Si el género humano ya es, de por sí y a menudo, contradictorio, las féminas en estado de “buena esperanza” nos llevamos la palma en esto de las incoherencias. Pero oye, esto es culpa de las hormonas, a ver si alguien va a pensar que tenemos algún desorden mental transitorio. Es fácil que, de repente, una comida que nos volvía locas, se convierta en un plato que rechazamos; así, sin más explicación. O lo contrario, que algo que no nos gustaba, de la noche a la mañana nos apetezca. Esto, por suerte para los que están a nuestro alrededor, ya que podríamos volver chiflado a más de uno, nos pasa generalmente sólo en el primer trimestre.
Otro de esos sentimientos contradictorios que nos atañe es que lo mismo un día nos vemos estupendas que otro no hacemos más que echar “pestes” porque estamos gordas o hinchadas o porque este modelito nos sienta como un rayo. A mí me sucede que, en el primer trimestre me lleno de granos y me apetece hacer uso de un burka; en el segundo, tengo esa mini tripa que no es “ni chicha ni limoná” y que nadie sabe a ciencia cierta si estoy embarazada por lo que no sé muy bien si elegir ropa apretada para que se note algo o esconder para que nada se perciba. Y por el contrario, el último trimestre, tengo la piel que es una maravilla y por fin una tripa medianamente decente que me permite lucir embarazo como Dios manda.

¿En qué momento estoy ahora? Pues en plena discordancia; soy de esas mujeres a las que les gusta estar embarazada, me siento feliz y, por suerte, no tengo molestias (al zumba me remito 😉 ) Y físicamente me encuentro favorecida con mi barriga. Así que ahora me invade ese sentimiento de pena porque, en cuestión de horas, como mucho, de días, esta tripa ya no estará aquí. Ya no sentiré esas patadas que unas veces nos ponen de mal humor porque nos despiertan por la noche y que, otras veces, nos encantan. Sí, tengo ganas de conocer a mi hijo, muchas ganas… pero por otro lado, saber que, casi con total seguridad, esta sea mi última gestación, me da pena. Porque en los anteriores sabía que volvería a vivirlo pero ahora entiendo que esto no se volverá a repetir.
Fotos de Carlos Quirós.
Así que, al final del embarazo se vuelve a sentir un afecto contradictorio: querer conocer a tu hijo y que te dé pena decir adiós a la barriga o, en muchos casos, que te asuste lo que puede cambiar tu vida. En fin, somos un mar de incertidumbre. ¿Os habéis sentido de formas muy antagónicas durante los embarazos?
Deja una respuesta