Lo prometido es deuda y paso a narrar muy brevemente (cuando escribo esto son las 12 de la noche de un domingo posterior a un sábado en el que dormí 4 horas) nuestro primer enlace como familia numerosa. Somos ya unos expertos en estos menesteres, oigan; ahora ya llegamos, incluso, antes que el novio. La clave: planificación y control de tiempos. Ya conté en el blog hace casi dos años que llegamos muy justitos a la boda de mi hermano, era la primera vez que íbamos de sarao con niños. Desde entonces, hemos mejorado mucho. Y eso que servidora, si puede, se peina a sí misma.
Dicho esto, tengo que decir que, salvo algún momento puntual en la misa, los niños se portaron muy bien y Alfonso y Rafa cumplieron su labor de pajes, que no siempre es fácil; de hecho, una de mis sobrinas dijo que tararí llegado el momento. Luego tuvimos la suerte de que había niñeras en la boda, porque iban bastantes peques, y eso nos permitió cenar tranquilos. Y si a eso le sumas que mis padres estaban invitados al bodorrio y que no trasnochan, pues más fácil aún porque, después de la cena, se llevaron a los niños al hotel y durmieron con ellos. Así que, digamos, la noche fue joven y bailé La Gozadera como si no hubiera un mañana. Eaaa, paso a las fotos que sé que, para estos temas, lo de contar el rollo es lo de menos.







Y hasta aquí las fotos, no hice muchas porque Alfonso está en esa fase en la que no quiere que se las haga y pone morros (esta pre-adolescencia me va a matar) 😉 Y esta semana tengo muchos contenidos, ¡de todo tipo!

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