Me hubiera gustado dedicarte una carta como lo hice con tus hermanos: en alguno de tus cumpleaños, contando cómo eres, qué te gusta, con cuál de tus hermanos juegas más… Pero sé que no podremos soplar velas juntas, que sólo podré ir contando los años que han pasado desde que te fuiste, o imaginando qué edad tendrías en cada momento. Hoy debimos conocernos, quizás hace unos días, quizás mañana… pero yo debería escuchar tu llanto y sentir tu respiración. No debiste dejarme, ibas a ser mi refuerzo entre tanto chico, entre tanto fútbol, entre tanto coche… Ibas a unirte a ese trío maravilloso que con ilusión te esperaba y que, estoy segura, te hubiera cuidado y querido con locura. Porque no sabes la de veces que imaginé esa foto de los cuatro juntos por primera vez.
Cuando te fuiste, deseé volver atrás, a cualquier momento en el que te sintiera dentro de mí. Ansiaba no haberte perdido, deseaba regresar a cualquiera de esos días en los que era tan feliz esperándote, sabiendo que estabas ahí para darme la plena felicidad. Pero me doliste tanto, que tiempo después deseé no haberte conocido nunca, no haberte llevado nunca en mí, no haber estado embarazada de ti. Fíjate lo dura que fue para mí tu corta vida que deseé que no hubieras existido. Y perdóname porque aún lo deseo a veces, mi niña. Porque no estaba preparada para el dolor, para este dolor. Porque aún tengo pendiente una labor muy importante contigo: convertir el dolor en amor. Ese que sentí de alguna manera cuando te tuve en brazos pero que luego trajo lágrimas y más lágrimas.
No habrá fotos, no habrá cumpleaños que celebrar, no habrá primeras veces… Pero ¿sabes? Yo sé que estuviste conmigo, exististe aunque pocos te viéramos físicamente. Yo ya no hablo de Gabriel como el pequeño sino como el tercero. Te veo muchas veces en tu hermano Rafa. Creo que estabais conectados de alguna manera, pudisteis haber compartido fecha de cumpleaños y estos días, no hace dos meses, yo hubiera descubierto que eráis como gotas de agua. Yo sé que te hubieras partido de la risa con las tonterías y aspavientos de Alfonso. Pero sé también que no debo fantasear porque me dolerá demasiado. Y quiero volver a ser feliz. Y sé que debo, por tus hermanos y por ti, por mí, por lo que tenga que venir…
Pero sin olvidarte, ¿cómo iba a olvidarte, hija? Sé que viniste para algo. Tu corta vida ha salvado la de otro bebé. Y tu historia me consta que ha llegado a muchos hospitales y que llegará a muchos sanitarios dentro de unas semanas cuando cuente cómo fue el proceso aquel día que te perdí, para poder ayudar a otras mujeres a que sufran un poco, sólo un poco menos, en un trance así. Menos de 7 meses de vida y todo eso has hecho. En una vida más larga hubieses hecho cosas maravillosas, estoy segura. Tu ausencia no tiene sentido, no por hay un porqué, no debió ocurrir nunca… Ahora, dame tiempo. Quiero creer que eres un ángel y que, si pudieras hablarme, me dirías todas estas cosas que dice esta canción.
No te olvido, pequeña. Cuando brille, brillarás. Te quiero y querré siempre.
Mamá.

Deja una respuesta