Etiqueta: niños

  • Viajar con niños: preparar las vacaciones

    Es posible que muchas de vosotras estéis ya planificando las vacaciones de verano con los niños. A muchas madres os tocará ser copilotos en el coche, y eso implica muchas labores cuando van fierecillas en el automóvil. Eso sí, cuanto más pequeños son los críos, más tiempo duermen y eso siempre es una ayuda. Como contrapartida, los más bebés siempre requieren llevar más trastos encima.

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    Primer viaje de Alfonso en coche con menos de dos meses de vida. El destino fue Madrid y se pasó más de la mitad del trayecto durmiendo.

    Si os toca hacer un viaje de muchas horas, os recomiendo que os hagáis con un DVD portátil. Sino soléis desplazaros con frecuencia, pedídselo prestado a amigos o familiares, y si por el contrario, pensáis viajar a menudo, creo que es un dinero muy bien invertido. Tened en cuenta que es algo que van a usar hasta que sean adolescentes, siempre que el aparato dure. Nosotros es lo primero que apuntamos en nuestra lista antes de viajar.

    Si vuestra idea es tener más de un hijo, muchas marcas regalan el segundo o tienen un precio parecido al individual. Nosotros cogimos ya el doble en su momento porque teníamos claro que queríamos tener varios niños. La pega es que los dos peques tienen que ver los mismos dibujos o película, sé que dentro de un tiempo habrá discusiones en mi coche.

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    Además, os servirá para otros momentos. En la primera foto, el primer viaje de Alfonso en avión. En la segunda, dentro de la cuna en un hotel.

    Llevad a mano, y no en el maletero, una bolsa en la que tengáis todo aquello que os hará falta durante el viaje: pañales, toallitas, comida, merienda, agua, galletas para picar en el trayecto, baberos…

    En cuanto al maletero, seguramente lo llevaréis a tope. Si tenéis un bebé y tiene más de cuatro meses (es decir, ya no usa capazo), os aconsejo que os olvidéis, si es posible, de la silla habitual (tipo Bugaboo, Bebécar, etc…) y que llevéis la típica silla plegable (tipo MacLaren) porque os ahorraréis muchísimo espacio. Y llevad siempre una manta en el saco de la silla, por los aires acondicionados o porque, depende de vuestro destino, por las tardes «refresca».

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    Alfonso durmiendo en la típica silla MacLaren en La Alhambra de Granada. La utilizamos sólo para viajes, llevar a la playa…

    Y aparte de ropa y neceser con todas las cosas que necesitan los niños, también es posible que necesitéis cuna de viaje. Está bien tener (no es imprescindible) trona plegable para las comidas en restaurantes y mochila para llevar al bebé si tenéis pensado hacer turismo. De lo que no os podéis olvidar es del Dalsy o Apiretal y de la cartilla de salud (a mí se me ha olvidado más de una vez) porque ya se sabe que los niños se ponen enfermos en momentos poco oportunos. ¡Ah! Y jamás olvidéis el peluche con el que duermen, ¡menudo disgusto!

  • Fin de semana rural

    Nunca he estado muy de acuerdo con eso de que por amor se hacen tonterías. Bueno, siempre y cuando no consideréis amor, sino enamoramiento lo de adorar a Julen Guerrero. En realidad, por amor de verdad lo que se hacen son sacrificios, y sino ¿por qué iba yo a pasarme la mitad de las Navidades en Zaragoza con una familia que no es la mía?

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    Sí, lo tengo que reconocer, Julen y Bon Jovi han sido mis dos grades amores frustrados. 😉

    El caso es que este fin de semana me tocó hacer uno de esos “sacrificios” que toca de vez en cuando. Yo, que soy tan urbana y tan de costa, pasé dos días en un pueblo de Soria. Y cuando digo pueblo no me refiero a una villa de trescientos habitantes con su tienda de alimentación, su quiosco y su bar. No, hablo de un pueblo donde no hay cobertura, ni panadería, ni una tienda donde comprar un refresco. Y el dato definitivo para que veáis que no exagero es que La Riba de Escalote tiene censadas una decena de habitantes.

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    Seguramente os estaréis preguntando qué demonios se nos perdió a mí y a los niños en un pueblo de Soria. Pues oye, que allí nació mi suegra, conserva una casa y a mi marido le hacía ilusión que lo conociese. Eso sí que es amor. El caso es que, cuando se juntan hijos y nietos de los que nacieron allí, la cosa se debe animar bastante, pero no fue este fin de semana. Así que el sábado fuimos a otro pueblo, de otras dimensiones, donde había piscina municipal, para que los peques pudieran disfrutar. Y de paso yo aproveché que tenía cobertura nuevamente.

    El domingo ya llegó el nieto de unos familiares de mi marido y Alfonso tardó tres segundos en perseguirle. Digo perseguirle porque mi hijo, si te coge por banda, prepárate porque te quiere el cien por cien. Te sigue, te pregunta, te trae, te pide…

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    Alfonso jugando al fútbol en la plaza del pueblo. Rafa y yo a la sombra.

    ¿Y qué hacer en un pueblo así? Pues simplemente desconectar y estar en la calle. Yo me metí de lleno en la vida rural y no se está nada mal. Y a los niños les viene bien cambiar de aires y hacer planes distintos. Eso sí, para pocos días, os digo que más de una semana allí y acabo tirándome de los pelos. Además, yo ya no sé vivir sin una playa a mano. No será un plan muy frecuente porque el pueblo está a 500 kilómetros de Gijón y es una paliza de trayecto para ir sólo de fin de semana. Y eso que nosotros no tenemos niños, tenemos santos. Ni un llanto en el coche, una única parada técnica para la merienda y ellos tan tranquilos, ¡les adoro!

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  • Galletas para niños

    Galletas para niños

    A partir de ahora, puesto que os tengo “abrasadas” con mis historias y las de mis hijos, voy a incluir de vez en cuando en el blog algunas otras cosas. Eso sí, también relacionadas con la maternidad y los niños, que al fin y al cabo es sobre lo único que aprendo últimamente.

    Hoy quiero compartir una receta de cocina de Jénnifer Liébana, del blog quecukireposteriaydemas.blogspot.com.es. Descubrí estas galletas a través de su Facebook días antes del bautizo de Rafa, así que, según las vi, decidí que eran perfectas para esa celebración. Es una receta para hacer horas antes de la celebración y para las que sois apañadas, veréis en la preparación el porqué.

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    Son perfectas para regalar a tus invitados en el bautizo de tus hijos, o porqué no, para hacérselas a alguna futura mamá en una babyshower o regalárselas a una amiga que acaba de ser madre. Pero además, indagando en la red me he encontrado maravillas en el mundo de la repostería infantil. No hay temática que no se pueda trasladar a una galleta.

    Aquí van los ingredientes que vais a necesitar para las galletas:

    • 250gr de harina
    • 100gr de azúcar
    • 1/2 cucharadita de sal
    • 125gr de mantequilla cortada en dados
    • 1 huevo y 1 yema

    Y para el glaseado:

    • Claras de huevo (mejor las pasteurizadas)
    • Azúcar glass
    • Colorante líquido o en gel

    Y aquí va la preparación:

    Comenzamos precalentando el horno a 180ºC con calor tanto arriba como abajo. Ponemos en un cuenco la harina, el azúcar, la sal y la mantequilla y mezclamos apretando con las yemas de los dedos. Añadimos el huevo y la yema batidos, y amasamos. Damos forma de bola a la masa y posteriormente la aplanamos con la palma de la mano y la estiramos con un rodillo hasta conseguir un grosor en torno a unos 5mm.

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    Con ayuda de unos moldes, damos la forma que queramos a las galletas. Para bebés, lo haremos con cortadores con forma de carrito, biberón, osito, balancín… Estos moldes suelen venderse en tienda especializadas en cocina y repostería. Jennifer los consiguió en una tienda de decoración de tartas y galletas en Avilés que se llama Catalina’s Cake.

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    Cuando hayamos dado formas a toda la masa, las colocamos en la bandeja del horno forrada con papel vegetal y las coceremos unos 10 minutos manteniendo el calor a 180ºC. Pasados 10 minutos y cuando las galletas estén doradas, las sacamos y las dejamos enfriar en la misma bandeja del horno. Una vez hayan entibiado, las colocamos sobre una bandeja o una tabla plana, ya que si aún mantienen algo de calor, podrían deformarse y coger una forma curva.

    Ahora haremos la glasa de delineado. Sólo tenemos que mezclar una clara de huevo con la cantidad que nos pida de azúcar glas hasta conseguir una textura parecida a la pasta de dientes. Delinearemos las galletas con la glasa cuando estén totalmente frías. Para ello, en un biberón o manga pastelera con boquilla fina, introduciremos la glasa e iremos trazando el borde de las galletas para que, cuando las decoremos, no desborde. Cuando las tengamos listas, dejaremos secar unas 12 horas para asegurarnos de que el secado es total.

    galletas delineado

    Transcurrido este tiempo, haremos la glasa de relleno. Se hace igual que la glasa de delineado (mezclando las claras de huevo con el azúcar glas y con algún colorante si es necesario) pero su consistencia es más líquida. Para ello, sólo tendremos que añadir un par de cucharaditas de agua y mezclar.

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    Cuando tengamos la textura de relleno, incluiremos el colorante que necesitemos. En este caso, hacemos una glasa de relleno en marrón, por lo que añadiremos colorante en gel marrón de la marca Wilton. A continuación, hacemos otra glasa de relleno pero con colorante azul, añadiéndolo a la glasa y mezclando hasta conseguir el azul bebé que buscaba. Y, por último, una glasa de relleno en blanco, por lo que no añadiremos ningún colorante.

    cómo hacer galletas

    Teniendo todos los colores listos, comenzamos a rellenar las galletas. Cuando estén todas listas, las dejamos secar unas 3-4 horas. Tiene que quedar duro para poder hacer los últimos detalles en nuestras galletas.

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    Para los detalles que queramos hacer, volveremos a hacer una glasa con una consistencia como la de delineado, puesto que no queremos que se desparrame por nuestra galleta. Cuando hayamos finalizado con nuestra decoración de galletas, las dejaremos secar otro par de horas o lo necesario para que no se peguen ni se estropeen. ¡No me digáis que no son preciosas! Y advierto ¡están buenísimas!

    galletas bebés
    galletas bebés

    Por cierto, ya tengo cuenta en Facebook de No soy una drama mamá. Animaos a seguirla porque enseguida empezaremos con algún concurso. ¡Buen fin de semana!

  • La dificultad de criar niños en el norte

    Ya sé que el titular habrá dejado de piedra a más de una pero estoy segura de que la mayoría de vosotras acabaréis de leer el texto y me daréis la razón. Eso sí, no os enfadéis con el post de hoy las mamás que vivís pasado el Negrón (un famoso túnel de más de cuatro kilómetros que separa Asturias de la Meseta) pero tengo la sensación de que criar niños aquí tiene un extra de complicación. Y hago extensible esta dificultad a todo el norte de España.

    Me explico. Me levanto el sábado a las 9 y media de la mañana y ¡sorpresa!, tenemos un solazo impresionante. Así que decidimos que hay que ir a la playa, pero tiene que ser por la mañana. ¿Y por qué? Pues porque la “mujer del tiempo de la televisión” ha dicho que por la tarde vienen nubes aunque ya lo sabía sin que lo dijese esta señora. Cuando vives en el norte, dedicas varios minutos al día a mirar en internet varias webs de meteorología, y digo varias porque crees que la primera que has mirado está equivocada e insistes en ver más por si alguna te da una alegría.

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    Los niños tenían el bañador puesto cuando miré por la ventana y me encontré con las dichosas nubes. Y se acabó, hay que cambiar el plan y, por supuesto, la ropa. Como estamos a 20 grados decidí que ya estaba bien de jerséis y calcetines, así que piernas al aire. Y a pasear y a tomar el aperitivo. Por la tarde, llegó la lluvia pero ya me negué a cambiar de ropa a los niños otra vez.

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    Paseo por Gijón y ropa de verano.

    Ayer domingo la temperatura bajó 5 grados con respecto al sábado, así que nos olvidamos de airear la pierna. Además, el plan que teníamos era celebrar el cumpleaños de mi prima Inés, de 11 años, con una barbacoa. Como amenazaba lluvia, mi tía tenía que tener un plan B para más de 25 niños. Y así estamos siempre, mirando al cielo y rogando que no se ponga a llover para que no se nos estropeen los planes. Y esto, aunque no lo creáis algunas, supone cierto agotamiento mental. Lo que pasa que ya estamos acostumbradas.

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    No hizo falta plan B y pudieron jugar al fútbol, al pañuelo…

    A mí cuando dicen en la televisión que bajan las temperaturas y que es una gran noticia pienso que están de coña. Claro, si vives en Sevilla o Valencia pasas de los treinta y muchos grados a los veintitantos, así que eso no te hace variar tus planes de comer al aire libre, de playa, de excursión… Pero en el norte, pasamos a los 15 grados y a los críos ya no puedes ponerles bermudas, y como llueve, no puedes ni ir a la playa ni al parque ni a ningún sitio al que no hayas ido ya después de todo el invierno. Así que invito a las madres que viváis en sitios soleados y calurosos a que nos intentéis convencer de que allí la vida es más complicada. Ya os digo que os tendréis que esforzar 😉

  • Señales para detectar a las madres

    Además del rastro de babas que vamos dejando a nuestro alrededor, a las mamás de niños pequeños se nos puede distinguir a través de otros signos, que son bien fáciles de detectar. Aquí os enumero las cinco señales indudables de que una mujer tiene, por lo menos, un niño menor de tres años:

    1. El bolso: aparte de todos los armatostes que llevamos en él, que no son pocos, el bolso de una mamá siempre lleva un paquete de toallitas húmedas. El día que se te olvidan, la has liado. Bueno, en realidad la lía el niño, y tú las pasas canutas para encontrar algo que pueda hacer la función de la toallita húmeda.

    2. El calzado: pocas veves una madre lleva tacones. Llega un momento en el que es incompatible ir muy arreglada (que no mona) y tener niños menores de 3 años. Hace ya mucho tiempo que eliminé los tacones de mi vida, salvo en ocasiones muy contadas (una vez cada mes o dos meses). Así que el día que me los pongo, cualquiera puede intuir que no sé ni caminar con ellos.

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    Como mucho, me animo con las cuñas de esparto en verano.

    3. La ropa: o más bien las manchas que hay en ella. Raro es el día que no acabo con una mancha de leche, yogur, papilla o puré en mi vestimenta. Es más, hay días que ya salgo con la mancha de casa porque el niño ha regurgitado un poco de leche y evidentemente ha caído sobre alguna de mis prendas. Si no hay tiempo para cambiarse, la mancha se viene conmigo.

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    4. La cara: sí, pongo cara de asesina en serie cuando voy paseando por la calle y pasa una de esas ruidosas motos que despiertan al niño. Lo mismo me pasa en la playa cuando hay una señora que habla por el móvil pensando que al otro lado está alguien sordo. ¿Y qué decir de los que llevan música a la playa? este miércoles tuve la mala suerte de que se me pusiera al lado un grupo de chavales que escuchaba reaggeton. Casi entro en trance.

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    Para que os hagáis una idea, una mirada parecida a la niña del exorcista.

    5. El coche: es evidente que tienes uno o más niños pequeños cuando tu automóvil se ha convertido en un paraíso para diminutos seres vivos (tipo hormigas) que, por suerte, no es fácil que accedan a tu vehículo. Pero sí, sería el lugar perfecto para crear una nueva comunidad de criaturas gracias a las migas de pan y trozos de galletas que van dejando los hijos.

    No os preocupéis, volverá el día en que tengáis tiempo para arreglaros, llegará la época en la que tengáis el coche limpio nuevamente y en el que el ruido de la calle no os moleste. Mientras tanto, a tomárselo con humor. ¡Que paséis buen fin de semana!

  • ¡Primeros días de playa!

    ¡Por fin he podido estrenar la playa en este 2013! La primavera ha sido horrorosa en el norte, aunque creo que tampoco ha hecho muy buen tiempo en el resto de España. El caso es que el sol se ha hecho esperar pero ha llegado aunque por desgracia no ha venido para quedarse. En el norte, claro.

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    Playa de Estaño, en Gijón. Ir a la playa, de los poquitos vicios que tengo.

    Como os contaba, Alfonso y yo hemos estrenado la playa este año, pero para Rafa ha sido su primer contacto con la arena. El caso es que le ha debido gustar porque le pillé varias veces llevándose a la boca algún puñado de arena y ha estado tan tranquilo como suele ser habitual en él. Así que volvimos al día siguiente.

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    Rafa y Alfonso disfrutando antes y durante su estancia en la playa.

    La pena es que no fue posible sentarle en la orilla para ver su reacción en el mar ya que el Cantábrico está cual glaciar, así que no iba a hacerle pasar por semejante trance. Tendré que esperar para saber si el agua le gusta tanto como a su hermano.

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    El Cantábrico, demasiado frío esta primavera.

    Os animo, una vez más, a que sigáis haciendo los planes que más os gustan y que la maternidad no sea una traba para hacer cosas. Obviamente, si lo que os gusta es jugar a la ruleta en el casino o hacer puenting es casi mejor que dejéis a las criaturas con los abuelos cuando hagáis esos planes. Sé que los niños pequeños “complican” mucho cualquier plan porque hay que llevar carritos, purés, pañales… pero es que si no acabaréis por no hacer nada. Y lo cierto es que, aunque el plan sea para descansar, con niños es imposible.

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    Todas las bolsas que hay que llevar. Capazo rosa (Primark, 10 euros) con mi toalla y neceser (The First Outlet, 20 y 7 euros aprox.)con cremas; bolsa de los niños (de Casa, personalizada con sus fotos, 12 euros aprox.) con sus toallas, bañadores de repuesto y gorrito; bolsa de la comida y pañales (Doña Carmen, unos 25 euros aprox.), sillita para Rafa y mochila con cubo y demás juguetes, ¡casi nada!

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    ¿Y qué me decís de subir esta cuesta con todas las bolsas y Rafa en la sillita, al finalizar la jornada?

    A algunas madres les preocupa el daño que el sol pueda hacer a sus bebés. Es fundamental ponerles protección alta cada poco tiempo, un gorrito para los más pequeños, sobre todo si tienen poco pelo como ha sido el caso de mis peques, y si aún así no estáis tranquilas, una sombrilla. Pero no les privéis de estar en contacto con el mar y la arena porque son algunas de las cosas más maravillosas que existen.

    ¡Y qué decir de mí! Pues que dos embarazos pasan factura, que aunque vuelvas a tu talla y recuperes tu peso, la piel no está igual de tersa, en realidad estoy como reblandecida. Como veis, no engaño a nadie; seguramente hacer deporte ayudaría a mejorar este asuntillo, pero siempre estoy pegada a, por lo menos, un niño. Si algún gimnasio incorpora guardería, me apuntaré. De todas formas, tampoco es que me preocupe mucho esto.

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  • Regreso al pasado

    Tener hijos te hace mayor, da igual que los tengas a los veintitantos que a los cuarenta. Y es que no me refiero a que los niños te hagan parecer mayor físicamente porque los años pasan para todos, tengas críos o no los tengas. Me refiero más bien al hecho de que te hacen llevar una vida completamente distinta a la que llevabas antes. Y eso te hace sentir mayor pero, si lo preferís, diré que los críos te hacen madurar.

    La verdad es que dicho así no suena muy bien pero voy a ser más gráfica porque es posible que os hayáis sentido así en alguna ocasión. Este fin de semana estuve en Pamplona porque se licenciaba mi cuñado, precisamente en Comunicación. Este hecho no tendría nada de especial para mí (aunque estoy muy orgullosa de Edu) si no fuera porque hace nueve años viví la misma situación, en el mismo lugar.

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    No había vuelto a la Facultad desde entonces, así que os podéis imaginar lo rara que me sentí entre recién licenciados que sólo pensaban en la cena y en la fiesta de esa noche. Pues allí estaba yo nueve años después jugando con mi hijo Alfonso en aquellos bancos en los que nos sentábamos entre clase y clase, cuando aún se podía fumar en todos lados. Una época en la que todas mis preocupaciones pasaban por aprobar exámenes, sacarme un dinero para pagarme el alquiler del piso e ir a las fiestas universitarias que mis ahorros me permitían.

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    También hubo reencuentros; allí estaban profesores, ex compañeros de clase y amigas que acabaron trabajando en la Facultad. Charlamos y también me hablaron de sus hijos. Entonces pensé: coño Carmen, ¡qué rápido ha pasado el tiempo! Me di cuenta de que muchos de los sueños que tenía en aquella época universitaria se habían cumplido, como trabajar en televisión.

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    Sin embargo, no me sentí extraña con dos niños en aquel lugar, ni en ningún otro sitio, porque si algo he tenido claro toda mi vida es que quería tener hijos. Algún día hablaré sobre esto, pero ya os digo que no soy de las mujeres a las que de repente se les despierta el reloj biológico. Soy, como dice una compañera, mamá desde que nací. Da igual el sitio al que regrese, porque siempre me imaginé con ellos. Pero no puedo negar que me hacen sentir mayor, por pocas arrugas que tenga.

  • Cuándo llevar a los bebés a la piscina

    Este fin de semana llevamos a Rafa por primera vez a la piscina, obviamente cubierta. Una cosa es que haga buen tiempo y otra es meter a los críos en el agua al aire libre en abril. A Alfonso también le llevamos por primera vez a la piscina cuando tenía cinco meses. En su momento, lo hicimos por aquello de hacer cosas nuevas con el peque, no pretendíamos que aprendiese a nadar a esas alturas de su vida.

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    Alfonso, por primera vez en la piscina, año 2011.

    Su reacción fue muy buena; no quiero decir con esto que se lo pasase bomba, pero no lloró ni cuando decidimos sumergirle la cabeza en el agua. Simplemente puso cara de susto, parecía preguntarse qué narices hacía allí. Repetimos otras dos veces aquella primavera, enseguida llegó el verano y descubrimos que Alfonso sentía pasión por el agua. Le poníamos en la orilla y cada vez que llegaba una ola y le cubría se partía de la risa. Y en cuanto empezó a gatear, se iba solo hacia el mar. Llamaba la atención de los paseantes.

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    Alfonso en la playa, uno de los sitios que más disfrutó en su primer verano.

    No sabemos si tuvo algo que ver el hecho de llevarle pronto a la piscina con su pasión por meterse en el agua, pero el caso es que con Rafa hemos repetido. Su reacción este fin de semana fue la misma que la de Alfonso en su momento, cara de alucinado y ni un llanto al meterle la cabeza en el agua. Me imagino que ese contacto temprano con el medio acuático les ayuda a perder el miedo.

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    Alfonso y Rafa, este sábado.

    Es más, con Alfonso viví el susto más grande de mi vida el pasado verano, cuando se cayó vestido y sin manguitos en la piscina de unos amigos. Me lancé a por él, vestida y embarazada de casi siete meses, y cuando le saqué lloraba; enseguida me di cuenta que había llorado por el susto, no por el agua, y es que, a los pocos minutos, quería meterse otra vez. Mi objetivo para el verano que viene es que Alfonso aprenda a nadar sin manguitos. Y confío en que Rafa reaccione en el mar tan bien como lo hizo Alfonso la primera vez.

  • Viajar con niños

    Mañana toca preparar maletas. Para Rafa va a ser su segundo viaje en cinco meses de vida que tiene. Nada comparado con Alfonso, que en su primera Semana Santa y con seis mesecitos hacía nada menos que su sexto viaje, en torno a 5000 kilómetros en coche. Por eso, cuando algunos padres no salen de casa con la excusa de los niños, pienso ¡menuda tontería!

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    En Madrid, primer viaje de Alfonso antes de cumplir los dos meses.

    Todos sabemos que los críos te cambian la vida, pero no debemos encerrarnos ni encerrarlos a ellos en una burbuja. De vez en cuando hay que salir a comer a un restaurante, pasar un fin de semana en casa de unos amigos, ir a la playa… Yo ya estoy temblando con la logística que me va a suponer llevar a los dos peques este verano a la playa, pero me encanta la arena, así que no voy a quedarme en casa porque tenga que ir cargada como una gitana. Ya este verano iba tan feliz con Alfonso, mi barriga de embarazada, las toallas, la merienda del niño, el cubo y la silla plegable para sentarme. Sí, llegaba exhausta pero después disfrutaba.

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    El pasado verano, Alfonso disfruta de la playa casi más que yo.

    Ya estoy estresada pensando en todo lo que hay que llevar para estos días de Semana Santa. El carrito de Rafa y la silla de Alfonso, la cuna de viaje para uno y el protector de cama del otro. A eso hay que sumar ropa, pañales, neceser, la leche en polvo de uno, las papillas de fruta del otro. Y así, suma y sigue. Pero es lo que hay, mi marido es de fuera de Asturias y ambos hemos vivido en varias ciudades, así que recorremos la geografía española y vamos a las casas de todos los amigos que nos invitan.

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    En la Alhambra de Granada en 2011. Os podéis hacer a la idea de lo que es llevar a un niño de 11 kilos en mochila a más de 30 grados.

    Hay padres que nos dicen que somos muy animados y que ellos con los niños no pueden hacer todos esos planes, aunque creo que muchas veces son los padres a los que les da pereza movilizarse. Si hay que cantar en el coche, se canta. Si hay que ir hablando de los animales que nos cruzamos, pues nos ponemos a ello. Y siempre estará el DVD y los dichosos cantajuegos, acabo hasta el gorro. A mí lo único que me preocupa a la hora de viajar es que coman bien y descansen las horas que tienen que descansar, y eso lo cumplo a rajatabla. Lo demás es secundario, así que a ¡disfrutar estos días!

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