Cuidado con el nombre de tu hijo

La semana pasada, una amiga mía colgó en Facebook una foto de la página del periódico en la que aparecen los nombres de los bebés que cada día inscriben en el registro civil. Ya os podéis imaginar que, si hizo algo así, es porque había un nombre un tanto peculiar o, por lo menos, poco común: Alcapone. Sí, tal cual lo leéis; lo cierto es que los apellidos no eran españoles así que decidimos ser buenas. La verdad es que, una de las cosas que a algunos padres trae de cabeza durante el embarazo, es elegir el nombre de sus retoños. En ese sentido, yo no he tenido muchos problemas, yo elegí el nombre de Alfonso y mi marido el de Rafa, y creo que, como nos gustan a los dos los nombres clásicos, no iba a llegar la sangre al río.

Hombre, sé que a él no le hubiera importado ponerle a uno de sus hijos su nombre, José María, pero yo por los compuestos no paso, que no tengo nada contra ellos pero los veo de un formal… Quise poner la excusa de que no me gusta lo de repetir el nombre de los padres pero es que no cuela dado mi empeño en ponerle el nombre de Carmen a una hija, que a estas alturas dudo mucho que vaya a  tener. En fin, lo de los nombres da para mucho. Para eso, los gitanos son lo más. Aún recuerdo que una tal Iloveny pasó por la consulta de una amiga. Cuando le preguntaron de dónde venía el nombre, les dijo que de una camiseta. Aquí tenéis la clave.

Y si los gitanos son la leche para eso, mi padre no se queda corto. Yo le quiero con locura pero su nombre, Aquilino, no se puede decir que esté en el grupo de mis preferidos. Añado que el hermano de mi padre se llama Longinos, también se llamaba así mi abuelo. Ya de paso os cuento que Longinos fue el centurión que le clavó la lanza a Jesucristo en la cruz. Y tras esta aportación histórica os explico a qué viene hablar de los nombres de Aquilino y Longinos.

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Si alguna zamorana me está leyendo, me podrá decir que Longinos no es un nombre raro. Y es que en Zamora tienen un paso dedicado al centurión.

Resulta que, cuando nació mi hermano Miguel, fue mi padre el que acudió al registro a inscribir a la criatura, como es normal, vamos. El caso es que a mi padre le seguía apeteciendo aquello de poner nombres familiares y allí que plantificó Longinos detrás de Miguel. Así que tengo un hermano llamado Miguel Longinos, como de tele novela, oiga.

Pero no contento con eso, volvió a hacerle la misma jugada a mi madre cuando nacieron los mellizos y a Alfonso le cayó el nombre de Aquilino como segundo. Es decir, también tenemos un Alfonso Aquilino en la familia. Y Juan se libró porque ya no había más nombres que poner. Y ahora ya pongo sobre aviso a mi cuñada, que en mayo tendrá a un Jorge siempre que mi hermano Miguel (Longinos) no haya heredado la costumbre de mi padre y decida a última hora añadir algún nombre más. Bueno, y ahora confesad, ¿qué nombres peculiares se oyen en vuestras familias? Y como esto da para mucho, habrá más posts sobre el asunto…

El mar

Es curioso cómo la rutina hace que, en muchas ocasiones, no disfrutemos al máximo de lo que tenemos a nuestro alrededor. El sábado por la mañana, volviendo a casa en coche después de hacer algunos recados pendientes, pasamos por delante de la playa y Alfonso dijo que quería ver el mar. Pero desde el coche era difícil y a Rafa ya le tocaba comer. Y eso, el gordo no lo perdona. Otro día escribiré sobre ello porque es digno de un post.

Después caí en la cuenta. Muchas mañanas paseo con Rafa por la costa pero Alfonso, por semana, va al cole y de ahí al parque. Y los últimos fines de semana, entre que nos fuimos a Zaragoza, de rebajas, a ver la decoración navideña… pues eso, que la criatura llevaba más de dos meses sin ver el mar. Y claro, con las sesiones playeras que nos damos en verano, después no puedes tenerles en modo «secano» tanto tiempo 😉

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Rafa y su pasión por el agua. En cuanto oye abrirse un grifo en casa, va en busca de él. Y eso incluye interrumpir todas mis duchas.

Mejor ver el mar de lejos en días así …

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Porque puedes acabar como este padre y su hijo, duchaditos para casa.

La verdad es que el fin de semana no ha sido muy novedoso y es que el tiempo no ha acompañado, pero aún así, no paramos un momento. Por primera vez, Alfonso y yo hemos tenido que hacer un dibujo en común sobre nuestra familia para enseñar a los compañeros de clase. No es tarea fácil, ya me lo había dicho la profe, el crío sufre lo suyo cuando cree que no sabe hacer algo bien y no sé porqué, mi cara y los zapatos de su padre eran el motivo de su frustración. No se puede ser tan perfeccionista.

Y aprovecho el blog, ya lo hice en la tv el viernes, para comentar que el viernes me robaron la cartera. Si, es lo que yo llamo una faena que te hace sentir una impotencia enorme. Dinero, tarjetas, DNI, carnet de conducir, tarjeta sanitaria, fotos, tickets de cosas pendientes por cambiar… En fin, que la esperanza es lo último que se pierde así que, si alguien se la encuentra, obviamente ya sin dinero, que la lleve a la policía. Y así, al menos, me ahorro los papeleos varios.

Y recuerdo que tenéis hoy y mañana para participar en el sorteo de una bolsa de tela personalizada para vuestros peques. ¡Suerte!

Madre al borde de un ataque de nervios

Este fin de semana teníamos en mente seguir con nuestras ya habituales jornadas lúdico-gastronómicas por Asturias. Pero ya se sabe, a veces los planes varían y en esta ocasión los churumbeles no tuvieron nada que ver. El viernes me pidieron en la tele si podía trabajar al día siguiente y, por supuesto, yo siempre estoy dispuesta; teníamos hora de inicio pero no de fin así que, conociendo el medio, descarté comer con los pequeñajos.

Ya de paso os cuento que el sábado tenía un ensayo con mis compañeros del nuevo programa que comienza hoy en TPA. Así que, a partir de ahora, no estaré en Conexión Asturias sino en De hoy no pasa. Seguiré yendo los viernes a hablar de planes para el fin de semana, pero para todos los públicos, no sólo para peques.

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El muñeco forma parte de una sorpresa a un invitado esta tarde ya que acudiré al primer programa.

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Con Ana Blanco y José Ángel Leiras en el ensayo.

Como ya preveía, llegué a mi casa a las cuatro de la tarde, cuando mi señor marido ya estaba descansado y a mi hijo Rafa le quedaba poco de siesta. Así que enlacé trabajo y niños sin un rato de sillón. Y el plan de tarde no pudo ser más agotador: ir de tiendas. Ni se os ocurra hacerlo con niños. De vez en cuando, en mis paseos mañaneros con Rafa, entramos a alguna tienda y es como si le poseyese en mismísimo demonio. Paras la sillita y venga a protestar y hacer fuerza para salir de ella. Y cuando le sacas y te pones a mirar un trapito, te das la vuelta y te lo encuentras vaciando la estantería de los zapatos.

Si a eso le sumas niño mayor al que acabas de despertar porque se quedó dormido en el coche, tienes: churumbel que no quiere estar en la silla más niño malhumorado que sólo quiere inflarse a bollos. Y además, un marido que, de repente entra en una tienda. Yo me quedo con las dos criaturas,  el malhumorado quiere otro bollo y llora desconsoladamente. Hago amago de abandonarle en plena calle como siga con el numerito. Vuelve maridín y, por aquello de que el niño está cansado, accede a darle otro bollo mientras yo insisto en que el niño después no cenará. ¡Menos mal que entre semana estoy yo al mando!

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Un momento de tregua en la calle Corrida, que es peatonal y te deja relajarte un poco.

Eso, más una cola de narices en la que se pone mi consorte con el niño mayor, mientras yo espero en la calle con el pequeño, que ha visualizado un perro atado a una farola justo al lado de la carretera. El pobre perro tenía pinta de buenazo pero era más grande que mi hijo. Y el niño empeñado o más bien emperrado en tocar al animal.

No, sencillamente ir de tiendas no es un plan para hacer con niños. Y eso que ya os digo que desde que son pequeños, en mis paseos, además de recorrer doscientas veces el paseo de la playa de San Lorenzo, han entrado en muchas tiendas. Pero señores, cuando empiezan a andar, o estás con la silla en continuo movimiento o se encargan ellos de poner en movimiento lo que haga falta.

Se acabó la Navidad

Bueno, pues se nos ha terminado la Navidad. Mira que me gusta a mí esta época pero reconozco que acabo agotada con tanta comida, tanta compra y, desde que me casé, tanto tiempo fuera de casa. Que yo a mi suegra la quiero mucho pero debe ser que nos ve famélicos porque no para de sacar comida y más comida, y es que estoy que reviento después de 8 días en Zaragoza, por no hablar de los kilos que me llevo de regalo… Eso sí, los niños lo han pasado pipa y Alfonso ha vivido esta Navidad muy intensamente. Sólo por eso, merece la pena reventar los pantalones.

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«El burrito sabanero» ha sido la banda sonora de estas Navidades. Os digo ya mismo que mis hijos van a tener mucho arte con el baile, y si no, a las pruebas me remito.

Nuestra visita a Zaragoza también incluyó «quedada» con los amigos de infancia de mi marido, una de tarde con niños y otra nocturna sin niños, que de vez en cuando hay que desconectar y regalarse una cena sin peques. Total, que en la primera reunión nos juntamos con 16 niños, castillo hinchable y cama elástica incluidos. Vamos, Alfonso estaba feliz.

Locura total.

Y si en Asturias vimos unos cuantos belenes, en Zaragoza había que visitar el de la Plaza del Pilar. Es enorme; de hecho, vas caminando entre figuras hasta llegar al portal. El rollo es que hay mucha gente pero con estas cosas siempre pasa lo mismo. Vimos también una pista de hielo, al igual que la hay en Gijón en estas fechas, pero para ese plan nos faltan, al menos, un par de añitos.

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Uno de los planes que más me gustaba cuando era niña era ir a casa de alguna amiga o prima a dormir. Jugábamos y hablábamos a oscuras sin límite hasta que caíamos rendidas por agotamiento. Así que ahora entiendo la agitación de Alfonso cuando vino su prima a dormir con él a casa de mis suegros. Y es que con Rafa, por mucho que quiera tenerle cerca, no puede mantener una conversación ni jugar con cosas susceptibles de destrucción.

Peppa Pig por todas partes.

Desde que se levantan haciendo el payasete.

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Y cómo no, la traca final de estas fechas llega con los Reyes Magos. Es uno de esos días de nuestra infancia que todos tenemos grabados. Es más, el día que te cuentan que Melchor, Gaspar y Baltasar no existen, te llevas el disgusto del siglo. Da igual que te sigan haciendo regalos el 6 de enero, es mucho más emocionante que te los traigan tres ancianos magos que nuestros progenitores, ¡dónde va a parar! En fin, que si pudiera volver a ser niña por unos días creo que elegiría estas fechas.

Alfonso esperando a los Reyes en la calle con su prima y su tío, nosotros estábamos peor posicionados. Por cierto, y que no se ofendan los maños, pero ¿no hay en toda Zaragoza un señor de unos 60 años con una barba en tonos marrones o rojizos? Que a Gaspar se le empiece a caer en plena cabalgata no es serio. ¿Y un señor de color de 60 años tampoco? Porque Baltasar era guapo de narices pero más joven que yo. ¡Cómo eché de menos mis reyes gijoneses con sus barbas auténticas!

Primera tanda de regalos en pijama.

Segunda tanda antes de comer con primas y tíos. Después llegó el momento crisis de «yo quería el regalo del otro», ¡manda narices!

Para acabar jugando a las cartas. En fin, pa «matarlos».

La tarta de cumple del tío Edu, los hay que no decidieron bien el día en que nacieron 😉

     

En fin, se acabó lo que se daba. Me encantan estas fechas pero ya he tenido suficiente. Toca volver al cole, a las comidas razonables, a los horarios, a los paseos tranquilos y, espero, a mi talla 😉 ¿Qué tal han sido las Navidades para vuestros enanos?

Un paraíso para los niños

El plan de este sábado estaba «cantado»; frío, viento y nubes amenazantes en el horizonte, por un lado, y penúltimo día en Asturias estas Navidades, por otro lado. Pues eso, que teníamos que ir a Mercaplana sí o sí y ¡menudo acierto! El año pasado no estuvimos, y el anterior Alfonso tenía 14 meses, así que no se enteraba de mucho y además podía hacer pocas cositas.

Pero sí, este año por fin ha descubierto que el paraíso debe ser lo más parecido a Mercaplana. Y como él, todos los niños que estaban por allí, que no eran pocos. Una cosa que hay que tener clara cuando uno va a este tipo de sitios es que, como le cojan gusto a una atracción o actividad, te puedes «tirar» la tarde entera sin moverte del sitio.

Ovejas, cabras, burrito, cerditos, vaca…

Una de las cosas que más le gustó fue la granja, donde podía tocar a los animales. La lluvia nos impidió estar allí más de cinco minutos pero aún nos quedaba mucho por hacer…

Otra de las cosas que hay que tener en cuenta si vas con dos niños es que son necesarios dos adultos. Primero, porque en dos segundos te despistas y has perdido a alguno de los niños, que fue lo que les pasó a unos conocidos que nos encontramos, y eso que sólo estaban al tanto de un niño. Y segundo, que es probable que uno de los críos quiera subirse en el tren y el otro quiera ir al castillo hinchable. Y es que, dependiendo de las edades, tienen una u otras preferencias.

Como es obvio, Alfonso se decantó por el tema de dar saltos»…

Y Rafa estuvo en la «bebéteca», donde también había un pequeño castillo hinchable. Hicimos el intento de meterle allí pero creo que, como había niños de dos años saltando, se sintió algo inestable 😉

Una cosa a la que yo no esperaba sacarle ningún partido fue a la mini-disco. Estaréis pensando que Alfonso se puso bailón, ¡pues no! Alfonso lo que encontró fue un hinchable con tobogán incluido y de ahí no había quién lo moviera. Así que yo me senté en el suelo con Rafa sin saber que iba a empezar el espectáculo justo delante de nuestras narices.

De repente, sale una animadora y empiezan a poner música. Como veis, la escena empieza con una decena de niños.

Rafa se levanta y empieza merodear por ahí. Mientras tanto, los padres se dedican a hacer fotos a sus niños, que cada vez son más.

La escena concluye con todo el barullo que veis detrás, del que tengo que sacar a Rafa. La animadora les dice a los niños que saquen a bailar a su padres y allí que salen todos a hacer la coreografía de «soy una taza, una tetera»… No os avergoncéis si sabéis el baile y la letra, allí nos lo sabíamos todos.

En realidad, los padres volvieron a su sitio cuando acabó esa canción pero oye, pusieron a Paulina Rubio y ahí que me puse yo con Rafa a darlo todo, que tengo un mono de baile que no os imagináis. Y bueno, que Rafa al final se convirtió en un danzarín más; verlos bailar a esa edad en la que todavía caminan como patitos se convierte en una atracción. Así que, tengo que confesar, que me lo pasé pipa. Eso sí, cuando llagamos a casa y Alfonso me preguntó ¿jugamos? casi me da un mal… ¿Son o no agotadores estos enanos?

¿Qué tiene la Navidad?

Cuando uno piensa en Navidad y en niños, le suelen venir a la mente términos como ilusión, diversión, alegría… Todo muy bonito y emocionante para padres y niños. Sin embargo, hay otra palabra más que añadir que, hasta ahora, no había experimentado en mis carnes: agitación. ¡Dios bendito! Alfonso en Nochebuena parecía haberse tomado algún tipo de estupefaciente estimulante. Venga reírse, venga saltar, venga correr y, sobre todo, venga parlotear, ¡menudo loro!

El que haya más niños, también hace que la agitación aumente. Se soltó tanto la melena que hizo su coreografía del villancico “El burrito sabanero”. Y a Rafa le entraban ataques de risa. ¡Era para verlos!

En la vida el crío se había acostado a las dos de la mañana; vamos, ni en la boda de mi hermano. Pero tengo que reconocer que, gracias a él, mis primos, tíos, padres, hermanos, marido y servidora nos reímos sin parar; ¡estuvo sembrado!

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Imposible hacerse una foto decente con ellos. Y era tanta la agitación de Alfonso, que creo que bebió de todos los vasos de agua que se encontró por el salón.

Y como en todo evento con niños que se precie, los padres andamos pelín estresados. Cenamos en casa de mis padres una veintena de personas, en plan buffet, y el pobre Rafa iba de un lado para otro mendigando comida, como si no se hubiera tomado un pedazo de biberón. Eso, y el peligro de tirar copas de vino, de subir las escaleras, de tirar de los manteles… Vamos, que a las diez y media le metí en la cuna porque yo ya estaba sudando la gota gorda 😉 Esa noche, los peques se quedaron en casa de mis padres.

El único momento de paz fue cuando se puso a mirar su nuevo libro de  Peppa Pig.

Y el día de Navidad, tuvimos comida en un restaurante de Oviedo con mi abuela, primos y tíos por parte de mi padre. Otras personas no reparan en ello, pero las madres sí; tuvimos una suerte enorme al no tener a nadie en las mesas de alrededor, además de un espacio super amplio donde los niños jugaron un montón. Y además, encontraron una cosa con la que se entretuvieron mucho.

Unas cortinillas que les tuvieron ensimismados durante buen rato. Y luego nosotros pensando cómo entretenerles.

 Hasta que pasó lo que tenía que pasar, que se cayeron. No vayáis a pensar que mis hijos están asilvestrados, hasta algún adulto con un poco de arte las hubiera tirado abajo. Y por supuesto, las arreglamos.

En fin, que son días para disfrutar y para dejar que los niños olviden un poco los horarios y la comida sana, como lo hacemos los mayores. Eso sí, ellos también tienen “resaca”; menudo humor se gastaba Alfonso el día de Navidad. Y el lunes nos toca hacer maletas para pasar la segunda parte de las fiestas en Zaragoza, ¡esto es un no parar! Seguiré informando. ¿Cómo van vuestras Navidades?

Vacaciones de Navidad

El viernes comenzaron para los peques las vacaciones tras una última semana de cole en la que ya tuvieron muchos eventos navideños. Seguramente, vuestros niños se disfrazaron de pastorcillos, como hizo Alfonso, tuvieron concurso de villancicos o recibieron la visita del Príncipe Aliatar.

Que por cierto, descubrí hace poco que este personaje sólo existe para los asturianos. Para los que no sois de aquí, Aliatar es el mensajero que acompaña a los Reyes Magos y que visita a los niños días antes para recoger sus peticiones. En las Cabalgatas de Reyes de Asturias siempre abre paso a los Magos. Lo reconozco, hubiera pagado por ver la cara de Alfonso el viernes cuando Aliatar entró por la puerta de clase.

planes, navidad, niños, vacacionesEn la imagen, los Reyes Magos llegando al puerto de Gijón el año pasado. El de amarillo es Aliatar (foto La Nueva España)

Ahora tenemos por delante muchos días, muchas horas para estar con los peques. Seguramente tendréis que recurrir a abuelos y cuidadoras ó coger vacaciones estos días para cuidar de ellos. Vamos, que muchas tendréis que hacer encaje de bolillos.

Pero sobre todo, hay que planificar. Y para eso, aunque os parezca un poco exagerada, yo necesito la previsión meteorológica. Sí, porque si resulta que el martes, miércoles y jueves va a llover, entonces los planes al aire libre los dejo para los días de sol. Y me reservo, por ejemplo, Mercaplana o las compras en un centro comercial, para los días de lluvia. Yo es que para esto soy un poco cuadriculada.

Y porque no llovía, este sábado aprovechamos y fuimos a Oviedo. Sólo vamos allí para visitar a mi abuela; suelo aparcar enfrente de su casa y después vuelvo a Gijón, así que es un visto y no visto. Pues esta vez tocó ir con más calma.

Bueno, pues que hacía mucho que no paseaba por las calles maravillosas de la capital y siempre es un placer. Y me ha parecido genial la idea de escuchar villancicos por las calles a través de pequeños altavoces. No os vayáis a pensar que en plan “anda, ande, ande” a todo volumen, ¿eh?

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Y de postre le metí al cuerpo “muerte por chocolate” En fin…

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Merece la pena visitar los Belenes de la Plaza de la Catedral, hay varios. A Alfonso le encantan.
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Belén a tamaño real.

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Un paseo por el Parque San Francisco.

Y ahora voy con la lista de los que entráis en el sorteo de entradas para Mercaplana. Unos cuantos habéis compartido el enlace en Facebook pero no nos habéis dejado un comentario en el blog. Otros habéis dejado un comentario en el blog y, o no nos dejáis apellido, o no habéis compartido el enlace de forma pública.Tenéis todo el día para comprobarlo. Mañana pondré la lista de ganadores y, para los que no pudisteis ver el programa del viernes, os dejaré información sobre talleres y espectáculos infantiles para esta semana en Asturias.

1. Graciela García Álvarez

2. Elisabet Pérez Pallares

3. Raquel Hidalgo Villa

4. Isabel Vázquez

5. Rosana Pardilla López

6. Leticia Calvo Pardilla

7. Javier Vega

8. Cova Quirós

9. Irene Teleña

10. Ana Sánchez Egea

11. Verónica Fanjul

12. Bárbara Regalos Jesús

13. Cristina Villar Hidalgo

14. Paula del Campo

15. Elisa Figaredo

16. M. Eugenia Alvargonzález

17. Fanny López

18. Patricia Fernández

19. Penélope Fernández Riesgo

20. Tania Fontela

21. Sandra Pérez Villace

22. Isabel Secades

23. Cristina Santamarta

24. Eileen Sankofa

25. Sheyla Solares

26. Nuria Morgado

27. Ana Isabel Suárez Llano

28. Ceci García Cuesto-Felgueroso

29. Noelia Saracho

30. Rosalía Figaredo

31. Mari Nieves Aspron

32. Eva García

33. Eva Pérez Fernández

34. Vicente García Fernández

35. Ainhoa Hevia

36. Nuria Fernández