Etiqueta: epidural

  • Mi quinto parto, reencontrase con la vida

    Mi quinto parto, reencontrase con la vida

    Voy a intentar ponerle algún punto de humor a este post a pesar de que mi quinto embarazo y mi quinto parto han estado marcados inevitablemente por el anterior. Porque sabía que, cuando naciese mi quinto bebé, en algún momento, los recuerdos dolorosos iban a volver a mi cabeza. También sabía que, si todo salía bien, me reconciliaría de alguna manera con la vida. El parto de Carmen no se olvida, nunca, y pensar en ese día duele, pero Aurora ha hecho ese dolor más pequeño, y me ha devuelto la vida. Pero vamos al meollo, porque realmente apenas he contado nada de mi quinto parto y habéis preguntado mucho.

    Más allá de que mi única obsesión en este embarazo era que todo fuese bien, os confieso que, en algún momento  imaginé que, tras cuatro partos vaginales, el quinto bebé casi saldría solo, casi como en ese vídeo viral de una madre dando a luz a su quinto hijo en el coche 😉 Pues sí, yo creí que la criatura se «caería» sola, que no llegaría a tiempo al hospital o alguna cosa así como un poco peliculera. Pero no, aquello que me habían dicho ginecólogos y matronas de que el segundo parto era el más rápido y que, después de ése, ya no suelen ser tan fáciles, es cierto. Doy fe. Además, como me operaron del cuello del útero hace 14 meses (del tema embarazo tras conización hablaré también porque sé que os interesa), pues yo es que temí hasta un parto prematuro porque aquello no aguantase. Ilusa de mí.

    Tampoco imaginaba yo que un parto se me iba a adelantar casi 3 semanas porque los niños fueron muy puntuales. Así que contaba con estar dando a luz en torno a estas fechas, suponiendo que no llegara a cumplir 40 semanas. De cualquier manera, agradezco el adelanto porque en plenas fiestas y con los niños de vacaciones hubiera sido de locos. Pero bueno, que me lío. Total, que la noche del 6 de diciembre, ya madrugada del 7, noto que se rompe la bolsa, no en plan escandaloso pero sí evidente. Voy al baño, compruebo que el líquido es transparente y me acuesto. Noto moverse al bebé, sigo perdiendo líquido cada vez que me levanto, tengo alguna contracción suelta pero no estoy de parto. Así paso la noche en vela, obviamente. Ocho horas después, ya a una hora prudente, avisamos a mis padres para que vinieran a quedarse con los niños.

    Esta foto nos la hizo «Ladrona de momentos» horas antes de nacer Aurora

    De camino al hospital me entra el agobio porque no noto moverse al bebé. Angustia. En Urgencias me relajo, todo está bien y confirman que la bolsa está rota. Me dicen que lo normal es que me ponga de parto de forma espontánea en las siguientes horas (teniendo en cuenta que ya llevo más de ocho horas con ella rota). Pero no, señoras. Quinto parto y no, ni contracciones ni dilatación ni leches. Así que, como en la prueba del Streptococo había dado positivo, tampoco convenía estar demasiadas horas así porque pueda haber infección por lo que decidieron a mediodía empezar con prostaglandina, a ver si se animaba eso. ¡Y vamos que si se animó para mí! Cuando me di cuenta tenía contracciones cada tres minutos con un dolor como de estar de 9 centímetros, lo que vienen siendo contracciones muy, muy potentes. Me exploraron y me dicen que nada, que no hay dilatación alguna. Creí morir. Vale que ese dolor lo aguante sin epidural a punto de dar a luz, que ya sabes que en cuestión de minutos se terminan… pero sin haber empezado a dilatar, ni de broma.

    Todo esto en la habitación, yendo de vez en cuando a monitores, y hasta entrando en la ducha a ver si aliviaba un poco el dolor. Deciden pasarme a dilatación y, después de otras contracciones de morir, me ponen la epidural. Veo la luz 😉 Porque señoras, no es lo mismo el dolor de las contracciones que generan tus hormonas que las que son artificiales. Vamos, un abismo. Tengo que decir que me trataron en todo momento fenomenal y me explicaron lo que iban haciendo. Oxitocina al canto y paso de 0 a 10 centímetros en menos de dos horas y con poco dolor, muy llevadero. Vienen, me dicen que nos vamos a paritorio, que ya está a punto. Me pongo a llorar pensando en Carmen y en aquel parto en Tarragona. Paso a paritorio, ya con un dolor tremendo (creo que ahí rebajan la epidural para el tema de los pujos), tres empujones y oigo un llanto. Lloro. La matrona dice: ¡es niña! Me la ponen encima. Y lloro, y río sin parar. Ahí estaba Aurora. Allí estaba de nuevo la vida. Ésa que deberíamos encontrarnos siempre en ese momento.

    quinto parto

    Y así fue mi quinto parto, una inducción tras rotura de bolsa. Vamos, no me había pasado lo de romper la bolsa sin contracciones nunca. Pero así son los partos, ninguno es igual a otro. Todo salió bien, que eso es lo importante. La niña pesó 2,700 gr. al haberse adelantado y el postparto está siendo muy bueno. Como este post se ha extendido mucho, dejo para otro día cómo es enterarse en el parto del sexo de tu hijo porque os diré que ese día, en las caras de los que me atendieron, noté ya algo.

  • Mi experiencia con la epidural

    Mi experiencia con la epidural

    He parido tres veces. Mis partos han sido rápidos y vaginales, que no es lo mismo que naturales. Hago esta aclaración porque leo en muchos medios que Fulanita ha dado a luz de forma natural y, acto seguido, veo la palabra epidural. No es lo mismo vaginal que natural. Puede ser las dos cosas o ser solo vaginal, o ninguna, como es el caso de una cesárea. Yo sólo tuve uno natural de los tres (suficiente, por cierto). Pero en cualquier caso, no es hoy el tema del post sino que me centro en mis vivencias con la epidural. He tenido tres experiencias muy distintas, y no me refiero a que las haya habido buenas y malas; sencillamente, he dado a luz con mucha, sin nada y con poca epidural. Vamos, variadito.

    Lo primero, lo que hoy cuento es una experiencia personal; habréis oído un montón al respecto y tendréis las vuestras propias, como hay cientos de historias de partos. ¿La epidural tiene riesgos? Pues claro. Lo que ocurre que no son graves (puede ralentizar el parto, el dolor solo se alivia en una parte del cuerpo, puede dar dolor de cabeza, mareos…), es decir, no es que te puedas morir por usarla, que entonces yo sería la primera en parir sin ella. Cada una debe valorar las cosas. Yo reconozco ser fan de este invento. En realidad, sólo el parir ya implica escollos (por desgracia, conozco dos casos de bebés que murieron durante el parto), al igual que hay más riesgos pariendo a los 35 que a los 25, o a los 40 que a los 35. Esto es así estadísticamente. Pero en los países desarrollados todo está muy controlado y nadie se plantea tener hijos a los 25 por los riegos, sino que cada una lo hace cuando cree que puede o quiere. Dicho esto, paso a detallar mis partos:

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    Primer parto: inducido en la FPP por motivos personales (hoy en día no lo haría, y jamás me lo hubiera planteado antes de la semana 40). Las inducciones conllevan epidural, entre otras cosas, porque te ponen oxitocina artificial y doy fe de que las contracciones duelen muchísimo más que en un parto espontáneo. Duración del parto: 5 horas y media. Dolor: Ninguno. Epidural: debió ser mucha, no sentí nada. 

    Segundo parto: Aviso a navegantes, son los partos más rápidos, más que terceros, cuartos y sucesivos (y tiene una explicación científica que me detallaron dos matronas y que algún día contaré). Entré al hospital caminando tranquilamente tras darme una ducha y desayunar en casa empeñada en que, si maridín no se hubiera puesto pesado, yo hubiera podido dejar al mayor en la guardería y… ¡sorpresa! Me dicen en Urgencias que estoy de ¡8 centímetros! Grito: «No puede ser» y maridín cree, desde fuera, que me han dicho que es una niña. Nada más lejos de la realidad 😉 Duración del parto: 1 hora. Dolor: salvaje, no creo que haya nada parecido (eso sí, breve). Epidural: Cero patatero por más que la pedí a gritos creyendo que moriría ahí mismo.

    Tercer parto: Iba mentalizada de que igual no había anestesia, por si no llegaba a tiempo. Llegué al hospital de 3 centímetros y cuando fui a dilatación ya estaba de 7. Pude elegir entre poner epidural o no. De hecho, la matrona me dijo que iba como Fernando Alonso y que para qué ponerla. Pero no, lo vi claro. Me vino a la cabeza el dolor del parto de Rafa y no quise pasar por ello otra vez. Duración del parto: 2 horas. Dolor: fuerte pero soportable. Epidural: Sí, pero una dosis muy baja teniendo en cuenta la rápida dilatación.

    ¿Qué creo que es mejor y que además se está haciendo? Poner dosis bajas. Habrá quien tolere el dolor pero para mí es demasiado intenso. Y creo que no soy muy quejica porque estando de 8 centímetros me parecía soportable. Con las dosis bajas te aseguras que sentirás cuándo debes pujar y te aliviará el dolor, y eso ayudará a que el parto no se ralentice. No os creáis que no dolerá, porque de verdad, entre poca epidural y mucha hay un abismo, como lo hay entre poca epidural y ninguna. Diría que el parto de Gabriel fue perfecto, pero ya os conté que lo empañó el que la placenta no saliera de forma espontánea y me la tuvieran que sacar manualmente, lo pasé mal.

    En cualquier caso, cada una que decida. Yo volvería a hacer uso de un medio que alivia el dolor. Y ojo, que a pesar de los riesgos, puede ser beneficiosa en casos de mujeres con enfermedades cardíacas o diabéticas. Y todas conoceréis algún caso, como el de mi cuñada, que se pasó horas y horas con contracciones dolorosas y apenas sin dilatación y en cuanto se la pusieron, aquello fue rapidísimo. La mente juega un papel importante y para algunas puede ser un alivio. De hecho, todas las madres que conozco que decían que no la usarían, acabaron pidiéndola 😉 No pasa nada, no tenemos que ir de valientes por la vida. ¿Cuál es vuestra experiencia con la epidural?, ¿habéis usado otros métodos para aliviar el dolor?

  • El parto de Gabriel… y de la placenta

    El parto de Gabriel… y de la placenta

    Definitivamente, si habéis salido de cuentas y queréis parir, nada como una fabada y un paseo en condiciones. Ése fue nuestro plan el sábado. Cuando llegamos a casa a las 8 de la tarde, noté algunas contracciones así que, hora y media después, maridín y yo decidimos que lo mejor, estuviese o no de parto, era llevar a los peques a casa de mis padres y evitar llamarles ya de madrugada para que viniesen a la nuestra. Sobre las diez de la noche ya estábamos allí y esperamos a ver cómo iba mi ritmo de contracciones; fue cuando empezaron a ser cada 6-5 minutos cuando nos fuimos al hospital, que está a tres minutos de casa de mis padres en coche.

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    La casualidad hizo que colgase la foto de la fabada en Instagram.

    Llegamos a las 12 de la noche a Urgencias, donde la ginecóloga me dijo que estaba de tres centímetros, así que ya tenía asegurada la epidural ¡yuhuuu! Entre que me cogieron la vía, cosa que odio, me subieron a mi habitación, me puse el camisón y vino el celador a buscarme para llevarme a dilatación, pasó algo más de una hora. Vamos, que cuando me dijeron que estaba de siete centímetros («vas como Fernando Alonso», me comentó la matrona) me quedé alucinada y enseguida empecé a temblar porque peligraba la epidural y yo ya empezaba a ver las estrellas en cada contracción. Para cuando me pusieron la analgesia, que estaba de 8 centímetros, alguien soltó por ahí «para lo que te va a servir». Efectivamente, sirvió de poco pero mejor que nada, eso os lo aseguro. ¿Cómo os lo explicaría? Si en el parto de Rafa, los últimos 2 centímetros y el expulsivo los puntuaría en torno a 10 en mi escala de dolor, en el de Gabriel la puntuación sería de 8,5. Que sí, que dolió mucho, pero un poquitín menos.

    Gabriel nació a las dos y cuarto de la madrugada, dos horas después de llegar al hospital. Mi tercer parto fue el más cercano a la perfección: rápido, con epidural (ponerla antes sí que hubiera sido perfecto) y sin episiotomía. Y además, era la única parturienta en ese rato. El momento en que vi a mi hijo fue igual de increíble y emocionante que los anteriores, esto es algo que da igual que vivas por primera o tercera vez, aunque es cierto que con Alfonso no sentí dolor alguno y estaba más eufórica. Con Rafa y Gabriel sentí más el sosiego de cuando se acaba un dolor muy intenso.

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    Pero claro, no todo fue tan estupendo. Yo tenía a mi bebé en brazos y la matrona miraba el reloj; la placenta no salía. Lo habitual, y lo que yo viví en los partos anteriores, es que salga de forma espontánea. Y entonces escuché por primera vez en un paritorio la palabra «quirófano» y, no os lo voy a negar, me asusté. También me dijeron que intentarían evitarlo pero que, para ello, iban a manipularme. Sí, señoras, ahí abajo, recién parida y con tres puntinos calentinos recién puestos. Aquello fue como un segundo parto pero en el que hay que usar fórceps o ventosa. La epidural ya no hacía efecto alguno porque yo sentía cada movimiento y, no sólo eso, sino que me ponía cada vez más tensa. Y cuando por fin aquello salió, vi la luz aunque pasé varios minutos temblando. No os lo voy a negar, pero sin intención de que nadie se asuste (esto no tiene por qué suceder), pasé un rato muy desagradable.

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    La extracción manual de la placenta hace que se pierda mucha sangre así que el domingo no me dejaron moverme de la cama hasta por la tarde y pasé sin comer 24 horas, es decir, desde la famosa fabada. Eso sí, los análisis de sangre, a pesar de las hemorragias, eran perfectos; si es que servidora va con reservas a todos lados, hasta de hemoglobinas 😉 Y el lunes estaba como una rosa. Es más, esto de que mi familia política sea de fuera y estén aquí de visita me tiene todos los días de restaurante en restaurante, y Alfonso y Rafa están como motos con gente de fuera. En fin, soy una zombi, que lo sepáis.

    Os doy las gracias a todas y cada una por vuestros comentarios aquí, en Facebook e Intagram. Responderos era imposible, además en el hospital me iba fatal el móvil y hasta colgué dos veces seguidas el post anunciando que Gabriel había nacido. Perdonad también si estos días no respondo, lo que sí os digo es que os leo ¡¡¡¡siempre!!!! pero llevo una media de sueño de 4 horas diarias desde la noche del parto y verte con tres niños en casa es… ¡alucinante! (habrá post sobre esto). Y gracias a los compañeros del cole de Alfonso por hacer sus dibujos para Gabriel. Por supuesto, tengo pendiente también el post del encuentro entre hermanos. ¡Gracias a todas!

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