Etiqueta: ser madre

  • 5 cosas que no me gustan de ser madre

    5 cosas que no me gustan de ser madre

    A estas alturas, y cuando la que escribe es madre de familia numerosa, ya se puede uno imaginar que no es un post éste para desanimar a nadie con esto de la maternidad. Que si una repite varias veces es porque, al menos, algo divertido o bonito le encuentra al asunto. Pero pasa lo mismo que al que le gusta ir a la playa; que sí, que va feliz pero hay cosas de ir a la playa que algunos días le hacen acabar hasta el gorro. Si es que todo lo que nos gusta tiene sus pegas, por mucho que nos encante. Y la maternidad no podía ser menos. Así que, aquí va mi lista de cosas que no me gustan de ser madre.

    Cosas que no me gustan de ser madre

    5 cosas que no me gustan de ser madre

    1. No descansas nunca o casi nunca: incluso cuando todos tus hijos duermen 10 horas del tirón, tú ya no vuelves a dormir a pierna suelta como lo hacías cunado no habías tenido churumbeles. Es como si el cerebro no fuese capaz de desconectar. El día que uno de mis hijos se despierta a las 7 de la mañana, me fascina ver cómo mi señor marido es capaz de volverse a dormir. Vamos, yo ya no vuelvo a pegar ojo.
    2. No puedes planificar: con lo organizada que yo era para todo, esto no acabo de llevarlo bien. Ahora casi siempre sé que tiene que haber un plan B. Y si antes llegaba a los sitios antes de la hora prevista, por aquello de ir con calma, ahora me conformo con llegar sencillamente a la hora, eso sí, corriendo. De repente es como si no pudiese controlar el tiempo, cuando antes me daba la vida para todo.
    3. No puedes comer lo que quieras y cuando quieras: ay, señor, ¿dónde se quedaron esas cenas “sin sustancia” en el sofá?, ¿ese poder sacar cualquier cosa de la cocina que te apetecía a media tarde? Pues nada, oye, que como se me ocurra ponerme a comer un dulcecillo a media tarde, vienen las hienas a pedir su ración. Y claro, si además te has propuesto que los niños coman sano, si quieres comer cualquier guarrería, ya puedes esconderte para no dar mal ejemplo.
    4. Sufres, quieras o no: es que, aunque seas del club de madres pachorras y huevonas como yo que no suelen protestar por nada ni preocuparte innecesariamente, la maternidad te hace sufrir. De hecho, a mí me rompió el corazón y nunca, nada, me había dolido tanto como perder a mi hija. Pero sin llegar a ese punto, que gracias a Dios no es lo corriente, el hecho de que tu criatura sufra, que se pongan enfermos, y seguramente hasta cuando les rompan el corazón (para eso me quedan unos años), lleva implícito cierto sufrimiento.
    5. Llegas a tu límite: no hay nada, nada más visceral y más bipolar que la maternidad. Pasas de cero a cien y de cien a cero en cuestión de minutos. Una rabieta o una bronca entre hermanos puede sacar lo peor de ti, casi tanto como un jefe canalla en el trabajo 😉 Así que no, no hay nada que lleve peor que verme fuera de mis casillas.

    Y como todo tiene su parte buena y mala, me reservo lo que más me flipa de ser madre para otro post. ¿Qué es lo que menos os gusta de la maternidad?

  • Esto es ser madre… nadie nos engañó

    Esto es ser madre… nadie nos engañó

    Que si madres arrepentidas, que si periodista diciendo que un bebé «destruye tu vida», que si presentadora escribiendo en sus redes sociales que «estamos engañadas por los mitos románticos de la procreación» y que la maternidad no debería ser imposición… ¿Engañadas?, ¿imposición?, ¿hoy en día? A ver, a ver, a ver… ¿en serio soy yo la única que pensaba que la maternidad no era fácil?, ¿en serio me dicen que en plena era de la información no sabían de qué iba el cuento?, ¿de verdad hay personas que creen que tener una criatura dependiente de ti no va a transformar tu vida? Sí, transformar, que no es una cosa así como el tener un novio con el que te va mal, que lo cambias y listo. Sí, esto es lo único que es ya para toda la vida. ¿Eso sí lo tendrán claro? Bueno, pues si me estás leyendo, te planteas ser madre y aún crees que todo es de color de rosa, voy a abrirte lo ojos:

    No vas a poder dormir del tirón: aún en el mejor de los casos, siendo un aspecto en el que me considero afortunada, no te vas a librar de estar unos meses despertándote cada cierto tiempo. Y cuando lleves ya varias semanas sin dormir 7-8 horas seguidas, creerás que no podrás sobrevivir. Y no imagino cuando llevas un año porque no me ha tocado a mí, pero te puede pasar.

    Vas a sentir dolor físico: oye, no será porque no nos dijeron toda la vida lo que duele un parto. Y sí, ahora ya tenemos la suerte de que existe la epidural pero no conozco a ninguna mujer que no haya sentido dolor en ninguna fase de todo este proceso: embarazo, parto, postparto o lactancia. Lo lógico es que, si no te toca dolor en una, te tocará en otra. Es complicado que te toque el lote de embarazo estupendo+parto estupendo+postparto estupendo+lactancia estupenda. Y oye, que con la lactancia también tenemos mucho avanzado hoy en día y si la cosa se tuerce, pues bibe al canto. Pero en alguna fase, algo te va a doler, casi seguro.

    Vas a sentir preocupación casi constante: sí, es así. Porque como descansas poco, todo te afecta un poco más. Porque te vas a dar cuenta de que el día tiene pocas horas, porque no vas a saber gestionar la rabieta de tu hijo, porque vas a estar triste y preocupada cuando esté enfermo, porque vas a disgustarte cuando no quiera ir al cole, o cuando suspenda, o cuando un amigo le haga daño, o un novio o una novia… Resumiendo, si antes lo que más te preocupaban eran cosas del curro o sentimentales, con un hijo puedes añadir una preocupación más, y de mayor calado, ya te lo digo.

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    Portada del libro «Madre arrepentidas»

    Vas a limpiar mucho: sí, cacas, mocos y vomitonas. Es así de poco apetecible pero es real. Antes de ser madre, si alguien expulsaba algo por la boca solía ser en las puertas de un bar y tú te alejabas. Cuando seas madre, no solo no te alejarás sino que tendrás que limpiar los restos de sábanas, pijamas, alfombras… Sí, has leído bien: vomitonas en casa.

    Vas a dejar de salir de juerga: mira, la realidad es que, aunque te puedas permitir salir de marcha porque los buenos abuelos o una niñera se queden con el churumbel, no te apetecerá demasiado por el punto número 1: estarás cansada. Así que acabarás por reservarte fechas especiales para esas escapadas en pareja o con amigos. Y si crees que no vas a poder vivir sin salir de marcha todos los fines de semana, pasa de ser madre. Salir se puede, claro, yo lo hago, pero con frecuencia es complicado.

    Viajar dejará de ser cómodo: y eso si viajas, porque depende de la criatura que te toque, o de las ganas que tengas, a lo mejor ya ni viajas. Pero vamos, que desplazarte por otros sitios podrás, nosotros no paramos, pero no se pueden comparar los viajes de antaño en pareja y con amigos a los que vas a hacer con los niños porque con ellos irás cargada, porque no podrás ver todo lo que te apetezca, porque tendrás que parar cuando a la criatura le toque comer, porque no trasnocharás, porque tendrás que buscar un alojamiento acorde con las circunstancias, porque es probable que alguna vez tengas que suspender tu viaje porque el crío se ponga enfermo.

    ¿Cómo lo ves? Bueno, pues estas son solo algunas de las «bondades» de ser madre. No vaya a ser que algunas digan luego que no sabían lo que era la maternidad y se arrepientan. Y ojito, esto no está reñido con tener derecho a un cabreo, a un llanto o enfado porque la situación nos supera. Que no tenemos que ser mártires de la causa, ¡faltaría más! Podemos quejarnos de que estamos cansadas, de que estamos disgustadas… aun habiendo elegido libremente. Pero mentir, no nos ha mentido nadie. Y es una elección libre. No nos presionan para esto, no nos obligan, no nos lo imponen. No en España. ¿O acaso a la señorita Abenia la han mandado de su trabajo a casa para que ahora procree?, ¿le han impedido el acceso a anticonceptivos?, ¿alguien la obliga a ser madre? Pues entonces nadie le está imponiendo nada. Y qué decir de Samanta,  lo siento, pero afirmar que»tomas una decisión engañada» no se ajusta a la realidad.

    ¿Que te preguntan si vas a ser madre llegada una edad? Pues tampoco es raro teniendo en cuenta que 8 de cada 10 mujeres sí lo son. Llevan haciéndole la pregunta al señor Bustamante sobre si va a tener más hijos o no desde que tuvo a la primera, vamos, desde hace casi una década. Pero vamos, lo mismo que te preguntan qué vas a estudiar cuando tienes 17 años, e igual resulta que no quieres estudiar sino trabajar. Lo mismo que le preguntan a mis hermanos de 30 años si no tienen novia. Y ni ganas ni prisa. Contestas y listo, pero la presión no te la mete nadie si crees tener claro lo que quieres.

    Este no es un post para desanimar a nadie. Imaginaos lo grande que tiene ser la maternidad para que, a pesar de todos estos inconvenientes, a la mayoría nos compense. Pero ser madre porque toca, porque pasa el tiempo, porque luego igual no puedes, porque crees que es lo que la gente espera de ti… pues no. Es una vida de la que hablamos que, durante años, va a depender de ti. Así que, si no quieres renunciar a ciertas cosas, lo cual me parece estupendo y super lícito, no los tengas, y se acabó la historia. Por cierto, así, en general, se me ocurre que trabajar también tiene muchos inconvenientes, y estudiar, y tener pareja… En realidad, la vida no es fácil, vivir tiene muchos inconvenientes lo mires por donde lo mires pero… ¿a que compensa?

  • Situaciones estresantes de ser madre de familia numerosa

    Situaciones estresantes de ser madre de familia numerosa

    A mí me va la marcha y lo sabéis. Cada vez que alguien me mira con cara de agobio en determinadas situaciones, me río y pienso: coño, si yo viera esa imagen seguramente pondría el mismo careto. Porque al final, cada dos por tres, estoy metida en algunas coyunturas que, para qué negarlo, me generan cierto estrés. El día a día con tres niños seguidos tiene mucha historia. Una se organiza como buenamente puede pero sabe que hay citas ineludibles con el agotamiento.

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    Caras como la que tengo ahí denotan cierto estrés 😉

    Sudo la gota gorda si quiero llegar puntual a algún sitio en coche. Creo que si me quitaran el reloj sufriría un ataque de ansiedad, sería peor que si me cortasen la mano 😉 Que lo del automóvil tiene mucha tela. Primero ubico las bolsas con las cosas de los niños, después sitúo a Copito en el asiento del copiloto a contramarcha, luego pliego la sillita y la meto en el maletero, después subo a Rafa y le ato el cinturón y posteriormente hago lo propio con el mayor, aunque últimamente puede hacerlo solo pero tengo que revisar que el cinturón esté bien abrochado. Sólo al escribirlo, me he cansado. ¿Total? Cinco minutos sólo para el trance de subir al coche. Y espera, que si esa situación es para salir de casa, sólo sudo. Pero si es en la calle, y a éso sumas el típico coche que pretende esperar para aparcar en tu sitio, eso ya es el equivalente a correr 10 kilómetros. No puedo, esa sensación de presión con toda la parafernalia de subir a éstos en el coche, me supera 😉

    Otra situación que me ocasiona cierto estrés, por no decir mucho, es la que vivo cada semana en los partidos de fútbol de Alfonso. Oye, y pensar que el año pasado era sencillísimo porque Gabriel solía dormir ricamente y era un bendito. Pero claro, esos días de gloria y paz llegaron a su fin hace ya un par de meses. Y ahora, no sólo tengo que controlar que el mediano no meta otro balón en el campo (porque claro, él también quiere jugar) sino que tengo que vigilar que el pequeño no entre en pleno juego y se lo lleven por delante. Porque a ver quién es la guapa que lo retiene sentado en la sillita si no es a base de ir dándole trozos de fruta, galletas y hasta un sándwich si hace falta. Pero no es plan de cebar a la criatura. Así que claro, el día que los astros se juntan y llevo sola a Alfonso a un partido, entro en modo zen y lo mismo cualquier día me baja la tensión y todo.

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    Carreras con el suelo mojado en el lateral de la pista

    Entrar en un supermercado es otra de ésas cosas apasionantes cosas que le pueden suceder a una madre de familia numerosa. A los típicos «¿podemos comprar éso, esto, aquello y lo de más allá?» en cada pasillo, se suman las carreras de un lado para otro por el supermercado y la lucha por llevar la dichosa cesta de ruedas. Obviamente, acaba cada uno con una cesta y luego hay que ser como Salomón: no le pongas una cosa más a uno que a otro porque se tenemos lío. Pues así, a bote pronto, éstas son algunas de las situaciones que más me estresan. Pero luego están las vacaciones de verano que, en general, acaban conmigo 😉 ¿Qué os genera más ansiedad de la maternidad?

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