Para Rafa hoy es su último día de guardería. Una etapa que comenzó con llantos y que coincidió con la época de las rabietas, semanas antes de cumplir los dos años. Acaba con el mismo carácter fuerte de entonces (seguramente el que le acompañe toda su vida) pero lo hace muy feliz y más autónomo. Pero hoy no me voy a centrar en cómo ha cambiado Rafa sino en su escuela infantil. El mediano no ha ido a la misma guardería que su hermano mayor, no porque no estuviese contenta sino porque, en la de Alfonso, los plazos de inscripción son limitados al ser una escuela infantil municipal y, cuando supe que estaba embarazada del tercero, ya era tarde para apuntarle. Pero el caso es que me alegro. Lo digo con sinceridad, estaba contenta con la guardería de Alfonso… hasta que comparé. Aquí va una lista de cosas por las que, si algún día decido llevar a Gabriel, lo haré a la de su hermano mediano:
Cuaderno final con DVD incluido.
1. Flexibilidad: Habrá quien opine que una guardería debe tener un horario igual para todos; yo creo que, a esas edades, se debe ajustar a los ritmos de los padres y de los niños. Y si los padres quieren que la criatura vaya dos horas al día, o necesitan que sean 8 horas, pues lo suyo es que la escuela permita ese amoldamiento. En la de Alfonso, quizás por ser una institución municipal, había que recogerles a una hora exacta (de media o jornada completa).
2. Familiaridad: Yo soy de las que piensa que, cuantos menos niños, mejor; así podrán recibir una atención más personalizada. He visto varias guarderías estos años y en una me quedé sorprendida por la cantidad de críos que había en un solo aula. No fue el caso de la de Alfonso aunque en la de Rafa son muchos menos y hasta la cocinera (fan absoluta del tragaldabas de mi hijo) se disfraza y juega con ellos. Que te envíen fotos y vídeos por Whatsapp es algo que sólo se puede hacer si no hay muchos peques. De verdad, yo agradezco la cercanía y poder escribir a la profe o a la directora en cualquier momento.
3.Actividades: Cada viernes nos han ido entregando la cartilla en la que la profesora nos escribía las cosas que habían hecho durante la semana y las que harían la siguiente para que, en caso de que fuera necesario, llevásemos material. Ojo, que en la guardería de Alfonso se hacían muchas cosas pero en la de Rafa ha sido increíble, os juro que yo no he visto un niño que se sepa más canciones, que se haya disfrazado tanto y que conozca a Mozart. Y a eso sumad alguna clase de yoga, de masaje y la posibilidad de que les lleven a natación un día a la semana. Y por supuesto, salidas al parque, excursión con los padres, visita a una casa de aldea con animales… Y por poner, talleres de masaje infantil y Reanimación Cardiopulmonar para los padres.
4. Montessori: Yo no sabía de este método hasta hace poco pero creo que es muy interesante ya que se pone el énfasis en la actividad dirigida del niño. Me quedo con uno de los principios de este método: «Concéntrate en el desarrollo de lo bueno del niño de tal manera que sencillamente no quede lugar para lo malo». Qué difícil es llevar a cabo esto. Lo que sí puedo decir es que Rafa es bastante autónomo y, como quiera hacer algo, «apaga y vámonos».
5. Adaptación: el período de adaptación lo marcas tú, aunque ellas son las primeras que te van recomendando sobre la marcha, en función de cómo ven al peque. Es más, el primer día de Rafa, que fueron dos horas, me dijeron que se quedase también Alfonso, que aún no había empezado el cole. Recuerdo que en la guardería del mayor, el tiempo estaba super marcado: la primera semana, tantas horas; la segunda, otras tantas..y así, hasta un mes. Y no todo el mundo puede permitirse una adaptación tan larga ni todos los niños la necesitan. Los hay que van felices ya los primeros días.
6. Comida: las dos guarderías, y aquí en Gijón todas las que he ido a ver (en torno a seis), tienen cocina propia. En la de Rafa, además, les dan de merendar.
7. Transporte: una de las cosas por las que había descartado la guardería de Rafa en su momento es porque no está en mi zona. Y claro, imaginaos todos los días sacar el coche para recoger al mayor en el cole (obviamente sacando al bebé del automóvil) en zona urbana a tope de coches, para montarlos a los dos (sí, ya sabéis el coñazo que es colocarlos a cada uno en su silla) y recoger al tercero. Pero resulta que, por una amiga, me enteré que tenían furgoneta que se adapta un poco, en función también de otros niños, a horarios y zonas. Y es que además, con transporte incluido, el jardín de infancia me salía mejor de precio que la mayoría de guarderías que miré. Obviamente eso es lo de menos si el niño está contento y bien atendido.
Los últimos dos puntos no son, ni mucho menos, los más importantes, pero suman, claro. En lo que sí gana por goleada la guardería de Alfonso a la de Rafa es en instalaciones. Es un edificio que se construyó hace 6 años para lo que es y, por tanto, no hay ni un sólo escalón, las aulas son acristaladas… vamos, bonita y funcional a rabiar. Insisto, yo estaba contenta con la del mayor y la recomiendo, y además a su profe la conocía de toda la vida y es encantadora. Pero creo que, en ese centro, por lo que os dije de que es municipal, se rigen por unas normas y de ahí no se salen. Y al igual que creo que son necesarias en un colegio, para mí las guarderías son otra cosa así que, si tengo que llevar a Gabriel, lo tengo claro, irá a la del mediano. Gracias Sonia. Y vosotras, ¿estáis contentas con vuestra elección?
Yo no sé si es porque me crié entre chicos, y no precisamente tranquilos, o porque en el norte no desaprovechamos un rayo de sol, pero es que me niego a encerrarme entre paredes con este clima veraniego que tenemos. Y es que, con la tontería, llevamos de regalo otro mes de veranillo así que dejamos talleres, manualidades, cocina y demás historias para los días de lluvia. Por ahora, a seguir quemando energía al aire libre, que además a mis hijos les vienen de lujo.
Para las asturianas, sobre todo para las de Gijón, os dejo una recomendación (creo que hice mención en un post hace ya bastante tiempo) y es un merendero en el que se come genial, con más variedad de comida que en los habituales; se llama El Camín del Agua y tienen camas elásticas, futbolines, columpios y arenero; sólo se echan en falta unas porterías. Sé que la época de merenderos se acabará en breve (este clima no creo que dure ya muchas más semanas) pero os dejo la sugerencia por si acaso, que dice mi madre, que se casó un 27 de noviembre, que ese otoño pudieron comer todos los fines de semana al aire libre hasta el día de su boda, ¡y ojo con lo que dicen las madres! 😉
Y ya de paso, aunque este plan no tenga nada que ver con niños pero seguro que más de una lo agradece, os dejo otra recomendación para ir en pareja o con amigos: un restaurante mejicano que se llama Hacienda Marmolejo. Que conste que ya lo conocíamos pero hacía más de tres años que no íbamos, cuando estaba en otra zona de Gijón. Si os gusta la comida mejicana, totalmente aconsejable aunque es una pena que ya no esté amenizado por el cante de un auténtico azteca 😉 Y nosotros aprovechamos para nuestra última cena de pareja antes de dar a luz. Mis padres se van ahora de viaje un par de semanas y, a la vuelta, empezará mi cuenta atrás así que se ofrecieron para quedarse con los peques y no era plan de decirles que no, más cuando los peques se quedan encantados.
¿La próxima vez que salgamos de cena en pareja? Pregunta sin respuesta 😉 ¡Viva Méjico!
Y bueno, ¿qué deciros del domingo con el cambio de hora? Que fue más largo que un día sin pan, a a la una de la tarde estaba deseando dar de comer a Rafa para que durmiera la siesta porque estaba insufrible… Y aún con siesta, vaya tardecita que nos dio; sólo se relajó cuando hicimos una merienda familiar para celebrar su cumpleaños. En fin, estos críos dejan agotado a cualquiera. ¿Qué planes hacéis con buen tiempo?, ¿ideas?
Soplando la vela con los abuelos, Alfonso y el primo Jorge.
La semana pasada, en el post en el que os contaba cómo nos organizamos para ir a la playa con los peques, prometí ir escribiendo acerca de las playas a las que vayamos yendo este verano por si os sirve de ayuda para decidir ir, o lo contrario. No esperéis unos posts muy profesionales, me centraré en lo que es cómodo o no con niños, en si les gustó o no… vamos, lo que interesa a los padres.
Empiezo por playa España, está a 15 kilómetros de Gijón, vamos, se puede decir que cerquita; sin embargo, yo no iba desde pequeña y ya ni me acordaba. Calculo que mide unos 200 metros y tiene un río (casi riachuelo a esas alturas) que llega hasta el mar. Es de arena fina pero también hay zonas con piedras, como la del río. En Asturias, no suele haber chiringuitos en la arena, de hecho hay playas en las que no hay cerca un sitio donde tomar algo. En esta playa, fuera del arenal, tenéis un par de bares con menús, platos combinados, bocadillos… En cuanto al aparcamiento, poca cosa, allí cada uno se busca la vida como puede.
Hay una cosa que tenéis que tener en cuenta en el norte: las mareas. Cuando está baja, las playas doblan su espacio, así que de la arena seca al mar hay una caminata 😉
Seguimos con otra playa que está aún más cerca de Gijón, de hecho, está en el concejo de Gijón pero no en la ciudad. Es la playa de Estaño, es muy espectacular, mide unos 300 metros aunque hay una zona que no se utiliza ya que cuando sube la marea queda cubierta por el mar y, cuando baja, como es lógico, queda la arena húmeda. Es importante que sepáis que no es arena fina sino que está compuesta por piedrecitas pequeñas. ¿Qué significa esto? Que no se pueden hacer cosas tales como un castillo de arena, jugar a las palas o al fútbol… y que si tienes un bebé, puede que se meta alguna piedra por algún sitio inadecuado como hizo Rafa el verano pasado, que acabó con una piedra en la nariz aunque con decirle un par de veces que no se comía ni nada por el estilo, el verano pasado nos bastó y no hubo más incidentes.
Aquí podéis ver que es espectacular pero, desde el aparcamiento, hay que bajar una cuesta andando, y luego subirla,jaja… Cuando baja la marea, la zona que veis con rocas, es un aliciente para niños mayores, van a pescar, a bucear, hay piscinas naturales…
Aquí unos «tiquismiquis»: a Rafa no le gustó nada que la playa fuera de piedrecitas así que, este año, iremos más a playas de arena fina.
Y por último, me voy a la playa de San Lorenzo. Vale, ya sé que todas las asturianas la conocéis pero escribo el blog para gente de muchos sitios y si nos hacen una visita, mejor que estén informados. Es la playa que está en el centro de Gijón, lo que supone que llegas andando desde casi cualquier lado y sales de la playa y tienes pizzerías, sidrerías, heladerías, hamburgueserías…de todo.
Mide casi dos kilómetros y es de arena fina, aunque en los últimos años se ha estropeado bastante, no sólo por los temporales marítimos tan gordos sino por la construcción de un dique en el puerto que hizo desaparecer mucha arena, aunque algunos expertos intenten convencernos de lo contrario. ¿Qué ventajas tiene para los niños? Cuando baja la marea se forman pequeños charcos y ese agua está a mejor temperatura que la del mar así que puedes tener a los peques en remojo tres horas. Y hay muchísimo espacio para jugar a palas, fútbol… Eso sí, cuando sube la marea, en pleno verano (Gijón duplica su población) estamos como sardinas en lata.
No los hay más empadrados que estos dos… y qué descanso para mí!
Y ahí está todo el espacio que hay cuando baja la marea.
Y creo que no se me pasa nada a tener en cuenta con los peques en estas playas, si a alguien más se le ocurre, que deje un comentario. Y por supuesto, acepto recomendaciones de playas. Ya por este post está bien de arena, seguiremos mientras el tiempo nos lo permita, como ya dije ayer, en los últimos días sólo llovió la tarde de la fiesta de fin de curso.
Tenían razón mis padres: en cuanto faltaba alguno de sus cuatro hijos, aquello no era lo mismo. Es como si a Zipi le quitas a Zape, la historia pierde fuerza. Si falta una pieza en un mecanismo, no funciona de la misma manera. Eso sí, a los padres les das un respiro. En cualquier caso, estoy segura de que mi ausencia se notaba menos que la de mis hermanos, sencillamente porque ellos eran más gamberros 😉 El caso es que el sábado Alfonso tuvo un cumple de una compañera de clase así que maridín y yo pasamos una tarde solos con Rafa.
Aunque nuestro primogénito es un niño bastante bueno, el simple hecho de tener que estar pendientes sólo de un niño en lugar de dos, ya es extraño, vamos, que está «chupao». Y no me entendáis mal las que tenéis sólo un niño; es que una vez que estás acostumbrada a dos, tener que encargarte sólo de uno resulta hasta sencillo, eso sí, cualquiera que tenga cuatro me dirá que tener dos es facilísimo.
Tener sólo un hijo al que perseguir, eso es tranquilidad 😉
Y ya sé que esta foto aporta poco a un blog de maternidad pero… ¿cuántas veces te sale una foto así?
Bueno, pues como Alfonso tenía cumple, este fin de semana no salimos de Gijón. Y como aún no hemos conseguido apuntar a la criatura a un curso de natación porque nunca sobran plazas, nos llevamos a los gordis a una piscina municipal por nuestra cuenta. Nos hemos dado cuenta que, desde el verano, ha habido un pequeño retroceso que espero solventemos en cuanto se metan en la piscina unas cuantas veces más. Uno porque no se atrevió a lanzarse al agua desde el bordillo cuando en verano no tenía problema. El otro porque ahora no quiere que le metamos en el agua, sólo quiere estar en zona donde pueda sentar su trasero y chiscar (salpicar).
Mucho mirar con ganas pero vaya par de miedosos tengo en casa.
Y como no podemos estar quietos, después de la piscina nos fuimos a comer de merendero. Me imagino que, si aquí en el norte hemos tenido un fin de semana casi veraniego, en el resto de España, más de los mismo. Como el plan del merendero va a ser muy frecuente esta primavera-verano, os iré contando los que vamos viendo, que yo sé que muchas de las que vivís en Gijón tomáis nota. El sábado descubrimos el Camín del Agua, tienen bastantes cosas para los niños y se come muy bien, quizás mejor que en muchos otros merenderos que conocemos. Y de precio igual, vamos, barato.
Me imagino que ya sabéis quién cayó rendido después de piscina, comida fuera de casa y tarde de cumpleaños con sus amigos. Eso sí, los demás también caímos desplomados. Si es que no paramos, y menos cuando sale el sol. Se lo decía hoy a maridín, ¿pero qué hacíamos los fines de semana cuando no teníamos hijos? 😉 Y vosotras, ¿desde que sois madres no hacéis el doble de planes? o al revés, ¿pasáis más tiempo en casa?
Confieso que, en los últimos años, me importaba poco si llovía o no en Carnaval porque lo de disfrazarme hace tiempo que dejó de parecerme divertido aunque, con esto de ser madre, nunca se sabe si algún día volveré por antiguos derroteros. Y es que hubo un tiempo en que disfrazarme me parecía de lo más entretenido y era capaz de enmascararme varios días seguidos. Aclaro que en Gijón siempre ha sido fiesta el martes de Carnaval, lo que implica estar sin cole cuatro días.
Oye, pero no falla. Aunque hayamos estado a veinte grados unos días antes, el Carnaval siempre va acompañado de lluvia o frío. Y este año ha sido más que lluvia, hemos tenido aguacero pero además a lo grande, por todos lados… vamos, hasta el mar nos ha invadido. Comparto este vídeo para que os hagáis una idea.
El caso es que nosotros, como buenos padres, pusimos empeño, que por lo visto es lo que cuenta. A las seis de la tarde del lunes caía «la del calamar» y decidimos no ir al desfile de carrozas. Media hora después vimos unos claros en el cielo y rápidamente disfracé a los niños. Pero en eso se quedó nuestro Carnaval, en un intento frustrado. Minutos más tarde, se suspendía el desfile y en casa tenía a un pirata, un pingüino y a Pooh. El pirata era maridín.
Menos mal que con el asunto de los disfraces no me complico demasiado, como bien podéis ver en la foto. Hace una semana fui con Alfonso a casa de mi tía, que tiene niños y armarios (este punto es importante), y allí desplegamos el arsenal de disfraces que guarda. Yo lo vi claro, un precioso traje de caballero con su maravillosa capa y un escudo con cruz caballeresca pero… ¡nada! El crío vio ese disfraz de Winnie the Pooh, más parecido al Chapulin Colorado o a un Teletubbie, y lo tuvo cristalino. Y de esa guisa fue al cole el viernes (tenían fiesta con churros y chocolate) mientras otros iban de Spiderman o Hulk. Ya os lo digo, estará en todos los fregaos pero a cándido e ingenuo no le gana nadie.
Y poco más que contar de un fin de semana lluvioso y desapacible. Caí en la garras de un centro comercial pero es que los niños tenían cuatro días de fiesta y fue inevitable. Eso sí, hice un rastreo de ropa veraniega para los peques que os contaré en otro post. Y ayer que fue fiesta y llovió menos, nos animamos a comer fuera de casa. Y vosotros, ¿habéis podido disfrutar un poco del Carnaval con los peques?
En el Que Me Das de Gijón, donde se come genial y hay sitio para los peques.
Y breve paseo por el puerto en uno de los pocos ratos en los que no llovió.
El plan de este sábado estaba «cantado»; frío, viento y nubes amenazantes en el horizonte, por un lado, y penúltimo día en Asturias estas Navidades, por otro lado. Pues eso, que teníamos que ir a Mercaplana sí o sí y ¡menudo acierto! El año pasado no estuvimos, y el anterior Alfonso tenía 14 meses, así que no se enteraba de mucho y además podía hacer pocas cositas.
Pero sí, este año por fin ha descubierto que el paraíso debe ser lo más parecido a Mercaplana. Y como él, todos los niños que estaban por allí, que no eran pocos. Una cosa que hay que tener clara cuando uno va a este tipo de sitios es que, como le cojan gusto a una atracción o actividad, te puedes «tirar» la tarde entera sin moverte del sitio.
Ovejas, cabras, burrito, cerditos, vaca…
Una de las cosas que más le gustó fue la granja, donde podía tocar a los animales. La lluvia nos impidió estar allí más de cinco minutos pero aún nos quedaba mucho por hacer…
Otra de las cosas que hay que tener en cuenta si vas con dos niños es que son necesarios dos adultos. Primero, porque en dos segundos te despistas y has perdido a alguno de los niños, que fue lo que les pasó a unos conocidos que nos encontramos, y eso que sólo estaban al tanto de un niño. Y segundo, que es probable que uno de los críos quiera subirse en el tren y el otro quiera ir al castillo hinchable. Y es que, dependiendo de las edades, tienen una u otras preferencias.
Como es obvio, Alfonso se decantó por el tema de dar saltos»…
Y Rafa estuvo en la «bebéteca», donde también había un pequeño castillo hinchable. Hicimos el intento de meterle allí pero creo que, como había niños de dos años saltando, se sintió algo inestable 😉
Una cosa a la que yo no esperaba sacarle ningún partido fue a la mini-disco. Estaréis pensando que Alfonso se puso bailón, ¡pues no! Alfonso lo que encontró fue un hinchable con tobogán incluido y de ahí no había quién lo moviera. Así que yo me senté en el suelo con Rafa sin saber que iba a empezar el espectáculo justo delante de nuestras narices.
De repente, sale una animadora y empiezan a poner música. Como veis, la escena empieza con una decena de niños.
Rafa se levanta y empieza merodear por ahí. Mientras tanto, los padres se dedican a hacer fotos a sus niños, que cada vez son más.
La escena concluye con todo el barullo que veis detrás, del que tengo que sacar a Rafa. La animadora les dice a los niños que saquen a bailar a su padres y allí que salen todos a hacer la coreografía de «soy una taza, una tetera»… No os avergoncéis si sabéis el baile y la letra, allí nos lo sabíamos todos.
En realidad, los padres volvieron a su sitio cuando acabó esa canción pero oye, pusieron a Paulina Rubio y ahí que me puse yo con Rafa a darlo todo, que tengo un mono de baile que no os imagináis. Y bueno, que Rafa al final se convirtió en un danzarín más; verlos bailar a esa edad en la que todavía caminan como patitos se convierte en una atracción. Así que, tengo que confesar, que me lo pasé pipa. Eso sí, cuando llagamos a casa y Alfonso me preguntó ¿jugamos? casi me da un mal… ¿Son o no agotadores estos enanos?
Últimamente el tiempo está respetando los fines de semana y, sinceramente, los que tenemos niños lo agradecemos enormemente. Podemos seguir yendo de excursión, de paseo y haciendo planes al aire libre. Este fin de semana, ya que en el puente estuvimos en la nieve, decidimos no movernos de Gijón pero incluimos una visita a un museo.
¿Ya sabéis de qué museo se trata?
Bueno, pues como Alfonso es un apasionado de los trenes (de esto tiene gran “culpa” mi padre), decidí que sería un buen plan conocer el Museo del Ferrocarril de Asturias. Os resumo: creo que quizás es más interesante para niños un poco más mayores de tres años; cualquiera le explica a un niño como Alfonso en qué consiste el rozamiento. Aún así, tienen la posibilidad de subirse a algunos modelos de trenes y eso siempre les hace gracia. Y lo que más le gustó a Alfonso fue una enorme maqueta con trenes en movimiento; de hecho, lloró cuando nos fuimos.
Lo cierto es que la maqueta es preciosa.
Y de ahí nos fuimos de paseo y repetimos el plan de cenar en un restaurante italiano, así que se puede decir que este sábado fue parecido al anterior. Eso sí, siempre intento que haya alguna cosa nueva o distinta que hacer; de ahí la visita al museo. Porque cada vez que le decimos a Alfonso que vamos a ver algo que le gusta o a hacer algo nuevo, se emociona. Unas veces es el mar, otras la nieve, o los trenes, o un pueblo muy bonito, o luces de Navidad. Hay que hacer que se emocionen, y con ellos es fácil.
Y el domingo, en vez de comer en casa de mis padres como hacemos habitualmente, nos fuimos con ellos de restaurante para celebrar el cumpleaños de mi madre. Y hemos hecho un nuevo descubrimiento, un restaurante ¡con castillo hinchable! Yo no sé en el resto de Comunidades pero en Asturias cada vez se piensa más en las familias.
Y a mediodía estábamos a 18 grados.
Como un loco dando saltos.
No me digáis que no es bestial encontrarte esto en un restaurante.
La verdad es que yo la veo muy joven para tener dos nietos y un tercero en camino.
Creo que el post de hoy es el menos original que he escrito. En realidad, nada de lo que os cuento es demasiado asombroso porque los niños, en el fondo, son todos parecidos. La finalidad del blog es ser útil y divertido, y creo que eso lo consigo de vez en cuando.
No sé porqué me da que este puente todos los españolitos hemos hecho las mismas cosas: hacer una escapada, ir a la nieve o decorar la casa y ver la iluminación navideña de nuestras ciudades. Lo primero me hubiera encantado pero estamos en modo ahorro. Lo segundo lo vamos a hacer hoy (en Asturias seguimos de puente este lunes), ya os contaré si es buena idea llevar a un niño que gatea a la nieve.
Así que optamos por lo tercero que, seguramente, es lo que habréis hecho muchos padres y madres estos días. Y es que la Navidad con niños es más Navidad. Si me paso de cursi, me decís 😉
El árbol llega a casa, mucha emoción. No sé si voy a poder seguir usando la misma caja para guardarlo en enero.
Al final tuve que acabar yo sola de montar el arbolito, creo que nos excedimos un poco con el tamaño cuando lo compramos hace tres años.
Por supuesto, con niños de menos de dos años olvidaos de que las bolas aguanten todas las navidades, ¡desaparecen por arte de magia!
Esta Navidad será la primera que Alfonso disfrute de verdad, bueno, la primera de la que se entere. El año pasado, con dos años y tres meses, no se daba cuenta de gran cosa. El cole también ayuda a vivirlo de una forma más consciente porque allí cantan villancicos, decoran la clase… No me quito de la cabeza el del Burrito Sabanero desde que vino a casa haciendo la coreografía. Si no lo conocéis, ya estáis buscándolo en Youtube porque es muy divertido.
Y con este solazo que hemos tenido, además de decorar la casa, tocaba ir a ver cómo estaba Gijón. .
Árbol hecho con botellas de sidra. Así somos en Asturias.
Oso y Papá Noel gigantes.
Alfonso paseando tan feliz con sus gusanitos.
No es fácil hacerse la foto los dos a la vez.
Y la tarea más gorda estuvo en el Belén de casa de mis padres. El domingo rematamos los últimos flecos de un nacimiento digno de exponer porque, salvo las figuras, todo lo ha hecho mi padre los últimos meses (montañas, río, casas…). Y como todo, los niños le prestan atención un rato y después, a otra cosa, mariposa.
Pues damos por inaugurada la Navidad, una época que siempre me ha gustado muchísimo pero que, desde que soy madre, disfruto el doble; es como volver a ser niña. Y por cierto, las ganadoras del sorteo de las dos sesiones de fotos son Graciela García Álvarez y Cris Fernandes Martins.
Las ganadoras podéis escribir un mensaje a través de Facebook a Caliphotography para concretar día y hora para la sesión de fotos.
Os dejo la lista definitiva de los que entrabais en el sorteo: Nuria Fernández, Verónica Fanjul, Raquel Serrano Ferrero, Andri Fornos, Estela Vega Suárez, Belén Da costa, Tatiana Motenserín Menéndez, Paula del Campo Pastor, María Moro Gancedo, Azucena Fernández Fernández, Alejandra Alfayate Menéndez, Penélope Fernández Riesgo, César Cajete, Patricia Covian, Natalia Norniella Areces, Parafarmacia Berta, Carla Díaz, Vanessa Calvo, Nuria Álvarez, Beatriz Alvarez Díaz, Ana Rodriguez, Cris Fernandes Martins, Lucía Arias, Beatriz Pérez Morán, Graciela García Álvarez, Lore Alarcón Antúnez, Lola Alejo, Myriam Fernández Fernádez, Lucía Álvarez García, Tati Fernández, Ine Suka, Daniel Álvarez, Lorena Fernández Salmonte.
Más de 70 personas compartisteis la foto pero sólo la mitad lo hicisteis de forma pública (es la única forma que tenemos de ver vuestros datos). ¡Enhorabuena a las ganadoras! En breve espero poder realizar otro sorteo, ¡estoy en ello!
Dice el refrán que si no puedes con el enemigo, únete a él. Esta frase resume la sensación que tengo con la celebración de Halloween, no me gusta nada pero he acabado pasando por el aro. Y es que, cuando se trata de fiestas, aquí se anima hasta el apuntador. Bueno, el caso es que este «puente» tuvimos dos fiestas de «Noche de Brujas».
La tarta que hizo mi vecina para la ocasión.
El primer festejo al que fuimos era para niños, fue el jueves después del colegio en la urbanización donde vivimos. Conociendo a Alfonso, decidí ahorrarme el dinero del disfraz y ¡menos mal! Porque si ya es bastante miedoso, imaginaos después de ver a alguien disfrazado de Scream.
Alfonso no aparece en la foto porque estaba algo más que asustado.
Lo tuve quince minutos pegado a mí a lágrima viva, ¡veis cómo Halloween no se parece en nada a una fiesta! En fin, cuando se le pasó el disgusto se animó a lo de ir piso por piso de nuestro vecindario con sus amigos pidiendo chuches, pero acabó rendido. Y el viernes tuvimos otra fiesta en casa de unos amigos; a mí me tocó ir a la televisión así que fue mi marido con los niños y me ahorré el trance del principio. Cuando llegué, Alfonso estaba ya tranquilo.
Mi amiga Ceci como anfitriona es una maravilla.
Y superado Halloween, el sábado no pudimos hacer otro plan que no fuera estar bajo techo ya que diluviaba. Así que hicimos unos recados pendientes en un centro comercial y decidimos ir a comer a un merendero (ya os hablé de este plan en otro post) con unos amigos y sus hijos. Fuimos al mismo que hace unas semanas por todo el montaje que tienen para niños y allí me encontré con una conocida que decidió ir con sus amigas e hijos después de verlo en el blog ¡no sabéis la ilusión que me hace que os sirva de algo lo que aquí os cuento!
Juegos en casa.
Ya es Navidad en muchos comercios, cada año llega antes.
Alfonso con su amigo Pablo.
Alfonso dando de merendar a Rafa.Esto se llama tirar la casa por la ventana.
Y como siempre, el fin de semana terminó con día tranquilo, y de más comilonas, en casa de mis padres. Y como mi padre tiene mucha imaginación y es tremendamente inquieto, ya estuvo contándole a Alfonso todas las cosas que ha hecho para el Belén. ¿Qué tal vuestro puente?, ¿muchos planes?
Si, mi padre ya ha construido montañas, lago, castillos, casas… Sé de uno que lo va a pasar pipa cuando haya que montar el Belén.
Octubre me encanta, y no sólo porque es el mes en el que nacieron mis hijos. Me gusta porque en Asturias tenemos mejores temperaturas y más días de sol que en meses como mayo o junio, lo que implica que podemos seguir haciendo un montón de cosas al aire libre.
Uno de los planes familiares más típicos en Asturias es ir de merendero. No sé muy bien por qué los llamamos así, en realidad son restaurantes con mucho prao (decir prado me resulta hasta extraño) donde podemos comer y cenar al aire libre, donde las raciones suelen ser tortillas, calamares, croquetas, pastel de cabracho, cachopo (San Jacobo a la asturiana, es decir, a lo bestia y más bueno) y un montón de platos más.
Fijaos cómo algunos tienen un montaje espectacular para niños, incluso en el interior.
Los merenderos son económicos y lo mejor es que tienen mucho espacio para que los niños jueguen. En Gijón puedo deciros que conozco más de una veintena, así que os podéis hacer una idea de lo que nos gusta. Prometo post esta primavera con los merenderos más adecuados para ir con niños, para las mamis de aquí y para las que vengáis de turismo.
Lo mejor de Gijón, además de estar en la costa, es la cantidad de zonas verdes que hay, de ahí que haya tantos merenderos.
El caso es que este sábado estuvimos casi todo el día en uno. El motivo era la reunión de antiguos alumnos de la Universidad de Navarra en Asturias. Fue la primera vez que nos animamos a ir, en parte porque venía un compañero de mi promoción con su familia. No nos veíamos creo que desde que acabamos la carrera hace 9 años y era una buena oportunidad para reencontrarnos. Allí estábamos, él con tres enanos y yo con dos, ¡cómo cambia la vida! La verdad es que este fin de semana los peques no dieron mucha guerra, salvo que a Rafa le dio por madrugar el domingo… lo de que me quiten horas de sueño lo llevo mal, fatal.
Imposible que no disfruten con tantos juegos. Así es fácil comer con los niños fuera de casa.
Y el domingo, el plan de siempre, a casa de mis padres. Me pasé la infancia jugando en el jardín de mis abuelos y ahora son mis hijos los que juegan allí, y además con la suerte de compartir terreno con mis primos y tíos. Además, enseguida llegará un nuevo miembro a la familia Osorio, el primer primo o prima asturiano para Alfonso y Rafa. ¡Me encantan las casas con niños!
Otra de las razones por las que me gusta octubre, vuelta a los platos de caldo… Y sobre todo porque aún se puede comer en el jardín.
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