Tenía muchas ganas de contaros esta excursión porque, el lugar al que fuimos, no es un pueblo cualquiera. Es una aldea como sacada de un cuento, pequeña, donde residen sólo 12 habitantes y a lo que se suma el encanto de que no puedes llegar en coche. Se llama Bulnes, está en el concejo de Cabrales (del que os hablé un poco ene el post del lunes pasado) y sólo puedes llegar a él a pie por una ruta de algo más de una hora o, desde hace casi 15 años, en funicular.
Lo de la senda por ahora no nos lo planteamos porque sé que hacer caminar a Alfonso y Rafa con pendientes es imposible. Desde el puente de la Jaya, en Poncebos, y hasta el mismo pueblo hay más de 400 metros de desnivel, con pendientes que llegan a alcanzar el 18 por ciento. El camino discurre al lado del río Tejo, con aguas tan cristalinas como las del Cares. Lo haremos algún día aunque nuestra opción en este momento fue el funicular. Es como un tren que va siempre por un túnel rectilíneo de más de dos kilómetros y que atraviesa las entrañas de la Peña Maín. El funicular se coge en Poncebos y te deja a unos 300 metros del pueblo. Eso sí, ya os digo que el billete es caro, cada adulto 21 euros (ida y vuelta) y los niños unos 4 euros a partir de 4 años.Vamos, que no es para ir con frecuencia.














Y a nuestra bajada del pueblo, una vez que llegamos a Poncebos, donde teníamos el coche, fuimos a ver la zona donde empieza la famosa ruta del Cares, que dicen que es una de las más espectaculares que existen, no apta para los que tienen vértigo ni por supuesto para ir con niños pequeños. Vamos, nosotros ni la empezamos y yo ya tenía el corazón en un puño con Alfonso y Rafa.



Volveremos, no lo dudéis. Y os lo recomiendo de forma tajante, de verdad, es un espectáculo, y las fotos se quedan cortas.

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