Etiqueta: maternidad real

  • 5 cosas que me gustan de ser madre

    5 cosas que me gustan de ser madre

    Os había prometido que habría una segunda parte del post «5 cosas que no me gustan de ser madre«. Y es que tendemos a hablar de la parte más idílica de la maternidad obviando a veces las incomodidades que supone. Pero como soy de más de ver la botella media llena que medio vacía y no iba a dejaros con aquel mal sabor de boca 😉 hoy os cuento también las 5 cosas que me gustan de ser madre. Bueno, las que más me gustan, porque sí, hay unas cuantas más…

    cosas que me gustan de ser madre

    5 cosas que me gustan de ser madre

    1. Mejora cualquier día de birria: sí, ese día que has discutido con un amigo, con tu madre o con Perico el de los palotes.. ese día en que ha sido todo una caca, vienen tus hijos, te cuentan super emocionados cualquier cosa del cole o de Cristiano Ronaldo, o lo que sea, te dan un beso y ya todo se ve de otro color. Es así, los niños no te dejan pensar mucho en otras miserias.
    2.  Eres más productiva: siempre había escuchado que haces más cosas cuando más cosas debes hacer y es tal cual. Cuando tienes hijos, pierdes el tiempo justo, es decir, no pierdes el tiempo. Y entonces te das cuenta de la cantidad de cosas que se pueden hacer en un sólo día.
    3. Valoras lo importante: por lo menos yo. Habrá quien con la maternidad siga enfrascada en preocupaciones intrascendentes pero desde luego, si antes tenía claras las cosas importantes, desde que soy madre, mucho más. Es que no pierdo el tiempo en según qué cosas ni mi cabeza le da demasiadas vueltas a ciertos asuntos.
    4. Simplificas: no sólo haces más cosas durante el día de las que hacías antes sino que además, lo que haces, lo haces sin miramientos, sin chorradas… Y esto se va incrementando en función del número de hijos. A más hijos, más síntesis…
    5. No tienes sentido del ridículo: sí, a mí la maternidad me ha hecho perder el sentido del ridículo, aunque ya venía con poco de serie, que aquí donde me veis siempre he sido muy farandulera y en el cole bordaba el asunto. Cantas y bailas canciones que nunca se te hubiera pasado por la cabeza, hablas a veces como si fueras un poco boba, te pones a dar saltos sabiendo que te estás jugando el menisco…en fin, cosas varias.

    Como sabéis, este post tiene un punto de humor. Que no es que sea todo literal, vamos, pero casi, casi 😉 ¿Qué es lo que más os gusta de ser madres?

  • Ser madre es duro, ¿qué me ha ayudado a no estar al límite?

    Ser madre es duro, ¿qué me ha ayudado a no estar al límite?

    Hace un par de semanas, la presentadora Tania Llasera contaba en sus redes sociales que había tomado la decisión de buscar ayuda profesional ya que estaba sobrepasada por el cuidado de sus hijos. De repente, se dio cuenta de que había días en que esa labor, que admite también que le hace feliz, estaba acabando con sus energías. Y de alguna forma la entiendo. Ser madre es duro. No he llegado a ese punto nunca pero objetivamente, acabo los veranos medio chalada porque, señoras, 24 horas con los niños dan lugar a una buena ida de olla y, algunas veces, a subir el tono de voz más de lo normal. No pasa nada por admitirlo, por contarlo y por sentirlo. Son niños y sus formas de actuar o de ser en determinados momentos nos frustran, faltaría más. Lo que sí tengo claro es que, si nunca he llegado al límite (aunque seguramente poco me ha faltado), es por varias cosas.

    Ser madre es duro, ¿qué tres cosas me han ayudado?

    1. Pasar tiempo en la calle: es una de las cosas que la propia Tania Llasera mencionó en sus redes sociales. Que pasar días enteros en casa con los niños satura. Doy fe y ésa es la razón por la que no se me cae el techo encima. En 7 años de maternidad he pasado muy muy pocos días sin salir de casa. Soy de las que he ido al parque todas las tardes durante años, en todas las estaciones…y leñe, vivo en Asturias. Ahora en vez de estar en el parque, después del cole, nos quedamos allí un rato. Unos días porque entrenan pero, cuando no, es porque se quedan allí jugando con otros niños. Y así, evitas desastres en casa. Y tú estás aireada.
    2. Relacionarse con adultos: Esto parece una soberana idiotez pero cuando no tienes una vía de contacto con otros adultos (la pareja no cuenta), acaba el día y no has hablado de nada que no sean mocos, pañales, colegios, etc… Es bueno, de vez en cuando, despejar la cabeza con otros temas, me da igual si hablas de política que del corte de pelo pero relaciónate con personas también con las que puedas hablar de algo más que de bebés y niños.
    3. Mantener o buscar un hobby: Caemos en el error de dejar de hacer algunas cosas cuando somos madres. Es verdad, al principio es por falta de tiempo pero, poco a poco, nos vamos adaptando al bebé o niño, y sinceramente, toca buscar hueco para ese hobby o afición que antes nos gustaba y que no dejábamos de hacer. Creo que es fundamental para seguir teniendo un poco de conexión con nuestro yo anterior a la maternidad.

    A toro pasado, porque reconozco que la maternidad ahora es más llevadera ya que mis hijos cada vez más siendo mas autónomos, creo que esas tres cosas evitaron que no me volviera loca de remate con los tres por casa siendo muy seguidos. ¿Qué os ayuda a vosotras cuando estáis al límite?

  • Soy una madre bipolar

    Soy una madre bipolar

    Bipolar: Que tiene dos polos. Así de sencilla es la definición que da el diccionario. Pero oye, muy gráfica la explicación, lo que viene siendo pasar de un extremo al otro. Porque a veces me pregunto si es normal sentirse así como progenitora, que paso de la euforia y de la «happy life» al mosqueo y al «no puedo más» en cuestión de minutos. Que lo mismo veo a uno de mis churumbeles dormido plácidamente o les veo jugar a los tres pacíficamente y pienso «qué escena más bonita», que de repente tengo a una criatura poseída y me digo hacia mis adentros si alguien del vecindario lo querrá un ratico. Oye, pero ¿cómo es posible que unos pequeños seres sean capaces de sacar lo mejor y lo peor de mi ser en cuestión de segundos?

    Como cuando te tumbas a tomar el sol en la playa y te parece la sensación más maravillosa del mundo y tres horas después necesitas salir pitando de la arena porque está de gente hasta arriba o porque tu temperatura corporal alcanza los 100 grados centígrados. Así, tal cual. Una especie de ni contigo ni sin ti. Que te prometes que ya no te llevas a los niños ni una sola vez al supermercado pero tres días después te dices a ti misma que la última vez no fue para tanto. Y repites. Y vuelves al supermercado con las criaturas y sales de allí nuevamente en estado de nerviosismo. Pero da igual, sabes que repetirás en unos días.

    Porque así es la maternidad, pasar de un extremo a otro, es como comerte tres donuts que te saben a gloria para después preguntarte quién demonios te mandaría. Que llega el verano y estás deseando que empiecen el cole pero luego se van a casa de los abuelos a pasar una noche y casi los echas de menos. Lo que viene siendo el yin y el yang, dos fuerzas opuestas y complementarias. Cosas de la maternidad.

    ************************************************************************************************************Este espacio está nominado a mejor blog de Embarazo y Crianza en los Premios Madresfera 2018. Si los posts te han sido útiles, si te han gustado y ayudado, si te han hecho reír o llorar, puedes votar aquí.

  • Maternidad real: cosas que nunca pensaste que te pasarían… al ser madre

    Maternidad real: cosas que nunca pensaste que te pasarían… al ser madre

    La maternidad cambia las cosas, da un giro inesperado para bien… y para, digamos, «no tan bien». Pero son esas cosas que ya no te importan, que quizás al principio te descolocaron pero que que ya no sufres por ellas. Sabes que tienes excusa, que ya, si eso, volverán a ser como antes dentro de unos años:

    Nunca el desorden te preocupó menos: pues sí, has terminado por asumirlo. Siempre hay alguna pelota o bola de uno o varios de los juguetes de tus hijos danzando por casa, o un coche, o piezas de juegos… La estantería de la habitación de los niños es lo más parecido a un museo de los inventos. Pero no sufres, te conformas con que el suelo esté despejado.

    La suciedad ha empezado a ser relativa: Manos en los cristales, migas en el suelo que te esmeras en hacer desaparecer pero que visualmente ya no te afectan como antes. «No es para tanto», piensas. Recuerdo cuando estaba embarazada por primera vez y vinieron unos amigos con sus dos hijos a pasar unos días a nuestra casa. Taquicardias me daban cuando entraban con arena de la playa 😉 Y ojito, que con la arena aún soy muy maniática. Pero lo demás, lo paso por alto.

    La puntualidad es tu asignatura pendiente: Bueno, vale, a mí me cuesta horrores no ser puntual, porque creo que esa costumbre de hacer esperar a la gente siempre es una falta de respecto pero vamos, digamos que si antes llegábamos antes a los sitios, ahora nunca llegamos pronto ni tranquilamente, sino a la carrera.

    La comida fría o las sobras te parecen un manjar: ¿recuerdas cuando dedicabas un buen rato a prepararte un plato suculento? Y lo digo yo que he sido toda la vida de elaboración mínima y lo de suculento se me queda grande. Pues el día que no tienes que cocinar para las criaturas, que para eso sí que te esmeras un poco por aquello de que lleven una alimentación variada, ese día que comes sola, ni cocinar ni nada. Lo que pilles por la nevera.

    Las gominolas y caprichitos, a escondidasMamá, ¿qué estás comiendo?- «¿Yo?, nada, hijo», mientras masticas a toda velocidad unas gominolas, unas patatitas o un poco de chocolate…Vamos, esas cosas que antes comías tranquilamente en el sofá de casa sin que nadie te las robase.

    La ducha, siempre acompañada… o accidentada: lo sé, es un clásico, ducharse está sobrevalorado. Opción A: meterte en el baño con la criatura que, si es un bebé, te hará salir porque llora; si es un bebé-gateador, te vaciará los cajones y la liará con la escobilla; y si es bebé-andador, se subirá al váter y vete a saber qué más… Opción B: dejarle pulular por la casa y ¡sálvese quien pueda! La última de Gabriel fue vaciar entero el árbol de Navidad y quitarles el ganchito metálico a tooodas las bolas.

    Tu coche, un festín para seres vivos o convertido en arca de los tesoros: ¿cuándo fue la última vez que limpiaste tu coche?, ¿qué encontraste? Coches, monedas, un guante y cantidades ingentes de migas que podrían alimentar a la mitad de gaviotas de Gijón. ¿En serio alguna vez pensaste, cuando no tenías hijos, que podrías acumular semejante cantidad y variedad de cosas?

    Y al final, te das cuenta de que todo es relativo, de que algún día tu casa volverá a parecer una casa y no una guardería, de que alguna vez todas tus duchas transcurrirán en calma, que llegarás pronto a los sitios porque salir sola de casa no te llevará más de cinco minutos… Todo llegará pero, mientras tanto, ¡bendito descontrol!

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