Definitivamente, si habéis salido de cuentas y queréis parir, nada como una fabada y un paseo en condiciones. Ése fue nuestro plan el sábado. Cuando llegamos a casa a las 8 de la tarde, noté algunas contracciones así que, hora y media después, maridín y yo decidimos que lo mejor, estuviese o no de parto, era llevar a los peques a casa de mis padres y evitar llamarles ya de madrugada para que viniesen a la nuestra. Sobre las diez de la noche ya estábamos allí y esperamos a ver cómo iba mi ritmo de contracciones; fue cuando empezaron a ser cada 6-5 minutos cuando nos fuimos al hospital, que está a tres minutos de casa de mis padres en coche.

Llegamos a las 12 de la noche a Urgencias, donde la ginecóloga me dijo que estaba de tres centímetros, así que ya tenía asegurada la epidural ¡yuhuuu! Entre que me cogieron la vía, cosa que odio, me subieron a mi habitación, me puse el camisón y vino el celador a buscarme para llevarme a dilatación, pasó algo más de una hora. Vamos, que cuando me dijeron que estaba de siete centímetros («vas como Fernando Alonso», me comentó la matrona) me quedé alucinada y enseguida empecé a temblar porque peligraba la epidural y yo ya empezaba a ver las estrellas en cada contracción. Para cuando me pusieron la analgesia, que estaba de 8 centímetros, alguien soltó por ahí «para lo que te va a servir». Efectivamente, sirvió de poco pero mejor que nada, eso os lo aseguro. ¿Cómo os lo explicaría? Si en el parto de Rafa, los últimos 2 centímetros y el expulsivo los puntuaría en torno a 10 en mi escala de dolor, en el de Gabriel la puntuación sería de 8,5. Que sí, que dolió mucho, pero un poquitín menos.
Gabriel nació a las dos y cuarto de la madrugada, dos horas después de llegar al hospital. Mi tercer parto fue el más cercano a la perfección: rápido, con epidural (ponerla antes sí que hubiera sido perfecto) y sin episiotomía. Y además, era la única parturienta en ese rato. El momento en que vi a mi hijo fue igual de increíble y emocionante que los anteriores, esto es algo que da igual que vivas por primera o tercera vez, aunque es cierto que con Alfonso no sentí dolor alguno y estaba más eufórica. Con Rafa y Gabriel sentí más el sosiego de cuando se acaba un dolor muy intenso.
Pero claro, no todo fue tan estupendo. Yo tenía a mi bebé en brazos y la matrona miraba el reloj; la placenta no salía. Lo habitual, y lo que yo viví en los partos anteriores, es que salga de forma espontánea. Y entonces escuché por primera vez en un paritorio la palabra «quirófano» y, no os lo voy a negar, me asusté. También me dijeron que intentarían evitarlo pero que, para ello, iban a manipularme. Sí, señoras, ahí abajo, recién parida y con tres puntinos calentinos recién puestos. Aquello fue como un segundo parto pero en el que hay que usar fórceps o ventosa. La epidural ya no hacía efecto alguno porque yo sentía cada movimiento y, no sólo eso, sino que me ponía cada vez más tensa. Y cuando por fin aquello salió, vi la luz aunque pasé varios minutos temblando. No os lo voy a negar, pero sin intención de que nadie se asuste (esto no tiene por qué suceder), pasé un rato muy desagradable.
La extracción manual de la placenta hace que se pierda mucha sangre así que el domingo no me dejaron moverme de la cama hasta por la tarde y pasé sin comer 24 horas, es decir, desde la famosa fabada. Eso sí, los análisis de sangre, a pesar de las hemorragias, eran perfectos; si es que servidora va con reservas a todos lados, hasta de hemoglobinas 😉 Y el lunes estaba como una rosa. Es más, esto de que mi familia política sea de fuera y estén aquí de visita me tiene todos los días de restaurante en restaurante, y Alfonso y Rafa están como motos con gente de fuera. En fin, soy una zombi, que lo sepáis.
Os doy las gracias a todas y cada una por vuestros comentarios aquí, en Facebook e Intagram. Responderos era imposible, además en el hospital me iba fatal el móvil y hasta colgué dos veces seguidas el post anunciando que Gabriel había nacido. Perdonad también si estos días no respondo, lo que sí os digo es que os leo ¡¡¡¡siempre!!!! pero llevo una media de sueño de 4 horas diarias desde la noche del parto y verte con tres niños en casa es… ¡alucinante! (habrá post sobre esto). Y gracias a los compañeros del cole de Alfonso por hacer sus dibujos para Gabriel. Por supuesto, tengo pendiente también el post del encuentro entre hermanos. ¡Gracias a todas!



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