Madres que corren

Madres que corren

Éste título bien podría ser el de un post sobre la vida diaria de las madres porque, esto es así, vamos de un sitio para otro corriendo. Y más cuando tienes varios niños, que estás como en una yincana continua. Pero no, hoy no voy a hablar de maternidad sino de deporte, aunque acabaré relacionando una cosa con la otra, siempre me pasa. Os dije hace unos días que estaba barajando cambios en el blog así que, ya os adelanto que, desde este mismo momento, amplío contenidos. Que si alguna vez me apetece enseñaros dónde compro ésto o aquello, una crema que me gusta o cualquier truquillo, pues lo comparto, al igual que os muestro nuestras excursiones y siempre me decís que esos posts son útiles. Eso sí, no será el único cambio, habrá alguno más pero me llevará más tiempo porque quiero que quede bonito.

Y hoy, a lo que toca, porque va a ser un tema que me dé para algunos posts y los escribiré por si alguna madre más decide unirse a mi objetivo de 2016 (empezar fue reto en 2015, ahora toca mejorar). Nunca me ha gustado el deporte, ni en grupo ni en solitario, me pasa desde pequeña. A eso se suma que el cuerpo, con 20 años, lo aguanta todo; da igual que no te desmaquilles por la noche, que comas demasiado o que tomes el sol más de la cuenta. Pero la realidad es que no importa a esa edad pero todo pasa factura más tarde. Y más con tres embarazos a la espalda. Os conté en su momento que, consciente de que la tercera gestación me había regalado algún kilo (y dado que cerrar el pico para comer no es posible), hice un amago de volver al gimnasio a los dos meses de nacer Gabriel. Pero lo cierto es que no tenía tiempo así que decidí, como Forrest, empezar a correr por varias razones:

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Mi primera carrera, en junio.

–Flexibilidad: puedo ir a cualquier hora del día, sin depender de horarios de clases ni de cierres o aperturas de gimnasios. Como madre dependo de que alguien esté con los niños pero… siempre es más fácil escaparse media hora de casa que un par de horas.

–No pierdo el tiempo: entre ir al gimnasio, asistir a la clase y volver, se me iban casi dos horas. Correr es tan fácil como ponerte las mallas y zapatillas, bajar al portal y eaaa, a darle a las piernas hasta que vuelves, de nuevo, a la puerta de tu casa. ¿Total? Treinta minutos.

–Es barato: siempre que no seas sibarita. Para empezar, tiré de leggins viejos y, eso sí, me compré unos playeros de Nike. Pero vamos, que creo que fueron 40 euros o menos.

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Ya veis, como llevo 8 meses corriendo y ya corrí mi primera San Silvestre, los Reyes decidieron que era hora de mejorar el atuendo. Y el de mi madre, con ese super libro de Cristina Mitre, «Mujeres que corren», que voy a leer ya.

En junio me apunté a la Carrera de la Mujer, la primera de mi vida, y la terminé, que era lo que quería. Porque señores, yo soy muy lenta y no he salido a mi madre ni a mi hermano, que quedó el octavo (de más de 4000 participantes) en la San Silvestre de Gijón; yo sencillamente concluí dignamente. Pero en realidad, al correr no compito con nadie, solo conmigo. Y aunque empecé por cuestiones estéticas, es decir, para endurecer las carnes, hace tiempo que me di cuenta de que el running (os juro que me cuesta decir esta palabra) me sienta bien. Sí, perdí esos kilos y alguno más y eso se agradece pero además me hace sentir fuerte mentalmente sólo por el hecho de lograr un objetivo. Porque creí que no iba a durar y sigo. Y porque la pereza me puede cuando hace frío pero he conseguido cumplir dos días a la semana y ahora van a ser tres.

¿Mi próximo reto? Correr en marzo una 10k, lo que viene siendo una carrera de 10 kilómetros, que no quiero ponerme yo muy técnica ahora. Eso sí, ojo con el suelo pélvico que, oye, justo en eso y según mi matrona, es como si nunca hubiera parido y estoy divina de bajos fondos 😉 pero no es recomendable en según qué estado esté tras embarazos y partos. De todas formas, yo voy a hacer mis averiguaciones porque me dijo la matrona que hay un dispositivo que ayuda a proteger el suelo pélvico en los deportes de impacto. Vamos, que tengo más posts que escribir sobre el deporte relacionado con la maternidad y aquí lo compartiré por si algunas decidís que es un buen momento para empezar a mover el trasero, ¿alguien al otro lado? 😉

14 cosas de ser una mamá runner que nadie te había dicho

Antes de que penséis que me he vuelto loca de amor por el running, aclaro que este post lo empiezo yo pero lo escribe Eugenia Hernansanz, una mamá runner que está intentando conseguir algo muy importante para ella: ser la portada de la prestigiosa revista Runners. De hecho, en este enlace podéis votarla para que consiga su sueño, ¡¡no cuesta nada!! Para ella, y para las mujeres en general, es todo un logro, ya que es una revista típica de hombres.

Yo poco puedo aportar sobre running (al que aún a veces llamo footing 😉 , soy una antigua). Cuatro meses después de nacer Gabriel, y viendo que ir al gimnasio era misión imposible por falta de tiempo, decidí empezar a correr. Salgo sólo dos días a la semana, media hora, pero para mí es suficiente y tiene muchas ventajas. No pierdes tiempo ya que empiezas en casa y terminas en casa. Es barato: en todo este año me he gastado 40 euros en unas zapatillas y en la inscripción a la Carrera de la Mujer. Mueves todo el cuerpo y desconectas la mente. Sólo una pega: cuidado con el suelo pélvico tras embarazos y partos, hay que controlarlo; existen incluso dispositivos para que el impacto sea menor en esa zona al correr.

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En mi familia, comenzó mi hermano Miguel hace unos años, y este 2015 corrió su primera maratón en Roma consiguiendo un puestazo 73 de entre miles. Después se unió mi hermano Alfonso. Luego fui yo, que corrí por primera vez en junio mi primera carrera oficial. Y la que veis en la imagen es mi señora madre. Sí, a sus 55 años empezó a darle a la zapatilla y hace menos de un mes corrió su primera carrera haciendo mejor tiempo que yo… vamos, lo que se llama abuela runner.

Y hecha esta pequeña exposición sobre mi humilde experiencia, os dejo con la lista, que ha elaborado Eugenia, sobre esas cosas que os pasarán si os convertís o sois mamás runners:

1. Si te acompaña tu marido en las carreras, siempre le harán la misma pregunta: ¿y qué?, ¿tú por qué no corres, chaval? Yo me pregunto por qué demonios tiene que correr él también, ¿es tan raro que de la pareja la que corra sea yo? Cuando son ellos los que corren, a nosotras no nos lo preguntan.

2. Lo primero que vas a a tener que oír cuando digas de que eres runner (especialmente cuando hablas con gente que no corre) es que es malo, que te vas a fastidiar las rodillas ¡¡¡¡para siempre!!! Pues fíjate, hay muchas otras cosas que te puedes fastidiar pero ellos solo piensan en las rodillas.

3. No tienes que parecer una runner para ser una runner: está permitido ir sin mallas de vez en cuando aunque a veces sean taaaan bonitas que tu próximo disfraz de carnaval sea Fabulous Forest Gump.

4. Las que “solo” corremos y no hacemos nada más, ni crosstraining, ni crossfit, incluso ni un miserable Trail (el trail es lo más parecido a querer morir en el monte tipo «La bruja de Blair» que he experimentado) somos objeto de ciertas críticas.

5. A mucha gente, sobre todo a los que no corren, les va a dar igual lo que corras o dejes de correr, si haces o no este u otro tiempo…y lo sabes.

6. En medio de cada carrera te estarás diciendo a ti misma que nunca más volverás a meterte en un embolao así y a los 30 minutos de terminar ya estarás buscando en Internet tu próximo reto. Correr es lo más parecido a un parto natural a lo que te vas a enfrentar en tu vida.

7. Pasarás por fases en las que te sentirás totalmente inepta para ser una corredora.

8. Pasarás por fases en las que te sentirás totalmente como una maldita estrella del rock , ¡¡¡ouh yeah!!

9. Sentirás ganas de saltar a la yugular del que se refiera a tu pasión como jogging, ¿qué leches es el jogging, por Dios?

10. Tus pies se van a ver horrosos: callos, uñas seccionadas en canal, y un largo etcétera. Tendrás que pedir perdón cada vez que vayas a hacerte la pedicura.

11. A veces, solo a veces, otros corredores no te saludarán cuando os cruceis. Mi compañero de fatigas y carreras dice que cuando él va conmigo, nos saludan más 😉

12. Nunca vas a ser la corredora más rápida, ¡¡¡jamás!!!! pero no siempre vas a ser la más lenta.

13. Correr se trata casi tanto de fortaleza física como de fortaleza mental.

14. Nunca, nunca vas a olvidar el momento en que cruces la meta de tu primer Matatón o Medio Maratón, ese momento en el que tus hijas se arrojen contra ti para llenarte de abrazos y besos; nunca olvidarás que tu marido tuvo que viajar con ellas más de 100 kilómetros a primera hora de la mañana y encontrar sitio entre la multitud solo para verte llegar. Os juro que a veces incluso cuando nos enfadamos me acuerdo de eso y se me pasa un poco.

Cada carrera popular es para mi una maratón si ellos me están esperando en la meta, ahí soy una «mami rock star»!!!!Ouuuu Yeah!!!! ¿os animáis a votarme para ser portada de Runners?

En forma tras el postparto: alimentación

Iba a escribir un único post sobre este asunto pero he decidido dividir la materia en dos partes porque veo que da para mucho. Aviso a navegantes, que nadie se me lance a la yugular, que no sé qué demonios le pasa a la gente por estos mundos 2.0 que, a la mínima, te quieren cortar el cuello. Lo digo porque, hace unas semanas, una bloguera con varios hijos y de viente plano, animaba a las madres a hacer deporte y alimentarse bien para estar en forma. A la pobre mujer le empezaron a llover críticas por todos lados diciendo que si ella no tenía un doctorado, que si era mala madre…

Desde mi punto de vista, algo desmesurado. Primero, porque es una bloguera con contenidos relacionados con el fitness así que, si la sigues, ya sabes lo que hay. Segundo, porque para ella será importante y encontrará tiempo de donde haga falta para estar en forma; otras, aunque tuviésemos todo el tiempo del mundo, no haríamos deporte a diario ni de coña. Y tercero, porque tendrá fuerza de voluntad para comer sano y eso creo que no es algo criticable sino lo contrario. Así que, por favor, relájense todos. La muchacha nos vende un buen cuerpo con esfuerzo, no es la Preysler vendiendo cremas.

Ahí la tenéis. Buena genética, sesiones de gimnasio y comida sana.

Cuidarse tras ser madre es igual de bueno que hacerlo antes, lo que pasa que, cuando una es joven y lozana y sus carnes está medianamente prietas, pues como que lo de cuidarse lo deja para otro ciclo vital. Pero cuando la gravedad empieza a hacer de las suyas, ya vas pensando que quizás hay que darle una ayudita al body para que la cosa no vaya a más. Y claro, los embarazos son un factor de riesgo para esto de mantener la «gravitación» a raya. Y ¡ojo! que aquí servidora se las prometía muy felices porque, después de dos embarazos, las consecuencias habían sido pequeñas. Pero todo lo bueno tiene su fin y la tercera preñez hizo estragos a pesar del zumba hasta la semana del parto. Tres meses después de dar a luz a Copito de Nieve yo seguía ahí con mis kilillos de regalo y la masa corporal floja, inconsistente. Y me dije a mí misma que era el momento de cambiar hábitos. Lo ideal es hacerlo por salud pero claro, si estás como una rosa pasa lo de siempre, lo dejas para otra década de la vida. Empezar por estética no me parece mal plan.

Así que me puse a ello. Nada de dietas, vamos ¡lo que me faltaba! Si algo he aprendido es que, cuando suprimes cualquier cosa de forma radical, acabas «cayendo» con todo el equipo y a lo bestia. Pero asumí que no se puede comer todos los días determinadas cosas como donuts, galletas, palmeras de chocolate o atacar el bote de Nocilla. Así que, entre semana, intento sustituir lo dulce por frutas, yogures o tortitas de avena. Hay veces que, con el ritmo que llevo, el cuerpo pide más y no puedo renunciar al sabor de algo azucarado. Así que tomo dos o tres galletas caseras ecológicas Paul and Pippa y me quito el «mono». Las hay saladas por si vuestro problema es que asaltáis más este tipo de comida. Para mí, han sido todo un descubrimiento, tienen menos calorías al estar hechas con harina de espelta en vez de harina de trigo.

Otra de las cosas que hice fue añadir un zumo natural a mis desayunos en lugar de zumos de tetra-brick, que suelen tener bastante azúcar. Por supuesto, hago cenas ligeras, lo cual no me cuesta porque lo he hecho casi toda la vida. Y esto es lo que me anima a cambiar algunas rutinas: saber que, en el momento en que algo se convierte en hábito, ya no cuesta tanto. Llevo algo más de un mes cuidándome y, sin ser grandes cambios ni prohibiéndome nada, ya por fin he perdido lo que me sobraba.

En la segunda entrega, la próxima semana, me centro en el deporte tras el postparto, donde también soy mujer de idas y venidas porque reconozco abiertamente que no me gusta. Pero claro, volvemos a lo de siempre: ya no es sólo cuestión de peso sino de gravedad, por lo que la alimentación no basta. Tendré en cuenta el cuidado del suelo pélvico que ya sabéis que ando yo fascinada con este tema. ¿Os cuidáis más o menos desde que sois madres?