Categoría: salud

  • Donde caben dos, ¡caben tres!

    Sabéis que soy muy amiga yo del refranero español, y es que el saber popular es muy sabio, aunque poco científico. Éste que titula el post es muy famoso y creo que todos lo hemos utilizado, sobre todo cuando queremos juntarnos con amigos y familiares; total, qué más da unos cuantos más si ya la cosa está animada. Ahora, si trasladamos el refrán al número de hijos por pareja, la cosa cambia bastante, lógicamente. En España hay 2,98 millones de parejas con un hijo y 2,80 millones de parejas con dos. Por su parte, el número de parejas que viven con tres o más hijos es inferior a 590.000, lo que representa el 3,2% del total de hogares. Resumiendo, hay casi 7 millones de parejas con uno o dos hijos y sólo medio millón con tres o más, vamos, estos últimos son minoría.

    Vale, lo sé, me enrollo como las persianas. Me dejo de números y voy al grano: en noviembre, si todo va bien, seremos ¡¡¡¡¡familia numerosa!!!! Como os podéis imaginar, estamos muy felices, yo siempre quise tres hijos y aquí estamos, esperando el tercero con 31 años. Se llevará dos años con Rafa y cuatro con Alfonso, así que voy a tener mucha ocupación pero, ya sabéis, sarna con gusto no pica. Me ha resultado muy difícil no escribir nada estos meses sobre el embarazo pero siempre hemos preferido esperar un tiempo prudencial para contarlo; si el blog fuese anónimo, hubiera podido ir escribiendo cositas del primer trimestre pero como a mi alrededor todos saben que escribo esta bitácora, he tenido que estar calladita y ya me he plantado en la semana 16 sin enterarme.

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    Primera ecografía (semana 12) aunque ya estaba de 14.

    Desde ahora, incluiré más contenidos relacionados con el embarazo; siendo el tercero ya soy casi una experta pero no os fiéis de mí que yo esto lo llevo muy bien y soy la tranquilidad personificada 😉 Y como os comenté en el post anterior, tengo que agradecer que me hayan cogido en la productora Zebrastur para el trabajo del programa en Telemadrid. Cuando hice el cásting hace dos semanas, no era público mi embarazo. En cuanto me eligieron y me ofrecieron el puesto, lo conté y, aún así, decidieron contar conmigo. Es cierto que es un trabajo, por ahora, temporal y que no había mucho tiempo para cambios, pero quizás podrían haberse echado atrás, presentadoras hay muchas. El tema trabajo y embarazo también dará para otro post.

    Pues hala, ya lo he dicho, ya puedo sacar el tema en el blog, qué descanso 😉 Y como esta semana ya ha sido de muchas noticias, me reservo el sexo del bebé para otro día. Como sé que me leen algunas amigas, que a nadie se le ocurra desvelarlo en un comentario, ¿eh? 😉

  • Parto en casa/cesárea a la carta

    Últimamente veo posturas muy enfrentadas en esto de la maternidad y la crianza de los niños. La “disputa” más relevante en este sentido suelo encontrarla en el asunto pro-lactancia/pro-biberón. Sobre este tema no voy a hablar hoy, creo que todas las madres sabemos los beneficios de la lactancia materna y quienes decidimos optar por biberones, antes o después, lo hicimos por motivos que consideramos suficientemente relevantes (mastitis, vuelta al trabajo…). Así que no voy a entrar en este debate.

    Una de las últimas campañas en favor de la lactancia materna.

    Lo que leo últimamente (esta noticia que publicaba ABC ayer me hizo escribir hoy este post) es que las futuras madres se interesan cada vez más, por un lado, por un parto en casa y, por el contrario, por cesáreas programadas; esto último sabéis que está muy de moda entre las famosas. Sin ser matrona, ginecóloga ni nada semejante, tengo la sensación de que hay cosas que sólo necesitan un poco de sentido común. Vamos a ver, imagino que todas sabéis que una cesárea es una operación de cirugía mayor en la que se abre un órgano (en este caso útero) y que requiere anestesia, ¿no? Supongo que, sabiendo esto, todas coincidimos en que, si no es por motivos de salud, lo mejor es un parto natural.

    Con esto quiero decir que hacerse una cesárea por motivos estéticos o porque te viene bien el día me parece una soberana frivolidad. Adelantar un mes el nacimiento de tu hijo a través de una cesárea porque no quieres engordar o por aprovechar la anestesia para hacerte unos retoques denota poco conocimiento. En el primer caso, porque no es bueno para tu hijo y, en el segundo, porque no debe ser muy recomendable andar haciéndote arreglitos internos cuando tu cuerpo acaba de «crear» una nueva vida.

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    Sobre los partos en casa, más de lo mismo. Parir es una cosa natural, sí, pero no está exenta de riesgos. Me da igual que a tu casa vayan cinco matronas, gines o lo que sea a atenderte y que el hospital esté a 10  minutos. No tiene porqué pasar nada en un parto pero eso no significa que no vaya a pasar. Que también puede haber complicaciones en un paritorio, pero siempre habrá más medios para hacer frente a cualquier imprevisto. En España, quien puede “financiarse” un parto en casa, imagino que también podrá elegir un buen hospital con buenos profesionales a los que les puedes dar indicaciones sobre evitar episiotomía, estar en ésta u otra postura, o tener una habitación estupenda.

    Eso no quita para que los hospitales tengan que mejorar muchas cosas, entre otras, que las plantas de maternidad sean algo más acogedoras porque, al fin y al cabo, las parturientas no somos enfermas. O que en los partos se intervenga menos (esto ya se está haciendo en muchos centros hospitalarios). Pero señores, la medicina y los profesionales están aquí para algo y por eso nuestra calidad y esperanza de vida ha mejorado tanto de unas décadas a esta parte. Se trata de recurrir a los avances médicos pero sin pasarse, vamos, ni lo uno ni lo otro, ¿qué opináis vosotras?

  • Las cenas de los niños

    No penséis por el título del post que hoy voy a poneros aquí un montón de recetas e ideas para que vuestros peques coman variado, sano y sabroso. La verdad es que después de escribirlo, una se da cuenta de lo difícil que es reunir esas tres cualidades en los platos de todos los días. De hecho, a mí lo que me ocurre es que tengo la sensación de que siempre doy las mismas cosas a los niños para cenar, ¿os pasa lo mismo?

    Bueno, para que podáis darme ideas y recetas, os cuento lo que cenan Alfonso y Rafa antes de su bibe y vaso de leche. Las cenas se resumen en:

    – Pechuga de pollo empanada.

    – Merluza.

    – Tortilla francesa con queso (este es el único plato con el que me da guerra Rafa, y eso que hoy probó por primera vez un pincho de setas y queso Cabrales y como si llevase toda la vida, oiga).

    – Albóndigas con tomate.

    – Croquetas.

    Cuando llega el fin de semana, abro un poco la veda y pongo salchichas (las devoran), hamburguesas (Rafa se come una entera con 17 meses que tiene, prometo post sobre el misterioso caso del niño que podría pasarse la vida comiendo), palitos de merluza congelados…

    Por supuesto, vía libre en cumpleaños o reuniones familiares para comer gusanitos y dulces.

    El caso es que no les doy muchas más cosas porque, a mediodía, zampan casi todos los demás alimentos. Alfonso come en el cole y veo su menú en la web del centro, que incluye legumbres, pasta, paella, potajes, carnes o pescados siempre de segundo y fruta o yogur de postre. Y Rafa come a diario verduras (judías, brócoli, calabacín, zanahoria…) en los purés, en los que también meto legumbres y carne.

    Un sábado por la mañana tomándose una manzana cada uno.

    Además, los dos meriendan fruta todos los días, Rafa toma dos piezas en la papilla y Alfonso prefiere una pera o manzana troceada. A priori, tengo la impresión de que por el día comen bastante sano y variado. Sin embargo, con la cena no me pasa lo mismo, ¿qué dais a vuestros peques?, ¿debería también darles por la noche verduras, pasta, arroces?, ¿alguna recetina sencilla y sana? Que sea sencilla es importante porque Dios no me ha dotado con el don de los buenos cocineros.

  • Cuando cae uno, caen dos

    Cuando tienes tu primer hijo y otras madres te hablan de la cantidad de veces que sus niños se ponen malos, crees que tu cachorrín va a tener mucha suerte y apenas caerá enfermo. Claro, como le das el pecho o está rechoncho o no va a la guardería o qué sé yo, ya das por hecho que todos sus males pasarán por un simple resfriado. Y lo que todavía es peor; como con el primer hijo te ha ido bastante bien en ese sentido y hasta los 10 meses no cogió ni un catarro, piensas que con el segundo todo va a ser coser y cantar. Error.

    El segundo hijo lo coge todo, lo suyo y lo que trae el hermano de la guardería o el cole. Si Alfonso no tuvo nada hasta casi el año, Rafa ya tenía una bronquitis con poco más de un mes. Y todo porque su hermano mayor iba a la guardería, así de sencillo. Y entonces pasa que, cuando uno se pone enfermo, sabes que el otro va a ir detrás. Salvo si el mayor coge la varicela y el pequeño tiene menos de cuatro meses ya que, por lo que me contó la pediatra, los bebés están protegidos de la varicela (desconozco si pasa con más enfermedades) durante los primeros meses de vida por algo relacionado con la placenta.

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    No puedo daros más información sobre este asunto, ya sabéis que tengo ciertas teorías sobre las enfermedades (todos tenemos un médico y un entrenador de fútbol interior) pero no me resulta fácil relacionar placenta y «no varicela». El caso es que Rafa, estando en casa todo el día con un enfermo de varicela, que es una de las enfermedades más contagiosas, no tuvo ni medio grano. Vamos, la tipa tenía razón.

    Y aparte de que caigan los dos, está el hecho de que decidan cogerlo todo alguna temporada. Se puede decir que el año pasado fue muy bueno, hubo nueve meses en los que en casa no entró virus alguno y Alfonso no faltó a la guardería los últimos meses ni el primer trimestre de cole. Pero oye, que eso no puede durar eternamente y si tuviste buena suerte un año, el siguiente ya no puedes tener la misma. Así que en enero cogió la gripe uno y la semana siguiente el otro, y en medio yo. Y la semana pasada Alfonso estuvo con catarro y fiebre y esta semana la empieza igual Rafa.

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    Y digo yo, ¿porqué no se ponen de acuerdo? Así uno no fastidia al otro. La semana pasada le tocó al pobre Rafa quedarse en casa porque Alfonso no podía salir. Ayer Alfonso se quedó sin ir al parque después del cole porque era Rafa el que tenía fiebre. Y yo alargo mi encierro muchos más días y ya sabéis lo poco amiga que soy de estar en casa. Las que tengáis hijos más mayores decidme que esto se pasa y que luego se ponen enfermos muy vez en cuando y no caen todos cual fichas de dominó. Y vuestros peques, ¿también se contagian unos a otros?, ¿no tenéis la sensación de que los niños de ahora se ponen malos más a menudo que los de nuestra generación? Tengo teoría sobre esto, que lo sepáis 😉

  • Qué no hacer en la planta de maternidad

    Ayer leí un titular de esos que no deja indiferente a nadie: «Lo que debes hacer, y lo que no, cuando vas a visitar a un recién nacido a un hospital«. Os podéis imaginar que no tardé ni dos segundos en entrar en la noticia, me moría por saber cuáles era esas recomendaciones que, en principio, creí que serían de sentido común. No me equivoqué, muchas lo eran. Otras, desde mi punto de vista, son un poco exageradas.

    1. Nada de visitas durante las primeras 24 horas desde que nace el bebé: Hombre, estamos cansadas después de un parto pero tener a mis padres sin conocer a sus nietos tantas horas es algo semejante al martirio. Es más, creo que hasta me parecería mal que no vinieran cuanto antes. En el parto de Alfonso tuve suerte para eso de descansar porque nació a las 7 de la tarde y, cuando llegué a la habitación, era ya de noche. Con el de Rafa me pasó lo contrario, di a luz a las 8 de la mañana y antes de las 11 estaba en la habitación, donde las visitas comenzaron media hora más tarde. Pero qué narices, la emoción no te deja descansar las horas posteriores al parto.

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    Mis padres pudieron ver unos minutos a Alfonso mientras yo descansaba en la sala de dilatación porque conocían al ginecólogo, si no hubieran tenido que esperar al día siguiente.

    2. Utilizar el móvil para mandar mensajes (ahora WhatsApp) más que para llamar: yo esto lo he cumplido siempre a rajatabla, cuando alguna amiga ha dado a luz le he escrito y, de paso, le he preguntado si podía visitarla. En mi caso, yo no cogí el teléfono durante las primeras horas después de dar a luz. Es un momento de la vida demasiado intenso y a mí lo de hablar por el móvil me aburre soberanamente.

    3.  Regular los tiempos de las visitas: es algo que tienen que hacer los que visitan, si ves que hay mucha gente o que la madre está cansada, saludas, ves a la criatura y poco más. Yo es que no soy muy dada a poner orden y no me sale decirle a alguien que «se pire», aunque sea de forma educada. Tampoco me molesta estar acompañada aunque he de decir que, cuando nació Alfonso, la cosa se nos fue de las manos. Con eso de que era fin de semana la habitación parecía un mercado, ¡menos mal que no había ninguna otra madre en la habitación!

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    4. No visitar a un recién nacido si estás enfermo o constipado: esto es de cajón. De hecho, en los hospitales públicos no dejan entrar a niños en maternidad, lo cual me parece excesivo porque yo creo que debe ser cada madre la que decida quién entra y quién no en su habitación.

    5. Ser prudentes con las tomas de los bebés: a mí esto sí que me parece importante. Hay quien piensa que, por el hecho de haber parido, no tenemos ningún reparo en enseñar las ubres. Me parece estupendo que haya mujeres que lo hagan delante de cualquiera pero no es mi caso ni el de muchas otras madres que conozco. Alguien puede decir que es lo más natural del mundo; claro que lo es, al igual que evacuar pero no por ello quiero público en semejante momento. Una vez que la lactancia está establecida, el niño se engancha y ya te apañas bien con tu ropa para cubrirte un poco, pues la cosa ya cambia.

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    6. No coger en brazos al bebé: no tengo problemas con el hecho de que la gente coja al crío cuando está despierto pero, si está dormidito, intento evitarlo porque no hay cosa que más me moleste que me despierten así que a ellos seguro que tampoco les hace gracia. Hay gente que no deja tocar a los bebés, no es mi caso. Tampoco obligué a nadie a lavarse las manos previamente porque creo que la gente que me rodea tiene un mínimo de higiene. Lo que reconozco es que no me gusta nada lo de que algunos lleven dos litros de perfume porque me gusta oler a mi bebé (soy yo muy animal en este sentido) y no a Adolfo Domínguez o a Giogio Armani.

    7. No dar consejos a los padres: esto es lo más difícil para las féminas, jamás le he oído a mi padre o a mi suegro decir que el niño quizás tenga hambre. Seguramente lo hacemos con la mejor intención del mundo pero no es necesario salvo que la parturienta en cuestión te pregunte cuánto tardó en subirte la leche o si te dolieron mucho los puntos. Es más, la sensibilidad después del parto está a flor de piel así que ¡cuidado!

    Y a vosotras, ¿qué os parecen estos consejos?, ¿los tenéis en cuenta?, ¿tuvisteis que parar los pies a alguien cuando disteis a luz?

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