Etiqueta: madres

  • Los grupos del whatsapp de madres

    Los grupos del whatsapp de madres

    Con Whatsapp hemos topado. Una se puede emocionar la primera vez que la incluyen en grupos de whatsapp de madres pero con el tiempo solo tiene ganas de huir. Que no seré yo la que dude de su utilidad; cuando tienes tres churumbeles en el colegio, por supuesto que puede ser una herramienta estupenda para algún recordatorio o duda, para mí la primera, pero… hasta ahí, ¿no? Vamos a ponernos en situación. Desaparición de una prenda de ropa. Madre que pregunta si alguien tiene el jersey que su hijo Menganito ha perdido. Y entonces es cuando, por arte de magia, te encuentras con quince madres diciendo que no lo tienen en sus casas.

    Ahí es cuando, por inercia, las primeras veces, respondes que en tu casa y en la mochila de tu criatura tampoco está, no vaya a ser que, por no contestar, alguien piense que estás sisando la prenda en cuestión o que eres una  petarda y ni te molestas en mirar. Hasta que llega un momento en que te paras y dices: pero la pregunta no es quién tiene o alguien ha visto. Pues entonces si no tengo y no he visto, no digo nada. Y no es que sea borde, es que tengo una decena de grupos de padres entre fútbol y cole, y no me da la vida para tanta información. Que nadie se preocupe, si a mi casa llega un jersey con nombre de otro niño o que no me resulte familiar, avisaré. ¡Gracias!

    Luego está ese momento en que acaba un cumpleaños. Has recogido ya al niño del evento y te has despedido de los padres del cumpleañero dándoles las gracias por semejante fiestón. Pero no sabes por qué, de repente, el grupo de whatsapp que se creó para avisar del cumple, hora y sitio… empieza a echar humo con agradecimientos varios contando que Menganito ha llegado feliz a casa y que está tan cansado y se lo ha pasado tan super bien, que ya está durmiendo. Ah, se me olvidaba, si tienes suerte, te habrán enviado una decena de fotos de la celebración que a mí hasta me «presta» (verbo asturiano que deberíais usar en toda España y que significa, más o menos, gustar). Pues eso, que me gusta ver una decena de fotos pero ¿cien? Sí, cien. Hay madres que envían cien fotos. Que ya no es que las envíen, es que ¿quién tiene tiempo para cien fotos? Llamadme básica, si queréis, a mí no me da la vida…

    Los grupos del whatsapp de madres

    Y ahora están los chats echando humo con tema disfraces de fin de curso, que da para mucho, y regalo a los profesores, que casi que ya no entro en este tema porque me da para otro post… Resumiendo, quiero estar en los grupos pero solo participo cuando son cuestiones meramente informativas, no es que sea una borde, que quede claro 😉 ¿Cómo llevais este tema?

  • No soy una madre mártir

    No soy una madre mártir

    No he nacido para sufrir, y entiéndaseme bien, no para sufrir innecesariamente. La vida ya me irá dando golpes, de los de verdad; tarde o temprano, todos pasamos por pérdidas y vemos enfermedades a nuestro alrededor así que, con sinceridad os digo, no me apetece no disfrutar de lo que tengo ahora. Y eso, por supuesto, incluye la maternidad; tengo una forma de entender esta vivencia muy parecida al resto de facetas de mi vida, no me rasgo las vestiduras y entiendo que, en la medida de lo posible, no tengo porqué sufrir, más bien, lo contrario. Eso sí, parto de una premisa realista, la maternidad no es sencilla, y quien quiera llevar una vida igual siendo madre que sin serlo, desde luego, es que no se ha parado a mirar a su alrededor.

    Pero bueno, una cosa es que las cosas cambien y otra que todo se convierta en un sacrificio constante, como si la máxima de mi vida fuese la felicidad de mis hijos a cualquier precio, aunque supusiese estar yo triste o amargada. Pues no, yo tengo derecho a ser feliz como madre y como mujer, porque también existo en otras facetas. He encontrado la forma de ser feliz y de que mis hijos lo sean, porque lo justo es que todos lo seamos, no sólo ellos. No me planteé una forma en concreto de criar a mis hijos, fue surgiendo aunque, de alguna manera, supongo que ha influido la forma en que me criaron a mí. Y como fui feliz y me considero una persona sana en todos los sentidos, es evidente que quiero parecerme a mis padres en muchos aspectos.

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    Y por poner un ejemplo de que mi felicidad también cuenta, y además siempre lo he recalcado: yo no pude tener unas lactancias normales con mis hijos por las mastitis. Lo intenté, me asesoré, me ayudaron y la cosa nunca se solucionó del todo. Pues oye, a otra cosa mariposa. Les doy biberón y listo, y todos tan felices. Yo prefiero pensar en la suerte de que hoy en día tengamos leches de fórmula que nos permitan alimentar a nuestros bebés con seguridad en lugar de llorar porque no he podido darle la mejor. Esto de las mastitis te pasaba hace un siglo y le tenías que dar leche de vaca directamente a un recién nacido o dejar que lo amamantase otra señora que atetaba a 10 bebés más. Así que, ¿para qué amargarse? Y al contrario, últimamente he encontrado varias cuentas en Instagram de madres que confesaban sentirse completamente agotadas y sintiendo cierto rechazo al tener bebés y niños que demandan pecho de continuo y yo me pregunto: ¿no es mejor que los dos estén bien?, ¿qué hay de malo en pretender dormir dignamente?, ¿es eso egoísta? No lo creo.

    Yo es que reconozco que de mártir tengo bien poco. Mi vida hubiera sido más cómoda si en lugar de tres hermanos hubiera tenido uno, o si hubiera sido la pequeña en lugar de la mayor. Pero es algo que ni me planteo, es lo que es, y con lo que he tenido he intentado disfrutar. Punto. Es más, yo sé que hay gente que me mira por la calle, me ve con tres niños y sufre pensando que yo estoy sufriendo. Y nada más lejos de la realidad, estoy disfrutando como nunca. Y si un día necesito salir a cenar con mi marido, pues voy, sin remordimientos. Y si resulta que una madre necesita trabajar para sentirse realizada, le hago la ola. Lo realmente malo es quedarse en casa porque crees que tienes que hacerlo pero en realidad no estás a gusto haciéndolo. Y al contrario. Esto no es una competición a ver quién sacrifica más por sus hijos; desde luego, yo no entiendo la maternidad como un sacrificio sino como la oportunidad más grande de disfrutar de la vida.

  • Y yo, ¿qué?

    Y yo, ¿qué?

    Aquí estoy, levantándome cada día con un despertador que tiene nombre de bebé. Un niño que me acompaña a todas partes, a todas horas, todos los días. Que invade mis duchas, que deshace las camas mientras yo trato de hacerlas, que cambia el programa de la lavadora, que se agarra a mis piernas cuando cocino, que me pide que le coja en brazos cuando me siento delante del ordenador a trabajar y quiere tocar el teclado impidiendo que pueda seguir haciéndolo. Un bebé que me acompaña al supermercado y hasta a la peluquería, lugar que piso, con suerte, dos o tres veces al año. Un bebé que acaba de empezar a hacer una única siesta diaria sin hora fija y un poco breve, lo que no me permite planificar el tiempo de trabajo en casa.

    Aquí estoy, preparando cada día la comida de mi marido, para que pueda volver pronto al trabajo por la tarde y llegar a casa a la hora del baño de los peques. Intentando volver a sentarme delante del ordenador otro breve rato hasta que comienzo a preparar la merienda de dos niños y un bebé, a cambiar pañales y a repasar si toca o no entrenamiento del mayor para coger las botas de fútbol, o decidir si iremos al parque, en función del clima, para llevar unos coches o un balón con los que puedan jugar con otros niños. Siendo siempre una de las últimas en llegar al colegio a recoger a los niños porque se me echa el tiempo encima. Sobrellevando las quejas de uno, los llantos de otro, las discusiones de ambos.

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    No importa, ésta es la vida que he elegido, no querría haber tenido otra. Pero de vez en cuando, necesito mi espacio, yo sigo siendo muchas cosas además de madre. Por eso, aún estando ahora el 95% de mi tiempo con mis hijos, quiero seguir haciendo cosas que me mantengan en el mundo real, irme a correr, salir a cenar algún fin de semana y, poco a poco, ir encontrando huecos para mis hobbys, o quizás volver a trabajar en una oficina, en una redacción o en un plató, aunque agradezco ahora mismo poder trabajar desde casa. Si de algo me siento orgullosa de mi padre es de que, además del mejor padre, fue capaz de sacar un doctorado y una cátedra mientras trabajaba y con 4 hijos. Si de algo me siento orgullosa de mi madre, además de ser la mejor madre, es de que siguiese trabajando y finalmente montase su propio negocio cuando ya éramos mayores.

    Y no me siento mal si, a las siete de la tarde, lo habitual es que quiera que lleguen las 9 de la noche para que mis tres soles estén durmiendo y así poder hablar con mi marido sin interrupciones. Y no me siento extraña por necesitar desconectar un rato al día, aunque casi siempre sea imposible siquiera darse una ducha sin testigos. Porque son lo mejor que tengo, pero agotan. Porque es lo que siempre quise, pero sé que mis hijos crecerán y ya no requerirán de mí en la misma medida. Y porque yo existía antes de ser madre, de otra manera, pero ahí estaba, haciendo cosas, disfrutando también de la vida, de distinta forma. Por eso, de vez en cuando, en este caos maravilloso en el que me encuentro, conviene que no olvide que yo también cuento.

  • Cosas a tener en cuenta si dejas a tu pareja con los niños

    Cosas a tener en cuenta si dejas a tu pareja con los niños

    Nos guste o no, por muy apañados que sean nuestros cónyuges, hay aspectos que no acaban de dominar. Esto es así, por la misma razón que maridín sabe que, si queremos dirigirnos a un sitio, debe ser él quién mire la forma de llegar porque yo me perderé por el camino. En las parejas, siempre hay unas cuestiones en las que nosotras llevamos la voz cantante, y otras en las que son ellos los que se ponen manos a la obra. Así que, si vais a hacer alguna escapada sin familia o tenéis un viaje de trabajo, no olvidéis que:

    No saben combinar la ropa de los niños: y esto suele pasar hasta con los varones que coordinan bien los colores de sus propios estilismos. Con los críos un poco mayorcitos pueden hacer apaños decentes pero con los bebés y las niñas la lían pero bien. En concreto, no sé qué problema tienen con los leotardos y, por supuesto, no distinguen tonalidades, los azules son todos son iguales, según ellos. Como este tema ya lo tengo muy conocido porque hace unos años tenía que ir a Madrid por trabajo cada dos semanas, los looks los dejo bien preparaditos, que ya me encontré alguna vez a Alfonso casi disfrazado cuando era un bebé.

    No discurren el menú: Oye, que como son sólo dos días, pues no se complican y eaa, pasta, pizza, pollo… Y como sabes que es temporal, no te importa pero ¿y si tuviera que irme una semana? Pues creo que habría que dejar una lista con la carta para cada uno de los días y, en muchos casos, algunos platos preparados. De hecho, si tienes un bebé y toma puré, cuidado porque la cantidad de puerro que le ponen puede convertir el triturado en algo imposible de ingerir. Y ojo, que servidora no es precisamente una buena cocinera pero es que maridín todo lo apaña con un poco de carne (de hecho, es el rey de las barbacoas). Yo sé que algunas me diréis que vuestras parejas cocinan mejor que vosotras y os aseguro que si yo trabajara 8 horas fuera de casa, este hombre iba a aprender sí o sí a hacer un puré comestible. Pero ahora, del tema cocina me encargo yo.

    Ley de Murphy: da igual que en los últimos 7 meses ninguno se haya puesto malo en tu casa. No importa que el mayor solo caiga enfermo una vez al año porque, cuando tú te vayas, será precisamente cuando se ponga malo (con visita a urgencias incluida). Así que, si tienes más de un hijo, dispón siempre de un plan B, es decir, ten a mano a tus padres o suegros. Y para más inri, el mediano te mete un gol por toda la escuadra. ¿Que ésa semana la mitad de sus compañeros están enfermos de la barriga? Pues el niño llora y le dice a la profe que se encuentra mal y claro, con semejante percal en el cole, te llaman justo cuando ya estás en el avión a punto de apagar tu móvil para despegar. Así que te pasas el viaje pensando en la que le espera a tu señor esposo y sufriendo por el panorama. En fin, como decimos en Asturias, muy «guapo» todo.

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    Mi momento de relax en la bañera después de saber que Rafa estaba como un toro y más feliz que una perdiz en casa de los abuelos. Y por supuesto, antes de que Alfonso se pusiera malo.
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    La visita nocturna a La Alhambra, una de las cosas que más me apetecía de esta escapada…

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    Y ya no me voy a detener en más cuestiones como la lavadora porque fijaos, tú les dices que pongan el lavavajillas, que pasen el aspirador o cualquier otro artilugio, y lo ponen en funcionamiento sin problemas. Pero con la lavadora tienen una guerra y te la juegas a que los calzoncillos de los niños acaben rosas. Así que lo mejor es dejar apuntado el programa exacto y los grados para que los uniformes sigan vivos. Os digo una cosa, yo no me iba sin familia (sin niños hemos hecho un par de escapadas estos años) desde que teníamos sólo a Alfonso, pero el viaje que hice este fin de semana a Granada sola con compañeras ha resultado tremendamente divertido y he desconectado, relativamente. ¿Hacéis algún plan con amigas dejando a los peques con el papá?, ¿tenéis que viajar por trabajo y dejáis a vuestros chicos al cargo de los niños?

     

  • La vuelta al cole, ¿un descanso para los padres?

    Ahora sí, lo confieso y, no sólo eso, sino que lo grito a los cuatros vientos: me uno al club de las madres que están deseando que llegue la vuelta al cole. ¡Quién me lo iba a decir! Acostumbrada yo a estar las 24 horas del día con un niño o retoño a cuestas desde hace casi cuatro años y, a la mínima, estoy deseando desertar. Que no es que ya no quiera estar tanto tiempo con los churumbeles pero es que juntos, día y noche, han resultado una mezcla explosiva. Por separado el asunto lo llevaba mucho mejor, no os voy a engañar.

    El verano pasado tenía un niño de más de dos años y medio que había salido de la guardería casi como había entrado, de un dócil que para qué contaros, casi rondando la santidad. Vamos, un niño de esos que da gusto tener en casa. ¡Pobre de mí que pensaba que aquello sería así toda la vida! Fue empezar el colegio y se acabó la paz. Allí espabilan y el que era dócil ahora es un mandón. Y el que era manso, ahora es un rebelde, con mucha bondad, pero al fin y al cabo, un niño que está en fase de negación, ¡mira que les gusta decir «no» a todo!

    Y el verano pasado, en mi casa, el otro inquilino tenía ocho meses y todo su desplazamiento era el gateo, y esas velocidades no son comparables a las maratones que hace hoy en día. Y ahora tengo un pequeño imitador de su hermano mayor. Lo sé, con 22 meses no debería tirarse en «plancha» al suelo, ni coger la moto y «estrellarla» contra el sofá, ni reírse cuando le hacen una zancadilla; al menos, eso era algo que Alfonso no hacía hace dos años, pero vamos, ni eso ni parecido. Pero los pequeños copian y, por desgracia, no a sus padres, sino a sus hermanos. Y si el mayor se sube a la cama o al sofá para saltar, el otro va detrás. Y si uno quiere un coche, el otro también. Y así se monta la de San Quintín. Y yo, a estas alturas, tengo la cabeza como un bombo.

    Así que, desde aquí, lo digo alto y claro: las vacaciones son para los niños, no para los padres. Y casi tres meses de fiesta y jarana empiezan a parecerme un exceso. Claro que, en el caso de los hijos únicos, igual la cosa es bastante más tranquilita aunque apuesto a que acaban queriendo regresar a las clases porque en casa no hay tanta animación. Igual soy yo una exagerada por aquello del embarazo pero me da a mí que no soy la única a la que la vuelta al cole le va a sentar bien. Y vosotras, ¿sois de las que estáis deseando que empiece otra vez el colegio de los peques?, ¿notáis también que ellos necesitan más rutina y a sus amigos?

  • Ley de Murphy

    «Si algo puede salir mal, saldrá mal». Más de una vez habréis escuchado esta frase que, como sabéis, no se trata de ningún principio científico sino una forma graciosa de explicar desdichas varias. No es que esté rodeada yo de calamidades, ni mucho menos. Sencillamente es que, hay veces, que se juntan muchas cosas buenas pero entonces no llegas a todo y te da rabia porque tú sabes que puedes hacerlo todo. Y es que las mujeres en general y las madres en particular no queremos ni sabemos decir que no, hay que estar en todos los sitios, esto es así.

    Si trabajo un día a la semana (99% de los días en viernes) y tengo tres o cuatro eventos sociales al año (que como bien sabéis tiene 365 días), ¿cuántas probabilidades hay de que se junten trabajo y evento la misma jornada si no es un viernes? A priori, ninguna. Pues este sábado estaba invitada a uno de esos acontecimientos que tienes, como mucho, una vez al año. En mi caso, el primero en mi trayectoria como bloguera. Sí, en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo se juntaron este sábado más de 400 blogueras de toda España para hablar de anécdotas, de uso de redes sociales, de fotografía, de bienestar, de negocio… en PuntoMom. Y ese era mi plan para el sábado… hasta el viernes a las tres de la tarde.

    PicsArt_1400443871132 Soy muy terca y si digo que voy a un sitio, aunque me perdiera la mayoría de las charlas, voy. Al menos pude estar un ratito y poner caras a muchas personas a las que sólo conocía a través del mundo 2.0  pero me quedaron tantas pendientes 🙁

    Y digo que me acompañó la Ley de Murphy porque el viernes recibí una llamada de la televisión para preguntarme si podía trabajar el sábado, el mismo sábado del evento. Maridín estaba escuchando la llamada y no daba crédito a la maldita casualidad. Pero no podía decir que no a lo del trabajo. Así que mi sábado fue digno de una chiflada que sale de un sitio para ir al otro un rato, se come un sandwinch doble en 3 minutos (que se convierte en una bola en el estómago porque 4 rebanadas de pan de molde requieren un mínimo de 10 minutos), y vuelve otra vez corriendo a la grabación contando los minutos por si acaso sale a una hora prudente y puede volver al evento. Vamos, mortal; sólo media hora sentada en 10 horas. Entiendo que a diario no se puede estar con semejante estrés.

    Mientras tato, maridín ejercía de padrazo y se iba a la playa con los peques y con todos los bártulos.

    Y como la Ley de Murphy está muy presente este 2014 (recuerdo robo de cartera el mismo día en que decidí ir de rebajas), continuamos. Si cada uno de mis hijos se pone malo unas tres veces al año de media y nosotros dejamos a los enanos en casa de mis padres unas seis noches al año para salir en pareja, ¿cuántas probabilidades hay de que se pongan malos una de las noches que se quedan con los abuelos? En principio, calculo que 1 entre 100. Pues oye, el sábado, después de mi maratón, salimos de cena para celebrar el cumple de maridín y mi madre sufrió las consecuencias de una noche toledana. Resumiendo, fin de semana completo, agotador y con esa sensación de quedarse a medias, ¿os pasa a menudo?, ¿queréis llegar a todo y sois conscientes de que no es posible si queréis conservar la salud? 😉

     

  • Ser madre es un plus

    Hoy es el Día del Trabajador y el domingo celebraremos el Día de la Madre así que no se me ocurre un momento mejor para compartir con vosotras un vídeo que, por un lado, puso ante mis ojos una realidad que veo a mi alrededor y que de alguna manera he sentido, y que por otra, ha conseguido emocionarme por todo cuánto somos capaces de hacer las madres a diario sin darnos cuenta.

    Lo verdaderamente triste es que ésto que veis en el vídeo ocurre, es más, puede que algunas de las que estáis leyendo este texto hayáis pasado por ésta u otra situación similar. No voy a hacer en este post una reivindicación del tipo «pónmelo más fácil que soy madre» porque ni quiero ni debo esperar que me regalen nada en la vida, sencillamente quiero que me valoren igual profesionalmente con independencia de que en casa cuide de dos criaturas. Vamos, sólo quiero que no me lo pongan más difícil por tener hijos.

    Si nuestras capacidades y conocimientos eran buenos para alguna empresa antes de ser madres, deberían parecerles igual de positivos después de serlo. Vamos, creo que soy capaz de hacer exactamente lo mismo que hacía antes de tener hijos. Es más, aún he adquirido más competencias ya que he hecho un Máster que empecé la misma semana que dí a luz , unas prácticas, escribo un blog desde hace más de un año y colaboro en un programa de tv, no hace falta decir que sólo por esto último tengo una remuneración. Si esto no es capacidad de superación y sacrificio… Todo para seguir aprendiendo y mejorando mi condición como periodista y por no pasar por la situación que describe el vídeo de «¿qué hiciste esos años?»

    Dicho esto, no estaría de más que toda la sociedad valorase lo que hacemos y que el Estado, los organismos y las empresas fueran más comprensivos, no puedo mentir y negar que los niños se ponen malos de vez en cuando, que los hijos dan trabajo, que los padres y madres queremos pasar tiempo con ellos, que nos necesitan, que no podemos trabajar jornadas maratonianas… Porque señores, algún día, esos niños serán mayores, serán ellos los que trabajen y saquen adelante las empresas y para eso hay que dedicarles tiempo. ¿Es tan difícil de entender o tanto pedir?, ¿qué os ha parecido el vídeo?, ¿habéis vivido o vivís una situación similar?

  • El cuidado de los hijos, ¿en quién recae?

    Cuando uno lee «El cuidado de los hijos recae en la madre en el 82% de los casos y la abuela ya es la segunda opción« se queda, cuando menos, perplejo. Es lo malo de los titulares, que son tendenciosos. Por eso me alucina que la gente comparta enlaces en Facebook sin haberse tomado la molestia de leer los contenidos. Pero esa ya es otra historia.

    Si me quedase sólo con el titular con el que inicio el post de hoy, pensaría que los hombres, como antaño, no se hacen cargo de la crianza de los hijos. Y sinceramente, no tengo yo esa sensación sino que veo a mi alrededor padres encantados con sus niños y que se implican en la educación y en el cuidado de los peques. Pero claro, hay que seguir leyendo.

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    Lo primero, y para que sepáis de lo que hablo, es que los datos están extraídos del CIS (Centro de Investigaciones Científicas), por lo tanto nunca puedes saber si las respuestas que da la gente son realmente ciertas, aunque creo que tampoco tendría sentido mentir en esto. Y lo segundo es que, si al titular le añadís las palabras «mayoritariamente» y «menores de tres años», entonces las cifras van cobrando sentido. Vamos a ver, si tuvierais que decir quién se ocupa o ha ocupado mayoritariamente de vuestros niños de menos de tres años, ¿cuántas dirías que vuestra pareja? Imagino que pocas.

    La realidad es que los padres de hoy en día participan de una forma muy activa en el cuidado de los niños y, cuando la madre también trabaja, comparten las tareas casi de forma equitativa, pero ese «casi» supone que cuando hay que trabajar menos, somos nosotras las que pedimos reducción de jornada o jornadas continuas para salir antes y poder estar con los niños.

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    La realidad es que, en el parque, lo que veo frecuentemente son madres, aunque también algún padre. Y como ya nos conocemos, sé de sobra cuántas de ellas han renunciado a crecer profesionalmente para pasar más tiempo con sus hijos. Y no quiero decir que los padres no harían determinadas renuncias laborales por sus hijos pero, como lo hacemos las madres y se da por hecho que somos nosotras las que debemos hacerlo, pues a ellos la paternidad no les supone problema alguno en sus trabajos.

    Mi experiencia es que la mayor parte del cuidado de mis hijos la llevo yo, fundamentalmente porque trabajo poco. Que conste que soy feliz pasando tanto tiempo con mis hijos, para nada me siento una profesional frustrada porque lo que más quería en este mundo era tener mi familia y la tengo. Es más, si fuese rica, trabajaría lo justo y en algo que me gustase mucho (como la tv, que es donde disfruto), me dedicaría a aprender cosas que me interesan, a mis hobbys y, como ahora, a  estar con mis hijos. Así de claro.

    Y ahora me gustaría saber cuántas de vosotras habéis pedido excedencias, reducción de jornada… Cuántas sabéis que tener hijos os ha frenado profesionalmente y a cuántas de vosotras, por contra, la maternidad no ha supuesto ningún cambio en vuestro trabajo… Y por supuesto, si hay casos en los que han sido vuestras parejas las que se han hecho cargo de los niños para que vosotras crecierais profesionalmente. Mucho me temo que el CIS no anda muy desencaminado con este asunto.

  • De Comadres entre madres

    Comadrear : contar indiscretamente algo privado de otra persona. En otras palabras, chismorrear, cotillear, murmurar… Lo sé, os tengo un poco desconcertadas, sobre todo a las que nos sois asturianas. Os pongo en situación: jueves noche, Alfonso ya dormido, Rafa con su padre en el salón y yo pintándome el ojo, el labio y apañando malamente la melena porque los jueves no me toca lavarla y para eso soy yo muy cuadriculada.

    A las nueve y cuarto me espera en el portal de casa la madre de una compañera de cole de Alfonso (sí, habéis leído bien). Nos vamos de cena y sólo están permitidas las mujeres, entre las que se incluye una embarazada de siete meses. En Asturias y, por lo visto, en Bolivia (de qué cosas se entera una gracias a Wikipedia) celebramos “Las Comadres”, que se festeja el jueves anterior al martes de Carnaval y que consiste en la reunión de grupos de mujeres para cenar, bailar, hablar y pasarlo bien. Dicho esto, ahora ya podéis haceros cargo de la situación. Que conste que para mí era mi Bautismo como Comadre y nunca hubiera imaginado que iba a ser entre madres de los compañeros del cole de mi hijo. Pero oye, surgió el plan y no se puede una quedar en casa.

    Y claro, la cosa acaba desmadrándose sí o sí porque, según entras al restaurante, te encuentras con una mesa de más de 30 mujeres que te doblan la edad (como diría mi padre de forma cariñosa: “muyeronas”) de las cuales, dos o tres te reciben a grito pelao y tienen más ganas de marcha que cualquier veinteañera. Sorprendentemente, durante la cena hablamos poco de niños aunque confieso que hubo momento “mi parto fue así o asá”. Lo bueno es que algunas nos conocemos desde hace años porque fuimos al mismo colegio aunque, al ser la peque del grupo, no coincidí en clase con ninguna. En fin, que me estoy deteniendo en explicaciones banales que no conducen a ningún lado.

    Finalizada la cena, empieza el baile. Yo con esta parte no contaba, creí que el asunto era cenar y buscar un bar para tomar una copichuela pero oye, mucho mejor tener el DJ al lado de la mesa. Las señoras ya estaban moviendo el esqueleto en cuanto sonó la primera canción y nosotras optamos por formar parte de la fiesta. Allí estábamos, compartiendo pista de baile con mujeres más mayores que mi madre pero con una marcha que ya la quisiera yo a esa edad. Dos de ellas eran incombustibles, lo mismo se animaban con Rafaella Carrá que con el Gangnam Style, verlo para creerlo.

    Yo estoy a la derecha y las incombustibles a mi izquierda y debajo, ¡soy fan! Además, no tuvieron problemas para posar para el blog. Y como una de ellas se dedica a adivinar el futuro, qué menos que preguntarle si voy a tener una hija algún día. Conversaciones de noche con una copa 😉

    Yo no me reía tantísimo (de dolor de barriga) desde hacía tiempo. Al final, el Dj tuvo que echarnos. Sí, a unas madres que al día siguiente estábamos con el ojo abierto a las ocho de la mañana para disfrazar y pintar la cara a los pequeñajos para su fiesta de Carnaval del cole. Pero os digo una cosa: sarna con gusto no pica. ¡Y lo bien que sienta una noche así de vez en cuando! Al final, en los próximos años voy a ir a más fiestas con ellas que con muchas de mis amigas, eso sí, parrandas con gusanitos. Y vosotras, ¿tenéis relación con las mamás de los compañeros de vuestros hijos?

  • ¡Crisis superada!

    El post que más comentarios suscitó en este blog fue en el que os contaba que la relación con mi hijo Alfonso estaba atravesando una crisis. Algunas de vosotras me dabais ánimos y me decíais que no me preocupara ya que seguramente era una cosa pasajera. Pues teníais razón: un mes después, doy por concluida mi crisis con Alfonso.

    rabietas niñosEl sábado pasado, normalizada ya nuestra relación días antes.

    De todo se aprende en esta vida y, desde luego, los niños son una fuente inagotable para ello, así que aquí va la lista de cosas que he descubierto a raíz de nuestro distanciamiento:

    1-    Gritar no sirve de nada: cuando un niño está en plena rabieta es imposible hacerle entender nada. Para mí esto de las pataletas era nuevo y los primeros días me puse como una loca, pero enseguida me di cuenta que se trataba de una táctica inadecuada. Lo mejor, esperar a que se les pase. Otra cosa es que un crío tenga un mal comportamiento intencionadamente. Ahí sí que considero necesario recriminárselo y mostrar enfado.

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    2-     Que los celos no necesariamente están relacionados con su hermano. Con el tiempo, y tras una tutoría con la profesora de Alfonso, descubrimos que su mal comportamiento en el colegio y con nosotros estaba relacionado con los celos. Estaba molesto porque Rafa y yo nos quedábamos en casa y él se tenía que ir al colegio; por ello, lo que demandaba era que yo le prestase más atención.

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    3-    Es mejor quitarle importancia: En las relaciones de pareja es indispensable hablar y no dejar que pase el tiempo para intentar arreglar una situación. Con los niños ocurre lo contrario; cuando un niño está enfadado “con el mundo”, sin razón, lo que hay que hacer es darle mucho cariño pero no incidir demasiado en el problema ni estar diciéndole todo el día que se porta mal.

    Todo eso y que no hay mal que cien años dure son las conclusiones a las que he llegado tras este mes de distanciamiento. Volvemos a querernos mucho y Alfonso ha recuperado esa alegría que tanto le caracteriza; además, va feliz al colegio. No se puede pedir más. Eso sí, cuidado si os acercáis a Rafa que está en plan protector 😉

  • Viajar con niños

    Mañana toca preparar maletas. Para Rafa va a ser su segundo viaje en cinco meses de vida que tiene. Nada comparado con Alfonso, que en su primera Semana Santa y con seis mesecitos hacía nada menos que su sexto viaje, en torno a 5000 kilómetros en coche. Por eso, cuando algunos padres no salen de casa con la excusa de los niños, pienso ¡menuda tontería!

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    En Madrid, primer viaje de Alfonso antes de cumplir los dos meses.

    Todos sabemos que los críos te cambian la vida, pero no debemos encerrarnos ni encerrarlos a ellos en una burbuja. De vez en cuando hay que salir a comer a un restaurante, pasar un fin de semana en casa de unos amigos, ir a la playa… Yo ya estoy temblando con la logística que me va a suponer llevar a los dos peques este verano a la playa, pero me encanta la arena, así que no voy a quedarme en casa porque tenga que ir cargada como una gitana. Ya este verano iba tan feliz con Alfonso, mi barriga de embarazada, las toallas, la merienda del niño, el cubo y la silla plegable para sentarme. Sí, llegaba exhausta pero después disfrutaba.

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    El pasado verano, Alfonso disfruta de la playa casi más que yo.

    Ya estoy estresada pensando en todo lo que hay que llevar para estos días de Semana Santa. El carrito de Rafa y la silla de Alfonso, la cuna de viaje para uno y el protector de cama del otro. A eso hay que sumar ropa, pañales, neceser, la leche en polvo de uno, las papillas de fruta del otro. Y así, suma y sigue. Pero es lo que hay, mi marido es de fuera de Asturias y ambos hemos vivido en varias ciudades, así que recorremos la geografía española y vamos a las casas de todos los amigos que nos invitan.

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    En la Alhambra de Granada en 2011. Os podéis hacer a la idea de lo que es llevar a un niño de 11 kilos en mochila a más de 30 grados.

    Hay padres que nos dicen que somos muy animados y que ellos con los niños no pueden hacer todos esos planes, aunque creo que muchas veces son los padres a los que les da pereza movilizarse. Si hay que cantar en el coche, se canta. Si hay que ir hablando de los animales que nos cruzamos, pues nos ponemos a ello. Y siempre estará el DVD y los dichosos cantajuegos, acabo hasta el gorro. A mí lo único que me preocupa a la hora de viajar es que coman bien y descansen las horas que tienen que descansar, y eso lo cumplo a rajatabla. Lo demás es secundario, así que a ¡disfrutar estos días!

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