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  • ¿Nos estamos pasando con los regalos a los niños?

    ¿Nos estamos pasando con los regalos a los niños?

    Sí, nos estamos pasando. Me incluyo porque, aunque hemos logrado echar el freno a tiempo y tenemos mucho contacto con la naturaleza, creo que mis hijos también tienen muchos juguetes. Nadie duda de que todos lo hacemos con la mejor intención, con la idea de que a los niños no les falte de nada pero, ¿de verdad les estamos ayudando?, ¿realmente necesitan tanto? Y la respuesta es contundente: no. Ni lo necesitan ni les ayuda el exceso de cosas materiales. Dice el refrán que «el hambre agudiza el ingenio», y es una verdad como un templo. El exceso de cosas nos acomoda, y a los niños les impide desarrollar su creatividad. El bombardeo es tal desde que nacen que, sin darnos cuenta, les anulamos. Una cosa es estimular y otra sobre estimular.

    Vivo desde pequeña en ciudad, me gustan las ciudades y, de hecho, no me gustaría vivir en un pueblo a diario. Pero mi contacto con la naturaleza ha sido constante, con la suerte de vivir en una tierra en la que estás tan cerca del mar como de la montaña. Mi infancia transcurría de lunes a viernes en el colegio, jugando en el patio, con una pelota, unos cromos o una comba. Y ya más mayores, de charleta entre amigas. Los fines de semana transcurrían en el río, viendo pescar a mi padre, en la montaña, o en la playa en verano. También recuerdo muchas tardes en el jardín de casa de mis abuelos, construyendo guaridas debajo de setos, con palos… acompañando a mi abuelo a hacer la hoguera para quemar hojas que previamente recogíamos y recolectando manzanas.

    Creo que en eso lo estamos haciendo bien con los peques, entre semana la televisión ni se enciende porque no hay tiempo; siempre es preferible estar en el parque o jugando al fútbol. Aquí no hay tablets ni consolas. No sé si es exagerado o no, pero es que no lo piden. Y yo me alegro. Los juguetes son necesarios y buenos. El juego es una necesidad para los niños y un juguete les ayuda a crecer pero, ¿qué pasa cuando son muchos? El efecto es el contrario; al final, acaba por aburrirles todo y les impide desarrollar su imaginación, por no hablar de las negativas consecuencias que tiene para los niños el crecer rodeados de todo tipo de cosas materiales. Siempre esperan más y más, nada les parece suficiente. Pensadlo por un momento, ¿no les encanta recoger castañas?, ¿subirse a un árbol?, ¿dibujar? Pues entonces, salgamos más a la calle a observar.

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    ¿Cómo evitar el exceso de juguetes en estas fechas?

    • Hablad con vuestros familiares: muchas veces no somos los padres los que compramos muchas cosas a los niños sino los abuelos, padrinos, amigos… A veces, hay que decirles las cosas y ponerse firmes en esto.
    • Hablad con los niños para intentar ser prácticos: lo sé, no mola mucho que los Reyes traigan zapatos pero hacedles ver a los niños que los necesitan y que es un buen regalo. Nosotros ya lo hicimos el año pasado con el calzado del cole y este año pedimos playeros, y hasta les ha gustado la idea.
    • Haced la lista de los Reyes con ellos y pensad en cosas que quizás tengáis que comprar más adelante: nosotros el año pasado pedimos disfraces sabiendo que en febrero llegaba el Carnaval y los íbamos a tener que comprar. También lo hicimos con libros que nos pedían en el cole para la biblioteca itinerante.
    • Elegid juguetes que puedan compartir: si tenéis más de un hijo, no lo dudéis, todo aquello que puedan hacer en común es tiempo que pasan juntos. No se trata de que lo compartan todo, que al final cada uno tiene sus gustos, pero sí de encontrar un equilibrio.
    • No os compliquéis: al final, el bebé acaba jugando más con la caja o el envoltorio del juguete que con el propio juguete. Y al final, mis hijos juegan más al fútbol que a cualquier otra cosa. Entonces, ¿para qué gastarse un dineral?

    Nosotros cambiamos el chip con esto hace tiempo y funciona. Y si un día se nos olvida el balón para ir al parque, se ponen a buscar palos para hacer una hoguera imaginaria, o recolectan un montón de hojas para lanzarse sobre ellas. O sencillamente juegan con más niños. Últimamente se ven cumpleaños que parecen Comuniones y Comuniones que parecen bodas. Y de verdad que creo firmemente que se hace con buena intención, pero asusta un poco el nivel al que estamos llegando. ¿Cómo gestionáis esto en casa?

  • Juguetes «torturadores»

    Juguetes «torturadores»

    Sí, señores, existen y seguramente tengáis alguno en casa. Son esos juguetes que les regalan a vuestros hijos, o que habéis comprado vosotros en un momento de debilidad, que molan muchísimo cuando los ves por primera vez porque todo son luces, colores y música discotequera. Cachivaches que tienen a los churumbeles completamente ensimismados, que casi les salen los ojos de las órbitas y que crees que son una bendición porque les van a tener super entretenidos una larga temporada. Pero pronto descubres que lo mejor que te puede pasar es que se agoten las pilas. Es como cuando entras en una feria con sus atracciones, que así de primeras te llama la atención pero, cuando llevas un rato, quieres largarte de ahí rápidamente.

    Porque ya no eres la que eras. Sí, tú, que aguantabas en la discoteca y en los bares al lado de los bafles durante las horas que hicieran falta y aún así eras capaz de mantener una conversación con tus amigas, ya no puedes tolerar según que sonidos. Que como se te ocurra entrar en tiendas como Bershka, sales de allí despavorida en cuestión de segundos. Por eso, el día que entra ese juguetito en casa, que crees que será maravilloso, que te hace gracia el primer minuto, ese día te acuerdas de toda la familia de la persona que lo ha traído a la vida de tus hijos, y por ende, a la tuya. Porque enseguida se convierte en tu mayor pesadilla y no te quitas la melodía de la cabeza ni para dormir.

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    Menos mal que el helicóptero está en casa de mis padres

    Y entonces, cuando se acaban las pilas, le dices a tu criaturita que, «oh, mala suerte, ya no tenemos más». Por supuesto, si cae la breva y el churumbel, jugando con él, le da un golpe que lo deja en malas condiciones, la cosa «ya no tiene arreglo». Y si puedes dejarlo en casa ajena, pues «no pasa nada, ya lo cogemos otro día». En fin, gente del mundo que lea este post y no tenga hijos, ¡¡cuidadito con los juguetes que compramos o regalamos!! 😉 ¿A que tenéis alguno?

  • Cuatro cosas que hay que conservar de la infancia

    Cuatro cosas que hay que conservar de la infancia

    No sé si es habitual o no atesorar objetos de nuestra niñez muchos años después; el caso es que me puse un día a hacer orden y «redescubrí» las joyas de mi infancia. Ahora sé que hice bien en guardarlas. Y digo que no sé si es lo habitual porque, de verdad, no tengo ni la más remota idea de cuánta gente puede tener en su casa cosas con las que jugaron siendo pequeños, pero quiero creer que casi todos conservaremos algo, por poco que sea. Y desde luego, ahora que soy madre, sé que hay cuatro cosas que hay que guardar, ya no sólo por el recuerdo, sino porque tus hijos los podrán usar décadas más tarde, ¡y eso sí que hace ilusión!

    1.Libros: No conservo muchos de los libros que había en mi casa (Los Cinco, Celia,…). Con la mudanza de mis padres hace pocos años, donamos gran parte de ellos, y los que estaban en mal estado, se tiraron (al contenedor de papel, ¡siempre!). Pero yo me guardo en mi casa varios de los libros con los que más disfruté. Y sé que algunos se volverán a usar.

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    Éste me tuvo completamente enganchada durante años, lleno de personajes y cosas para colocar en las distintas páginas.

    2. Juegos de mesa: por favor, ¡esto nunca se tira! No se pasan de moda jamás y, a ciencia cierta, sabes que los usarás incluso cuando ya no seas un niño y te dé por reunirte con tu familia o amigos. Aparte de los clásicos como el Parchís, La Oca o el Trivial, yo fui una fan absoluta de Scattergories y del Tabú (ya se veía que era de letras).

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    A buen recaudo, para jugar con los peques en unos añitos.

    3. Una muñeca, coche o similares: No hay nada como encontrarte ese Nenuco, Barriguita, Nancy o Baby Feber que tuviste de niña. Yo cometí el error de darlas cuando mis padres se mudaron de casa hace 5 años, pero tenía tres Nenucos en perfecto estado. Estoy convencida de que, cualquier madre que guarde una, se encontrará con que sus hijas tienen interés por ella. Yo, a cambio, conservo una joya: mi casa de muñecas, ¡creo que era el sueño de cualquier niña en mi época! Y la mía además la hizo mi tío Juan, que murió sin terminarla, y la acabó una amiga de mi madre. En cuanto a los niños, sé que uno de mis hermanos conserva algún coche de su infancia y mi padre siempre me cuenta que ojalá tuviese guardado un tren con el que pasaba los días jugando. También incluyo en este grupo los peluches, ¡aún tengo uno!

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    El día que la bajé de un mueble alto donde llevaba una larga temporada sin mirar para ella, Alfonso y Rafa se volvieron locos de la emoción al verla con todos los muebles, muñecos y demás. Pero como es algo que hay que cuidar mucho y ellos aún juegan un poco a lo bruto, decidí vaciarla para que la usen más adelante, si es que luego tienen interés. Espero tener alguna nieta 😉

    4. Cromos: No sé si algún día se volverá a llevar lo de jugar a los cromos, pero yo tengo una colección importante en casa e incluso, jugué en una ocasión con los niños. Y más allá de los cromos de jugar con las palmas de la mano, otro recuerdo que me parece increíble es guardar algunos cromos de los álbumes que un día coleccionamos, incluso el álbum si lo hemos completado. ¿Y qué me decís de encontrarte con los futbolistas de hace 30 años que ahora son entrenadores? ¡Lo más!

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    Algunos de los cromos que conservo.
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    Yo sé que hubierais preferido uno de Julen Guerrero (yo tenía hasta recortes de prensa) pero aquí va Luis Enrique cuando jugaba en el Real Madrid, para los nostálgicos 😉

    Así que ya sabéis, cuando os entre un ataque de ésos de locura para poner orden, recordad que hay cosas que son atemporales y que algún día, vuestros hijos, que ya no serán niños, querrán tener como recuerdo. ¿Conservais cosas de vuestra infancia?, ¿cuál os gustaría recuperar?

  • Jugar en casa

    Una lectora del blog me preguntó hace unos días qué hago para entretener a los peques en casa. Hoy os haré una confesión: es de las cosas más difíciles, por eso vamos al parque prácticamente todos los días. Muchas pensaréis que con dos niños es más sencillo ya que juegan y se entretienen entre ellos. Ya os adelanto que eso depende de la edad de los pequeños. Vamos a ver, ¿qué hace un bebé de catorce meses si ve unos bloques de construcción apilados? Efectivamente, tirarlos abajo. ¿A que ahora me habéis entendido?

    Alfonso está en edad de construir, pintar, montar, apilar… sin embargo, a Rafa le pasa lo contrario, le gusta romper, destruir, quitar, sacar, lanzar… Y así es imposible hacer nada juntos que no sea correr por el pasillo, saltar en la cama o bailar, que también es divertido pero para un rato. El invierno pasado no teníamos ese problema porque Rafa era un bebé de meses que estaba tan feliz en su hamaquita y no estorbaba los movimientos de Alfonso.

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    Así estaba controlado pero en cuanto empezó a gatear se acabó la paz.

    Seguramente, dentro de un año, tampoco tendré ese problema porque Rafa empezará a comprender las normas del juego. Pero mientras tanto, ahí estoy, aguantando estoicamente los cabreos de ambos, uno porque  el otro no le deja coger sus juguetes, y el otro porque cada vez que monta algo de más de diez centímetros de altura es destruido por la bolina.

    ¿Con qué logro entretenerles un rato? Los bloques de construcción son la mejor inversión del mundo. Os diría que a partir de dos años son maravillosos, pero me he dado cuenta que a Rafa también le hacen gracia y alguna vez consigue montar una pieza sobre otra. Seguro que eso les ayuda a mejorar la psicomotricidad, que está muy de moda todo eso últimamente 😉 Dibujar siempre es otra cosa a la que podéis recurrir, bien sobre papel o en pizarras, que les encantan. Para Alfonso sigue siendo complicado porque Rafa ataca rápidamente.

    Los cubos también son geniales a partir de un año. Teníamos unos de cartón numerados que Alfonso usó un montón el invierno pasado. Estos de la foto se los trajeron los Reyes a Rafa y está feliz, porque además meten bolas que bajan a través de los cubos apilados. ¡Todo un acierto!

    A partir de los dos años, los puzles (muy sencillitos) les encantan aunque los acabaréis montando vosotras, eso seguro. Ahora también es inviable en mi salón porque Rafa siente atracción por las piezas, sobre todo si empiezas a unirlas, pero el invierno pasado Alfonso y yo nos pasábamos horas con el “putes”, como él los llamaba.

    Estas Navidades descubrí estas piezas de colores de espuma que sirven para hacer figuritas. Son, más o menos, para usar a partir del año. Con los peques hay que tener cuidado, mi sobrina de cinco meses se metió una a la boca para chupar y le quedó toda la lengua azul, aunque no es tóxico si no colorante alimenticio.

    Podéis intentar ser originales pero no sé cómo acabará la historia. Hace unos días se me ocurrió sacar mis cromos de cuando era pequeña y le expliqué a Alfonso que cada uno tenía que poner en el suelo un cromo boca abajo y después dar con la palma de la mano para intentar darles la vuelta. ¡Madre mía, la que me montó cuando gané uno de los cromos que él había puesto! Así que nunca sabes.

    Si, aún los conservo. Algún día os escribiré sobre cosas que aún tengo de mi infancia.

    Y por supuesto siempre están las manualidades, hay mil cosas que se pueden hacer con plastilina, botellas de agua, pinturas, papel… pero yo ahora con Rafa también estoy muy limitada para esas cosas aunque alguna vez me lío la manta a la cabeza.

    Aprovechando el taller que tiene mi padre en el garaje de casa…

    Me puse a dibujar un dinosaurio sobre el típico trozo como de espuma que viene para embalar muchas cosas.

    Y con un aparto que andaba por allí cuyo nombre desconozco, empecé a cortar… Si alguna está interesada en más datos sobre el proceso, mi padre me saca de dudas y hago un post.

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    Así quedó nuestro dinosaurio.  

    Y el muñeco, que enseguida perdió una pierna.

    Creo que el invierno que viene estaré un poco más liberada y agradeceré tener dos niños seguidos. Por ahora, Alfonso está ejercitando su paciencia y Rafa su bravura. Y yo un poco de las dos cosas. Y vosotras, ¿qué hacéis con los peques en casa?

  • Los mejores juguetes

    Alfonso sólo tiene tres años y la acumulación de juguetes en mi casa empieza a ser preocupante. Nosotros no le hemos comprado demasiados, vamos, en las ocasiones habituales: cumpleaños, Reyes y poco más. Sin embargo, entre abuelos, tíos y alguna de mis amigas, hemos acumulado un auténtico arsenal de objetos para su divertimento.

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    Armarios y baúl, también con juguetes.

    El caso es que, a pesar de tener un poco de todo en casa, hay algunos juguetes que son de uso diario. Es algo parecido a lo que nos pasa con la ropa, que tenemos variedad pero casi siempre “tiramos” de lo mismo. Pues aquí os dejo la lista de los que, para mí, son los juegos a los que más partido les han sacado y le continúan sacando mis hijos:

    1. Proyector musical: este ha sido un verdadero descubrimiento para mí. Cuando tienes un hijo, sueles dormirle en brazos, acunarle… pero cuando tienes el segundo, ya no hay tiempo para tanto, así que descubrí que con este juguete se dormía sólo en su cuna. Desde entonces, Rafa lo usa todas las noches y para la siesta.

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    Rafa tiene el modelo que veis a la derecha, es fácil de quitar y entre las melodías, hay música clásica.

    El aparatito y abrazar a su peluche, todo lo que le hace falta para dormir.

    2. Bloques: Es un juguete con el que se pasan los minutos sin enterarse. Lo bueno es que los hay de gran tamaño, por lo que a partir de los dos años ya pueden entretenerse construyendo torres o lo que haga falta. Además, les ayuda a mejorar la psicomotricidad y les hace ser imaginativos. Para que veáis que a veces me pongo seria. 😉

    3. Alfombra para coches: Ha sido otro gran hallazgo. Es una gran inversión cuando en tu casa hay, al menos, un varón. Teniendo en cuenta que se les acumulan los coches, una alfombra de éstas puede hacer que pasen horas jugando, aparcando…

    4. Juguetes con ruedas: Aquí incluyo motos, coches, patinetes, patines, bicis o sillitas de muñecas dependiendo del sexo, preferencias y edades del niño o niña. Que conste que ya es frecuente ver varones con sillitas de muñecas, aunque suelen ser prestadas, no propias 😉 En cualquier caso, entre todas estas posibilidades, Alfonso tiene debilidad por la moto. Supongo que dentro de poco tocará la bici.

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    El día de su segundo cumpleaños, a Alfonso le regalamos una moto.

    5. Balón o pelota: Nunca falta en una casa, en el patio de un colegio, en los cumpleaños, en la playa… da igual que haya niños que niñas, que sean bebés o adolescentes, la pelota es sinónimo de éxito asegurado. Durante una temporada, para Alfonso fue casi una obsesión.

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     Enseguida se nos echan encima las Navidades y hay que darle al coco para ver qué juguetes no tienen los niños hoy en día. Eso sí, a ellos, ideas no les faltan. Por cierto, os dejo el enlace de Conexión Asturias en el que hablé de todos estos chismes (a partir del minuto 22). Gracias y buen fin de semana.

  • Excursión+cumpleaños= agotada

    Este ha sido uno de esos fines de semana que acabas completamente agotada, en los que deseas meter a los niños en la cama (y cuna) y echarte a dormir durante horas, muchas. En realidad, esa sensación es muy frecuente en las madres, lo que ocurre es que nuestro cuerpo se ha acostumbrado a tal ritmo, que ya ni sentimos ni padecemos. Pero todo hay que decirlo, lo hacemos con mucho gusto.

    Lo cierto es que el sábado no se puede decir que fuese un día duro. Mi marido y yo decidimos que, ahora que ya cerramos la temporada de playa y piscina, los días que no llueva recorreremos Asturias con los niños. Y nuestro primer destino de este otoño ha sido Ribadesella, una localidad costera preciosa y donde se come de maravilla, como en casi toda Asturias.

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    Uno ya no puede pedirles que estén tranquilos durante postres y cafés, así que Peppa Pig en el móvil de mi marido y Cantajuegos en el mío.
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    Y el domingo teníamos pendiente la celebración del cumpleaños de Alfonso. Mi marido se tuvo que ir a Zaragoza por motivos familiares y me tocó a mí lidiar con los dos gordos. Y eso que de la merienda se encargó mi madre y los invitados eran pocos, vamos, sólo familia.

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    Regalos y más regalos, los niños tienen de todo hoy en día.

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    Soplando la vela, bueno, intentándolo.Un gran regalo. Algún día escribiré un post sobre los juguetes más prácticos.

    Y es que hay días en que todo se junta; que si Rafa se despierta de la siesta a los diez minutos y tengo que turnarme con mi hermano para comer, y además tengo que hacerlo a la velocidad de un obús. Que si Alfonso se enrabieta porque no quiere irse de casa de mis padres y después del berrinche se queda sopa en el coche (el adiós a la siesta, posible causa de nuestra crisis) Y tengo que subir a casa dos niños (uno dormido y otro que aún no camina), una sillita y tres bolsas llenas de regalos. Y darles de cenar y bañarles, con accidente “nuclear” en la bañera incluido, ya me entendéis… nunca pasa, hasta que estás sola. Pues todo eso.

  • El día que cambió mi vida

    Es posible que tu vida haya cambiado cuando decidiste irte a vivir a otra ciudad, o cuando dejaste una empresa en la que llevabas muchos años para irte a otra. Lo más seguro es que tú hayas cambiado al conocer a tu media naranja, o al dejarla que se fuera. Todo eso, y algunas cosas más, cambian tu vida. Sin embargo, sólo hay una que la transforma: ser madre.

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    Anoche juntos. Aunque estamos en crisis, en el fondo nos queremos.

    Ayer no celebré el tercer cumpleaños de mi hijo, ayer festejé que hace tres años mi vida dio un giro. Porque creo firmemente que traer un hijo al mundo es casi lo único que cambia tu forma de pensar y da un nuevo orden a tu existencia. Primero él, luego yo.

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    La llegada de esta cosita, tras un parto fácil y con epidural, el 01/10/10 lo cambió todo. 

    Y después de ponerme tan trascendental, me centro en el día de ayer. Tercer cumpleaños de Alfonso y primer día que comía en el cole y tenía clase hasta las cinco de la tarde, mal asunto. ¿La parte positiva? que tenían una fiesta de bienvenida de inicio de curso. Desde luego, en este país lo celebramos todo. Así que fue día de gusanitos y patatitas en el cole, no está mal para celebrar el cumple.

    Y por la tarde, en vez de celebrarlo como buenos padres, fuimos a la fiesta de primer cumpleaños de la hija de una de mis amigas, ¡casualidades de la vida! Obviamente, yo llevé una tarta para Alfonso con su vela. Lo cierto es que nosotros dejamos para el fin de semana las fiestas de cumpleaños y las celebramos en familia (no por mucho tiempo, enseguida tocará invitar a los compañeros de colegio), aunque como mi madre y mis tías viven en la misma finca (que no casa) pues esos festejos incluyen primos y demás. Así que este sábado o domingo ya tenemos plan.

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    Su primer cumple, después de un día de playa a 30 grados.

    El caso es que ayer recordé el primer cumple de Alfonso. Los padres nos empeñamos en hacerlo a lo grande por aquello de que es la primera vez y el primer hijo, pero ellos no se empapan de nada. Y solemos hacer regalos innecesarios o inadecuados para su edad. Véase la siguiente foto.

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    Aún no caminaba y su padre le compró semejante armatoste. Os aseguro que a Rafa, dentro de tres semanas, no le haremos un regalo de esta magnitud. Los segundos es lo que tienen, no me quiero imaginar lo que puede pasar con terceros hijos.

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    Mucho más práctico, y acorde a su edad, el regalo de la abuela.

    Y no quiero ya ni mencionar las celebraciones que se ven por la red… que si catering, que si servicio de decoración… ¿Dónde quedan los tradicionales sándwiches y gusanitos y los globos pegados en la pared? Sólo son niños, no necesitan tantas cosas materiales.

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