Categoría: niños

  • El Museo más visitado de Asturias

    El Museo más visitado de Asturias

    El Museo del Ferrocarril, de la Sidra, de Bellas Artes, del Prerrománico, hasta de Fernando Alonso… ¡será por Museos en Asturias! Pero como no puede ser de otra manera, el Museo Jurásico de Asturias se lleva la palma y es el más visitado de mi tierra. No creo que ninguna familia pase por el Principado sin parar allí. Está en un paraje espectacular, en la rasa de San Telmo, entre Lastres y Colunga, en la llamada costa de los dinosaurios, y las vistas desde su cafetería son un espectáculo. Su planta tiene forma de huella de dinosaurio, es un edificio muy curioso. Y aunque es cierto que los restos fósiles encontrados en la cosa asturiana son su mayor potencial, hay que reconocer que, lo que verdaderamente llama la atención a los niños pequeños, son las réplicas de dinosaurios que hay en el exterior del Museo.

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    La réplica del Tiranosaurio Rex es muy real así que maridín les demostró a los peques que no se iba a comer a nadie 😉

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    Me encantaría seguir contándoos cosas sobre más playas pero, aunque fue un fin de semana de sol, la temperatura no era como para bajar a la arena en bañador. Aún así, enseguida encontramos algún plan que hacer con este trío. ¿Ya conocéis el Museo Jurásico?

  • Primer día de cole… del segundo hijo

    Primer día de cole… del segundo hijo

    Dicen que el orden de factores no altera el producto. Pues oye, el de los factores no lo sé, pero el orden o la posición que ocupas entre tus hermanos altera el producto, el servicio y la madre del cordero. Vamos a ver, no es lo mismo ser el mayor que el pequeño. Y claro, yo contaba ayer con ese componente a mi favor: que era el primer día de cole… para el segundo hijo. No se puede negar, ése es un factor favorable porque los pequeños siempre quieren estar donde sus hermanos mayores y porque ya conocen bien el centro al que van a ir. Así que todo transcurrió como yo imaginaba y, por primera vez en mi corta vida como madre, sin lágrimas. Porque mis churumbeles para los inicios son bastante desdichados. Ayer Rafa pasó por tres fases:

    Fase primera: Voy al ir al cole de mi hermano, ¡cómo mola el asunto!

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    Véase foto en casa super emocionado

    Fase segunda: No veo a mi hermano (los que empiezan el cole por primera vez entran más tarde) pero veo un huevo de gente en la puerta; por tanto, esto ya no me mola tanto pero me mantengo tranquilo junto a mamá.

    Fase tercera: hay un montonazo de juguetes y camiones en la clase así que yo me pongo a jugar y a lo mío, aunque alrededor se masca la tragedia.

    Yo no sé cómo transcurrió el tiempo allí dentro porque, cuando le hago preguntas, entra en versiones contradictorias y porque, como ahora tengo que recoger a los dos en clases diferentes, no me dio tiempo a tener conversaciones con los profesores. El primer día hay cierto colapso porque van hasta cuatro adultos por niño 😉 Pero oye, el crío salió de allí contento y tranquilo cuando le fui a buscar y el resto del día lo pasó como siempre, por lo que puedo intuir que estuvo a gusto. La suerte que hemos tenido es que está en el mismo aula y tiene la misma profe que tuvo Alfonso los dos primeros años. La mala suerte es que, de los seis compañeros que tuvo en la guardería, ninguno está con él en clase. Pero ya os adelanto que el personajillo este no va a tener problemas para hacer amigos… y enemigos 😉

    Y sobre el mayor no hay mucho que decir. Le llevó maridín y, cuando le pregunté a mi señor esposo qué tal el niño al volver al cole, me respondió: «Como si entrara en Disneyland». Vamos, que fue ver a sus amigos y oye, «adiós, muy buenas». Cómo son. ¿Qué tal vuestros peques? Si hubo drama, no os preocupéis, es lo más normal del mundo.

  • Looks de boda

    Looks de boda

    Lo prometido es deuda y paso a narrar muy brevemente (cuando escribo esto son las 12 de la noche de un domingo posterior a un sábado en el que dormí 4 horas) nuestro primer enlace como familia numerosa. Somos ya unos expertos en estos menesteres, oigan; ahora ya llegamos, incluso, antes que el novio. La clave: planificación y control de tiempos. Ya conté en el blog hace casi dos años que llegamos muy justitos a la boda de mi hermano, era la primera vez que íbamos de sarao con niños. Desde entonces, hemos mejorado mucho. Y eso que servidora, si puede, se peina a sí misma.

    Dicho esto, tengo que decir que, salvo algún momento puntual en la misa, los niños se portaron muy bien y Alfonso y Rafa cumplieron su labor de pajes, que no siempre es fácil; de hecho, una de mis sobrinas dijo que tararí llegado el momento. Luego tuvimos la suerte de que había niñeras en la boda, porque iban bastantes peques, y eso nos permitió cenar tranquilos. Y si a eso le sumas que mis padres estaban invitados al bodorrio y que no trasnochan, pues más fácil aún porque, después de la cena, se llevaron a los niños al hotel y durmieron con ellos. Así que, digamos, la noche fue joven y bailé La Gozadera como si no hubiera un mañana. Eaaa, paso a las fotos que sé que, para estos temas, lo de contar el rollo es lo de menos.

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    Cutre-selfie en la habitación del hotel.
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    Turbante de Eva Vidal, no se puede ser más artista. Yo le digo que me apetece turbante, le enseño el vestido y le dejo a ella que haga lo que le plazca. Y como tiene un gustazo exquisito, me aparece con este tocado con un estampado precioso y con pedrería.
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    El vestido de Mango al completo. Un chollo de menos de 40 euros.
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    Alfonso y Rafa con trajes de Neck and Neck y mocasines de Pisamonas.
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    Por detrás se ven mejor los fajines.
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    Mantenerlos peinados es una utopía.

    Y hasta aquí las fotos, no hice muchas porque Alfonso está en esa fase en la que no quiere que se las haga y pone morros (esta pre-adolescencia me va a matar) 😉 Y esta semana tengo muchos contenidos, ¡de todo tipo!

  • ¡Adiós, guardería! Por qué estoy contenta con la elección

    Para Rafa hoy es su último día de guardería. Una etapa que comenzó con llantos y que coincidió con la época de las rabietas, semanas antes de cumplir los dos años. Acaba con el mismo carácter fuerte de entonces (seguramente el que le acompañe toda su vida) pero lo hace muy feliz y más autónomo. Pero hoy no me voy a centrar en cómo ha cambiado Rafa sino en su escuela infantil. El mediano no ha ido a la misma guardería que su hermano mayor, no porque no estuviese contenta sino porque, en la de Alfonso, los plazos de inscripción son limitados al ser una escuela infantil municipal y, cuando supe que estaba embarazada del tercero, ya era tarde para apuntarle. Pero el caso es que me alegro. Lo digo con sinceridad, estaba contenta con la guardería de Alfonso… hasta que comparé. Aquí va una lista de cosas por las que, si algún día decido llevar a Gabriel, lo haré a la de su hermano mediano:

    Cuaderno final con DVD incluido.

    1. Flexibilidad: Habrá quien opine que una guardería debe tener un horario igual para todos; yo creo que, a esas edades, se debe ajustar a los ritmos de los padres y de los niños. Y si los padres quieren que la criatura vaya dos horas al día, o necesitan que sean 8 horas, pues lo suyo es que la escuela permita ese amoldamiento. En la de Alfonso, quizás por ser una institución municipal, había que recogerles a una hora exacta (de media o jornada completa).

    2. Familiaridad: Yo soy de las que piensa que, cuantos menos niños, mejor; así podrán recibir una atención más personalizada. He visto varias guarderías estos años y en una me quedé sorprendida por la cantidad de críos que había en un solo aula. No fue el caso de la de Alfonso aunque en la de Rafa son muchos menos y hasta la cocinera (fan absoluta del tragaldabas de mi hijo) se disfraza y juega con ellos. Que te envíen fotos y vídeos por Whatsapp es algo que sólo se puede hacer si no hay muchos peques. De verdad, yo agradezco la cercanía y poder escribir a la profe o a la directora en cualquier momento.

    3. Actividades: Cada viernes nos han ido entregando la cartilla en la que la profesora nos escribía las cosas que habían hecho durante la semana y las que harían la siguiente para que, en caso de que fuera necesario, llevásemos material. Ojo, que en la guardería de Alfonso se hacían muchas cosas pero en la de Rafa ha sido increíble, os juro que yo no he visto un niño que se sepa más canciones, que se haya disfrazado tanto y que conozca a Mozart.  Y a eso sumad alguna clase de yoga, de masaje y la posibilidad de que les lleven a natación un día a la semana. Y por supuesto, salidas al parque, excursión con los padres, visita a una casa de aldea con animales… Y por poner, talleres de masaje infantil y Reanimación Cardiopulmonar para los padres.

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    4. Montessori: Yo no sabía de este método hasta hace poco pero creo que es muy interesante ya que se pone el énfasis en la actividad dirigida del niño. Me quedo con uno de los principios de este método: «Concéntrate en el desarrollo de lo bueno del niño de tal manera que sencillamente no quede lugar para lo malo». Qué difícil es llevar a cabo esto. Lo que sí puedo decir es que Rafa es bastante autónomo y, como quiera hacer algo, «apaga y vámonos».

    5. Adaptación: el período de adaptación lo marcas tú, aunque ellas son las primeras que te van recomendando sobre la marcha, en función de cómo ven al peque. Es más, el primer día de Rafa, que fueron dos horas, me dijeron que se quedase también Alfonso, que aún no había empezado el cole. Recuerdo que en la guardería del mayor, el tiempo estaba super marcado: la primera semana, tantas horas; la segunda, otras tantas..y así, hasta un mes. Y no todo el mundo puede permitirse una adaptación tan larga ni todos los niños la necesitan. Los hay que van felices ya los primeros días.

    6. Comida: las dos guarderías, y aquí en Gijón todas las que he ido a ver (en torno a seis), tienen cocina propia. En la de Rafa, además, les dan de merendar.

    7. Transporte: una de las cosas por las que había descartado la guardería de Rafa en su momento es porque no está en mi zona. Y claro, imaginaos todos los días sacar el coche para recoger al mayor en el cole (obviamente sacando al bebé del automóvil) en zona urbana a tope de coches, para montarlos a los dos (sí, ya sabéis el coñazo que es colocarlos a cada uno en su silla) y recoger al tercero. Pero resulta que, por una amiga, me enteré que tenían furgoneta que se adapta un poco, en función también de otros niños, a horarios y zonas. Y es que además, con transporte incluido, el jardín de infancia me salía mejor de precio que la mayoría de guarderías que miré. Obviamente eso es lo de menos si el niño está contento y bien atendido.

    Los últimos dos puntos no son, ni mucho menos, los más importantes, pero suman, claro. En lo que sí gana por goleada la guardería de Alfonso a la de Rafa es en instalaciones. Es un edificio que se construyó hace 6 años para lo que es y, por tanto, no hay ni un sólo escalón, las aulas son acristaladas… vamos, bonita y funcional a rabiar. Insisto, yo estaba contenta con la del mayor y la recomiendo, y además a su profe la conocía de toda la vida y es encantadora. Pero creo que, en ese centro, por lo que os dije de que es municipal, se rigen por unas normas y de ahí no se salen. Y al igual que creo que son necesarias en un colegio, para mí las guarderías son otra cosa así que, si tengo que llevar a Gabriel, lo tengo claro, irá a la del mediano. Gracias Sonia. Y vosotras, ¿estáis contentas con vuestra elección?

     

  • Preguntas que debes hacerte antes de comprar sillita

    Una de ésas compras importantes a las que te enfrentas cuando tienes tu primer hijo es la de la sillita de paseo. No es que sea una experta porque no fui de las que analicé todas las que había en el mercado pero, casi cinco años después de comprarla, puedo decir que no me equivoqué porque tenía claras las respuestas a dos preguntas: ¿La usaré mucho o poco?, ¿será para pasear mucho o para viajar, ir de excursión, a la playa? En nuestro caso, la primera contestación era obvia teniendo en mente tener familia numerosa así que decidimos que había que invertir dinero en ella. Y la segunda cuestión la teníamos también muy clara, la queríamos para todo, para paseos largos, para la playa, para los viajes…

    Si no sueles pasear y te mueves mucho en coche, si tienes claro que tendrás un sólo hijo, si eres de las que prefiere llevar al bebé en mochilita, o por cualquier otra razón sabes que le darás poco uso, yo no compraría una sillita que cueste un dineral… Pero como en todo, hay que mirar luego muchas cosas. Por ejemplo, yo me obsesioné con que el carrito fuera muy muy ligero y sus ruedas buenas porque tengo escaleras en el portal y porque en mi mente estaba (y así ha sido) pasear varias horas diarias, por lo que quería evitar dolores de espalda. Os parecerá una chorrada pero no es lo mismo empujar una sillita de las que se pliegan tipo paraguas, que sí, son ligeras pero las ruedas (en la mayoría de los casos, no en todos) suelen ser pequeñas e implican hacer muchísima fuerza, que empujar un carrito que también pese poco pero tenga unas señoras ruedas. La diferencia es que, con la primera, a la media hora no puedo más mientras que con el carrito puedo pasar dos o tres horas paseando sin problema. Y lo digo con conocimiento de causa, tenemos los dos tipos de sillitas.

    Pero claro, lo que es una ventaja para una cosa, puede ser una desventaja para otra. Nosotros somos muy viajeros y los carritos que tienen capazo y silla (algunos también huevito) ocupan un montón cuando los pliegas. Así que ésa fue la razón por la que, después del Bugaboo, nos compramos la Maclaren.es individual. Eso sí, ya de oferta y la versión más normalita. Y es una maravilla para moverse en coche, para llevar de viaje… pero una pesadilla para mis paseos por Gijón durante horas. Así que hay que valorar también estos puntos. Os recomiendo que miréis la web sillasdepaseo.es para indagar un montón de modelos.

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    La silla con la que paseo habitualmente es ligera y puedo corroborar que muy resistente 😉 Con tres años y medio, Alfonso se quedó dormido en el parque, tuve que ponerle en ella y el pobre Rafa andando.

    Luego ya vienen detalles como el manillar; el que llaman corrido siempre es más cómodo. Y si, por ejemplo, quieres tener hijos seguidos, pues es importante que el chasis sea bueno y resistente, porque además de un bebé tendrás que empujar un patinete con otro niño de unos cuantos kilos. De ahí también mi obsesión porque la silla fuese ligera. En fin, es cierto que al final son bastantes detalles, pero creo que hay que tener claro cuánto uso le daremos y para qué porque, al final, con el primer hijo, toca hacer un desembolso importante para varias cosas. Ojo, que hay gente que compra absolutamente de todo antes de que nazca la criatura y creo que hay cosas que se van viendo sobre la marcha. Pero justo la sillita de paseo, la del coche, la cuna y el cambiador, que fue lo único que cogimos antes de dar a luz al mayor, ha sido lo más amortizado en esta casa. Y vosotras, ¿qué sillita elegisteis?, ¿qué os parecía importante?, ¿habéis acertado?

  • Operación evacuación (digo pañal) finiquitada

    Cuando ya llevamos una semana sin escapes del tipo B, es decir, de los gordos, doy por finalizada la operación pañal más compleja que he vivido nunca. Ojo, que sólo he vivido dos, pero las suficientes para saber que ésta última ha sido un poco cargante, por no decir otra cosa. Si me llegan a decir en junio que me iba a pasar un mes limpiando cacas, os juro que me planto y no escolarizo al crío hasta dentro de un año ;-). He aquí las comparativas de dos operaciones «pañal» muy distintas:

    1. Operación del mayor. Duración: 1 semana. Deposiciones recogidas en ese espacio de tiempo: un par, más o menos. Señales previas de deseo por quitar el pañal: ninguna.

    2. Operación del mediano. Duración: 1 mes. Deposiciones recogidas: incalculables. Señales previas de deseo por quitar el pañal: escasas.

    Espero que esto no vaya «in crescendo» con el tercero porque, llegado el momento, me puedo hacer el «harakiri». En cualquier caso, lo que sí os puedo decir, dada mi experiencia, es que cada niño tiene su ritmo. Eso sí, también tengo claro que, eso que dicen de que los niños dan señales de querer quitarse el pañalico del culo y que no es conveniente hacerlo antes, no ocurre siempre, ni mucho menos. Los hay que sí, que piden deshacerse de él así que ¡enhorabuena a los que os haya tocado!

    Pero otros van super a gusto con su pañal, su pis y sus cacas, y nada les incomoda. Y eso era lo que pasaba a Alfonso, que se paraba en seco donde estuviera, hacía sus necesidades y seguía feliz con sus quehaceres. Así que que, sin muestras previas de ésas que dicen que existen y con 2 años y 8 meses, le quité su pañal un día. Menos de una semana después, sin llantos, tuvo su último escape. Se ve que hay niños que, hasta que no notan que se mojan o manchan la ropa, no son conscientes del proceso ya que se han pasado toda su vida con un pañal en el trasero.

    Rafa, sin embargo, hace unos cuantos meses, me informaba de que había objetos olorosos no identificados en su pañal. Yo, la verdad, no lo interpreté como que estuviese preparado ya que me avisaba a posteriori. Además, era pleno invierno y tenía un recién nacido en casa. Igual resulta que ése hubiera sido un buen momento, pero dudo que hubiera sido más fácil que ahora. Así que, en cuanto llegó el buen tiempo, hice lo mismo que con el mayor, quitarle el pañal un día confiando en que en una semana, un par a lo sumo, concluiríamos el procedimiento. Y no, no fue ni rápido ni fácil. Tuvimos dos crisis gordas:

    1. Escape nuclear en la piscina de la urbanización donde vivimos: sólo se metió 3 minutos en la  piscina grande en todo el verano. Suficiente para tener allí una fuga que obligó a echar más cloro y precintar la piscina día y medio. Yo sé que esto os hace gracia pero yo pasé mucha vergüenza y, por primera vez en mi vida, recé para que lloviese . Y llovió, vaya respiro. Para evitar que pasase más veces, tuve que comprar pañales de agua y decirle que era bañador, por aquello de no dar marcha atrás en el proceso.

    2. Diarrea durante diez días: Puede que no haya tenido una diarrea en su vida porque Rafa tiene una hormigonera interior que le permite comer sin descanso y hacer mezclas imposibles. Pero oye, resulta que en plena operación coge una cagalera importante que me obliga a ponerle pañal nuevamente. Vamos, una faena.

    Así se resume nuestra segunda operación pañal en esta casa; Rafa controló en un par de semanas los pises pero sus necesidades mayores han sido un quebradero de cabeza, he limpiado más boñigas este mes que en toda mi vida. Eso sí, no os vayáis a creer que aún no tiene que mejorar. Desde que dice que se hace caca hasta que se la hace tenemos un margen de maniobra de 10 segundos lo que, en algunas situaciones, nos impide claramente llegar a un baño u orinal así que directamente saco pañal o toallitas y… pues eso. Y la otra guerra es convencerle de que las cacas las haga en el váter en lugar del orinal ( lo he conseguid un par de veces!) porque oye, ya no me apetece hacer traslados de mierdina de un sitio a otro. ¿Qué os parece?, ¿completita la ejecución, verdad?, ¿cómo os fue a vosotras?

  • Cremas solares en spray, ¿protegen?

    Hace dos veranos, compré por primera vez un protector solar en spray transparente (tipo aerosol). Lo cogí con factor 50 para probarlo con los peques ya que yo suelo usar en torno a 30 SPF. La verdad es que, con niños, todo lo que sea simplificar es bienvenido y yo no soy fiel a ninguna marca en esto de las cremas, aunque sí que uso algunas con más frecuencia y prefiero ir a marcas de toda la vida. Pero si veo algo que me gusta, lo pruebo. La que compré por entonces fue Solcare (Mercadona) porque en general me gustan los productos Deliplus aunque sí que es cierto que nunca usé protectores solares de este supermercado ni ningún otro.

    El caso es que mi sorpresa fue mayúscula al ver que Rafa, negro como él solo, se empezaba a quemar. La crema la volvimos a probar nosotros y nos dimos cuenta de que, quizás porque la piel te queda especialmente brillante (como cuando te echas aceite corporal), no quedaba protegida frente a quemaduras. Así que ahí se acabó mi aventura probando cremas en spray. Hasta este verano, que he vuelto a intentarlo, por aquello de encontrar el cosmético que me facilitara la vida. Y probé con Denenes. Para Alfonso y Rafa, que son tan morenitos, no hubo problema pero para Copito fue insuficiente y en cuanto vi que la piel se le ponía un poquito roja, a echarle de las de siempre, de las que te dejan la piel blanca. Otra de las desventajas que tienen los protectores con vaporizador es que, se puede perder en el aire cierta cantidad de producto.

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    Tono que adquieren mis hijos mayores en verano

    Pero como soy muy insistente, y siempre me fié de Isdin, decidí probar la versión en spray de esta marca. No tenía nada que perder puesto que, si a Gabriel no le iba bien, la iba a utilizar con los conguitos de sus hermanos. Sé que hay que fijarse en muchas cuestiones pero, con Copito, me obsesionan las quemaduras a pesar de que le exponemos poco al sol, aunque hay momentos en que es inevitable. Para mí, de las tres marcas, sin ninguna duda, la mejor. Y es impresionante lo fácil que es extenderla así que estoy muy contenta porque los mayores no paran. Pero creo que, para pieles de bebés muy blancos (aspecto al que me enfrento por primera vez en mi vida 😉 ) nada mejor que una crema de las consistentes, de ésas que, cuando sales del agua, te deja la piel lechosa, nada de brillos. Y vosotras, ¿qué marca usáis?, ¿qué recomendáis las que tenéis niños blanquitos?, ¿spray o crema?

  • Cuando te ponen al límite

    La primera gran crisis que tuve como madre fue hace casi dos años, cuando Alfonso comenzó el colegio; aquella situación me pilló por sorpresa y, al principio, me costó creerlo porque no le había afectado ni el nacimiento de Rafa casi un año antes y además era un niño buenísimo. La segunda crisis que sufrí en mi vida maternal fue a finales del verano pasado. Situación: embarazada de 7 meses, con un bebé de casi dos años en plena etapa de rabietas y un pobre niño de casi 4 años, espectador pasivo de los berrinches de su hermano. Aquello me superó, porque las pataletas eran fruto de la etapa que Rafa estaba viviendo, sin explicación alguna y sin mediación posible.

    Lo reconocí en su momento aquí en el blog, lo pasé mal. Alguna vez me encerré en el baño porque lo que me apetecía era gritar o darle un meneo al crío. Y claro, ¿de qué sirve dar un alarido a un niño de menos de dos años que está fuera de sí? No sabía cómo gestionar esas rabietas que, en alguna ocasión, duraban casi una hora y que no se le pasaban ni ofreciéndole comida al niño. Y cualquiera que conozca a Rafa sabe que todo drama se le olvida si le das comida 😉 Por suerte, y si alguna os encontráis en esa etapa, eso se acaba pasando y en nuestro caso, duró un mes. Ahora mismo, el mediano, aun teniendo carácter y siendo muy impaciente, es muy cariñoso y simpático y gracioso a más no poder. En Instagram tiene su grupo de fans 😉

    Y si os cuento esto es porque el sábado lidié con mi ¿tercera crisis maternal? Siendo un día puntual creo que la próxima semana ya me habré olvidado del asunto. El caso es que yo no sé qué demonios les ocurría a mis hijos mayores (el pequeño está a punto de ser santificado en El Vaticano) pero me convertí en una loca. En realidad, el que me puso como una moto fue Alfonso. Sí, ya estamos en plan pre-adolescente, así como contestatario. Y oye, que no hay nada que me ponga de peor humor que lo de decir diez veces que hagan algo y que me tomen por el pito del sereno. Porque la quinta vez que dices algo, subes el tono de voz; a la sexta, lo elevas más y, a la décima, se entera todo el vecindario.

    Cuando tienen el día torcidín, te sacan de tus casillas. Que le digas al retaco de 4 años que se va a quedar sin ir a la piscina y te salte con «pues ya no voy a ayudarte nunca», «eres mala», «pues me da igual»… ufff, me pone de los nervios. Y os lo confieso, ganas no me faltaron de dar algún cachete pero no, me lo prometí a mí misma; si no le doy un guantazo a ningún adulto (y todos sabemos que más de uno se lo merece), no lo voy a hacer con mis hijos, ni quiero ni debo. Eso sí, gritos dí unos cuantos cual loca de la pradera. Lo pienso a posteriori y me pregunto ¿fue para tanto?

    Pues mirad, no lo sé pero el caso es que chillé porque ¿qué hacer en estas situaciones? Es difícil, son niños, sí, pero ya saben lo que está bien y no, entienden los mensajes que les damos y ya pueden razonar muchas cosas. ¿Cómo hacerles entender que no siempre pueden hacer lo que les apetezca? Para mí, esta labor es, sin duda, la más complicada. Cada día lo tengo más claro, educar a los hijos se complica cada vez más, según van creciendo. A mí dadme cinco bebés como Gabriel y os juro que seré la madre happy del barrio. De hecho, cuando estoy sola con el peque e, incluso con dos, estoy en un estado de relajación total. En fin, la de días tontos que me quedan por delante… ¿Cómo gestionáis las crisis con vuestros hijos?, ¿alguna más entra en estado de enajenación mental cual niña de El Exorcista?

  • Acoso escolar: cuando no «son cosas de niños»

    Acoso escolar: cuando no «son cosas de niños»

    Quiero agradecer a Carmen que me haya cedido este espacio para compartir con vosotros algunas inquietudes que me han surgido con mi nuevo trabajo. Me llamo Cristina Arias y soy periodista. Llevo un mes inmersa en un proyecto fascinante y a veces aterrador: un documental sobre el acoso escolar. Le decía a Carmen que es un tema que, salvo que te toque personalmente, o coincida con una tragedia como el suicidio de un adolescente, normalmente no se trata. Ni en los medios ni en los corrillos de madres a la salida del colegio ni, mucho menos, ahora en las piscinas.

    Sin embargo, es algo sobre lo que habría que hablar, y mucho, en todo tipo de foros. Porque cada año hay miles de niños en España que sufren acoso escolar. Porque es algo que existe en todos los colegios. Porque no discrimina entre niños con problemas previos y niños perfectamente “normales”. Porque hay niños que lo sufren durante años en silencio. Porque las secuelas que deja en las víctimas son más graves y más duraderas que las que deja el abuso por parte de un adulto. Increíble, ¿no? Pues es así.

    El acoso escolar tiene muchas caras. Algunos, al oír la palabra acoso, piensan en actos violentos y muy graves; no es así necesariamente. Y, sobre todo, no es así desde el principio. El acoso escolar es una pequeña bola de nieve. Empieza, por ejemplo, con unas risas a costa de un compañero de clase que se ha manchado en un lugar inoportuno de su ropa. Al día siguiente al llegar a clase uno desde la última fila le llama “meón” y todos se ríen; es algo inocente, “cosas de niños”. Sin embargo, al salir al patio en el recreo, uno se anima y le pone la zancadilla. Varios chavales hacen un círculo para reírse del que está en el suelo y corean “meón, meón, meón”. Muchos miran con una sonrisa en la cara, otros miran sabiendo que eso está mal pero callan. Así, en un par de días o semanas, el pobre chico de la mancha se ha convertido en la diana de las burlas de la clase. En poco tiempo, todos sus compañeros han “aprendido” que ése es su papel y el grupo entero lo asimila con la misma facilidad con que asimilan el nombre de la nueva profesora de inglés. Esa bola de nieve ya va colina abajo creciendo sin parar.

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    ¿Cómo saber si nuestro hijo sufre acoso escolar? Hay que estar atento si observamos cosas como cambios de humor, irritabilidad o tristeza. Si empieza a tener problemas para dormir o sufre pesadillas. Si le falta apetito o come compulsivamente. También se dan dolores de tipo somático: dolor de cabeza o de estómago sin causa aparente. Y lo más importante, estar atento si vuelve del cole con golpes o rasguños de manera frecuente y lo achaca siempre a que se cae.

    ¿Qué hacer si sospechamos que nuestro hijo es víctima de acoso? No culpabilizarnos y no culpabilizarle. Lo más importante es crear un clima de confianza, tiene que saber que vamos a creer todo lo que nos cuente y que vamos a apoyarle en todo. Eso de “hay que hacerse fuerte” puede servir para ayudarle a convivir con determinadas frustraciones, pero no si le están acosando. Es duro para los padres reconocer que su hijo está siendo víctima de acoso, pero hay que tener siempre en cuenta que lo más importante no es cómo me siento yo sino cómo se siente él. Hay que ayudarle, darle herramientas para que la situación no le supere. Reafirmarle en sus virtudes y sus posibilidades. Tiene que saber que somos su mayor apoyo.

    El siguiente paso es hablar con su tutor, contarle lo que venimos observando y pedirle que esté más pendiente de nuestro hijo, sobre todo en los espacios comunes como el patio o los pasillos. En muchos casos nos encontraremos con que el colegio no reconoce que se trata de una situación de acoso. Erróneamente creen que les afectará negativamente cuando, en realidad, si toman las medidas adecuadas, lo más probable es que lo solucionen. Si lo hacen, los padres confiarán en ese colegio y lo recomendarán. Como he dicho, pasa en todos los colegios.

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    Es importante saber que el acoso escolar no es uno contra uno, es uno contra el grupo. Por lo tanto la intervención para corregir la situación ha de hacerse con toda la clase. Tanto el que insulta como el que mira y calla son responsables del sufrimiento de la víctima así que hay que cambiar la actitud de todo el grupo frente al acoso. Hace años, cuando a una mujer le daban una paliza en casa, la gente decía “son cosas de pareja y no hay que meterse”. Hoy a nadie se le ocurre justificar así semejante barbaridad. Es hora de que cambiemos nuestra manera de ver y hablar de las cosas que pasan en los colegios.

    No todo lo que pasa en los coles e institutos “es cosa de niños”. Que haya miles de niños y adolescentes con miedo a ir al colegio día tras día es escalofriante. Que haya chicos que piensan que es mejor quitarse la vida que volver a clase es escalofriante. Y que las instituciones y algunos profesionales de la educación digan que es culpa de la falta de medios es indignante. Por eso hay que hablar del acoso escolar, porque nuestro futuro está hoy en la escuela, y, si no lo remediamos, muchos serán adultos con problemas de depresión y otros muchos serán delincuentes o abusones de por vida. ¿Creéis que no se habla lo suficiente de este tema?, ¿que mucha gente le quita importancia?, ¿que los centros se desentienden?

    investigacion.acoso.escolar@gmail.com

  • Cabárceno, una visita indispensable

    Cabárceno, una visita indispensable

    Tenía muchas ganas de ir con los niños al Parque Natural de Cabárceno (Cantabria). Es un lugar al que fui siendo niña en más de una ocasión y creo firmemente que es un sitio que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Cierto es que nuestra idea era ir con los churumbeles más adelante, cuando fuesen un poco más mayores pero al final surgió así; teníamos un evento familiar en el País Vasco y casualmente el lunes era festivo en Gijón así que, ya que hacíamos maletas, ¿qué más daba una noche más en Cantabria? En otra ocasión os hablaré de Suances, que es el pueblo donde dormimos. Si alguien va a hacer ruta por tierras cántabras este verano, que se apunte el nombre y lo visite.

    Dicho esto, me centro en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Que nadie tenga en mente que aquello es un zoológico convencional porque ni lo es ni se le parece. Estamos hablando de 750 hectáreas (de una antigua explotación minera) de una belleza espectacular donde los animales no viven con completa autonomía pero sus actividades están marcadas por su casi total libertad e instinto. El parque acoge un centenar de especies de animales de los cinco continentes que se encuentran en recintos de una superficie enorme.
    DSCN6010El recorrido se hace en coche aunque, si alguien quisiera, podría hacerlo andando. Ya os digo que son varios kilómetros y que, además, hay numerosas zonas de aparcamiento por todo el parque con lo que me atrevo a decir que casi nadie hace el itinerario a pie teniendo en cuenta que puedes pararte prácticamente en cualquier parte. El precio de la entrada para adultos es caro (25 euros) pero los niños de hasta 5 años entran gratis así que, por primera vez, ir con tres críos pequeños nos salió por el mismo precio que si hubiéramos ido con uno 😉

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    Foto desde el coche.

    Y aquí van algunas recomendaciones:

    1. No vayáis días de sol y calor, casi nos da algo a más de 30 grados bajando y subiendo del coche con los tres peques. Si podéis elegir, dejad este plan para días nublados. Además, nos quedamos sin ver algunos animales que, lógicamente, se escondían en cualquier lugar con sombra.

    2. No os perdáis bajo ningún concepto la exhibición de los leones marinos; será, sin duda, lo que más les guste a los niños. Además, me encantó saber, según nos contó una de las cuidadoras, que son animales que aprenden muy rápido, son sociables y además, les gusta relacionarse con los humanos que son simpáticos. Vamos, que son como los niños.

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    3. Los animales que no podéis dejar de ver tampoco son, desde mi punto de vista, las jirafas. Son absolutamente espectaculares y es fácil observarlas de cerca. No es igual de sencillo ver a los elefantes a una distancia corta ya que el espacio en el que están es enorme. Nosotros sí tuvimos suerte. Y otros animales dignos de ver son los osos, las cebras y los orangutanes.

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    DSCN60004. Hay cafeterías y restaurantes pero, sinceramente, el parque tiene vistas tan bonitas que recomiendo comer al aire libre. Además, se puede hacer prácticamente en todo el recinto. Nosotros elegimos un banco debajo de un árbol precioso y estuvimos encantados comiendo bocadillos.

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    Los pelos de mis hijos también son dignos de ver 😉

    Para mí, como he dicho al principio del post, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno es, sin duda, una lugar al que ir con los niños una vez en la vida… por lo menos. ¿Lo conocéis?

    Avisos:

    Tenéis la lista de ganadoras del sorteo Impetus de ropa interior de niños aquí.

    Como he visto que muchas conocéis y compráis en Vertbaudet, los descuentos están aquí.

  • Playas de Asturias: Borizu (Llanes)

    Playas de Asturias: Borizu (Llanes)

    Sí, por fin, ¡ha ocurrido! Hemos estrenado la playa este 2015, que ya tocaba. Y lo hemos hecho a lo grande, en uno de los arenales más bonitos de Asturias. Aunque ahora que lo pienso, decir eso es algo arriesgado porque podría enumeraros decenas de playas del Principado absolutamente maravillosas. Pero oye, por algo la de Borizu (en Celorio, Llanes) ha sido escenario de muchos rodajes de cine y televisión. No me voy a alargar mucho dando explicaciones pero os sí varios datos de interés: hay chiringuito (tipo merendero), el acceso con carritos es facilísimo (no has escaleras ni rampas) y se llega en coche hasta el arenal, no hay que caminar salvo que haya muchos coches y no se pueda aparcar cerca. Nosotros no tuvimos dificultad para dejar el coche pero no sé deciros en pleno mes de agosto.

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    Su primera vez en la playa
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    Gordi feliz en el agua
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    ¿Cómo explicarlo? La felicidad total y una hora en remojo.
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    Cosas que pasan con niños en la playa: 1- Que te roban la silla 2- Que tienes que hacer malabarismos con la pierna para que el niño no se caiga porque, obviamente, lo de estar en la sillita, no le parece buena idea.

    Pues eso, que la playa es totalmente recomendable; el entorno es inigualable y para los niños es cómoda. Y como este fue el fin de semana de las primeras veces, he aquí la imagen de que llegué a la meta en la primera carrera que he corrido en mi vida; nunca pensé que acabaría 5, 5 kilómetros y menos con buena cara 😉 Ya os digo que me encantó la experiencia y que… ¡habrá más veces! Espero que vuestro fin de semana haya sido también estupendo.

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  • Niñofobia

    El sábado viví una situación de ésas en las que, si me pinchan, no sangro. Entiendo que, en parte, porque no es algo frecuente ni normal. Habíamos quedado con unos amigos a comer en un club deportivo de Oviedo y llegamos antes que ellos así que entramos al hall y de ahí fuimos al salón contiguo para tomar algo mientras esperábamos. Eran las dos de la tarde y yo, además, quería darle el bibe a Gabriel así que iba directa a sentarme con los peques cuando un camarero me abordó para decirme que no podía estar con niños allí. Instintivamente, me fui con los críos, sintiéndome observada, a una zona de terraza acristalada anexa al salón para lo que quería: dar de comer a mi hijo. Y nuevamente, el mismo camarero se acercó para decirme que tampoco podía estar allí con los churumbeles.

    Así que, con cara de asombro, le pregunté dónde podían estar las criaturas y me indicó que en la zona de arriba, es decir, en el comedor, o en la única parte de la terraza que no estaba cubierta (indico, de paso, que el sábado llovía y estábamos a 15 grados). En total, los niños no podían estar en un 80% de la superficie total del club. Pero ahí no termina la cosa. Cuando íbamos en dirección a la escalera para subir a la «zona de confort» vino una mujer (luego supe que era la persona que está en portería) a decirnos, otra vez, que los críos no podían estar allí. Y ya no pude estar callada. En minuto y medio me habían dicho tres veces que los niños sobraban, que no eran bienvenidos. Y salté: Ya lo sé, es la tercera vez que me lo decís; son niños, no se comen a nadie. No es mi estilo, soy sincera y no me ando con rodeos con la gente que conozco porque no me gusta la falsedad, pero, por contra, si no conozco a la gente, no me meto donde no me llaman y no digo ni mu.

    Mirad, yo acepto que hay lugares que no son apropiados para los menores. Es más, entiendo que en determinados sitios, clubes, centros sociales… haya áreas en las que no se permita la entrada a los niños. Pero, desde mi punto de vista, el concepto de este club deportivo ovetense es erróneo al ser prácticamente todo su recinto restringido a los peques. Ojo, es una asociación privada con sus normas y alguien podrá decirme que, como tal, tengo que aceptarlo y no puedo quejarme. Y obviamente, no tengo ningún derecho a exigir que mis hijos estén donde a mí me dé la gana y, por tanto, no me negué a irme de las zonas «prohibidas» ya que acato las normas de cada sitio. Es tan simple como no ir allá donde no eres bien recibido.

    Creo que es interesante reflexionar sobre este tema porque, aunque no sea frecuente, es cierto que, en algunos lugares, ponen cara de pocos amigos cuando apareces con niños. Señores, en esta sociedad, no sobran ni críos ni mayores, ni mujeres ni hombres, sólo estorban los incívicos. El que no comprende que los niños son éso, niños, que a veces lloran, que se mueven más que los adultos… es que no está preparado para vivir en comunidad. Al igual que los padres debemos poner límites a los críos en algunos sitios, sólo faltaba. Y vosotras, ¿habéis tenido algún episodio de «niñofobia»?

  • Si no puedes con el enemigo… más fútbol

    Si no puedes con el enemigo… más fútbol

    Yo tenía en mis planes, desde la semana pasada, escribir el post de hoy sobre un tema que, obviamente, dejaré para otro día. Sin embargo, el sábado viví una situación de fobia a los niños que hizo que me replanteara el contenido del blog. Pero de nuevo mis planes cambiaron. Resulta que el domingo me vi invadida por el espíritu del fútbol, desde la mañana hasta la noche. Y oye, no me queda más remedio que hablar de ello. Juro que me gustaría, de vez en cuando, hablar de ballet, de tutús y bailarinas… pero no se me logra. Que no me importaría a mí tener un Billie Elliot en casa pero, por ahora, manda el deporte rey.

    Hace unos meses os contaba cómo había sido el primer partido de Alfonso. Básicamente fue un desastre, con varios goles en propia al no tener clara la portería en la que marcar y con algunos niños descentrados y haciendo cualquier cosa menos jugar al fútbol. La temporada ha terminado y, aunque los críos han mejorado, no se puede decir que haya sido un éxito; no sabría deciros cuántos goles nos han caído pero calculo que unos 80, y hemos marcado unos 14. Creo que, de la liguilla, acabamos los penúltimos. Aun así, a todos los niños de todos los equipos se les entregó una medalla ayer domingo. Y sinceramente, se agradece y a ellos les hace una ilusión inmensa.

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    Si decidís apuntar a vuestros niños a fútbol, tras el primer año de entrenamiento, ya podréis sacar dos conclusiones. La primera, que algunos entrenadores se lo toman demasiado en serio; no me parece de recibo que se mande a la caseta a unos niños de 4 años que lanzan un balón al campo desde el banquillo. Y  la segunda conclusión es que sabréis si habéis acertado o no. Y no me refiero a que los críos sean buenos o malos, que de 1000 niños puede que uno acabe viviendo de eso, por mucho que a algunos padres les cueste aceptarlo. Me refiero a que podréis saber si disfrutan con ello. Porque aunque no lo creáis, hay niños que disfrutan y otros que pasan del tema. Yo no me equivoqué, Alfonso lo vive; a veces, sufre más de lo que debería y eso sí que trato de corregirlo. Que yo he sido muy futbolera y no compensa. Pero claro, luego marca un hat trick y le tienes varios días en una nube, cualquiera le quita la ilusión.

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    Y como el domingo empezó con fútbol, acabó con todo un acontecimiento en nuestra ciudad. El Sporting de Gijón subió a Primera División y anduvimos todos como locos en casa porque nuestro equipo no dependía sólo de su partido sino de otro; mis hijos no entendieron que yo celebrara como loca un gol del Lugo y se me pusieron a llorar los dos al unísono del susto. Ver para creer. Así que ayer subió nuestro equipo y Alfonso recibió su primera medalla como jugador de fútbol, un día para no olvidar. En fin, y lo que me queda de balompié, señoras 😉 Pero ¡estoy encantada!

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    Familia que festeja unida, permanece unida.

    Aviso: tenéis al final de el post anterior los nombres de las ganadoras de los marcos Baby Art.

  • Ideas para decorar habitaciones infantiles (parte 2)

    Pues si la semana pasada os enseñaba algunos cambios que habíamos hecho en el dormitorio de Copito para así daros alguna idea, hoy me toca mostraros la transformación de la habitación de los mayores. No es que estuviera mal, ni muchísimo menos, pero creo que el cambio ha sido a mejor, fundamentalmente por una cosa:

    1. Tapizar: No sé si lo habéis hecho alguna vez pero, si tenéis algún sofá, cama, silla o sillón que esté viejo, lo de «forrar» es casi como comprar algo nuevo, queda impoluto. Lo que pasa que esto no es algo que pueda hacer cualquiera, creo yo. Y por supuesto, si decidís hacerlo, comparad precios porque hay bastante diferencia entre unos tapiceros y otros, al igual que en el importe de las telas. En nuestro caso, tapizamos las camas que eran de mis hermanos mellizos (como veis, en esta familia lo vamos reutilizando todo) porque, tras tantos años, algunas zonas estaban muy desgastadas.

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    Y fijaos cómo cambia con una tela nueva y, para mí, más bonita.

    2. Rescatar viejos objetos: si en el post anterior os decía que reutilizar muebles antiguos siempre era buena idea, no lo es menos el aprovechar cosas antiguas que, o están en los armarios o trastero, o en algún rincón de la casa sin ser apenas visibles. Y eso es lo que le ocurría a la casa de muñecas que me hizo mi tío Juan antes de morir, que estaba en una habitación que apenas usamos y no lucía nada. Eso sí, tuve que quitar los muebles de la casita (que cada año me traían los Reyes Magos) para que mis hijos no los estropeen. Digamos que, por ahora, está para decorar. Pero es que es absolutamente preciosa.

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    3. Ikea: No hay habitación infantil que se precie sin algún mueble «sueco», esto es así. Es más, me atrevería a decir que hay dos o tres hits que nunca fallan, como la estantería y la mesa infantil con su silla. Eso sí, la estantería la hemos colocado en horizontal por dos razones: para que diera la sensación de quitar luz al entrar en la habitación y segundo, para que los niños puedan coger los juguetes, que antes estaban bastante desperdigados.

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    4. Láminas: aquí ya más de lo mismo, reitero mi idea de que menos es más pero creo que aún podríamos añadir algo más, estoy pensando en algún mapa bonito, y así de paso aprendemos.

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    Lienzo que me trajo mi madre de Tailandia.

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    Ilustración de mi tío Juan del año 1989 para una campaña de los almacenes Bloomingdale’s en Nueva York.

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    Desde mi punto de vista, la habitación ha quedado más elegante por el cambio en las camas y mucho más ordenada gracias a la estantería de Ikea. ¿Qué?, ¿cuántas tenéis la estantería y la mesa? 😉 ¿Habéis reutilizado algo de vuestra infancia para vuestros hijos?

  • Comienza la temporada de eventos

    Comienza la temporada de eventos

    Venga, que ya tenemos el verano a la vuelta de la esquina y empiezan las celebraciones de todo tipo. Nosotros nos hemos estrenado este fin de semana con la primera Comunión de mi primo. Sí, aún tengo primos casi de la edad de mis hijos pero esto no viene a cuento ahora. A mí me gustan las fiestas y los festejos más que a un tonto un lápiz. Lo que reconozco que me estresa un poquito desde que soy madre son los preliminares en casa porque tienen que darse tres circunstancias nada fáciles:

    1. Ser puntuales: hay determinadas cosas que no dependen de nosotros y no queda más remedio que cumplir tiempos. Si el evento es de mañana y tus hijos no madrugan (a Gabriel hubo que despertarle a las 11 de la mañana), la cosa es más complicada aún. Esta vez, no conseguimos lo de la puntualidad.

    2. Que los niños lleguen peinados: a mí me da igual todo lo que se manchen los críos durante cualquier acontecimiento al igual que no me importa que se pringuen a diario; son niños, sólo faltaba, para algo está la lavadora. Pero oye, intento que lleguen peinados a los sitios, aunque sean los cinco primeros minutos. Es un poco como lo de las bodas, que vamos de tacón y requetepeinadas aunque luego todo el mundo nos vea descalzas y con el moño o el rizo caído. En realidad, es absurdo, pero es así. Creo que, más o menos, conseguimos cumplir este punto.

    IMG-20150531-WA0028Ya estrenaron sus conjuntos de BímBele. Ahora nos falta estrenar playa y piscina para estar morenos, salvo Copito 😉

    3. Que las madres lleguemos sin manchas: No sé vosotras pero a mí ya me importa bien poco descubrir que tengo una mancha de leche, galleta o papilla en la ropa justo antes de salir de casa, es que ni me cambio a no ser que el lamparón sea de escándalo. Pero hombre, el día que te arreglas no, ése día hay que llegar sin rastro de babas y demás pringues en el estilismo. Objetivo cumplido, llegué limpia.

    Mono rojo de Mango de esta temporada (22 euros)

    IMG-20150531-WA0027Y por lo demás, ya sabéis, hay que relajarse un poco y disfrutar de estas cosas con los niños. ¿Que comen menos o más dulces? Pues no pasa nada. ¿Que se ponen como motos? Oye, habrá que aguantarlos y dejarles que quemen energía, ¿no os parece?

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  • Una clase muy especial

    Una clase muy especial

    Siempre he dicho que me encantaría ver por un agujerito a mis hijos en la guardería y en el cole, contemplar cómo se relacionan, qué hacen, de qué hablan con sus amigos…. Es más, es algo por lo que estaría dispuesta a pagar pero, a día de hoy, no es una opción siquiera 😉 Así que, cuando en el centro de Alfonso, nos propusieron poder dar una clase de lo que quisiéramos a nuestros hijos durante una tarde, no lo dudé un segundo y me apunté. Lo que no tenía nada claro es qué hacer con 25 criaturas; y es que, sobre mi profesión, la de periodista, nada me parecía factible con semejante auditorio. Así que me lancé y decidí hacer una receta.

    Ya os adelanto que, lo que viene siendo el resultado de mi arte culinario, la cosa fue desastrosa. Mi idea era hacer Pop-Cakes y pregunté a varias expertas en esto de cocinar, que me recomendaron mezclar bizcocho desmigado con Philadelphia. Lo que ocurre es que eché demasiado de esto último y la masa se deshacía en cuanto los niños pinchaban los palitos a las bolas que previamente habían hecho con mi mezcla. En fin, supongo que lo importante es participar. Creo que la profesora no va a olvidar lo «limpia» que quedó la clase tras mi paso.

    Al final, los niños acabaron comiendo la argamasa que había hecho y la mojaban en el chocolate derretido que llevaba en unos termos. Eso sí, como los fideos de colores, nada. Algunos decidieron hacer bombones tipo trufas y los envolvimos en papel de celofán con unos lazos muy monos que había llevado. Al menos, algunos padres pudieron ver que hice algo medianamente decente.

    IMG_20150528_212319Si algún día, en el cole de vuestros peques, os ofrecen esta posibilidad, no lo dudéis. Sé que hace falta tiempo pero merece la pena. Eso sí, tened en cuenta lo siguiente:

    1. Cuando entres por la puerta, los niños se arremolinarán en torno a ti como si de un vendedor de chuches ambulante se tratase.

    2. Si a un niño no le gusta lo que haces, te lo va a decir a la cara, sin ningún miramiento. No os lo toméis como nada personal 😉 Habrá otros que se peguen un atracón.

    3. En los distintos grupos de whatsapp de padres, en unos habrá cachondeito porque la has liado con el chocolate 😉 Y también te escribirán madres maravillosas para darte las gracias.

    4. Las niñas y los niños viven en universos paralelos. Los críos, en cuanto se aburran, se irán a hacer otra cosa (mi hijo inluido). Las niñas, en su mayoría, seguirán esperando sentadas a que puedas envolver su bombón en celofán para llevárselo a su madre, a sus hermanitos o primas. No me lo neguéis, a estas edades es más fácil criar una niña que un niño. Eso sí, en la adolescencia ya me contaréis (soy mala, lo sé).

    5. El gesto que para ti sea más insignificante, como acariciarle la cara a un niño, será para él algo super importante. Y no sólo eso, si no que habrá quien le dirá a su madre lo guapa que eres. ¡No me digáis que no son para comérselos!

    6. Saldrás con la cabeza como un bombo porque casi todos querrán que les prestes atención y les ayudes; los niños son así, no entienden de tiempos ni de esperas.

    7. Tu hijo se sentirá orgulloso de ti.

    Y hasta aquí mi breve experiencia como profesora. Si esto lo siguen ofreciendo, iré también en su momento a las clases de Rafa y Gabriel en un futuro. Eso sí, con algo más de acierto con la receta o actividad. ¿Habéis podido ir al cole o guardería de vuestros peques a hacer alguna tarea?, ¿qué os parece la idea?

  • Recomendaciones de mayo

    Adelanto mi sección de recomendaciones este mes de mayo pensando un poquito en que ésta es una temporada de muchos eventos: bodas, comuniones, bautizos… Así que, por si estáis preparando alguno de estos acontecimientos, o estáis invitados y queréis hacer un regalo, os dejo dos ideas que hacen dos mujeres con mucho arte.

    1. Besando Sapos: Alba Ortiz es una asturiana muy aficionada desde pequeña a las manualidades. Sus creaciones tienen un aspecto infantil, gracioso y, en ocasiones, gamberro. Gracias a una compañera de trabajo, descubrió el Fondant, la famosa pasta de azúcar con la que se hacen tartas. Aquello fue un flechazo y, desde entonces, no para, duerme poco y friega mucho 😉 Alba estudió turismo y trabajó varios años en el aeropuerto de Asturias, aunque ahora mismo no tiene trabajo, por lo que cualquier encargo será bienvenido. Os dejo unas fotos de la impresionante tarta (de más de 15 centímetros de altura y rellena de bizcocho de chocolate) que le preparó a mi sobrino en su primer cumpleaños. Que sepáis que hace maravillas, todo lo que os podáis imaginar, lo hace real en una tarta, podéis ver más cosas en su cuenta de Facebook o de Instagram. Y puedo corroborar que el sabor es espectacular.

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    2. Piezecitos: Ainara es una mamá española que reside en Italia. Hace ya tiempo que sigo su blog, Piezecitos, donde cuenta sus aventuras como mamá de Chloe. Hace algo más un mes, animada por su espíritu emprendedor y por su pasión por el DIY, se animó a crear la ishop de Piezecitos. En ella podrás encontrar láminas para decorar las habitaciones de tus peques: para el nacimiento, para darles las buenas noches, para soñar, para aprender… Tiene también ilustraciones personalizadas y todas son en formato digital, lo que permite que tú misma las puedas imprimir sin necesidad de pagar los costes de envío. Si las quieres regalar te recomienda que, en el momento de entregar el regalo, lo acompañes de un marco para darle un toque especial. Y no me enrollo más, creo que con ver algunas de sus láminas os podéis hacer a la idea del cariño que pone en todo lo que hace. En casa, tenemos la lámina del elefante, que a Rafa le encanta cantar esa canción 😉

    Espero que os hayan gustado las nuevas sugerencias. ¡Qué paséis buen fin de semana!

    nosoyunadramamama@gmail.com

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