No sé si es muy atrevido decir que he conocido el pueblo más bonito de España, porque sería «mojarse» mucho y lo cierto es que se me ocurren algunos otros, como Bulnes, de los que ya os hablé en el blog y que son una maravilla pero, desde luego, sí me aventuro a decir que As Veigas (Taramundi) es uno de los lugares más increíbles en los que he estado en mi vida. Nuestra visita a la comarca de Los Oscos ha sido todo un descubrimiento que iré desgranando en varios posts porque fueron tres días muy productivos en cuanto a naturaleza, cultura y gastronomía. Hoy me centro en la encantadora aldea de As Veigas, un antiguo pueblo rehabilitado en un valle escondido, con un entorno maravilloso y en el que se come muy bien y super barato. Allí sólo viven las personas que regentan las pocas casas en las que te puedes hospedar y el mesón, que es como un auténtico museo y de lo más acogedor que he visto nunca. Es decir, es un pueblo rehabilitado como centro de turismo rural. En este increíble entorno termina la ruta del Agua y es paso de muchos excursionistas, que aprovechan para degustar comida casera.
Si os fijáis bien, hay un pequeño cartel abajo a la derecha que pone: el puente resiste. Si no es por eso, algunos no nos hubiéramos atrevido a pasar con el coche al aparcamiento del pueblo.Dimos un pequeño paseo por la ruta, básicamente para recoger castañas, que es una cosa que les fascina a los niños.Recuento de castañas y nueces.
Y si, como veis, el sitio es como de cuento, lo del mesón no lo es menos. Es como un museo, las paredes están llenas de herramientas de los oficios de los antiguos habitantes de la aldea, vasijas… Hay poca luz y encienden unas largas velas en cada mesa. En cuanto a la comida, no hay más de diez platos donde elegir, pero vamos, sus especialidades son la fabada, la tortilla y el churrasco. Dicen que la tortilla de queso Cabrales es impresionante pero a mí no me van los quesos así que pedimos la española y estaba espectacular, al igual que lo demás. Y señores, por menos de 50 euros, comimos los cinco. Más barato, imposible. Y todo casero, es más, la sidra la enfrían en el río 😉 , vimos allí las cajas. Y venden miel ecológica, allí pudimos ver también los panales.
Comedor exteriorCon el juego de la rana, con el que estuvieron muy entretenidos.
Pueblo espectacular para desconectar, comer bien y hacer una ruta, ¿quién da más?
Pues poco a poco vamos retomando el ritmo por aquí y lo primero es enseñaros dos destinos muy familiares que hemos conocido este verano. Como todos los años (excepto el pasado), estuvimos unos días con mi familia política en un pueblo de la provincia de Tarragona pero que no tiene mucho que mostrar, la verdad. Otras poblaciones cercanas sí que merecerían un post, a ver si saco tiempo. Bueno, que me lío; a esos días con suegros, sobrinos, cuñados y demás, añadimos una semana de vacaciones con amigos en la provincia de Alicante. Allí alquilamos una casa en el parque natural del Macizo del Montgó, un sitio precioso y que puede verse desde localidades como Denia. La verdad que no esperaba un paisaje así por esa zona, ¡menudas vistas las de ese sitio!
Parque natural del Montgó
Estando allí, hicimos planes de playa y piscina, aunque dedicamos un tiempo a conocer Denia y Jávea. Así que vamos por partes y comienzo con Denia. Es una población con unos 40.000 habitantes, que en verano pueden llegar a ser 200.000, con lo que os hacéis una idea de que es un destino turístico. La ciudad está situada en una bahía y, desde luego, lo que destaca es el castillo, que se ve desde cualquier punto y que alberga el Museo Arqueológico. Eso sí, hay que echarle valor para subir allí a pie con sillitas de bebés y con el calor de agosto. La playa más urbana de Denia es la de El Raset, es muy familiar, tiene chiringuitos y es de fácil acceso. Eso sí, hay mucha gente y yo tuve la mala suerte de que me picara la única medusa que andaba por allí, ya que estaba el mar bien de gente y todo el mundo tan feliz 😉 Y muy bonito y llamativo ell Puerto Marina de Denia, uno de los mejores y más modernos puertos deportivos del Mediterráneo.
Puerto Marina de DeniaHumareda de los petardos en plenas fiestas. Al fondo, el castillo de Denia.
Pero sin duda, en este viaje yo me he enamorado de Jávea, el pueblo. En este caso, la zona de playa dista varios kilómetros de lo que es la aldea, que a mí me fascinó con sus calles estrechas y casas blancas. En cualquier caso, el municipio tiene algo más de 25.000 habitantes y ¡más de la mitad son extranjeros! Y no me lío con estos detalles, yo allí os recomiendo que vayáis a caminar por las calles de pueblo y os encontraréis maravillas como la Iglesia de San Bartolomé, monumento artístico, el Ayuntamiento y el Mercado Municipal. En el municipio hay muchas playas pero la del Arenal es la más conocida al ser la única de arena y de aguas pocos profundas. De ahí que tenga paseo marítimo, y muchos restaurantes, pubs…vamos, que tiene mucho ambiente.
Una tienda preciosaEl bonito Mercado de AbastosPuertas , casas, locales… con encanto
La Iglesia de San Bartolomé, por dentro también merece la pena.Playa del Arenal
En definitiva, una zona perfecta para ir con niños, con playas urbanas y accesibles y buen clima. Sé que hay más poblaciones conocidas y con mucha fama que seguro que también son estupendas. A mí, estas dos me han gustado mucho (especialmente Jávea) así que os las recomiendo aunque seguramente muchas ya conozcáis la zona.
En esto de las bicicletas infantiles confieso que hemos ido con cierto retraso porque las de equilibrio llevan ya unos años en el mercado y nosotros hasta ahora no teníamos. En parte porque, en esta casa, el único que tenía bici de los tres hermanos era Alfonso; se la trajeron los Reyes hace dos años y medio, y es la típica con ruedines, ya que por entonces no nos planteábamos otra cosa, la verdad. Hace dos años no estaba yo muy al tanto de la utilidad de las bicis sin pedales, aunque las veía continuamente por la calle. Así que, ahora que Rafa necesitaba bici porque la moto ya le queda pequeña y empezará a usarla Gabriel, decidí indagar un poco más sobre las bicis sin pedales.
Por lo que dicen los expertos, los niños aprenden antes a mantener el equilibrio que a coordinar o impulsar el pedaleo, por eso estas bicis son muy recomendables: son más ligeras, mucho más sencillas de usar, les ayudan a aprender a maniobrar en parado, a colocar su cuerpo en las bajadas, a girar y a frenar con sus pies. Por eso, el siguiente paso, cuando tienen 4 años, es pasar a la bici normal, sin ruedines, y te ahorras ese momento que da tanto pánico de quitar las ruedas pequeñas, que supone algún que otro susto porque te ibas a los lados y no eras capaz de mantener el equilibrio. Y ahora os enseño cuál elegimos y por qué. La marca no es muy conocida todavía en España, son las Kazam Bikes. Tienen un diseño genial con una plataforma para que los niños reposen los pies y así comiencen a jugar con el equilibrio, y con un manillar XXL que les da muchísima más estabilidad. Es casi como una especie de bici y patinete a la vez. Nos ha encantado.
Se pueden utilizar desde los dos años y medio aproximadamente, tienen ruedas de aire de 12” y el manillar y el sillín se ajustan de tal forma que la bici se puede usar hasta los 5 años de edad. Y bueno, sé que la estética cuenta menos pero oye, además es bonita y hay colores super chulos. La verdad que Rafa está muy contento y ahora toca practicar, porque el mediano resulta ser el menos deportista de los tres hermanos 😉 pero vamos, que lo de la plataforma para los pies le ha parecido una idea estupenda para ir más cómodo en las bajadas. ¿Vuestros peques usan bicis de equilibrio?, ¿les ha resultado luego más fácil el paso a la bici normal?
Confieso que me gustaría haber dedicado más recursos y más tiempo a la decoración de las habitaciones de los niños, lo que pasa que las prioridades han sido otras. Ya en su día os di algunas ideas para poder darle un cambio a los cuartos infantiles de la casa, enseñando lo que hicimos hace más de un año tapizando camas viejas, pintando algún mueble, rescatando cosas antiguas… Pero hay muchas otras cosas que no me hubiera importado nada hacer:
– Empapelar paredes: eso sí, con papeles en tonos claros y con rayas o estampados poco llamativos. En eso creo que menos es más, y si te pasas con el diseño, el resultado también puede ser desastroso.
–Literas: pues sí, me gustan las literas, tanto que dediqué un post a enseñaros algunas que había visto en Internet. Me encantan por cómo quedan estéticamente y por el ahorro de espacio. Pero objetivamente, en nuestro caso sería una temeridad teniendo en cuenta lo muchísimo que se mueven cada noche en la cama los niños y que la mitad de las veces, el mayor acaba en el suelo. Eso sí, en la habitación de Gabriel tenemos cama nido, que es otra opción que me encanta para ahorrar espacio.
–Muebles que permitan autonomía a los niños: esto no es fruto de ninguna filosofía de vida, sencillamente me he dado cuenta de que tengo algún mueble en casa que al mismísimo Hulk le costaría abrir. Y para los niños, me parece primordial que puedan acceder ellos a sus juguetes y libros, por ejemplo. Así que nosotros cambiamos, por ejemplo, la posición de una estantería y ese tema lo solucionamos.
Fundamental: cajones fáciles de abrirSolo con poner en horizontal esta estantería, les permitimos a los niños acceder a todas sus cosas.
– Alfombras: he visto por Internet también algunas que me fascinan, y las encuentro geniales para que los niños jueguen. De hecho, en el salón de casa hemos puesto una porque suelen jugar allí, pero realmente, las que me gustan para la habitación de los niños sé que van a durar poco tiempo limpias y mis hijos no se puede decir que sean especialmente cuidadosos. Así que por ahora, lo tengo descartado.
Pues estas son algunas de las cosas que me hubiera gustado hacer y que no he hecho en los cuartos de los niños, sólo mejoramos el punto número tres. Aún así, estoy contenta con los cambios que hicimos en su momento y oye, para tres niños menores de cinco años que tengo en casa, lo tenemos bastante curiosín. ¿Qué cambiarías en las habitaciones de los niños?
No creí que, tras cinco años de maternidad, iba a descubrir uno de los mejores inventos que he probado en productos de puericultura. Aún teniendo ya el pequeño de mis hijos 17 meses, es decir, que ya casi no tengo un bebé, resulta que ahora mismo, nuestra nueva adquisición es la que más usan mis hijos en casa. Y digo hijos en plural porque aquí hay guerra por usar el Doomoo Nid de Babymoov. No podría deciros una sola palabra para explicar qué es porque hace las funciones de hamaca o tumbona y de puf, por lo que sirve para un recién nacido y para niños de hasta 30 kilos, es decir, hasta los 7 u 8 años tranquilamente. Y para muestra, un botón, en este caso, varios.
Como es obvio, no es para que pase la noche pero sí para quedarse frito y después pasarle a la cuna.
Estamos encantados con el invento, aunque genera alguna disputa entre los mayores 😉 pero bueno, en esta casa la ley es la que es, la del más rápido y la de «el que se fue a Sevilla, perdió su silla». Gabriel se echa su siesta ricamente y sin competencia alguna cuando sus hermanos están en el cole; Rafa suele utilizar el Doomoo para tomar su bibe y Alfonso se tumba allí para leer. Vamos, que no podemos darle más uso. Confieso que yo quise saber lo que era, porque ya solo con apoyar la mano pensé que era la pera. Así que, senté mi trasero en el suelo, porque lógicamente no tiene tamaño para el tronco y cabeza de un adulto, y apoyé la espalda sobre él. En la gloria, señores, en la gloria me quedé. Es que claro, tiene un relleno de micro perlas que hace que se adapte perfectamente al cuerpo.
Probando
Estampados. Nosotros elegimos el liso en tono marrón para que hiciese juego con los sofás.
Pesa sólo tres kilos aunque no es un producto que se guarde con facilidad porque no se pliega ni nada, pero bueno, como la idea es usarlo tantos años, pues para mí no es algo relevante. Vamos, yo no tengo pensado sacarlo de nuestro salón de aquí a 6 años. Se limpia fácilmente; la funda lateral puede frotarse con un paño húmedo y el tejido de la parte superior se mete en la lavadora desabrochando una simple cremallera. Al final, esta parte es la que se mancha más. De todas formas, viene con dos fundas, una con arnés de seguridad para los bebés pequeños, y otra lisa, sin nada, para los bebés y niños que no necesitan sujeción. En fin, que ha sido todo un descubrimiento, me parece un inventazo increíble y estoy encantada de que lo puedan usar los tres.
Iba a reeditar un post que escribí hace un par de años sobre este tema pero he decidido empezar de cero otra vez. Soy de las que prefiero ir de boda sin niños, obviamente porque es un plan agotador para ellos y porque los mayores estamos más relajados. Es también evidente que hay enlaces a los que tienes que ir con los peques, aunque sólo sea una horas, porque los que se casan son familiares o porque no has conseguido que nadie se quede con los churumbeles. A veces, como nos pasó a nosotros en una ocasión, al ser la boda a casi 1000 kilómetros de Gijón, pues aprovechamos y cogimos las vacaciones en función de ese evento, de manera que el niño (por entonces sólo teníamos a Alfonso) vino con nosotros. Pero no me voy a liar más y voy con ideas para las que tengáis bodorrio esta temporada, tanto de pajes como de invitados:
Trajes regionales
Es una opción que nunca barajé para mi boda pero que encuentro que puede ser original, aunque ya empieza a ser algo más corriente. Conste que la idea me gusta pero, no nos engañemos, unos trajes regionales son más monos que otros. Y el de flamencas tiene más encanto, desde mi punto de vista.
Traje regional asturiano. Foto de Pelayo Lacazette.Pajes en la boda de Alberto de Mónaco.
Menos es más
En general, soy clásica para vestir a los niños. Clásica, que no significa emperifollar a los críos. Y lo que no me gusta normalmente, tampoco me gusta para una boda. Para los niños, tanto de invitados como de pajes, no hay nada como una camisa blanca y un pantalón corto. Es más, si van de pajes y no de invitados, yo solo les añadiría un fajín, del color del pantalón.
Alfonso y Rafa el verano pasado de pajes en la boda de mi cuñado. Conste que no elegí yo el modelito, fue la novia, pero me encantó. Muy sencillo. Es de Neck and Neck con zapatos de Pisamonas.Alfonso también fue de paje en la boda de mi hermano. El traje también fue elección de la novia pero el estilo es muy parecido al de las fotos anteriores. Eso sí, lo que no es muy cómodo para los peques, aunque sí me gusta, es lo de las alpargatas. Los trajes los hicieron a medida en La sastrería de Oviedo.
Cualquiera de las opciones anteriores, quitándoles el fajín, creo que serviría para ir de invitados. Sin embargo, en niñas, yo apostaría por colores neutros si van de damas y no me importaría arriesgar con algo de color si van de invitadas. Eso sí, de damas, la corona o algo con flores en la cabeza parece casi imprescindible.
Estos vestidos de las niñas de Paloma Cuevas parecen precioso. Y las flores en la cabeza me rechiflan.Me gusta que el corte del vestido de las niñas que ya son un poco más mayores sea distinto al de las pequeñas.
Buen precio
Para mí, hay dos tiendas que son infalibles para encontrar conjuntos para llevar a los peques de boda: The First y Neck and Neck, aunque creo que en Gocco también se pueden encontrar cosas. Y ojo, preguntad en sitios también donde los hagan a medida, en muchos el precio está fenomenal.
De invitada. Neck and Neck.De invitada y con color. Neck and Neck.me encanta para ir de dama. Neck and NeckVestido de la derecha para invitada. The First.De dama y con algo de color. The First.
Bebés
Bueno, yo en esto no me he complicado nada. Los tres peques han ido de boda siendo menores de un año, Alfonso fue con un pelele en tono azul y de lunares beige, Rafa con una blusa blanca y ranita blanca y Gabriel con camisa blanca y ranita beige, es decir, todas las opciones posibles. Eso sí, nunca les puse capota al ser en verano pero son un complemento que me gusta mucho.
Este modelo me encanta. Es de Pili Carrera, que todo hay que decirlo, es caro.Normalmente prefiero pelele para bebés, pero el verano pasado elegí camisa y ranita para que fueran iguales.Pelele, sin mayor complicación.
Qué no les pondría
Como todo, para gustos, los colores. Cosas con las que los veo menos favorecidos:
Cuando son pequeños, no les veo favorecidos con este largo de vestido ni pantalón (para eventos). Así iban lo niños en la boda de Ana Aznar.Tampoco los trajes afrancesados imitando otra época
Y tampoco los trajes de chaqueta para niños tan pequeños.
Lo dicho, para gustos están los colores pero a mí me va lo sencillo y aquello que no les haga parecer mayores antes de tiempo. Manías mías 😉 Será que luego tienen toda la vida para poner según qué prendas. Y a vosotras, ¿cómo os gusta vestirles cuando hay que ir a un evento?
Cuando eres madre, comienzas a entender ciertas cosas de tu infancia. De alguna manera, mirar a tus hijos es verte de nuevo a ti hace muchos años, con otras perspectivas y otra forma de entender la vida. El otro día, me llegó una foto por whatsapp de Alfonso y sus compañeros de clase; estaban en el autobús e iban de excursión a una granja. Miré la imagen una y otra vez, vi sus caras y ahí estaba reflejada esa misma ilusión que yo sentía de niña con planes así. Sólo el hecho de subirme al autocar con mis amigas ya me parecía lo más. El pasar el día con ellas sin pisar el cole, el librarme del uniforme e ir vestida con unos vaqueros, el comer de bocadillo… con tan poco, era capaz de hacerme la persona más feliz del mundo.
Y eso es lo que vi en la cara de mi hijo y en sus nervios ya el día anterior. Hice lo mismo que en su día hacía mi madre: ir a comprar patatitas con él, porque de eso no tenemos habitualmente en casa ni tampoco había en la de mis padres cuando éramos niños. Era algo que sólo se comía en ocasiones especiales y así sucede ahora con mis hijos. Cosas tan simples como ésas se convertían en algo único. Reconozco sentir cierta nostalgia; a día de hoy no necesito cosas fuera de lo común para disfrutar pero esa capacidad de goce se pierde de alguna manera cuando somos adultos. Ya no existe esa espontaneidad que veo en Rafa cuando, de repente, está dibujando y, sin ton ni son, decide coger su disfraz de Spiderman y enfundarse en él.
Es increíble pero algo tan sencillo como un colchón sin sábanas les da un juego… Cuando yo veo una cama sin cubierta, lo único que pienso es vaya faena. Cuando ellos se la encuentran sin colcha ni nada, no piensan en nada más que en subirse a ella y dar saltos como si no hubiera un mañana. Esas respuestas que tienen, esas ideas locas, esas capacidad de improvisación, de emocionarse con todo… eso es algo que perdemos. Ojo, que luego tienen lo suyo, ehhhh… Pero hoy, me quedo con esta parte recalcando que, de vez en cuando, es bueno fijarnos en ellos para no olvidar que un día fuimos así.
Hace ya unos meses, dediqué un par de posts a los gastos que supone un hijo para una economía familiar. Las cifras variaban muchísimo dependiendo de muchos factores; desde la alimentación (lactancia materna/mixta/artificial) o el llevarles a guardería cuando son bebés, hasta el tipo de colegio cuando son más mayores. Lo cierto es que, ya antes de nacer, los hijos suponen una inversión de dinero. Yo nunca lo consideré un gasto directo por tener niños pero, pensándolo bien, y por poner un ejemplo, la elección de un piso de cuatro habitaciones cuando estaba embarazada de mi primer hijo, fue así porque la idea era tener familia numerosa. Si hubiésemos decidido no tener hijos, nos podríamos haber quedado viviendo de alquiler en el apartamento donde estábamos, con una sola habitación.
Por eso digo que los gastos, muchas veces, ya llegan antes de que nazcan los peques. No hay que volverse locas con este asunto, ni comprar por comprar, sólo cosas que sepáis que vais a usar con total seguridad, como un cambiador, un carrito, la sillita del coche… Y ojo, que eso, por ejemplo, ya es un dineral. Existe la opción de que os lo preste alguien que conozcáis, de comprar de segunda mano o de acudir a microcréditos, que es una opción que mucha gente baraja hoy en día. También hay que intentar, en la medida de lo posible, que os regalen cosas útiles y, si puede ser, que entre varios familiares y amigos junten el dinero para haceros un regalo de mayor coste económico. El caso es que toda ayuda es poca.
En función de si quieres tener o no familia, la elección de una cama da para mucho (literas, camas nido, con cajones debajo…)
Y señores, que ya no es sólo la casa. Muchas de vosotras igual tuvisteis que adecuarla a la llegada de vuestros hijos con alguna reforma, que ya es un dinerillo importante. También el coche es otro de esos dilemas que surge cuando vas a ser madre. Si tienes un coche muy pequeño, o sin puertas traseras, o biplaza, o qué sé yo, el cambio se hace casi imprescindible. Y ya ni os cuento cuando das el salto a familia numerosa, en la mayoría de los coches del mercado no puedes llevar tres sillitas reglamentarias en la parte trasera. Yo me voy apañando con el mío pero no puede venir ningún adulto más. Así que, como veis, estos son algunos ejemplos de que los hijos ya suponen una serie de cambios y gastos antes, incluso, de nacer. Pero lo importante es priorizar y tomar las decisiones pensando a largo plazo. Para nosotros ha sido básico.
No soy yo muy dada a la queja, pero las cosas hay que decirlas, las buenas y las no tan buenas. No teníamos en mente ir al Parque de Atracciones de Madrid, más que nada porque creíamos que ir al zoo podía ser mejor plan dadas las edades de nuestros niños… hasta que vimos que estarían en el Parque los personajes de la Patrulla Canina (lo que no sabíamos es que al día siguiente, en el centro de Madrid, nos los íbamos a encontrar gratis 😉 ) Así que, blanco y en botella, porque imaginábamos que se morirían de la emoción. Eso sí, no os esperéis gran cosa, ni espectáculo ni baile; están Chase y Marshall para hacerse fotos con los niños pero… obviamente hay cola. Como en todo.
Lo que es está claro es que les hizo ilusión.
Lo sé, nada nuevo bajo el sol pero, ¿realmente hay que hacer esperas de más de una hora? Y para mi sorpresa, y cabreo, todo hay que decirlo, parte de la culpa la tiene una modalidad de entrada que se llama Speedy Pass, que igual ya todas sabéis que existe pero yo no tenía ni idea, en la que pagas más dinero pero no esperas colas. Total, que allí te encuentras, esperando y viendo cómo más de la mitad de los sitios de las atracciones son para aquellos que han pagado más (lógico) mientras las colas en las que tú estás no parecen disminuir nunca. Y señores, esto es un sitio pensado para niños y gente joven en el que cada adulto paga más de 30 euros y cada niño de más de un metro, casi 25 euros. Es decir, una familia de cuatro se planta en más de 100 euros. Por supuesto, si vas una vez en la vida igual te compensa pagar ese plus y evitarte las colas pero.. ¿y si todo el mundo hace lo mismo?
Mirad las caras de los niños tras casi una hora de cola.
Dicho esto, y reconociendo que me parece un planazo, creo que a partir de los 5 años es cuando más lo disfrutan. Alfonso mide 1,20 cm y pudo subirse en todas las atracciones de la zona infantil mientras que Rafa, que mide 1 metro, estaba más limitado y no pudo subirse en ningún tipo de coche (ni de choque ni de circuito) y en todo lo demás lo hizo acompañado. Aún así, subimos en el tren de Ticket y Toc, que es un poco montaña rusa, y el pobre pasó un mal rato mientras el mayor iba partido de la risa, así que os podéis hacer una idea de que un par de años es una diferencia importante para disfrutar poco o mucho del parque de Atracciones. Lo digo porque hay veces que nos apetece llevar a los niños a hacer algunos planes y luego nos damos cuenta de que era pronto. Así que compensa que vayan más creciditos.
Sí, no son alucinaciones, son las mochilas (poco útiles pero muy monas) de la PatrullaCircuito de las Tortugas NinjaEl Tiovivo es la atracción que nunca falla para los más pequeñosEse momento en que por fin nos subimos al tren.
En fin, que Alfonso lo pasó como los indios. Mi recomendación es que, si podéis, evitéis ciertas épocas y fechas y así tendréis menos posibilidades de encontrar mucho jaleo y evitaréis tantas colas porque, por mucho que nos moleste, me da que los parques temáticos van a seguir exprimiendo al máximo el tirón y no van a reducir la venta de entradas. ¿Habéis estado ya?
Aunque no lo creáis, este fin de semana, mis hijos estuvieron por primera vez en un taller. En parte, porque somos muy de estar al aire libre (aunque obviamente hay talleres en plena naturaleza) y también porque la mayoría de los que he visto están destinados a niños mayores de 4 años, así que no es fácil llevar al mayor y no al mediano. Lo cierto es que hay dos cosas, muy opuestas, que le gustan a Alfonso; una es el fútbol, que le viene muy bien para quemar esa energía agotadora que tiene, y la otra es la pintura, que es de las pocas cosas que le hace estarse quieto. Así que lo de de ir a pintar y aprender algunos truquitos era cuestión de tiempo. Y tengo que decir que le fascinó. De Rafa no puedo decir lo mismo por dos razones: la edad (ahora ya entiendo por qué los talleres suelen estar pensados para mayores de 4 años) y, segundo, porque iba lesionado y no podía usar la mano derecha.
Fue una hora y media en la que aprendieron algunas cuestiones sobre qué mezclas de colores dan como resultado otros colores y en la que trabajaron con distintos materiales. Todo en una pequeña juguetería de Gijón, especializada sobre todo en juguetes de madera,educativos y manualidades, que se llama El Desván de la Playa. Victoria es la encargada de este taller de dibujo, que se da todos los viernes de 17,30 a 19,00 horas y los sábados de 11,00 a 12,30 y de 12,30 a 14,00 horas. Ella es pintora y profesora con muchos años de experiencia, además se ser madre de dos niños adoptados. En su tienda, también tiene canta cuentos todos los miércoles de 18,00 a 19,00 horas, que incluye una merienda. Después de Semana Santa también tendrá en su tienda un taller de tecnología, programación y robótica para niños de 6 a 12 años.
Rafa se pasó luego a la cocina
Lo dicho, para Alfonso fue una experiencia muy buena y que me ha pedido repetir, mientras que Rafa aún es pequeño para valorar o disfrutar de ciertos aspectos de la pintura. O sencillamente es que a uno le gusta mucho el dibujo y el otro no encuentra tanto entretenimiento en ello. De lo que no cabe duda es de que, para los niños, la pintura resulta un gran medio de expresión que además les ayuda a mejorar la motricidad así que creo que es bueno encontrar tiempo para dibujar. ¿Han ido vuestros peques alguna vez a algún taller?
Que dicen que la preadolescencia es una etapa que se da en torno a los 9 años (yo aún los veo muy lejanos en esta casa) y resulta que mi querido hijo mayor, de 5 tiernos años, lleva una temporadita de ésas que te recuerda a un imberbe a punto de salirle granos. No es que esté insoportable, ni mucho menos, pobrecillo. Digamos, más bien, que está un poco reivindicativo, o pelín cargante, como con ganas de follón y alboroto. Sí señoras, mi ejemplar vástago, ése que no tuvo una rabieta hasta los casi tres años, ahora atraviesa por una crisis de «voy a tocar las narices un poco». ¿Cómo? Venga, que es guay imitar a mami cuando dice algo o te pide que obedezcas… Ummmm, yo tengo que respirar hondo porque la tercera vez que repite lo que yo he dicho me apetece entregarlo en adopción 😉 Y ya para qué hablar de los besos, está en modo «no me agobies con tanto cariño».
Por supuesto, mola mucho recurrir al «caca, culo, pedo, pis» y demás palabras relacionadas con lo escatológico. Y aún es más flipante poner como motos a tus hermanos pequeños, bien sea picando un poquito al mediano intentando llevarle la contraria o quitándole algo al pequeño, al que ya trata de «tú a tú» pero no penséis que el pequeñajo se amedrenta lo más mínimo… Por supuesto, mola protestar, así, sin mucha razón. «¿Qué hay para merendar?» (como si no lo supiera), me pregunta. «Pues manzana», le digo. Y venga, a indignarse porque estamos en fase de que hay que quejarse. Eso sí, luego no deja ni rastro de manzana, ni migas de bocadillo y aún pide más merienda.
Por supuesto, lo que no mola es hablar de niñas, esto ya le pasa desde hace tiempo. El otro día coincidió en el parque con una compañera y se lo pasó genial. Luego le dije: «vaya bien que te lo pasaste con Menganita». Y me puso cara de «va, tía, qué estás diciendo», porque otra cosa no, pero a expresivo no le gana nadie, para bien y para mal. Eso sí, esta etapa la estamos sufriendo en casa, porque hace poco tuvimos de tutoría con el profe y lo puso en un pedestal a todos los niveles, vamos, que el niños es casi perfecto. Tócate la gaita. Menos mal que cuando uno de los hermanos está en crisis, el otro está como la seda; no falla, es como si se quisieran ceder protagonismo para sus quejas particulares. Y suerte que es una nueva fase que se le pasará en unas semanas y que luego es un bendito. ¿Qué? ¿algún preadolescente más por ahí?
Me quedaba un post pendiente de nuestro paso por Los Picos de Europa. Fueron tres días muy intensos en los que conocimos sitios maravillosos como Bulnes, sin acceso por carretera, y comimos de lujo cerca de Cabrales. No podía dejar de recomendaros también nuestra última excursión: Sotres, un pueblo situado en un enclave espectacular a más de 1000 metros de altura, siendo el punto más alto donde hay habitantes en el Principado, en torno a 150 personas. Se llega, desde Poncebos, a través de una carretera de once kilómetros con unas vistas impresionantes y también unas buenas curvas.
No esperéis un pueblo super pequeñito lleno de cabras y ovejas, que obviamente hay, sino que es una villa con algunos restaurantes, hotel, algunas tiendas de productos artesanos donde, obviamente, destaca el Queso Cabrales. No hay ningún problema para caminar por el pueblo con sillitas pero tiene muchas cuestas así que viene bien llevar fular o mochila para los bebés; como no es un pueblo muy grande, los niños que caminen pueden pasear un ratito. En cuanto a dónde comer, nosotros lo hicimos en Casa Cipriano: un menú compuesto por fabada, huevos, patatas y picadillo, y arroz con leche. Muy ligero 😉 Tiene el típico comedor amplio pero antiguo, muy de montaña. Como curiosidad, la carta viene con cuadro de alérgenos para saber qué lleva cada plato (huevo, gluten, lácteos…).
Como veis en las fotos, las vistas son espectaculares y está rodeado de montañas mires por donde mires. Sin duda, merece la pena.
Por cierto, hace unas semanas, os pedía el voto tras ser nominada en 5 categorías de los Premios Madresfera. Ayer se hizo público el ránking de votaciones y ahora mismo estoy muy cerquita del podio en tres categorías: Ocio en familia(que me hace mucha ilusión porque veo que este tipo de posts tienen mucho éxito), el de Embarazo (que no es que hable ahora mucho de ello pero creo que he contado todas mis vivencias, tras tres embarazos, con bastante humor pero siendo muy realista) y el de Humor (porque ése es mi punto de partida cuando escribo sobre las partes menos divertidas de la maternidad). Así que, como sólo quedan unos días para que terminen las votaciones, si pincháis en los enlaces y me votáis, ¡¡estaría super agradecida!! Y oye, como se puede votar en todas las categorías, también estoy en el ránking de blogs de Personal y Crianza.
Si la energía de tus hijos la estimas en una cifra entre el 1 y el 10, ya puedes elevarla al cuadrado en cuanto se juntan con más niños. Y ya ni os cuento cuando se ven de Pascuas a Ramos; es reunirse con otros críos y se ponen como motos. En esto de las matemáticas y los niños, 1+1 no son 2 sino, por lo menos, 3. Y eso lo sabéis cualquiera que tengáis dos o más hijos. Lo que ocurre es que los hermanos, al verse la cara todos los días, tienen momentos de neutralidad y despegue, aunque cuando se quieren o discuten, lo hacen sin medida. Pero suele ser una relación estable, con sus más y sus menos.
Por delante teníamos un fin de semana rural con amigos, pasado por agua y con 7 niños.
Sin embargo, cuando ven a sus primos, a los hijos de tu amigos, a ésos que no ven a diario… se monta la de San Quintín. Es un público poco asiduo a sus payasadas y ocurrencias diarias, que ya no llaman excesivamente la atención de los que les rodean habitualmente, y claro, se crecen con un nuevo auditorio. Porque no hay nada como reírles las gracias. Y luego está la chispa de no verse con asiduidad. Nosotros ya sabemos que las primeras 24 horas de mis hijos con mis sobrinas son para comprarse hasta tapones para los oídos, elevan el tono de voz a niveles que son comparables a los decibelios de una discoteca al lado de casa.
Prometo que, aunque Gabriel justo en esta escena esté metido en el cotarro, es el bebé más bueno que conozco, roza la santidad 😉
Hay que hacerse a la idea. Si te reúnes con tus amigos, con tus primos, con tus hermanos… y cada uno aporta algún churumbel, sabes a lo que atenerte. Y ya comprendes que las comidas con otros niños son sinónimo de levantarse veinte veces de la mesa, que si uno se pone en huelga de hambre, los demás secundan y hay que ponerse firmes, que va a haber guerra por los mismos juguetes, que el juego del escondite es muy divertido hasta que uno se hace daño… Eso sí, el momento en que todos están en la cama es impagable. En cualquier caso, yo me relajo mucho en estas situaciones, son puntuales y no me compensa andar a gritos, para nada. ¿Notáis mucho que se estimulan y se agitan cuando hay más niños?
¡Quién nos ha visto y quién nos ve! ¡Lo que cambia el concepto de las fiestas! Que durante años sales de noche y ahora lo haces de día. Que antes, si decidías ir a las atracciones, era para que te pusieran el estómago en la garganta (y eso que siempre he sido yo muy gallina para esas cosas) y ahora es para hacer fotos con cara de alelada a los churumbeles a los que saludo casi desencajando los hombros. Así es la vida, todos son etapas y ciclos. Y oye, después de un día intenso con tres criaturas, yo no tengo el body para mucha juerga.
Una de las cosas curiosas que aprendí es que, a las atracciones, allí las llaman ferias.
Deseando que se le pase a Alfonso esta nueva afición que está cogiendo por las carreras.
Resulta que, casada con un maño, me estrené este año en las fiestas del Pilar y oye, no os creáis que por ser la primera vez nos excedimos en esto de salir y bailar. No, qué va. Que sí, que hicimos un esfuerzo y nos animamos a salir una noche a cenar con unos amigos y tomar un par de copas pero la cosa no da para más. Porque eso, después de un día movido, ya es como para tirar voladores. Que digo yo que meterse en el tranvía con silla gemelar y llegar a la Plaza del Pilar en pleno barullo, es ya suficiente festejo. Y si a eso le sumas hacerlo con dos globos de helio del tamaño de Gabriel, pues ni os cuento los malabares por la calle y en convoy a tope.
Y eso que no nos dio por ir ni a la ofrenda ni a otros focos de aglomeración de niños. Porque otra cosa no, pero planes para los niños en las Fiestas del Pilar hay para dar y tomar: circo, desfile de Gigantes y Cabezudos, títeres, ferias… Otro año más y mejor. ¿Qué tal el Puente?
En esto de la maternidad no hay fórmulas mágicas; quien diga lo contrario, miente. Cualquiera que sea madre de varios hijos sabe que cada uno es de una manera, aun teniendo los hermanos muchas similitudes entre ellos y aunque, en algunos aspectos, nos funcione lo mismo con unos y otros, que también ocurre. Pero no, no hay ningún consejo, ni fórmula que sirva para todos los niños. Eso sí, hay cosas que pueden ir bien a muchos de ellos. Por pura lógica. Y aun así, tampoco funcionan siempre. Pero por si sirve a alguien, aquí van dos cosas que intento hacer siempre que mis hijos entran en trance o pierden los papeles y están a punto de hacer que yo los pierda:
1. Ponerse a su altura: y no me refiero a ponerse a gritar, a llorar o a patalear como hacen ellos. Ojo, como plan de choque puede funcionar. Vamos, sé de unos que se puedan quedar con los ojos como platos si me pongo a berrear o me tiro al suelo pero, con sinceridad, a la tercera, me mandarían al carajo y no me tomarían en serio. Me refiero a que, lo primero que hay que hacer cuando un niño está en fase “muñeco diabólico” es hablar con ellos a su misma altura, que tengan contacto visual directo con nosotros. Uno, porque los adultos rebajamos el tono de voz cuando nos agachamos para hablar con los críos. Y dos, porque el niño siente cercanía y se vuelven más receptivos. Y no, no es ninguna chorrada.
Imaginaos que tratáis de discutir, convencer, disuadir a alguien muy alto, no a quien te saca diez centímetros sino a alguien a quien no sois capaces de alcanzar por mucho que estiréis el brazo y a quien tenéis que hacer esfuerzos por verle los ojos. Pues más o menos esa es la proporción con los niños pequeños. Esto funciona a veces, otras no. Pero desde luego, si quieres dialogar o relajar a un niño que está enrabietado, desde la distancia y a gritos, es difícil conseguir algo. Y lo sé por experiencia, que soy la primera que a veces pierde los nervios.
2. Distraerles: creo que esto es de cajón pero que en momentos de caos ni te planteas. El otro día teníamos a Rafa obcecado con un juguete de Alfonso que acababan de regalarle por el cumple. Antes os diré que Ricitos de Oro es muy absorbente con su hermano mayor y que no le da un respiro. El caso es que se cierra en banda, pide las cosas llorando y la verdad es que resulta molesto. A nosotros y al pobre Alfonso, que tiene una paciencia infinita. Así que, cuando no ha funcionado el punto que mencioné anteriormente, paso a la segunda fase: llevármelo a otro sitio donde estemos solos y buscar algo que pueda hacerle olvidar aquello por lo que estaba sufriendo. Justo ese día que os cuento, había globos colgados de un árbol y funcionó y no volvió a acordarse del juguete. No siempre hay algo a mano y no siempre les interesa lo que les ofreces. A Rafa consigo distraerle con algo de comida, ahí tiene su punto débil 😉 Pero lo dicho, no es infalible.
Si es una rabieta, de las que se pueden pasar minutos y minutos berreando a pleno pulmón, y una vez fracasado el diálogo y el intento de distracción, lo mejor es alejarles de sus hermanos u otras personas y esperar con ellos a que se les pase. Y si no es rabieta, muy a mi pesar, llego a la tercera fase de advertir que habrá castigo, que básicamente es dejar de hacer algo que les gusta. Hace tiempo que no llego a esta fase, creo que estoy mejorando. También ayuda la vuelta al cole y a las rutinas 😉 ¿Qué hacéis vosotras cuando la cosa se va de madre?
No es fácil ser el hermano mayor, lo sé por experiencia. Quizás te exijo demasiado sólo por el hecho de que, detrás de ti, hay otros dos niños pequeños a los que veo más indefensos. Ser el mayor implica madurar antes de tiempo y adquirir responsabilidades muy pronto. Me oyes a menudo decir que tienes que dar ejemplo. Comprendo que a ti no te parece justo. Pero fíjate en lo bonito de algo así: tus hermanos te imitan. Ellos te admiran y todo cuanto haces es observado por el mediano, que va donde tú vas. Y si te caes, él también se cae. Pero lo hace adrede, ¿no te parece maravilloso, hijo?
Muchas veces te preguntarás por qué debes compartir todo cuanto tienes: tu espacio, tus cosas, tu tiempo… Es difícil querer o pedir algo y que, automáticamente, tu hermano demande lo mismo. En realidad, sé que es muy frustrante desear algo y que alguien siempre anhele lo mismo sólo porque tú lo has pretendido. Y lo peor es que, como eres el mayor, muchas veces te pedimos que seas tú el que ceda porque eres más maduro para entenderlo. Y lo haces, o no. Porque obviamente, tú también eres un niño. Y tienes derecho a jugar con tu coche y a estar, a veces, divirtiéndote solo, sin que nadie te moleste ni dirija tus juegos.
Pero no olvides que tus hermanos te necesitan y, lo más importante, ¡no han vivido nunca sin ti! Ellos llegaron y tú ya estabas ahí. Los mayores hemos sido hijos únicos durante un tiempo; unos más, otros menos. Hijo, tú has disfrutado de una etapa de tu vida solo, con nuestros ojos puestos únicamente en ti, atendiendo tus necesidades en el momento, sin «competencia» alguna. Tienes tu álbum de fotos completo, estrenaste toda tu ropa y, lo más increíble, te compramos un coche enorme cuando ni siquiera caminabas. Esto es algo que solo les pasa a los hermanos mayores porque los padres son primerizos, ¿no te parece genial?
Ser hermano mayor tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Lo sé, te tocará «pelearte» con nosotros para que te dejemos ir a dormir a casa de un amigo o, dentro de más años aún, que te permitamos salir por la noche; tendrás que abrir la veda para tantas cosas… Pero no olvides que todas esas vivencias suelen forjar un carácter responsable y fuerte. Y sobre todo, no olvides, que ser el mayor tiene la gran fortuna de convertir a una mujer en madre. Eso sólo lo hace el primero. ¡Feliz 5º cumpleaños, Alfonso!
Si había algo que me apetecía un montón hacer con los peques era ir de pesca. Supongo que porque mi padre fue pescador muchísimos años y mis hermanos y yo pasamos jornadas enteras al lado del río; unas veces intentando coger alguna trucha y otras tantas lanzando piedras al agua. El caso es que, como aquellos planes me encantaban, aquí estoy, yendo con los peques a un montón de sitios a los que me llevaron mis padres siendo una niña. Uno de esos lugares que tenía pendiente en mi lista era un merendero un tanto especial. Se llama El Molino del Alba y está en Soto de Agues. Allí pescas las truchas y te las preparan para comer, o para llevarte a casa. Digamos que la pesca es muy sencilla, nada que ver con capturarla en un río normal. De ahí que sea un sitio perfecto para ir con niños. Y creo que es interesante el concepto porque, aunque cueste creerlo, los niños muchas veces no saben que la leche sale de una vaca.
Cruzando el puente para llegar al merenderoAllí te dan las cañas, son rudimentarias, y el cebo, que son taquitos de jamón.¡Y a pescar!Super estilo para la pesca… conste que fue el primero en abrir la veda.El sitios es muy agradable, y es todo exterior, por lo que sólo abren si el clima acompaña. Nosotros fuimos a las 12,30 y pescamos solos, luego se anima bastante más.Y así de buenas están las truchas cuando te las preparan.Fan de su melena 😉
Pues este fue el plan estrella del fin de semana. En Soto de Agues comienza también la famosa Ruta del Alba, que nosotros hicimos cuando sólo existía Alfonso, y está muy bien para hacer con sillitas y carritos, es muy recomendable. ¿Qué os parece el plan de la pesca?
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