Categoría: planes

  • Maratón de planes

    Hemos tenido un fin de semana de esos en los que se acumulan los planes y no dan las horas para todo, tanto es así que apenas he dormido 6 horas cada noche aunque cada uno de los días por muy distintos motivos. Así que estoy agotada y espero recuperar fuerzas hoy lunes. Me gustaría escribir con calma un post sobre uno de los planes que hicimos este fin de semana: ir a la playa. Como alguna vez, cuando he mencionado lo de la playa, me habéis preguntado varias cosas, prometo que esta semana me pongo con este tema, pero hoy no me da la vida para hacerlo de forma completa y resumo un poco en fotos la maratón que tuve este fin de semana.

    El sábado ya estaba en pie antes de las 7 de la mañana para ir a trabajar. Aquí estoy con el doctor que me acompaña en el programa. Si algún día abordamos cosas relacionadas con embarazo y niños, lo trasladaré al blog.
    El sábado ya estaba en pie antes de las 7 de la mañana para ir a trabajar. Aquí estoy con el doctor que me acompaña en el programa. Si algún día abordamos cosas relacionadas con embarazo y niños, lo trasladaré al blog.

    Tras seis horas de grabación subida a unos tacones (creo que ya lo he mencionado alguna vez, cada vez los odio más), tuvimos comida familiar ya que mis padres se van unos días de vacaciones (me quedo temporalmente sin el mejor canguro del mundo: mi padre). Eso sí, lo bueno de comer en casa de los abuelos es que los peques están entretenidos y yo puedo hacer un rato de «tumbing» en el jardín, a mí estos ratos me dan la vida, ya sabéis que entre semana tengo que lidiar sola con las fierecillas.

    Alfonso y Rafa están como locos con su primo Jorge. Y a mí se me cae la baba, aunque os haré una confesión: no soy consciente aún de que en 5 meses habrá un bebé en casa.

    Aprovechando que los abuelos estarán fuera unos días y que van a tener «mono» de nietos, este fin de semana hicieron un «intensivo» y los peques se quedaron en su casa a dormir; nosotros estábamos invitados esa noche a una barbacoa en casa de unos amigos así que aprovechamos para hacer plan de «adultos». Por cierto, después de la cena fuimos a una fiesta de «prao» (con calma explicaré para las no asturianas el concepto de estas fiestas que proliferan por toda Asturias) y definitivamente nos hacemos mayores, subíamos un poco la edad media 😉

    Y el domingo fuimos a la playa; en serio, cada año es menos relajado este plan. Y ni te cuento si has dormido sólo seis horas, aunque esta vez fue por trasnochar.

    Y  como aquí puedes ir a la playa con un día espectacular y salir de ella casi lloviendo, por la tarde se nos puso la nube encima y hubo que abandonar el plan para ir de paseo y a tomar unos gusanitos, no sin antes llenar la casa de arena; y es que da igual que «sacudas» a los peques al salir de la playa. ¿Qué tal el fin de semana?, ¿se os acumulan los planes con el buen tiempo? Definitivamente, mi culpa tener unos hijos asilvestrados, no se puede decir que lleve embarazos muy tranquilos 😉

    Y aquí está mi barriguita, es el embarazo en el que antes me ha salido, ya debo tener el cuerpo amoldado,jaja... Y como no tengo espejo en el ascensor, que está muy de moda, hago la foto en el super espejo del portal de casa ;-)
    Y aquí está mi barriguita, es el embarazo en el que más pronto me ha salido, ya debo tener el cuerpo amoldado,jaja… Y como no tengo espejo en el ascensor, que está muy de moda, hago la foto en el espejo del portal de casa 😉
  • Primer ¿baño? de la temporada

    Me las prometía muy felices cuando Alfonso y Rafa, en sus primeros veranos de vida, eran de los que gateaban media playa para llegar a la orilla del mar y allí podían pasarse horas sin importarles que les revolcase una ola o que el Cantábrico estuviera a menos de 20 grados. Si algo estoy aprendiendo es que los niños tiene etapas para todo y ahora recuerdo que, de pequeña, no me gustaba demasiado la playa, me escondía del sol y pasaba horas seguidas en la piscina. Y ahora soy como un caracol, rayo que veo, saco los brazos al sol; no me baño en el norte más de una decena de veces en todo el verano y adoro la playa.

    Total, que éste era el primer fin de semana que teníamos piscina accesible (y sol, claro) ya que fuimos de casa rural con amigos a Valladolid y mis dos churumbeles fueron los que menos se bañaron. Alfonso estaba muy emocionado con la idea de la piscina y en cuanto vio a los hijos de nuestros amigos ir al agua, allá que fue él. Pero señores, ha salido friolero, como su madre, y tardó unos segundos en salir y darse cuenta de que fuera estaba mucho mejor. Y no volvió a entrar en el agua en todo el fin de semana. Ahí terminó su romance con la piscina, por ahora.

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    Rafa, sin embargo, es de los que ve el agua y no puede contener la emoción, va lanzado. Pero sólo donde controla el asunto, es decir, lo que le gusta es lo de chiscar (salpicar) y mojarse de arriba abajo pero en posición «sofá», vamos, que si se te ocurre cogerle e intentar meterlo entero en la piscina, la hemos liado gorda. Ya no sólo es que llore, es que te agarra de tal manera que te deja hasta marcas en el cuerpo. Ya nos dijo la pediatra a los quince días de vida que tenía una fuerza desproporcionada y no se equivocó.

    Así que todo el miedo que no tuvieron al agua siendo bebés parece que lo tienen ahora. Bien es cierto que Alfonso empieza los veranos muy temeroso pero, poco a poco, se va soltando. Y ahora es cuando me toca mirar cursos de natación para este verano porque en invierno fue imposible en las piscinas municipales de Gijón, siempre están las plazas completas. Tenemos piscina en la urbanización, por lo que no somos socios de ningún club deportivo, ¿alguna sugerencia, madres de Gijón?

    Y ya de paso os cuento que la casa rural donde estuvimos resultó genial; como a veces me preguntáis por los sitios a los que vamos, se llama Finca Puentes Mediana y está en Hornillos de Eresma (Valladolid). No fue fácil encontrar casa para diez adultos y seis niños, y nos reuníamos con gente de Madrid, Valencia y Galicia, así que el punto de encuentro tenía que ser entre Burgos y Valladolid. Creo que acertamos, y más teniendo en cuenta que ya es casi verano. No tuvimos que movernos de allí en todo el fin de semana, y reconozco que así el tiempo cunde más porque no estás pendiente de meterte en un restaurante con tantos niños, no tienes que coger el coche. Vamos, es un plan más tranquilo 😉

    Jardines para jugar, y más teniendo en cuenta que la gran mayoría de peques son varones y ya sabéis que la pelota es un clásico. Que tuviera piscina fue un acierto a estas alturas, y fundamental que estuviera vallada con tanto peque. Gracias a la piscina, no tuvimos que pensar en otro plan.  Aquí un gordo que «robó» la sillita a una amiga, ¡qué afición tienen los críos! La casa tenía restaurante al lado y ofrecían la posibilidad de llevarte comida. Así que el sábado, en el que éramos un montón porque se unían la plan cuatro personas más, pedimos lechazo. Estaba de muerte y mientras comíamos, los niños jugaban o dormían la siesta. Vamos, mejor que en un restaurante. La casa era muy antigua (había una orla de 1875!!!!!!!) pero los espacios enormes. En una cocina así podíamos dar de comer a los peques y a la vez, otros podían cocinar lo de los adultos. Aquí también podéis ver que se trata de una casa antigua, pero a mí poco me importó con esa amplitud.
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    Los dos miedosos en zona segura.

    Ahora parece que, por fin, el verano comienza y no hay marcha atrás así que será cuestión de tiempo que vayan cogiendo confianza. Estoy segura de que en unas semanas no querrán salir del agua. Eso sí, lo que tengo más claro aún es que no voy a poder tomar el sol ni un segundo, hay que estar con mil ojos y no perderles de vista. ¿Cómo es la relación de vuestros peques con el agua?, ¿también han tenido etapas de amor y odio?, ¿algún consejo?

  • Barbacoas… con niños

    Uno de esos planes que indica que el verano está cerca es hacer barbacoas. Vamos, que el período estival debe estar a la vuelta de la esquina porque el fin de semana tuvimos ya dos parrilladas. Lo que no acaba de estabilizarse es el clima 😉 No hace mucho os contaba cómo los planes resultan muy distintos ahora cuando algunos de ellos son los mismos que hacíamos en el pasado.

    Sin niños, el plan de la barbacoa era algo tranquilo, podías dejar una cerveza en cualquier esquina, en el prao, al borde de una piscina; comprabas las carnes más grandes de la carnicería y empezabas a encender las brasas a las dos del mediodía, lo que significaba empezar a comer a las cuatro de la tarde… Así que si os animáis a organizar una barbacoa y vuestra familia ha crecido últimamente, aquí van algunas recomendaciones:

    1. Ya sé que no todo el mundo tiene barbacoa en casa, es más, la mayoría vivimos en pisos así que, con suerte, tenemos campana extractora 😉 Pero oye, que si tenéis la potra de que haya varios amigos o familiares con barbacoas en sus casas, elegid la de obra, es decir, tipo chimenea. Más que nada por la estabilidad, por evitar que un niño le dé un balonazo, un golpe, lo que sea… y acaben las brasas o la carne en el suelo, o el niño en las brasas.

    Un balón igual sí pero aquí es difícil que un niño acabe quemándose gracias a la piedra (en otros casos, ladrillo).

    2. Incluid hamburguesas o perritos calientes en el menú. Las costillas, los chorizos, la panceta y demás están muy bien para los mayores pero si queréis que ellos coman, nada como una buena hamburguesa. Sé que no es comida para darles habitualmente pero de eso se trata cuando haces este tipo de planes, de que sean días especiales, y si nosotros nos permitimos comer más cosas o menos sanas, a ellos tampoco les va a pasar nada. Es obvio que hablo de niños y no de bebés, ¿verdad? Aunque siempre está la opción de poner verduras que, a la brasa, están de muerte.

    3. Si tenéis acceso a una barbacoa cuando queráis, no descartéis este plan para los cumpleaños de los niños. Mi tía lleva tres años haciéndolo en las fiestas de sus tres hijos y los críos alucinan. Cambiar sándwiches por hamburguesas o perritos calientes les parece lo más. Eso sí, tienes que ser rápido porque se lanzan todos a la vez. Maridín, junto a mi tío, son los encargados de este menester en los cumples de mis primos. Ya os comenté en alguna ocasión que mi madre y mis tías comparten jardín, por lo que todos vamos a los eventos de todos 😉

    Y si habéis podido hacer una barbacoa es que tenéis un día para estar al aire libre y un pequeño espacio o jardín para disfrutar con amigos o familiares sin que los niños molesten a otras personas, como puede ocurrir en restaurantes o en la misma playa, así que pocos planes mejor que éste para el verano, ¿no os parece?, ¿algún consejo más que se os ocurra? Por supuesto, mucho cuidado si hay piscina cerca.

  • Planes con niños en Asturias: Cudillero

    Que sepáis que maridín, aunque es maño de nacimiento, ya puede ser declarado 100% asturiano. Si eres capaz de predecir el clima en Asturias, ya te puedes considerar de la tierrina. Para mí, que nací aquí, es fácil saber que cuando en el norte de Galicia hace sol, horas después lucirá Lorenzo aquí. Y si allí llega un temporal, aquí lo tendremos enseguida.

    Amaneció el sábado en Gijón bajo una tromba de agua que me hizo pensar que nuestra única alternativa era ir a un centro comercial, y ya sabéis lo poco que nos gusta. Suerte que a maridín se le iluminó la cabeza y pensó que, si el día iría mejorando poco a poco, lo mejor era «tirar» para el occidente de Asturias, vamos, en dirección Galicia. Vale, puedo ahorrarme todas estas explicaciones, pero sé que muchas de las que me leéis no sois de aquí.

    El sábado elegimos Cudillero, una villa pesquera preciosa que, en los últimos años, se ha convertido en un lugar muy turístico. Imagino que todas las asturianas conocéis este pueblo, de hecho nosotros ya hemos estado varias veces, aunque nunca con los dos peques. Y para las que no sois de aquí, os recomiendo que no olvidéis parar en este pueblo. Por cierto, tenía razón maridín y lucía el sol, hasta pudimos comer al aire libre. Y es que por Asturias la temperatura todavía no nos deja ir a la playa 🙁

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    Una de las cosas más bonitas de Cudillero es la ladera del monte llena de casas de colores

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    No os creáis que fue lo único que hicimos el fin de semana porque llevamos una temporada que no paramos, pero ya me lo reservo para otro post esta semana. ¿Qué tal vosotras? ¡Espero que hayáis disfrutado! Por cierto, ¿conocéis Cudillero?

  • Ley de Murphy

    «Si algo puede salir mal, saldrá mal». Más de una vez habréis escuchado esta frase que, como sabéis, no se trata de ningún principio científico sino una forma graciosa de explicar desdichas varias. No es que esté rodeada yo de calamidades, ni mucho menos. Sencillamente es que, hay veces, que se juntan muchas cosas buenas pero entonces no llegas a todo y te da rabia porque tú sabes que puedes hacerlo todo. Y es que las mujeres en general y las madres en particular no queremos ni sabemos decir que no, hay que estar en todos los sitios, esto es así.

    Si trabajo un día a la semana (99% de los días en viernes) y tengo tres o cuatro eventos sociales al año (que como bien sabéis tiene 365 días), ¿cuántas probabilidades hay de que se junten trabajo y evento la misma jornada si no es un viernes? A priori, ninguna. Pues este sábado estaba invitada a uno de esos acontecimientos que tienes, como mucho, una vez al año. En mi caso, el primero en mi trayectoria como bloguera. Sí, en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo se juntaron este sábado más de 400 blogueras de toda España para hablar de anécdotas, de uso de redes sociales, de fotografía, de bienestar, de negocio… en PuntoMom. Y ese era mi plan para el sábado… hasta el viernes a las tres de la tarde.

    PicsArt_1400443871132 Soy muy terca y si digo que voy a un sitio, aunque me perdiera la mayoría de las charlas, voy. Al menos pude estar un ratito y poner caras a muchas personas a las que sólo conocía a través del mundo 2.0  pero me quedaron tantas pendientes 🙁

    Y digo que me acompañó la Ley de Murphy porque el viernes recibí una llamada de la televisión para preguntarme si podía trabajar el sábado, el mismo sábado del evento. Maridín estaba escuchando la llamada y no daba crédito a la maldita casualidad. Pero no podía decir que no a lo del trabajo. Así que mi sábado fue digno de una chiflada que sale de un sitio para ir al otro un rato, se come un sandwinch doble en 3 minutos (que se convierte en una bola en el estómago porque 4 rebanadas de pan de molde requieren un mínimo de 10 minutos), y vuelve otra vez corriendo a la grabación contando los minutos por si acaso sale a una hora prudente y puede volver al evento. Vamos, mortal; sólo media hora sentada en 10 horas. Entiendo que a diario no se puede estar con semejante estrés.

    Mientras tato, maridín ejercía de padrazo y se iba a la playa con los peques y con todos los bártulos.

    Y como la Ley de Murphy está muy presente este 2014 (recuerdo robo de cartera el mismo día en que decidí ir de rebajas), continuamos. Si cada uno de mis hijos se pone malo unas tres veces al año de media y nosotros dejamos a los enanos en casa de mis padres unas seis noches al año para salir en pareja, ¿cuántas probabilidades hay de que se pongan malos una de las noches que se quedan con los abuelos? En principio, calculo que 1 entre 100. Pues oye, el sábado, después de mi maratón, salimos de cena para celebrar el cumple de maridín y mi madre sufrió las consecuencias de una noche toledana. Resumiendo, fin de semana completo, agotador y con esa sensación de quedarse a medias, ¿os pasa a menudo?, ¿queréis llegar a todo y sois conscientes de que no es posible si queréis conservar la salud? 😉

     

  • Un descubrimiento: parque y playa de Moniello

    Confieso que hay días que me pregunto qué narices hago escribiendo un blog al que tengo que dedicar bastante tiempo: elegir temas sin repetirme demasiado, cómo exponerlos, qué imágenes utilizar… Sin embargo, cuando algunas me agradecéis una idea, una opinión, unas risas o una experiencia, pienso en la suerte que tengo de compartir tantas cosas con vosotras. Pero es que no soy yo la única que interviene en este rincón, vosotras también me dais consejos, me contáis vuestras experiencias y, cómo no, me dais ideas.

    Y precisamente, mi último descubrimiento en Asturias ha sido gracias a una lectora habitual del blog. Y como ha resultado todo un hallazgo para los peques, os cuento el sitio que hemos conocido y porqué nos ha gustado tanto, aunque creo que las fotos hablan por sí solas. Se trata del parque de Moniello, que está a poco más de 20 kilómetros de Gijón. No queríamos irnos muy lejos, ya sabéis que aquí en el norte el tiempo varía bastante y por la tarde se preveía lluvia. Lo increíble es que a veces tenemos al lado sitios que ni sabemos.

    Hay hasta porterías (las hay también grandes) para jugar al fútbol.
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    También hay restaurante donde se puede comer tanto dentro como fuera.

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    Y además con columpios para que los peques estén entretenidos. E insisto, ¡mirad qué vistas!

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    El gordi con mis gafas, ya sabéis lo que les gustan todo tipo de abalorios 😉

    La verdad es que estuvimos tan a gusto en el parque que no bajamos a la playa. Preferí ahorrarme el momento en que Rafa se abalanza sobre cualquier líquido (en este caso el Cantábrico a 14 grados) y el momento en que Alfonso se emociona con el lanzamiento de piedras. Cuantas menos probabilidades haya de terminar accidentados, mejor. Aún así, yo hago bien los deberes así que os dejo un par de fotos de la playa por si os interesa.

    Entre las rocas, cuando baja la marea, quedan piscinas naturales. A mí estas cosas de pequeña me encantaban. Foto de diariodeunchurfer.blogia.com

    Y aquí termina mi habitual «sección» de planes de fin de semana. Las asturianas, ¿conocíais este parque? Igual ahora resulta que la única que no estaba al tanto de su existencia era yo y no he aportado nada nuevo. Por cierto, mañana martes 13 será el último día para participar en el sorteo de un conjunto de baño a elegir. Comprobad si os he dejado algún comentario en el post ya que algunas habéis olvidado compartir el enlace en Facebook de forma pública. Otras habéis dejado el comentario allí en lugar de en el blog.

    Aunque ya lo he puesto en Facebook quizás muchas sólo veáis el blog así que os cuento. Estoy entre las diez finalistas para ser bloguera de una importante tienda de puericultura, la idea es probar cosas de peques para después contar lo que me han parecido. Si creéis que os puedo ser útil en esa labor que ya he hecho para Hero Baby, sólo tenéis que votar mi blog aquí. Gracias!!!!!

  • Viajar con niños: playas de Jávea y Calpe (Alicante)

    Cuando se acaban las vacaciones, vuelvo a casa con dos cosas de más: kilos y estrés. Lo primero me ha pasado toda la vida y en una semana el asunto está solucionado; lo segundo me pasa sólo desde que soy madre. Aún recuerdo cuando volvía a casa tras unos días de descanso con una sensación de sosiego y paz que ya no he vuelto a experimentar en los últimos tres años. Ya se sabe que los niños, en cuanto les sacas de sus rutinas y entorno, se desmadran. En cualquier caso, disfrutamos siempre de nuestro tiempo en familia. Y si acompaña el buen tiempo, mucho mejor.

    La verdad es que este año, por primera vez, la Semana Santa la pasamos en un destino de sol y playa, en Jávea (Alicante). A maridín se le antojó lo de hacer barbacoas y claro, había que tirar más bien para el Sur, en este caso sureste, y eso supuso hacernos 1000 kilómetros de carretera. Eso sí, con parada nocturna en Zaragoza y así hacer el viaje más llevadero. He de decir que los gordis se portaron bastante bien en el trayecto y el DVD ayudó bastante.

     

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    Merendando a nuestra llegada a la casa que alquilamos en Jávea. Cuando nos juntamos con la familia de maridín, lo de ir a hotel sale más caro y con niños es más incómodo.

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    Playa de El Arenal. El primer día hizo mucho viento y por la mañana pasamos un poco de frío; en cuanto paró el aire, niños al agua. Si nosotros llevábamos media casa a cuestas, mi cuñada llevaba la casa completa e incluyó trajes de neopreno. La verdad es que el agua estaba en torno a los 17-18 grados. Vamos, yo ni harta de vino.

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    Lo bueno de esta época es que las playas no están abarrotadas y los niños pueden jugar a la pelota sin molestar a nadie.

    El segundo día fuimos a la playa de Calpe, donde lo más llamativo es el Peñón de Ifach. Al igual que en Jávea, más de la mitad de la población es extranjera, ¡anda que no son listos estos foráneos que vienen a España!

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    Una de las tardes se nubló y fuimos a una zona donde había atracciones. En general, Jávea me parece que es un buen destino para niños y familias.

    Y una vez más, las vacaciones se nos han pasado volando pero reconozco que se agradece un poco el volver a la rutina (madre mía, quién me ha visto y quién me ve). Lo que ya no agradezco tanto es lo de volver a poner abrigo 😉 ¿Qué tal vuestras vacaciones?, ¿de playa, montaña, caseras, religiosas? que conste que este año eché de menos ir a ver alguna procesión, creo que es la primera vez que no voy a ninguna. Otro año será, prometo no volver a hacer tantos kilómetros para cuatro días.

  • Preparando maletas

    La última vez que hicimos las maletas fue en Navidad para irnos a Zaragoza. A mitad de camino me di cuenta de que había olvidado los biberones de los niños. Y señoras, este no es un olvido cualquiera. Explícale a tu suegra que vaya a la farmacia a por bibes con tetinas anatómicas de látex de la talla 2 y orificio grande L. A la mujer la dejé totalmente KO, tanto que la pobre trajo varios tipos de tetinas, que lo importante es que los niños se alimenten como Dios manda.

    Por eso, cada vez que me enfrento al momento «hacer maletas» me entran sudores. Vamos por partes; primero, cachivaches. Hay que saber si el lugar de destino tiene cuna. Hay que decidir si llevar la sillita plegable o la «buena», que ocupa tres veces más. Después, por si acaso, la trona plegable porque si en algún restaurante no tienen, alguno tiene que comer con Rafa encima y no es plan, entre otras cosas, porque es un zampabollos y, si te descuidas, te deja sin comida.

    Después llega el momento de decidir qué ropa llevar. Ahora en Semana Santa esto es un problema, ¿meto abrigo y bañador? Nos vamos a Alicante y digo yo que, a lo mejor, por el día estamos a 25 grados y nos apetece ir a la playa. Pero si salimos a cenar igual nos plantamos en 13 grados. Vamos, que es una de esas épocas en las que mezclas en el equipaje calcetines con playeros tipo victoria y hala, a tirar pa’alante. Y claro, si vas a la costa hay que añadir al equipaje toallas de playa. Creo que el cubo y rastrillo nos los vamos a ahorrar y que compren uno los suegros. Y por supuesto, en la maleta de la ropa, van pañales.

    Creo que Alfonso moriría por una maleta como ésta,jaja…

    Otro asunto, tema alimentación. Lo primero (esta vez ya no me vuelve a pasar) los biberones. Después la leche en polvo y los cereales, agua mineral y meriendas para el primer día porque no sabes en qué momento irás al supermercado cuando llegues. Fundamental también es llevar el Dalsy o Apiretal para cualquier dolor inoportuno. Y galletas en abundancia para el viaje en coche, sobre todo si vas a recorrer dos tercios de la península.

    Y por último, importantísimo: los peluches de turno para que los enanos se duerman, para Rafa es fundamental, nos lo llevamos a casa de mis padres los domingos, con eso lo digo todo. Después hay que meter en la cartera las tarjetas sanitarias porque este sistema de salud que tenemos por comunidades autónomas es de risa y no vaya a ser que no atiendan a tu hijo si pasa algo. Y para el coche, el reproductor de DVD. Y creo que no se me pasa nada. Bueno, y luego maridín tiene que encajarlo todo en el maletero como si de fichas de Tetris se tratara. ¿Cómo lleváis lo de viajar con los peques?, ¿vais cargados como si os fuerais dos meses?

    Que paséis buena Semana Santa; servidora vuelve la próxima semana con más historias que contar y seguramente, menos relajada 😉 porque las vacaciones con niños son para todo menos para descansar. Y gracias por tantas visitas al blog, la semana pasada recibimos nada más y nada menos que 10.000, ¡abrumada es poco! Hasta la vuelta.

  • Piscina, merendero y cumpleaños

    Tenían razón mis padres: en cuanto faltaba alguno de sus cuatro hijos, aquello no era lo mismo. Es como si a Zipi le quitas a Zape, la historia pierde fuerza. Si falta una pieza en un mecanismo, no funciona de la misma manera. Eso sí, a los padres les das un respiro. En cualquier caso, estoy segura de que mi ausencia se notaba menos que la de mis hermanos, sencillamente porque ellos eran más gamberros 😉 El caso es que el sábado Alfonso tuvo un cumple de una compañera de clase así que maridín y yo pasamos una tarde solos con Rafa.

    Aunque nuestro primogénito es un niño bastante bueno, el simple hecho de tener que estar pendientes sólo de un niño en lugar de dos, ya es extraño, vamos, que está «chupao». Y no me entendáis mal las que tenéis sólo un niño; es que una vez que estás acostumbrada a dos, tener que encargarte sólo de uno resulta hasta sencillo, eso sí, cualquiera que tenga cuatro me dirá que tener dos es facilísimo.

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    Tener sólo un hijo al que perseguir, eso es tranquilidad 😉

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    Y ya sé que esta foto aporta poco a un blog de maternidad pero… ¿cuántas veces te sale una foto así?

    Bueno, pues como Alfonso tenía cumple, este fin de semana no salimos de Gijón. Y como aún no hemos conseguido apuntar a la criatura a un curso de natación porque nunca sobran plazas, nos llevamos a los gordis a una piscina municipal por nuestra cuenta. Nos hemos dado cuenta que, desde el verano, ha habido un pequeño retroceso que espero solventemos en cuanto se metan en la piscina unas cuantas veces más. Uno porque no se atrevió a lanzarse al agua desde el bordillo cuando en verano no tenía problema. El otro porque ahora no quiere que le metamos en el agua, sólo quiere estar en zona donde pueda sentar su trasero y chiscar (salpicar).

    Mucho mirar con ganas pero vaya par de miedosos tengo en casa.

    Y como no podemos estar quietos, después de la piscina nos fuimos a comer de merendero. Me imagino que, si aquí en el norte hemos tenido un fin de semana casi veraniego, en el resto de España, más de los mismo. Como el plan del merendero va a ser muy frecuente esta primavera-verano, os iré contando los que vamos viendo, que yo sé que muchas de las que vivís en Gijón tomáis nota. El sábado descubrimos el Camín del Agua, tienen bastantes cosas para los niños y se come muy bien, quizás mejor que en muchos otros merenderos que conocemos. Y de precio igual, vamos, barato.

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    Me imagino que ya sabéis quién cayó rendido después de piscina, comida fuera de casa y tarde de cumpleaños con sus amigos. Eso sí, los demás también caímos desplomados. Si es que no paramos, y menos cuando sale el sol. Se lo decía hoy a maridín, ¿pero qué hacíamos los fines de semana cuando no teníamos hijos? 😉 Y vosotras, ¿desde que sois madres no hacéis el doble de planes? o al revés, ¿pasáis más tiempo en casa?

  • Recuerdos de infancia: El Puntal

    Tener hijos es como volver a ser niña. Y no me refiero en esta ocasión a que pierdas la vergüenza por hacer determinadas cosas con los peques que ya sólo haces delante de otros adultos si vas con alguna copilla de más. No, esta vez sólo insinúo que tener niños te hace recordar muchas de las cosas que viviste en la infancia. Y no sólo es bonito sino que también te das cuenta de cosas que antes se te escapaban.

    Este sábado me vinieron a la mente muchos recuerdos de cuando era pequeña; y todo porque fuimos a uno de esos lugares en el que pasé muchas jornadas con mis padres y mis hermanos: el puerto y la playa de El Puntal, en la ría de Villaviciosa. Es más, una de mis desdichas de infancia es haber pescado un cabracho y que mi padre lo devolviese al mar, aquello me hizo llorar porque yo sólo veía un pez; sin embargo, ahora le encuentro sentido, esos bichos meten miedo de lo feos que son. No le guardo rencor a mi padre por aquello 😉

    Esta foto es de la web eltiempo.es. Como podéis ver, a la izquierda hay un pequeño puerto, en el centro un montón de eucaliptos y justo al otro lado una pequeña playa. Ahora entiendo porqué íbamos tanto de pequeños, mi padre podía pescar y mi madre tomar el sol. Si es que… estaba todo pensado. Y como la playa es muy recogida y está metida en la ría, no hay olas y cubre poco.

    Hay pasarelas de madera para llegar con sillitas.

    La playa, como veis, es pequeña. La pega es que, aunque es de arena fina, hay bastantes piedras.

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    Y después del paseo nos fuimos a comer a Tazones, un pequeño pueblo marinero del que ya os hablé en otro post donde siempre comemos paella de marisco a un precio de escándalo. La verdad es que en El Puntal había un restaurante con terraza con buena pinta pero ya teníamos reservada nuestra paella, otro día probaremos.

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    Alfonso se toma muy en serio su papel de hermano mayor. A veces le dice a Rafa «ten paciencia». Manda narices 😉

    A Rafa lo de ver el mar le vuelve loco. Este verano me va a volver loca él a mí en la playa, voy a poder hacer de todo menos tomar el sol.

    A Alfonso lo que le gusta es lanzar piedras o arena al agua.

    Los domingos tenemos más suerte con el tiempo y luce el sol así que sacamos mucho partido al jardín de mis padres en el que yo también me crié porque era de mis abuelos. Si ya lo digo yo, todo vuelve y todo se repite.

    Carrera de motos con el tío Miguel.

    Pues así seguimos, moviéndonos por Asturias siempre que el tiempo no nos lo impida. Y voy recordando un montón de sitios en los que estuve de pequeña y a los que no estaría regresando de no ser por los peques. Creo que la maternidad agudiza el ingenio y nos hace menos perezosos, ¿o no? Y por cierto, admito sugerencias para los fines de semana.

  • Primera vez en el cine

    No estaba entre nuestros planes, por el momento, llevar a Alfonso al cine pero hay veces que las cosas surgen, sin más. El domingo estábamos en casa de mis padres, mi hermano dijo que iba a llevar a mis primos al cine, mis primos viven en la casa de al lado de mis padres y mi marido dijo que entonces llevaba al niño. Y yo pensé que quizás no era tan pequeño, que en su clase algunos niños ya habían estado en el cine así que lo único que teníamos que perder era unos pocos euros.

    La cuestión es que hoy, por primera vez, escribo un post sobre algo que no he visto. Y lo que aún es peor, sobre algo que me ha contado mi marido, es decir, un hombre. Y no es por nada pero, aunque sean padrazos, lo que viene siendo contar las cosas con todo detalle, pues como que no. Cuando llegaron del cine yo hice un cuestionario como Dios manda: ¿y qué hacía el niño?, ¿qué le pareció la película?, ¿lo veías cansado?, ¿qué merendó? y unas cuantas preguntas más. Luego llegó el turno de consultas al niño y no pude sacar mucha más información salvo que había un perro que se llamaba «Pi-no me acuerdo» (Peabody) y Selma (Sherman). Bueno, y que comió gusanitos, eso siempre es todo un acontecimiento.

    Eso sí, pedí envío de fotografías durante el evento y la verdad es que se le ve concentrado.

    Dicho esto y tras el interrogatorio, llegué a la conclusión de que quizás, la primera vez en el cine, tiene que ser cuando ya han cumplido 4 años. Alfonso aún no tiene tres y medio y a estas edades todavía se nota muchísimo la diferencia de medio año, espabilan mes a mes. Creo que también es importante elegir bien la película, no es que en este caso eligiéramos mal el film en sí (Las aventuras de Peabody y Sherman) si no que él no conocía esos personajes, nunca había oído hablar de ellos. Vamos, que si existiera película de Peppa Pig, el niño se habría metido más en la historia.

    Y otra tercera cuestión a tener en cuenta es si son dormilones o no para seleccionar bien la hora. Alfonso no se durmió pero maridín me dijo que hubo algún momento en que Morfeo parecía rondar al niño. Así que para la próxima, que yo creo que ya será el próximo otoño o en Navidad, se habrá echado una buena siesta. Y me imagino que es un plan no recomendable para «hiperactivos», ¿alguna ha tenido que salir de la sala con el niño?, ¿cuándo llevasteis a vuestros peques por primera vez al cine?

    Por cierto, estoy sorteando entradas para Tatolandia a través de Facebook, aquí.

     

  • En la playa de Gulpiyuri

    Que sepáis que yo ya me puedo morir tranquila, quería conocer la playa de Gulpiyuri y ya lo he hecho. Aunque pensándolo bien, aún quiero visitar unos cuantos sitios más y, a poder ser, ir de madrina a las bodas de mis hijos 😉 así que por ahora me quedo dando la lata. El caso es que, después de dos meses sin apenas ver el sol, la idea de ir a la playa me parecía la más tentadora para un fin de semana con temperaturas veraniegas. Que nadie se piense que iba con idea de bañarme en el Cantábrico que para eso yo necesito que la mayoría del género humano esté desintegrándose.

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    Como veis, no es un playa cualquiera; está situada tierra adentro, entre praos y rocas, y no se ve el mar (tal y como lo hacemos habitualmente) si no que se ve como un charco, más o menos grande dependiendo de las mareas. Nosotros fuimos con la marea bastante baja, por lo que darse un baño hubiera sido difícil. Sin embargo, si la marea está alta, es un sitio perfecto para que se bañen los niños porque apenas hay olas y no cubre mucho.

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    El coche se deja a unos 200 metros de la playa, si tenéis niños o bebés que usen sillita lo mejor es que llevéis una que pese poco y se pliegue fácilmente ya que hay una parte del camino un poco rocosa (aunque conseguimos pasar la silla) y para bajar del prao a la playa el espacio es bastante estrecho. Vamos, que maridín decidió que volvía al coche a dejar la silla porque sabíamos que Rafa no iba a dormir hasta la tarde y el trayecto de la playa al coche era más corto de lo que pensábamos.

    Esta foto, la de abajo y otras tantas más las tenéis en la web www.playagulpiyuri.com . Os las pongo por si decidís ir en verano para que veáis que con marea alta no cubre mucho.

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    Tened también en cuenta que en esta playa, al estar protegida, no da el aire. Vamos, que es mejor no ir en días de mucho calor.

    Y después de pasar la mañana en la playa, fuimos en busca de un merendero por la zona de Llanes, lo cual no resultó tarea sencilla. Desde aquí, si alguien conoce alguno, que me informe, estaré tremendamente agradecida. Y es que, con el día que teníamos, nos negábamos a meternos en un restaurante. Al final, encontramos restaurante pero con zona de merendero a pie de playa. Vamos, un lujo. La pena es que los últimos temporales nos han dejado las playas con menos arena 🙁

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    Y la tarde la pasamos también en la playa, en la de Toró. Cada día lo tengo más claro, las playas de Llanes son las más bonitas.

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    Disfrutando al aire libre, no se me ocurre nada mejor para los niños.

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    Lo reconozco, un día de sol me da mucha energía.

    Por cierto, sigue en marcha hasta el miércoles nuestro sorteo especial Día del Padre de un set de camisetas para papá y niño de Niazulito Nirosita. Podéis participar pinchando en la foto.

    Os dejo la lista de las que participáis en el sorteo hasta el momento (domingo 9 de marzo). Recordad que si no estáis en la lista es posible que no hayáis compartido nuestro enlace de forma PÚBLICA en Facebook.

    María González Bueno

    Cova Quirós

    Natalia Norniella Areces

    Mariangeles Orcajada

    Planeando Ser Padres

    Esperanza Gimeno

    Mari Ángeles Domingo

    Nathalia Philipp

    Sofía Gutiérrez Álvarez

    María Malandi

    David González Montes

    Florencia AR

    Alicia Moreno Quintana

    Olaya Lobera Suárez

    Cris Fernández Martins

    Tatiana Monteserín

    Sandra Uky

    Alejandra Quijnard

    Ángela del Valle

    Raquel Hidalgo

    Beatriz Pérez Morán

    Graciela Granado Coto

    Cristina SD (Sánchez)

    Noelia Devesa

    Penélope Fernández Riesgo

    María Lourdes Prendes

    Natalia Cuello Fanjul

    Pendientes de compartir:

    Silvia Linares

    Raquel Fernández Areces

    Rocío Alonso Álvarez

    Conchi Díaz

    Marta Morales

    Patricia Blázquez

    Virginia Nespereira

    Eli Prieto

     

  • Carnaval frustrado

    Confieso que, en los últimos años, me importaba poco si llovía o no en Carnaval porque lo de disfrazarme hace tiempo que dejó de parecerme divertido aunque, con esto de ser madre, nunca se sabe si algún día volveré por antiguos derroteros. Y es que hubo un tiempo en que disfrazarme me parecía de lo más entretenido y era capaz de enmascararme varios días seguidos. Aclaro que en Gijón siempre ha sido fiesta el martes de Carnaval, lo que implica estar sin cole cuatro días.

    Oye, pero no falla. Aunque hayamos estado a veinte grados unos días antes, el Carnaval siempre va acompañado de lluvia o frío. Y este año ha sido más que lluvia, hemos tenido aguacero pero además a lo grande, por todos lados… vamos, hasta el mar nos ha invadido. Comparto este vídeo para que os hagáis una idea.

    El caso es que nosotros, como buenos padres, pusimos empeño, que por lo visto es lo que cuenta. A las seis de la tarde del lunes caía «la del calamar» y decidimos no ir al desfile de carrozas. Media hora después vimos unos claros en el cielo y rápidamente disfracé a los niños. Pero en eso se quedó nuestro Carnaval, en un intento frustrado. Minutos más tarde, se suspendía el desfile y en casa tenía a un pirata, un pingüino y a Pooh. El pirata era maridín.

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    Menos mal que con el asunto de los disfraces no me complico demasiado, como bien podéis ver en la foto. Hace una semana fui con Alfonso a casa de mi tía, que tiene niños y armarios (este punto es importante), y allí desplegamos el arsenal de disfraces que guarda. Yo lo vi claro, un precioso traje de caballero con su maravillosa capa y un escudo con cruz caballeresca pero… ¡nada! El crío vio ese disfraz de Winnie the Pooh, más parecido al Chapulin Colorado o a un Teletubbie, y lo tuvo cristalino. Y de esa guisa fue al cole el viernes (tenían fiesta con churros y chocolate) mientras otros iban de Spiderman o Hulk. Ya os lo digo, estará en todos los fregaos pero a cándido e ingenuo no le gana nadie.

    Y poco más que contar de un fin de semana lluvioso y desapacible. Caí en la garras de un centro comercial pero es que los niños tenían cuatro días de fiesta y fue inevitable. Eso sí, hice un rastreo de ropa veraniega para los peques que os contaré en otro post. Y ayer que fue fiesta y llovió menos, nos animamos a comer fuera de casa. Y vosotros, ¿habéis podido disfrutar un poco del Carnaval con los peques?

    En el Que Me Das de Gijón, donde se come genial y hay sitio para los peques.

    Y breve paseo por el puerto en uno de los pocos ratos en los que no llovió.

  • De Comadres entre madres

    Comadrear : contar indiscretamente algo privado de otra persona. En otras palabras, chismorrear, cotillear, murmurar… Lo sé, os tengo un poco desconcertadas, sobre todo a las que nos sois asturianas. Os pongo en situación: jueves noche, Alfonso ya dormido, Rafa con su padre en el salón y yo pintándome el ojo, el labio y apañando malamente la melena porque los jueves no me toca lavarla y para eso soy yo muy cuadriculada.

    A las nueve y cuarto me espera en el portal de casa la madre de una compañera de cole de Alfonso (sí, habéis leído bien). Nos vamos de cena y sólo están permitidas las mujeres, entre las que se incluye una embarazada de siete meses. En Asturias y, por lo visto, en Bolivia (de qué cosas se entera una gracias a Wikipedia) celebramos “Las Comadres”, que se festeja el jueves anterior al martes de Carnaval y que consiste en la reunión de grupos de mujeres para cenar, bailar, hablar y pasarlo bien. Dicho esto, ahora ya podéis haceros cargo de la situación. Que conste que para mí era mi Bautismo como Comadre y nunca hubiera imaginado que iba a ser entre madres de los compañeros del cole de mi hijo. Pero oye, surgió el plan y no se puede una quedar en casa.

    Y claro, la cosa acaba desmadrándose sí o sí porque, según entras al restaurante, te encuentras con una mesa de más de 30 mujeres que te doblan la edad (como diría mi padre de forma cariñosa: “muyeronas”) de las cuales, dos o tres te reciben a grito pelao y tienen más ganas de marcha que cualquier veinteañera. Sorprendentemente, durante la cena hablamos poco de niños aunque confieso que hubo momento “mi parto fue así o asá”. Lo bueno es que algunas nos conocemos desde hace años porque fuimos al mismo colegio aunque, al ser la peque del grupo, no coincidí en clase con ninguna. En fin, que me estoy deteniendo en explicaciones banales que no conducen a ningún lado.

    Finalizada la cena, empieza el baile. Yo con esta parte no contaba, creí que el asunto era cenar y buscar un bar para tomar una copichuela pero oye, mucho mejor tener el DJ al lado de la mesa. Las señoras ya estaban moviendo el esqueleto en cuanto sonó la primera canción y nosotras optamos por formar parte de la fiesta. Allí estábamos, compartiendo pista de baile con mujeres más mayores que mi madre pero con una marcha que ya la quisiera yo a esa edad. Dos de ellas eran incombustibles, lo mismo se animaban con Rafaella Carrá que con el Gangnam Style, verlo para creerlo.

    Yo estoy a la derecha y las incombustibles a mi izquierda y debajo, ¡soy fan! Además, no tuvieron problemas para posar para el blog. Y como una de ellas se dedica a adivinar el futuro, qué menos que preguntarle si voy a tener una hija algún día. Conversaciones de noche con una copa 😉

    Yo no me reía tantísimo (de dolor de barriga) desde hacía tiempo. Al final, el Dj tuvo que echarnos. Sí, a unas madres que al día siguiente estábamos con el ojo abierto a las ocho de la mañana para disfrazar y pintar la cara a los pequeñajos para su fiesta de Carnaval del cole. Pero os digo una cosa: sarna con gusto no pica. ¡Y lo bien que sienta una noche así de vez en cuando! Al final, en los próximos años voy a ir a más fiestas con ellas que con muchas de mis amigas, eso sí, parrandas con gusanitos. Y vosotras, ¿tenéis relación con las mamás de los compañeros de vuestros hijos?

  • Excursión a los Bufones de Pría

    Lo prometido es deuda. Ya sabéis que el sábado fue un día muy triste y mi mente estaba paralizada pero los niños no entienden de desdichas así que hicimos un plan que teníamos en mente desde hace semanas. Sólo estábamos esperando a que el tiempo acompañase, ¡y vaya si lo hizo! Tuvimos un fin de semana totalmente primaveral, así que el plan resultó perfecto. Además, se apuntaron unos amigos de Oviedo con sus peques y Alfonso estaba feliz.

    Tanto si sois de Asturias como si nos hacéis una visita, hay un lugar que tenéis que conocer, ¡es casi obligatorio! Que conste que yo, a estas alturas de mi vida, aún no había visto los Bufones de Pría, en Llanes. Los bufones son grietas (para los niños, agujeros) en las rocas de un acantilado por las que las olas del mar empujan el agua con mucha fuerza, formando en la superficie surtidores (para los niños, chorros) de agua pulverizada visibles desde el exterior. El espectáculo es impresionante.

    El del guaiiiiiiiaaaaiiiii es Alfonso, a expresivo no le gana nadie 😉

    Ahora os cuento cosas a tener en cuenta. Nos dijeron que lo ideal era ir a las horas en la que la marea está alta. Nosotros lo miramos en internet dos días antes y vimos que, ni de guasa, podíamos verlo en semejante momento porque la pleamar era a las 9 de la mañana y a las 9 de la noche. Pero claro, que te salga un buen día y que la hora de la pleamar te venga bien, ya era mucho pedir. Como pudisteis ver en el vídeo, con la marea baja, pero baja del todo, vimos semejante espectáculo.

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    En la foto nos acompaña Chucu, la mascota de la clase de Alfonso, que pasa cada fin de semana con un compañero distinto.

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    Las vistas son espectaculares. Como es obvio, hay que tener cuidado con los niños.

    Más cosas a tener en cuenta y con las que no contábamos. Vamos, ni nos podíamos imaginar que, de tanto llover el último mes, nos íbamos a encontrar obstáculos por el camino. Bueno, más que obstáculos, casi lagunas.

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    Primeros charcos que pudimos superar metiéndonos por el prao. 

    He aquí el «gran charco», más bien ciénaga. Setos por un lado, rocas por otro.

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    Hubo que sacar a los más pequeños de las sillitas, llevarlos en brazos hasta zona segura donde esperábamos las mamás mientras los papás volvían nuevamente a por las sillas vacías para llevarlas también en brazos.

    Tampoco ayudó en la aventura el que haya varios caminos. El paseo que se preveía de quince o veinte minutos resultó ser de una hora porque fuimos por donde no teníamos que ir y hubo que desandar lo andado. Pero bueno, al menos hicimos deporte. Eso sí, cuando estábamos a unos metros del acantilado vimos que había sitio para los coches, aunque con los charcos no tengo muy claro que hubiéramos podido pasar y la idea era caminar un rato. Lo que me sorprendió es que Alfonso lo aguantase tan bien, aunque creo que ayudó mucho el ir con Pablo, un año mayor que él.

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    Por el camino te encuentras maravillas como ésta, la playa de Guadamía. 

    Y de vuelta al coche, después de tanto esfuerzo, nos encontramos ¡¡¡¡un merendero!!!! Ya sabéis que soy fan de los merenderos y como la temperatura rondaba los 20 grados, no lo dudamos y decidimos comer al aire libre en pleno febrero. Los niños comen tranquilamente sin molestar a nadie, juegan con el balón… y todo mientras los adultos comemos y charlamos.

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    Además, estaba todo buenísimo: cachopo, croquetas, escalopines, pollo al ajillo… son platos que les encantan. Y a diez euros por persona (los más peques llevaban purés), ¡cómo no voy a ser una entusiasta de los merenderos!

    Con el post de hoy espero haberos dado una idea para algún fin de semana. La verdad es que nos encantó la excursión y comimos genial, y los críos lo pasaron como los indios. Por desgracia, yo tenía la cabeza en otro sitio pero repetiremos el plan en otra ocasión.

  • Ejercicio y niños, ¿incompatible?

    La semana pasada vi a través de Facebook un cartel en el que aparecían juntas las palabras ejercicio y bebés. Me tuve que parar a leer detenidamente porque no daba crédito. Después me entraron dudas y pensé: ¿se considera bebé a un niño que camina? Este asunto nos puede dar para debatir en otro post pero hoy me centro en lo del ejercicio. El caso es que escribí a un mail que venía en el cartel y me dijeron que se podía ir a clases con niños de hasta 4 años. Vamos, podría ir con los dos churumbeles si quisiera, aunque desde luego, no es mi intención.

    Ya sabéis que yo para esto de hacer deporte he nacido vaga, juro que he hecho mis intentos pero la pereza y el aburrimiento pueden conmigo; desde que empezó 2014 salgo algún día a correr cuando los niños se acuestan pero, para qué engañaros, no soy nada constante y sólo estamos en febrero así que, a este paso, mi propósito de año nuevo va a durar lo mismo que un caramelo en un colegio. El caso es que ayer probé una clase gratuita de Mamifit, por aquello de que soy perfectamente consciente de que hacer deporte es sano y además mi trasero seguro que lo agradece.

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    Mirad la cara de susto de Rafa. Y yo sin comentarios porque el tema chándal lo encuentro muy poco favorecedor.

    Y ahora me centro en la experiencia de la clase de ayer. Estábamos seis madres con seis niños, tres de ellos eran mayores, los otros dos más o menos de la edad de Rafa. El peque en su línea, si no conoce a la gente, se pega a mis piernas y no echa ni media sonrisa, éste nos ha salido vergonzoso, lo cual me sorprende teniendo en cuenta que la timidez no es precisamente lo que nos caracteriza a sus progenitores. Es más, durante algunos minutos de la clase el resto de niños socializaron un poco, Rafa pasaba “tres pueblos”. Eso sí, más pancho y tranquilo que ninguno, sentado cerca de mí, con cara de asombro mientras las madres nos movíamos y más alucinado aún cuando le cogía para hacer alguno de los ejercicios.

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    Imaginaos la cara de Rafa en este momento. La mía tampoco tiene desperdicio. 

    Luego está el momento en que tienes que hacer algún ejercicio de brazos con el crío. Como algunos andaban por ahí entretenidos, Rafa incluido, cambiamos niños por mancuernas. Sinceramente, mucho mejor un par de kilos que mover los brazos con los doce kilazos de Rafa. La verdad es que la clase estuvo bastante bien pero es sólo un día a la semana y me parece poco si de verdad quieres mejorar tu forma física. Y a vosotras, ¿qué os parece la idea?, ¿hacéis algo de deporte desde que sois madres?

  • ¿De qué hablamos cuando no están los niños?

    En el post del lunes os dije que lo del plan romántico merecía un capítulo aparte así que ¡vamos a ello! No penséis que en nuestra salida nocturna tuvimos algún percance o anécdota digna de ser contada, el hecho de que fuésemos a cenar en pareja ya es, en sí mismo, bastante insólito porque la última vez que salimos sin niños fue en verano. Como veis, ya llovió desde entonces… nunca mejor dicho.

    La verdad es que estos planes en pareja sirven para desconectar un poco y para relajarse “un mucho”. Entrar en cualquier local sin tener que indagar si entra o no la sillita o si hay demasiados enseres a mano susceptibles de rotura, ya es como para estar más que sosegados. Sin embargo, desconectar ya es más difícil; lo conseguimos un rato pero los churumbeles acaban apareciendo, inevitablemente, en nuestras conversaciones.

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    Es cierto que charlamos un rato de nuestros trabajos o proyectos y nos “cabreamos” con algún que otro tema de actualidad, al fin y al cabo es necesario hablar de algo que no sean los críos. Pero al final, sin quererlo, la conversación termina en lo gracioso que es Rafa cuando le da por caminar hacia atrás, o en lo bien que se está portando Alfonso en el cole desde la famosa tutoría. Y eso que, cuando aún son pequeños, se trata de cosas sin demasiada importancia; veremos dentro de unos años cómo los asuntos de los muchachos ya son menos triviales y, por supuesto, menos graciosos.

    Sinceramente, creo que no se trata de una cosa que nos pase sólo a los padres que tenemos niños pequeños si no a todos los progenitores. Da igual que tengamos 30 o 60 años, da igual que nuestros hijos sean bebés, adolescentes o peinen canas. Apuesto a que mis padres y los vuestros, cuando están solos, hablan de nosotras un buen rato, ¿no os parece? Vale, también hablan un montón de sus nietos 😉

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