Aprovechando que ayer fue el Día de la Mujer Trabajadora, voy a contar en en este post qué hace una mamá bloguera; no tanto para que lo sepáis las madres en general, aunque supongo que os interesará este asunto, sino para que empiecen a «interiorizarlo» algunas empresas. Voy a empezar dando unas cifras y así luego será más fácil entender mi postura. Sabéis casi todas que llevo escribiendo este blog dos años; he redactado exactamente 288 posts. Si cuando comencé esta aventura, publicaba dos textos semanales y dedicaba una media de dos horas diarias a la bitácora, justo antes de nacer Gabriel, ya me estaba dejando en el blog unas cuatro horas diarias.
Entre pensar cómo enfocar un tema, redactar unos 4 o 5 posts cada semana, incluir fotos, contestar comentarios e interactuar con otras blogueras, al final se van las horas. Desde que nació el peque, calculo que le entrego a este espacio unas tres horas diarias, que ya es bastante. Creo que no me equivoco si os digo que he dejado 2000 horas de mi tiempo en este «proyecto» y que, obviamente, más de una, de dos y de diez veces, he tenido ganas de abandonar por agotamiento, por pereza… porque a las diez de la noche, el cuerpo pide sofá. Pero no, yo soy de las que no decae. Y terminaré este blog cuando ya no tenga nada interesante que contar. Pero hasta entonces, aquí seguiré. Porque muchas me habéis comentado que el blog os divierte y os resulta útil y porque a mí me viene bien seguir haciendo algo relacionado con mi profesión, la de periodista.
Dicho esto, voy poco a poco al quid de la cuestión. No es este un blog en el que hable habitualmente de marcas o empresas aunque sí que he mencionado mis colaboraciones cuando empecé en la televisión autonómica asturiana con un espacio para niños, cuando fui embajadora de Hero Baby e imagen de SVida Formación Kids, o mi actual colaboración con Tu Bebebox. Fueron cosas que cité porque están relacionadas con el mundo infantil pero esos «trabajos» los realicé siempre en otros medios o webs, no en mi blog. En muchas ocasiones, cuando me han ofrecido un producto, lo he sorteado directamente entre las que me seguís. Otras veces, si el producto me venía bien, lo citaba (sólo dediqué un post a hablar de un artículo) porque me han enseñado que es de bien nacido, ser agradecido. Incluso, marcas como Hero Baby, Chocolate, MAM o Tutete, no sólo han colaborado con sorteos en el blog sino que, cuando nació Gabriel, me enviaron regalos a casa. Sin pedir nada a cambio.
Resulta que últimamente contactan conmigo muchas marcas, casualmente cuando mi posicionamiento en Google ha «mejorado» bastante y cuando las visitas al blog se multiplican. La semana pasada, me llamó por teléfono la Community Manager de una empresa que, luego leí, facturó en 2014 en España 30 millones de euros y que tiene sus 200.000 fans en Facebook. Después de hacerme la pelota diciendo lo mucho que le gustaba el blog, me dijo que si me interesaba escribir un post sobre sus productos de cara la Día del Padre. Esperaba que me comentase algo sobre si se trataba de hacer un sorteo o de probar algún artículo en cuestión, pero no dijo nada más y me quedé tan bloqueada que le dije que le mandaría un mail para comentarle algo. Ese mismo día le expliqué que lo que me estaba pidiendo era un post patrocinado y que, obviamente, eso tiene un precio. Nunca más supe de ella.
¿Qué demonios les hace pensar a esta gente que mi tiempo no vale nada?, ¿qué les hace creer que pueden pagar un dineral por anunciarse en un medio de comunicación tradicional y que yo tengo que hacerles publicidad gratis?, ¿se creen que de la noche a la mañana se consiguen 1800 seguidores en Facebook o miles de visitas al mes? Pues oye, no se les cae la cara de vergüenza. Y por contra, resulta que luego te escriben pequeñas emprendedoras que te quieren regalar cosas que hacen ellas mismas con sólo mencionarlas en el blog. Así que voy a dedicar uno o dos posts al mes a hablar de esas mujeres que tienen su pequeño negocio y que hacen cosas que me gustan porque, si a mí me interesan sus artículos, es posible que a vosotras también. Y así les doy un empujón en la medida de lo posible.
Ojo, no hay nada malo en «rentabilizar» un blog; si a mí me pagan marcas que me gustan, que uso habitualmente y soy franca y veraz con mis lectoras, no veo ningún problema en ello. En mi caso, y como el blog basa sus contenidos en contar mis experiencias como madre, son pocos los posts en esa línea. Pero si mi marca favorita de carrito me quiere remunerar por hablar de ellos, pues estupendo. Y si una firma está dispuesta a que pruebe sus zapatos o lo que sea con mis hijos y quiere que dé mi opinión REAL sobre el resultado, también accedo. Pero siempre basándose en una premisa: el respeto al trabajo de ambas partes. Vamos, que no me tomen por tonta.

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