Etiqueta: dolor

  • Mastitis subaguda… y crónica

    Mastitis subaguda… y crónica

    Sé que este tema lo traté hace 4 años cuando por primera vez alguien supo darme una explicación a los dolores, para mí inexplicables, con las lactancias. Pero como me habéis pedido mi experiencia con la lactancia mixta, creo que es interesante volver a hablar del tipo de mastitis que tengo y también aportar más información que la que di en aquel momento ya que, cuatro años después, he vuelto a vivirlo una vez más. Así que voy a intentar arrojar un poco más de luz a la mastitis subaguda, en mi caso recurrente o crónica.

    Mastitis subaguda, qué es

    Hablo aquí como madre que, una vez tras otra, ha pasado por la misma experiencia sin tener una solución definitiva. Lo primero, y como ya sabréis, las mastitis son el resultado de una alteración de la microbiota fisiológica de la glándula mamaria. Dentro de las mastitis nos encontramos con la aguda, que a todas os sonará y que es probable que bastantes hayáis tenido. Y luego están las mastitis subagudas y subclínicas, que están infravaloradas, entre otras cosas porque no se suele coger cultivo de leche de la madre para poder iniciar un tratamiento y porque no hay síntomas evidentes más allá del dolor, que muchas veces se asocia a otras causas. De hecho, yo me encontré con esta situación dos veces cuando daba el pecho a mis dos hijos mayores; nunca nadie supo decirme por qué me dolía amamantar sin haber aparentes síntomas de mastitis, con una correcta succión y posición de los bebés…

    Tuve la suerte de dar con una asesora en lactancia y con una matrona maravillosa tras el tercer parto y, aunque lo mío ya es una causa perdida, descubrimos qué podía pasar y un cultivo de leche lo corroboró. Y el diagnóstico fue mastitis subaguda, cuyos síntomas son:

    • Dolor en el pecho tipo pinchazos o calambres.
    • Disminución en la secreción de leche.
    • Tomas largas debido a la obstrucción.
    • Grietas no causadas por el agarre o posición del bebé, sino por la implicación de las propias bacterias que causan las mastitis.

    mastitis subaguda

    Mastitis subaguda, qué se puede hacer

    Una de las opciones que suele darse es tratamiento probiótico (microorganismos vivos que ejercen efectos beneficiosos) y que obviamente probé, como me había dicho la matrona, en mi tercera lactancia mientras esperaba los resultados del cultivo. Pero no mejoró la situación. Y tras recibir los resultados en los que daba positivo en Estafilococo Epidermis, optamos por pasar al antibiótico, que mejoró el problema pero muy levemente. Cambiamos a otro antibiótico y más de lo mismo.

    En esta cuarta lactancia, me cogieron el cultivo ya en el mismo hospital, no tuve que esperar días. La matrona estuvo conmigo viendo de nuevo el agarre y postura del bebé y todo era correcto una vez más. Del hospital salí con antibiótico ya que, previsora que es una, llevé los resultados del cultivo de la lactancia de Gabriel para que ya tuviéramos algo con lo que avanzar. Pero se repitió lo de la vez anterior. También volví a probar los probióticos, por si sonaba la flauta, pero no. El dolor no desapareció y poco a poco la producción de leche disminuía porque, cuanta más cantidad tengo acumulada, más me duele. El resultado en esta ocasión también dio positivo en Estafilococo Epidermis.

    ¿Por qué no desaparece el dolor? Pues a veces, pocas, estas mastitis son recurrentes o crónicas. Y es evidente que es mi caso, no es lo habitual pero me ha tocado. Cuatro lactancias y cuatro veces mismos síntomas, tratadas en dos ocasiones, y mismo resultado. Esa es la razón por la que he optado por la lactancia mixta por la que tanto me habéis preguntado por Instagram. Así que esta semana os explico en otro post cómo me organizo y cómo llevo a cabo la lactancia mixta.

  • La maternidad que de verdad duele

    La maternidad que de verdad duele

    Me contaron y comprobé que la maternidad era bonita, fascinante, extraordinaria… También escuché y viví que la maternidad es sacrificada, dura, agotadora, ardua…. Pero nunca jamás pensé que iba a dolerme, no al menos si podía evitarlo. Y evité sufrir innecesariamente; si algo me superó, intenté buscar una solución y, si no la había, intentaba no darle demasiada importancia porque no va conmigo, soy así por naturaleza o por las circunstancias. Sí, he vivido la maternidad con sentido práctico e intentando disfrutar cada momento y desdramatizando los problemas del día a día. Sabía que el dolor real existía en algunas familias y por eso siempre tomé la firme decisión de no lamentarme por nada.

    Hasta que el dolor llegó, el de verdad. No el de las noches sin dormir, no el de los puntos del postparto, no el de las mastitis, no el de la frustración por las rabietas… que sí, que son también cosas fastidiosas y por las que sufrí de alguna manera, las he vivido, pero se pasan y no lastiman el alma. Ahora He siento el dolor real, el de la muerte, el del vacío, el de la pena, el del desconsuelo… La muerte de mi hija hace un mes ha dado un giro de 360 grados a mi vida en casi todos los sentidos. Este drama que he vivido, del que tardaré tiempo en levantarme, me ha hecho darme cuenta de que viví la maternidad como tenía que hacerlo. Esta vivencia que me ha tocado, que no es justa, ha matado una parte de mí pero sé que ha hecho salir otra que estaba escondida. Así que, como esta parte de la maternidad también es real, aquí también tendrá su hueco.

    Además, me he encontrado estas semanas con centenares (sí, centenares) de mujeres que han vivido esta experiencia (os he leído a todas sin excepción), que me han escrito contando sus historias, su dolor y el proceso de perder a un hijo que aún no había nacido al que la sociedad cree que hay que olvidar cuanto antes… así que creo que tengo derecho a hablar también de esto y a hacerlo visible, porque existe y porque desgraciadamente me ha tocado vivirlo. Y porque esos bebés existieron y merecen su lugar.

    Al final, aunque tires adelante y hagas un esfuerzo sobrehumano cada mañana por levantarte y por retomar tu vida, hay cosas que no se olvidan. Yo sé que esta semana tendría que hacerme ya la tercera y última ecografía de mi cuarto embarazo. Pensaba que, en cuanto los niños empezaran el cole, podría poner un poco de orden en mi casa y ultimar algunas cosas. Son cuestiones que seguiré pensando, por mucho que intente evitarlo, cada día. Y seguiré sintiendo pena al ver a otras embarazadas sólo por el hecho de que yo debería estarlo, no estoy triste por ellas sino por mí. Pero soy consciente que esa ya no es mi realidad, que no llegará en octubre mi bebé deseada. Y aunque también aquí os cuente historias como las de antes, prácticas, divertidas, alegres… no significará que esté bien sino que lo estaré intentando. Así que, si me lo permitís, seguiré aquí con mi maternidad real, que hablará de alegrías de los que están cerca pero también del dolor por la que se fue, que no debo ni quiero olvidar.

    Y desde aquí, otra vez doy las gracias por todo el cariño, por todos los comentarios, por el respeto que en general he leído, y por dedicatorias como ésta «Madres en la tierra y en el cielo» . Sólo hubo un medio de comunicación que hizo de esto algo morboso, pero ni voy a mencionarles. Mañana toca un post divertido, porque mis hijos en la tierra siguen haciendo de las suyas. Y cuando sienta que mi niña del cielo me enseñe algo, aunque ahora no sea capaz de ver nada bueno de su marcha antes de tiempo, os lo contaré.

  • Dolor de la lactancia materna: mastitis subaguda

    Dolor de la lactancia materna: mastitis subaguda

    Durante el embarazo de Alfonso, tenía muy claro que quería darle el pecho al bebé. Fui a los cursos de preparación al parto y allí hablaron de la lactancia materna; supuse que con aquellas clases tenía información suficiente ya que creía que, tratándose de algo natural, sería sencillo. Ilusa de mí. A día de hoy, conozco a muchas más mujeres que han tenido problemas para amamantar que las que han podido criar a sus niños sin ninguna dificultad.

    En cualquier caso, ya en el mismo hospital, le dí al peque biberones a la vez que le ponía al pecho. Sé que dicen que con el calostro es suficiente para los primeros días del bebé pero yo sentía que el peque pasaba hambre y lo hice puntualmente pensando en que no necesitaría más bibes cuando me subiese la leche. Y subió, pero coincidiendo con el inicio de unos dolores insoportables por culpa de la episiotomía. Y además, también empezaba a dolerme el amamantar. La matrona me dijo, tras vernos al niño y a mí, que estaba todo bien. De todas formas, mi única obsesión era que se acabase el dolor de los puntos del parto; no veía más allá. Y cuando se terminó, ya no tenía ganas de más tormentos, así que opté por la lactancia mixta, que cada vez era más artificial que materna porque tener al niño al pecho me dolía mucho.

    Con Rafa opté ya por la fórmula de la lactancia mixta pero, más de lo mismo, con más bibes y menos pecho. Y abandonando a los tres meses. No me sentí mal en ninguno de los dos casos, soy de las que pienso que, cuando no se puede, no hay que amargarse. Y que no compensa que una madre esté sufriendo innecesariamente. No sé dónde o a quién le oí una vez que «vale más dar bibe con amor que teta con dolor».

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    Alfonso con el bibe

     

    Durante este último embarazo, le di vueltas al tema. No por culpabilidad, ni mucho menos, sino porque quería volver a intentarlo a ver si a la tercera iba la vencida. Tanto a Alfonso como a Rafa no les di el pecho hasta varias horas después de nacer así que pensé que, si lo hacía inmediatamente después del parto, la cosa sería más fácil. Tampoco supe de la existencia de pezoneras en aquellos momentos así que ya tenía otro factor a mi favor en caso de que me doliese.

    Dicho y hecho. Pude amamantar a Gabriel poco después de que naciese. Ya al día siguiente empecé a sentir dolor y me trajeron pezoneras pero nada, aquello seguía igual. En esta ocasión, pedí ayuda a una matrona, experta en lactancia, en el mismo hospital. Estuvimos probando, cual vaquita lechera, distintas posiciones para dar el pecho, con pezoneras, sin ellas… El pediatra también comprobó que el frenillo de Gabriel estuviera bien. Así que, después de todo, la matrona me dijo que podía tener algo que ver una bacteria y que en el Centro de Salud me podían hacer un exudado para comprobarlo.

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    Con Gabriel

     

    Diez días después, en los que obviamente le daba bibes al peque porque no soportaba más de 5 minutos con el niño al pecho, tuve una revisión con las matronas del Centro de Salud, a las que no puedo estar más que agradecida por cómo nos tratan y su disponibilidad en cualquier momento. Tras verme amamantar y comprobar que todo estaba bien (agarre del bebé, nada de grietas, etc…) me cogieron muestras de leche y diez días después teníamos los resultados. Efectivamente, era cosa de bacterias.

    Si la concentración bacteriana rebasa los límites biológicos, la presión que ejerce la leche sobre los conductos es mayor. A esto se le llama mastitis subaguda. El hecho de que no se suelan acompañar de enrojecimiento ni de otros síntomas, como la fiebre, confunde frecuentemente el diagnóstico y provoca que se trate de un problema tan infravalorado como infradiagnosticado.

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    Así que me recetaron antibiótico, con lo que enseguida noté mejoría, pero leve. Es más, como el dolor no se iba del todo, dos semanas después me cambiaron a otro más fuerte pero ya no noté más alivio. A día de hoy, hay tomas en las que me duele un poco y otras en las que me molesta bastante. En cualquier caso, sí que estoy dando más cantidad de leche materna a Gabriel que a Alfonso y Rafa, pero no he conseguido una lactancia materna exclusiva. Tampoco es fácil siendo el tercero y teniendo que atenderles a todos.

    Pues ésta es mi experiencia con la lactancia, no he conseguido ninguna de las tres veces que fuera exitosa, y ésta tercera vez lo he intentado más que ninguna. Que conste, y aclaro, que lo hago exclusivamente por las defensas que transmito al niño, ya que sus hermanos vienen de cole y guardería y el pobre es carne de cañón. Para nada es una cuestión, en mi caso, de conexión con el peque. Escucho en algunas ocasiones que la lactancia crea un vínculo especial entre madre e hijo que yo no siento ni he sentido. Con el simple hecho de tenerlos entre mis brazos, ya creo ese nexo y experimento una sensación inigualable.

    A veces leo, oigo… que siempre es posible amamantar y luego, la realidad que vivo y que veo a mi alrededor, es muy distinta. Espero que este post os sirva. ¿Cómo fue vuestra experiencia con la lactancia?, ¿os sonaba este tipo de mastitis?

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  • Nunca subestimes un… postparto

    Nunca subestimes un… postparto

    Una nunca es lo suficientemente experta en esto de traer churumbeles al mundo. Da igual que pases por ello por tercera vez, siempre hay algo que te sorprende… para bien o para mal. Cuando me quedé embarazada de Alfonso, mi sabiduría sobre esta materia, es decir, sobre la llegada de un retoño, era escasa y tampoco quise saber demasiado. Sentido común e intuición, me limité a eso. En cualquier caso, una siempre piensa que el parto será lo más duro, y aun así, yo era la tranquilidad personificada. Hasta que me encontré de bruces con un postparto muy doloroso, algo de lo que apenas se habla en todo este proceso de la maternidad.

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    Unas horas después de dar a luz a Alfonso, sin intuir lo que era el postparto.

    Así que, para la segunda vez, aprendes. Por eso en algún post os hablé de Kegel y el masaje perineal, cualquier cosa para evitar otra episiotomía, que fue mi cruz y me trajo de cabeza en el primer puerperio. Y tras el segundo parto, llegó ese momento crucial en el que te dicen que tienes que ir al baño a orinar y resulta que ¡sorpresa! Nada duele por aquí, nada por allá. Así que del hospital te vas directa a un restaurante porque la familia política está de visita. Y luego al parque con los dos churumbeles. Y del postparto, casi ni te enteras.

    ¿Qué pasa tras un buen postparto? Que te confías. Yo salí del hospital hace una semana como unas castañuelas, a pesar de la sangre que perdí con el rollo de la placenta. Estaba tan bien que me pasé la semana de restaurante en restaurante por aquello de tener a mis suegros aquí y que a servidora, lo de comer, le gusta un rato. Y resulta que, al cuarto día, los puntos, los malditos puntos, los dichosos puntos deciden dar la tabarra, por no decir otra cosa. Y el momento baño-evacuación se convirte en una pesadilla, ya sabéis muchas de lo que hablo. Y acabas pidiéndole a tu buen hermano que venga a ponerte las condenadas inyecciones de Voltarén en el trasero porque, señores, en el postparto de Alfonso sólo había un bebé y maridín podía hacerse cargo de él pero en éste hay bebé y otros dos pequeñuelos. Casi nada.

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    Me tengo que conformar con la suerte de un útero que «involuciona» a la velocidad del rayo, la que no se consuela es porque no quiere. Las enfermeras hablaban de mi «tipín», según ellas, mientras me acompañaban en ese momento tan íntimo de hacer el primer pis tras el parto, yo no daba crédito 😉 Día 4 postparto.

    Y después de todo, viene maridín a subirme la moral y pedirme que mire a Gabriel. «¿Ha merecido la pena el dolor?», me pregunta. «Ay guapín, si el dolor no se olvidase, no estaríamos con el tercero en casa«, le digo. Y así es, todo pasa y, por suerte, se olvida. ¿Cómo fueron vuestros postpartos? Espero poder ir poco a poco cogiendo ritmo con el blog y respondiendo cada comentario. Os agradezco que sigáis pasándoos por este rincón.

  • Nadie habla del postparto

    Cuando estás embarazada, suelen preguntarte eso de qué tal lo llevas. En el momento que das a luz, lo que la gente quiere saber es qué tal ha ido el parto y cómo se porta el crío o cría. Pero nadie menciona la palabra postparto, es como si ese periodo de recuperación no existiera ya que de repente hay un nuevo protagonista: el bebé.

    Sin embargo, cuando ya has pasado por eso y crees que sólo has estado fastidiada tú, descubres que muchas mujeres han pasado por un mal trago durante esa etapa. Toda la vida oyendo aquello del dolor en el parto y resulta que con la epidural, nada de nada. Y sin epidural, pues sí, duele de forma salvaje pero al menos es un sufrimiento momentáneo.

    postparto

    En el hospital con Alfonso, sin saber aún lo que era realmente el postparto. Ya no hay fotos en las que yo aparezca hasta 10 días después así que… os podéis imaginar que no estaba para retratos.

    Pero el postparto es distinto, es un período de días, e incluso semanas, en el que estás físicamente agotada por dar a luz, porque hay un pequeño ser vivo que te despierta cada pocas horas, porque te empeñas en darle el pecho y al principio no es tan fácil… y sobre todo, por culpa de los malditos puntos o la episiotomía. Y sinceramente, no hay flotador que alivie el dolor.

    Ese fue mi gran trauma después de dar a luz a Alfonso. Recuerdo que llamé al ginecólogo desesperada tras dos visitas en vano a la matrona y unos dolores que no cesaban. La solución estuvo en las inyecciones de Voltarén, pero hasta ese día que vi la luz, pasé cuatro de auténtico infierno. Tan horrible, que esa fue mi preocupación durante mi segundo embarazo: no quería que me cortasen. Así que hablé con la matrona y me aconsejó el famoso masaje perineal. Cualquier cosa antes que el cortecito, lo tenía clarísimo.

    El Voltaren es ese medicamento cuya existencia apenas conocía y que ese día lo cambió todo.

    Y efectivamente sirvió (además el chavalín pesó más de 3,800 kilos, que no es lo mismo que 3 cuando a parir se refiere 😉 )… El masaje y que fuera el segundo alumbramiento hizo que el postparto de Rafa fuese mucho mejor, tanto que del hospital me fui directa a un restaurante y después al parque, sin pasar por casa. Hubo algún día que estuve más incómoda pero recurría a pastillas de Voltarén y listo.

    Back Camera

    Saliendo del hospital con Rafa, un postparto muy distinto al de Alfonso.

    Lo curioso es que, cuanta más experiencia tienes, más exigente te vuelves. Para el próximo quiero dos cosas: llegar a tiempo a la epidural y evitar otra vez la episiotomía. Pero bueno, por ahora tengo dos gordos de los que preocuparme. ¿Cómo recordáis vuestros postpartos?

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