Sí, esto va por ti, que gritas en los partidos de tu hijo de 8 años. No para animar sino para quejarte o insultar a quien se tercie.
Va por ti, que hablas mal de otros niños solo porque juegan en el equipo contrario. Que te alteras y das voces al árbitro.
Que te enfureces porque en el equipo de tu hijo alguien falla un gol. O que das una patada al aire o un golpe en la pared cuando lo marcan los del equipo contrario.
A ti, padre, que te tomas muy en serio el fútbol. Sí, eso que es solo un deporte, un hobby, un entretenimiento con el que tu hijo no gana dinero y que, aunque te cueste entenderlo, probablemente no lo ganará. Y no pasa nada, él lo hace por diversión, aún no sabe nada sobre economía.
A ti, que crees que se os va la vida en esto y que imaginas a tu hijo marcando goles en un campo de primera división. Sí, imaginar está muy bien pero recuerda que infancia solo hay una.
A ti, que agobias y presionas a tu hijo en cada partido. Déjale que disfrute, es solo un juego, no dejes ni hagas que acabe dándole más importancia de la que tiene.
A ti, padre, que insultas al árbitro, a los entrenadores y a los niños. Cállate si no sabes disfrutar o ahórrate el partido.
El fin de semana pasado, en la competición en la que juega mi hijo mediano, en Gijón, un partido tuvo que ser suspendido por el árbitro por culpa de algunos padres que invadieron la pista e hicieron llorar a más de un niño. Sí, una competición de niños de ¡¡5 años!! Es curioso, justo un día antes, en Stories de Instagram, os contaba entre risas cómo estaba siendo el partido de Rafa y sus compañeros. Sí, un encuentro de niños de 4 años que, a veces, se quedan dormidos en el coche cuando los llevas a un campo que está lejos de casa. Un partido de críos de 4 años en el que los entrenadores tienen que entrar al campo muchas veces para colocarles en su posición, en el que lloran si se caen al suelo, en el que se meten goles en propia puerta. Son solo niños, que juegan porque lo hacen sus amigos o porque les gusta, nada más, no tienen más pretensiones, hasta que los adultos se meten en medio. Es muy sencillo, ¡dejad que los niños jueguen, hagan equipo y se diviertan!

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