Cuándo llevar a los bebés a la piscina

Este fin de semana llevamos a Rafa por primera vez a la piscina, obviamente cubierta. Una cosa es que haga buen tiempo y otra es meter a los críos en el agua al aire libre en abril. A Alfonso también le llevamos por primera vez a la piscina cuando tenía cinco meses. En su momento, lo hicimos por aquello de hacer cosas nuevas con el peque, no pretendíamos que aprendiese a nadar a esas alturas de su vida.

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Alfonso, por primera vez en la piscina, año 2011.

Su reacción fue muy buena; no quiero decir con esto que se lo pasase bomba, pero no lloró ni cuando decidimos sumergirle la cabeza en el agua. Simplemente puso cara de susto, parecía preguntarse qué narices hacía allí. Repetimos otras dos veces aquella primavera, enseguida llegó el verano y descubrimos que Alfonso sentía pasión por el agua. Le poníamos en la orilla y cada vez que llegaba una ola y le cubría se partía de la risa. Y en cuanto empezó a gatear, se iba solo hacia el mar. Llamaba la atención de los paseantes.

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Alfonso en la playa, uno de los sitios que más disfrutó en su primer verano.

No sabemos si tuvo algo que ver el hecho de llevarle pronto a la piscina con su pasión por meterse en el agua, pero el caso es que con Rafa hemos repetido. Su reacción este fin de semana fue la misma que la de Alfonso en su momento, cara de alucinado y ni un llanto al meterle la cabeza en el agua. Me imagino que ese contacto temprano con el medio acuático les ayuda a perder el miedo.

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Alfonso y Rafa, este sábado.

Es más, con Alfonso viví el susto más grande de mi vida el pasado verano, cuando se cayó vestido y sin manguitos en la piscina de unos amigos. Me lancé a por él, vestida y embarazada de casi siete meses, y cuando le saqué lloraba; enseguida me di cuenta que había llorado por el susto, no por el agua, y es que, a los pocos minutos, quería meterse otra vez. Mi objetivo para el verano que viene es que Alfonso aprenda a nadar sin manguitos. Y confío en que Rafa reaccione en el mar tan bien como lo hizo Alfonso la primera vez.

Lactancia materna, mixta o artificial, ¿cuál?

El post de hoy va dedicado a Nuria, que hace una semana fue mamá por segunda vez y que ha optado, como hice yo en su momento, por la lactancia mixta. Sin ser una experta, me ha pedido que comparta mi experiencia al respecto así que os cuento por qué elegí esta forma de alimentación para mis niños. En realidad, con mi primer hijo tenía intención de darle leche materna exclusivamente, pero no fue posible por un postparto bastante doloroso. Como ya comenté en otro post, la primera vez que di a luz me practicaron la episiotomía; se hace en un porcentaje altísimo de partos, cuando la OMS cree que esos índices deberían ser más bajos. Pero esto ya es salirnos del tema.

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En el Hospital de Cabueñes después de dar a luz a Alfonso.

La cuestión es que la cicatrización fue muy dolorosa, pasé una semana llorando por las esquinas y acabaron poniéndome inyecciones de Voltaren, ¡mi salvación! Yo tenía leche para alimentar a media África; de hecho, y para ponerle un poco de humor a esto, os diré que de la noche a la mañana me convertí en una especie de Yola Berrocal que asustó hasta a mi marido… Pero claro, cuando no puedes ni estar sentada, es complicado darle el pecho al niño, así que en algunas tomas le pedía a mi marido que le diese biberón y la matrona me recomendó tomar Aspirina para bajar un poco la producción de leche. Madre mía, ¡parece que estoy hablando de Central Lechera Asturiana!

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Así que ése fue el motivo principal por el que alimenté al niño con leche materna y artificial hasta los tres meses. Además, por entonces, decidí dividir la baja por maternidad antes y después de dar a luz, y a los dos meses ya estaba grabando programas en Madrid y tenía que irme un par de días cada dos semanas.

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Os confieso que encuentro muy positiva la lactancia mixta, a los niños les pasas anticuerpos gracias a la leche materna y para las mamás que andamos todo el día fuera de casa y no nos sentimos cómodas dando el pecho en sitios públicos, es perfecto. Un problema con el que se encuentran algunas madres que eligen la lactancia mixta es que el niño puede rechazar el pecho si se acostumbra al biberón, yo no tuve ese problema.

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Alfonso tomando un biberón. Foto: Lucya Sánchez Moren.

En cualquier caso, es una elección muy personal y hay que intentar buscar un equilibrio para madre e hijo. Con Rafa repetí, aunque no sé si lo haría con un tercer hijo. Entiendo perfectamente que, con varios niños, las madres descarten darles el pecho por puro agotamiento. Que cada una elija y que nadie le haga sentir culpable por hacerlo libremente.

Riesgos de ser drama-mamá

He aquí la noticia, publicada este fin de semana, que justifica la existencia de este blog. Como sé que no os sobra tiempo y ya que me aguantáis cada semana, os doy un titular de un reciente estudio: en los primeros meses de maternidad existe un alto riesgo de desarrollar síntomas obsesivo-compulsivos. Los científicos ponen como ejemplos de estos trastornos el exceso de higiene, comprobar la respiración de la criatura continuamente, pesar al niño todos los días…

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Todas sabéis que la llegada de un bebé implica dedicación y conlleva cansancio; a ello hay que sumar el agotamiento que supone el parto y la revolución hormonal del postparto. Tenemos todo el derecho del mundo a estar más irritables durante una temporada. Pero no nos equivoquemos, ser madre es una experiencia para disfrutar, no para afligirse y vivir angustiada. Lo único que tengo clarísimo después de tener dos niños es que hacen lo que nosotros hacemos. Si les transmites angustia, sentirán angustia; si transmites serenidad, sentirán serenidad. Lo demás son tonterías.

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Mi hijo Alfonso con mi hermano, hace dos años

He conocido madres que no dejan que otras personas cojan a sus bebés en brazos. Y pienso ¡peor para ellas! Al final, en alguna ocasión es posible que necesites que alguien se quede con tu hijo, así que cuanto antes se acostumbre a otras personas, mejor. También están las madres que no dejan que sus hijos coman nada que no sea sano. Vamos a ver, el niño come legumbres, verduras, pescado, fruta y leche casi a diario. Madres dramáticas, ¡no pasa nada porque el sábado coma unos gusanitos o unas galletas!

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Alfonso, con diez meses, comiéndose el helado de su padre

No sé vosotras, pero a mis hijos se les ha caído innumerables veces el chupete al suelo y tal cual me lo he metido en la boca y se lo he puesto después a ellos. Muy higiénico no es, pero vamos, siguen vivos. Y después me sorprendo cuando alguien me dice que cómo me apaño con dos niños seguidos. Lo dicen como si fuera una cosa sobrenatural, aunque claro, entiendo que con lo complicadas que son algunas, les parezca imposible el hecho de cuidar de dos niños. ¡Por favor, las que no se cómo se apañaban eran nuestras abuelas y madres con cuatro o más hijos!

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Mis hermanos y yo de pequeños

Mamás, acepto estos síntomas un mes, dos incluso… pero superadas esas primeras semanas de vida, es innecesario, ¿o pensáis elegirles el novio o novia cuando sean mayores?

Viajar con niños

Mañana toca preparar maletas. Para Rafa va a ser su segundo viaje en cinco meses de vida que tiene. Nada comparado con Alfonso, que en su primera Semana Santa y con seis mesecitos hacía nada menos que su sexto viaje, en torno a 5000 kilómetros en coche. Por eso, cuando algunos padres no salen de casa con la excusa de los niños, pienso ¡menuda tontería!

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En Madrid, primer viaje de Alfonso antes de cumplir los dos meses.

Todos sabemos que los críos te cambian la vida, pero no debemos encerrarnos ni encerrarlos a ellos en una burbuja. De vez en cuando hay que salir a comer a un restaurante, pasar un fin de semana en casa de unos amigos, ir a la playa… Yo ya estoy temblando con la logística que me va a suponer llevar a los dos peques este verano a la playa, pero me encanta la arena, así que no voy a quedarme en casa porque tenga que ir cargada como una gitana. Ya este verano iba tan feliz con Alfonso, mi barriga de embarazada, las toallas, la merienda del niño, el cubo y la silla plegable para sentarme. Sí, llegaba exhausta pero después disfrutaba.

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El pasado verano, Alfonso disfruta de la playa casi más que yo.

Ya estoy estresada pensando en todo lo que hay que llevar para estos días de Semana Santa. El carrito de Rafa y la silla de Alfonso, la cuna de viaje para uno y el protector de cama del otro. A eso hay que sumar ropa, pañales, neceser, la leche en polvo de uno, las papillas de fruta del otro. Y así, suma y sigue. Pero es lo que hay, mi marido es de fuera de Asturias y ambos hemos vivido en varias ciudades, así que recorremos la geografía española y vamos a las casas de todos los amigos que nos invitan.

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En la Alhambra de Granada en 2011. Os podéis hacer a la idea de lo que es llevar a un niño de 11 kilos en mochila a más de 30 grados.

Hay padres que nos dicen que somos muy animados y que ellos con los niños no pueden hacer todos esos planes, aunque creo que muchas veces son los padres a los que les da pereza movilizarse. Si hay que cantar en el coche, se canta. Si hay que ir hablando de los animales que nos cruzamos, pues nos ponemos a ello. Y siempre estará el DVD y los dichosos cantajuegos, acabo hasta el gorro. A mí lo único que me preocupa a la hora de viajar es que coman bien y descansen las horas que tienen que descansar, y eso lo cumplo a rajatabla. Lo demás es secundario, así que a ¡disfrutar estos días!

MAMÁS 2.O

Esto de las mamás blogueras se ha puesto muy de moda últimamente. Es curioso que las madres nos queramos poner en contacto para intercambiar experiencias a través de la red. Más que nada porque casi la mitad de la población mundial ha parido o va a parir a lo largo de su vida. Vamos, que podemos hablar de la maternidad cara a cara con cierta facilidad. Pero algo tiene la red que nos engancha. Yo misma me conecté a internet estando de parto para saber si debía salir corriendo o no al hospital.

Pues bien, aquí estoy, escribiendo el primer post sobre esta increíble faceta de la vida. No esperéis que me ponga a decir lo que es mejor. Claro que os puedo dar consejos sobre lo que a mí me ha resultado positivo y útil, ya que siempre es bueno compartir esas cosas para ayudarnos. Pero sobre todo pretendo que paséis un buen rato al leer mis textos y que os riáis al sentiros identificadas en situaciones comprometidas. Así que absténganse mamás “talibán”,  mamás dramáticas y mamás histéricas. He visto a mi abuela desolada por perder un hijo de 30 años y mi mejor amiga perdió a su hermana con tan sólo 12 años. Eso sí es un drama; engordar 20 kilos en el embarazo es una anécdota, aunque en ese momento nos sintamos como bolas de grasa.

Vamos a hablar de esas situaciones que, aunque no siempre son graciosas, nos sacan una sonrisa. ¡Seguro que vuestros hijos os han sacado los colores al decir algo inapropiado delante de otras personas, ¿y qué me decís de la que yo llamo bolsa “antilujuria”, la que preparamos para ir al hospital antes de dar a luz con bragas desechables incluidas? A priori, no son cosas muy agradables, pero hay que reírse de ellas.

Y sí, ya sé que hay momentos de agobio, somos humanas. A ver si creéis que por tener sentido del humor no sufro. Pero como de los jarabes para la tos ya se escribe en muchos blogs, vamos a centrarnos en las tretas que tenemos que hacer para dárselo a nuestros hijos. ¡Espero que disfrutéis!

Por cierto, no debería tener que añadir esto pero tengo una norma: no aceptaré insultos y críticas destructivas hacia mí ni hacia otras madres que aquí compartan sus experiencias. Hacer una u otra cosa no te convierte en mejor o peor madre. Lo digo porque no sé qué le pasa a la gente en la red que pierde las formas con facilidad. Y no me gusta nada.