En forma tras el postparto: alimentación

Iba a escribir un único post sobre este asunto pero he decidido dividir la materia en dos partes porque veo que da para mucho. Aviso a navegantes, que nadie se me lance a la yugular, que no sé qué demonios le pasa a la gente por estos mundos 2.0 que, a la mínima, te quieren cortar el cuello. Lo digo porque, hace unas semanas, una bloguera con varios hijos y de viente plano, animaba a las madres a hacer deporte y alimentarse bien para estar en forma. A la pobre mujer le empezaron a llover críticas por todos lados diciendo que si ella no tenía un doctorado, que si era mala madre…

Desde mi punto de vista, algo desmesurado. Primero, porque es una bloguera con contenidos relacionados con el fitness así que, si la sigues, ya sabes lo que hay. Segundo, porque para ella será importante y encontrará tiempo de donde haga falta para estar en forma; otras, aunque tuviésemos todo el tiempo del mundo, no haríamos deporte a diario ni de coña. Y tercero, porque tendrá fuerza de voluntad para comer sano y eso creo que no es algo criticable sino lo contrario. Así que, por favor, relájense todos. La muchacha nos vende un buen cuerpo con esfuerzo, no es la Preysler vendiendo cremas.

Ahí la tenéis. Buena genética, sesiones de gimnasio y comida sana.

Cuidarse tras ser madre es igual de bueno que hacerlo antes, lo que pasa que, cuando una es joven y lozana y sus carnes está medianamente prietas, pues como que lo de cuidarse lo deja para otro ciclo vital. Pero cuando la gravedad empieza a hacer de las suyas, ya vas pensando que quizás hay que darle una ayudita al body para que la cosa no vaya a más. Y claro, los embarazos son un factor de riesgo para esto de mantener la «gravitación» a raya. Y ¡ojo! que aquí servidora se las prometía muy felices porque, después de dos embarazos, las consecuencias habían sido pequeñas. Pero todo lo bueno tiene su fin y la tercera preñez hizo estragos a pesar del zumba hasta la semana del parto. Tres meses después de dar a luz a Copito de Nieve yo seguía ahí con mis kilillos de regalo y la masa corporal floja, inconsistente. Y me dije a mí misma que era el momento de cambiar hábitos. Lo ideal es hacerlo por salud pero claro, si estás como una rosa pasa lo de siempre, lo dejas para otra década de la vida. Empezar por estética no me parece mal plan.

Así que me puse a ello. Nada de dietas, vamos ¡lo que me faltaba! Si algo he aprendido es que, cuando suprimes cualquier cosa de forma radical, acabas «cayendo» con todo el equipo y a lo bestia. Pero asumí que no se puede comer todos los días determinadas cosas como donuts, galletas, palmeras de chocolate o atacar el bote de Nocilla. Así que, entre semana, intento sustituir lo dulce por frutas, yogures o tortitas de avena. Hay veces que, con el ritmo que llevo, el cuerpo pide más y no puedo renunciar al sabor de algo azucarado. Así que tomo dos o tres galletas caseras ecológicas Paul and Pippa y me quito el «mono». Las hay saladas por si vuestro problema es que asaltáis más este tipo de comida. Para mí, han sido todo un descubrimiento, tienen menos calorías al estar hechas con harina de espelta en vez de harina de trigo.

Otra de las cosas que hice fue añadir un zumo natural a mis desayunos en lugar de zumos de tetra-brick, que suelen tener bastante azúcar. Por supuesto, hago cenas ligeras, lo cual no me cuesta porque lo he hecho casi toda la vida. Y esto es lo que me anima a cambiar algunas rutinas: saber que, en el momento en que algo se convierte en hábito, ya no cuesta tanto. Llevo algo más de un mes cuidándome y, sin ser grandes cambios ni prohibiéndome nada, ya por fin he perdido lo que me sobraba.

En la segunda entrega, la próxima semana, me centro en el deporte tras el postparto, donde también soy mujer de idas y venidas porque reconozco abiertamente que no me gusta. Pero claro, volvemos a lo de siempre: ya no es sólo cuestión de peso sino de gravedad, por lo que la alimentación no basta. Tendré en cuenta el cuidado del suelo pélvico que ya sabéis que ando yo fascinada con este tema. ¿Os cuidáis más o menos desde que sois madres?

Deporte y embarazo: ¿zumba, natación, pilates, yoga?

Tengo una relación de amor-odio con el deporte. Bueno, más bien de lo segundo; esto es culpa de los genes de mi madre porque, en mi familia, mi padre ha hecho y hace ejercicio a diario, y no hace mucho que seguía jugando partidos de fútbol sin importarle sus operaciones de menisco. Y para más inri, mis hermanos se dedican a apuntarse a todas las carreras y triatlones que pueden. Mientras tanto, mi madre dice que tiene que hacer ejercicio pero resulta que le parece incómodo el sillín de la bici 😉 Y así soy yo, que enseguida busco una excusa para no mover el trasero.

Tengo momentos en los que me mentalizo y soy consciente de la importancia del ejercicio; el caso es que si esa reflexión me pilla en un momento en que tengo algo de tiempo, me lanzo y me apunto a un gimnasio o salgo a correr; lo malo es que, de media, esas venas me duran a mí tres meses, y da gracias. ¿Qué pasó por mi mente en septiembre cuando, después de 4 años pegada a uno o dos niños, vi que tenía dos meses con las mañanitas para mí sola? Pues blanco y en botella: deporte. Eso sí, como admito que apuntarse al gimnasio el último trimestre de embarazo no es lo habitual, me inscribí en uno con piscina y con clases de todo tipo con la idea de nadar e ir a Pilates.

Y así empecé septiembre, suavecito, con mis clases de aqua gym, que son estupendas gracias a la ingravidez. A la vez, me animé con Pilates, que dicen que es muy bueno para las embarazadas. Y con la ventaja de que te pasas parte de la clase tumbada, aunque no quiere decir que no sudes. Probé la clase de yoga: error. Una madre de dos niños pequeños y embarazada es carne de cañón y corre el riesgo de quedarse dormida en plena relajación. Además, la flexibilidad no es mi fuerte. Qué va, yo necesito un poco de marcha para no acabar abandonando.

Descarté al principio el tema zumba pero cada vez que veía una clase moría por entrar a bailar. Y oye, vi que allí se adentraba una señora de unos 80 años, de la que me declaro fan absoluta, y me dije: inténtalo, tiempo tienes para salir de la sala. Y entré, y ahora ya no salgo. A mí es que bailar es lo que me ha gustado toda la vida, y claro, me pones merengue, salsa y reggeaton y se me van los pies solos.

shakira-embarazada-fifa

Ni a Shakira le sale el giro estando embarazada 😉

Así que ahí estoy, dándole al baile. Eso sí, no hay nada con menos glamour que una embarazada haciendo un giro de caderas 😉 Y como os podéis imaginar, el embarazo es motivo de preguntas varias de las allí presentes. Esta semana ya estoy bajando el ritmo porque el cuerpo lo va pidiendo; si ya digo yo que no hay nada como las señales de tu propio organismo. El ejercicio es buenísimo durante el embarazo siempre que no haya contraindicaciones médicas. Y vosotras, ¿practicabais algún deporte durante la gestación?

Ejercicio y niños, ¿incompatible?

La semana pasada vi a través de Facebook un cartel en el que aparecían juntas las palabras ejercicio y bebés. Me tuve que parar a leer detenidamente porque no daba crédito. Después me entraron dudas y pensé: ¿se considera bebé a un niño que camina? Este asunto nos puede dar para debatir en otro post pero hoy me centro en lo del ejercicio. El caso es que escribí a un mail que venía en el cartel y me dijeron que se podía ir a clases con niños de hasta 4 años. Vamos, podría ir con los dos churumbeles si quisiera, aunque desde luego, no es mi intención.

Ya sabéis que yo para esto de hacer deporte he nacido vaga, juro que he hecho mis intentos pero la pereza y el aburrimiento pueden conmigo; desde que empezó 2014 salgo algún día a correr cuando los niños se acuestan pero, para qué engañaros, no soy nada constante y sólo estamos en febrero así que, a este paso, mi propósito de año nuevo va a durar lo mismo que un caramelo en un colegio. El caso es que ayer probé una clase gratuita de Mamifit, por aquello de que soy perfectamente consciente de que hacer deporte es sano y además mi trasero seguro que lo agradece.

SAM_9845

Mirad la cara de susto de Rafa. Y yo sin comentarios porque el tema chándal lo encuentro muy poco favorecedor.

Y ahora me centro en la experiencia de la clase de ayer. Estábamos seis madres con seis niños, tres de ellos eran mayores, los otros dos más o menos de la edad de Rafa. El peque en su línea, si no conoce a la gente, se pega a mis piernas y no echa ni media sonrisa, éste nos ha salido vergonzoso, lo cual me sorprende teniendo en cuenta que la timidez no es precisamente lo que nos caracteriza a sus progenitores. Es más, durante algunos minutos de la clase el resto de niños socializaron un poco, Rafa pasaba “tres pueblos”. Eso sí, más pancho y tranquilo que ninguno, sentado cerca de mí, con cara de asombro mientras las madres nos movíamos y más alucinado aún cuando le cogía para hacer alguno de los ejercicios.

20140225_124212

Imaginaos la cara de Rafa en este momento. La mía tampoco tiene desperdicio. 

Luego está el momento en que tienes que hacer algún ejercicio de brazos con el crío. Como algunos andaban por ahí entretenidos, Rafa incluido, cambiamos niños por mancuernas. Sinceramente, mucho mejor un par de kilos que mover los brazos con los doce kilazos de Rafa. La verdad es que la clase estuvo bastante bien pero es sólo un día a la semana y me parece poco si de verdad quieres mejorar tu forma física. Y a vosotras, ¿qué os parece la idea?, ¿hacéis algo de deporte desde que sois madres?