuando más lo disfrutan. Alfonso mide 1,20 cm y pudo subirse en todas las atracciones de la zona infantil mientras que Rafa, que mide 1 metro, estaba más limitado y no pudo subirse en ningún tipo de coche (ni de choque ni de circuito) y en todo lo demás lo hizo acompañado. Aún así, subimos en el tren de Ticket y Toc, que es un poco montaña rusa, y el pobre pasó un mal rato mientras el mayor iba partido de la risa, así que os podéis hacer una idea de que un par de años es una diferencia importante para disfrutar poco o mucho del parque de Atracciones. Lo digo porque hay veces que nos apetece llevar a los niños a hacer algunos planes y luego nos damos cuenta de que era pronto. Así que compensa que vayan más creciditos.
Sí, no son alucinaciones, son las mochilas (poco útiles pero muy monas) de la PatrullaCircuito de las Tortugas NinjaEl Tiovivo es la atracción que nunca falla para los más pequeñosEse momento en que por fin nos subimos al tren.
En fin, que Alfonso lo pasó como los indios. Mi recomendación es que, si podéis, evitéis ciertas épocas y fechas y así tendréis menos posibilidades de encontrar mucho jaleo y evitaréis tantas colas porque, por mucho que nos moleste, me da que los parques temáticos van a seguir exprimiendo al máximo el tirón y no van a reducir la venta de entradas. ¿Habéis estado ya?
No voy a desanimaros yo con este post a la hora de hacer turismo con los peques por grandes ciudades porque, otra cosa no, pero somos de los que pensamos que hay que ver mundo con los niños; cierto es que no deja de ser un plan agotador y que tiene su nivel de estrés. Y eso que, todo hay que decirlo, Madrid no es una ciudad especialmente complicada para ir de paseo con sillitas; me estoy acordando de nuestro viaje con los tres peques a Lisboa, de aquel suelo empedrado con sus cuestas, y eso sí que fue deporte de riesgo. Madrid ofrece muchas posibilidades y yo soy una enamorada de la capital; supongo que, en parte, porque viví y trabajé allí, y tengo buenos recuerdos. Pero claro, no es lo mismo meterse en pleno Sol con tres niños y dos sillitas que hacerlo sola.
Alrededores del Mercado de San Miguel; intentar entrar con sillas es tarea ardua…pero es tan bonito.
Hay que tener en cuenta el nivel de aglomeración en algunos puntos de la ciudad y no te puedes despistar un segundo. Bien, muchas podríais pensar que se pueden evitar ciertos sitios pero hombre, irse de Madrid sin pisar la Plaza Mayor, pues como que no es lo mismo. A mí me encanta, hay mucho ambiente, pero eso incluye unos cuantos personajes de dibujos animados que enseguida van a llamar la atención de los pequeños para luego sacaros unas monedas 😉 Lo digo para que vayáis preparados, sobre todo con los personajes de la Patrulla, que los niños no pueden resistirse. Y en la zona de la Puerta del Sol, otro tanto de lo mismo.
Y aparte de visitar la Plaza Mayor y la Puerta del Sol, creo que hay otros dos sitios que no debéis perderos. Uno es el Parque del Retiro, al que ene esta ocasión ya no nos dio tiempo a visitar pero que es un sitio precioso, y otro lugar que ver y que a mí me encanta es la zona de la Plaza de Oriente, el Palacio Real y la Catedral de la Almudena. No te puedes ir de Madrid sin pasar por allí. Como curiosidad, por primera vez en mi vida, coincidió que estábamos cuando tuvo lugar el cambio de Guardia, que se hace todos los miércoles y sábados del año, cosa que yo no sabía. Pero fue un aliciente y los niños se quedaron alucinados.
Niños de morros porque no quieren caminar; eso sí, dales un balón y verás :-0Adueñarse de las sillas es lo que tiene, que caen fritos al final del día.
Madrid tiene mucho más que ver, sé que me quedan muchos rincones pero sólo estuvimos allí un día, ya que otro lo pasamos en el Parque de Atracciones (dedicaré post) y otro en Segovia. ¡Pero volveremos a la capital! Supongo que casi todas conoceréis Madrid aunque quizás no hayáis ido aún con los peques.
Llevan 45 años en el mismo local y sirviendo los mismos platos. Iba de niña con mis padres y hermanos y hacía mucho tiempo que no volvía; poco o nada ha cambiado, hasta sus antiguas mesas y banquetas de madera continúan allí , dándole un toque rústico, sólo recuerdo la fachada distinta. Es el restaurante Las Candelas, en Gijón. Sus pizzas nada tienen que ver con las de la mayoría de los restaurantes, la masa es artesanal y se nota en cuanto la ves. De hecho, la textura de la pasta es muy distinta a las habituales.
Tuvieron el detalle de prepararnos una pizza para los niños en la que la mitad era de unos ingredientes, y la otra mitad, de otros.
Algunos dicen que allí hacen las mejores pizzas de Gijón, yo no sé si me atrevería a decir eso porque soy de las que piden pasta en la mayoría de las pizzerías, soy muy aficionada a la carbonara. Pero, desde luego, supongo que el ser la primera pizzería de Asturias ya dice mucho. Además de las especialidades italianas, también tienen algunos platos típicos de la cocina francesa, como la Fondue de carne, que está muy rica. El trato es estupendo, son muy agradables y serviciales, también con los niños, que ya sabéis que en algunos sitios ya se ponen a temblar en cuanto apareces con tropa. En el local no tienen tronas, por si queréis tenerlo en cuenta pero es un sitio espacioso y muy familiar.
Todos los platos son caseros y la relación calidad-precio es estupenda. Desde hace muy poquito, tienen servicio a domicilio, pero aún no lo hemos probado. En cualquier caso, si queréis probar unas pizzas caseras y muy especiales, éste es el sitio. ¡Que paséis buena Semana Santa!
…………………….Recordad que ya tenemos ganadores del sorteo de entradas del musical El Barco Fantasma.
Lo sé, hay pocos niños a los que no les hayan cosido en alguna ocasión la frente, la barbilla o un dedo. Es ley de vida y, siempre lo digo, que todo sea eso. Como madre, ya sumo dos experiencias en este sentido, que no son muchas, pero como hermana son innumerables; no he visto en mi vida cosa más kamikaze que mis hermanos. Aquel aprendizaje me sirvió y hoy afronto esto con cierta serenidad. El viernes volví a pasar por ello; Rafa se enganchó un dedo en un agujero de lo que parecía una rejilla de ventilación de una tienda. Y de nuevo, como ya me pasó hace más de año y medio, pasé por las mismas fases de esta compleja situación:
1. Fase «Dios mío, esto no es real»: es ese rato de shock e incredulidad. Después de escuchar cómo tu hijo se pone a llorar y ves la sangre, decides limpiar la herida y descubres que no es un simple corte, que aquello tiene unas dimensiones o una profundidad que asustan un poco. A mí me sirvió mucho ver las brechas de mis hermanos en su momento para saber identificar cuándo requieren puntos de sutura. El viernes, tras acercarse gente a mí ofreciéndome cleenex, yo ya supe lo que había así que apreté la herida para cortar la hemorragia. Tuve la suerte de que varias encargadas de la tienda se acercaran y me ayudaron a ir a la parte trasera del local, junto a una chica que dijo ser auxiliar de enfermería. Y es que, además de Rafa, yo llevaba a Gabriel. Esta es la fase en la que te entra un poco el nerviosismo por la situación.
2. Fase de «vale, ahora hay que moverse»: Una vez en la trastienda y con un botiquín a mano para ir limpiando la herida, algo de lo que se encargó la chica que os comentaba que era auxiliar de enfermería, te paras y piensas en la logística. Todo mientras el niño no deja que le toquen la herida y sigue llorando. Y si la primera vez que tuve un percance parecido me pilló con mi padre en su casa, en esta ocasión estaba en un centro comercial, a más de 20 kilómetros de mi ciudad y sola, con el accidentado y un bebé de 15 meses. Y ahí empecé a dudar si era mejor ir a Gijón o a Oviedo, que en realidad me quedaba más cerca pero no sabía cómo llegar a su hospital porque yo no vivo allí. Yo estaba casi segura de que necesitaba puntos pero la auxiliar me dijo que intentara ir a un Centro de Salud para evitar esperas y que así, quizás, podían ponerle una de esas tiritas de sutura. Decidí volver a Gijón y pasar por nuestro Centro de Salud. Allí, tras bajar con los dos niños del coche, me dijeron que fuera al hospital. Vuelta a subirlos al coche con los dos, llamada a mi padre para dejar a Gabriel en su casa y llegada al hospital.
La espera en el hospital
3. Fase de «llanto, me vengo abajo»: Tras estar en la sala de espera con el niño ya super tranquilo y sin dolores, después de una hora de tensión en la tienda y el trayecto de coche, llega el momento en que te llaman y toca poner puntos. Ése es el instante crítico; dejas a tu hijo sobre una camilla, te piden que te vayas y le oyes llorar desconsoladamente y te llama, pero tú no puedes estar con él. Y sí, ya me pasó la otra vez y me volverá a pasar, me puse a llorar. Porque lo asumo, me rompe el alma.
4. Fase de «alivio y asimilación»: Es el momento en que te llaman para ver a tu hijo y el niño deja de llorar. Y ese instante en que ya te van contando cómo limpiar la herida, cuándo ir al centro de salud para quitar los puntos, cuándo darle Dalsy o Apiretal. Es la fase en la que ya te relajas, asumes lo que ha pasado y te das cuenta de que no tiene mayor importancia.
5. Fase «y si.. o esto me pasa por…»: como madres que somos, siempre está esa pregunta de si lo podíamos haber evitado. En mi caso, hubo también algo de Ley de Murphy porque nosotros, los niños y yo, vamos todos los viernes juntos a los partidos de fútbol de Alfonso. Pero en esta ocasión y, por primera vez, empezaba más tarde de lo habitual así que decidimos que iría maridín y yo entonces quise ir a comprar vaqueros con los pequeños. Y ya veis, viernes que no vamos a un partidos, viernes que acabamos en el hospital.
Por suerte, Rafa es torete, supongo que no es casualidad que lleve dos años sin ponerse enfermo. La médico nos dijo que, en cuanto se le pasara el efecto de la anestesia local, le dolería y habría que darle Dalsy. Pues oye, yo ya me estaba imaginando una noche movida y el tío durmió 12 horas seguidas y ha pasado el fin de semana como si nada, salvo porque es la mano derecha y está un poco más limitado. Por lo demás, ni se entera. En fin, no ganamos para sustos. ¿Ya se han estrenado vuestros hijos con los puntos?
Renovarse o morir, dice el refrán. Reconozco que, aún viniendo yo del medio audiovisual, que es en el que más he trabajado, no me atrevía a dar este paso. Sencillamente, por falta de tiempo, no de ideas. Porque ponerme a grabar y después a editar imágenes supone más esfuerzo y más minutos, y os juro que no me sobran. Pero fue una marca, Thule, la que me empujó. Porque consideran que puedo ser imagen de vida activa con niños, y ya sabéis que nosotros no paramos. Y yo aún menos desde que me ha dado por el running. De hecho, mi primer vídeo en Youtube tiene mucho que ver con esta nueva faceta de mi vida. Porque os digo una cosa, este deporte ya es algo que forma parte de mí, no quiero que desaparezca. Tras correr el otro día mi primera 10K, me di cuenta de que ya no puedo abandonar y que voy a por más kilómetros. Ver veremos si me atrevo con una media maratón en breve, pero eso ya es otra historia.
Ya os conté en su día que empecé a correr porque quería recuperar la forma después de tres embarazos. Tras un intento fallido, por falta de tiempo, de hacer deporte en el gimnasio a los dos meses de dar a luz a Gabriel, encontré que correr era la fórmula perfecta para empezar a moverme, porque no dependía de horarios de aperturas o cierres ni de clases y no necesitaba mucho tiempo. Sólo tenía que bajar al portal de casa, correr y llegar de nuevo al portal, bien aprovechando visitas a casa de mis padres, o bien cuando acostáramos a los niños… Y así empezó la cosa, corriendo 20 minutos hace un año y, en este momento, más de una hora dándole a la zapatilla. Además, ahora, puedo ir en cualquier momento porque, a veces, me llevo al peque. Sí, habéis leído bien, siento a Gabriel en la silla Thule Urban Glide y a correr. También me reservo mis entrenamientos para mí solita, eh. Y ahora sí, no me enrollo y ahí me tenéis. Aunque no lo creáis, me da un poco de vergüenza pero… ¡qué demonios!
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