Aunque os parezca mentira, en esta casa, hasta hace un mes, no teníamos ningún artilugio para ayudarnos a controlar a los peques. Y digo ayudar porque la tecnología sirve para eso, para echarnos una mano y «vigilar» a los niños mientras hacemos otras cosas, pero no nos sustituyen en ningún caso. Yo vivía bien sin este tipo de aparato que, cuando nos íbamos de casa rural con amigos y lo necesitábamos, cogíamos prestado a algún familiar y listo. Sin embargo, resulta que tuvo que llegar el tercer hijo para darme cuenta de que sí, de que igual me venía bien la tecnología, yo que soy tan reacia.

Un día me encontré con la escena que veis. Alfonso y Rafa habían movido la cuna de Gabriel, mientras yo estaba cocinando, acercándola a la cama para meterse en ella. Más allá de que el panorama me resultase gracioso, que lo es, me di cuenta de que, aunque los mayores no le van a hacer nada malo al pequeño, sí pueden hacerle daño sin querer. Vamos, no sería la primera vez que me encuentro sentado al mediano encima del pequeño y Copito no dice ni mu. Semanas después vi que unos amigos, que tienen casa con jardín, habían puesto en la habitación de su niña una cámara. En su caso, era obvio que la necesitaban cuando estaban fuera jugando con sus otros hijos.
Así que, como soy bloguera embajadora de Babymoov, una marca de puericultura con unos diseños preciosos, ni corta ni perezosa pedí que me dejasen probar alguno de sus modelos. Y resulta que me enviaron la joya de la corona; vamos, lo más en este mundo tecnológico que yo tanto evito 😉 Atención, que yo me quedé alucinada con el invento: el primer babyphone sin emisiones de onda, es decir, consigue la trasmisión audio y vídeo protegiendo la salud del bebé porque garantiza la ausencia total de ondas en el ambiente donde se encuentran los peques. Se logra a través de wifi, poniendo la cámara donde quieras en la habitación del bebé y conectando un cable en el router de tu casa. Lo primero que vais a pensar es que claro, allá donde no haya wifi no puede usarse. Pero sí, existe también una llave USB que se conecta a la cámara a través de un sistema Wi-fi integrada.
Super fácil de enganchar a cualquier sitio: cuna, cuadros, puertas…
Pero más allá de eso, lo que me encanta es que ves a tu bebé en el móvil, descargándote una aplicación. Y luego ya tienes de todo: sensor de temperatura, puedes hacer fotos y grabar vídeos, hablar con el bebé (que son ellos muy listos y saben de sobra cuando no estás de cuerpo presente en su habitación 😉 ), ponerle música… todo desde el móvil. Y os vais a reír, pero ahora he instalado la cámara en la habitación de los mayores porque estoy intentando averiguar cómo mi hijo Alfonso acaba muchas noches durmiendo en el suelo. Así que mientras trabajo hasta la una de la madrugada, estoy con el móvil pegado al ordenador viendo cada uno de sus movimientos. Maridín se ríe con la escena pero mira, estos días me ha venido muy bien para saber que Rafa está cansado porque debe estar con pesadillas, ya que duerme un poco agitado y moviéndose mucho. En fin, que estoy yo muy contenta con mi nuevo artilugio. ¿Tenéis vigilabebés en casa?, ¿lo usáis poco o mucho?

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