¿Quién dijo que era fácil? Nadie puede negar que detrás de cualquier esfuerzo, físico o mental, hay sacrificio. Mucho. Por eso, cuando llegan los resultados, se disfruta más si antes ha costado sudor y lágrimas. Así ha sido siempre. Pero no olvides que todo está en la cabeza. Es cierto que no todos podemos aspirar a determinadas cosas, no pretendería jamás ser gimnasta dada mi poca flexibilidad, pero objetivamente, si la trabajase sería infinitamente mejor de la que tengo. Así que… ¿por qué ponerme obstáculos a mi misma?
–Visualiza los beneficios: creéte de verdad que eso te va a hacer mucho bien y que te reportará beneficios, sean de salud o sean físicos. Convéncete de que tu salud te lo agradecerá y que estás haciendo algo bueno.
–Mira tu cuerpo y piensa en aquello que te gustaría mejorar: la estética no debe ser el motivo único que te empuje a moverte pero ¿qué hay de malo en querer verte mejor? Muchas veces pensamos que nos gustaría tener menos culo, o menos barriga, o estar más tonificadas o mejorar nuestra celulitis… Convéncete de que el ejercicio hará que te veas mejor.
–Invita a alguien de tu familia o de tus amigos a que se unan: a veces, la compañía es lo que necesitamos para dar ese empujón. Si tienes alguien con quien correr o jugar un partido de algo, es mucho más fácil. O apúntate a clases de algún deporte si eso hace que tiren de ti.
– Convéncete de que puedes hacerlo: yo sé que cuesta. Os prometo que yo no daba un duro hace año y medio porque mi vena deportiva fuese a durar más de 2-3 meses. Y vamos, mucho menos podía imaginar que yo, sí, yo, la vaga, fuese a hacer medias maratones. Os hubiera dicho que era una broma. Esto de «autoconvencerse» es un proceso que lleva un tiempo, hasta que pasan unos días y ves que has mejorado mucho con respecto al día que empezaste. Ahí empiezas a convencerte de lo que eres capaz de hacer.
–Abstráete de la lluvia, el frío, el calor: piensa que son excusas que podríamos poner para todo, para salir de casa, para ir a trabajar, para llevar a los niños al cole. Pero cuando sabes que no queda otra, lo haces. Así que piensa que… no queda otra.
– Tómate tu momento Rocky Balboa: mira que no me gusta nada esa película pero oye, si necesitas concentrarte, ponte algo de música motivadora e imagina. A mí ahora me va Bonnie Tyler. Sueña con entrar en meta. Cuando preparaba mi primera media maratón y llevaba diez kilómetros en mis pies y tenía que seguir otros tantos, me imaginaba llegando al arco de meta con mis hijos, y entonces me venía arriba.
– Date un premio de vez en cuando: contra, ¡¡qué menos!! Si un día no te ves capaz, piensa en algo que de verdad te apetece y hazte la promesa de cumplirla o hacerla después. Unas onzas de chocolate, una cervecita, un baño caliente…
– Compra ropa deportiva que te guste: vale, al principio, igual no quieres hacer un desembolso por si la cosa no prospera pero…¿has pensado que, quizás, si te has gastado el dinero en unas mallas monas, debes amortizarlas?
– Apúntate a una carrera: este es un consejo que os doy para todo, para empezar a correr, para vencer la pereza y para lo que queráis: Tener un objetivo os ayudará a no decaer.
– Corre por un sitio bonito: si puedes, claro. Recuerdo la única vez que corrí en un polígono industrial y fue duro. Reconozco tener mucha suerte con la ciudad en la que vivo. Gijón tiene más de tres millones de metros cuadrados de zonas verdes, playa, puerto y muchísimas instalaciones deportivas. Este año, Gijón es Ciudad Europea del Deporte, con eso ya os digo todo. El caso es que, en todas las ciudades tienes sitios bonitos a los que ir y, si te pilla lejos, ya sabes, vas corriendo y ves la zona, ¿no?
Y dicho esto, aquí va un vídeo con el proceso porque, aunque no lo creáis, el 80% de los días, a mí también me da pereza arrancar pero sé, a ciencia cierta, que después me quedaré en lo gloria. Y sin vergüenza ninguna y pelos de loca, ¡vamos allá!

Deja una respuesta