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  • ¿Por qué «no soy una drama mamá»?

    ¿Por qué «no soy una drama mamá»?

    A muchas os sorprende el título de este blog; a otras, sin embargo, sé que os suena. Y efectivamente, no estáis desencaminadas las que ya habéis oído lo de dramamamá; hay un libro que se llama «Cómo no ser una drama mamá», cuya autora es la periodista Amaya Ascunce. Cuando leí el título hace tres años, me hizo muchísima gracia porque precisamente en mi casa utilizamos mucho la palabra dramático/a en el sentido en que lo utiliza la autora en este libro, es decir, para referirnos, no a algo trágico, sino a algo exagerado. Es frecuente escucharnos a mis hermanos y a mí hablar sobre lo dramático que es Fulanito porque se lava las manos treinta veces pensando que sino se va a poner enfermo, por poner un ejemplo. Y claro, el término mamá-drama ya lo habíamos mencionado en mi hogar alguna vez pero dramamamá me pareció absolutamente genial para definir a todas esas madres que ven el peligro en todos lados y que veo frecuentemente a mi alrededor.

    Al leer el libro, que reúne «las 101 frases de tu madre que juraste no repetir», me di cuenta de que la mía no formaba parte de ese grupo. No, mi madre no era de las que decía eso de que no me metiese en el agua hasta que no hiciera la digestión ni aquello de que me tomase el zumo rápido porque se le iban las vitaminas. Y ya se sabe que uno acaba haciendo, o lo mismo o lo contrario de lo que ve en casa. Yo opté más bien por lo primero, por ser una madre bastante tranquila, sosegada y sin dramas aunque no llego al extremo de la mía porque se pasa de optimista.

    Es común que me digan que no llevo a los niños suficientemente abrigados (salvo, claro está, mi propia madre que cree lo contrario) o que cómo se me ocurre ir con tres críos de compras, o de viaje, o de restaurante. Pues oye, porque no quiero ni volverme loca ni encerrarme en casa por ser mamá. Además, ya lo dije en mi primer post hace dos años. No pienso hacer un drama de todo, he visto algunos de los de verdad de cerca (la muerte de mi tío, la de la hermana de una de mis mejores amigas con 12 años de edad y, por desgracia, la de casi una familia al completo hace sólo un año) así que paso de «torturarme» por cosas que tienen solución. Sólo la salud es lo suficientemente importante como para amargarse. Ser madre es duro e implica sufrir, pero por encima de todo, es una experiencia lo suficientemente maravillosa como para estar «obligada» a disfrutar de ella. Y además, los niños no necesitan mucho más que padres y madres felices.

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    Pues eso, que ya sabéis de dónde viene el título de mi blog. Es mi particular guiño a un libro cuyo tono me pareció divertido pero con el que no me sentí identificada. Recuerdo que, a los pocos meses de empezar a escribir esta bitácora, alguien comentó que era un plagio. No, señores, este blog no es una copia de nada. Porque si mi blog se llamara «Sola en casa», «Odisea en el ciberespacio» o «Alguien voló sobre el nido de Alfonso» estaría haciendo un juego de palabras que a todas os recordaría inmediatamente a una película. Pero hasta dónde yo sé, eso no es plagio y se hace continuamente. Todo cuanto aquí escribo es fruto de mi experiencia y lo escribo yo, sólo yo.

    Por cierto, mañana tendré el nombre de los ganadores del sorteo. Perdonad que no los pueda dar antes pero son 12 productos y os habéis inscrito ¡¡¡¡¡¡500 personas!!!!!!!

  • Elegir el nombre del bebé

    Ésta es una tarea complicada en algunas parejas; entiendo que si tú eres de nombres clásicos (Pablos, Juanes, Marías o Lucías) y tu pareja quiere ser original con el asunto (Yustin, Yaruma o Leydi, por decir algunos de los nombres menos comunes que se pusieron en 2013), la cosa se complica y hay que llegar a un acuerdo, o sencillamente sortearlo. Yo no llegaría a este extremo del sorteo si el nombre que propone tu pareja te horroriza, que es para toda la vida.

    Nosotros no tuvimos problema. Somos los dos tradicionales en ese sentido y decidimos que el nombre del primer hijo lo elegiría yo y, el del segundo, maridín. Confieso que nunca creí que llamaría a mi hijo Alfonso, me gusta más para adulto que para un niño. Pero le pusimos ése nombre porque mi hermano Alfonso es su padrino y como además me gusta la historia y el tercer Rey de Asturias fue Alfonso I, pues hala; además, no se oye a menudo y me parece que tiene mucha personalidad.

    Y lo que me ocurre con Rafael es parecido, que me suena más a adulto, y no os voy a engañar, me recuerda al cantante 😉 , lo cual no me emociona, pero Rafa a secas ya me gusta más y me recuerda a Nadal, mucho mejor, ¡dónde va a parar! En cualquier caso, no decidimos quién elegiría el del tercero, básicamente porque entre tres hijos, creíamos que vendría alguna fémina y ahí no había dudas: sería Carmen. Pero va a ser que no y ahí estamos, dilucidando qué nombre poner al bebé que viene en camino.

    Bueno, no estamos decidiendo exactamente, es más bien un «tira y afloja», yo tengo una apuesta y maridín otra. Y confieso que la mía nunca me la hubiera imaginado: Gabriel. Pero me gusta y además, siendo un nombre de toda la vida, no se oye con demasiada frecuencia. Y para más inri, resulta que el Arcángel San Gabriel es patrono de los comunicadores (es decir, de mi profesión) y de las embarazadas (vamos, de mi estado). Tampoco es que esto me influya mucho a la hora de decidir el nombre pero me ha gustado descubrirlo.

    La apuesta de maridín es Jaime, que es un nombre que me encanta. Es más, hace un  tiempo lo hubiera visto más factible que Gabriel, pero como hay unos cuantos a nuestro alrededor… por cambiar. Que conste que tengo un punto a mi favor para que mi apuesta sea la elegida: Alfonso ya lo llama así. Cuando le dije que estaba embarazada, le comenté que, si era niño, podíamos llamarlo Gabriel, y si era niña (eso no entraba en sus planes 😉 ) se llamaría como mamá. Desde entonces, y aunque no hice campaña pro-Gabriel (aunque maridín diga que sí), Alfonso habla del «bebé Gabriel».

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    Que sepáis que, si al final se llama así, me arrepentiré de no haber llamado Miguel a Alfonso, así tendría el pack completo de «arcángeles» 😉 Resulta que mi hermano mayor se llama Miguel y nació un 23 de septiembre. Tres años después, también un 23 de septiembre, nacieron mis hermanos mellizos y ¡¡a mi madre no se le ocurrió llamarles Rafael y Gabriel!! Que digo yo que cumpliendo años los tres el mismo día, podía haberles hecho coincidir también con el santoral. Vamos, yo lo hubiera hecho seguro. Y en vuestra pareja, ¿quién decidió el nombre?, ¿por algún motivo especial?

  • Cuidado con el nombre de tu hijo

    La semana pasada, una amiga mía colgó en Facebook una foto de la página del periódico en la que aparecen los nombres de los bebés que cada día inscriben en el registro civil. Ya os podéis imaginar que, si hizo algo así, es porque había un nombre un tanto peculiar o, por lo menos, poco común: Alcapone. Sí, tal cual lo leéis; lo cierto es que los apellidos no eran españoles así que decidimos ser buenas. La verdad es que, una de las cosas que a algunos padres trae de cabeza durante el embarazo, es elegir el nombre de sus retoños. En ese sentido, yo no he tenido muchos problemas, yo elegí el nombre de Alfonso y mi marido el de Rafa, y creo que, como nos gustan a los dos los nombres clásicos, no iba a llegar la sangre al río.

    Hombre, sé que a él no le hubiera importado ponerle a uno de sus hijos su nombre, José María, pero yo por los compuestos no paso, que no tengo nada contra ellos pero los veo de un formal… Quise poner la excusa de que no me gusta lo de repetir el nombre de los padres pero es que no cuela dado mi empeño en ponerle el nombre de Carmen a una hija, que a estas alturas dudo mucho que vaya a  tener. En fin, lo de los nombres da para mucho. Para eso, los gitanos son lo más. Aún recuerdo que una tal Iloveny pasó por la consulta de una amiga. Cuando le preguntaron de dónde venía el nombre, les dijo que de una camiseta. Aquí tenéis la clave.

    Y si los gitanos son la leche para eso, mi padre no se queda corto. Yo le quiero con locura pero su nombre, Aquilino, no se puede decir que esté en el grupo de mis preferidos. Añado que el hermano de mi padre se llama Longinos, también se llamaba así mi abuelo. Ya de paso os cuento que Longinos fue el centurión que le clavó la lanza a Jesucristo en la cruz. Y tras esta aportación histórica os explico a qué viene hablar de los nombres de Aquilino y Longinos.

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    Si alguna zamorana me está leyendo, me podrá decir que Longinos no es un nombre raro. Y es que en Zamora tienen un paso dedicado al centurión.

    Resulta que, cuando nació mi hermano Miguel, fue mi padre el que acudió al registro a inscribir a la criatura, como es normal, vamos. El caso es que a mi padre le seguía apeteciendo aquello de poner nombres familiares y allí que plantificó Longinos detrás de Miguel. Así que tengo un hermano llamado Miguel Longinos, como de tele novela, oiga.

    Pero no contento con eso, volvió a hacerle la misma jugada a mi madre cuando nacieron los mellizos y a Alfonso le cayó el nombre de Aquilino como segundo. Es decir, también tenemos un Alfonso Aquilino en la familia. Y Juan se libró porque ya no había más nombres que poner. Y ahora ya pongo sobre aviso a mi cuñada, que en mayo tendrá a un Jorge siempre que mi hermano Miguel (Longinos) no haya heredado la costumbre de mi padre y decida a última hora añadir algún nombre más. Bueno, y ahora confesad, ¿qué nombres peculiares se oyen en vuestras familias? Y como esto da para mucho, habrá más posts sobre el asunto…

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