No he nacido para sufrir, y entiéndaseme bien, no para sufrir innecesariamente. La vida ya me irá dando golpes, de los de verdad; tarde o temprano, todos pasamos por pérdidas y vemos enfermedades a nuestro alrededor así que, con sinceridad os digo, no me apetece no disfrutar de lo que tengo ahora. Y eso, por supuesto, incluye la maternidad; tengo una forma de entender esta vivencia muy parecida al resto de facetas de mi vida, no me rasgo las vestiduras y entiendo que, en la medida de lo posible, no tengo porqué sufrir, más bien, lo contrario. Eso sí, parto de una premisa realista, la maternidad no es sencilla, y quien quiera llevar una vida igual siendo madre que sin serlo, desde luego, es que no se ha parado a mirar a su alrededor.
Pero bueno, una cosa es que las cosas cambien y otra que todo se convierta en un sacrificio constante, como si la máxima de mi vida fuese la felicidad de mis hijos a cualquier precio, aunque supusiese estar yo triste o amargada. Pues no, yo tengo derecho a ser feliz como madre y como mujer, porque también existo en otras facetas. He encontrado la forma de ser feliz y de que mis hijos lo sean, porque lo justo es que todos lo seamos, no sólo ellos. No me planteé una forma en concreto de criar a mis hijos, fue surgiendo aunque, de alguna manera, supongo que ha influido la forma en que me criaron a mí. Y como fui feliz y me considero una persona sana en todos los sentidos, es evidente que quiero parecerme a mis padres en muchos aspectos.

Y por poner un ejemplo de que mi felicidad también cuenta, y además siempre lo he recalcado: yo no pude tener unas lactancias normales con mis hijos por las mastitis. Lo intenté, me asesoré, me ayudaron y la cosa nunca se solucionó del todo. Pues oye, a otra cosa mariposa. Les doy biberón y listo, y todos tan felices. Yo prefiero pensar en la suerte de que hoy en día tengamos leches de fórmula que nos permitan alimentar a nuestros bebés con seguridad en lugar de llorar porque no he podido darle la mejor. Esto de las mastitis te pasaba hace un siglo y le tenías que dar leche de vaca directamente a un recién nacido o dejar que lo amamantase otra señora que atetaba a 10 bebés más. Así que, ¿para qué amargarse? Y al contrario, últimamente he encontrado varias cuentas en Instagram de madres que confesaban sentirse completamente agotadas y sintiendo cierto rechazo al tener bebés y niños que demandan pecho de continuo y yo me pregunto: ¿no es mejor que los dos estén bien?, ¿qué hay de malo en pretender dormir dignamente?, ¿es eso egoísta? No lo creo.
Yo es que reconozco que de mártir tengo bien poco. Mi vida hubiera sido más cómoda si en lugar de tres hermanos hubiera tenido uno, o si hubiera sido la pequeña en lugar de la mayor. Pero es algo que ni me planteo, es lo que es, y con lo que he tenido he intentado disfrutar. Punto. Es más, yo sé que hay gente que me mira por la calle, me ve con tres niños y sufre pensando que yo estoy sufriendo. Y nada más lejos de la realidad, estoy disfrutando como nunca. Y si un día necesito salir a cenar con mi marido, pues voy, sin remordimientos. Y si resulta que una madre necesita trabajar para sentirse realizada, le hago la ola. Lo realmente malo es quedarse en casa porque crees que tienes que hacerlo pero en realidad no estás a gusto haciéndolo. Y al contrario. Esto no es una competición a ver quién sacrifica más por sus hijos; desde luego, yo no entiendo la maternidad como un sacrificio sino como la oportunidad más grande de disfrutar de la vida.
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