Han pasado cuatro meses desde que dí a luz a mi hija sin vida. Si pienso en aquellos días, es como rememorar una pesadilla. Y sigue doliendo mucho, muchísimo. Y cada día lloro en algún momento, es inevitable. Es una experiencia que no podré olvidar y que no dejará de doler nunca, porque a la pérdida de un bebé que ya amaba sin haber visto pero habiéndolo sentido, se suma el terrible trance de enfrentarse a una experiencia tan brutal y antinatural como es dar a luz sabiendo que no hay vida. Es desgarrador y os prometo que durante tres meses, creí que me moría yo también. Pero a pesar de todo, ahora puedo decir que he vuelto a vivir, a respirar. Ese dolor tan terrible que me ahogaba, que no me dejaba ver la vida, se ha disipado para dejar un dolor calmado. No he superado la muerte de mi bebé pero sí he aprendido a vivir con ello. Y aunque ya sabéis que unos días soy capaz de disfrutar de las cosas y otros vuelvo a caer, después de cuatro meses, puedo decir que esto es lo que más me ha ayudado a superar esta situación:
- Ayuda profesional: Muchos pensarán que los médicos sólo están para sanar el cuerpo. Pero señoras, no hay nada peor que no sanar la cabeza o el alma. Y yo estaba descompuesta. Aunque en un primer momento pensé que no necesitaría este tipo de ayuda, que me ofreció la matrona y yo descarté, después supe que sí, que la necesitaba. No podía hacerlo sola. En mi caso fue y es una psiquiatra especialista en el dolor de la mujer y con la que contacté por una de mis mejores amigas. Y de verdad que me vino muy bien. Además, necesité algo de medicación al principio.
- La experiencia de quienes pasaron por lo mismo: hay quienes pensarán que estoy loca pero recuerdo que cuando pasó lo de mi hija, el mismo día que recibí el alta, estaba hablando con una desconocida por teléfono que había vivido lo mismo hace diez años. Era desconocida para mí pero su contacto me lo dio otra persona de mi entorno. Y así me pasó con varios casos, que me vi llamando a varias desconocidas por teléfono; en ellas encontré algo de paz. Me hicieron ver que el tiempo traería calma. Solo quien ha pasado algo así sabe lo que de verdad se siente y me aliviaba saber que, cuando pasase el tiempo, estaría mejor y volvería a vivir. Y así está siendo. Además, he ido a reuniones del grupo de duelo gestacional y neonatal de Asturias, Brazos Vacíos, y allí puedo hablar abiertamente sobre todo lo que voy sintiendo con mujeres que han pasado lo mismo o situaciones aún más dolorosas. Porque las hay.
- Mis hijos: os confesaré que tuve una reacción con mis hijos que yo creía muy extraña. Luego he sabido que es frecuente y que es absolutamente normal. Y es que al principio los «rechazaba», es decir, no me hacían feliz porque yo en lo único que pensaba era en lo que había perdido así que era como si me sobraban. Sé que suena fatal pero es cierto y creedme si os digo que me sentía mal por ello. Hubo días que sentía que mi hija me estaba alejando de mis hijos. Sin embargo, en cuanto empecé a respirar un poco, ellos han sido parte de mi medicina. Porque los niños no te dejan caer, no te dejan pensar, no te dejan parar…
- El tiempo: lo de que el tiempo todo lo cura no es cierto, hay cosas de las que uno nunca se puede curar, y ésta es una de ellas. Pero el tiempo alivia, mitiga, aplaca… hace que el dolor duela menos. Pero no hace que desaparezca y eso sé que será así siempre, porque he podido hablar con mujeres que lo pasaron hace diez y más años. Y les sigue doliendo. Es más, mi abuela, hoy en día, sigue hablando de una niña que perdió hace décadas en el quinto mes de embarazo.
- Permitirme sentir: en estos meses, me han escrito y me han dicho muchas veces que lo estoy haciendo muy bien. Yo no sé si lo estoy haciendo bien o mal, porque nadie sabe cómo enfrentarse a esta maldita situación, pero sí me he permitido sentir sin importarme lo que piense la gente. Me he permitido y me permito llorar cada día, me he permitido reír cuando se ha dado la situación, me he permitido hablar de ello cuando he querido, públicamente, en mis redes, en mi familia… Y así seguirá siendo, no me siento culpable cuando estoy mal ni tampoco cuando estoy bien.
Y sí, también podría aquí hablaros de amigas, familia y marido que, por supuesto, no puedo ser más afortunada y me han cuidado muchísimo y creo que han sabido respetar muy bien mis ritmos. También me ha ayudado el cariño que he encontrado en este mundo 2.0, porque he leído cosas verdaderamente preciosas estos meses. Y me ha ayudado el saber que he ayudado a los demás, el saber que de esta historia tan dolorosa, ha salido algo «bueno». Todo esto me ha hecho volver de nuevo a la vida aunque para mí hay un antes y un después desde que perdí a mi niña.

Deja una respuesta