Todos los niños fantasean con tener una cabaña o una casa en un árbol; yo hubiera dado cualquier cosa por lo segundo. Lo de la cabaña lo tuvimos a mano siendo niños, existía en el jardín de mis abuelos pero nunca la acondicionaron para nosotros porque se usaba para guardar leña o cosas de jardinería. Así que entrábamos, porque tenía su encanto pero poco más. Este verano decidimos que la arreglaríamos para los niños. Mi hermano Juan se puso manos a la obra y aquí os enseño imágenes de los cambios y el resultado.


Ahora tengo a mi padre discurriendo (que ya sabéis que es como Einstein 😉 ) el tema de la luz porque en la cabaña no hay electricidad. Y creo que me animaré a colgar algunas cositas más en la pared, pero vamos, está ya habitable. En el cumple de Alfonso fue un exitazo y me da que van a pasar muchas tardes allí metidos, ¿os gusta cómo ha quedado?

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