Éste ha sido uno de esos fines de semana en el que no paramos un segundo, tuvimos planes desde el viernes hasta el domingo. Estoy agotada pero me encanta estar todo el día fuera de casa, ¡no sé qué va a ser de mí dentro de un mes!
La tarde del viernes la pasamos en lo que en Gijón llamamos el “hípico”, un Concurso Internacional de Saltos al que acuden más de 10.000 espectadores al día. Fuimos con mi hermano y mis primos pequeños, con los que Alfonso se lo pasa genial, y mi único objetivo, ya que no soy muy aficionada al tema de las apuestas, era que Alfonso se subiera a un poni. Cuando llevábamos un rato haciendo cola me di cuenta que el niño no miraba para los animales, así que le pregunté nuevamente si quería subirse a uno. “Son muy grandes”, me dijo. Vamos, que le daban miedo. Así que el próximo año lo intento otra vez.
Alfonso hace dos años se subió. Además del concurso y las apuestas, hay actividades infantiles.
Foto del público en el complejo deportivo Las Mestas. (foto de la web http://www.csiogijon.com/)
El sábado disfrutamos por primera vez de la playa de Vega. Mi tía nos había hablado de ella y, aprovechando la visita de unos amigos gallegos, pasamos allí el día. ¡Menudo descubrimiento! creo que ha sido uno de los días que más han disfrutado en una playa. Enorme, poca gente, perfecta para que Alfonso jugase al fútbol y Rafa gatease. Todo sin molestar a nadie. Impresionante.
Y además, estas vistas y una temperatura maravillosa.
Estábamos tan a gusto que nos dieron casi las ocho de la tarde. Y como teníamos cena con los gallegos, por aquello de que conociesen bien la gastronomía asturiana ;-), hubo que bañar a los niños, preparar bibes, ropa para el domingo, llevar a los peques a casa de mis padres… en tiempo récord. Soy ya una experta en esto de controlar los minutos.
El domingo, como siempre, comida en casa de mis padres y para rematar, una especie de fiesta-merienda-cena que montó mi tía para que toda la familia y amigos conociésemos a su nueva nieta. Viven en Castellón y se dejan ver poco por aquí, así que nos juntamos más de treinta personas y unos cuantos niños. Vamos, planazo para Alfonso que además conoció al que será uno de sus compañeros de clase en cuestión de diez días.
Mi madre y Rafa.
En fin, ya me gustaría que todos los fines de semana fueran así. Sólo le pido al verano que, por lo menos, dure lo estipulado. Y si quiere quedarse un poquito más, yo encantada.



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