Etiqueta: niñofobia

  • El auge de las bodas sin niños

    El auge de las bodas sin niños

    Allá voy, con otro tema que da lugar a mucho debate. Recuerdo un post que escribí sobre niñofobia, que obviamente a algunas no pareció bien mientras que otras compartíais mi opinión de que prohibir el acceso a niños a determinados sitios no era buena idea; en realidad, ya no es que no nos pareciese buena idea, es que nos parece discriminatorio. La noticia de que está habiendo un auge de bodas sin niños salió hace un par de semanas y la verdad es que, de primeras, me pareció un poco fuerte eso de recibir una invitación en la que te especifican que es un enlace al que no pueden ir niños. Quizás es más suave decirlo en persona, como será el caso de muchas parejas que tomen esa decisión. Pero sea como sea la comunicación, ni la comparto ni la entiendo.

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    Esta invitación es muy sutil, eso sí.

    Vamos por partes. Los novios están en su derecho de decidir cómo quieren que sea su boda, faltaría más. Igual la novia puede sugerir que prefiere a sus invitadas con vestido largo; yo la verdad que no lo haría pero si le hace ilusión, pues venga. Pero así, sin más, una prohibición me parece fea. Si me dijesen que no puedo ir con zapatos planos o con vestido corto, igual me sentaría mal. ¿Por qué demonios tengo que ir con tacones? Obviamente  yo, como invitada, estoy en mi derecho de no ir por esa razón pero, de entrada, reconozcamos que es feo decirle a la gente qué no debe ponerse o qué no debe llevar. Sean zapatos o críos. Creo que ya somos todos mayores para saber que a una boda no se va en chándal y, de hecho, nunca he visto a nadie de esa guisa. Luego ya, en la libertad personal, está el decidir si llevas pajarita, corbata naranja o un pañuelo, por decir algo.

    Parto de la premisa de que, si puedo, prefiero que los niños no vayan a las bodas; las comidas-cenas se alargan y se les hace pesado. Y mi experiencia es que nosotros no nos relajamos del todo. Pero he llevado a los peques a enlaces familiares y a algunos lejos de Asturias. Y francamente, me hubiera sentado mal no poder ir con ellos, porque seguramente tampoco podríamos haber ido nosotros. Si los llevo, y a muchas os habrá pasado, es porque no me ha quedado más remedio o sencillamente porque, cuando se trata de un familiar directo, creo que los niños deben ir un ratito y participar en los enlaces de sus tíos u otros familiares.

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    En la boda de mi prima con Alfonso y Rafa, y embarazada de Gabriel.

    No me parece una opción vetar a los niños en una boda. No me parece una opción vetar a los niños en ningún sitio, ni a los críos ni a ningún colectivo. Dios mío, he visto niños hasta en la entrega de los Premios Princesa de Asturias la semana pasada. En fin, no sé vosotras pero precisamente en bodas se ve cada percal, desde invitados que ni se molestan en entrar a la ceremonia y se van al bar a tomar algo o se quedan en la puerta charlando, lo cual me parece una falta de respeto a los novios, hasta gente muy, pero que muy pasada con el alcohol. Que sí, que en las bodas bailamos con especial ahínco y bebemos pero a mear se va a los baños, no en cualquier sitio. Por eso me choca que se prohiba a los niños, ya que se dan por hecho una serie de conductas cuando no es a las personas a las que hay que prohibir sino precisamente las conductas. Y éstas pueden ser malas tengas la edad que tengas.

  • Niñofobia: no es país para niños

    Niñofobia: no es país para niños

    Iba por la calle, empujando el carrito de mi hijo pequeño, mirando hacia atrás a mis críos mayores, que caminaban despacio porque iban merendando su fruta. Era la hora de salida del cole, había mucho tráfico y más niños andando con sus padres por la calle. Y entonces, una señora que venía de frente a mí, me riñó por no ir mirando hacia adelante y casi chocar entre nosotras. Podría entender su cabreo si fuese contemplando el paisaje, mi móvil o si fuera corriendo. Pero no, iba a paso de tortuga controlando que mis hijos mayores no saliesen a la carretera. No creo que sea para enfadarse. Y si vienes de frente y ves el percal, te paras o cambias tu trayectoria, no es tan terrible. Yo lo hago si veo a una persona con movilidad reducida, a alguien que va cargado… no sé, por pura educación. Pero de repente, esos detalles te hacen ver la falta de empatía que hay por el mundo. Nadie se pone en el lugar del otro y entonces, todo parece molestar y la gente vive continuamente enfadada. Hemos llegado al punto en el que todo y todos estorbamos.

    Y los niños, no sé por qué, especialmente. Las excusas siempre son las mismas: hacen ruido, lloran, hablan alto, a veces corren, son espontáneos y no saben comportarse. Y eso, es muy discutible. Lees la noticia de que una niña fue mordida por un perro al ir corriendo hacia él y los comentarios en torno al tema se refieren a la niña como culpable. Y no lo entiendo, es solo una cría de 3 años a la que tienes que vigilar pero no la puedes llevar amarrada sin moverse. Y te enfrascas en una absurda discusión con gente que sigue creyendo eso de «pues que no hubiera ido corriendo hacia el perro». Después, lees también que prohíben la entrada a niños en algunos restaurantes y obviamente, la idea te cabrea. Y aún te irrita más que la gente lo defienda. ¿Nos parecería igual de bien que prohibiesen la entrada a mujeres en general? pues seguro que era normal hace medio siglo y ahora nos parecería, cuando menos, un retraso. ¿Creeríamos normal prohibir la entrada a asiáticos?, ¿a grupos de más de 4 personas? Creo que no. Pero a los niños sí, lo aceptamos, todo amparándose en el derecho que tenemos los adultos a estar tranquilos en algunos sitios.

    Y yo me pregunto, el que quiere estar tranquilo y que nada le turbe, ¿por qué no se queda en su casa? Que yo sepa, los niños suponen un porcentaje importante de la población mundial y, por si alguien no lo sabe, la Convención de los Derechos del Niño aprobada por Naciones Unidas en 1989 (y ratificada por España en 1990), reconoce en su artículo 31 el derecho del niño al descanso, al esparcimiento, al juego, las actividades recreativas, la vida cultural y las artes.  Por tanto, este tipo de prohibiciones podrían considerarse ilegales al ser discriminatorias. Luego la gente se echa las manos a la cabeza con los colegios que separan niños y niñas, pero les parece super normal separar adultos de niños.

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    Imagen extraída de El Mundo

    ¿Van a prohibir los hoteles a la gente que arrasa en los buffets con carteles de «Prohibidas las personas que comen mucho»?, ¿van a impedir el paso en los hoteles a aquellos que se quedan con las hamacas de las piscinas que luego apenas usan? Venga ya, no es una cuestión de edad. Es una cuestión de educación, y lo mismo que hay niños maleducados, hay adultos maleducados. Así que, pongan normas en sus locales y si quieren silencio, o que la gente vaya vestida de tal o cual manera, exíjanlo a mayores y niños, pero no discriminen.

    Hasta donde yo sé, un restaurante es un sitio para comer, donde la gente charla y donde, por cierto, me he encontrado infinidad de veces grupos de gente mayor haciendo mucho ruido. ¿Y qué?, ¿me tengo que amargar?, ¿tengo derecho a quejarme? Si no quiero jaleo, me quedo en casa, o me voy a un spa, a una iglesia o al monte. Además, ya somos mayorcitos y de sobra sabemos en qué garitos, locales, bares, restaurantes, hoteles… hay ambiente juvenil, de pareja, de gays, o de lo que sea. Y en la entrada no te pone»Preferimos que no entren heterosexuales».

    En realidad, y para aquellos que estén pensando lanzarse a mi yugular bajo el argumento de que ya hay muchos sitios donde pueden estar los niños y que menudo problemón no poder entrar en unos pocos, diré que no, no es éso lo que me molesta. Es la idea de que los niños sobran, de que fastidian, la que me entristece. ¿De verdad no podemos soportarlo? Y no, no soy la típica madre que cree que sus hijos pueden hacer lo que quieran ni que los niños tienen más derechos que los adultos, no tienen ni más ni menos. Mis hijos también tienen límites y obligaciones. Pero como niños tienen una naturaleza distinta a la de los adultos, no son mejores ni peores. Y por supuesto, he salido de algunos sitios si he visto que mis hijos se han puesto tercos o de mal café. Y no pasa nada, empatía es lo que hace falta y en vez de mirar mal, se agradecería un ¿quieres ayuda?.

    Hay una gran frase de Buda que resume muy bien lo que creo que está pasando a la gente: «Todo lo que te molesta de otros seres, es solo una proyección de lo que no has resuelto de ti mismo». Luego no nos quejemos de las nuevas generaciones si construimos nuestros mundo de espaldas a los niños. ¿Qué opináis sobre esto?

  • Niñofobia

    El sábado viví una situación de ésas en las que, si me pinchan, no sangro. Entiendo que, en parte, porque no es algo frecuente ni normal. Habíamos quedado con unos amigos a comer en un club deportivo de Oviedo y llegamos antes que ellos así que entramos al hall y de ahí fuimos al salón contiguo para tomar algo mientras esperábamos. Eran las dos de la tarde y yo, además, quería darle el bibe a Gabriel así que iba directa a sentarme con los peques cuando un camarero me abordó para decirme que no podía estar con niños allí. Instintivamente, me fui con los críos, sintiéndome observada, a una zona de terraza acristalada anexa al salón para lo que quería: dar de comer a mi hijo. Y nuevamente, el mismo camarero se acercó para decirme que tampoco podía estar allí con los churumbeles.

    Así que, con cara de asombro, le pregunté dónde podían estar las criaturas y me indicó que en la zona de arriba, es decir, en el comedor, o en la única parte de la terraza que no estaba cubierta (indico, de paso, que el sábado llovía y estábamos a 15 grados). En total, los niños no podían estar en un 80% de la superficie total del club. Pero ahí no termina la cosa. Cuando íbamos en dirección a la escalera para subir a la «zona de confort» vino una mujer (luego supe que era la persona que está en portería) a decirnos, otra vez, que los críos no podían estar allí. Y ya no pude estar callada. En minuto y medio me habían dicho tres veces que los niños sobraban, que no eran bienvenidos. Y salté: Ya lo sé, es la tercera vez que me lo decís; son niños, no se comen a nadie. No es mi estilo, soy sincera y no me ando con rodeos con la gente que conozco porque no me gusta la falsedad, pero, por contra, si no conozco a la gente, no me meto donde no me llaman y no digo ni mu.

    Mirad, yo acepto que hay lugares que no son apropiados para los menores. Es más, entiendo que en determinados sitios, clubes, centros sociales… haya áreas en las que no se permita la entrada a los niños. Pero, desde mi punto de vista, el concepto de este club deportivo ovetense es erróneo al ser prácticamente todo su recinto restringido a los peques. Ojo, es una asociación privada con sus normas y alguien podrá decirme que, como tal, tengo que aceptarlo y no puedo quejarme. Y obviamente, no tengo ningún derecho a exigir que mis hijos estén donde a mí me dé la gana y, por tanto, no me negué a irme de las zonas «prohibidas» ya que acato las normas de cada sitio. Es tan simple como no ir allá donde no eres bien recibido.

    Creo que es interesante reflexionar sobre este tema porque, aunque no sea frecuente, es cierto que, en algunos lugares, ponen cara de pocos amigos cuando apareces con niños. Señores, en esta sociedad, no sobran ni críos ni mayores, ni mujeres ni hombres, sólo estorban los incívicos. El que no comprende que los niños son éso, niños, que a veces lloran, que se mueven más que los adultos… es que no está preparado para vivir en comunidad. Al igual que los padres debemos poner límites a los críos en algunos sitios, sólo faltaba. Y vosotras, ¿habéis tenido algún episodio de «niñofobia»?

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