Categoría: embarazo

  • Hipo del feto, ¿es real?

    Lo bueno, o lo malo, de no tener amigas cercanas que estén embarazadas o hayan dado a luz cuando esperas tu primer hijo es que hay cosas que te pillan por sorpresa. Y digo que es positivo y negativo a la vez porque, por un lado, nadie te atosiga con comentarios como «ya verás cuando…». Y por el otro, nadie te ha advertido de algunas cosas que suelen suceder. En cualquier caso, justo hoy no voy a hablaros de una sorpresa negativa. Sencillamente, de algo que a mí me llamó la atención como primeriza.

    No recuerdo muy bien en qué semana de la gestación me sucedió; calculo que estaría de seis meses cuando, de repente, noté en mi panza un movimiento constante y rítmico, como pequeños brincos del bebé pero siempre con un mismo compás. ¡Pero si esto parece hipo!, pensé. Y enseguida entré en Internet (mala costumbre consultar ciertas cosas pero tampoco es cuestión de ir corriendo al gine a contarle la batalla) y efectivamente: ¡el feto tiene hipo!. Llamadme ignorante pero yo, hasta ese momento no tenía ni idea.

    A partir de aquel día, aquello fue constante en Alfonso. Todos los días, incluso varias veces, le sentía. Es más, supe que se había colocado boca abajo porque pasé de sentir el hipo en la parte superior de la barriga a la inferior. Y por supuesto, no sabéis la de veces que invitaba a amigas o familiares a tocar mi tripa para que lo notasen, a mí me parecía alucinante. Con Rafa lo sentí algunas veces, pero ni mucho menos a diario. Y en este tercer embarazo, apenas lo he notado cuatro o cinco veces, pero la última fue hace una semana y me pareció que la posición del peque había cambiado. Efectivamente, en la última revisión me han dicho que está colocadito hacia abajo (yuhuuuu, espero que no le dé por cambiar)

    En cualquier caso, el hipo fetal es bueno ya que el diafragma del bebé se ejercita. Y vosotras, ¿sabíais antes de estar embarazadas que el feto tiene hipo?, ¿qué sensación os producía?

  • Se acabó el verano: el antes y el después.

    Mañana día 23 de septiembre se acaba oficialmente el verano de 2014. Es cierto que los veranos, aunque tengan muchas cosas en común todos los años, también tienen otras que hacen que cada uno sea especial. Yo recordaré estos tres meses como un tiempo en el que me dí cuenta de la dificultad de criar dos hijos. No es que hasta ahora me pareciera fácil, pero reconozco que había sido muy llevadero. Durante los primeros meses de vida de Rafa, el mayor estaba en la guardería así que tuve tiempo para el pequeño; después llegaron las vacaciones pero Rafa aún no caminaba y Alfonso seguía siendo un bendito, por lo que la tranquilidad reinaba en casa. Luego llegó el cole para el mayor y, aunque fue un cambio grande y le costó, los peques sólo estaban juntos a partir de las 5 de la tarde así que se puede decir que…todo en orden. Y hasta aquí duró mi paz.

    El día de la fiesta de fin de curso de Alfonso, el último día de relativa paz para mí
    El día de la fiesta de fin de curso de Alfonso no sabía la que se me venía encima.

    En junio de este año tenía de vacaciones a un niño que había pasado su primer curso en el cole, con su consecuente rebeldía, y un medio bebé que espabilaba a pasos agigantados. Para ellos, pasar 24 horas al día pegados era una novedad así que este verano ha sido el de su unión y, por supuesto, discusión. Y esto último, para mí ha significado que sea el verano del estrés (mucho me temo que va a haber unos cuantos más). Porque siempre quieren lo mismo; que uno coge la moto, el otro de repente también la quiere aunque hasta es momento ni se acordara, y si el mayor se sube al sofá, el pequeño, que no tiene edad para andar dando brincos, lo hace. Y el mayor, que ve como el pequeño se ríe con todas las chorradas que hace, no mide y piensa que está jugando con uno de sus compañeros de clase, con la diferencia de que el otro aún no tiene ni su destreza ni su fuerza… Luego pasa lo que pasa, que llega la primera visita a urgencias para coserle la ceja al pequeño.

    Y todo esto, mientras tú tratas de hacer camas, dejar comida preparada y vestirles, que empieza a convertirse en una odisea cuando no quieren. Acabas con tal cabreo porque el mayor se niega a que le pongas el zapato, que lo lanzas (al zapato, no al niño 😉 ) a la otra punta del salón «amenazando» con que no irán a casa de los abuelos en un mes. No tienes tiempo ni para depilarte, porque cuando te «aprovechas» de tu padre, es por trabajo, ¡como para andar pidiendo que se quede más tiempo con los niños para otros menesteres! Y te los llevas hasta hacer las compras de la vuelta al cole y acabas casi con un ataque de ansiedad. Con sinceridad, ha habido días que he estado desbordada. Eso sí, a mí esto no me pilla por sorpresa porque he sido la hermana mayor con tres fierecillas por detrás que , de todo, menos tranquilos.

    Y todo, mientras la barriga sigue creciendo y la movilidad decreciendo ;-)
    Y todo, mientras la barriga sigue creciendo y la movilidad decreciendo 😉

    Y mientras para mí ha sido un verano estresante (y no por ello ha dejado de ser también bonito), para Rafa estos meses han sido como un cursillo acelerado en absolutamente todo. Ese afán de imitación a su hermano que siempre tienen los pequeños, sumado a 24 horas al día pegados el uno al otro, le ha hecho tener una picardía que jamás tuvo Alfonso hasta hace bien poco. Pero para mí, el gran cambio de Rafa ha estado en el lenguaje. Ha pasado, con 20 meses, de decir medio centenar de palabras, y algunas a su manera, a hablar prácticamente todo con 23 meses que cumple hoy. Os aseguro que, a estas alturas, con Alfonso no teníamos una conversación con frases completas, que si «quiero agua fría», «quiero ir a casa abuelo», «a mimir con oso y pete (chupete)», «hasta luego», «mamá, dame toawa (toalla)» y palabras como «chiquitines», «malalenas (magdalenas)», «chaqueta», chacla (chancla)»…. De hecho, es capaz de repetir cualquier término (no científico o técnic0, claro) que le digas salvo pelota, a la cual está empeñado en llamar patata, y Alfonso, que es Atoto. Y por si alguien no me cree, dejé constancia en Instagram con este vídeo, que ya no e sólo lo que dice sino cómo lo dice.

    Para Alfonso, éste no ha sido un verano de grandes cambios, ya que a estas edades empiezas a notar que los avances son más pequeños. Ver Oliver y Benji por primera vez ha supuesto que juegue al fútbol a cámara lenta, narre jugadas durante varios minutos y le haga zancadillas ficticias a su hermano. También ha sido el tiempo en que se ha hecho consciente de que va a tener otro hermano, supongo que al notar que mi barriga ha crecido. ¿Y que he hemos hecho para despedir el verano como Dios manda? Pues playa y más playa, y familia. ¿Cómo ha sido el verano para vuestros peques?, ¿ha sido especial en algún sentido?

    Casi los últimos en irnos de la playa de San Lorenzo el sábado. Casi los primeros en llegar el domingo a la playa de Estaño, de la que ya os hablé en otro post.

     

  • Lo mejor y lo peor del embarazo en verano

    A este verano le quedan dos telediarios, aunque por la temperatura nada parece indicar que vaya a llegar el otoño. Hace cuatro años, me quedaban menos de dos semanas para dar a luz así que mi último trimestre de embarazo coincidió con el verano completo; hace dos años, el tiempo que faltaba para que llegara Rafa a este mundo era de un mes, por lo que gran parte del último trimestre transcurrió también en verano y el principio del otoño es bastante llevadero por el norte. En esta ocasión, por primera vez, voy a tener que ponerme un abrigo con barriga de embarazada y la idea me gusta más bien poco.

    Pues sí, porque para mí, sin duda, la gran ventaja de que los últimos meses de embarazo transcurran en verano es la ropa, que no hay que complicarse nada. Ni medias especiales, ni zapatos cerrados o botas, ni abrigos que no puedes abrochar… Claro que me puedo comprar un abrigo y ,de hecho, tendré que mirar si alguno me queda bien a pocas semanas de dar a luz, pero es que un abrigo es más caro que un vestidito de flores o de lunares. Y lo de las medias ya me parece el «no va más», si ya me parecen un tostón normalmente, ni os cuento embarazada. Que no, que no, que el embarazo en verano es una maravilla, que con cualquier trapito luces un montón. Por no hablar de que a mí, personalmente, me gusta mucho ver embarazadas y eso de poder lucir tripa en bikini me rechifla.

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    Os dejo unos modelitos de esta misma semana 😉 Perdón por la foto tan malísima, Rafa y Alfonso no controlan el tema con el móvil. El vestido largo, por si se hinchan las piernas, es lo mejor. Éste es de The First Outlet de esta temporada
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    Este vestido es de Zara de esta temporada, yo ya lo cogí en rebajas. Os lo enseñé en color amarillo en abril con mi cuñada embarazada de 37 semanas. 
    Este vestido fue uno de esos descubrimientos de HyM de hace tres años. Es cierto que con tripa enorme no me cabría, pero tened en cuenta que es una talla 38 y que lo compré sin estar embarazada. Si lo hubiera visto con tripa, hubiera cogido un par de tallas más para aprovecharlo hasta el último día.
    Este vestido fue uno de esos descubrimientos de HyM de hace tres años. Es cierto que con tripa enorme no me cabría, pero tened en cuenta que es una talla 38 y que lo compré sin estar embarazada. Si lo hubiera visto con tripa, hubiera cogido un par de tallas más para aprovecharlo hasta el último día.

     

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    Os hará gracia pero, con este vestido, me han parado dos embarazadas por la calle para preguntar de dónde era. Pues es de HyM de hace 4 años, lo compré embarazada de Alfonso y éste sí, hasta el día del parto se puede poner. Parece hecho para gestantes. El escote es muy favorecedor. No os voy a aburrir con todos los looks del verano, con algunos de esta última semana ya vale 😉 pero vamos, que es evidente que se luce más el embarazo en esta estación, y con la ropa es bien fácil.

    Y no sé porqué me da que todas coincidimos en que lo peor de tener la tripa bien grande en verano es el calor. Bueno, no es que este año me pueda quejar precisamente de bochorno, y más viviendo en el norte pero, anteayer mismo, pasábamos los 30 grados en Gijón y confieso que, tres meses así deben ser duros. Lo digo por las que vivís en sitios calurosos, tenéis todo el derecho del mundo a quejaros. Y más si eso implica que estéis hinchadas, porque entonces me diréis que lo de ir más ligerita de ropa ya no es tanta ventaja 😉

    Por supuesto, se me ocurren más ventajas e inconvenientes de pasar los últimos meses de embarazo en verano pero, para mí, estos son los dos más relevantes. Aunque también os digo que, lo que para mí hace cuatro años era una ventaja en el primer embarazo, es decir, dar a luz al acabar el verano por aquello de librarme del abrigo y las medias, hoy sería un inconveniente por otros motivos que nada tienen que ver con los estilismos ;-). Ponerme de parto ahora, con los niños en plena adaptación de guardería y a media jornada en el colegio, sería un caos. En noviembre me viene de perlas para que los niños ya estén super habituados a horarios, guardería, comedor, etc… Como véis, todo depende. ¿Cuál es para vosotras la mayor ventaja y lo peor del embarazo en esta estación?

  • Conversaciones sobre embarazo con un niño

    Para mí, esto de tener un niño que es consciente de que en breve tendrá un hermanito, es toda una novedad. Cuando me quedé embarazada del segundo, Alfonso sólo tenía 15 meses, por lo que no se enteró de nada 😉 Es lo mismo que me pasa ahora con Rafa, que se dirige a mi barriga diciendo «bebé de mamá» porque se lo hemos contado, pero sé de sobra que no se «empapa» de la realidad del asunto. En cualquier caso, Alfonso está punto de cumplir 4 años, a lo que hay que añadir que no calla, por lo que tengo conversaciones con él completamente surrealistas sobre el ser que llevo dentro.

    Algunos de los momentos de mayor lucidez los tiene en el baño, en concreto en el wc, haciendo sus necesidades (me va a matar si lee esto algún día 😉 ) Se ve que es un momento en el que me observa y le vienen ideas a la cabeza.

    – ¿Cómo come el bebé?- me espeta. Y yo, que en vez de tirar de imaginación, intento ceñirme a la realidad, le contesté que lo hacía a través de un tubito que tengo dentro.

    – ¿Come por la boca?- insiste. Le dije que sí para zanjar el asunto, entrar en el tema del cordón umbilical ya me parecía muy científico.

    – ¿Y qué va a comer cuando nazca?- continúa.

    – Pues leche que le va a dar mamá de aquí- le dije señalándome mi delantera. Tiré de sinceridad porque me verá y creo que eso le va a sorprender bastante, así que prefiero que vaya sabiendo cosas.

    – ¿Tienes leche ahí?- pregunta sorprendido. Y yo, para concluir el tema, le pregunto si ha terminado de hacer sus cositas porque el crío se recrea con el momento wc y me podía estar entrevistando horas.

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    Obviamente, hace ya tiempo que me hizo la famosa preguntita de ¿por dónde entró el bebé? Y a mí, como estas cosas me dejan descolocada, le dije que por un agujerito. Como veis, mi falta de imaginación es total, por no hablar de que pensé yo que el crío no se iba plantear el asunto. La siguiente pregunta fue ¿dónde esta el agujero? Y ahí más de lo mismo, intento acabar la conversación señalándome el ombligo, no vaya a ser que la liemos diciendo otro sitio, porque eso de que nosotras no tengamos «pirulina» le resulta extrañísimo, no entiende por dónde hacemos pipí. En serio, tengo un problema muy serio porque este niño todo lo quiere saber.

    Y lo de ayer ya me pareció la leche. Le dejo tocar mi panza de vez en cuando para que vea cómo se mueve su hermanito y claro, me arriesgo a consultas complejas.

    – ¿Gabriel (aún no decidimos el nombre nosotros y él lo tiene clarísimo) está tumbado?- me pregunta.

    Y yo, en mi línea de sinceridad y falta de ingenio, le digo que está dentro de una bolsa con mucha agua, por lo que está flotando.

    – Entonces, ¿sabe nadar?- continúa con el tema.

    – No exactamente, es una bolsa pequeña y no se hunde, flota- le contesto.

    – Pero mamá, ¿ y los manguitos?- y ahí yo ya muero de la risa. Pero qué se les vendrá a la cabeza, ¿se imaginará una pequeña piscina dentro de mi tripa?

    Pero no os creáis que no quería seguir con la conversación… que si nada con la manos o con los pies, que si nos oye y bla, bla, bla… porque el caso es hablar y preguntar. Aunque entiendo perfectamente que este asunto les genere muchísima curiosidad. Al fin y al cabo, son tan monos que no nos ven gordas en semejante estado, por lo que la historieta ésta de que tenemos un bebé en la barriga les tiene que resultar completamente descabellada. Y vuestros niños, ¿qué preguntas hacen o hacían cuando estabais embarazadas vosotras o alguien de vuestro entorno? En cualquier caso, me divierte y me encanta que sea consciente de lo que pasa, aunque le cueste entenderlo. Y me fascina que le hable a su futuro hermanito y que le de besos a mi panza.

  • Inconvenientes del embarazo

    No es que esté yo esta semana negativa con mi preñez porque, lo que viene siendo la criatura interior, molesta bien poco o nada. Y puedo decir que aún no soy del todo consciente de que en dos meses y medio llega un nuevo churumbel, en parte porque los otros dos no me dejan tiempo para pensar en el asunto. En cualquier caso, aparte de lo de ir al médico con cierta frecuencia, mi mayor «drama» durante la gestación es la postura para dormir. Ya desde joven pensaba eso de «¿cómo demonios voy a dormir el día que esté embarazada?«. Sí, lo confieso, ya pensaba en ello hace años porque siempre tuve claro que quería ser mamá, no se me encendió el famoso reloj biológico de la noche a la mañana 😉

    El caso es que he estado apurando, como en los embarazos anteriores, con el tema de pernoctar boca abajo pero ya se me acabó el chollo; la semana pasada me di cuenta de que ya no podía seguir. A veces me viene a la mente esa imagen de la película de los Caraconos en la que tenían unos agujeros en el colchón para colocar sus cabezas. Es una opción para ubicar la barriga, pero sale cara teniendo en cuenta que los colchones no cuestan cuatro duros, y a ver qué haces con él cuando das a luz. Que conste que en la playa no sería la primera vez que hago un pequeño pozo debajo de la toalla para colocar la tripa pero he de reconocer que, ni con ésas, es cómoda la postura.

    Cuando dí a luz a Alfonso, una de las primeras cosas en las que me fijé de mí misma fue en que la barriga había «desaparecido». Lo pongo entre comillas porque, aunque la involución de mi útero es bastante fugaz, no se puede decir que aquello esté al día siguiente como si nada; aún así, yo me percaté del asunto y me frotaba las manos pensando en llegar a casa para coger la posición de toda la vida. Hasta que me encontré con mis ubres y la subida de la leche, que apenas me permitían hacer otra cosa que dormir boca arriba, terrible 😉

    Así que ahora me hallo con  nueva inquilina en la cama: la almohada. La tengo que hospedar por pura necesidad, porque soy de las que he dormido sin ella toda la vida y sólo la rescato para el último trimestre de los embarazos, ésa es toda nuestra relación en la vida. Y obviamente, para colocarla entre pierna y pierna y evitar caer como un péndulo sobre la panza. En fin, ¡cosas del embarazo! y que todas sean como ésta. Suponiendo que todo va bien, ¿cual es para vosotras el mayor inconveniente del embarazo? Y nos os preocupéis, que hablaré también de ventajas en otros posts, porque las hay.

  • Pruebas durante el embarazo: la prueba de la glucosa y los pinchazos

    Pruebas durante el embarazo: la prueba de la glucosa y los pinchazos

    Que no soy nada aficionada a médicos y hospitales es evidente. Creo que la última vez que pisé un hospital o centro de salud como persona independiente, es decir, sin niños (en el vientre o fuera de él), fue allá por 2002, vamos, hace más de una década. Supongo que el hecho de que lo único que tuve durante los últimos años fuese una gripe y alguna diarrea (esto podría reservármelo pero a todos nos sienta mal algo de vez en cuando, ¿no?) hace que no tenga ninguna necesidad de visitar a ningún doctor. Tampoco se puede decir que yo sea «doña prevención», de lo cual no puedo sentirme orgullosa.

    El caso es que el primer embarazo fue para mí toda una novedad en esto de las visitas a sanitarios variados. Pero lo que más me aterraba y, a día de hoy, me sigue horrorizando, es el tema pinchazos. Sí, os sonará raro pero voy más tranquila a parir que a unos análisis; y no exagero. ¿En qué punto de mi vida cogí miedo a las agujas? Lo desconozco, no tengo recuerdos dramáticos ni traumas al respecto pero no me gustan nada. Igual es porque mi padre es muy aprensivo con ese asunto y mi madre hablaba de los partos como si hubiera ido al supermercado, de ahí mi tranquilidad para una cosa y mi recelo por la otra. Eso sí, tres embarazos en cuatro años hacen que pierdas el miedo ya a casi cualquier prueba, lo cual no quiere decir que me escaquearía si pudiera.

    Ayer me tocó la dichosa prueba de la glucosa o, para ser más exacta, el test de O’Sullivan, que sirve para diagnosticar la diabetes gestacional. Como a casi todos los análisis, vas en ayunas pero, en esta ocasión, no te pinchan una vez y te vas para casa tan feliz, sino que tienes que tomarte un jarabe dulce como que sé yo durante el primer pinchazo y, una hora después, te vuelven a «agujerear». Te dicen que te estés quietecita en ese tiempo interminable entre aguja y aguja.

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    Sin embargo, lo mejor son las ecografías

    Servidora aprovechó ese rato para ir a la planta de arriba del hospital a recordar en Tocología que estoy en la semana 28 y que aún no me habían dado un volante para otro pinchacito de rigor que nos toca a las mujeres especiales con Rh negativo. Ah, y esta estocada es en el culete. Tracatrá. Porque lo normal es que mis hijos sean RH positivo (lo cual no se sabe hasta que nacen) y la mezcla de sangre de factores distintos puede entrar en conflicto. No me preguntéis mucho más, yo acato órdenes. Ah, y después del parto, si se comprueba que la criatura es Rh positivo (que es lo más normal), toma agujero de nuevo. Y así, con análisis cada trimestre, la glucosa, el Rh antes y después del parto más cogerte la vía en el alumbramiento, suman 8 punciones, si todo va bien. Ah, y la epidural, que es el único pinchazo que estoy deseando que me hagan y que ni llegó en el segundo parto.

    Y a vosotras, ¿os dan miedo las agujas?, ¿hay alguna visita médica o prueba que os resulte especialmente incómoda?

  • Look de embarazada para entretiempo

    Aprovechando que mi barriga, ya de seis meses, empieza a ser evidente (hasta ahora, con ropa, había quien te miraba con cara de «menuda tripa cervecera se gasta ésta») y que los posts de moda, tanto de embarazada como de niños, siempre están entre los más leídos, voy a intentar incluir algunos looks para las que esteis en mi situación. Y digo «intentaré» porque ni soy una fashion victim, ni puedo permitirme el lujo de comprar modelitos cada dos por tres, ni me veo capacitada para poner caras y morritos muy habituales en blogs de moda. Además, menuda presión eso de tener que ir siempre mona, qué vida más estresante la de la Echeverría 😉

    Y como ya sabéis que el verano está siendo lo menos parecido al verano, que ha habido días que no hemos pasado los 18 grados y que servidora es friolera de narices, os dejo hoy un look para los días de entretiempo. Aún así, a optimista no me gana nadie y confío en seguir yendo a la playa en septiembre, que el invierno es muy largo y la primavera nunca viene con sol por aquí.

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    Chollito de rebajas, y quedaban todavía un montón hace dos días.
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    Las blusas, una de esas prendas que me acompañarán los próximos meses. Ésta la cogí también en rebajas y quedaban muchas.

     

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    Los leggings van a ser mis mejores amigos de aquí a que dé a luz, en negro, gris o marrón cuando empiece octubre y, por ahora, en azul marino. Cojo la talla L y me aguanta hasta el final. Los playeros los compré en mayo pero siguen vendiéndolos como artículos de continuidad.

    Por supuesto, incluiré mis ya habituales posts metida en los probadores de las tiendas para que podáis ver lo que sienta bien a las embarazadas. ¡Buen fin de semana!

  • De boda: embarazada, con niños y después de trabajar

    No digo yo que ésas sean las mejores condiciones para ir a una boda pero cuando no queda más remedio, lo haces y tan contenta. Ahora puedo corroborar que se sobrevive y que, incluso, puedes formar parte del grupo que cierra la boda a las seis de la madrugada. Pero vamos por partes.

    Lo de ir de boda estando embarazada puede ser una faena para algunas futuras mamás, por ejemplo, si se sienten muy cansadas o sufren cuando no pueden beber alcohol. Yo es que con lo de las bebidas soy muy sosa, he salido a mis padres, y no me gusta ni el vino, ni la cerveza, ni la sidra… vamos, que no me sacáis del Martini, y algún combinado más. Aún así, en una boda me permito tomar algo porque sé que una copa no me va a llevar a otra.

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    Alfonso, directo al aperitivo 😉

    Yo sufriría tremendamente si no pudiera comer jamón, pero en los tres embarazos he tenido tres matronas estupendas que me dejan comer de todo así que en las bodas soy feliz cuando pasan bandejas de jamón una y otra vez. Y como no me siento cansada por la gestación, para mí ir de boda en estado no es un problema. Aguanto hasta que nos echan 😉

    ¿Ir con niños de boda? A priori, no es la mejor opción, esto es indudable. Pero sinceramente, como era la boda de mi prima y no iban a poder cuidar de ellos mis padres ni familiares (porque venían también al evento) y era un fin de semana (por las fiestas del Carmen) muy malo para que alguna amiga o conocida se quedara con ellos, decidí llevarlos. La verdad es que la experiencia es un grado así que aprendí la lección de la boda de mi hermano. Nada de dejarles dormir la siesta hasta última hora y sudar la gota gorda para vestirles, adelantamos comidas y les despertamos con tiempo para no llegar corriendo a la iglesia.

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    Otra razón de peso para llevarles a la boda fue que iban todos mis primos y los peques se lo pasan genial con ellos.

    Aún así, teníamos la logística muy bien organizada para los niños. Después del aperitivo, sobre las nueve de la noche, dejamos a Rafa en casa de mis tíos con la niñera que tienen habitualmente que, como es extranjera, poco le importan las fiestas locales y se quedó a dormir con el peque. Y lo de Alfonso, blanco y en botella. Tengo un padre muy poco trasnochador así que el gordo se quedó a la cena y después, se fueron abuelo y nieto tan contentos. Como veis, todo muy bien pensado para amanecer el domingo sin los niños en casa 😉 Aunque no os creáis que dormimos mucho, el domingo por la mañana nos fuimos de fiesta de «prao», vamos, de romería con los peques.

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    Con mi madre y los peques. He de decir que se portaron bastante bien en la ceremonia.

    Pero señores, lo peor que te puede pasar antes de una boda es tener que trabajar. Vamos, sin duda alguna. Sobre todo si tienes que levantarte a las seis de la mañana y grabar seis programas seguidos sin descanso, de pie y subida a unos tacones. Cuando me lo dijeron hace unos días, creí morir. Ah, eso sí, lo bueno es que salí maquillada y peinada del trabajo, es la ventaja de la tv.  Al final, un poco de planificación y a la hora de comer estaba en casa, me eché un ratito en la cama y aquello me dio la vida (tenía las espalda y los pies reventaditos) y me hizo aguantar hasta las seis de la mañana «dándolo todo» en la pista de baile. Así que pasé 24 horas en pie. Y os digo una cosa, a pesar de todo, lo pasé pipa. Confieso que no es la primera boda a la que voy después de trabajar, pero por entonces estaba soltera y se lleva mejor ¡qué malo es el paso del tiempo! 😉

    Por cierto, sé que no es un blog de bodas pero veo que esto de los bodorrios os gusta tanto como a mí (2000 visitas ayer con el post del look y más de 2500 el día que puse fotos de la boda de mi hermano el año pasado) así que os dejo un par de fotos más del tema modelitos. ¡A ver si voy a tener que cambiar la temática del blog!

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    La embarazada y la mamá reciente. Su vestido es de Try, Gijón.
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    Otro vestido que me gustó mucho fue el de la hermana del novio, de Hoss Intropia.

    Me hubiera encantado poner más fotos pero ya sabéis que no todo el mundo quiere salir en blogs y redes sociales, una pena porque la novia iba espectacular. Y que sepáis que ya estoy preparando post de ropa de niños para ir a una boda, por si os sirve de ayuda aunque ya digo una y otra vez que no soy experta en enlaces ni protocolo ni nada, es sencillamente gusto personal.

  • Look de boda embarazada

    El sábado nos tocó ir de bodorrio, ¡mira que me gusta a mí lo de los casamientos! Son de esas pocas veces que, a estas alturas de la vida, sales con la idea de «darlo todo» y si hay que acostarse a las mil, pues se hace sin remordimientos. En cualquier caso, ya os adelanto que, entre la noche del viernes y la del sábado, apenas dormí 10 horas, y no sólo por la boda. Prometo post con los detalles, pero aún no me he recuperado y tengo que dedicarle un tiempo así que hoy os dejo el modelito que elegí para el evento.

    Había comprado hace más de dos meses un vestido pensando en la tripilla, es decir, algo holgado. Menos mal que me dio por probármelo unos días antes de la boda porque ¡menudo desastre! No es que no me entrase, es sencillamente que, por poca barriga que tenga, el vestido me hacía parecer una «mesa camilla». Y como no me fiaba de mi criterio, lo llevé a casa de mi madre para que diese su veredicto: no eran imaginaciones mías, me sentaba mal. Como mi madre es muy apañada, se fue una tarde de rebajas y trajo un par de cosas para que me probase. El vestido que a mí me parecía que no me iba a quedar bien porque se ajustaba en la zona de la barriga, resulta que me quedaba como un guante, ¡hay veces que nunca se sabe!

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    Vestido de King’s Road, Gijón. En rebajas, 55 euros.
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    Aquí se ve mejor el color del vestido. En el momento de las fotos, se puso a diluviar, de ahí que no tuviera mucho margen para sacar fotos en condiciones.
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    Peinado y maquillaje de Juani Cillero. Ya os contaré en el siguiente post porqué no podía ir a la peluquería.
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    Corona de flores de Eva Vidal. Creo que hubiese quedado mejor con el pelo suelto pero las previsiones daban lluvia y aquí la humedad es tremenda, así que tiré de comodidad.

    Y por hoy acabo, el post con todos los detalles de la boda lo dejo para otro día. Obviamente me centraré en los peques y en el embarazo en estos eventos, porque éste es un blog de maternidad, no soy especialista en enlaces aunque me gusten las bodas más que a un tonto un lápiz 😉

  • Ecuador del embarazo

    Pues así, sin darme ni cuenta, he llegado a la semana 20 de embarazo. No os creáis que exagero con eso de «sin enterarme», el otro día sin ir más lejos me subí a los coches de choque con uno de mis primos y cuando nos dieron el primer golpe, me dí cuenta de que yo no podía subirme. Ningún embarazo es como el primero, y ¡mira que yo estuve como una rosa entonces! Pero en aquella ocasión me levantaba por la mañana pensando en el asunto, me miraba al espejo doscientas veces para ver si la barriga crecía, ya mencioné que no leí libros sobre maternidad y embarazo pero sí que es cierto que buscaba en internet los cambios que se producían semanalmente en el feto…

    Con el segundo la cosa cambia, y con el tercero es que ya hasta empiezo a sentir pena y el pobre aún no ha nacido, ¡menudo abandono! En cualquier caso, por suerte, mis embarazos están siendo parecidos en cuanto a síntomas: nada de vómitos ni náuseas pero sí sueño y granos en el primer trimestre; con una energía, de momento, durante el resto de la gestación y sin ningún problema. Vamos, haciendo vida normal.

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    Dicen que cada embarazo que pasa, la barriguita sale antes. Desde luego, no es mi caso, creo que llevo el mismo ritmo que en los otros dos, vamos, sin mucha tripa.

    En cuanto a kilos, llevo un aumento de 3 y medio, así que creo que engordaré lo mismo que en el segundo, unos 9 ó 10. No quiero mencionar cómo me puse de gordi en el primero, ya llevaría el doble a estas alturas y así hasta ¡18 kilazos! No es que sea excesivo para muchas mujeres, pero yo no me hincho ni retengo líquidos, ni tengo un tripón, y teniendo en cuenta que Rafa pesó más que Alfonso al nacer, aquello fue una demostración de que el peso del bebé no depende de los kilos que cojas en el embarazo.

    Ayer nos hicimos la segunda ecografía y todo está perfecto, requeteconfirmado que es niño (yo no lo dudé ni un minuto porque con los tres han acertado ya en la primera eco) y está perfecto; ya mencioné que en mi familia hay dos casos de labio leporino, lo cual no es algo muy grave pero es obvio que, cuanto mejor esté el niño, más contentos estamos. Y en esto puedo resumir mi primera mitad de este tercer embarazo, estoy como una rosa, el niño está sano y yo no sólo sigo mi ritmo sino que, entre los dos niños más el nuevo trabajo, aún llevo más acelerón del habitual.

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  • Primeros síntomas del embarazo y otras cosas que no te cuentan

    Cuando ves el «positivo» en el test de embarazo sientes una sensación bestial, sobre todo la primera vez ya que es algo completamente nuevo y desconocido. Bueno, lo de completamente nuevo no es del todo cierto. Por poco que sepas de embarazos y gestantes, como era mi caso, te suenan palabras como náuseas, mareos y antojos. Pero resulta que tienes suerte y te libras de esas molestias en tus embarazos, en mi caso además las tres veces, aunque lo de los antojos es lo de menos mientras no pretendas comer cerezas en invierno. O quizás tengas mala fortuna y hagas pleno, es decir, que tengas todos los síntomas típicos de una gestación.

    Sin embargo, te encuentras con sorpresas con las que no contabas o, al menos, a mí nadie me había contado. Confieso que, por suerte, a mi alrededor no había tenido embarazadas recientemente. Y digo con suerte porque me libré de escuchar batallitas que lo único que hacen es alarmar al personal. Volviendo a las sorpresas, un día te levantas y te encuentras con la cara como un mapa, llenita de granos que no desaparecen hasta que pasa el primer trimestre. Con eso de que no cuento lo de los embarazos hasta casi llegado el segundo trimestre, imaginaos las trolas que he contado sobre falsas alergias para justificar una cara cual paella valenciana. Un horror.

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    Otra de esas cosas que yo no sabía, igual ahora vosotras me decís que es algo que sabe todo el mundo y yo quedo como una ignorante, es que te caes de sueño, literalmente. Recuerdo que en el primer embarazo iba a clases de inglés a la Escuela de Idiomas y pasaba auténtica vergüenza porque no era capaz de dejar de bostezar. En cuanto paras de hacer cualquier actividad normal, te quedas frita, donde sea y a cualquier hora. Eso sí, en posteriores embarazos olvídate de echar una cabezadita a cualquier hora, es más, en este tercer embarazo ya ni he notado lo del sueño, es materialmente imposible dormir por el día en mi casa.

    Otra de esas cosas que me sorprendió fue sentir fatiga. Sí, fatiga, no cansancio. Soy de las que en los embarazos sigo mi ritmo habitual hasta el día que doy a luz, siento sueño al principio pero no agotamiento como tal. Sin embargo, es quedarme embarazada y ¡Dios mío! cuando termino de subir unas escaleras o una cuesta, me pongo a suspirar como si hubiese corrido una maratón. Y esto ya es algo que me sucede durante todo el embarazo, supongo que si hiciese deporte con regularidad, este asunto se notaría menos.

    Una cosa más que descubrí en el primer trimestre del embarazo es que, depende del día y de la hora, tienes más o menos barriga, es decir, te hinchas y deshinchas con suma facilidad. De repente un día crees que ya te está creciendo la panza y, al día siguiente, no tienes nada ahí delante. Es un poco desconcertante. Y si te tocan en verano las primeras semanas de embarazo, más de uno pensará que ese invierno has echado tripilla cervecera, un disgusto 😉

    En fin, también podría mencionar eso de que no te apetece comer cosas que antes te encantaban o, madre mía, que tus ubres aumentan de tamaño y te ves espléndida. ¿Alguna de estas cosas os sorprendió en el primer trimestre de embarazo o estabais ya muy informadas?, ¿y alguna otra cosa que os haya pasado digna de comentar?

  • A la tercera, ¿va la vencida?

    Me he dado cuenta que esto de los refranes da para explicar algunas cosas y,a la vez, para las contrarias; así somos los españoles, tenemos frases para todo. Porque si yo esperase una niña en este tercer embarazo, os diría eso de «A la tercera va la vencida» pero resulta que si estoy esperando un niño, se me ocurre eso de «No hay dos sin tres».

    Ya he mencionado alguna vez que el seguimiento de mis embarazos lo han hecho únicamente por la Seguridad Social. Con tres ecografías, tres análisis de sangre, unas cinco o seis visitas a la matrona, otras tantas al tocólogo, prueba de glucosa, monitores… creo que es más que suficiente si todo va bien. Esto significa que la primera ecografía que me hice durante los embarazos fue en la semana 12. Lo reconozco, he ido siempre nerviosa porque en esa semana se detectan ciertas malformaciones y, entre otras cosas, porque tengo hermanos mellizos (varones) y eso le pone emoción al asunto.

    En cualquier caso, en esa semana no suelen decirte el sexo de tu bebé pero yo soy muy preguntona e insistente y, aunque sin mojarse, siempre me han acabado diciendo algo. En la primera eco de Alfonso me dijeron eso de «tiene pinta de niño» pero esperé a la semana 20 para hacerme a la idea y, efectivamente, acertaron. En el segundo embarazo, más de lo mismo en la semana 12, «parece niño» así que lo dí por hecho y lo interioricé desde ese día, se confirmó 8 semanas después.

    En esta ocasión íbamos con más presión, último cartucho para la nena porque, en principio, nos plantamos con tres criaturas. Tuvimos mucha suerte porque nos atendió un ginecólogo conocido y la que coordinaba ese día era la madre de la chica con la que compartí habitación cuando dí a luz a Rafa, así que pregunté de todo. Como en mi familia hay dos casos de una malformación, sin importancia porque se opera a los meses de nacer, se lo comenté al gine y se tomó como un reto poder averiguar si mi bebé tendría ese problema y parece que no. Total, que estuvo media hora analizando a la criatura y, cuando ya pregunté por el sexo, la frase fue muy asturiana: «esto apesta a güaje». Pues eso, otro niñooooo.

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    Reconozco que, en el primer momento, me quedé un pelín mustia porque, cuando tienes dos varones, te apetece una niña, y más teniendo en cuenta que ya me crié entre «machos». Pero enseguida reaccioné y pensé: ehhh, con los dos muñecos que tengo en casa, imagínate cuando llegue le tercero. ¿Y la de veces que voy a ir de madrina de boda? 😉 , ¿y lo bien cuidada que voy a estar en casa con tres chicarrones?, ¿lo que me voy ahorrar en ropa? Y lo más importante, ¡está sano! Así que, salvo sorpresón, en mi casa no habrá lacitos y ahora no me importa nada. Seguro que conocéis a muchas familias en las que todos los hijos son del mismo sexo.

     

  • Donde caben dos, ¡caben tres!

    Sabéis que soy muy amiga yo del refranero español, y es que el saber popular es muy sabio, aunque poco científico. Éste que titula el post es muy famoso y creo que todos lo hemos utilizado, sobre todo cuando queremos juntarnos con amigos y familiares; total, qué más da unos cuantos más si ya la cosa está animada. Ahora, si trasladamos el refrán al número de hijos por pareja, la cosa cambia bastante, lógicamente. En España hay 2,98 millones de parejas con un hijo y 2,80 millones de parejas con dos. Por su parte, el número de parejas que viven con tres o más hijos es inferior a 590.000, lo que representa el 3,2% del total de hogares. Resumiendo, hay casi 7 millones de parejas con uno o dos hijos y sólo medio millón con tres o más, vamos, estos últimos son minoría.

    Vale, lo sé, me enrollo como las persianas. Me dejo de números y voy al grano: en noviembre, si todo va bien, seremos ¡¡¡¡¡familia numerosa!!!! Como os podéis imaginar, estamos muy felices, yo siempre quise tres hijos y aquí estamos, esperando el tercero con 31 años. Se llevará dos años con Rafa y cuatro con Alfonso, así que voy a tener mucha ocupación pero, ya sabéis, sarna con gusto no pica. Me ha resultado muy difícil no escribir nada estos meses sobre el embarazo pero siempre hemos preferido esperar un tiempo prudencial para contarlo; si el blog fuese anónimo, hubiera podido ir escribiendo cositas del primer trimestre pero como a mi alrededor todos saben que escribo esta bitácora, he tenido que estar calladita y ya me he plantado en la semana 16 sin enterarme.

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    Primera ecografía (semana 12) aunque ya estaba de 14.

    Desde ahora, incluiré más contenidos relacionados con el embarazo; siendo el tercero ya soy casi una experta pero no os fiéis de mí que yo esto lo llevo muy bien y soy la tranquilidad personificada 😉 Y como os comenté en el post anterior, tengo que agradecer que me hayan cogido en la productora Zebrastur para el trabajo del programa en Telemadrid. Cuando hice el cásting hace dos semanas, no era público mi embarazo. En cuanto me eligieron y me ofrecieron el puesto, lo conté y, aún así, decidieron contar conmigo. Es cierto que es un trabajo, por ahora, temporal y que no había mucho tiempo para cambios, pero quizás podrían haberse echado atrás, presentadoras hay muchas. El tema trabajo y embarazo también dará para otro post.

    Pues hala, ya lo he dicho, ya puedo sacar el tema en el blog, qué descanso 😉 Y como esta semana ya ha sido de muchas noticias, me reservo el sexo del bebé para otro día. Como sé que me leen algunas amigas, que a nadie se le ocurra desvelarlo en un comentario, ¿eh? 😉

  • Parto en casa/cesárea a la carta

    Últimamente veo posturas muy enfrentadas en esto de la maternidad y la crianza de los niños. La “disputa” más relevante en este sentido suelo encontrarla en el asunto pro-lactancia/pro-biberón. Sobre este tema no voy a hablar hoy, creo que todas las madres sabemos los beneficios de la lactancia materna y quienes decidimos optar por biberones, antes o después, lo hicimos por motivos que consideramos suficientemente relevantes (mastitis, vuelta al trabajo…). Así que no voy a entrar en este debate.

    Una de las últimas campañas en favor de la lactancia materna.

    Lo que leo últimamente (esta noticia que publicaba ABC ayer me hizo escribir hoy este post) es que las futuras madres se interesan cada vez más, por un lado, por un parto en casa y, por el contrario, por cesáreas programadas; esto último sabéis que está muy de moda entre las famosas. Sin ser matrona, ginecóloga ni nada semejante, tengo la sensación de que hay cosas que sólo necesitan un poco de sentido común. Vamos a ver, imagino que todas sabéis que una cesárea es una operación de cirugía mayor en la que se abre un órgano (en este caso útero) y que requiere anestesia, ¿no? Supongo que, sabiendo esto, todas coincidimos en que, si no es por motivos de salud, lo mejor es un parto natural.

    Con esto quiero decir que hacerse una cesárea por motivos estéticos o porque te viene bien el día me parece una soberana frivolidad. Adelantar un mes el nacimiento de tu hijo a través de una cesárea porque no quieres engordar o por aprovechar la anestesia para hacerte unos retoques denota poco conocimiento. En el primer caso, porque no es bueno para tu hijo y, en el segundo, porque no debe ser muy recomendable andar haciéndote arreglitos internos cuando tu cuerpo acaba de «crear» una nueva vida.

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    Sobre los partos en casa, más de lo mismo. Parir es una cosa natural, sí, pero no está exenta de riesgos. Me da igual que a tu casa vayan cinco matronas, gines o lo que sea a atenderte y que el hospital esté a 10  minutos. No tiene porqué pasar nada en un parto pero eso no significa que no vaya a pasar. Que también puede haber complicaciones en un paritorio, pero siempre habrá más medios para hacer frente a cualquier imprevisto. En España, quien puede “financiarse” un parto en casa, imagino que también podrá elegir un buen hospital con buenos profesionales a los que les puedes dar indicaciones sobre evitar episiotomía, estar en ésta u otra postura, o tener una habitación estupenda.

    Eso no quita para que los hospitales tengan que mejorar muchas cosas, entre otras, que las plantas de maternidad sean algo más acogedoras porque, al fin y al cabo, las parturientas no somos enfermas. O que en los partos se intervenga menos (esto ya se está haciendo en muchos centros hospitalarios). Pero señores, la medicina y los profesionales están aquí para algo y por eso nuestra calidad y esperanza de vida ha mejorado tanto de unas décadas a esta parte. Se trata de recurrir a los avances médicos pero sin pasarse, vamos, ni lo uno ni lo otro, ¿qué opináis vosotras?

  • Ideas para embarazadas en Primark

    Este ha sido el fin de semana de los planes frustrados. Hace ya más de un mes que habíamos organizado una «quedada» en Cantabria con la familia de maridín pero las previsiones meteorológicas hicieron que, dos días antes, los maños se «rajasen». Y en busca de alternativas, el sábado nos animamos a ir a Villaviciosa, una pequeña localidad que está a pocos kilómetros de Gijón, ya que celebraban las Jornadas Gastronómicas de las Fabes. La idea era comer bien pero también pasear por el centro. Fue imposible, al llegar empezó a caer «la del calamar», vamos, a diluviar así que no pudimos ni bajarnos del coche. Segundo plan frustrado.

    Ante eso, directamente nos fuimos al centro comercial, cerca de Oviedo, al que siempre vamos cuando no hay otra alternativa. Y aparte de comprar el regalo del Día del Padre para mi progenitor, pasé nuevamente por Primark. No penséis que tengo acciones o que soy super fan, es sencillamente que en Gijón no tenemos esta tienda. En cualquier caso, la última vez que estuve allí cogí ideas para los peques, así que esta vez pensé en las embarazadas. Y esto es lo que vi.

    Blusas en todos los colores desde 11 euros. Vamos, para mí es una de las prendas más cómodas para cualquier embarazada.

     Las tenéis de lunares y muy coloridas y de rayas. 

    Yo me probé la rosa y estuve tentada.

    Me encantó también esta camisa de cuadros por 13 euros.

    Esta camiseta me pareció muy favorecedora por sólo ¡6 euros! Creo que tenía que haberla cogido.

    Esta blusa blanca me pareció sencilla pero con un corte muy bonito, además tapa bien el culete 😉 9 euros.

    Y aquí el vestido que me llevé para este verano, de corte recto, suelto, muy colorido. Por 15 euros.

    Tened en cuenta que en las fotos yo me pruebo la talla 38 y que previamente me había comido una fabada 😉 , por lo que si estuviera embarazada, quizás en blusas me serviría con una 40 porque son prendas muy sueltas; el vestido creo que lo tendría que coger en una 42. Pero bueno, es cuestión de que probéis. De todas formas, ya os anuncio que voy a ir de ruta con una embarazada de 8 meses así que pienso probarle de todo en varias tiendas y hacerle fotos para el blog.

    Tengo pendiente esta semana un post de bañadores de niños; sé que es pronto pero, si os gusta mucho algo, luego podéis quedaros sin tallas. De hecho, en Primark, las tallas pequeñas de playeros tipo «victoria» que os enseñé en otro post habían volado así que hice bien en comprarlos el mes pasado.

     Os pongo también estos capazos para la playa por 10 euros.

    Chanclas a 5 euros y sandalias a 8 €.

    Y si el papá de vuestros peques es un forofo del fútbol, que sepáis que este verano hay Mundial y que me pareció genial este body por ¡¡¡2 euros!!!!

    Y como no quiero que penséis que en Asturias llueve siempre, el domingo salió el sol y, además de comer una paella de bogavante por gentileza de mi señor padre (al que adoro), pudimos estar al aire libre. ¡Lo bien que lo pasa Alfonso en casa de mis padres compartiendo juegos con mis primos es una pasada! Felicidad en estado puro.

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