Etiqueta: niños

  • Cuando llega el segundo hijo

    Hace unas semanas, a raíz del cumpleaños de Alfonso, os contaba cómo se transforma la vida al ser madre de tu primer hijo. Ayer celebramos que hace un año Rafa llegó a este mundo. Cuando nace el segundo retoño, las cosas cambian… pero no demasiado. Lo que ocurre, básicamente, es que la logística se “complica” con cada hijo que sumas, sobre todo cuando son seguidos.

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    Rafa llegó el 22/10/12 tras un parto veloz y sin epidural.

    De repente, te encuentras con dos tamaños distintos de pañales en el cambiador y cuando te das cuenta le estás poniendo al pequeño el pañal de la talla 5, el cual sirve para envolverle casi por completo… Y ya no os quiero ni contar ese momento en que le estoy dando el plátano a Alfonso y, sin querer, se lo meto al pobre Rafa en la boca cuando ni tiene dientes ni edad (tendría 3 meses por entonces) para comer tal alimento.

    Olvídate de un largo paseo con los dos, a no ser que tengas silla gemelar, lo cual no suele ocurrir porque ya te has gastado el dineral de turno en la primera silla. Así que los paseos largos te los reservas para cuando vas con tu marido o acompañante.

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    Empujar de casi 30 kilos de niños es mortal.

    El momento de los baños y las cenas es de locos. Hasta que el peque no tiene varios meses, se bañan por separado. Un miembro de la pareja (en nuestro caso, mi marido) se arrodilla en el suelo y el otro le pasa al primer niño ya desvestido. Cuando va a salir el primero, el segundo ya está también sin ropa. Coge a uno, mete al otro. Y además, en ese espacio de tiempo, has tenido que preparar la cena porque si no se ponen como fieras… Y cuando ya se bañan juntos, lo más probable es que tengas que acabar pasando la fregona.

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    Ahora me doy cuenta de que Alfonso aún era un bebé grande cuando nació Rafa.

    Esto, y mucho más en lo que a los padres se refiere pero, ¿qué pasa con los segundos? El segundo hijo es ese pobres niño olvidado (¡madre mía, no me quiero imaginar el día que tengamos el tercero!) al que enseguida pasas a su propia habitación y al que ya no acunas para que se duerma, aprende a hacerlo sólo.

    El segundo es aquel niño cuyo álbum de fotos está plagado de imágenes de su hermano. Es el que tiene que sufrir las “caricias salvajes” del mayor. Por supuesto, si son del mismo sexo, el segundo hijo no estrena ropa, ¡y ya ni os cuento si nacieron el mismo mes! Además, el segundo nunca decide a qué se juega ni cuándo ni dónde.

    SAM_8681Estos son los «abrazos» de Alfonso a Rafa, casi al borde de la asfixia.

    SAM_7726El que ordena y manda, siempre el mayor.

    Pero ser el segundo también tiene algunas cosas buenas. Tienes a alguien que esté dispuesto a montar un show en cualquier momento para que te rías a carcajadas. Y por supuesto, ya puedes hacer una gamberrada de las gordas porque el mayor siempre va a tener la culpa.

    Si el mayor baila, el pequeño hace lo mismo.

    Cuando tienes varios niños, no te queda más remedio que dividir tu tiempo… pero lo más increíble es que el amor se multiplica. Con tu primer hijo crees que nunca podrás querer a nadie de semejante manera…hasta que llega el segundo. Ahí te das cuenta de que el amor no tiene límites.

    Y como siempre, la celebración del primer cumpleaños es una fiesta para todos, menos para el protagonista, que no se entera de nada y que, si tiene un hermano mayor, los juguetes ni los «huele».

    hermanos seguidosEsta vez celebramos el cumple entre semana porque el próximo fin de semana tenemos evento.

    primer cumpleañosY una vez más, lo celebramos en familia.

    Alfonso adueñándose de los juguetes de Rafa.

    SAM_8802Por cierto, la próxima semana pondré la receta de la tarta de galletas que siempre hago, porque es el único postre que sé hacer 😉

  • Más planes con peques

    Octubre me encanta, y no sólo porque es el mes en el que nacieron mis hijos. Me gusta porque en Asturias tenemos mejores temperaturas y más días de sol que en meses como mayo o junio, lo que implica que podemos seguir haciendo un montón de cosas al aire libre.

    Uno de los planes familiares más típicos en Asturias es ir de merendero. No sé muy bien por qué los llamamos así, en realidad son restaurantes con mucho prao (decir prado me resulta hasta extraño) donde podemos comer y cenar  al aire libre, donde las raciones suelen ser tortillas, calamares, croquetas, pastel de cabracho, cachopo (San Jacobo a la asturiana, es decir, a lo bestia y más bueno) y un montón de platos más.

    Fijaos cómo algunos tienen un montaje espectacular para niños, incluso en el interior.

    Los merenderos son económicos y lo mejor es que tienen mucho espacio para que los niños jueguen. En Gijón puedo deciros que conozco más de una veintena, así que os podéis hacer una idea de lo que nos gusta. Prometo post esta primavera con los merenderos más adecuados para ir con niños, para las mamis de aquí y para las que vengáis de turismo.

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    Lo mejor de Gijón, además de estar en la costa, es la cantidad de zonas verdes que hay, de ahí que haya tantos merenderos.

    El caso es que este sábado estuvimos casi todo el día en uno. El motivo era la reunión de antiguos alumnos de la Universidad de Navarra en Asturias. Fue la primera vez que nos animamos a ir, en parte porque venía un compañero de mi promoción con su familia. No nos veíamos creo que desde que acabamos la carrera hace 9 años y era una buena oportunidad para reencontrarnos.  Allí estábamos, él con tres enanos y yo con dos, ¡cómo cambia la vida! La verdad es que este fin de semana los peques no dieron mucha guerra, salvo que a Rafa le dio por madrugar el domingo… lo de que me quiten horas de sueño lo llevo mal, fatal.

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    Imposible que no disfruten con tantos juegos. Así es fácil comer con los niños fuera de casa.

    Y el domingo, el plan de siempre, a casa de mis padres. Me pasé la infancia jugando en el jardín de mis abuelos y ahora son mis hijos los que juegan allí, y además con la suerte de compartir terreno con mis primos y tíos. Además, enseguida llegará un nuevo miembro a la familia Osorio, el primer primo o prima asturiano para Alfonso y Rafa. ¡Me encantan las casas con niños!

    Otra de las razones por las que me gusta octubre, vuelta a los platos de caldo… Y sobre todo porque aún se puede comer en el jardín.

  • Excursión+cumpleaños= agotada

    Este ha sido uno de esos fines de semana que acabas completamente agotada, en los que deseas meter a los niños en la cama (y cuna) y echarte a dormir durante horas, muchas. En realidad, esa sensación es muy frecuente en las madres, lo que ocurre es que nuestro cuerpo se ha acostumbrado a tal ritmo, que ya ni sentimos ni padecemos. Pero todo hay que decirlo, lo hacemos con mucho gusto.

    Lo cierto es que el sábado no se puede decir que fuese un día duro. Mi marido y yo decidimos que, ahora que ya cerramos la temporada de playa y piscina, los días que no llueva recorreremos Asturias con los niños. Y nuestro primer destino de este otoño ha sido Ribadesella, una localidad costera preciosa y donde se come de maravilla, como en casi toda Asturias.

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    Uno ya no puede pedirles que estén tranquilos durante postres y cafés, así que Peppa Pig en el móvil de mi marido y Cantajuegos en el mío.
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    niños asturias

    Y el domingo teníamos pendiente la celebración del cumpleaños de Alfonso. Mi marido se tuvo que ir a Zaragoza por motivos familiares y me tocó a mí lidiar con los dos gordos. Y eso que de la merienda se encargó mi madre y los invitados eran pocos, vamos, sólo familia.

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    Regalos y más regalos, los niños tienen de todo hoy en día.

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    Soplando la vela, bueno, intentándolo.Un gran regalo. Algún día escribiré un post sobre los juguetes más prácticos.

    Y es que hay días en que todo se junta; que si Rafa se despierta de la siesta a los diez minutos y tengo que turnarme con mi hermano para comer, y además tengo que hacerlo a la velocidad de un obús. Que si Alfonso se enrabieta porque no quiere irse de casa de mis padres y después del berrinche se queda sopa en el coche (el adiós a la siesta, posible causa de nuestra crisis) Y tengo que subir a casa dos niños (uno dormido y otro que aún no camina), una sillita y tres bolsas llenas de regalos. Y darles de cenar y bañarles, con accidente “nuclear” en la bañera incluido, ya me entendéis… nunca pasa, hasta que estás sola. Pues todo eso.

  • El día que cambió mi vida

    Es posible que tu vida haya cambiado cuando decidiste irte a vivir a otra ciudad, o cuando dejaste una empresa en la que llevabas muchos años para irte a otra. Lo más seguro es que tú hayas cambiado al conocer a tu media naranja, o al dejarla que se fuera. Todo eso, y algunas cosas más, cambian tu vida. Sin embargo, sólo hay una que la transforma: ser madre.

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    Anoche juntos. Aunque estamos en crisis, en el fondo nos queremos.

    Ayer no celebré el tercer cumpleaños de mi hijo, ayer festejé que hace tres años mi vida dio un giro. Porque creo firmemente que traer un hijo al mundo es casi lo único que cambia tu forma de pensar y da un nuevo orden a tu existencia. Primero él, luego yo.

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    La llegada de esta cosita, tras un parto fácil y con epidural, el 01/10/10 lo cambió todo. 

    Y después de ponerme tan trascendental, me centro en el día de ayer. Tercer cumpleaños de Alfonso y primer día que comía en el cole y tenía clase hasta las cinco de la tarde, mal asunto. ¿La parte positiva? que tenían una fiesta de bienvenida de inicio de curso. Desde luego, en este país lo celebramos todo. Así que fue día de gusanitos y patatitas en el cole, no está mal para celebrar el cumple.

    Y por la tarde, en vez de celebrarlo como buenos padres, fuimos a la fiesta de primer cumpleaños de la hija de una de mis amigas, ¡casualidades de la vida! Obviamente, yo llevé una tarta para Alfonso con su vela. Lo cierto es que nosotros dejamos para el fin de semana las fiestas de cumpleaños y las celebramos en familia (no por mucho tiempo, enseguida tocará invitar a los compañeros de colegio), aunque como mi madre y mis tías viven en la misma finca (que no casa) pues esos festejos incluyen primos y demás. Así que este sábado o domingo ya tenemos plan.

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    Su primer cumple, después de un día de playa a 30 grados.

    El caso es que ayer recordé el primer cumple de Alfonso. Los padres nos empeñamos en hacerlo a lo grande por aquello de que es la primera vez y el primer hijo, pero ellos no se empapan de nada. Y solemos hacer regalos innecesarios o inadecuados para su edad. Véase la siguiente foto.

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    Aún no caminaba y su padre le compró semejante armatoste. Os aseguro que a Rafa, dentro de tres semanas, no le haremos un regalo de esta magnitud. Los segundos es lo que tienen, no me quiero imaginar lo que puede pasar con terceros hijos.

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    Mucho más práctico, y acorde a su edad, el regalo de la abuela.

    Y no quiero ya ni mencionar las celebraciones que se ven por la red… que si catering, que si servicio de decoración… ¿Dónde quedan los tradicionales sándwiches y gusanitos y los globos pegados en la pared? Sólo son niños, no necesitan tantas cosas materiales.

  • Pensando en nuevos planes

    Antes de nada quería agradeceros los mensajes y comentarios de los que habéis estado pendientes  de mi vuelta a la televisión. Para mí, regresar a este medio ha sido muy importante porque creo que es donde mejor me muevo en el terreno profesional. El viernes fue fantástico volver a sentir esos nervios ante la cámara, y tengo que agradecer el trato recibido desde Conexión Asturias, así como a su presentador, José Ángel Leiras, un profesional como la copa de un pino.

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    Algunas me habéis pedido el enlace para ver el programa del viernes. Si pincháis en la foto, podréis verlo. Yo aparezco a partir del minuto 35. No esperéis gran cosa y creo que debería decir menos eso de «la verdad es que…» 😉

    Dicho esto, voy al meollo de los peques. Se acabó la playa y la piscina (bueno, nunca se sabe) así que toca volver a discurrir qué hacer con los peques los fines de semana. El sábado lo tenía claro; con esto de que ha hecho muy buen tiempo, la boda de mi hermano, el programa y el inicio del cole, tenía mil recados que no pude hacer estas semanas, así que nos echamos a la calle a hacer todo lo que teníamos pendiente. Ir de compras con niños es tremendamente estresante pero como venía mi marido, la cosa fue llevadera.

    Una de las cosas que teníamos que comprar era el escalón para que Alfonso vaya sólo al baño; la profe nos ha pedido a los padres que les ayudemos a ser autónomos. Mientras, Rafa jugaba con un andador muy entretenido.

    Y el domingo sí que hicimos plan de prao y de niños, vamos, barbacoa en casa de unos amigos. Rafa gateando sin parar y Alfonso encontró en las hamacas la pista perfecta para hacer correr a sus coches. Lo digo siempre, me niego a encerrarme en casa con los niños; hasta que no diluvie pienso estar en la calle, en el parque, en la montaña o donde haga falta… Eso sí, Alfonso cada día llega con nuevas heridas de guerra a casa, de verdad que estos críos son inagotables, ¿no?

  • ¿Crisis de los tres años?

    Estoy atravesando una crisis en mi relación con Alfonso. Nuestro idilio comenzó hace casi tres años; para mí fue un flechazo mientras para él, yo era sólo pura necesidad. Con el tiempo me fui enamorando más y más de él, y sé que él, además de necesitarme, empezó a quererme.

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    Desde que le vi por primera vez, no pude dejar de quererle.

    Pasamos mucho tiempo juntos, desde que empezamos apenas nos hemos separado. Sólo cuando comenzó la guardería con dos años, nos distanciábamos unas horas al día. Y ni siquiera eso hizo tambalear nuestra relación, se lanzaba a mis brazos cuando nos reencontrábamos cada día.

    Tampoco la llegada de Rafa hizo cambiar nuestro idilio, en este caso tres no eran multitud y él lo entendió así, por lo que comenzó a querer y a cuidar al nuevo miembro del ahora trío. Nada parecía entorpecer nuestro amor y siempre fue un niño feliz, alegre, sociable, divertido…

    relación madre hijoHace un mes, nada hacía presagiar nuestro distanciamiento. 

    Sin embargo, las cosas cambiaron hace tres semanas coincidiendo con el comienzo del colegio. Ahí comenzó nuestra crisis, de repente se distanció de mí y despertó su rebeldía. En algunos momentos perdí los nervios, no estaba acostumbrada a oír el NO todo el día. Creí que sería cuestión de días volver a la normalidad y que se trataba de un problema sólo conmigo por llevarle al cole. Pero no, su profe nos dice que se no se porta bien.

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    No se le ve entusiasmado con esto del colegio, ¡pues no le queda nada!

    Hablo con él y hace que no me escucha, se le ve más serio y me reta varias veces al día. Quizás sea una forma de llamar la atención por algo pero ¿por qué? Ya me gustaría saberlo. Si alguna de las que me está leyendo ha pasado por esto y al final sólo se ha quedado en una mala época, me encantará que me lo cuente. Si la cosa ha ido más, espero que se lo reserve. Cruzo los dedos para que sea pasajero.

    Por cierto, si vivís en Asturias o vais a visitar esta tierra, no dejéis de participar en nuestro sorteo de entradas para el Jardín Botánico, es un sitio genial para los peques. Y esta tarde estaré en TPA en directo, ya os contaré qué tal lo de ponerme de nuevo delante de los focos. ¡Buen fin de semana!

  • Exprimiendo el verano

    Formo parte de ese amplio grupo de seres humanos que se entristece cuando acaba el verano. Por eso, me resisto y no doy por concluida la temporada de playa o piscina hasta octubre; recuerdo que hace dos años estaba en la playa el día de la Virgen del Pilar.

    Es evidente que me gusta la playa y el sol, creo que ha quedado sobradamente demostrado en este blog. Pero además, desde que soy madre, intento estar al aire libre el mayor tiempo posible. El invierno pasado era la primera en llegar al parque y la última en irme, de ahí que llegara a casa con los pies congelados en más de una ocasión. Sólo de pensarlo, me entran escalofríos.

    Así que, por suerte, hemos disfrutado de un fin de semana de lo más veraniego para despedir la estación (que no la piscina y la playa) y hemos estado en casa lo justo, es decir, para cenar y dormir. Además, los niños se lo pasan de miedo en la playa, sobre todo en los charcos, cuando está la marea baja.

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    Mañana de domingo en la playa de Estaño.

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    Amor de hermanos.

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    Domingo en casa de mis padres. Cuna de viaje a modo de corralito, a Alfonso le encanta meterse cuando está su hermano.

    Así que he decidido que voy a aprovechar cada rayo de sol de lo que resta de mes y, si se tercia, del próximo. Además, como Alfonso aún no tiene cole por la tardes, esta semana apuraremos la piscina al máximo.Todavía nos quedan unos días de temperaturas totalmente veraniegas así que ¡a disfrutarlos!

  • De aniversario de boda

    Hace ya cuatro años que me casé. La verdad es que no sé si son los niños o la edad, pero el tiempo me pasa que ni me entero. Y como sea la edad, me pongo a temblar porque entonces desde los cincuenta hasta los setenta años, si llego, me van a pasar en un suspiro. Y si lo que hace que el tiempo pase tan rápido son los críos, ¿alguien podría decirme cuando dejan de ser niños los varones? 😉

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    Bromas aparte, os estaréis preguntando a qué viene recordar que me casé un 12 de septiembre de 2009. En un post antiguo, y no recuerdo cuál, os decía que soy de esas mujeres que ha tenido claro toda la vida que quería ser madre, sí o sí. Eso significa que, cuando buscas a tu media naranja, lo haces pensando en que sea el padre de tus futuros hijos.

    No vayáis a creer que en una primera cita le pregunté a algún chico eso de ¿te gustan los niños? Porque lo más seguro es que no hubiera habido una segunda cita. Puede que el susodicho quiera tener hijos algún día, pero hacerle esa pregunta es como decirle si quiere ser tu banco de esperma. Y no es plan de hacerle sentir eso al chaval.

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    A lo que voy es a que, dada mi naturaleza maternal pronunciada, instintivamente me fijaba en si el varón en cuestión buscaba lo mismo que yo. Para que me entendáis basta con deciros que durante muchos años salí con un chico que estudiaba Medicina para ser pediatra. Así que imaginaros hasta qué punto es importante para mí el que mi pareja tenga pasión por los niños. No nos engañemos, todas conocemos parejas que acaban teniendo un niño porque al otro le hace ilusión. Es entonces cuando los hijos se pueden convertir en un problema.

    Desde luego tuve suerte en ese sentido porque encontré al hombre perfecto: adora a sus hijos. Y además la combinación de genes está resultando muy buena ;-). En fin, que me alegro de haberle conocido y de haberme casado con él. Espero poder decir esto dentro de muchos años.

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  • Que no se acabe el verano

    Éste ha sido uno de esos fines de semana en el que no paramos un segundo, tuvimos planes desde el viernes hasta el domingo. Estoy agotada pero me encanta estar todo el día fuera de casa, ¡no sé qué va a ser de mí dentro de un mes!

    La tarde del viernes la pasamos en lo que en Gijón llamamos el “hípico”, un Concurso Internacional de Saltos al que acuden más de 10.000 espectadores al día. Fuimos con mi hermano y mis primos pequeños, con los que Alfonso se lo pasa genial, y mi único objetivo, ya que no soy muy aficionada al tema de las apuestas, era que Alfonso se subiera a un poni. Cuando llevábamos un rato haciendo cola me di cuenta que el niño no miraba para los animales, así que le pregunté nuevamente si quería subirse a uno. “Son muy grandes”, me dijo. Vamos, que le daban miedo. Así que el próximo año lo intento otra vez.

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     Alfonso hace dos años se subió. Además del concurso y las apuestas, hay actividades infantiles.

    Foto del público en el complejo deportivo Las Mestas. (foto de la web http://www.csiogijon.com/)

    El sábado disfrutamos por primera vez de la playa de Vega. Mi tía nos había hablado de ella y, aprovechando la visita de unos amigos gallegos, pasamos allí el día. ¡Menudo descubrimiento! creo que ha sido uno de los días que más han disfrutado en una playa. Enorme, poca gente, perfecta para que Alfonso jugase al fútbol y Rafa gatease. Todo sin molestar a nadie. Impresionante.

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    Y además, estas vistas y una temperatura maravillosa.

    Estábamos tan a gusto que nos dieron casi las ocho de la tarde. Y como teníamos cena con los gallegos, por aquello de que conociesen bien la gastronomía asturiana ;-), hubo que bañar a los niños, preparar bibes, ropa para el domingo, llevar a los peques a casa de mis padres… en tiempo récord. Soy ya una experta en esto de controlar los minutos.

    El domingo, como siempre, comida en casa de mis padres y para rematar, una especie de fiesta-merienda-cena que montó mi tía para que toda la familia y amigos conociésemos a su nueva nieta. Viven en Castellón y se dejan ver poco por aquí, así que nos juntamos más de treinta personas y unos cuantos niños. Vamos, planazo para Alfonso que además conoció al que será uno de sus compañeros de clase en cuestión de diez días.

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    Mi madre y Rafa.

    En fin, ya me gustaría que todos los fines de semana fueran así. Sólo le pido al verano que, por lo menos, dure lo estipulado. Y si quiere quedarse un poquito más, yo encantada.

  • De boda, ¿con niños?

    Sé de una pareja que “recomendó” a los invitados a su enlace que no fueran acompañados por sus hijos. Sinceramente, me parece que la proposición es dispar, ya que esa decisión debe ser de los padres. Dicho esto, yo tengo claro que, a una boda es mejor ir sin niños pequeños. Sobre todo por ellos.

    Tampoco es que sea experta en esta materia; la única vez que nos llevamos a Alfonsito de boda fue todo bien, pero claro, aún no había cumplido el año y no caminaba, por lo que era bastante controlable. Y si a eso le sumas que el hotel en el que nos hospedábamos era el mismo en el que se celebró el banquete, pues ya ni os cuento. Del picoteo fue directo a la habitación, y allí se encargó de él una niñera.

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    Boda en Baeza (Jaén). Alfonso vino con nosotros porque nos cogimos parte de las vacaciones en fechas próximas al enlace.

    Ir a una boda no es como ir a comer a un restaurante, son muchas horas. Las ceremonias son para ellos un coñazo, el picoteo puede ser divertidísimo pero ¿y la comida o cena que se alarga más de tres horas? Algunos puede que lleguen vivos al baile pero ¿cuánto pueden tardar en caer rendidos?

    En cualquier caso, dentro de quince días tengo una boda. Bueno, un bodorrio, ¡se casa mi hermano! Y sí, ése es uno de los enlaces a los que tienes que llevarte a los enanos. Y más cuando Alfonsito tendrá un papel protagonista.

    Alfonso, con las que serán sus acompañantes para llevar las arras, el día que fueron a elegir modelito.

    Seguramente Alfonso se quedará hasta que termine la cena, pero a Rafa tenemos que buscarle “alojamiento” o niñera después de la ceremonia. En cuanto tenga solucionado eso, mi único objetivo será llegar a la iglesia sin una mancha en el vestido, que no es poco. Prometo muchas fotos y detalles del evento.

  • Otra receta divertida

    Hoy os pongo una receta (gracias a Jennifer Liébana y su blog) bien rica y que no pasará desapercibida para los peques. Se trata de una forma distinta de comer salchichas, un plato que les encanta. Son una especie de mini-pizzas con forma de margaritas que llamarán la atención de vuestros niños. Los únicos ingredientes que necesitáis son tres salchichas, un huevo cocido, queso rallado, orégano y masa de pan (para hacer tres «margaritas»)

    Lo primero que hay que hacer es la masa de pan mezclando 1/2 vaso de agua, 2 cucharadas de aceite de oliva, 14 gramos de levadura fresca, una pizca de sal y harina. Dejamos reposar la mezcla. Lo siguiente es coger una porción de la masa y extenderla con un rodillo. Colocamos una salchicha en el centro y enrollamos.

    Después las cortaremos en rodajas (os saldrán unos siete trozos, quitando las de los bordes). Posteriormente, colocaremos las rodajas de salchichas en forma de flor en la bandeja del horno, que debe estar forrada con papel vegetal.

    Cocemos un huevo y esperamos que se enfríe para quitarle la cáscara y cortarlo en láminas. Colocamos cada una de ellas en el centro de nuestras “margaritas” o mini pizzas.

    Precalentamos el horno a 180ºC con calor arriba y abajo unos minutos. Ponemos un puñadito de queso rallado en el centro de la “margarita” y espolvoreamos con orégano. Metemos al horno unos 25 minutos y ¡ya está! ¿Verdad que es muy fácil?

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  • Planes en pareja: viajar sin niños

    El lunes pasado os contaba que las vacaciones con los niños son de todo menos relajantes. Me había reservado para hoy los pocos días que incluyeron la palabra descanso, aunque llamar vacaciones a un fin de semana no se ajusta demasiado a la realidad. Digamos que, dentro del período vacacional, hicimos una escapada de pareja. Era un plan que no hacíamos desde que nació Alfonso, hace casi tres años. La verdad es que, de vez en cuando, viene bien una sobredosis de romanticismo 😉

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    Para mí fue más difícil separarme de los niños por una sencilla razón: me encargo de ellos a diario, así que no estoy acostumbrada a delegar en nadie. Os podéis imaginar que el momento en el que vi a Rafa en brazos de mi suegra a través del cristal trasero del coche fue un poco “dramático”. Que nadie se asuste porque no me puse a llorar, simplemente pensaba ¿estarán bien sin mí?

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    En Cadaqués (Gerona). Como mis suegros veranean en Tarragona, la escapada no fue muy lejos.

    ¡Y vaya que si estuvieron bien! Los bebés, aunque nos pese, no nos echan demasiado en falta si están bien atendidos, y los niños más mayores tampoco nos extrañan si están acompañados de alguien que sea capaz de entretenerles, como hizo mi cuñado. ¡Manda narices, con la de energía y tiempo que les dedico! Aunque no puedo enfadarme por ello, recuerdo que, cuando era pequeña y mis padres viajaban, me encantaba pasar unos días en casa de mis abuelos y “distanciarme” de las tres fieras de mis hermanos. Era muy relajante.

    En cuanto a mí, para mi sorpresa, fui capaz de desconectar más de lo que imaginaba y sobre todo, descansé. A la playa sólo llevábamos toallas y cremas, nada más, ¡no recordaba esa sensación tan cómoda! Y por fin pude tomar el sol ¡tumbada! Pudimos comer y cenar en sitios donde hubiéramos tenido problemas para colocar la sillita de Rafa y donde el café hubiera sido un momento completamente estresante con Alfonso al estar situados cerca del mar.

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    En Cala de Agua Brava (Gerona). Y ya de paso, no os recomiendo el restaurante Marivent, vistas maravillosas pero el pescado fue una tomadura de pelo. Esa fue la única pega de nuestras mini-vacaciones sin niños.

    Eso sí, a la vuelta estaba deseando darles un achuchón. Hubiera sido capaz de estar uno o dos días más sin ellos, pero creo que de ahí no paso. Por ahora, en cuanto sean más independientes, serán ellos los que estarán encantados de que les dejemos “respirar” unos días. Tiempo al tiempo.

  • Viajar con niños: llegan las vacaciones

    La palabra vacaciones lleva en su definición, según la RAE, el término descanso. Pero si a lo primero le sumas el vocablo “niños”, adiós a lo último. Resumiendo, si vas de vacaciones con los peques, desconectarás de la oficina, pero en ningún caso volverás más relajada. Y si habitualmente te encargas tú de los niños, como es mi caso, también caerás rendida.

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    Eso sí, durante las vacaciones con los niños pasan cosas divertidas y haces nuevos descubrimientos. Éstos son los míos:

    –  Rafa prefiere Los Cantajuegos en el coche y Alfonso pierde el sentido por Peppa Pig. ¿Solución? Tengo que trasladarme al pequeño espacio que queda en la parte trasera del coche entre las sillas de los niños para entretener a Rafa porque la cerdita no le acaba de convencer. El resultado es un dolor descomunal en mis abultadas nalgas.

    – Rafa, el niño que nunca llora, se pone hecho una fiera si le sacas del agua. Sí, increíble pero cierto, se coge un rebote de narices. Por el contrario, Alfonso, que con nueve meses se metía en el mar gateando y se partía de risa cuando le cubría una ola, ahora anda con pies de plomo en el agua y necesita controlar las zonas a las que accede. Ver para creer.

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    – Sentarse en las sillas de playa de los abuelos es mucho más divertido que hacerlo en la arena.

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    – Después de varios días yendo a la playa cargada con bolsas, sombrilla, sillas, cubos y demás enseres veraniegos a una temperatura parecida a la del infierno, descubro que en el norte se está de lujo en verano.

    SAM_8134   El calor también les deja fundidos a ellos.

    No os preocupéis si después de varios días de vacaciones estáis deseando volver al hogar. Ya lo dice Dorita en la película El Mago de Oz: se está mejor en casa que en ningún sitio.

  • Decorar la comida, ¡una tortuga en mi plato!

    Como os conté hace un par de semanas, tengo la intención de variar un poco los contenidos del blog, aunque siempre pensando en los peques, así que vuelvo a incluir una receta. En realidad, más que una receta, es una forma de decorar una comida muy veraniega para que a los peques les «entre» por los ojos y les apetezca comerse todo el plato.

    La ensaladilla rusa es una de mis comidas favoritas en verano, además es fácil de hacer. Como curiosidad, os cuento que fue inventada en 1860 por Lucien Olivier, chef de uno de los restaurantes más conocidos de Moscú, el Hermitage, que hizo de este plato su seña de identidad. Y después de esta aportación «histórica», vamos al meollo.

    Ingredientes:

    • Ensaladilla rusa
    • 5 rebanadas de pan de molde
    • 1 lata de atún
    • 2 cucharadas de mayonesa
    • 1 aceituna
    • 1 tira de pimiento asado rojo
    • 2 medias noches o pan de leche
    • Lechuga iceberg

    Preparación:

    Lo primero que haremos será la ensaladilla. Cada uno, le añadirá los ingredientes que quiera. Yo suelo hacerla con patatas, atún, huevo cocido, guisantes, zanahorias y maíz. Cuando esté preparada, le damos forma de media luna en el plato o en la fuente de presentación.

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    Después, cogemos las rebanadas de pan y les quitamos la corteza; las aplastamos con un rodillo de cocina y les echamos una cucharada del relleno que escojamos (en este caso, lo podemos hacer de atún y mayonesa, aunque también se puede hacer con la propia ensaladilla).

    platos niños

    receta niños

    Enrollamos y envolvemos en papel film y los metemos en la nevera para que compacten. Las dejamos en la nevera un par de horas para que al cortarlas, no se deshagan.

    comida niños

    Cuando las sacamos, cortamos en rodajas de 1 cm de grosor y comenzamos a ‘tapar’ el relleno.

    recetas peques

    ensaladilla rusa niños

    Cuando hayamos cubierto toda la ensaladilla, cogemos las medias noches. Una de ellas la partimos a la mitad, y volveremos a partir por la mitad esos dos trozos ( que serán las patitas) Con la otra media noche, la partimos a la mitad y será la cara de nuestra tortuga.

    tortuga ensaladilla

    Partimos una aceituna en dos y serán los ojos de la tortuga; le hacemos un pequeño corte a la media noche como si fuera la boca y le colocamos una tira de pimiento.

    niños comidas verano

    Para terminar, y si os apetece, picamos lechuga muy fina y decoramos el resto del plato con ella. Y este es el resultado, ¡imposible que los peques se resistan! Como siempre, gracias a Jénnifer Liébana, del blog http://quecukireposteriaydemas.blogspot.com.es que me «chiva» estos trucos.

    decorar comida niños

  • Demasiados cambios… como para perdérmelos

    Si tuviera que separarme de mis hijos varios días, creo que “moriría”. De Rafa aún no me he separado más de unas horas, y de Alfonso sólo tuve que distanciarme dos días al mes por motivos de trabajo, de eso hace ya más de un año.

    Si tuviera que irme sin ellos más de cuatro días (creo que por ahí debe andar mi tope de independencia), además de echarles de menos, necesitaría que quien estuviese a su cargo me hiciera un detallado boletín informativo de todo lo que han hecho cada día. Y no, no es que yo sea una exagerada, es que estos críos no dan tregua, que en cuestión de días pasan demasiadas cosas.

    bebés dientes
    Primer diente de Rafa hace una semana, ahora ya estamos con el segundo.

    En menos de dos semanas, a Rafa le han empezado a salir los dientes. Vale, este es un acontecimiento sin mucha trascendencia porque hasta que no tenga unos cuantos dientes más no va a poder tomar sólidos, pero qué narices, todos los padres estamos pendientes de su primer diente, sus primeros pasos… Si me fuera mañana durante unos días, a mi vuelta me lo encontraría gateando, porque ya ha cogido posición. Y sinceramente, quiero estar para verlo.

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    Y Alfonso otro tanto de lo mismo. Resulta que cada semana incorpora nuevas expresiones a su lenguaje y de repente te dice “ya sabes”, ante lo que no puedo hacer otra cosa que reírme y decirle ”sí, sí, ya sé”. Y en una semana muy acuática ha perdido el miedo a tirarse a la piscina, porque siempre ha sido un poco temeroso. Lo malo que tiene este avance es que ahora tengo que oír “mamá, mira cómo me tiro” una media de cien veces diarias.

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    Pues eso, que sin ser una drama-mamá ya no sé vivir sin mis dos tesoros. Que sé que cuando sean algo más mayores e independientes, yo les dejaré tranquilamente los días que sean necesarios. Pero ahora mismo, quiero estar siempre ahí para ver sus avances; este verano sólo voy a separarme de ellos un fin de semana para hacer plan de pareja, que también hace falta.

  • De cena con los niños

    ¿Os he dicho alguna vez que los niños complican un poquito los planes? Sí, sí, ya sé que lo he comentado en este blog casi una decena de veces pero ya sabéis que soy pura sinceridad. Y eso que soy de las que tendría muchos niños porque de vitalidad y ganas voy sobrada, pero claro, hay que mantenerlos muchos años 😉

    Bueno, a lo que iba, que los niños pequeños nos “obligan” a cambiar nuestras costumbres y, cuando te das cuenta, llevas meses o años sin hacer determinados planes. Nosotros somos bastante animados y el que mi marido sea de fuera de Asturias nos hace movernos con relativa frecuencia, además del montón de amigos que tenemos repartidos por toda la geografía española. Es más, mi hijo Alfonso, en su primer año de vida, hizo unos doce mil kilómetros de trayecto en coche ¡tela!

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    Granada, último destino de Alfonso antes de cumplir su primer año. Antes habíamos estado en Madrid, Zaragoza, Vigo, Pamplona, Burgos, Tarragona, Valladolid, Cantabria…

    Pues a pesar de tantos viajes, no os podréis creer que este fin de semana salimos a cenar con los dos enanos ¡por primera vez en mi propia ciudad! Sí, en la que vivimos, en Gijón. Creo que no lo habíamos hecho antes porque intentamos respetar todo lo que podemos los horarios de los niños, sin ser tampoco muy estrictos. La verdad es que durante el día no me importa si duermen la siesta antes o después, en la cuna o en el carro… pero por la noche me da rabia que se duerman durante la cena y que se despierten para meterles en el coche, ponerles el pijama…

    paseo niños
    Un breve paseo antes de la cena.

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    «Tiramos» de dibujos animados en el móvil al final de la cena. No parecían tener sueño.

    Al final, se trata de intentar compaginar sus costumbres y necesidades con las nuestras en la medida de lo posible. Y es que salir de copas nunca será un plan compatible entre padres e hijos hasta que estos últimos sean, por lo menos, mayores de edad. Así que salimos a cenar pero lo hicimos pronto y a las diez y media de la noche estábamos en casa. A Alfonso el plan le encantó aunque en realidad a él todo le divierte. Llega a la playa emocionado, como el que no ha ido en la vida ¡y eso que llevamos más de una semana con sol!

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    El sábado en otra playa asturiana.

  • Ola de ¿calor?

    ¡Por fin disfrutamos de unos planes totalmente veraniegos durante un fin de semana! Pero no os vayáis a creer que fue tan fácil. Yo sé que muchas estáis achicharradas y que hay una ola de calor y tal y cual… pero no os creáis todo lo que dicen en la televisión. Aquí, a la dificultad añadida de hacer planes por el asunto de las nubes y la lluvia, que ya os conté en un post anterior, se suma otro factor que también complica programar cualquier cosa. Muchas ya sabéis que estoy hablando de la dichosa niebla que nos visita estos días en la costa asturiana. Sinceramente, tener una previsión de solazo y amanecer y no ver a Lorenzo por ningún lado es desalentador.

    niebla playa
    Para que veáis que no soy una exagerada, hasta la prensa regional se hace eco del fenómeno.

    Ahora ya me podéis imaginar el sábado por la mañana, cual loca que busca información de vida o muerte, mirando las webcams de todas las playas de Asturias para ver en cuál lucía el sol. Ya dice el refrán que el que la sigue, la consigue así que cogimos el coche hasta llegar a la playa de Aguilar, donde disfrutamos por fin del ansiado sol aunque siempre viendo a lo lejos la amenazante niebla.

    playa niños
    playa niños

    Pero como los peques son imprevisibles, los planes con ellos muchas veces tienen que ir cambiando. Tuvimos que volver a casa antes de lo previsto porque el pobre Rafa, al que le está saliendo su primer diente, empezó a protestar por el dolor de boca. Que conste que pregunté a todos los padres/madres que vi en la playa si llevaban Apiretal o Dalsy. Ya que nos habíamos hecho unos kilómetros buscando el sol, qué menos que intentar solucionar el tema en la misma playa.

    No hubo suerte, se ve que no somos todo lo previsores que deberíamos. Como tampoco llevaba unas pinzas de depilar el día que a Alfonso le dio por meterse una piedra en la nariz. ¡Qué queréis que os diga! no puedo ir mucho más cargada de lo que ya voy a los sitios. En realidad creo que es imposible acordarse de tantas cosas. Siempre falta algo, y normalmente es aquello que más necesitas.

    niños durmiendo coche
    Volviendo a casa, descansando como angelitos. La playa les deja agotados.

    Cuando volvimos a Gijón ya lucía el sol así que le dimos un poco de Dalsy a Rafa, que volvió a ser nuestro niño felizón, y terminamos el día en la piscina. Por suerte, el domingo la niebla sólo se apoderó de una parte de la ciudad, concretamente de la mitad de la playa.

    gijón playa niebla
    Esta foto la hizo mi amiga Sara Miguel, ¿no es alucinante lo de la niebla cubriendo sólo una parte de la playa?

    Los domingos siempre pasamos el día en casa de mis padres, así que no tuvimos que preocuparnos por analizar vía internet el estado de las playas. Además, tocó estrenar piscina nueva con mis primos pequeños así que el plan no pudo ser mejor para Alfonso. Y yo aproveché para relajarme un poco, en la medida de lo posible, porque ya tengo que entretener a los niños el resto de la semana.

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    relajarse niños

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