Categoría: crianza

  • Rabietas: qué he aprendido

    Rabietas: qué he aprendido

    Hace unos días tuve una conversación con una mamá que estaba pasándolo bastante mal con los berrinches de su niña. Nos confesamos, mutuamente, que en alguna ocasión, aquello nos hacía derramar lágrimas. No es fácil enfrentarse a la pataleta de un niño o bebé. Es cierto que ellos lo pasan mal pero, ¿y nosotros, los padres? La primera vez que tuve que hacer frente a una rabieta fue hace más o menos un año, cuando Alfonso empezó el colegio y estaba a punto de cumplir tres años.

    Y aún así, no me puedo quejar porque estoy hablando de un niño, no de un bebé, que ya había pasado por otro evento importante en su vida: la llegada de un hermano un año antes. Pero oye, era tan sumamente bueno, que la presencia de Rafa no le afectó negativamente y tenía un carácter que daba gusto. Las rabietas duraron un mes y reconozco que para mí fue duro, perdí los nervios en más de una ocasión y acababa a grito pelao o lanzando un zapato al aire cuando se negaba a que le vistiera. Aquello se le pasó de la noche a la mañana y aprendí que chillar no servía de nada.

    Con Rafa, esto de las rabietas, lo he vivido mucho antes; desde que tenía año y medio ha tenido algún que otro berrinche pero, al ser de forma ocasional, no le das importancia y lo «soportas». Lo malo es cuando entran en una etapa en la que esto sucede a diario, en cualquier momento y, en muchas ocasiones, no tienen una causa aparente que lo justifique. De repente, el crío te monta un pollo porque no quiere que los cojines estén en un sitio o porque quiere tirar la sillita al suelo. Intentas dialogar, le abrazas, le ofreces algo que le guste, un juguete, una galleta, yogur, lo que sea para que intente distraerse…pero da igual, el niño está fuera de sí y además, no sólo llora, sino que se agarra a tus piernas para que no puedas moverte. Y claro, el día que se pasa así una hora de reloj, sin exagerar, acabas por gritarle e intentas despegarle de tus piernas con un zarandeo. Y no, no es eso lo que quiero porque, cuando se me pasa el estrés de ese trago, me siento mal conmigo misma.

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    Y si encima las rabietas van acompañadas de despertares nocturnos o de que el niño o bebé, que siempre ha comido como un elefante, se niegue a zampar, pues la situación puede llegar a superarte. Eso es lo que nos ha pasado las últimas semanas con Rafa y reconozco que me he sentido abrumada nuevamente. Todo a la vez acaba haciendo mella y esas situaciones generan mucho estrés. Personalmente, asocio esta etapa con el comienzo de la guardería, quizás porque Alfonso vivió una etapa similar al empezar el cole, lo cual demuestra que, a mis hijos, lo de la adaptación les cuesta lo suyo. Hay quien dice que es por la inminente llegada de un nuevo hermanito pero yo creo que no es del todo consciente de eso.

    De cualquier manera, después de un etapa así se quedan como la seda. Yo ayer mismo alucinaba viendo a Rafa sin intentar quitarle el balón a su hermano, o de repente me abrazaba y daba besos en la barriga diciéndome «te quiero». Llevamos dos días de paz y confío en que la mala racha haya pasado. ¿Qué sentís en plena rabieta de vuestros hijos?, ¿cómo actuáis?, ¿alguna vez la situación os ha hecho perder los nervios?

  • Cumpliendo años, ¿quién dijo fácil?

    Cumpliendo años, ¿quién dijo fácil?

    Hoy hace 4 años que Alfonso vino al mundo para transformar mi vida. Llegó en un parto inducido, relativamente corto siendo primeriza (5 horas) y sin dolor alguno gracias a la epidural (el postparto ya fue otra cosa). Lo recuerdo como un momento increíble, en el que me pareció que se paraba el mundo y no quería separarme de él. Desde entonces, viví en un continuo enamoramiento y tuve la suerte de que, cuando nació Rafa, nada cambió en él así que dupliqué mi amor de madre. Pero no voy a engañar a nadie, cada año que cumplen, los «problemas» también van aumentando.

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    Celebrando sus cumpleaños

    Cuando son bebés, te agota el no dormir bien, que si dar el pecho, que si luego no paran cuando empiezan a andar, que si rabietas sin sentido… pero da lo mismo, precisamente porque siguen siendo bebés a los que mimas de continuo y rara vez te puedes «pillar» un cabreo con ellos. Ésa fue mi situación con Alfonso los tres primeros años, se puede decir que tuve suerte porque con dos años otros ya tienen un carácter de narices y son más movidos, como le pasa a Rafa.

    Por un lado, cuando van creciendo, ganas en comodidad; se pueden hacer más planes con ellos, tienen ya horarios y rutinas, dialogas cuando les pasa algo, cada vez son capaces de hacer más cosas solos y todo se va simplificando… ¿Todo? Bueno, casi todo. No nos engañemos, luego van llegando otras preocupaciones. Ayer mismo Alfonso pegó a un compañero de clase y no puedes hacer otra cosa que cabrearte y castigarle. Ya no hablamos de bebés, sino de niños que ya distinguen y saben perfectamente lo que está bien y lo que no, aunque les resulte difícil controlar sus emociones e impulsos.

    Y esto no ha hecho nada más que empezar. Discusiones entre hermanos, en el colegio con amigos, que si no quiero ir aquí o allí, que si la profe me tiene manía, que si hoy nos han metido 5 goles y estoy de mal humor, que si no quiero estudiar, que si esta chica pasa de mí…y así, suma y sigue lo que nos espera. Para mí, este ha sido sin duda el año en que he notado que perdía cualquier ápice que tenía de bebé; y es que, cuando cumplen tres años, aún tienen cierta inocencia. A los cuatro, son ya niños, que te retan, que te ponen al límite, que van «independizándose» de alguna manera… aunque obviamente habrá niños más tranquilos que otros y no lo manifiesten de la misma forma.

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    Cuatro años que han pasado en un suspiro.

    Lo bueno que tenemos las madres es que vamos asumiendo todo esto como parte de sus vidas y de las nuestras. Que es cierto que les vemos cumplir años pero que, de alguna manera, siempre vemos a ese bebé que nos tuvo enamoradas. Y no es que no lo esté ahora, porque lo estaré toda mi vida de mis hijos, sencillamente es que ellos, poco a poco, van buscando la manera de «emanciparse», necesitan reafirmarse como personas que cada vez dependen menos de nosotros. Sé que es pronto para hablar de independencia pero es un proceso que, sin darnos cuenta, va llegando en pequeños gestos. En cualquier caso, nos lo pongan más o menos fácil, vamos a celebrar por todo lo alto que cumplen años y que están sanos. ¡Felicidades Alfonso!

  • Se acabó el verano: el antes y el después.

    Mañana día 23 de septiembre se acaba oficialmente el verano de 2014. Es cierto que los veranos, aunque tengan muchas cosas en común todos los años, también tienen otras que hacen que cada uno sea especial. Yo recordaré estos tres meses como un tiempo en el que me dí cuenta de la dificultad de criar dos hijos. No es que hasta ahora me pareciera fácil, pero reconozco que había sido muy llevadero. Durante los primeros meses de vida de Rafa, el mayor estaba en la guardería así que tuve tiempo para el pequeño; después llegaron las vacaciones pero Rafa aún no caminaba y Alfonso seguía siendo un bendito, por lo que la tranquilidad reinaba en casa. Luego llegó el cole para el mayor y, aunque fue un cambio grande y le costó, los peques sólo estaban juntos a partir de las 5 de la tarde así que se puede decir que…todo en orden. Y hasta aquí duró mi paz.

    El día de la fiesta de fin de curso de Alfonso, el último día de relativa paz para mí
    El día de la fiesta de fin de curso de Alfonso no sabía la que se me venía encima.

    En junio de este año tenía de vacaciones a un niño que había pasado su primer curso en el cole, con su consecuente rebeldía, y un medio bebé que espabilaba a pasos agigantados. Para ellos, pasar 24 horas al día pegados era una novedad así que este verano ha sido el de su unión y, por supuesto, discusión. Y esto último, para mí ha significado que sea el verano del estrés (mucho me temo que va a haber unos cuantos más). Porque siempre quieren lo mismo; que uno coge la moto, el otro de repente también la quiere aunque hasta es momento ni se acordara, y si el mayor se sube al sofá, el pequeño, que no tiene edad para andar dando brincos, lo hace. Y el mayor, que ve como el pequeño se ríe con todas las chorradas que hace, no mide y piensa que está jugando con uno de sus compañeros de clase, con la diferencia de que el otro aún no tiene ni su destreza ni su fuerza… Luego pasa lo que pasa, que llega la primera visita a urgencias para coserle la ceja al pequeño.

    Y todo esto, mientras tú tratas de hacer camas, dejar comida preparada y vestirles, que empieza a convertirse en una odisea cuando no quieren. Acabas con tal cabreo porque el mayor se niega a que le pongas el zapato, que lo lanzas (al zapato, no al niño 😉 ) a la otra punta del salón «amenazando» con que no irán a casa de los abuelos en un mes. No tienes tiempo ni para depilarte, porque cuando te «aprovechas» de tu padre, es por trabajo, ¡como para andar pidiendo que se quede más tiempo con los niños para otros menesteres! Y te los llevas hasta hacer las compras de la vuelta al cole y acabas casi con un ataque de ansiedad. Con sinceridad, ha habido días que he estado desbordada. Eso sí, a mí esto no me pilla por sorpresa porque he sido la hermana mayor con tres fierecillas por detrás que , de todo, menos tranquilos.

    Y todo, mientras la barriga sigue creciendo y la movilidad decreciendo ;-)
    Y todo, mientras la barriga sigue creciendo y la movilidad decreciendo 😉

    Y mientras para mí ha sido un verano estresante (y no por ello ha dejado de ser también bonito), para Rafa estos meses han sido como un cursillo acelerado en absolutamente todo. Ese afán de imitación a su hermano que siempre tienen los pequeños, sumado a 24 horas al día pegados el uno al otro, le ha hecho tener una picardía que jamás tuvo Alfonso hasta hace bien poco. Pero para mí, el gran cambio de Rafa ha estado en el lenguaje. Ha pasado, con 20 meses, de decir medio centenar de palabras, y algunas a su manera, a hablar prácticamente todo con 23 meses que cumple hoy. Os aseguro que, a estas alturas, con Alfonso no teníamos una conversación con frases completas, que si «quiero agua fría», «quiero ir a casa abuelo», «a mimir con oso y pete (chupete)», «hasta luego», «mamá, dame toawa (toalla)» y palabras como «chiquitines», «malalenas (magdalenas)», «chaqueta», chacla (chancla)»…. De hecho, es capaz de repetir cualquier término (no científico o técnic0, claro) que le digas salvo pelota, a la cual está empeñado en llamar patata, y Alfonso, que es Atoto. Y por si alguien no me cree, dejé constancia en Instagram con este vídeo, que ya no e sólo lo que dice sino cómo lo dice.

    Para Alfonso, éste no ha sido un verano de grandes cambios, ya que a estas edades empiezas a notar que los avances son más pequeños. Ver Oliver y Benji por primera vez ha supuesto que juegue al fútbol a cámara lenta, narre jugadas durante varios minutos y le haga zancadillas ficticias a su hermano. También ha sido el tiempo en que se ha hecho consciente de que va a tener otro hermano, supongo que al notar que mi barriga ha crecido. ¿Y que he hemos hecho para despedir el verano como Dios manda? Pues playa y más playa, y familia. ¿Cómo ha sido el verano para vuestros peques?, ¿ha sido especial en algún sentido?

    Casi los últimos en irnos de la playa de San Lorenzo el sábado. Casi los primeros en llegar el domingo a la playa de Estaño, de la que ya os hablé en otro post.

     

  • Parto en casa/cesárea a la carta

    Últimamente veo posturas muy enfrentadas en esto de la maternidad y la crianza de los niños. La “disputa” más relevante en este sentido suelo encontrarla en el asunto pro-lactancia/pro-biberón. Sobre este tema no voy a hablar hoy, creo que todas las madres sabemos los beneficios de la lactancia materna y quienes decidimos optar por biberones, antes o después, lo hicimos por motivos que consideramos suficientemente relevantes (mastitis, vuelta al trabajo…). Así que no voy a entrar en este debate.

    Una de las últimas campañas en favor de la lactancia materna.

    Lo que leo últimamente (esta noticia que publicaba ABC ayer me hizo escribir hoy este post) es que las futuras madres se interesan cada vez más, por un lado, por un parto en casa y, por el contrario, por cesáreas programadas; esto último sabéis que está muy de moda entre las famosas. Sin ser matrona, ginecóloga ni nada semejante, tengo la sensación de que hay cosas que sólo necesitan un poco de sentido común. Vamos a ver, imagino que todas sabéis que una cesárea es una operación de cirugía mayor en la que se abre un órgano (en este caso útero) y que requiere anestesia, ¿no? Supongo que, sabiendo esto, todas coincidimos en que, si no es por motivos de salud, lo mejor es un parto natural.

    Con esto quiero decir que hacerse una cesárea por motivos estéticos o porque te viene bien el día me parece una soberana frivolidad. Adelantar un mes el nacimiento de tu hijo a través de una cesárea porque no quieres engordar o por aprovechar la anestesia para hacerte unos retoques denota poco conocimiento. En el primer caso, porque no es bueno para tu hijo y, en el segundo, porque no debe ser muy recomendable andar haciéndote arreglitos internos cuando tu cuerpo acaba de «crear» una nueva vida.

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    Sobre los partos en casa, más de lo mismo. Parir es una cosa natural, sí, pero no está exenta de riesgos. Me da igual que a tu casa vayan cinco matronas, gines o lo que sea a atenderte y que el hospital esté a 10  minutos. No tiene porqué pasar nada en un parto pero eso no significa que no vaya a pasar. Que también puede haber complicaciones en un paritorio, pero siempre habrá más medios para hacer frente a cualquier imprevisto. En España, quien puede “financiarse” un parto en casa, imagino que también podrá elegir un buen hospital con buenos profesionales a los que les puedes dar indicaciones sobre evitar episiotomía, estar en ésta u otra postura, o tener una habitación estupenda.

    Eso no quita para que los hospitales tengan que mejorar muchas cosas, entre otras, que las plantas de maternidad sean algo más acogedoras porque, al fin y al cabo, las parturientas no somos enfermas. O que en los partos se intervenga menos (esto ya se está haciendo en muchos centros hospitalarios). Pero señores, la medicina y los profesionales están aquí para algo y por eso nuestra calidad y esperanza de vida ha mejorado tanto de unas décadas a esta parte. Se trata de recurrir a los avances médicos pero sin pasarse, vamos, ni lo uno ni lo otro, ¿qué opináis vosotras?

  • Tener hijos porque toca

    Aunque no lo creáis, esto de llevar una vida «marujil» me está haciendo aprender más sobre el ser humano que cualquiera de los trabajos que he tenido. De hecho, no hace mucho os hablaba aquí de la sorpresa que supuso para mí que, a estas alturas, se llame «coneja» a mujer por tener varios hijos. Pues resulta que, aunque os parezca imposible, hay parejas que tienen hijos porque hay que tenerlos, porque toca, porque eso es lo que se espera de las personas cuando llegan a una edad. Si no, no se entiende una conversación como ésta que tuve con una madre de dos niños. Es real:

    Yo: Ya me han contado que Manuela (nombre ficticio) está embarazada de mellizos.

    Madre: Si, por ahora.

    Yo: ¡Vaya!, ¿Qué tiene: riesgo de aborto o algún problema?

    Madre: Tiene miedo a perder alguno. Pero bueno, mejor si lo perdiera.

    Yo: Pero ¿y eso?

    Madre: Mira cómo estoy yo de atada.

    Si, lo que leéis es veraz. Lo mejor es que la madre ni siquiera trabaja, vamos, un agobio de morir. Me revientan este tipo de comentarios. Me molestan esas madres cenizas que están todo el día quejándose de lo dura y terrible que es su vida desde que tienen hijos. ¡Coño, claro que es duro pero es que yo no me quedo con eso!, ¿no sabían lo que era tener hijos, más o menos? Y es que, aunque os parezca increíble, días atrás, una señora me dijo en la frutería (vida «marujil» total) que, si lo hubiera sabido, mejor hubiera tenido sólo uno.

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    Sinceramente, tener hijos porque es lo que se espera de ti es, primero, no tener personalidad alguna, vivimos ya en una sociedad lo suficientemente moderna como para que la gente acepte con normalidad el que no quieras tener hijos. Es cierto, si te casas o vives en pareja, la gente pregunta que para cuándo los hijos pero nadie te pone una pistola en la sien para tal menester. Así que, si no quieres tenerlos porque te atan, no los tengas. Y segundo, tener hijos porque toca es ser egoísta. Sí, porque si no estás dispuesta a quererlos con todo lo bueno y lo malo, eres una persona egoísta. Querer que tu vida sea igual antes y después de ser padre es una quimera, cualquiera sabe que hay cosas que cambian.

    Intento creer que se trata de casos puntuales aunque es cierto que veo padres que parece que no tienen prisa por llegar a casa, que salen del trabajo y, en vez de ir a casa para estar más tiempo con sus hijos, van a tomar algo por ahí, al gimnasio… todos los días. Y llegan cuando ya les han bañado y han dado de cenar a los niños. Entiendo que llegues tarde por trabajo pero ¿por ocio y sistemáticamente? No es mi concepto de la maternidad/paternidad.

    Claro que hay que buscar un rato para hacer algo de deporte y ver a tus amigos de vez en cuando, hacer una escapada en pareja, dejarles una tarde con sus abuelos para ir a la pelu, a darte un masaje, lo que quieras… de hecho, no hay cosa peor que encerrarse y cambiar radicalmente tu vida por tener hijos, ni lo uno ni lo otro. Pero, ¿son tus hijos lo más importante? Pues si apenas les has visto por la mañana antes de ir al cole o guardería, ¿no deberías morirte de ganas por llegar a casa y pasar un tiempo con ellos? Eh, que yo no soy una madre perfecta, yo también me canso, doy gritos, soy de las que, cuando llega el verano, digo: ¡Dios mío, casi tres meses con el niño en casa las 24 horas del día! Pero ya lo he dicho en alguna ocasión, no son una carga y no me atan, me ato yo a ellos. Decidme que esto que he contado hoy lo veis con poca  frecuencia y me quedaré más tranquila.

  • Bipolaridad infantil

    Tengo una teoría y es que los niños y bebés tienen un punto bipolar, pasan del llanto a la risa y viceversa en cuestión de segundos. Ya os he contado más de una vez que Alfonso es un niño muy expresivo, todo lo vive apasionadamente, lo bueno y lo malo así que su bipolaridad es aún más palpable. Cuando en su vida se produce algún acontecimiento que para él es injusto, sufre intensamente. Ayer, cuando le recogí en el cole como todos los días, le pregunté si había comido sus galletas de dinosaurios en el recreo. Primer disgusto, maridín no había puesto su nombre al paquete de galletas por la mañana y claro, esas cosas son imperdonables.

    Normalmente, el crío lleva manzana pero se me había olvidado reponer el día anterior así que ayer, después de contarme lo de las galletas de dinosaurios, le dije que ya había comprado fruta y que mañana llevaría su manzana. Segundo disgusto, se paró en seco con cara compungida y me dijo que a veces se la tiran al suelo. ¿Quién te la tira?, le pregunté. Su respuesta fue «los mayores». Me agaché para abrazarle y seguí preguntando.

    Nuestro paseo del cole al parque da para mucha conversación.

    Los mayores son los de 4 años, vamos, sólo un curso por encima de él. Le tiran la manzana y claro, cuando la coge está un poco sucia. En ese momento me enervo y me sale la vena mamá guerrera, como la loca de la película «La mano que mece la cuna» cuando va al cole de la niña 😉 Ayyy pero la maternidad me ha hecho de un razonable… Y aunque a mí me apetezca decirle al niño «coño Alfonso, espabila y mándales a la porra», le digo que avise a la profesora y que no se preocupe. ¡Anda que no se muerde una la lengua cuando tiene hijos!

    En fin, pues no me habrán toreado a mí de pequeña, y lo que habré toreado yo a otros. Yo recuerdo que no pegué ojo una noche por quitarle a una profe un tajalápiz (sacapuntas), no os digo más. Cosas de niños, no le doy más importancia porque además en el cole se ve que el niño está feliz. Eso sí, le pregunto cada día para estar al tanto de lo que le gusta y de lo que le hace pasar mal rato, porque señores, el niño es muy sufrido. Tanto, que ayer se hizo un rasguño en el parque y del disgusto (y cansancio) se quedó dormido en mis rodillas. Y vuestros peques, ¿tienen sus «problemillas» en el cole?, ¿os lo cuentan como si el mundo fuera a acabarse?

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    Pues eso, que del parque el señorito volvió en la silla de su hermano y el pequeñajo andando. Y como veis, con el pañuelo en la mano porque estaba desangrándose 😉

  • Familias numerosas, ¿y qué?

    Ayer la noticia salía en muchos medios de comunicación: Raúl González y su mujer van a tener su sexto hijo. A la mayoría de nosotras esa cifra nos hace soltar un woooow pero en ningún caso vemos algo negativo en ello, al menos yo no lo veo. Horas después se supo que Borja Thyssen y su mujer van a  tener el cuarto retoño. Pues mira qué bien, porque además se lo pueden permitir.

    No es que tenga yo mucho interés en la vida de los personajes públicos pero el caso es que, en cada medio en el que veía la noticia, me encontraba comentarios de lo más hirientes y, porqué no decirlo, machistas, incluso de algunas mujeres. Lo primero que me sorprende es que se llame a una mujer «coneja» por el hecho de tener seis hijos. ¿Pero en qué narices está pensando la gente? A estas alturas, creo que a nadie se le escapa cómo se queda una mujer embarazada y vivimos una época en la que, quien quiera, puede acceder a métodos anticonceptivos muy variados, y esto es algo que no sucedía antes. Además, tenemos la suerte de que podemos quedarnos en casa cuidando de nuestros hijos o podemos trabajar sin que a la mayoría le sorprenda (salvo a cuatro marujas), y antes sólo existía la primera posibilidad. Entonces, ¿qué hay que opinar sobre alguien que decide tener seis criaturas?, ¿a quién puede molestar eso?, ¿alguien cree todavía que se tienen hijos porque eso es para lo único que estamos destinadas?

    Schalke's Spanish striker Raul who is leaving the club and his children thank the fans after the German first division Bundesliga football match FC Schalke 04 vs Hertha BSC Berlin in Gelsenkirchen, western Germany, on April 28, 2012. Schalke won the match 4-0. AFP PHOTO / PATRIK STOLLARZ RESTRICTIONS / EMBARGO - DFL LIMITS THE USE OF IMAGES ON THE INTERNET TO 15 PICTURES (NO VIDEO-LIKE SEQUENCES) DURING THE MATCH AND PROHIBITS MOBILE (MMS) USE DURING AND FOR FURTHER TWO HOURS AFTER THE MATCH. FOR MORE INFORMATION CONTACT DFL. TELETIPOS_CORREO:SPO,SPO,%%%,%%%

    Pues qué queréis que os diga, yo les veo una familia totalmente feliz.

    Después están los comentarios de «con la pasta que tienen, así cualquiera». Hombre, no es lo mismo que tengan seis críos Raúl y Mamen que Carmen y Chema pero honestamente, ¿cuántas tendríamos seis hijos con su cuenta corriente? Porque yo reconozco que cuatro o cinco no me importaría nada pero a seis no llegaría ni aunque me tocase el Euromillón. Es más, ¿cuántos famosos tienen cuentas corrientes de no sé cuántos ceros y tienen uno o dos hijos? Pues mira, prefiero que se lo gasten en traer prole a este país, que falta nos hace, que en comprarse Ferraris. Así de claro.

    Ayer en el parque tuve momento colapso. Primero Alfonso chocó con una niña y fui a consolarle, en ese momento Rafa se cayó y solté a uno para ir a por el otro. El comentario de turno fue: ¿Y tú quieres tener un tercero? menuda moral. En serio, cuándo llegará el día en que nadie juzgue si tienes muchos o pocos hijos. So soy yo quien va a cuidar de ellos y además mis hijos no son una carga, ¿qué tiene que opinar la gente?, ¿os ha pasado que os juzguen por no tener hijos?, ¿por tener más de los que socialmente están «aceptados»?

     

  • El cuidado de los hijos, ¿en quién recae?

    Cuando uno lee «El cuidado de los hijos recae en la madre en el 82% de los casos y la abuela ya es la segunda opción« se queda, cuando menos, perplejo. Es lo malo de los titulares, que son tendenciosos. Por eso me alucina que la gente comparta enlaces en Facebook sin haberse tomado la molestia de leer los contenidos. Pero esa ya es otra historia.

    Si me quedase sólo con el titular con el que inicio el post de hoy, pensaría que los hombres, como antaño, no se hacen cargo de la crianza de los hijos. Y sinceramente, no tengo yo esa sensación sino que veo a mi alrededor padres encantados con sus niños y que se implican en la educación y en el cuidado de los peques. Pero claro, hay que seguir leyendo.

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    Lo primero, y para que sepáis de lo que hablo, es que los datos están extraídos del CIS (Centro de Investigaciones Científicas), por lo tanto nunca puedes saber si las respuestas que da la gente son realmente ciertas, aunque creo que tampoco tendría sentido mentir en esto. Y lo segundo es que, si al titular le añadís las palabras «mayoritariamente» y «menores de tres años», entonces las cifras van cobrando sentido. Vamos a ver, si tuvierais que decir quién se ocupa o ha ocupado mayoritariamente de vuestros niños de menos de tres años, ¿cuántas dirías que vuestra pareja? Imagino que pocas.

    La realidad es que los padres de hoy en día participan de una forma muy activa en el cuidado de los niños y, cuando la madre también trabaja, comparten las tareas casi de forma equitativa, pero ese «casi» supone que cuando hay que trabajar menos, somos nosotras las que pedimos reducción de jornada o jornadas continuas para salir antes y poder estar con los niños.

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    La realidad es que, en el parque, lo que veo frecuentemente son madres, aunque también algún padre. Y como ya nos conocemos, sé de sobra cuántas de ellas han renunciado a crecer profesionalmente para pasar más tiempo con sus hijos. Y no quiero decir que los padres no harían determinadas renuncias laborales por sus hijos pero, como lo hacemos las madres y se da por hecho que somos nosotras las que debemos hacerlo, pues a ellos la paternidad no les supone problema alguno en sus trabajos.

    Mi experiencia es que la mayor parte del cuidado de mis hijos la llevo yo, fundamentalmente porque trabajo poco. Que conste que soy feliz pasando tanto tiempo con mis hijos, para nada me siento una profesional frustrada porque lo que más quería en este mundo era tener mi familia y la tengo. Es más, si fuese rica, trabajaría lo justo y en algo que me gustase mucho (como la tv, que es donde disfruto), me dedicaría a aprender cosas que me interesan, a mis hobbys y, como ahora, a  estar con mis hijos. Así de claro.

    Y ahora me gustaría saber cuántas de vosotras habéis pedido excedencias, reducción de jornada… Cuántas sabéis que tener hijos os ha frenado profesionalmente y a cuántas de vosotras, por contra, la maternidad no ha supuesto ningún cambio en vuestro trabajo… Y por supuesto, si hay casos en los que han sido vuestras parejas las que se han hecho cargo de los niños para que vosotras crecierais profesionalmente. Mucho me temo que el CIS no anda muy desencaminado con este asunto.

  • Biberón, ¿solo para bebés?

    Hace una semana, mi hijo Alfonso nos pidió, después de la cena, un biberón en lugar de su habitual taza de leche con cereales. Como estaba agotado, nos pareció muy normal y accedimos. Desde entonces, nos lo pide cada noche. Sinceramente, a mí no me parece un problema alargar lo del bibe, pero bueno, como ya llevaba más de medio año sin tomarlo por las noches, le he convencido para que beba la leche en su tacita de Mickey Mouse.

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    Lo de tomar bibe a los tres años no me preocupa nada, es más, Alfonso aún lo toma en el desayuno y creo que disfruta ese momento, al igual que su padre, que se lo da cada mañana. Llamadme lo que queráis pero es que ni siquiera me he planteado cuándo debe abandonarlo definitivamente. La última vez que fue a revisión al pediatra fue al cumplir dos años y no comentó nada al respecto, por lo que no me preocupé de ese asunto. Sólo intento que coman sano, si empiezan a usar el tenedor antes o después me parece secundario y, en ningún caso, determinante. Es más, Rafa hace tiempo que sabe perfectamente pinchar comida con el tenedor y llevárselo a la boca sin que yo le haya enseñado, simplemente lo ven y copian.

    El caso es que a raíz de la petición del niño de biberón, busqué información. Y realmente me sorprendió encontrar artículos de algún que otro pediatra recomendando que abandonen ese hábito al año justificándolo en factores como estos:

    1.Olvidarse del biberón es un signo de que empiezan a ser mayores y más autónomos.  Yo personalmente no tengo ninguna prisa en que sean mayores, no entiendo esta manía últimamente de querer acelerar todos los procesos de la infancia, de pretender que coman solos, que tomen lo mismo que los adultos. ¡Pero si los niños son tremendamente dependientes de quienes les cuidamos!

    2.Usarlo durante mucho tiempo fomenta en muchos casos la aparición temprana de caries  ya que los dientes se deterioran al exponerse a líquidos durante períodos largos de tiempo. Mi pregunta es la siguiente: ¿cuánto tiempo  tardan vuestros niños de uno, dos o tres años en tomarse un bibe? Porque en mi casa se lo toman en dos minutos. Así que entiendo que lo perjudicial es el tipo de líquido, no el soporte cuando se usa únicamente para lo que es.

    3.Advierten que algunos niños que continúan con el hábito del biberón una vez cumplido el año y medio pueden padecer deficiencias en su alimentación porque podrían recibir mucha más cantidad de leche al día de la que necesitan, por lo que ya no tienen hambre a la hora de comer alimentos sólidos. Hombre, pues para algo estamos los padres, si fuera por mi hijo merendaría todos los días galletas. Y como queremos que coman sano y bien, les damos primero el sólido en la cena y después la leche en taza o bibe.

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    4. El desarrollo del habla puede frenarse o ir más lento de lo habitual, ya que es complicado conseguir hablar teniendo la tetina del biberón o el chupete en la boca. Y yo me pregunto, ¿alguno de vuestros hijos sale de casa con el bibe puesto? Insisto, los míos usan el bibe para lo que es, para tomar su leche, y nada más.  Bueno, vale, de vez en cuando Rafa lo hace rodar por el suelo. El chupete ya es otra cosa que hay que controlar más cuando pasan horas usándolo. Por surte, a mis hijos nunca les ha gustado mucho y no he tenido que pasar por el trance de quitárselo, ha sido espontáneo.

    Pues eso, que yo creo que este tipo de argumentos generan alarma y mucha confusión. Una cosa es que los niños tengan un vicio y otra es que les guste algo y quieran alargarlo en el tiempo. Que nadie se preocupe, que tarde o temprano, dejarán el bibe. Pero por le momento, ellos disfrutan de esos minutos en los que se juntan comida y estar en brazos de los papás. ¿Qué opináis vosotras?, ¿hay prisa en quitarles el bibe o no?

     

  • ¿Crisis de los tres años?

    Estoy atravesando una crisis en mi relación con Alfonso. Nuestro idilio comenzó hace casi tres años; para mí fue un flechazo mientras para él, yo era sólo pura necesidad. Con el tiempo me fui enamorando más y más de él, y sé que él, además de necesitarme, empezó a quererme.

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    Desde que le vi por primera vez, no pude dejar de quererle.

    Pasamos mucho tiempo juntos, desde que empezamos apenas nos hemos separado. Sólo cuando comenzó la guardería con dos años, nos distanciábamos unas horas al día. Y ni siquiera eso hizo tambalear nuestra relación, se lanzaba a mis brazos cuando nos reencontrábamos cada día.

    Tampoco la llegada de Rafa hizo cambiar nuestro idilio, en este caso tres no eran multitud y él lo entendió así, por lo que comenzó a querer y a cuidar al nuevo miembro del ahora trío. Nada parecía entorpecer nuestro amor y siempre fue un niño feliz, alegre, sociable, divertido…

    relación madre hijoHace un mes, nada hacía presagiar nuestro distanciamiento. 

    Sin embargo, las cosas cambiaron hace tres semanas coincidiendo con el comienzo del colegio. Ahí comenzó nuestra crisis, de repente se distanció de mí y despertó su rebeldía. En algunos momentos perdí los nervios, no estaba acostumbrada a oír el NO todo el día. Creí que sería cuestión de días volver a la normalidad y que se trataba de un problema sólo conmigo por llevarle al cole. Pero no, su profe nos dice que se no se porta bien.

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    No se le ve entusiasmado con esto del colegio, ¡pues no le queda nada!

    Hablo con él y hace que no me escucha, se le ve más serio y me reta varias veces al día. Quizás sea una forma de llamar la atención por algo pero ¿por qué? Ya me gustaría saberlo. Si alguna de las que me está leyendo ha pasado por esto y al final sólo se ha quedado en una mala época, me encantará que me lo cuente. Si la cosa ha ido más, espero que se lo reserve. Cruzo los dedos para que sea pasajero.

    Por cierto, si vivís en Asturias o vais a visitar esta tierra, no dejéis de participar en nuestro sorteo de entradas para el Jardín Botánico, es un sitio genial para los peques. Y esta tarde estaré en TPA en directo, ya os contaré qué tal lo de ponerme de nuevo delante de los focos. ¡Buen fin de semana!

  • Demasiados cambios… como para perdérmelos

    Si tuviera que separarme de mis hijos varios días, creo que “moriría”. De Rafa aún no me he separado más de unas horas, y de Alfonso sólo tuve que distanciarme dos días al mes por motivos de trabajo, de eso hace ya más de un año.

    Si tuviera que irme sin ellos más de cuatro días (creo que por ahí debe andar mi tope de independencia), además de echarles de menos, necesitaría que quien estuviese a su cargo me hiciera un detallado boletín informativo de todo lo que han hecho cada día. Y no, no es que yo sea una exagerada, es que estos críos no dan tregua, que en cuestión de días pasan demasiadas cosas.

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    Primer diente de Rafa hace una semana, ahora ya estamos con el segundo.

    En menos de dos semanas, a Rafa le han empezado a salir los dientes. Vale, este es un acontecimiento sin mucha trascendencia porque hasta que no tenga unos cuantos dientes más no va a poder tomar sólidos, pero qué narices, todos los padres estamos pendientes de su primer diente, sus primeros pasos… Si me fuera mañana durante unos días, a mi vuelta me lo encontraría gateando, porque ya ha cogido posición. Y sinceramente, quiero estar para verlo.

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    Y Alfonso otro tanto de lo mismo. Resulta que cada semana incorpora nuevas expresiones a su lenguaje y de repente te dice “ya sabes”, ante lo que no puedo hacer otra cosa que reírme y decirle ”sí, sí, ya sé”. Y en una semana muy acuática ha perdido el miedo a tirarse a la piscina, porque siempre ha sido un poco temeroso. Lo malo que tiene este avance es que ahora tengo que oír “mamá, mira cómo me tiro” una media de cien veces diarias.

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    Pues eso, que sin ser una drama-mamá ya no sé vivir sin mis dos tesoros. Que sé que cuando sean algo más mayores e independientes, yo les dejaré tranquilamente los días que sean necesarios. Pero ahora mismo, quiero estar siempre ahí para ver sus avances; este verano sólo voy a separarme de ellos un fin de semana para hacer plan de pareja, que también hace falta.

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