Me gustaría anunciar esto con cierta efusividad. Pero no me sale. Sé que un embarazo es motivo de alegría y así lo fue siempre para mí; bien sabéis que era de esas mujeres que disfrutaban estando embarazada y que además no tenía miedos. No los tenía porque creía, de forma errónea, que una vez pasaba el primer trimestre, nada se podía complicar. Y que si se complicaba, ya estaba la medicina para solucionarlo. Pero me di de bruces con una realidad, con la muerte perinatal, y ya nada vuelve a ser igual.
Nada vuelve a ser igual porque perdí la inocencia y conocí una realidad que desconocía. Nada vuelve a ser igual porque me he llenado de miedos. Nada vuelve a ser igual porque los malos recuerdos se agolpan y de repente vuelves como a revivirlo todo. El lunes, cuando escuché por primera vez el latido del corazón de mi bebé, sentí alivio por un lado, pero recordé que la última vez que había escuchado ese mismo sonido fue en agosto, fue el de mi pequeña horas antes de morir. Y se me llenaron los ojos de lágrimas.

Hay una parte de mí que me dice: ilusiónate. Hay otra parte que me pide no hacerlo, por si vuelve a pasar, para no sufrir tanto. Me diréis que no tiene que volver a pasar y, obviamente, si pensara que me va a pasar, no tendría narices siquiera para volver a intentarlo. Pero sé que puede ocurrir, aunque lo más probable es que no ocurra. Si alguna vez has tenido un accidente en la carretera, no significa que no vayas a volver a tenerlo. En el momento en que te subes de nuevo en un coche, la posibilidad, por pequeña que sea, de que pase algo existe, con independencia de que hayas o no hayas tenido nunca un accidente previo. Y eso es así. Lo que me ocurrió no hace que ahora ya no me pueda pasar nada malo.
Pero obviamente sé que la mayoría de embarazos tienen un final feliz. Y quiero creer que este lo tendrá. No entra en mis planes disfrutar de este embarazo, sólo aspiro a vivirlo con tranquilidad, que por ahora no la tengo. Supongo que es cuestión de semanas el ir relajándome y vinculándome con este bebé, que sé que también se merece que esté contenta. Y como se lo merece, lo iré consiguiendo poco a poco. Nuestro quinto hijo está en camino y sé que nos hará felices pero no viene a sustituir a nuestra hija. Cada uno tiene su lugar.
Deja una respuesta