En el post del lunes os dije que lo del plan romántico merecía un capítulo aparte así que ¡vamos a ello! No penséis que en nuestra salida nocturna tuvimos algún percance o anécdota digna de ser contada, el hecho de que fuésemos a cenar en pareja ya es, en sí mismo, bastante insólito porque la última vez que salimos sin niños fue en verano. Como veis, ya llovió desde entonces… nunca mejor dicho.
La verdad es que estos planes en pareja sirven para desconectar un poco y para relajarse “un mucho”. Entrar en cualquier local sin tener que indagar si entra o no la sillita o si hay demasiados enseres a mano susceptibles de rotura, ya es como para estar más que sosegados. Sin embargo, desconectar ya es más difícil; lo conseguimos un rato pero los churumbeles acaban apareciendo, inevitablemente, en nuestras conversaciones.
Es cierto que charlamos un rato de nuestros trabajos o proyectos y nos “cabreamos” con algún que otro tema de actualidad, al fin y al cabo es necesario hablar de algo que no sean los críos. Pero al final, sin quererlo, la conversación termina en lo gracioso que es Rafa cuando le da por caminar hacia atrás, o en lo bien que se está portando Alfonso en el cole desde la famosa tutoría. Y eso que, cuando aún son pequeños, se trata de cosas sin demasiada importancia; veremos dentro de unos años cómo los asuntos de los muchachos ya son menos triviales y, por supuesto, menos graciosos.
Sinceramente, creo que no se trata de una cosa que nos pase sólo a los padres que tenemos niños pequeños si no a todos los progenitores. Da igual que tengamos 30 o 60 años, da igual que nuestros hijos sean bebés, adolescentes o peinen canas. Apuesto a que mis padres y los vuestros, cuando están solos, hablan de nosotras un buen rato, ¿no os parece? Vale, también hablan un montón de sus nietos 😉


Verdad verdadera. Es inevitable hablar de ellos, aunque es cierto que debemos seguir manteniendo intereses que compartir entre nosotros para que nuestro «nosotros», el que estaba antes de que llegasen los enanos siga ahí, vivo y pataleando. Besucos Carmen.
Si, es fundamental guardar un espacio de pareja, bien con aficiones en común, bien con charlas… pero, estas criaturas absorben tanto!!!! un besín
Todo tal y como lo cuentas como siempre!!!!!!!Incluso cuando salimos en pareja y con parejas de amigos al final todos acabamos hablando de nuestros peques y contando todas las que lían!!!!!!es así……..hace tiempo leí un post (no recuerdo donde)que hablaba de cuando se juntaban las parejas «conhijos» con las parejas «sinhijos» y era bastante interesante…..
Si, totalmente cierto!!!!! cuando no era madre, recuerdo perfectamente que nos juntamos con unos amigos de mi marido y sus mujeres…Ellos eran capaces de tener conversaciones variadas pero ellas hablaban de que si los colegios, que este niño no come nada, que el otro está celoso…. Y yo flipaba!!!!!! Y resulta que ahora apenas hablo de otra cosa,jejej
¡Ay sí! Yo creo que ya desde que te quedas embarazada los niños se convierten en el mono tema, ya sea en pareja, con la familia o con los amigos. Entiendo que quienes no tienen hijos ¡acaben rehuyendo la compañía de familias que no salimos de este atolladero!
Nunca mejor dicho lo de atolladero!!! 😉 De hecho, quedar de vez en cuando con amigos que no tienen hijos viene bien para hablar de otras cuestiones… pero lo lógico es ver más a menudo a los que tienen churumbeles..
Es que el orgullo compartido es algo que proporciona mucha satisfacción! Jajaja. A nosotros también nos pasa. Es como los extraños que hablan del tiempo… papá y mamá hablan de soles y borrascas 😉
Si! es que nada une de una forma tan brutal como un hijo!! Es una pequeña parte de nosotros en otra persona.. Y claro, todos sus logros, en parte, son nuestros… Un besín
Que gran verdad! Nosotros cuando salimos intentamos no hablar de ella, sobretodo yo, pero siempre acaba saliendo algun tema q nos lleva a ella! Y es q en verdad son parte de nosotros, de nuestro dia a dia e ignorarlo va en contra nuestra naturaleza!
Tú lo has dicho muy claro, va en contra de nuestra naturaleza…Nada es igual desde que nos convertimos en padres; el orden de las cosas cambia y, como consecuencia, nuestras conversaciones cambian.. Un besín
Coincido. Es inevitable que hablemos de nuestros hijos pero a veces nos ponemos la norma de no hablar de ellos cuando estamos solos para poder hablar de cómo estamos nosotros. Pero al final…es inevitable porque se nos cae la baba…jaja
Desde luego, pero lo peor seguro que está por llegar… verás cuando llegue un suspenso a casa o el niño (que no será tan niño) quiera ir de bares, eso sí que va a dar para largos debates entre pareja,jeje…
Creo que tienes razón… Mi bebé aún no ha nacido y yo quiero hablar de él a todas horas! Y claro, con mi marido tengo que aprovechar que no me dice nada y el tema siempre es el mismo… Bebé bebé y bebé! Encantada de la vida 🙂
Uffff, pues lo que te queda!!!!! Es que cuando nazca no va a existir otro tema de conversación, eso sí, cuando pasen unos meses y tengáis controlado el asunto, ya podréis hablar, muy de vez en cuando, de alguna otra cosa 😉