A este verano le quedan dos telediarios, aunque por la temperatura nada parece indicar que vaya a llegar el otoño. Hace cuatro años, me quedaban menos de dos semanas para dar a luz así que mi último trimestre de embarazo coincidió con el verano completo; hace dos años, el tiempo que faltaba para que llegara Rafa a este mundo era de un mes, por lo que gran parte del último trimestre transcurrió también en verano y el principio del otoño es bastante llevadero por el norte. En esta ocasión, por primera vez, voy a tener que ponerme un abrigo con barriga de embarazada y la idea me gusta más bien poco.
Pues sí, porque para mí, sin duda, la gran ventaja de que los últimos meses de embarazo transcurran en verano es la ropa, que no hay que complicarse nada. Ni medias especiales, ni zapatos cerrados o botas, ni abrigos que no puedes abrochar… Claro que me puedo comprar un abrigo y ,de hecho, tendré que mirar si alguno me queda bien a pocas semanas de dar a luz, pero es que un abrigo es más caro que un vestidito de flores o de lunares. Y lo de las medias ya me parece el «no va más», si ya me parecen un tostón normalmente, ni os cuento embarazada. Que no, que no, que el embarazo en verano es una maravilla, que con cualquier trapito luces un montón. Por no hablar de que a mí, personalmente, me gusta mucho ver embarazadas y eso de poder lucir tripa en bikini me rechifla.




Y no sé porqué me da que todas coincidimos en que lo peor de tener la tripa bien grande en verano es el calor. Bueno, no es que este año me pueda quejar precisamente de bochorno, y más viviendo en el norte pero, anteayer mismo, pasábamos los 30 grados en Gijón y confieso que, tres meses así deben ser duros. Lo digo por las que vivís en sitios calurosos, tenéis todo el derecho del mundo a quejaros. Y más si eso implica que estéis hinchadas, porque entonces me diréis que lo de ir más ligerita de ropa ya no es tanta ventaja 😉
Por supuesto, se me ocurren más ventajas e inconvenientes de pasar los últimos meses de embarazo en verano pero, para mí, estos son los dos más relevantes. Aunque también os digo que, lo que para mí hace cuatro años era una ventaja en el primer embarazo, es decir, dar a luz al acabar el verano por aquello de librarme del abrigo y las medias, hoy sería un inconveniente por otros motivos que nada tienen que ver con los estilismos ;-). Ponerme de parto ahora, con los niños en plena adaptación de guardería y a media jornada en el colegio, sería un caos. En noviembre me viene de perlas para que los niños ya estén super habituados a horarios, guardería, comedor, etc… Como véis, todo depende. ¿Cuál es para vosotras la mayor ventaja y lo peor del embarazo en esta estación?
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