Cuando comparto en redes sociales que soy una verdadera adicta a los bebés, especialmente a los recién nacidos, muchas me decís que os pasa lo mismo. Por Dios, ¿cómo es posible?, ¿en serio se puede ser adicta a los recién nacidos? ¡Pero si hace nada que tenía una en casa! Es brutal darse cuenta cómo se nos olvida tan rápido algo tan sencillo como coger un bebé tan pequeño; no es que no sepas, es que ya te has acostumbrado a coger un bebé de diez kilos cual saco de patatas y esa delicadeza de los primeros meses parece que se ha quedado no sabes ya dónde. Ese llanto de las primeras semanas, como de gatito, también se te olvida. Y así un montón de detalles más.
Si tú también eres de las que se queda mirando fijamente a un recién nacido, sientes la necesidad de cogerlo e incluso sientes tristeza porque has decidido cerrar el grifo y no tener más bebés, tranquila. Sí, tranquila, tiene una explicación científica. Si es que hoy en día, ¿qué no tiene explicación científica? Ya pocas cosas nos quedan por justificar. Pues para que os quedéis ya serenas y sepáis que lo que nos ocurre no es raro, resulta que el olor de los bebés crea adicción. Ya lo imaginaba.

Adicta a los recién nacidos, la explicación
Sí, señoras, esto es así como lo leéis. Que lo que sucede es que se encienden los mismos mecanismos que se activan si consumes drogas (esta comparación no me gusta nada) o de experiencias placenteras. Esto ya me gusta más porque pienso en cosas agradables como un spa, o un buen plato de pasta 😉 Sí, chicas, la reacción del cerebro es similar en esas circunstancias. Resumiendo, que el olor de bebé nos produce la misma satisfacción que comer algo rico cuando estamos hambrientos y eso es la caña, ¿o no? También os digo que conozco mucha gente a la que un recién nacido no le genera ningún tipo de reacción o incluso les genera reacciones negativas. También conozco a quienes la comida no les interesa más allá de la propia supervivencia. Pero no son muchos 😉
Yo ahora ya me quedo más tranquila sabiendo que probablemente me pasará toda la vida y que tener más bebés no nos quita el mono. Así que cerramos grifo. Si ya queréis indagar más, que sepáis que el olor del bebé activa unas cuantas áreas del cerebro cuyos nombres son muy complejos, de manera que os dejo directamente el enlace a un estudio sobre este asunto y sobre sistema dopaminérgico. Porque madre mía, ¡lo de los nombres se las trae! ¿Alguna adicta más por aquí?
Deja una respuesta