No sé si ya habéis visto este tipo de sillas para llevar al bebé en la bici, aún no es frecuente que las encontremos en España. De hecho, la primera vez que vi una sillita en la parte delantera de la bici fue hace algo menos de un año y aluciné; primero, porque me encantó, y segundo, porque pensé que los peques tenían que disfrutar con las vistas. Ahora soy yo la que la he probado la Thule Ride Along Mini con Gabriel y es genial, la gente nos va mirando por la calle y hasta me han parado para preguntar. Eso sí, os cuento que hay ciertas diferencias entre ésta y el modelo que va en la parte de detrás, que también he probado. La principal es el peso que soportan, la delantera se puede usar hasta 15 kilos mientras la trasera soporta 22 kilos. Vamos, que en la silla que va en el manillar puedo llevar al rubito y en la trasera podría llevar al pequeño y también al mediano, que en otoño cumplirá 4 años.
También os diría que para tomar la decisión tengáis en cuenta cuánto tiempo soléis usar la bici y por dónde. Yo elegiría la silla que va en la parte trasera si vais por zona de montaña y si pasáis mucho tiempo subidos en bicicleta, y elegiría la delantera para pasear tranquilamente por ciudad si lo hacéis de vez en cuando. El peso del niño y esto que os acabo de comentar son los dos factores que debéis tener en cuenta para vuestra elección. En cualquier caso, como la sillita que no es todavía muy conocida es la delantera, os cuento que es segura, tiene arnés acolchado ajustable de 5 puntos de sujeción y reposapiés y correas para los pies regulables con una mano. Además, los asientos son universales para todos los modelos de bici, viene con una llave para evitar robos y tiene una barra de seguridad delantera anti-choques. ¡Podéis ver el vídeo!
En esto de las bicicletas infantiles confieso que hemos ido con cierto retraso porque las de equilibrio llevan ya unos años en el mercado y nosotros hasta ahora no teníamos. En parte porque, en esta casa, el único que tenía bici de los tres hermanos era Alfonso; se la trajeron los Reyes hace dos años y medio, y es la típica con ruedines, ya que por entonces no nos planteábamos otra cosa, la verdad. Hace dos años no estaba yo muy al tanto de la utilidad de las bicis sin pedales, aunque las veía continuamente por la calle. Así que, ahora que Rafa necesitaba bici porque la moto ya le queda pequeña y empezará a usarla Gabriel, decidí indagar un poco más sobre las bicis sin pedales.
Por lo que dicen los expertos, los niños aprenden antes a mantener el equilibrio que a coordinar o impulsar el pedaleo, por eso estas bicis son muy recomendables: son más ligeras, mucho más sencillas de usar, les ayudan a aprender a maniobrar en parado, a colocar su cuerpo en las bajadas, a girar y a frenar con sus pies. Por eso, el siguiente paso, cuando tienen 4 años, es pasar a la bici normal, sin ruedines, y te ahorras ese momento que da tanto pánico de quitar las ruedas pequeñas, que supone algún que otro susto porque te ibas a los lados y no eras capaz de mantener el equilibrio. Y ahora os enseño cuál elegimos y por qué. La marca no es muy conocida todavía en España, son las Kazam Bikes. Tienen un diseño genial con una plataforma para que los niños reposen los pies y así comiencen a jugar con el equilibrio, y con un manillar XXL que les da muchísima más estabilidad. Es casi como una especie de bici y patinete a la vez. Nos ha encantado.
Se pueden utilizar desde los dos años y medio aproximadamente, tienen ruedas de aire de 12” y el manillar y el sillín se ajustan de tal forma que la bici se puede usar hasta los 5 años de edad. Y bueno, sé que la estética cuenta menos pero oye, además es bonita y hay colores super chulos. La verdad que Rafa está muy contento y ahora toca practicar, porque el mediano resulta ser el menos deportista de los tres hermanos 😉 pero vamos, que lo de la plataforma para los pies le ha parecido una idea estupenda para ir más cómodo en las bajadas. ¿Vuestros peques usan bicis de equilibrio?, ¿les ha resultado luego más fácil el paso a la bici normal?
Uno puede empezar a hacer deporte por motivos muy diversos: recomendación médica, gusto, salud, estética… Yo lo he dicho abiertamente, comencé por esta última razón, con la finalidad de bajar un par de kilos del tercer embarazo. Hasta ahí todo bien. Pero reconozco que hacerlo por esa única razón puede llevar al abandono por aburrimiento; hay que buscar, o más bien encontrar, otros motivos. Y yo los encontré en esta ocasión ya que, durante toda mi vida, fracasé en mis decenas de intentos por mover el cuerpo.
El primer momento en que encontré, por fin, un estímulo que luego me hizo continuar durante meses, fue cruzar una línea de meta, en junio del año pasado. Aquel instante fui feliz y encontré sentido a esas semanas anteriores de entrenamiento en las que, objetivamente, había sentido pereza y, en más de una ocasión, pensé en dejarlo. Sí, correr una carrera fue el principio de un cambio en mi mente. Fue mi primera transformación: descubrí que el deporte puede hacerte feliz. Eso, para alguien que pasó todo su vida odiando cualquier tipo de gimnasia, era un gran logro. En el fondo, siempre había sentido cierta envidia al ver a aquellas personas que hacían deporte con alegría, no por obligación.
Y para muestra, un botón. Cuando te encuentras que te hacen esta foto llegando a meta descubres que sí, que llegas feliz.
El otro gran cambio, que también empecé a ver tras mi primera carrera y que fue acrecentándose hasta llegar a su punto más alto el día que corrí mi primera media maratón, fue darme cuenta de que era, o que me había hecho, fuerte mentalmente. Un reto deportivo no es solo un esfuerzo físico, requiere mucha fortaleza mental. Darte cuenta de que en 4 meses has pasado de correr 6 a 21 kilómetros te descubre una parte de ti que no conocías. Y entonces eres consciente de que, en la vida, a veces, los límites los ponemos cada uno de nosotros. Descubrí que era más fuerte de lo que pensaba y de que tenía menos límites de los que sentía. Y como una imagen vale más que mil palabras, este momento lo resume todo.
El vídeo no tiene mucha calidad, lo que merece la pena es el sonido y nuestras caras.
Y por último, aunque más que un cambio es una consecuencia, pero que repercute de forma positiva a nivel mental, es el rato que encuentras para ti misma. Un tiempo para desconectar de rutinas y de trabajo, de las cosas de casa, para quemar la mala leche en un día malo, para recrearse en aquellos pensamientos de un día bueno; en mi caso, un rato a solas que me viene muy bien tras todo el día lidiando con las fieras 😉 Que no digo que no me dé pereza salir a correr a las 9 de la noche tras el intenso momento baños-cenas en mi casa pero, cuando acabo, me encuentro a gusto y me voy a la cama muy relajada. En resumen, empecé a correr por motivos puramente estéticos pero creo que, si sigo, es por estos otras razones. De no haberlas encontrado, me hubiera pasado como tantas veces, que hubiera abandonado. Sólo espero seguir encontrando la misma motivación durante muchos años.
No me imaginaba yo poniéndole humor a un momento así de mi vida, pero oye, dos horas corriendo dan para mucho. Cierto es que parte de la carrera la pasas pensando qué demonios hago aquí. Obvio, correr. Leches, estás ahí porque sabes que puedes y llevas tiempo preparándote para estar ahí. Pero claro, luego la gente te dice: disfrútala. Y oye, mi concepto de goce pasa más bien por estar tumbada bajo una palmera en una playa paradisíaca 😉 Pero en parte tienen razón, el camino es duro pero ya os lo digo: correr la media maratón ha sido una experiencia brutal, con lo bueno y lo malo. Vayamos por partes:
Momento salida: subidón total, nervios por doquier. Ahí, entre el barullo, piensas que hay otros tantos como tú, que no estás loca. Y te emocionas y todo. El animador de turno da la salida y eaaa, sálvese quien pueda, que estamos 2500 personas haciéndonos hueco. Menos mal que una es muy objetiva y ya directamente se puso a la cola. Que una no es tonta y sabía de sobra que iba a llegar entre los 100-200 últimos.
Momento fans: Cuando llega la primera cuesta, ésa que evitas a toda costa en tu ciudad hasta cuando vas andando, aparece entre la gente una de tus mejores amigas acompañada de su hermana y animándote a grito pelao. Y dos kilómetros después vuelven a aparecer, y van a tu lado gritando y corriendo como estos que se ven en la carreras de ciclistas, que sólo les falta empujar al corredor. Pues de ese estilo, dos máquinas, las mejores. Y luego ves a tu sobrino con tu cuñada, a tu vecina, a una ex compañera de trabajo, a tu madre, a otros conocidos y sinceramente, te emocionas. Y desde aquí, gracias a todas las que gritasteis mi nombre para animarme sin conocerme en persona, ¡fue increíble!
Momento Enrique Iglesias: Ya has hecho 10 kilómetros y, para tu sorpresa, en mejor tiempo del que los has hecho siempre. Pero enseguida, empiezas a flaquear porque mentalmente sabes que aún te queda la mitad más un kilómetro y eso hunde un poco. Ya te has cruzado, por el sentido contrario, con los que van primeros y piensas que son de otra galaxia. Aguantas un poco más pero llega otra cuesta y dices: saca ya la música que esto hay que levantarlo como sea y por aquí ya no hay ambiente. Y entonces te pones los cascos con la nueva canción de Enrique Iglesias (llamarme hortera si queréis) y la cosa se ve de otra manera. Os lo digo, resucita a un muerto 😉
Momento luz al final del túnel: Cuando ya has escuchado al hijo de la Preysler tres veces seguidas, más a Bon Jovi y alguna otra canción motivadora, te das cuenta de que ya llevas 15 kilómetros y empiezas a intuir esa luz que dicen que existe al final del túnel. Pues eso, como que parece que te sientes aliviada.
Momento maldito gps del móvil: No sé en qué momento decidí llevarme el móvil con la aplicación que uso habitualmente para correr (mala idea) pero se ve que el gps alguna vez no calcula bien y, cuando crees que solo te queda un kilómetro y medio, te das cuenta que tararí, que te quedan dos y medio. Y os digo una cosa, esto de correr es mental, un kilómetro arriba o abajo es mucho cuando piensas que estás llegando a meta. Os prometo que se me hizo muy duro.
Momento entrada a pista: Los últimos metros del recorrido fueron en pista y ahí, la gente te grita, te aplaude, te lleva en volandas. Y enseguida ves a la loca de tu amiga y su hermana, a tus padres, tus hijos, tu marido, tu hermano que ya acabó la carrera hace casi una hora (soy lenta, qué le vamos a hacer) y uffff, no hay palabras.
Esta es la cara que se te queda cuando ves a tu familia y estás a pocos metros de la meta. Foto de Carreras Asturias
Momento llegada a meta con tu hijo: Emoción máxima; correr los últimos 100 metros de la mano de tu hijo mayor, verle super contento, hablar con él y cruzar la meta (vídeo aquí), no sabría tampoco definir muy bien cómo es ese momento. Se mezcla el agotamiento físico con el descanso mental, la ilusión de conseguir algo que llevabas tiempo preparando, la alegría de estar con los tuyos… Muchas cosas.
Y hasta aquí mi aventura en mi primera media maratón. No sé si habrá segunda, ni lo he pensado ni tengo prisa, lo importante es seguir haciendo deporte. Lo que sí tengo claro es que éste es mi tope en cuanto a distancia así que no, no voy a correr una maratón, eso ya lo dejo para gente más preparada. Gracias a todos los que me habéis animado. Y gracias Albert Cabezas por sus planes de entrenamiento estas semanas antes de la carrera. Ha sido un placer vivir esto, por lo menos, una vez en la vida.
Sí, habéis leído bien. La vida tiene cosas con las que una no contaba. Nunca entró en mis planes vitales correr; menos aún, apuntarme a carreras. Y ni por asomo, la palabra media maratón entraba en mi cabeza, ni durante toda mi vida ni hace tan sólo un mes, cuando corrí mi primera 10k. Aquel día, cuando terminé, dije en varias ocasiones que ése era mi tope, que dar el salto a 21 kilómetros era imposible. Pero de repente, dos días después, cuando me puse las zapatillas de nuevo me pregunté: ¿realmente crees que no puedes correr más de 10 kilómetros? Y descubrí que podía.
Y es que uno nunca imagina lo lejos que puede llegar cuando se propone algo, es en el camino cuando vas viendo dónde están los límites. Hace sólo un año comencé a correr, creo que no aguanté ni veinte minutos. Y dentro de diez días estaré corriendo dos horas. Lo pienso y me asusto. De hecho, la idea de la media maratón entró en mi cabeza hace un mes pero no fue hasta hace una semana cuando me apunté, no sabía si sería capaz pero me inscribí con la idea que era lo más cerca que estaba en mi vida de hacer algo así. Ni siquiera hoy sé si seré capaz de terminarla, pero lo voy a intentar.
Con mi cuñada en junio del año pasado tras correr mi primera carrera, la de la Mujer
Así que en ésas estoy, entrenando desde hace unas semanas para correr la media de Gijón. Todo cuanto he conseguido es hacer 15 km. Me está ayudando Albert Cabezas (alcalotrainer), el marido de Sheila, otra mamá bloguera a la que conozco virtualmente. Es entrenador personal con más de 10 años de experiencia y me ayuda estas semanas a través de entrenamientos online; yo estaba empeñada en que debía intentar correr el máximo posible siempre, cada vez que salía a correr, pero, y por si alguien está preparando también una media, lo ideal es combinar distancias y ritmos, como por ejemplo:
Correr un día 15 kilómetros al ritmo habitual de tu cuerpo. Yo aquí intentaré hacer un poquito más para tener la seguridad (aunque sólo sea mental) de que podré acabar la carrera.
Correr otro día 5 kilómetros a ritmo habitual + 4 series de 500 metros a una velocidad un poco mayor a tu ritmo de carrera + 4 kilómetros de vuelta a la calma a ritmo cómodo + estiramientos.
Correr 10 kilómetros a ritmo cómodo con pequeños cambios de ritmo. Intentar correr 1 kilómetro a ritmo habitual y 1 kilómetro a un ritmo un poquitito más fuerte + estiramientos.
Ejercicios de fuerza, que es algo a lo que yo no estaba dedicando tiempo: sentadillas, tijeras estáticas, Jumping Jacks, flexiones en el suelo con rodillas apoyadas, plancha abdominal…
Ya veis, llevo un mes dando un poco más de “caña” a esto del deporte. Estoy tirando de mi padre para que se quede con el peque y poder salir a correr alguna mañana; otros días salgo ya a las 9 de la noche, cuando los peques están acostados. Pues éste es mi próximo reto, que me ha demostrado que somos capaces de hacer mucho más de lo que imaginamos así que… ¡a animarse con el deporte, chicas! Y disculpad si estos días no estoy respondiendo a todos los comentarios.
Renovarse o morir, dice el refrán. Reconozco que, aún viniendo yo del medio audiovisual, que es en el que más he trabajado, no me atrevía a dar este paso. Sencillamente, por falta de tiempo, no de ideas. Porque ponerme a grabar y después a editar imágenes supone más esfuerzo y más minutos, y os juro que no me sobran. Pero fue una marca, Thule, la que me empujó. Porque consideran que puedo ser imagen de vida activa con niños, y ya sabéis que nosotros no paramos. Y yo aún menos desde que me ha dado por el running. De hecho, mi primer vídeo en Youtube tiene mucho que ver con esta nueva faceta de mi vida. Porque os digo una cosa, este deporte ya es algo que forma parte de mí, no quiero que desaparezca. Tras correr el otro día mi primera 10K, me di cuenta de que ya no puedo abandonar y que voy a por más kilómetros. Ver veremos si me atrevo con una media maratón en breve, pero eso ya es otra historia.
Ya os conté en su día que empecé a correr porque quería recuperar la forma después de tres embarazos. Tras un intento fallido, por falta de tiempo, de hacer deporte en el gimnasio a los dos meses de dar a luz a Gabriel, encontré que correr era la fórmula perfecta para empezar a moverme, porque no dependía de horarios de aperturas o cierres ni de clases y no necesitaba mucho tiempo. Sólo tenía que bajar al portal de casa, correr y llegar de nuevo al portal, bien aprovechando visitas a casa de mis padres, o bien cuando acostáramos a los niños… Y así empezó la cosa, corriendo 20 minutos hace un año y, en este momento, más de una hora dándole a la zapatilla. Además, ahora, puedo ir en cualquier momento porque, a veces, me llevo al peque. Sí, habéis leído bien, siento a Gabriel en la silla Thule Urban Glide y a correr. También me reservo mis entrenamientos para mí solita, eh. Y ahora sí, no me enrollo y ahí me tenéis. Aunque no lo creáis, me da un poco de vergüenza pero… ¡qué demonios!
A ver, no os creáis que me he convertido en una especie de Jane Fonda de la vida; que si no soy especialmente glamurosa (que sí apañadina) a diario, menos lo voy a ser para dar brincos por ahí. Pero ojo, que cuando uno le va cogiendo el gusto a esto del deporte, también la indumentaria varía un poco, no tanto por la estética sino por cuestiones de calidad y comodidad. Y desde mi escasa experiencia, pero creo que a pesar de ser poca puede servir a otras, he de confesar que ahora me he «profesionalizado» un poco, pero sólo un poco. Es decir, que he pasado de unos leggins viejos de Stradivarius a unas mallas deportivas como Dios manda.
Pero vamos por partes. Si acabáis de empezar a correr o tenéis en mente comenzar a hacerlo, por favor, sólo hay una cosa en la que hay que invertir un poquito de dinero: los playeros o zapatillas. Y oye, que tampoco hay que gastarse un dineral, los que me regaló maridín son de Nike y costaron unos 40 euros en Forum. Y por el momento, estoy encantada. Y ya, como segunda cosa en la que gastar algo, pues un top para sujetar las ubres de forma adecuada. Yo en su momento cogí uno de Oysho. Y eso fue todo allá por abril de 2015. Lo demás, camisetas viejas, un impermeable que conservaba de mi época de azafata de imagen de Havanna (sí, yo dando regalitos por beber una copa cuando a mí sólo me gusta el Martini con limón), unos leggins y una sudadera vieja.
Básicamente, esta era mi indumentaria hasta enero de 2016. La foto es al finalizar la San Silvestre.
Pero claro, han pasado los meses desde que empecé y he corrido dos carreras (la de la Mujer y la San Silvestre) y eso es todo un hito en mi vida. Así que, ante la llegada de los Reyes Magos, lo tuve claro: ropa deportiva de verdad. Y cambié los leggins por unas mallas de Asics y, sin querer ponerme sibarita, ¡vaya diferencia! Es que claro, los primeros van cediendo mientras que las otras se ajustan super bien. Por no hablar de detalles como cremalleras en los tobillos, el tejido, un pequeño bolsillo en la parte superior del «culamen» para llevar las llaves de casa, el diseño… Vamos, no hay comparación que valga. Y oye, como que te motiva psicológicamente.
Look completoDetalle del bolsillo con cremalleraCinta para ajustarCamiseta de una carrera
Además, también me he deshecho del impermeable de Havanna porque los Reyes me trajeron un cortavientos (fijaos qué profesional todo 😉 ) de Adidas, en rosa. Que debe ser que como he tenido tres hermanos varones y tres hijos varones, necesito reivindicar mi espacio femenino. Después, en Primark, me compré una sudadera bien mona, también en rosa. De camisetas, voy tirando con las que dan en carreras y la que mi señora madre me ha cedido para que haga publicidad de su agencia de viajes. Y ya poco más que añadir al look, la verdad. He de decir que, si te lo tomas en serio, compensa dejarse un dinerillo en ir medianamente bien equipado. Las que corréis, ¿habéis invertido algo en indumentaria?
Venga, que no hace falta volverse loca para ir a correr con una pinta decente. Por cierto, todas las fotos las hice después de haber corrido 9 kilómetros, de ahí mi careto y pelos.
Éste título bien podría ser el de un post sobre la vida diaria de las madres porque, esto es así, vamos de un sitio para otro corriendo. Y más cuando tienes varios niños, que estás como en una yincana continua. Pero no, hoy no voy a hablar de maternidad sino de deporte, aunque acabaré relacionando una cosa con la otra, siempre me pasa. Os dije hace unos días que estaba barajando cambios en el blog así que, ya os adelanto que, desde este mismo momento, amplío contenidos. Que si alguna vez me apetece enseñaros dónde compro ésto o aquello, una crema que me gusta o cualquier truquillo, pues lo comparto, al igual que os muestro nuestras excursiones y siempre me decís que esos posts son útiles. Eso sí, no será el único cambio, habrá alguno más pero me llevará más tiempo porque quiero que quede bonito.
Y hoy, a lo que toca, porque va a ser un tema que me dé para algunos posts y los escribiré por si alguna madre más decide unirse a mi objetivo de 2016 (empezar fue reto en 2015, ahora toca mejorar). Nunca me ha gustado el deporte, ni en grupo ni en solitario, me pasa desde pequeña. A eso se suma que el cuerpo, con 20 años, lo aguanta todo; da igual que no te desmaquilles por la noche, que comas demasiado o que tomes el sol más de la cuenta. Pero la realidad es que no importa a esa edad pero todo pasa factura más tarde. Y más con tres embarazos a la espalda. Os conté en su momento que, consciente de que la tercera gestación me había regalado algún kilo (y dado que cerrar el pico para comer no es posible), hice un amago de volver al gimnasio a los dos meses de nacer Gabriel. Pero lo cierto es que no tenía tiempo así que decidí, como Forrest, empezar a correr por varias razones:
Mi primera carrera, en junio.
–Flexibilidad: puedo ir a cualquier hora del día, sin depender de horarios de clases ni de cierres o aperturas de gimnasios. Como madre dependo de que alguien esté con los niños pero… siempre es más fácil escaparse media hora de casa que un par de horas.
–No pierdo el tiempo: entre ir al gimnasio, asistir a la clase y volver, se me iban casi dos horas. Correr es tan fácil como ponerte las mallas y zapatillas, bajar al portal y eaaa, a darle a las piernas hasta que vuelves, de nuevo, a la puerta de tu casa. ¿Total? Treinta minutos.
–Es barato: siempre que no seas sibarita. Para empezar, tiré de leggins viejos y, eso sí, me compré unos playeros de Nike. Pero vamos, que creo que fueron 40 euros o menos.
Ya veis, como llevo 8 meses corriendo y ya corrí mi primera San Silvestre, los Reyes decidieron que era hora de mejorar el atuendo. Y el de mi madre, con ese super libro de Cristina Mitre, «Mujeres que corren», que voy a leer ya.
En junio me apunté a la Carrera de la Mujer, la primera de mi vida, y la terminé, que era lo que quería. Porque señores, yo soy muy lenta y no he salido a mi madre ni a mi hermano, que quedó el octavo (de más de 4000 participantes) en la San Silvestre de Gijón; yo sencillamente concluí dignamente. Pero en realidad, al correr no compito con nadie, solo conmigo. Y aunque empecé por cuestiones estéticas, es decir, para endurecer las carnes, hace tiempo que me di cuenta de que el running (os juro que me cuesta decir esta palabra) me sienta bien. Sí, perdí esos kilos y alguno más y eso se agradece pero además me hace sentir fuerte mentalmente sólo por el hecho de lograr un objetivo. Porque creí que no iba a durar y sigo. Y porque la pereza me puede cuando hace frío pero he conseguido cumplir dos días a la semana y ahora van a ser tres.
¿Mi próximo reto? Correr en marzo una 10k, lo que viene siendo una carrera de 10 kilómetros, que no quiero ponerme yo muy técnica ahora. Eso sí, ojo con el suelo pélvico que, oye, justo en eso y según mi matrona, es como si nunca hubiera parido y estoy divina de bajos fondos 😉 pero no es recomendable en según qué estado esté tras embarazos y partos. De todas formas, yo voy a hacer mis averiguaciones porque me dijo la matrona que hay un dispositivo que ayuda a proteger el suelo pélvico en los deportes de impacto. Vamos, que tengo más posts que escribir sobre el deporte relacionado con la maternidad y aquí lo compartiré por si algunas decidís que es un buen momento para empezar a mover el trasero, ¿alguien al otro lado? 😉
Y aquí seguimos, sin terminar de hacer nuestra lista de regalos a los Reyes Magos pero insistiendo un poquito a los niños en que lo mejor es incluir en nuestras peticiones cosas que duren, que sean prácticas y, si puede ser, que fomenten la imaginación o la actividad física. No es que tenga nada contra los juguetes, bien sabéis que en mi casa hay un montón y nos encantan. Sencillamente, creo que hay que dosificar precisamente para apreciarlos más. Y también por variar un poquito y de paso, para que duren mucho tiempo. Precisamente, uno de los regalos que los Reyes trajeron a Alfonso hace dos años, que sigue intacto y que además ahora ha heredado Rafa, es una bicicleta. A su vez, el mayor ha podido quedarse una que era de mi primo. Así que fijaos si es un regalo que cunde.
En general, creo que todos los regalos relacionados con el deporte son una excelente idea. Y los que tienen ruedas son un éxito asegurado, lo mismo da que sean niñas que niños. Y también da igual la edad, porque hoy en día hay tanto bicis sin pedales para niños que hace poco han empezado a caminar como bicicletas o patinetes para mayores. A esa lista puedes sumar motos, triciclos, correpasillos o patines, por ejemplo. Justo los patines fueron parte de mi infancia, hubo un par de años que los llevábamos hasta al colegio, era feliz ahí subida. Y veo a los peques, en casa de mis padres, con sus bicis, motos o patinetes y son la imagen de la alegría.
Porque además de divertirse, hacen ejercicio. El ciclismo, por ejemplo, potencia la velocidad y la agilidad e incrementa la coordinación y el equilibrio. Y como muchos deportes, mejora articulaciones, combate la obesidad, aumenta el calcio de los huesos, mejora el estado de ánimo. Así que todos son ventajas. Es más, yo estoy pensando en incorporar a mi bici (que lleva más de un año abandonada) una sillita homologada para llevar a Gabriel y animarme alguna mañana ir de paseo con él, que con lo de correr acabo con cierto dolor de espalda. En fin, ¿creéis vosotras también que estos regalos son una buena idea?, ¿tienen vuestros niños?
Coger la escobilla del váter, vaciar cajones de ropa, subirse a la báscula, meter objetos en la lavadora y pasarse minutos sentados frente a ella viendo cómo da vueltas, aparecer en el baño cuando estás en plena evacuación o en la ducha… Sí, señoras, el gateo abre un mundo de posibilidades a los bebés. Pasan de estar sentados, inamovibles, fijos, con esos juguetes que les vas dando para tenerlos entretenidos un rato, a seguir nuestros pasos allá por donde vamos. Y oye, que cogen una velocidad que ni Alonso. Vamos, ahora mismo, a Gabriel no hay objeto que se le resista.
Desaguisados que te lían en unos segundos.
La báscula y los números.
El gateo, a mí personalmente, me parece divertido. Cuando te das cuentas, notas en tus piernas a un pequeño ser que habías dejado en otra estancia de la casa que, como un cachorrito, te extiende los brazos para que le cojas. O le abandonas unos minutos por el suelo y te lo encuentras haciendo una de las suyas. Pero también me genera un poco de estrés, no sé dónde voy a encontrármelo. Y si le llamas en la búsqueda, no va a darte una respuesta, es lo que tiene que no hable con 10 meses 😉 Y ya no quiero ni contaros cuando hay varios hermanos; la tensión ahora mismo que siente mi hijo Alfonso jugando con algo de Lego estando su hermano pequeño cerca es peor que la de cualquier película de Hitchcock. Si no tenía bastante con Rafa, ahora se mete en medio el pequeño. ¡Con lo bien que estaba quietecito!, debe pensar el pobre.
Nunca dejes tu bolso a mano. Y si lo dejas en lo alto de una superficie, recuerda que la banda o cinta no cuelgue porque tirará de ella.
Pero el gateo tiene muchísimos beneficios. De hecho, cuanto más tiempo lo hagan, mejor. Olvidaos de cogerles con los brazos en alto para que den pasos, no hay prisa. Y ojo, que yo he sido la primera que lo he hecho porque ellos estiran las piernas cuando vas a dejarles en el suelo. Es bueno que gateen para la psicomotricidad, para los músuclos y articulaciones, para el equilibrio, para el desarrollo cerebral y hasta para la vista. Es curioso, en mi casa los tres han empezado a gatear a los 9 meses y medio así que confío en que Copito me de tregua y no camine hasta los 13 meses, como los otros 😉
Concentración máxima frente a la lavadora.
Ah, eso sí, dejan la ropa destrozada y sucia a más no poder. Y en verano acaban con las piernas que parecen recién salidos de la mina. Pero yo siempre les he dejado gatear por todas partes, hasta en el parque. Eso sí, esta vez he comprado en Tutete unas rodilleras de gateo, así evito tener que comprar leotardos cada día.
«Muy limpio»
Con las rodilleras
Me encanta esta etapa de los bebés aunque confieso que me vuelvo loca con un recién nacido. En cualquier caso, cada periodo tiene sus cosas fascinantes. Luego llegará el caminar y el hablar, sin haberme repuesto de las conversaciones de Rafa, ¡sálvese quien pueda!
Una cree que con tres niños en casa ya no le quedan demasiados descubrimientos que hacer en esto del cuidado de las criaturas. Y oye, pienso que tirando de sentido común, no he metido la pata en nada importante, por ahora. Luego el tiempo me irá diciendo en qué me he equivocado y en qué he acertado. El caso es que este fin de semana tuve la suerte de que me invitaran, junto a otras 20 blogueras de toda España, a un viaje a Granada para conocer de primera mano el informe «La leche como vehículo de salud en la población«, impulsado por la Fundación Española de Nutrición (FEN) y la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y apoyado por Puleva. No hablamos de marcas ni de productos en particular y, sin embargo, charlamos, y mucho, sobre salud y hábitos alimenticios de los niños. Y éstas son las cuestiones que más llamaron mi atención:
–La vitamina D es fundamental: sí, ésas gotas que nos recomienda el pediatra para los menores de 12 meses. Las mismas que se me olvida muchos días darle a Gabriel y que, por supuesto, ya no se me volverán a olvidar. Cada vez hay más estudios que demuestran sus beneficios y, a veces, algunas personas ponen en duda que sean necesarias en sitios donde hace sol.
–El déficit de hierro afecta al desarrollo cerebral: Yo siempre supe de la importancia del hierro y lo tengo muy en cuenta en la alimentación de todos pero claro, saber que el cerebro de un niño alcanza el 50% de su tamaño durante los 3 primeros años de vida, me ha resultado un dato lo suficientemente relevante como para que lo debamos tener en cuenta.
–Un desayuno perfecto: ésa fue una de las preguntas que planteé yo. Y la respuesta fue contundente: lácteo+cereales+fruta. Me he dado cuenta de que he cumplido siempre (desde que empiezan con la alimentación complementaria) los dos primeros puntos pero no el de la fruta. Siempre incluyo una pieza en la merienda, eso mis peques saben que es lo primero, pero no lo hago en el desayuno así que a ver si me animo con los zumos naturales.
Y éste es mi careto haciendo preguntas, con la única bloguera que conocía en persona (Mamá Gnomo) al lado y con la que tengo muchas cosas en común: somos de la misma quinta, madres de tres (ella niñas) y periodistas.
–La leche siempre entera: ésta es otra de las cuestiones que pregunté yo, al escuchar muchas teorías sobre si deben dejar de tomarla a una edad o sustituirla por semi. La leche siempre es necesaria y a los niños, e incluso adultos, se recomienda que la tomen entera salvo casos de sobrepeso. Si un niño está por encima de un peso saludable, hay que mirar qué otras cosas consume (grasas, azúcares) pero no necesariamente hay que cambiar a leches semidesnatadas. Por cierto, quien dice leche, dice lácteos. Lo digo porque a esta servidora no le gusta la leche pero consumo varios lácteos al día.
–Saltar a la comba al sol: siiiiiii, habéis leído bien. Un ejercicio como saltar a la comba (espero que dar patadas a un balón sirva también) a la luz del sol mejora la salud ósea. Cruzo los dedos para que los primeros 12-13 años de vida cuenten mucho, que luego tuve una edad en la que me volví muy vaga para eso…
Pues estos son algunos de los aspectos que más me llamaron la atención de la exposición del profesor Ángel Gil, Catedrático de Bioquímica y Bilogía Molecular y Presidente de FINUT, y de nuestra genial charla con los doctores José Maldonado (Profesor del Departamento de Pediatría de la facultad de Medicina de la Universidad de Granada) y Víctor Navas López (Unidad de Gastroenterología y Nutrición Infantil en el Hospital Materno-Infantil de Málaga y Miembro de la Asociación Española de Pediatría). Desde luego, os aseguro que salieron un montón de cuestiones más relacionadas con la nutrición y salud de los peques. ¿Os ha llamado la atención alguna de las cosas que he mencionado? Y mañana os cuento qué pasa cuándo dejas a tu marido un fin de semana completo a cargo de tres niños 😉
Tras escribir la semana pasada un post sobre ciertos cambios en la alimentación por aquello de recuperar el tipín (en la medida de lo posible, no esperéis milagros), hoy toca hablar de deporte. Cuando empecé a ir al gimnasio en el último trimestre del tercer embarazo tenía claro que, en cuanto naciese el peque, no volvería. Básicamente porque no tendría con quién dejar al bebé. Vale, y porque soy de las que abandono en cuanto tengo una excusa (aunque en este caso fuese algo más que una disculpa 😉 ). No, no me gusta en general hacer deporte pero reconozco que las clases de zumba me engancharon. Tanto que estuve bailando y saltando hasta la misma semana que di a luz. Y tanto, que conseguí que mi padre se quedase con el bebé una vez pasó la cuarentena y así continuar con esa racha «deportiva» de mi vida.
Con mi barriguilla de 8 meses levantando pesas.
Lo primero que os digo es que hay que olvidarse del ejercicio hasta que vuestra matrona o ginecólogo hagan la revisión pertinente una vez transcurridas las 5-6 semanas desde el parto. Así que, hasta entonces, a dar paseos. Y después, hay que elegir el ejercicio en función del estado de vuestro suelo pélvico. Yo pude volver a zumba porque en mi caso estaba intacto. Pero sé, por lo que cuentan otras mamás en las clases de hipopresivos (que justo terminan hoy en el Centro de Salud) que, con un solo parto, han tenido o tienen muchos problemas así que hay que descartar los deportes de impacto (baile, correr…). Y si decides hacer ese tipo de ejercicios, recomiendo compaginarlos con los abdominales hipopresivos. Además, según me explicó la matrona, existe un dispositivo, a modo de amortiguador, que se introduce en la vagina como un tampón y protege el periné durante la práctica de deportes de impacto. Pero no os puedo dar mi opinión porque no lo he probado.
Dicho esto, os cuento que yo abandoné el zumba dos meses después de retomarlo, es decir, cuando Copito de Nieve aún no tenía ni cuatro meses. Para una mamá reciente, el tiempo es oro. Dar una toma de pecho, vestir al bebé, llevarle a casa de mis padres y después ir al gimnasio a las diez de la mañana era una carrera contrarreloj y llegaba a las clases sudando la gota gorda. Y además, perdía la mañana entera así que me pasé al «running» (para mí sigue siendo footing 😉 ) Es cómodo porque empiezas en la puerta de casa y terminas en el mismo sitio, así que el tiempo que «pierdes» es el que corres; yo dedico media hora dos días a la semana, además no dependes de horarios de ningún tipo. Empecé hace mes y medio y para que veáis que estoy concienciada con esto de que las carnes fofas vuelvan a su sitio, me he apuntado a la Carrera de la Mujer. Mi único objetivo es terminarla. Admito sugerencias sobre playeros, tengo que hacer nueva adquisición.
He aquí la prueba de que voy en serio, por lo menos los próximos meses.
Y tras cuidar la alimentación y hacer deporte, que son dos cosas que cuestan lo suyo, siempre viene bien un apoyo. Si durante el embarazo, muchas os cuidasteis con cremas para evitar las estrías y os preocupasteis por tener la piel hidratada, después de dar a luz no debemos abandonar el hábito. Yo ahora mismo estoy usando la reestructurante corporal de Mustela para reafirmar los tejidos. En esta etapa es mucho mejor que cualquier anticelulítico y además es compatible con la lactancia. La verdad es que me gusta mucho por su olor y porque, 24 horas después de usarla, la piel está como si acabaras de echarte la crema, una gozada. Ya sabéis lo que opino de los cosméticos, son una ayuda pero no hacen milagros.
Y por ahora esto es todo en cuanto a cuidados, que ya es mucho teniendo en cuenta que me rodean tres fierecillas (bueno va, el pequeño es un santo), un marido que saca la Nocilla como postre en las cenas y que me acuesto a las mil para escribir un blog y otros trabajillos varios. Pero que digo yo que ¡se puede! Y vosotras, ¿os animáis?
Iba a escribir un único post sobre este asunto pero he decidido dividir la materia en dos partes porque veo que da para mucho. Aviso a navegantes, que nadie se me lance a la yugular, que no sé qué demonios le pasa a la gente por estos mundos 2.0 que, a la mínima, te quieren cortar el cuello. Lo digo porque, hace unas semanas, una bloguera con varios hijos y de viente plano, animaba a las madres a hacer deporte y alimentarse bien para estar en forma. A la pobre mujer le empezaron a llover críticas por todos lados diciendo que si ella no tenía un doctorado, que si era mala madre…
Desde mi punto de vista, algo desmesurado. Primero, porque es una bloguera con contenidos relacionados con el fitness así que, si la sigues, ya sabes lo que hay. Segundo, porque para ella será importante y encontrará tiempo de donde haga falta para estar en forma; otras, aunque tuviésemos todo el tiempo del mundo, no haríamos deporte a diario ni de coña. Y tercero, porque tendrá fuerza de voluntad para comer sano y eso creo que no es algo criticable sino lo contrario. Así que, por favor, relájense todos. La muchacha nos vende un buen cuerpo con esfuerzo, no es la Preysler vendiendo cremas.
Ahí la tenéis. Buena genética, sesiones de gimnasio y comida sana.
Cuidarse tras ser madre es igual de bueno que hacerlo antes, lo que pasa que, cuando una es joven y lozana y sus carnes está medianamente prietas, pues como que lo de cuidarse lo deja para otro ciclo vital. Pero cuando la gravedad empieza a hacer de las suyas, ya vas pensando que quizás hay que darle una ayudita al body para que la cosa no vaya a más. Y claro, los embarazos son un factor de riesgo para esto de mantener la «gravitación» a raya. Y ¡ojo! que aquí servidora se las prometía muy felices porque, después de dos embarazos, las consecuencias habían sido pequeñas. Pero todo lo bueno tiene su fin y la tercera preñez hizo estragos a pesar del zumba hasta la semana del parto. Tres meses después de dar a luz a Copito de Nieve yo seguía ahí con mis kilillos de regalo y la masa corporal floja, inconsistente. Y me dije a mí misma que era el momento de cambiar hábitos. Lo ideal es hacerlo por salud pero claro, si estás como una rosa pasa lo de siempre, lo dejas para otra década de la vida. Empezar por estética no me parece mal plan.
Así que me puse a ello. Nada de dietas, vamos ¡lo que me faltaba! Si algo he aprendido es que, cuando suprimes cualquier cosa de forma radical, acabas «cayendo» con todo el equipo y a lo bestia. Pero asumí que no se puede comer todos los días determinadas cosas como donuts, galletas, palmeras de chocolate o atacar el bote de Nocilla. Así que, entre semana, intento sustituir lo dulce por frutas, yogures o tortitas de avena. Hay veces que, con el ritmo que llevo, el cuerpo pide más y no puedo renunciar al sabor de algo azucarado. Así que tomo dos o tres galletas caseras ecológicas Paul and Pippa y me quito el «mono». Las hay saladas por si vuestro problema es que asaltáis más este tipo de comida. Para mí, han sido todo un descubrimiento, tienen menos calorías al estar hechas con harina de espelta en vez de harina de trigo.
Otra de las cosas que hice fue añadir un zumo natural a mis desayunos en lugar de zumos de tetra-brick, que suelen tener bastante azúcar. Por supuesto, hago cenas ligeras, lo cual no me cuesta porque lo he hecho casi toda la vida. Y esto es lo que me anima a cambiar algunas rutinas: saber que, en el momento en que algo se convierte en hábito, ya no cuesta tanto. Llevo algo más de un mes cuidándome y, sin ser grandes cambios ni prohibiéndome nada, ya por fin he perdido lo que me sobraba.
En la segunda entrega, la próxima semana, me centro en el deporte tras el postparto, donde también soy mujer de idas y venidas porque reconozco abiertamente que no me gusta. Pero claro, volvemos a lo de siempre: ya no es sólo cuestión de peso sino de gravedad, por lo que la alimentación no basta. Tendré en cuenta el cuidado del suelo pélvico que ya sabéis que ando yo fascinada con este tema. ¿Os cuidáis más o menos desde que sois madres?
Tengo una relación de amor-odio con el deporte. Bueno, más bien de lo segundo; esto es culpa de los genes de mi madre porque, en mi familia, mi padre ha hecho y hace ejercicio a diario, y no hace mucho que seguía jugando partidos de fútbol sin importarle sus operaciones de menisco. Y para más inri, mis hermanos se dedican a apuntarse a todas las carreras y triatlones que pueden. Mientras tanto, mi madre dice que tiene que hacer ejercicio pero resulta que le parece incómodo el sillín de la bici 😉 Y así soy yo, que enseguida busco una excusa para no mover el trasero.
Tengo momentos en los que me mentalizo y soy consciente de la importancia del ejercicio; el caso es que si esa reflexión me pilla en un momento en que tengo algo de tiempo, me lanzo y me apunto a un gimnasio o salgo a correr; lo malo es que, de media, esas venas me duran a mí tres meses, y da gracias. ¿Qué pasó por mi mente en septiembre cuando, después de 4 años pegada a uno o dos niños, vi que tenía dos meses con las mañanitas para mí sola? Pues blanco y en botella: deporte. Eso sí, como admito que apuntarse al gimnasio el último trimestre de embarazo no es lo habitual, me inscribí en uno con piscina y con clases de todo tipo con la idea de nadar e ir a Pilates.
Y así empecé septiembre, suavecito, con mis clases de aqua gym, que son estupendas gracias a la ingravidez. A la vez, me animé con Pilates, que dicen que es muy bueno para las embarazadas. Y con la ventaja de que te pasas parte de la clase tumbada, aunque no quiere decir que no sudes. Probé la clase de yoga: error. Una madre de dos niños pequeños y embarazada es carne de cañón y corre el riesgo de quedarse dormida en plena relajación. Además, la flexibilidad no es mi fuerte. Qué va, yo necesito un poco de marcha para no acabar abandonando.
Descarté al principio el tema zumba pero cada vez que veía una clase moría por entrar a bailar. Y oye, vi que allí se adentraba una señora de unos 80 años, de la que me declaro fan absoluta, y me dije: inténtalo, tiempo tienes para salir de la sala. Y entré, y ahora ya no salgo. A mí es que bailar es lo que me ha gustado toda la vida, y claro, me pones merengue, salsa y reggeaton y se me van los pies solos.
Ni a Shakira le sale el giro estando embarazada 😉
Así que ahí estoy, dándole al baile. Eso sí, no hay nada con menos glamour que una embarazada haciendo un giro de caderas 😉 Y como os podéis imaginar, el embarazo es motivo de preguntas varias de las allí presentes. Esta semana ya estoy bajando el ritmo porque el cuerpo lo va pidiendo; si ya digo yo que no hay nada como las señales de tu propio organismo. El ejercicio es buenísimo durante el embarazo siempre que no haya contraindicaciones médicas. Y vosotras, ¿practicabais algún deporte durante la gestación?
La semana pasada vi a través de Facebook un cartel en el que aparecían juntas las palabras ejercicio y bebés. Me tuve que parar a leer detenidamente porque no daba crédito. Después me entraron dudas y pensé: ¿se considera bebé a un niño que camina? Este asunto nos puede dar para debatir en otro post pero hoy me centro en lo del ejercicio. El caso es que escribí a un mail que venía en el cartel y me dijeron que se podía ir a clases con niños de hasta 4 años. Vamos, podría ir con los dos churumbeles si quisiera, aunque desde luego, no es mi intención.
Ya sabéis que yo para esto de hacer deporte he nacido vaga, juro que he hecho mis intentos pero la pereza y el aburrimiento pueden conmigo; desde que empezó 2014 salgo algún día a correr cuando los niños se acuestan pero, para qué engañaros, no soy nada constante y sólo estamos en febrero así que, a este paso, mi propósito de año nuevo va a durar lo mismo que un caramelo en un colegio. El caso es que ayer probé una clase gratuita de Mamifit, por aquello de que soy perfectamente consciente de que hacer deporte es sano y además mi trasero seguro que lo agradece.
Mirad la cara de susto de Rafa. Y yo sin comentarios porque el tema chándal lo encuentro muy poco favorecedor.
Y ahora me centro en la experiencia de la clase de ayer. Estábamos seis madres con seis niños, tres de ellos eran mayores, los otros dos más o menos de la edad de Rafa. El peque en su línea, si no conoce a la gente, se pega a mis piernas y no echa ni media sonrisa, éste nos ha salido vergonzoso, lo cual me sorprende teniendo en cuenta que la timidez no es precisamente lo que nos caracteriza a sus progenitores. Es más, durante algunos minutos de la clase el resto de niños socializaron un poco, Rafa pasaba “tres pueblos”. Eso sí, más pancho y tranquilo que ninguno, sentado cerca de mí, con cara de asombro mientras las madres nos movíamos y más alucinado aún cuando le cogía para hacer alguno de los ejercicios.
Imaginaos la cara de Rafa en este momento. La mía tampoco tiene desperdicio.
Luego está el momento en que tienes que hacer algún ejercicio de brazos con el crío. Como algunos andaban por ahí entretenidos, Rafa incluido, cambiamos niños por mancuernas. Sinceramente, mucho mejor un par de kilos que mover los brazos con los doce kilazos de Rafa. La verdad es que la clase estuvo bastante bien pero es sólo un día a la semana y me parece poco si de verdad quieres mejorar tu forma física. Y a vosotras, ¿qué os parece la idea?, ¿hacéis algo de deporte desde que sois madres?
Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.