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  • Nunca subestimes un… postparto

    Nunca subestimes un… postparto

    Una nunca es lo suficientemente experta en esto de traer churumbeles al mundo. Da igual que pases por ello por tercera vez, siempre hay algo que te sorprende… para bien o para mal. Cuando me quedé embarazada de Alfonso, mi sabiduría sobre esta materia, es decir, sobre la llegada de un retoño, era escasa y tampoco quise saber demasiado. Sentido común e intuición, me limité a eso. En cualquier caso, una siempre piensa que el parto será lo más duro, y aun así, yo era la tranquilidad personificada. Hasta que me encontré de bruces con un postparto muy doloroso, algo de lo que apenas se habla en todo este proceso de la maternidad.

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    Unas horas después de dar a luz a Alfonso, sin intuir lo que era el postparto.

    Así que, para la segunda vez, aprendes. Por eso en algún post os hablé de Kegel y el masaje perineal, cualquier cosa para evitar otra episiotomía, que fue mi cruz y me trajo de cabeza en el primer puerperio. Y tras el segundo parto, llegó ese momento crucial en el que te dicen que tienes que ir al baño a orinar y resulta que ¡sorpresa! Nada duele por aquí, nada por allá. Así que del hospital te vas directa a un restaurante porque la familia política está de visita. Y luego al parque con los dos churumbeles. Y del postparto, casi ni te enteras.

    ¿Qué pasa tras un buen postparto? Que te confías. Yo salí del hospital hace una semana como unas castañuelas, a pesar de la sangre que perdí con el rollo de la placenta. Estaba tan bien que me pasé la semana de restaurante en restaurante por aquello de tener a mis suegros aquí y que a servidora, lo de comer, le gusta un rato. Y resulta que, al cuarto día, los puntos, los malditos puntos, los dichosos puntos deciden dar la tabarra, por no decir otra cosa. Y el momento baño-evacuación se convirte en una pesadilla, ya sabéis muchas de lo que hablo. Y acabas pidiéndole a tu buen hermano que venga a ponerte las condenadas inyecciones de Voltarén en el trasero porque, señores, en el postparto de Alfonso sólo había un bebé y maridín podía hacerse cargo de él pero en éste hay bebé y otros dos pequeñuelos. Casi nada.

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    Me tengo que conformar con la suerte de un útero que «involuciona» a la velocidad del rayo, la que no se consuela es porque no quiere. Las enfermeras hablaban de mi «tipín», según ellas, mientras me acompañaban en ese momento tan íntimo de hacer el primer pis tras el parto, yo no daba crédito 😉 Día 4 postparto.

    Y después de todo, viene maridín a subirme la moral y pedirme que mire a Gabriel. «¿Ha merecido la pena el dolor?», me pregunta. «Ay guapín, si el dolor no se olvidase, no estaríamos con el tercero en casa«, le digo. Y así es, todo pasa y, por suerte, se olvida. ¿Cómo fueron vuestros postpartos? Espero poder ir poco a poco cogiendo ritmo con el blog y respondiendo cada comentario. Os agradezco que sigáis pasándoos por este rincón.

  • Nadie habla del postparto

    Cuando estás embarazada, suelen preguntarte eso de qué tal lo llevas. En el momento que das a luz, lo que la gente quiere saber es qué tal ha ido el parto y cómo se porta el crío o cría. Pero nadie menciona la palabra postparto, es como si ese periodo de recuperación no existiera ya que de repente hay un nuevo protagonista: el bebé.

    Sin embargo, cuando ya has pasado por eso y crees que sólo has estado fastidiada tú, descubres que muchas mujeres han pasado por un mal trago durante esa etapa. Toda la vida oyendo aquello del dolor en el parto y resulta que con la epidural, nada de nada. Y sin epidural, pues sí, duele de forma salvaje pero al menos es un sufrimiento momentáneo.

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    En el hospital con Alfonso, sin saber aún lo que era realmente el postparto. Ya no hay fotos en las que yo aparezca hasta 10 días después así que… os podéis imaginar que no estaba para retratos.

    Pero el postparto es distinto, es un período de días, e incluso semanas, en el que estás físicamente agotada por dar a luz, porque hay un pequeño ser vivo que te despierta cada pocas horas, porque te empeñas en darle el pecho y al principio no es tan fácil… y sobre todo, por culpa de los malditos puntos o la episiotomía. Y sinceramente, no hay flotador que alivie el dolor.

    Ese fue mi gran trauma después de dar a luz a Alfonso. Recuerdo que llamé al ginecólogo desesperada tras dos visitas en vano a la matrona y unos dolores que no cesaban. La solución estuvo en las inyecciones de Voltarén, pero hasta ese día que vi la luz, pasé cuatro de auténtico infierno. Tan horrible, que esa fue mi preocupación durante mi segundo embarazo: no quería que me cortasen. Así que hablé con la matrona y me aconsejó el famoso masaje perineal. Cualquier cosa antes que el cortecito, lo tenía clarísimo.

    El Voltaren es ese medicamento cuya existencia apenas conocía y que ese día lo cambió todo.

    Y efectivamente sirvió (además el chavalín pesó más de 3,800 kilos, que no es lo mismo que 3 cuando a parir se refiere 😉 )… El masaje y que fuera el segundo alumbramiento hizo que el postparto de Rafa fuese mucho mejor, tanto que del hospital me fui directa a un restaurante y después al parque, sin pasar por casa. Hubo algún día que estuve más incómoda pero recurría a pastillas de Voltarén y listo.

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    Saliendo del hospital con Rafa, un postparto muy distinto al de Alfonso.

    Lo curioso es que, cuanta más experiencia tienes, más exigente te vuelves. Para el próximo quiero dos cosas: llegar a tiempo a la epidural y evitar otra vez la episiotomía. Pero bueno, por ahora tengo dos gordos de los que preocuparme. ¿Cómo recordáis vuestros postpartos?

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