Este año nos ha costado horrores estrenar la playa, ha venido un tiempo malísimo por el norte. De hecho, nuestro primer día de playa fue a la aventura, ni siquiera lucía el sol pero como el percal en Asturias es el que es, nos conformamos con que no llueva ni haga frío para lanzarnos a la arena. Y así transcurrió nuestro primer día en la playa de Estaño, un precioso arenal a las afueras de Gijón. Objetivamente, no es una playa práctica para ir con niños pequeños pero a los mayores les encanta porque, cuando baja la marea, quedan un montón de rocas llenas de agua donde pescar cangrejos y hasta estrellas de mar. Espero que os guste la playa y el restaurante.
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Un año de running: cambios en mi mente
Uno puede empezar a hacer deporte por motivos muy diversos: recomendación médica, gusto, salud, estética… Yo lo he dicho abiertamente, comencé por esta última razón, con la finalidad de bajar un par de kilos del tercer embarazo. Hasta ahí todo bien. Pero reconozco que hacerlo por esa única razón puede llevar al abandono por aburrimiento; hay que buscar, o más bien encontrar, otros motivos. Y yo los encontré en esta ocasión ya que, durante toda mi vida, fracasé en mis decenas de intentos por mover el cuerpo.
El primer momento en que encontré, por fin, un estímulo que luego me hizo continuar durante meses, fue cruzar una línea de meta, en junio del año pasado. Aquel instante fui feliz y encontré sentido a esas semanas anteriores de entrenamiento en las que, objetivamente, había sentido pereza y, en más de una ocasión, pensé en dejarlo. Sí, correr una carrera fue el principio de un cambio en mi mente. Fue mi primera transformación: descubrí que el deporte puede hacerte feliz. Eso, para alguien que pasó todo su vida odiando cualquier tipo de gimnasia, era un gran logro. En el fondo, siempre había sentido cierta envidia al ver a aquellas personas que hacían deporte con alegría, no por obligación.

Y para muestra, un botón. Cuando te encuentras que te hacen esta foto llegando a meta descubres que sí, que llegas feliz. El otro gran cambio, que también empecé a ver tras mi primera carrera y que fue acrecentándose hasta llegar a su punto más alto el día que corrí mi primera media maratón, fue darme cuenta de que era, o que me había hecho, fuerte mentalmente. Un reto deportivo no es solo un esfuerzo físico, requiere mucha fortaleza mental. Darte cuenta de que en 4 meses has pasado de correr 6 a 21 kilómetros te descubre una parte de ti que no conocías. Y entonces eres consciente de que, en la vida, a veces, los límites los ponemos cada uno de nosotros. Descubrí que era más fuerte de lo que pensaba y de que tenía menos límites de los que sentía. Y como una imagen vale más que mil palabras, este momento lo resume todo.
El vídeo no tiene mucha calidad, lo que merece la pena es el sonido y nuestras caras.
Y por último, aunque más que un cambio es una consecuencia, pero que repercute de forma positiva a nivel mental, es el rato que encuentras para ti misma. Un tiempo para desconectar de rutinas y de trabajo, de las cosas de casa, para quemar la mala leche en un día malo, para recrearse en aquellos pensamientos de un día bueno; en mi caso, un rato a solas que me viene muy bien tras todo el día lidiando con las fieras 😉 Que no digo que no me dé pereza salir a correr a las 9 de la noche tras el intenso momento baños-cenas en mi casa pero, cuando acabo, me encuentro a gusto y me voy a la cama muy relajada. En resumen, empecé a correr por motivos puramente estéticos pero creo que, si sigo, es por estos otras razones. De no haberlas encontrado, me hubiera pasado como tantas veces, que hubiera abandonado. Sólo espero seguir encontrando la misma motivación durante muchos años.
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Un año de running: cambios en mi cuerpo
No tenía intención de escribir este post. La idea surgió en Instagram a raíz de algunos comentarios de seguidoras que me comentaban que había perdido peso y me preguntaban cómo lo había hecho o me decían lo bien que me había sentado esto de correr. Yo siempre contesté lo mismo: he perdido sólo 3 kilos en los últimos meses y soy de las que zampa mucho. Fue hace unas semanas, al sacar la ropa del verano pasado, cuando me di cuenta de que, efectivamente, había perdido solo tres kilos pero bastante volumen. Así que busqué fotos en biquini del año pasado. Encontré una en mi cuenta de Instagram de junio, decidí hacerme una este verano en la misma posición y comparar porque, de verdad, yo sabía que estaba un poco más delgada pero no me parecía que fuera algo como para que los demás lo notaran. Y me di cuenta de que ha habido cierta transformación. Mi intención cuando empecé en abril de 2015 era bajar dos kilos del tercer embarazo, y los perdí rápido. Pero fue a largo plazo cuando empecé a perder volumen real.

En la imagen izquierda había perdido los dos kilos del embarazo que me sobraban porque ya llevaba un par de meses corriendo. Corriendo he bajado un total de 5 kilos pero de una foto a otra hay tres kilos de diferencia. Es lo que tiene la báscula, que no dice la verdad. Que no es lo mismo adelgazar tres kilos haciendo dieta que practicando deporte. He intentado hacer dietas (que no han durado ni medio asalto) varias veces en mi vida sin darme cuenta de que no comer me creaba ansiedad, por tanto, no es algo a lo que pueda renunciar. Lo siento, me viene de familia, tenemos mucho saque. Y tampoco me di cuenta, hasta ahora, que la grasa ocupa mucho más que el músculo. Y esa es la razón por la que, aparentemente, parece que he bajado más peso. Os enseño unas fotos para ilustrar bien de los que hablo y para que veáis que los mismos kilos que se bajan con dieta no son los mismos kilos que se bajan haciendo ejercicio.

Prueba de que el mismo peso ocupa más en grasa que en músculo 
Prueba de que se puede pesar lo mismo pero se tiene distinto aspecto al hacer deporte. Empecé a correr hace 14 meses para bajar ese par de kilos que me sobraban del tercer embarazo. Me había recuperado muy bien en las dos anteriores gestaciones (y eso que en la primera engordé 18 kilos) pero la tercera me pasó factura. Creo que, en parte, porque poco después de dar a luz llegaron las navidades y me descontrolé. Realmente, estoy mejor en las fotos del postparto que después de los atracones navideños. Supongo que también el hecho de que cada embarazo suma (tres gestaciones en cuatro años) se notan necesariamente. La suerte que tengo es que me quedo sin barriga al dar a luz, por eso supongo que tampoco me agobió nunca la recuperación, porque no me veía panza.
La progresión fue básicamente ésta:
- A los dos meses de empezar a correr ya había perdido los dos-tres kilos que me sobraban del embarazo, es decir, estaba en 59 kilos. Corría media hora dos días a la semana, o sea, unos 10 km semanales. Seguí ese ritmo desde abril hasta diciembre de 2015. Mantuve mi peso todo el año pero en las fotos de noviembre ya se me ve más estilizada que en verano, síntoma de que el ejercicio daba sus frutos aunque no bajase más de peso.
- A finales de enero, de cara a correr mi primera 10k, aumenté progresivamente la distancia de 5 a 10 kilómetros y me animé a correr tres días a la semana en lugar de dos. Es decir, de febrero a marzo corrí unos 25 kilómetros semanales. No sabría deciros lo que perdí de peso esa temporada.
- A finales de marzo decidí que quería correr mi primera media maratón. Tenía 5 semanas para prepararme así que incrementé la distancia poco a poco, un día 13 kilómetros, otro volvía a hacer 10, otro día 15… Así que calculo que esas semanas estuve haciendo unos 35-40 km semanales. Creo que para entonces ya había bajado los tres kilos que digo que he perdido este último año. Y por supuesto, mucho volumen.
- Una vez corrí la media maratón el 30 de abril, bajé el ritmo nuevamente a 8-10 kilómetros en cada salida, así que ahora hago unos 25 kilómetros semanales.
Otros aspectos:
En cuanto a la ingesta de comida: os diré que he aumentado lo que como en los últimos meses y que no hay día que no meriende un sándwich de nocilla o la nocilla a cucharadas, o galletas, o frutos secos… Vamos, que como lo que quiero.
Sobre la celulitis: yo es que siempre he tenido pero hasta que no me hice la foto el otro día, no me había dado cuenta de que había mejorado, la verdad. No creo que haya crema anticelulítica que consiga el efecto de hacer deporte.
La espalda: a mí se me carga bastante la parte alta desde siempre y cada dos-tres meses voy al fisio. En ese sentido, el correr no me ha hecho ni mejorar ni empeorar.
Los pies: ésta es objetivamente la parte del cuerpo que se estropea corriendo. No lo noté los primeros meses pero cuando empecé a preparar la media maratón, me salió alguna dureza.
La piel: No sé objetivamente si el deporte hace mejorar la piel, pero yo me veo mejor cara en general.
Y ya para otro post me reservo los cambios a nivel mental, que los ha habido. Os digo que correr me supone un esfuerzo muchos días, sobre todo con frío, otros menos, como en esta época. Pero me ha compensado con creces. No pretendo ser perfecta y no atiendo a presiones externas; el año pasado me veía bien, la verdad, pero objetivamente sabía que podía estar algo mejor. Y era empezar a moverme o ponerme a dieta. Desde luego, no imaginaba que el cambio fuese así pero me he enganchado al running y oye, ese favor que le hago a todo mi organismo, no sólo a mi trasero o caderas. Como es obvio, estoy muy contenta porque estoy mejor físicamente y porque hago algo que antes no hacía: deporte. Bueno, pues este es el post que prometí a algunas en Instagram. ¿A que se nota el deporte?
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Look vestido largo
Hace ya años que me compré mi primer vestido hasta los pies. De hecho, aún conservo y sigo usando alguno de cuando ni siquiera estaba casada. Hace una década, era una prenda que ni me planteaba tener para salir a la calle un día cualquiera, asociaba los vestidos largos a bodas y ciertos eventos para ir arreglada. Y como en muchas cosas, hay veces que el tiempo te lleva la contraria. Ahora, me encantan. Primero, porque en Asturias vienen muy bien los días fresquetes que no llueve. Sí, aquí pasamos muchos días de verano a veinte grados así que llevar la pierna muy destapada no apetece mucho. Y segundo, porque estilizan un montón. Te pones en los pies unas alpargatas de cuña alta (yo es que evito los tacones) que apenas se ven con el vestido y es como si de repente te quitaras unos kilos de encima.

Este año me he atrevido con el negro. El vestido es de Primark (18 euros) y la cazadora es de Stradivarius de hace ya varios años. 

Y éste es de hace 8 años, de Zara. Lo tengo ya un poco estropeado por abajo pero me da pena deshacerme de él y luce tanto… Yo y mis fotos glamurosas en el portal de casa 😉 Me gusta llevar vestidos largos con cazadora vaquera o con americana, que le da un punto más elegante. Y ya os digo, de calzado siempre recurro a alpargatas de cuña; yo y los tacones no nos llevamos bien y los dejo para ocasiones un poco especiales. Y de moda poco más os voy a mostrar este verano porque lo interesante es enseñar cosas de esta temporada y con los dos looks que os he puesto este mes, ya no tengo muchas más incorporaciones. Me queda, eso sí, poner un look para salir por la noche, un poco más elegante, pero eso ya cuando salga por ahí de cena con maridín alguna noche, que ahora en verano un par de veces nos toca. ¿Usáis vestidos largos?
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Nuevo vídeo: La Carrera de la Mujer, una fiesta
En los posts en los que os cuento mi experiencia con el running, siempre insisto en que una de las motivaciones que encontré para no abandonar fue apuntarme a carreras. Fue precisamente cuando crucé la línea de meta de mi primera prueba, hace justo un año en la Carrera de la Mujer en Gijón, cuando me di cuenta de que el esfuerzo había merecido la pena y que era una sensación increíble. Luego vino la San Silvestre, la 10k y la media maratón. Cuatro carreras en un año muy distintas pero todas emocionantes, aunque obviamente me quedo con el reto de conseguir correr 21 kilómetros hace mes y medio. En cualquier caso, creo que la carrera de la Mujer es un gran estreno para una corredora. Por el ambiente, por la distancia (5,5 kilómetros) y porque es solidaria. Así que, si un día decidís animaros con el running y queréis lanzaros en esta aventura, esto es lo que vais a vivir.
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Look de entretiempo
Lo sé, prometí un cambio de diseño en el blog para ir introduciendo y organizando nuevos temas pero entre empezar el canal de Youtube, las nuevas colaboraciones, los retos con el running y que estoy actualizando casi a diario, pues he dejado este tema un poco de lado. Pero llegará. Una de las cosas que me gusta es la moda; es cierto que no dedico ni tiempo ni esfuerzos ni dinero al tema, pero intento ir medianamente bien vestida, en la medida de lo posible. Y siempre cómoda. Esta época, la de entretiempo, es la que menos me gusta y es en la que tiro de sota, caballo y rey. Es decir, jerseys finitos, pantalón (de color los días de sol) y vaqueros, y generalmente, en esta época, suelo poner a menudo playeros. Hoy os enseño un look para que conozcáis una pequeña tienda de Gijón que visito de vez en cuando y que tiene cosas muy monas: Olivanders.

Pantalones Stradivarius / Playeros Primark 
Jersey reversible Olivanders 
Es una tienda pequeñita en una de las calles más concurridas de Gijón, en Corrida. Si tenéis boda u evento, os recomiendo que echéis un ojo, el otro día tenían un mono de fiesta precioso. ¡Buen fin de semana!
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Cómo vestir a los niños para ir de boda
Iba a reeditar un post que escribí hace un par de años sobre este tema pero he decidido empezar de cero otra vez. Soy de las que prefiero ir de boda sin niños, obviamente porque es un plan agotador para ellos y porque los mayores estamos más relajados. Es también evidente que hay enlaces a los que tienes que ir con los peques, aunque sólo sea una horas, porque los que se casan son familiares o porque no has conseguido que nadie se quede con los churumbeles. A veces, como nos pasó a nosotros en una ocasión, al ser la boda a casi 1000 kilómetros de Gijón, pues aprovechamos y cogimos las vacaciones en función de ese evento, de manera que el niño (por entonces sólo teníamos a Alfonso) vino con nosotros. Pero no me voy a liar más y voy con ideas para las que tengáis bodorrio esta temporada, tanto de pajes como de invitados:
Trajes regionales
Es una opción que nunca barajé para mi boda pero que encuentro que puede ser original, aunque ya empieza a ser algo más corriente. Conste que la idea me gusta pero, no nos engañemos, unos trajes regionales son más monos que otros. Y el de flamencas tiene más encanto, desde mi punto de vista.


Traje regional asturiano. Foto de Pelayo Lacazette. 
Pajes en la boda de Alberto de Mónaco. Menos es más
En general, soy clásica para vestir a los niños. Clásica, que no significa emperifollar a los críos. Y lo que no me gusta normalmente, tampoco me gusta para una boda. Para los niños, tanto de invitados como de pajes, no hay nada como una camisa blanca y un pantalón corto. Es más, si van de pajes y no de invitados, yo solo les añadiría un fajín, del color del pantalón.

Alfonso y Rafa el verano pasado de pajes en la boda de mi cuñado. Conste que no elegí yo el modelito, fue la novia, pero me encantó. Muy sencillo. Es de Neck and Neck con zapatos de Pisamonas. 
Alfonso también fue de paje en la boda de mi hermano. El traje también fue elección de la novia pero el estilo es muy parecido al de las fotos anteriores. Eso sí, lo que no es muy cómodo para los peques, aunque sí me gusta, es lo de las alpargatas. Los trajes los hicieron a medida en La sastrería de Oviedo. Cualquiera de las opciones anteriores, quitándoles el fajín, creo que serviría para ir de invitados. Sin embargo, en niñas, yo apostaría por colores neutros si van de damas y no me importaría arriesgar con algo de color si van de invitadas. Eso sí, de damas, la corona o algo con flores en la cabeza parece casi imprescindible.

Estos vestidos de las niñas de Paloma Cuevas parecen precioso. Y las flores en la cabeza me rechiflan. 
Me gusta que el corte del vestido de las niñas que ya son un poco más mayores sea distinto al de las pequeñas. Buen precio
Para mí, hay dos tiendas que son infalibles para encontrar conjuntos para llevar a los peques de boda: The First y Neck and Neck, aunque creo que en Gocco también se pueden encontrar cosas. Y ojo, preguntad en sitios también donde los hagan a medida, en muchos el precio está fenomenal.

De invitada. Neck and Neck. 
De invitada y con color. Neck and Neck. 
me encanta para ir de dama. Neck and Neck 
Vestido de la derecha para invitada. The First. 
De dama y con algo de color. The First. Bebés
Bueno, yo en esto no me he complicado nada. Los tres peques han ido de boda siendo menores de un año, Alfonso fue con un pelele en tono azul y de lunares beige, Rafa con una blusa blanca y ranita blanca y Gabriel con camisa blanca y ranita beige, es decir, todas las opciones posibles. Eso sí, nunca les puse capota al ser en verano pero son un complemento que me gusta mucho.

Este modelo me encanta. Es de Pili Carrera, que todo hay que decirlo, es caro. 
Normalmente prefiero pelele para bebés, pero el verano pasado elegí camisa y ranita para que fueran iguales. 
Pelele, sin mayor complicación. Qué no les pondría
Como todo, para gustos, los colores. Cosas con las que los veo menos favorecidos:

Cuando son pequeños, no les veo favorecidos con este largo de vestido ni pantalón (para eventos). Así iban lo niños en la boda de Ana Aznar. 
Tampoco los trajes afrancesados imitando otra época 

Y tampoco los trajes de chaqueta para niños tan pequeños. Lo dicho, para gustos están los colores pero a mí me va lo sencillo y aquello que no les haga parecer mayores antes de tiempo. Manías mías 😉 Será que luego tienen toda la vida para poner según qué prendas. Y a vosotras, ¿cómo os gusta vestirles cuando hay que ir a un evento?







































