Etiqueta: lactancia

  • Mastitis subaguda… y crónica

    Mastitis subaguda… y crónica

    Sé que este tema lo traté hace 4 años cuando por primera vez alguien supo darme una explicación a los dolores, para mí inexplicables, con las lactancias. Pero como me habéis pedido mi experiencia con la lactancia mixta, creo que es interesante volver a hablar del tipo de mastitis que tengo y también aportar más información que la que di en aquel momento ya que, cuatro años después, he vuelto a vivirlo una vez más. Así que voy a intentar arrojar un poco más de luz a la mastitis subaguda, en mi caso recurrente o crónica.

    Mastitis subaguda, qué es

    Hablo aquí como madre que, una vez tras otra, ha pasado por la misma experiencia sin tener una solución definitiva. Lo primero, y como ya sabréis, las mastitis son el resultado de una alteración de la microbiota fisiológica de la glándula mamaria. Dentro de las mastitis nos encontramos con la aguda, que a todas os sonará y que es probable que bastantes hayáis tenido. Y luego están las mastitis subagudas y subclínicas, que están infravaloradas, entre otras cosas porque no se suele coger cultivo de leche de la madre para poder iniciar un tratamiento y porque no hay síntomas evidentes más allá del dolor, que muchas veces se asocia a otras causas. De hecho, yo me encontré con esta situación dos veces cuando daba el pecho a mis dos hijos mayores; nunca nadie supo decirme por qué me dolía amamantar sin haber aparentes síntomas de mastitis, con una correcta succión y posición de los bebés…

    Tuve la suerte de dar con una asesora en lactancia y con una matrona maravillosa tras el tercer parto y, aunque lo mío ya es una causa perdida, descubrimos qué podía pasar y un cultivo de leche lo corroboró. Y el diagnóstico fue mastitis subaguda, cuyos síntomas son:

    • Dolor en el pecho tipo pinchazos o calambres.
    • Disminución en la secreción de leche.
    • Tomas largas debido a la obstrucción.
    • Grietas no causadas por el agarre o posición del bebé, sino por la implicación de las propias bacterias que causan las mastitis.

    mastitis subaguda

    Mastitis subaguda, qué se puede hacer

    Una de las opciones que suele darse es tratamiento probiótico (microorganismos vivos que ejercen efectos beneficiosos) y que obviamente probé, como me había dicho la matrona, en mi tercera lactancia mientras esperaba los resultados del cultivo. Pero no mejoró la situación. Y tras recibir los resultados en los que daba positivo en Estafilococo Epidermis, optamos por pasar al antibiótico, que mejoró el problema pero muy levemente. Cambiamos a otro antibiótico y más de lo mismo.

    En esta cuarta lactancia, me cogieron el cultivo ya en el mismo hospital, no tuve que esperar días. La matrona estuvo conmigo viendo de nuevo el agarre y postura del bebé y todo era correcto una vez más. Del hospital salí con antibiótico ya que, previsora que es una, llevé los resultados del cultivo de la lactancia de Gabriel para que ya tuviéramos algo con lo que avanzar. Pero se repitió lo de la vez anterior. También volví a probar los probióticos, por si sonaba la flauta, pero no. El dolor no desapareció y poco a poco la producción de leche disminuía porque, cuanta más cantidad tengo acumulada, más me duele. El resultado en esta ocasión también dio positivo en Estafilococo Epidermis.

    ¿Por qué no desaparece el dolor? Pues a veces, pocas, estas mastitis son recurrentes o crónicas. Y es evidente que es mi caso, no es lo habitual pero me ha tocado. Cuatro lactancias y cuatro veces mismos síntomas, tratadas en dos ocasiones, y mismo resultado. Esa es la razón por la que he optado por la lactancia mixta por la que tanto me habéis preguntado por Instagram. Así que esta semana os explico en otro post cómo me organizo y cómo llevo a cabo la lactancia mixta.

  • Jornada Optimum con «Lucía, mi pediatra»: Posparto, lactancia, crianza…

    Jornada Optimum con «Lucía, mi pediatra»: Posparto, lactancia, crianza…

    Todavía tenía pendiente publicar un post sobre mi participación en la Jornada Optimum el pasado mes de octubre. Formar parte de un coloquio con alguien como Lucía Galán, conocida por su labor divulgativa como “Lucía mi pediatra”, era una gran oportunidad que no podía rechazar. Entre otras cosas porque, como ella, soy de las que creen que cada maternidad es distinta y todas deben ser respetadas. Ni siquiera digo cada madre sino cada maternidad porque cada hijo es distinto, y eso bien lo sabemos las que tenemos varios, cada uno tiene necesidades y gustos distintos. Así que voy a intentar resumiros un poco todo lo que hablamos en la Jornada Optimum, organizada por Laboratorios Ordesa para presentarBlemil plus Optimum.

    Postparto

    Una de las cuestiones que primero se abordó en la charla fue el posparto, esa época en la que muchas coincidimos que nos pilla desprevenidas; porque la verdad es que nos preparan para el parto y para la llegada de un bebé, nos preparan para cuidarle pero no para cuidarnos ni a que nos cuiden a nosotras, en plena revolución hormonal y en muchas ocasiones, agotadas físicamente. Tan pendientes de nuestros hijos que nos olvidamos un poco de nosotras mismas. Así que muchas coincidimos en que es una época dura en la que nos solemos encontrar un poco desbordadas. A mí, desde luego, como ya os conté en más una ocasión y como cuento detalladamente en mi libro, el primer postparto me resultó duro. Los siguientes (salvo el de Carmen por motivos obvios) fueron llevaderos. La experiencia es un grado.

    Lactancia

    Otro de los temas que abordamos fue el de la alimentación infantil. Como sabéis las que me seguís desde hace años, he contado por aquí en algunas ocasiones que yo recurrí a la lactancia mixta con mis tres hijos. En un post de hace casi 4 años os cuento detalladamente cómo, a la tercera, es decir, con Gabriel, tuve la suerte de dar con una persona (matrona asesora en lactancia) con la que averigüé lo que me pasaba, aunque tampoco pudimos resolver el problema al 100%. Ya sabéis que, a cabezona no me gana nadie y haré un cuarto intento de lactancia materna pero con la tranquilidad de que, si se repite lo de las mastitis subclínicas, tendré a mi alcance la leche de fórmula para estar lo mejor posible los dos, mi bebé y yo.

    Tengo hijos con un apetito estupendo, que por suerte no han necesitado siquiera antibióticos, y si entonces tenía claro que no se acaba el mundo por no poder llegar a una lactancia materna exclusiva, ahora lo tengo cristalino. Haré lo que me vaya diciendo el instinto, como en anteriores veces. Por eso, en parte, también me interesa, como consumidora, saber qué mejoras hay en cuanto a leches de fórmula, porque las ha habido en los últimos años, como por ejemplo que el producto no tenga aceite de palma, que tenga elevado contenido en grasa láctea de alto valor nutricional, vitamina D… o la novedad de incorporar la Bifidobacterium infantis IM-1, una cepa pro biótica exclusiva que ha patentado Laboratorios Ordesa y que es característica de los bebés alimentados con leche materna. Las nuevas fórmulas, por suerte, han avanzado mucho y favorecen un óptimo crecimiento y un normal funcionamiento del sistema inmune. Y a muchas mujeres nos ha permitido vivir esta etapa con un poco más de sosiego porque es duro estar físicamente mal en un postparto, o no dar abasto al principio cuando tienes más de un hijo. Cada una tiene sus circunstancias.

    Libertad de las familias

    Junto a Lucía Galán incidimos mucho en la libertad de cada familia para llevar a cabo la crianza que consideremos y decidamos. Ella, como pediatra, intenta dar soluciones a los distintos problemas a los que se enfrentan las familias hoy en día y a su consulta llegan muchas dudas sobre nutrición, desde la lactancia hasta la alimentación complementaria, resolviendo problemas y apoyando a los padres. Se habló de tolerancia, respeto y empatía, que últimamente brilla por su ausencia con una presión social sobre cualquier decisión que toma una madre, da igual si das el bibe o el pecho, da igual si trabajas fuera de casa o no, da igual la decisión que tomes porque siempre hay alguien que cuestiona tu forma de hacerlo.

    Así que, puesto que la crianza es de los padres, las opiniones sobre cómo lo hacen los demás es mejor reservárselas. Como decía Lucía, todas compartimos miedos, alegrías y penas. Y si la decisión que tomas es te hace feliz y crees que es la mejor en tu situación y en la de tu familia, sigue adelante. E incidió en convertir la culpa en ejemplo. En que de poco sirve que estemos sintiendo una culpa enorme por algo y que cambiemos aquello que no nos gusta. Y no puedo estar más de acuerdo. La verdad es que la Jornada Optimum fue muy esclarecedora ya que pasamos mucho tiempo hablando con todas las madres que acudieron, muchas con sus bebés, y fue muy interesante escucharlas a todas ellas, sus dudas, sus miedos, sus formas de hacer las cosas… cada una a su manera.

    Así que solo puedo estar agradecida por poder compartir inquietudes y, por supuesto, por escuchar a Lucía en esta charla dedicada a destacar las distintas formas de vivir la maternidad.

  • La lactancia, ¿estropea el pecho?

    Si hubiera tenido un sólo hijo, es decir, a mi primero, seguramente pensaría que la escasa lactancia que pude darle dejó rastro en mis ubres. Tengo la suerte de quedarme sin panza tras los embarazos y no me salen estrías pero, guapinas, una no puede librarse de todo y noté cierto empeoramiento en la delantera. Que conste que, de lo que puede ir a peor con esto de la maternidad, es la pechera lo que menos me importa porque no voy enseñando el asunto por ahí. Pero vuelvo al tema que ya sabéis que me pierdo con facilidad.

    Dicho esto, tras tres embarazos y tres lactancias mixtas, he llegado a la conclusión de que la lactancia no estropea el pecho. Y ahora algunas preguntaréis: ¿y cómo demonios has llegado a semejante deducción? Vamos por partes, primero datos y luego análisis. En mi primer embarazo engordé la friolera e innecesaria cifra de 18 kilos. Y digo innecesaria porque ni estaba hinchada ni tenía una gran tripa; objetivamente, me puse tibia con la comida. Al churumbel nacido de ese embarazo, es decir, al mayor, le di lactancia mixta durante tres meses aunque los bibes eran más frecuentes que las tomas de pecho.

    Vamos con los datos de la segunda maternidad: 9 kilos cogidos en el embarazo y poco más de dos meses de lactancia mixta en la que ocurrió lo mismo que con el primero, poca leche materna y mucho biberón. Y por último, un tercer embarazo en el que nuevamente engordé 9 kilos y, por fin, una lactancia mixta más abundante (más tomas) y prolongada (5 meses) que las anteriores. Esto último gracias a mis matronas y a mi aguante, que es bastante aunque, como todo, podría ser mayor. Pero no, no soy de las que se rasgan las vestiduras en plan madre coraje, que no he venido yo a este mundo a sufrir de forma innecesaria. ¿Veis? ya me estoy yendo otra vez del asunto.

    Vamos ahora con el análisis que, obviamente, sólo puedo hacer yo. Tras el último destete, no ha habido empeoramiento con respecto al primero, es decir, mi delantera está ahora, tras la tercera lactancia, igual que tras la primera. Espero que algunos familiares no estén leyendo este post 😉 Eso hace que descarte la lactancia como causa de caída de senos. Pero, por esa regla de tres, también tendría que descartar los embarazos. Así que he dado con la clave en mi caso: el peso durante las gestaciones. El haberme excedido con el primero explica que sólo haya notado empeoramiento en la primera ocasión.

    De esto deduzco que los embarazos inciden mucho más en la caída del pecho que las lactancias (aunque no sabría deciros en el caso de las prolongadas). Que yo sé que la subida de la leche los primeros días es imponente y una piensa que no va a poder abrocharse nada que no parezca un burka pero luego la cosa se estabiliza y adquiere tintes de normalidad. Sin embargo, durante los embarazos, nos pasamos los 9 meses con unos pechos turgentes, con varias tallas más de lo habitual (lo cual es genial para las que andamos justitas y un engorro para las que van de sobra) que hacen que, tras el parto o el destete, aquello nos parezca trágico 😉

    Bueno, pues yo he llegado a esa conclusión y, además, muchas madres que no han dado el pecho sostienen que las ubres también han sufrido derrumbe, con lo que creo que no dar leche materna por cuestiones estéticas no tiene fundamento científico. ¿Qué opináis?, ¿embarazo, lactancia, genética, edad?, ¿cuál es vuestra experiencia?

  • La lactancia materna, ¿engorda o adelgaza?

    La lactancia materna, ¿engorda o adelgaza?

    No, con la pregunta del titular no me estoy refiriendo a si los churumbeles engordan o no con lactancia, sino que la cuestión alude a nosotras, a intentar averiguar si nos inflamos o afinamos las madres con esto de alimentar a los retoños dando el pecho (aunque yo estoy también con bibes). Toda la vida oyendo eso de que con la lactancia materna se adelgaza muchísimo y resulta que aquí estoy, tres meses después de dar a luz, con los mismos 4 kilos con los que salí del hospital. Sin comer más que antes (pero bastante), descansando menos y haciendo algo de deporte. Que ya sé que muchas me vais a decir eso de que sólo ha pasado un trimestre desde que parí. Vale, bien, aceptaría el argumento… sino fuera por mis anteriores experiencias.

    Durante el embarazo de Alfonso engordé la friolera de 18 kilos y, cuando di a luz, me sobraban 13. Antes de tres meses, había perdido todo el excendente; sin ejercicio y con un sólo vástago al que atender. Eso sí, caminaba mucho. Y como ya sabéis las que seguís el blog, apenas pude amamantar al peque. Lo de Rafa fue aún mejor ya que sólo engordé 9 kilos durante la gestación así que salí del hospital prácticamente en mi peso. Con la lactancia, me pasó lo mismo que con el primero: dolores que hacían aquello imposible y tomas de bibe aumentando semana a semana. Vamos, que los embarazos anteriores no hicieron estragos en mi línea. Tampoco es que ahora estemos hablando de un sobrante excesivo, y el hecho de que la barriga se quede en el paritorio ayuda a que parezca que todo ha vuelto a su sitio; pero insisto, sólo lo parece, los kilos ahí siguen. Y no lo digo yo, lo dice mi báscula.

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    Como podéis observar, no hay mucha diferencia entre una imagen y otra. Eso sí, tengo mejor careto ahora, se nota que Gabriel ya duerme bastante y que no ha puntos que den la lata.

     

    El caso es que, a pesar de oír eso de que Menganita se quedó en los huesos con la lactancia, también he escuchado lo contrario. Y claro, si eso es así, ya tengo yo excusa para no haber perdido un sólo gramo. Aunque la realidad es que estoy temblando ante la idea de que sencillamente el tercer embarazo haya hecho daños irreparables en mi figura 😉 Ante la duda, pregunté a mi matrona. ¿Y ella que me dijo? Que dando el pecho se baja de peso pero más lentamente. Vamos, que debe ser que yo antes lo perdía como Fernando Alonso, porque apenas amamanté a las criaturas, y ahora no llego ni a Marco Apicella (que por lo visto es uno de los peores pilotos de F-1). No me preocupa perder peso más despacio que las veces anteriores pero hombre, si supiera con certeza que es cosa de dar el pecho, me quedaría un poco más tranquila. Que de ganar unos kilos, con un par hubiera bastado teniendo en cuenta que en el embarazo sólo engordé 9. En fin, ya os contaré si los kilos son temporales o se quedan conmigo de por vida, habrá próxima entrega sobre el asunto. Y vosotras, ¿perdisteis todo el peso ganado en el embarazo al amamantar?, ¿engordasteis? Espero impaciente vuestras respuestas 😉

  • No tengas un bebé… en Navidad

    No tengas un bebé… en Navidad

    Que yo sé que esto de los embarazos no se puede planificar con exactitud; mes arriba, mes abajo y bien, puede que te acerques un poco a la época que mejor te venga por motivos laborales, familiares o lo que sea. Pero atinar con la fecha debe ser algo complicado. Lo que tengo claro es que dar a luz a las puertas de la Navidad o en plenas fiestas es una locura. Puede que muchas penséis que es muy bonito tener un bebé en estas fechas… pues no. Tener un churumbel es bonito siempre pero se disfruta más en épocas de tranquilidad, sin festejos, sin trasnoches y… sin comilonas. Desde luego, esta es la lista de cosas que no apetecen cuando tienes un recién nacido en casa:

    1. Posibles viajes: No habían pasado tres semanas desde que había dado a luz y ya estaba haciendo las maletas para pasar parte de estas fechas con la familia política. Lo sé, a muchas no se os pasaría por la cabeza pero yo soy así de buena con maridín. Evidentemente, cuando acabas de parir, te apetece estar en tu casa.

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    Pues eso, que me gusta Zaragoza pero hubiera preferido ir con un bebé de dos o tres meses (no de días) como me pasó con Alfonso y Rafa en su momento.

     

    2. Cenas, comidas y eventos varios: teniendo en cuenta que las primeras semanas de vida de una criatura es casi imposible tener ningún tipo de rutina, es complicado llegar a la hora a determinados acontecimientos. ¿Cómo os lo explicaría? El lunes día 5, víspera de Reyes, nos invitó una prima de mi madre, que adora a los niños, a ver desde su casa la llegada de los Magos en helicóptero a la playa. ¿Y a qué hora llegaban? Pues a las 11 de la mañana. ¿Cómo se sale de casa a las 10:15 de la mañana con tres criaturas? No lo sé, porque Alfonso directamente durmió la noche anterior en casa de mis padres. Yo me veía incapaz de vestir tres niños, dar el pecho a uno, los desayunos a otros, ducharme yo…. Así que bastante conseguí al salir a esas horas de casa con dos; por no hablar del momento en que te encuentras que el ascensor no funciona y tienes que bajar 5 pisos con la sillita. Sudar es poco…

    No lo puedo evitar, nunca quiero perderme nada y no quiero que los mayores dejen de hacer algo porque haya un bebé en casa, ¡nos adaptamos unos a otros! Y este momento merece cualquier esfuerzo. Foto de El Comercio

     

    3. Inflarse a comer: que ahora mismo me sobren más kilos que hace 15 días, cuando el parto era más reciente, no me mola nada. Sí, esto es lo que pasa cuando das a luz antes de estas fechas, que estás mejor recién parida que pasadas las Navidades. Es duro 😉

    4. Ponerse vestidos: creo que, por primera vez en mi vida, no llevé un vestido en Nochevieja. La lactancia complica un poco el tema vestimenta, a lo que se suma que las carnes, sobre todo las abdominales, están blandas. Mucho mejor un pantalón que sujete bien la tripilla y una blusa, fácil para sacar la pechera cuando sea necesario. Que conste que yo para eso siempre busco intimidad pero, aún así, lo del vestido es poco práctico.

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    Una blusina, pantalón y unos tacones y apañamos el look divinamente 😉

     

    5. Dar el pecho: alimentar a la criaturilla en plena Cabalgata, en las Campanadas o en medio de una maratón de compras navideñas se complica seriamente. En mi caso, aproveché esos momentos, si coincidía que el peque tenía hambre, para dar bibes. Ya os he comentado que tengo pendiente un post para contaros el tema de mi lactancia pero aún estoy con las matronas indagando.

    6. Tener a los niños de vacaciones: y para rematar, cuando no es el primer hijo, tienes a los otros de recreo, siempre merodeando como satélites, con una agitación superior a los días de cole y guardería, tomándote por el «pito del sereno»… Esto merece un post aparte; señoras, no es lo mismo dos que tres, pero vamos, hay un abismo, créanme.

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    Pues si ya con tres he tenido los días completitos, imaginaos con cuatro. Alfonso, Rafa y Gabriel con su primo Jorge.

     

    En fin, ya sabéis como son estas fechas, una vorágine de eventos, comidas y compras que complica bastante cualquier intento de rutina o descanso. Que mira que disfruto de la Navidad pero, este año, necesitaba que terminase. En cualquier caso, los bebés llegan cuando llegan y son siempre bienvenidos. Aún así, creo que hay épocas mejores para dar a luz y no es lo mismo un primer hijo que un segundo, tercero... Yo desde luego, prefiero la tranquilidad de la época en la que di a luz a Alfonso y Rafa. ¿En qué mes nacieron vuestros peques?, ¿qué ventajas o desventajas encontrasteis?

  • Orden en el caos: primer mes

    Y así, sin comerlo ni beberlo, ayer Gabriel cumplió su primer mes de vida. No voy a repetirme con eso de que el tiempo pasa volando cuando eres madre porque ya lo sabéis de sobra. Hoy me centro en las cosas que han cambiado en tan sólo un mes; sí, en un mes completamente caótico en el que los días y las noches no tienen horarios pero que, cada jornada que transcurre, vas viendo poco a poco la luz. Y cuando han pasado 30 días desde que diste a luz, estas son las cosas que han cambiado:

    1. Adiós al postparto: aunque oficialmente no haya pasado la famosa «cuarentena», lo más probable es que ya hayas dejado de lado cualquier dolor, las megacompresas e, incluso, has olvidado el suplicio de los puntos.

    2. Lactancia más o menos establecida, o abandonada: Una de esas cosas con las que te encuentras tras el alumbramiento es que lo de dar el pecho no es tan fácil como pensabas. Cuando ha pasado un mes desde que diste a luz, lo más probable es que hayas superado las dificultades o que hayas desistido en el intento. En mi caso, os debo un post sobre esto porque mi experiencia y mi caso creo que pueden ser verdaderamente útiles. Ya os adelanto que, una vez más, estoy con lactancia mixta porque soy muy cabezona.

    3. Los cólicos mejoran: si tienes la mala suerte de que tu bebé tenga cólicos, cuando ha pasado un mes, el asunto ha progresado para bien. Y si la cosa se alarga en el tiempo, lo que conseguirás es que la situación ya no te desespere como al principio. No hablo por propia experiencia pero sí que hemos tenido ratos en los que el peque ha estado muy molesto con gases y ahora es más llevadero.

    4. Un atisbo de orden: tanto mental, porque te has hecho a la nueva situación tras la revolución de los primeros días, como físico, ya que tu casa empieza a estar medianamente decente. Y si a la una de la tarde, hace un mes, no estaba ni duchada, ahora soy capaz de salir de casa dos horas antes y dar un paseo.

    5. La tomas de la noche se han alargado: este punto reconozco que es sólo para las que parimos niños dormilones. Ahora mismo, Gabriel ya está hasta 6 horas sin comer por la noche. Esto no quiere decir que yo disponga de ese tiempo para dormir ya que lo más habitual es que, después de una toma, quiera un rato de juerga que se puede alargar más de una hora . Así que al final, lo máximo que consigo reposar del tirón son 4 horas, pero no me quejo. Es más, confío en que, a los tres meses, ya me deje dormir 10 horas seguidas. Sí, ya sé que algunas creéis que soy muy optimista pero… es que los otros dos lo hicieron. Por eso repito con esto de la maternidad 😉

    Y este es, en resumen, el progreso del primer mes de vida de Gabriel. Obviamente, nos ha tocado revisión en el pediatra y todo va sobre ruedas, ha ganado un kilo desde que nació y tengo otro niño mega alto. Lo que sí que reconozco que es una suerte es que las cosas van repitiéndose por tercera vez y que los tres, con sus diferencias en el carácter, repiten patrones de comportamiento. De ahí mi optimismo con el sueño, luego ya se verá.

    Desde aquí, quiero daros las gracias por acompañarme otro año más y aguantarme este 2014, sabéis que le pongo mucho empeño y dedico muchas horas a este blog. Se acaba para mí un gran año en el que pude volver temporalmente a la tv y en el que, lo más importante, fue la llegada de mi tercer hijo; no puedo estar más que agradecida. De corazón, ¡Feliz Año!

  • Lactancia materna, mixta o artificial, ¿cuál?

    El post de hoy va dedicado a Nuria, que hace una semana fue mamá por segunda vez y que ha optado, como hice yo en su momento, por la lactancia mixta. Sin ser una experta, me ha pedido que comparta mi experiencia al respecto así que os cuento por qué elegí esta forma de alimentación para mis niños. En realidad, con mi primer hijo tenía intención de darle leche materna exclusivamente, pero no fue posible por un postparto bastante doloroso. Como ya comenté en otro post, la primera vez que di a luz me practicaron la episiotomía; se hace en un porcentaje altísimo de partos, cuando la OMS cree que esos índices deberían ser más bajos. Pero esto ya es salirnos del tema.

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    En el Hospital de Cabueñes después de dar a luz a Alfonso.

    La cuestión es que la cicatrización fue muy dolorosa, pasé una semana llorando por las esquinas y acabaron poniéndome inyecciones de Voltaren, ¡mi salvación! Yo tenía leche para alimentar a media África; de hecho, y para ponerle un poco de humor a esto, os diré que de la noche a la mañana me convertí en una especie de Yola Berrocal que asustó hasta a mi marido… Pero claro, cuando no puedes ni estar sentada, es complicado darle el pecho al niño, así que en algunas tomas le pedía a mi marido que le diese biberón y la matrona me recomendó tomar Aspirina para bajar un poco la producción de leche. Madre mía, ¡parece que estoy hablando de Central Lechera Asturiana!

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    Así que ése fue el motivo principal por el que alimenté al niño con leche materna y artificial hasta los tres meses. Además, por entonces, decidí dividir la baja por maternidad antes y después de dar a luz, y a los dos meses ya estaba grabando programas en Madrid y tenía que irme un par de días cada dos semanas.

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    Os confieso que encuentro muy positiva la lactancia mixta, a los niños les pasas anticuerpos gracias a la leche materna y para las mamás que andamos todo el día fuera de casa y no nos sentimos cómodas dando el pecho en sitios públicos, es perfecto. Un problema con el que se encuentran algunas madres que eligen la lactancia mixta es que el niño puede rechazar el pecho si se acostumbra al biberón, yo no tuve ese problema.

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    Alfonso tomando un biberón. Foto: Lucya Sánchez Moren.

    En cualquier caso, es una elección muy personal y hay que intentar buscar un equilibrio para madre e hijo. Con Rafa repetí, aunque no sé si lo haría con un tercer hijo. Entiendo perfectamente que, con varios niños, las madres descarten darles el pecho por puro agotamiento. Que cada una elija y que nadie le haga sentir culpable por hacerlo libremente.

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