Etiqueta: playa

  • Peñíscola, un destino en familia

    Peñíscola, un destino en familia

    Lo conté en Instagram la pasada semana y lo escribo en este post: nos encantó Peñíscola. No fue nunca un destino que nos planteáramos, por puro desconocimiento. Si teníamos que hacer casi 1000 kilómetros desde Asturias, pues ya nos íbamos a Andalucía, porque siempre hay algo que ver. Pero este año nos contactaron para conocerlo (y de paso hacer unas grabaciones) y vaya sorpresa nos llevamos con esta pequeña ciudad de la provincia de Castellón, ¡nos gustó muchísimo por varias cosas! Estuvimos seis días de los cuales, en dos yo tuve que grabar para televisión, por lo que nos hubiera gustado ver muchas más cosas, pero también tenía que descansar un poco. Os cuento que el turismo es fundamentalmente nacional y familiar, de manera que todo está muy pensado para los niños.

    Lo mejor de Peñíscola

    La playa

    Bueno, en realidad, Peñíscola tiene varias playas. Aquí me voy a referir a la playa Norte, me pareció impresionante. Más de cinco kilómetros de arena fina que llega hasta la ciudad vecina, Benicarló, y con un agua super limpia y un color precioso. De hecho, cuenta con los certificados de Calidad ISO y AENOR, y por supuesto, bandera Azul. Para mí, la playa perfecta, sin agobios de gente, con viento que hace que no pases calor pero que no molesta, con el mar un poco movido. A ver, nada que ver con el Cantábrico pero no es típica orilla como una balsa. Para eso, pensando en niños pequeñitos, es perfecta la Playa Sur, situada junto al Puerto Pesquero, es más pequeña y precisamente destaca por la tranquilidad de sus aguas debido al muro que forma el espigón.

    El casco histórico

    Esta fue mi segunda sorpresa. Si no esperaba un playa así, no imaginaba un casco histórico tan bonito y con tanta magia. Para mí, es visita indispensable, especialmente de noche. Desde las impresionantes murallas que mandó construir Felipe II al Castillo Templario, sus calles estrechas y con adoquines (ojo con los carritos de bebé, lo llevamos pero no es lo más cómodo del mundo, mejor portear). También en el casco histórico de Peñíscola se encuentra la Iglesia de Santa María, que conserva un tesoro de extraordinario valor entre el que cabe resaltar una Cruz procesional de Benedicto XIII, un cáliz del Papa Luna y un Relicario de Clemente VIII. Y por supuesto, muchísimas tiendas de comercio artesanal, pequeños bares, mesas en la calle… De verdad, una maravilla.

    Peñíscola

    Peñíscola

    Entre otras cosas, también destaco su clima. Es perfecto porque no hace demasiado calor, su temperatura media en verano es de 25 grados. No puedo olvidar que, dado que es un destino familiar, en el paseo de la playa hay muchas actividades pensadas para los niños, sobre todo representaciones teatrales.

    El Jardín del Papagayo

    Esta fue la visita que decidimos hacer estando allí. Se trata de un jardín subtropical con más de 50 especies de papagayos. Tiene voladeros para que los niños puedan interactuar con muchas especies, darles de comer, que se posen sobre ellos… Tiene numerosas especies como cacatúas, flamencos, mariposas y canguros, lo cual no esperaba y obviamente, fue la primera vez que vimos unos en directo. Durante la visita, además también se pueden hacer circuitos de aventura accesibles para los niños.

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    Resumiendo, destino completamente recomendable para ir en familia aunque os diré que incluso en pareja, porque ese casco histórico merece parar a tomar algo relajadamente en algunas terrazas 😉 Definitivamente habrá que repetir. Sobre el alojamientos en los Hoteles Mediterráneo os hablaré en otro post, que habéis preguntado varias cosas.

  • Playa de Poo, una piscina para los peques

    Playa de Poo, una piscina para los peques

    ¡Y aquí va el post de la playa en la que estuvimos el domingo y por la que tanto me preguntanteis!! No habíamos ido nunca y nos encantó, como no esperaba menos. Porque os lo he dicho muchas veces, las playas de Llanes son puro espectáculo. Además, como nos queda a 45-50 minutos de nuestra ciudad, aprovechamos a ir en junio que hay menos gente. En agosto ya solemos quedarnos por las del concejo de Gijón, para no hacer tantos kilómetros, o vamos a arenales de los grandes. Pero bueno, vamos al lío. El domingo conocimos la playa de Poo y mi primera recomendación con niños es ¡¡¡que vayáis cuando la marea esté alta!!! Sí, sí, solemos querer lo contrario pero la peculiaridad en esta playa es que, cuando la marea está alta, al ser un arenal metido en tierra (está como en un canal), se forma como una piscina natural de mar y sin olas, de manera que es perfecta para niños más pequeños.

    playa de poo

    playa de poo

    Como ya os comenté más veces, las subidas y bajadas de mareas en el norte son algo espectacular, así que si venís de fuera os aconsejo que busquéis en google, os pondrá la hora de pleamar y bajamar en la zona a la que vayáis. Aún así, si pasáis en la playa varias horas, sabed que vais a ver el arenal en todas sus versiones. Y cuando baja la marea, hay un espacio enorme para jugar a la pelota, los que quieran podrán ver la zona de mar abierto (ojo ya con las olas) y algunas cuevas que el agua deja al descubierto entre las rocas.

    playa de poo

    playa de poo

    El tema del aparcamiento, pues en casi todas las de la zona hay algún párking particular (en un prao, nos os vayáis a pensar 😉 ) que suelen cobrar 2-3 euros por el día completo pero se suelen llenar enseguida y luego la gente aparca donde buenamente puede, vamos, en los laterales de la carretera. Yo os recomiendo ir pronto, nosotros ya llegamos a la una del mediodía y maridín descargó todo (niños y servidora incluida) y se tuvo que ir un poco más lejos a dejar el coche. En la playa hay dos restaurante, uno pertenece a un pequeño hotel. No os sabría decir qué tal se come, porque como nos pudo la emoción de ver el sol después de una semana ausente, comimos en la playa con lo que llevábamos. Pero vamos, en Asturias mal no se come 😉 Y creo que ya os he dado los datos relevantes, espero que os sirvan.

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    Foto de la web de Turismo de Asturias
    Foto de Wikiloc
    Foto de wikiloc. La playa desde el aire, veis perfectamente cómo está el arenal dentro de una especie de canal.
  • Compras de ropa para el verano

    Compras de ropa para el verano

    El sábado tuve la tarde libre y decidí ir de compras sola y con tranquilidad, ¡¡sí!! La verdad es que en un par de horas no hay tiempo a mucho así que me escapé a Oviedo y fui solo a Primark, porque sé que encuentro muchos básicos para los peques. Aquí la primavera viene siempre bastante regular y fresca así que no tenemos prisa por hacer cambio de armario, creo que aún nos quedan unas semanas para eso. El caso es que os enseño lo que cogí para los peques y os cuento sobre las tallas, porque vamos, no hay quien se aclare. Lo digo por si vais allí, para que lo tengáis en cuenta.

    Las dos primeras imágenes son, como veis, bermudas. Hasta ahí correcto. Pero lo que os va a sorprender es lo de las tallas. Están en la zona de bebés y el tamaño más grande es 36-24 meses, es decir, 2-3 años. Pues esa talla la cogí para Alfonso, que tiene 5 años y medio y mide 1, 20 cm. Los probé en casa y le van perfectos. A Rafa, que tiene 3 años y medio y mide 1 metro, le cogí la talla 24-18 meses y lo mismo, niquelados. Y a Gabriel, que no sé lo que mide ni pesa porque la última revisión fue al año y ahora ya casi tiene año y medio, le cogí la talla 9-12 meses y le van genial, incluso pelín amplios. Vamos, que tenéis bermudas a montones a 6 euros (las de color tostado a 4 euros) y en muchos colores en la zona de bebés que sirven para niños de hasta 5-6 años.

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    Yo ya sabéis que todos los años cojo los bañadores en mi tienda favorita, The First, pero siempre tengo algunos más de trote. Además, en Asturias hay que cambiar a los niños de bañador muchos días al marchar de la playa porque no se han secado los que llevan puestos, así que a los mayores les cogí estos bañadores, más de sport, con dos camisetas. Aquí las tallas son normales, cogí las de 5 y 3 años. Los bañadores costaron 5 euros y las camisetas 1,5.

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    Y lo que no esperaba, porque los colores de los polos en Primark suelen ser un poco apagados y rara vez me llevo alguno, era encontrarme estos verdes tan chulos que casualmente les van que ni pintados con estos bañadores que compré en The First y que os había enseñado en un post anterior. Aunque en la foto no se perciba bien, es el mismo tono y la verdad que me encanta cómo queda la combinación.

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    La verdad que este año creo que puedo recuperar bastantes cosas del verano pasado de los mayores y Gabriel hereda mucho así que ya solo me falta tema calzado y chanclas así que vamos, ya no voy a hacer incursiones en más sitios, que me conozco. ¿Hicisteis ya el cambio de armario?

  • Cosas que se aprenden en vacaciones

    Cosas que se aprenden en vacaciones

    Este año, debido a mi trabajo, hemos pasado sólo diez días fuera de Asturias pero ha sido el tiempo suficiente para aprender cosas nuevas. Y no me refiero al lugar donde veraneamos, Torredembarra (Tarragona). Primero, porque hace ya años que vamos al mismo sitio al tener un apartamento mis suegros allí. Y segundo, porque no hay nada que lo haga un lugar especialmente interesante o bonito, desde mi punto de vista. Eso sí, playa, toda la que queráis, llegar a la orilla es como cruzar el desierto del Sahara. A lo que íbamos, las vacaciones con niños son divertidas, a la vez que estresantes, porque descubres cosas nuevas:

    1. Como se te ocurra ir a un sitio con el típico trenecito turístico «la has liado»: nadie te libra de un paseo por el pueblo en cuestión y, como se pongan pesados, te toca repetir. Peor aún es tener en el paseo marítimo varios puntos con atracciones, castillos hinchables y camas elásticas. Prepárate para gastarte «las perras» porque, si en tu época costaba 100 pesetas el viajecito, ahora te «clavan» 3 euros. Ver para creer.
    Y encima, el pequeño te hace tres veces la misma jugada: suplicar subirse a los coches para hacerlos parar en mitad del trayecto a lágrima viva.
    1. Descubrir que tu hijo pequeño le tiene pánico a los chorros de la piscina y además grita «pipí» cuando se acerca a alguno: lo cual te obliga a decir bien alto «Que no hijo, que es un chorro de agua» para que la gente de la urbanización no se alarme pensando que tu peque está orinando por todos lados.
    2. Si tus retoños son capaces de abrir las duchas de las piscinas, harás ejercicio: básicamente, salir de la piscina una y otra vez si estás dentro, o levantarte otras tantas veces si estás tumbada en la toalla.
    3. Da igual que tus hijos tuviesen miedo al agua al empezar el verano porque, en cuestión de días, no querrán salir de la piscina o del mar: Y si en vez de una temperatura de 20 grados, el agua está a 25, entonces habrá disgusto asegurado porque aquello les parecerá caribeño.

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    1. La tonalidad de piel bronceada de tus descendientes se te olvida durante el invierno: cada verano te vuelves a reencontrar con un color, casi parecido al de otra raza, que habías olvidado por completo y que crees que nunca habían tenido. Pero no, miras las fotos de los veranos anteriores y, efectivamente, estaban negros. Y eso, poniéndoles crema con protección total, de esas que te dejan el cuerpo blanco hasta cuando sales del agua.
    Y además, con moreno-manguito, algo así como el moreno-obrero.
    1. Y por último, descubres que cada día odias más los peajes: Sí, son caros de narices pero los aborreces porque, si el coche hace un efecto somnífero sobre los niños, los malditos peajes les despiertan. Y no sólo eso; tratas de evitar aquellos en los que hay personas con las que tienes que cruzar tres palabras (suficientes para despertar a las pequeñas fierecillas) y ahora resulta que los que son automáticos te hablan, manda… Si alguna persona de las que me está leyendo es responsable de la creación de estas máquinas, por favor, hagan los pertinentes cambios. Ningún ser humano va a contestar a un artilugio.

    Y esos han sido mis nuevos descubrimientos los días que hemos pasado fuera aunque os aseguro que este verano está siendo para mí toda una revelación en cuanto a los peques. Me lo reservo para otro post. ¿Qué descubrimientos habéis hecho este verano?

  • Pequeño paraíso en Galicia

    Aunque hemos estado en Galicia en más de una ocasión, no puedo decir que sea una tierra que conozcamos demasiado; es más, admito que he estado muchas más veces en otra de nuestras comunidades vecinas: Cantabria. En cualquier caso, desde que uno de los amigos de maridín vive allí, vamos por territorio gallego de vez en cuando y, con la excusa, descubrí las maravillosas Islas Cíes hace unos años, Santiago, Vigo y, en esta última ocasión, un pequeño paraíso llamado Mogor, una pequeña parroquia del municipio de Marín, en Pontevedra.

    No os voy a engañar, «turisteo» hicimos poco pero entenderéis que no todos los días te invitan a una maravillosa casa a pie de playa. Nos juntamos tres matrimonios, un soltero y tres peques, y nuestro plan se redujo básicamente a disfrutar de la gastronomía y de la playa de Mogor, sin movernos apenas unos metros. La playa es de arena fina, hay acceso por rampa, dos chiringuitos de playa y el agua, aunque está muy fría, es muy tranquila ya que no es mar abierto sino que te bañas en la ría de Pontevedra. Para niños, es muy cómoda y además en verano, depende de la semana, en ésa y otra playa a 10 minutos, hacen un montaje para niños impresionante: hinchables en el agua, ludoteca, colchonetas, etc…en la arena.

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    Playa de Mogor, de donde no nos movimos estos días de puente (el viernes fue festivo en Galicia) casi nada más que para comer. Si hace buen tiempo, puedes estar allí hasta las 10 de la noche, lo cual no solemos poder hacer en Asturias 😉
    Playa de Portocello, muy cerca de la de Mogor. Fuimos allí por todo lo que hay para los peques, no está siempre en la misma playa así que preguntamos a los de Salvamento. Padre e hijo bajando. El peque se emocionó al ver aquello pero se «rajaba» por le tema de caer al agua. Piscina de bolas en la arena.
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    Así va la tripa. Los kilos de más son culpa de todo lo que estoy comiendo este verano, no de la pobre criatura.
    Te tienes que pelear para que se pongan un gorro y luego le «roban» el sombrero a una amiga.
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    Atardeceres de escándalo en la playa. La mejor hora del día para estar allí.
    Despertar y jugar en pijama.
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    Cenar al aire libre y ver la puesta de sol.
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    Si no conocéis Galicia, ya os adelanto que vais a comer de lujo y barato; no hace falta dejarse el bolsillo. Aunque en esta ocasión, todo hecho en casa por los anfitriones. Soy de paladar poco exquisito y muy básica para esto de comer pero ¡madre mía!, una mariscada me hace perder el sentido.

    ¿Cómo va el verano? Seguro que muchos ya estáis disfrutando de la arena, y más si vivís en la costa. Y si aún no habéis podido pisar la playa, agosto está a la vuelta de la esquina así que ¡¡¡mucho ánimo!!! Y vosotras, ¿habéis estado en Galicia? Seguro que podéis recomendar muchos sitios para ir con los peques.

  • Ir a la playa con niños, ¿misión imposible?

    Aclaración: vivo en el norte, en verano no solemos tener más de 25 grados en la costa y aquí se va a la playa cuando sale el sol, no cuando nos apetece. Vamos por la mañana, no solemos llevar sombrillas, si no se nubla comemos allí y no nos movemos hasta que las mareas o la temperatura nos echan de la arena. Resumiendo, todas esta pautas y consejos que menciono a continuación varían si estás en el sur, o más bien, si estás en cualquier sitio de la la Cordillera Cantábrica pa’bajo.

    Dicho esto, hago una confesión: cada año y con cada niño que sumes, es más duro ir a la playa. La primera vez que llevamos a Alfonso tenía 8 meses e íbamos con todo tipo de artilugios: sombrilla, hamaquita, sillita, gorro, pañales… Al final del verano, ni gorro ni sombrilla ni hamacas, sólo silla para dormir la siesta y crema solar. Aprendimos que el pañal, cuando gatean, se llena de arena y les deja el culo como un tomate así que, si hay escape, se recoge y está. Con el pañal llegan, duermen y se van, el resto del tiempo, al libre albedrío.

    SAM_1097Su primer día de playa fue en Vigo y ahí estaba, con gorro y debajo de una sombrilla, que usamos dos veces más. Obsérvese su color de manos, ya se intuía un pequeño negrito.

    Si me preguntáis qué hice con Rafa su primer verano y qué hago ahora con los dos, la respuesta es sencillamente untarles de crema solar hasta las orejas, siempre protección máxima y aplicándosela varias veces. Pero ya no me «peleo» con ellos para ponerles un gorro, entre otras cosas porque nunca «toman el sol», es decir, están en la arena o en el agua jugando por lo que la parte que menos morena se les pone es precisamente la cara. La espalda, y las piernas cuando aún no gatean, son las zonas en las que más incido con la crema. Y eso que lo de ponérsela ya ha empezado a convertirse en una guera.

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    El primer verano de Rafa en la playa, al principio no gateaba y cuando eso ocurre ¡¡aprovecha!! Aún puedes tomar el sol teniéndolo a tu lado. Como veis, siempre están mirando hacia abajo.

    Tanto Alfonso como Rafa nacieron en octubre, lo que significa que ni me planteé que no fueran a la playa porque creo que, en el momento en que son capaces de estar sentados sin caerse, pueden disfrutar mucho de la arena y del mar, les suele encantar. Las dudas sobre si ir o no, entran cuando son bebés más pequeños. Y la respuesta creo que es «depende». He visto bebés de uno o dos meses en la playa, sobre todo en los casos en que tienen hermanos mayores; eso sí, siempre metidos en el capazo y con sombrilla, jamás dándoles el sol, es obvio. Entiendo que si es el primer hijo, prefieras ir de paseo hasta que tenga medio año. Pero lo dicho, no creo que haya una edad en concreto para empezar a ir.

    Lo que es innegable es que a los más pequeños les gusta la playa, es un sitio perfecto para explorar, la orilla es genial para el gateo.

    ¿Qué llevamos a la playa? Pues reconozco que vamos cargaditos, llevamos en una bolsa sus toallas y bañadores de repuesto, en otra las comidas y bebidas, en otra los pañales y las toallitas, y por último, mi capazo «playero» con nuestras toallas y un neceser repleto de cremas. Ah, ¡y la sillita! Así que no es fácil la movilización. Esa es otra de las razones por las que, cuando vamos, es para estar muuuuucho tiempo. Cierto es que, cuando estamos en Tarragona o en el sur, nos ahorramos la bolsa de la comida, allí pocos se plantean comer en la playa, y como además sabes que el sol no se irá de repente 😉

    Sobre cuándo bañarles en el mar, diría que eso sin ningún  problema siempre y cuando no les dé mucho el sol. Aquí no nos andamos con miramientos con la temperatura del agua, este fin de semana no creo que el Cantábrico estuviese ni a 20 grados (yo ni me planteo bañarme) y los peques se pasaron el día sentados en la orilla, como si nada. Además, eso tiene que ser buenísimo para evitar refriados, bronquitis y demás historias.

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    ¿Cara de frío? No, se les hace una piscinita natural y aunque no lo parezca, el agua va calentando un poco.

    Y creo que poco más me queda por contar, dejo para otro post la comida que me resulta más cómoda para llevar ya que aún no «tiro» de bocadillos, es cuestión de tiempo 😉 De cualquier manera, cada playa a la que vayamos os iré contando lo que más nos gusta y las pegas para ir en familia. ¿Cómo os organizáis para ir a la playa con los niños?, ¿a qué edad les llevasteis por primera vez?

  • Un descubrimiento: parque y playa de Moniello

    Confieso que hay días que me pregunto qué narices hago escribiendo un blog al que tengo que dedicar bastante tiempo: elegir temas sin repetirme demasiado, cómo exponerlos, qué imágenes utilizar… Sin embargo, cuando algunas me agradecéis una idea, una opinión, unas risas o una experiencia, pienso en la suerte que tengo de compartir tantas cosas con vosotras. Pero es que no soy yo la única que interviene en este rincón, vosotras también me dais consejos, me contáis vuestras experiencias y, cómo no, me dais ideas.

    Y precisamente, mi último descubrimiento en Asturias ha sido gracias a una lectora habitual del blog. Y como ha resultado todo un hallazgo para los peques, os cuento el sitio que hemos conocido y porqué nos ha gustado tanto, aunque creo que las fotos hablan por sí solas. Se trata del parque de Moniello, que está a poco más de 20 kilómetros de Gijón. No queríamos irnos muy lejos, ya sabéis que aquí en el norte el tiempo varía bastante y por la tarde se preveía lluvia. Lo increíble es que a veces tenemos al lado sitios que ni sabemos.

    Hay hasta porterías (las hay también grandes) para jugar al fútbol.
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    También hay restaurante donde se puede comer tanto dentro como fuera.

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    Y además con columpios para que los peques estén entretenidos. E insisto, ¡mirad qué vistas!

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    El gordi con mis gafas, ya sabéis lo que les gustan todo tipo de abalorios 😉

    La verdad es que estuvimos tan a gusto en el parque que no bajamos a la playa. Preferí ahorrarme el momento en que Rafa se abalanza sobre cualquier líquido (en este caso el Cantábrico a 14 grados) y el momento en que Alfonso se emociona con el lanzamiento de piedras. Cuantas menos probabilidades haya de terminar accidentados, mejor. Aún así, yo hago bien los deberes así que os dejo un par de fotos de la playa por si os interesa.

    Entre las rocas, cuando baja la marea, quedan piscinas naturales. A mí estas cosas de pequeña me encantaban. Foto de diariodeunchurfer.blogia.com

    Y aquí termina mi habitual «sección» de planes de fin de semana. Las asturianas, ¿conocíais este parque? Igual ahora resulta que la única que no estaba al tanto de su existencia era yo y no he aportado nada nuevo. Por cierto, mañana martes 13 será el último día para participar en el sorteo de un conjunto de baño a elegir. Comprobad si os he dejado algún comentario en el post ya que algunas habéis olvidado compartir el enlace en Facebook de forma pública. Otras habéis dejado el comentario allí en lugar de en el blog.

    Aunque ya lo he puesto en Facebook quizás muchas sólo veáis el blog así que os cuento. Estoy entre las diez finalistas para ser bloguera de una importante tienda de puericultura, la idea es probar cosas de peques para después contar lo que me han parecido. Si creéis que os puedo ser útil en esa labor que ya he hecho para Hero Baby, sólo tenéis que votar mi blog aquí. Gracias!!!!!

  • Viajar con niños: playas de Jávea y Calpe (Alicante)

    Cuando se acaban las vacaciones, vuelvo a casa con dos cosas de más: kilos y estrés. Lo primero me ha pasado toda la vida y en una semana el asunto está solucionado; lo segundo me pasa sólo desde que soy madre. Aún recuerdo cuando volvía a casa tras unos días de descanso con una sensación de sosiego y paz que ya no he vuelto a experimentar en los últimos tres años. Ya se sabe que los niños, en cuanto les sacas de sus rutinas y entorno, se desmadran. En cualquier caso, disfrutamos siempre de nuestro tiempo en familia. Y si acompaña el buen tiempo, mucho mejor.

    La verdad es que este año, por primera vez, la Semana Santa la pasamos en un destino de sol y playa, en Jávea (Alicante). A maridín se le antojó lo de hacer barbacoas y claro, había que tirar más bien para el Sur, en este caso sureste, y eso supuso hacernos 1000 kilómetros de carretera. Eso sí, con parada nocturna en Zaragoza y así hacer el viaje más llevadero. He de decir que los gordis se portaron bastante bien en el trayecto y el DVD ayudó bastante.

     

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    Merendando a nuestra llegada a la casa que alquilamos en Jávea. Cuando nos juntamos con la familia de maridín, lo de ir a hotel sale más caro y con niños es más incómodo.

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    Playa de El Arenal. El primer día hizo mucho viento y por la mañana pasamos un poco de frío; en cuanto paró el aire, niños al agua. Si nosotros llevábamos media casa a cuestas, mi cuñada llevaba la casa completa e incluyó trajes de neopreno. La verdad es que el agua estaba en torno a los 17-18 grados. Vamos, yo ni harta de vino.

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    Lo bueno de esta época es que las playas no están abarrotadas y los niños pueden jugar a la pelota sin molestar a nadie.

    El segundo día fuimos a la playa de Calpe, donde lo más llamativo es el Peñón de Ifach. Al igual que en Jávea, más de la mitad de la población es extranjera, ¡anda que no son listos estos foráneos que vienen a España!

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    Una de las tardes se nubló y fuimos a una zona donde había atracciones. En general, Jávea me parece que es un buen destino para niños y familias.

    Y una vez más, las vacaciones se nos han pasado volando pero reconozco que se agradece un poco el volver a la rutina (madre mía, quién me ha visto y quién me ve). Lo que ya no agradezco tanto es lo de volver a poner abrigo 😉 ¿Qué tal vuestras vacaciones?, ¿de playa, montaña, caseras, religiosas? que conste que este año eché de menos ir a ver alguna procesión, creo que es la primera vez que no voy a ninguna. Otro año será, prometo no volver a hacer tantos kilómetros para cuatro días.

  • El mar

    Es curioso cómo la rutina hace que, en muchas ocasiones, no disfrutemos al máximo de lo que tenemos a nuestro alrededor. El sábado por la mañana, volviendo a casa en coche después de hacer algunos recados pendientes, pasamos por delante de la playa y Alfonso dijo que quería ver el mar. Pero desde el coche era difícil y a Rafa ya le tocaba comer. Y eso, el gordo no lo perdona. Otro día escribiré sobre ello porque es digno de un post.

    Después caí en la cuenta. Muchas mañanas paseo con Rafa por la costa pero Alfonso, por semana, va al cole y de ahí al parque. Y los últimos fines de semana, entre que nos fuimos a Zaragoza, de rebajas, a ver la decoración navideña… pues eso, que la criatura llevaba más de dos meses sin ver el mar. Y claro, con las sesiones playeras que nos damos en verano, después no puedes tenerles en modo «secano» tanto tiempo 😉

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    Rafa y su pasión por el agua. En cuanto oye abrirse un grifo en casa, va en busca de él. Y eso incluye interrumpir todas mis duchas.

    Mejor ver el mar de lejos en días así …

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    Porque puedes acabar como este padre y su hijo, duchaditos para casa.

    La verdad es que el fin de semana no ha sido muy novedoso y es que el tiempo no ha acompañado, pero aún así, no paramos un momento. Por primera vez, Alfonso y yo hemos tenido que hacer un dibujo en común sobre nuestra familia para enseñar a los compañeros de clase. No es tarea fácil, ya me lo había dicho la profe, el crío sufre lo suyo cuando cree que no sabe hacer algo bien y no sé porqué, mi cara y los zapatos de su padre eran el motivo de su frustración. No se puede ser tan perfeccionista.

    Y aprovecho el blog, ya lo hice en la tv el viernes, para comentar que el viernes me robaron la cartera. Si, es lo que yo llamo una faena que te hace sentir una impotencia enorme. Dinero, tarjetas, DNI, carnet de conducir, tarjeta sanitaria, fotos, tickets de cosas pendientes por cambiar… En fin, que la esperanza es lo último que se pierde así que, si alguien se la encuentra, obviamente ya sin dinero, que la lleve a la policía. Y así, al menos, me ahorro los papeleos varios.

    Y recuerdo que tenéis hoy y mañana para participar en el sorteo de una bolsa de tela personalizada para vuestros peques. ¡Suerte!

  • Exprimiendo el verano

    Formo parte de ese amplio grupo de seres humanos que se entristece cuando acaba el verano. Por eso, me resisto y no doy por concluida la temporada de playa o piscina hasta octubre; recuerdo que hace dos años estaba en la playa el día de la Virgen del Pilar.

    Es evidente que me gusta la playa y el sol, creo que ha quedado sobradamente demostrado en este blog. Pero además, desde que soy madre, intento estar al aire libre el mayor tiempo posible. El invierno pasado era la primera en llegar al parque y la última en irme, de ahí que llegara a casa con los pies congelados en más de una ocasión. Sólo de pensarlo, me entran escalofríos.

    Así que, por suerte, hemos disfrutado de un fin de semana de lo más veraniego para despedir la estación (que no la piscina y la playa) y hemos estado en casa lo justo, es decir, para cenar y dormir. Además, los niños se lo pasan de miedo en la playa, sobre todo en los charcos, cuando está la marea baja.

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    Mañana de domingo en la playa de Estaño.

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    Amor de hermanos.

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    Domingo en casa de mis padres. Cuna de viaje a modo de corralito, a Alfonso le encanta meterse cuando está su hermano.

    Así que he decidido que voy a aprovechar cada rayo de sol de lo que resta de mes y, si se tercia, del próximo. Además, como Alfonso aún no tiene cole por la tardes, esta semana apuraremos la piscina al máximo.Todavía nos quedan unos días de temperaturas totalmente veraniegas así que ¡a disfrutarlos!

  • Que no se acabe el verano

    Éste ha sido uno de esos fines de semana en el que no paramos un segundo, tuvimos planes desde el viernes hasta el domingo. Estoy agotada pero me encanta estar todo el día fuera de casa, ¡no sé qué va a ser de mí dentro de un mes!

    La tarde del viernes la pasamos en lo que en Gijón llamamos el “hípico”, un Concurso Internacional de Saltos al que acuden más de 10.000 espectadores al día. Fuimos con mi hermano y mis primos pequeños, con los que Alfonso se lo pasa genial, y mi único objetivo, ya que no soy muy aficionada al tema de las apuestas, era que Alfonso se subiera a un poni. Cuando llevábamos un rato haciendo cola me di cuenta que el niño no miraba para los animales, así que le pregunté nuevamente si quería subirse a uno. “Son muy grandes”, me dijo. Vamos, que le daban miedo. Así que el próximo año lo intento otra vez.

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     Alfonso hace dos años se subió. Además del concurso y las apuestas, hay actividades infantiles.

    Foto del público en el complejo deportivo Las Mestas. (foto de la web http://www.csiogijon.com/)

    El sábado disfrutamos por primera vez de la playa de Vega. Mi tía nos había hablado de ella y, aprovechando la visita de unos amigos gallegos, pasamos allí el día. ¡Menudo descubrimiento! creo que ha sido uno de los días que más han disfrutado en una playa. Enorme, poca gente, perfecta para que Alfonso jugase al fútbol y Rafa gatease. Todo sin molestar a nadie. Impresionante.

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    Y además, estas vistas y una temperatura maravillosa.

    Estábamos tan a gusto que nos dieron casi las ocho de la tarde. Y como teníamos cena con los gallegos, por aquello de que conociesen bien la gastronomía asturiana ;-), hubo que bañar a los niños, preparar bibes, ropa para el domingo, llevar a los peques a casa de mis padres… en tiempo récord. Soy ya una experta en esto de controlar los minutos.

    El domingo, como siempre, comida en casa de mis padres y para rematar, una especie de fiesta-merienda-cena que montó mi tía para que toda la familia y amigos conociésemos a su nueva nieta. Viven en Castellón y se dejan ver poco por aquí, así que nos juntamos más de treinta personas y unos cuantos niños. Vamos, planazo para Alfonso que además conoció al que será uno de sus compañeros de clase en cuestión de diez días.

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    Mi madre y Rafa.

    En fin, ya me gustaría que todos los fines de semana fueran así. Sólo le pido al verano que, por lo menos, dure lo estipulado. Y si quiere quedarse un poquito más, yo encantada.

  • Ola de ¿calor?

    ¡Por fin disfrutamos de unos planes totalmente veraniegos durante un fin de semana! Pero no os vayáis a creer que fue tan fácil. Yo sé que muchas estáis achicharradas y que hay una ola de calor y tal y cual… pero no os creáis todo lo que dicen en la televisión. Aquí, a la dificultad añadida de hacer planes por el asunto de las nubes y la lluvia, que ya os conté en un post anterior, se suma otro factor que también complica programar cualquier cosa. Muchas ya sabéis que estoy hablando de la dichosa niebla que nos visita estos días en la costa asturiana. Sinceramente, tener una previsión de solazo y amanecer y no ver a Lorenzo por ningún lado es desalentador.

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    Para que veáis que no soy una exagerada, hasta la prensa regional se hace eco del fenómeno.

    Ahora ya me podéis imaginar el sábado por la mañana, cual loca que busca información de vida o muerte, mirando las webcams de todas las playas de Asturias para ver en cuál lucía el sol. Ya dice el refrán que el que la sigue, la consigue así que cogimos el coche hasta llegar a la playa de Aguilar, donde disfrutamos por fin del ansiado sol aunque siempre viendo a lo lejos la amenazante niebla.

    playa niños
    playa niños

    Pero como los peques son imprevisibles, los planes con ellos muchas veces tienen que ir cambiando. Tuvimos que volver a casa antes de lo previsto porque el pobre Rafa, al que le está saliendo su primer diente, empezó a protestar por el dolor de boca. Que conste que pregunté a todos los padres/madres que vi en la playa si llevaban Apiretal o Dalsy. Ya que nos habíamos hecho unos kilómetros buscando el sol, qué menos que intentar solucionar el tema en la misma playa.

    No hubo suerte, se ve que no somos todo lo previsores que deberíamos. Como tampoco llevaba unas pinzas de depilar el día que a Alfonso le dio por meterse una piedra en la nariz. ¡Qué queréis que os diga! no puedo ir mucho más cargada de lo que ya voy a los sitios. En realidad creo que es imposible acordarse de tantas cosas. Siempre falta algo, y normalmente es aquello que más necesitas.

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    Volviendo a casa, descansando como angelitos. La playa les deja agotados.

    Cuando volvimos a Gijón ya lucía el sol así que le dimos un poco de Dalsy a Rafa, que volvió a ser nuestro niño felizón, y terminamos el día en la piscina. Por suerte, el domingo la niebla sólo se apoderó de una parte de la ciudad, concretamente de la mitad de la playa.

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    Esta foto la hizo mi amiga Sara Miguel, ¿no es alucinante lo de la niebla cubriendo sólo una parte de la playa?

    Los domingos siempre pasamos el día en casa de mis padres, así que no tuvimos que preocuparnos por analizar vía internet el estado de las playas. Además, tocó estrenar piscina nueva con mis primos pequeños así que el plan no pudo ser mejor para Alfonso. Y yo aproveché para relajarme un poco, en la medida de lo posible, porque ya tengo que entretener a los niños el resto de la semana.

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  • ¡Primeros días de playa!

    ¡Por fin he podido estrenar la playa en este 2013! La primavera ha sido horrorosa en el norte, aunque creo que tampoco ha hecho muy buen tiempo en el resto de España. El caso es que el sol se ha hecho esperar pero ha llegado aunque por desgracia no ha venido para quedarse. En el norte, claro.

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    Playa de Estaño, en Gijón. Ir a la playa, de los poquitos vicios que tengo.

    Como os contaba, Alfonso y yo hemos estrenado la playa este año, pero para Rafa ha sido su primer contacto con la arena. El caso es que le ha debido gustar porque le pillé varias veces llevándose a la boca algún puñado de arena y ha estado tan tranquilo como suele ser habitual en él. Así que volvimos al día siguiente.

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    Rafa y Alfonso disfrutando antes y durante su estancia en la playa.

    La pena es que no fue posible sentarle en la orilla para ver su reacción en el mar ya que el Cantábrico está cual glaciar, así que no iba a hacerle pasar por semejante trance. Tendré que esperar para saber si el agua le gusta tanto como a su hermano.

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    El Cantábrico, demasiado frío esta primavera.

    Os animo, una vez más, a que sigáis haciendo los planes que más os gustan y que la maternidad no sea una traba para hacer cosas. Obviamente, si lo que os gusta es jugar a la ruleta en el casino o hacer puenting es casi mejor que dejéis a las criaturas con los abuelos cuando hagáis esos planes. Sé que los niños pequeños “complican” mucho cualquier plan porque hay que llevar carritos, purés, pañales… pero es que si no acabaréis por no hacer nada. Y lo cierto es que, aunque el plan sea para descansar, con niños es imposible.

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    Todas las bolsas que hay que llevar. Capazo rosa (Primark, 10 euros) con mi toalla y neceser (The First Outlet, 20 y 7 euros aprox.)con cremas; bolsa de los niños (de Casa, personalizada con sus fotos, 12 euros aprox.) con sus toallas, bañadores de repuesto y gorrito; bolsa de la comida y pañales (Doña Carmen, unos 25 euros aprox.), sillita para Rafa y mochila con cubo y demás juguetes, ¡casi nada!

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    ¿Y qué me decís de subir esta cuesta con todas las bolsas y Rafa en la sillita, al finalizar la jornada?

    A algunas madres les preocupa el daño que el sol pueda hacer a sus bebés. Es fundamental ponerles protección alta cada poco tiempo, un gorrito para los más pequeños, sobre todo si tienen poco pelo como ha sido el caso de mis peques, y si aún así no estáis tranquilas, una sombrilla. Pero no les privéis de estar en contacto con el mar y la arena porque son algunas de las cosas más maravillosas que existen.

    ¡Y qué decir de mí! Pues que dos embarazos pasan factura, que aunque vuelvas a tu talla y recuperes tu peso, la piel no está igual de tersa, en realidad estoy como reblandecida. Como veis, no engaño a nadie; seguramente hacer deporte ayudaría a mejorar este asuntillo, pero siempre estoy pegada a, por lo menos, un niño. Si algún gimnasio incorpora guardería, me apuntaré. De todas formas, tampoco es que me preocupe mucho esto.

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