Sólo faltaba tu carta, Aurora, en este diario de maternidad que comencé a escribir hace ya casi 7 años. Sigo aprendiendo en este camino que es ser madre. Cada hijo trae nuevas enseñanzas y contigo he descubierto también cosas que desconocía. Con cada uno de vosotros sigo creciendo; tenéis muchas vivencias en común, mucho tiempo compartido, misma sangre pero cada uno es único y he entendido que no hay una única forma de ser madre sino una forma de ser madre para cada hijo. Sí, tú también me estás enseñando muchas cosas.

Ser la pequeña de la casa te favorece y lo sabes. Tres hermanos pendientes de ti, que ceden, que cuidan de ti. Uno de ellos que te trata de tú a tú y te está haciendo fuerte como una roca. Los pequeños sois muy afortunados, sois más libres para hacer cosas porque los padres nos preocupamos menos. Sois supervivientes. Y en todo vais más rápido, no imaginaba yo semejante nivel de aprendizaje por tu parte. Pero supongo que es normal, muchos maestros a los que observar.
Eres igual de especial que todos tus hermanos, sois todos tan importantes para mí, ¡qué hijo no lo es para sus padres! Pero tú tenías una misión muy particular. Realmente no sé si tenías esa tarea pero siento que fue así, siento que venías para sanar heridas y lo has hecho de una forma tan bonita. Has llenado de luz una casa que se había quedado en penumbra. Una casa donde se había instalado la pena, una familia que se iba levantando poco a poco porque somos una piña pero con una madre que se había quedado con un roto enorme en el corazón y que has conseguido reconstruir. Algún día te contaré y leerás todo el dolor que hubo en mí por dejar volar a tu hermana. Y entenderás lo que significó tu llegada.

Aquel 7 de diciembre de 2018 te oí llorar, vi tus ojos abiertos y te abracé dando gracias porque estabas ahí. Dando gracias por descubrir que tenía otra niña en mis brazos y esta vez te quedabas a mi lado. Respirando por fin sabiendo que todo estaba bien, que ya estábamos juntas. Este año a tu lado ha sido intenso y maravilloso a la vez; ya se descubre en ti una fuerte personalidad, como la de tu hermano Gabriel, una alegría por la vida que has heredado de unas cuantas personas de la familia y un desparpajo que estamos ya temblando por lo que pueda venir.
Feliz primer cumpleaños, pequeña Aurora. ¡Sigue llenando de vida esta casa!

































