Tener hijos es como volver a ser niña. Y no me refiero en esta ocasión a que pierdas la vergüenza por hacer determinadas cosas con los peques que ya sólo haces delante de otros adultos si vas con alguna copilla de más. No, esta vez sólo insinúo que tener niños te hace recordar muchas de las cosas que viviste en la infancia. Y no sólo es bonito sino que también te das cuenta de cosas que antes se te escapaban.
Este sábado me vinieron a la mente muchos recuerdos de cuando era pequeña; y todo porque fuimos a uno de esos lugares en el que pasé muchas jornadas con mis padres y mis hermanos: el puerto y la playa de El Puntal, en la ría de Villaviciosa. Es más, una de mis desdichas de infancia es haber pescado un cabracho y que mi padre lo devolviese al mar, aquello me hizo llorar porque yo sólo veía un pez; sin embargo, ahora le encuentro sentido, esos bichos meten miedo de lo feos que son. No le guardo rencor a mi padre por aquello 😉
Esta foto es de la web eltiempo.es. Como podéis ver, a la izquierda hay un pequeño puerto, en el centro un montón de eucaliptos y justo al otro lado una pequeña playa. Ahora entiendo porqué íbamos tanto de pequeños, mi padre podía pescar y mi madre tomar el sol. Si es que… estaba todo pensado. Y como la playa es muy recogida y está metida en la ría, no hay olas y cubre poco.
Hay pasarelas de madera para llegar con sillitas.
La playa, como veis, es pequeña. La pega es que, aunque es de arena fina, hay bastantes piedras.
Y después del paseo nos fuimos a comer a Tazones, un pequeño pueblo marinero del que ya os hablé en otro post donde siempre comemos paella de marisco a un precio de escándalo. La verdad es que en El Puntal había un restaurante con terraza con buena pinta pero ya teníamos reservada nuestra paella, otro día probaremos.
Alfonso se toma muy en serio su papel de hermano mayor. A veces le dice a Rafa «ten paciencia». Manda narices 😉
A Rafa lo de ver el mar le vuelve loco. Este verano me va a volver loca él a mí en la playa, voy a poder hacer de todo menos tomar el sol.
A Alfonso lo que le gusta es lanzar piedras o arena al agua.
Los domingos tenemos más suerte con el tiempo y luce el sol así que sacamos mucho partido al jardín de mis padres en el que yo también me crié porque era de mis abuelos. Si ya lo digo yo, todo vuelve y todo se repite.
Carrera de motos con el tío Miguel.
Pues así seguimos, moviéndonos por Asturias siempre que el tiempo no nos lo impida. Y voy recordando un montón de sitios en los que estuve de pequeña y a los que no estaría regresando de no ser por los peques. Creo que la maternidad agudiza el ingenio y nos hace menos perezosos, ¿o no? Y por cierto, admito sugerencias para los fines de semana.



































